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Aquel extraño hombre | SalesJun

Summary:

➷ A Jun ho ya no le quedó de otra que acepta estar a lado de su hermano después de descubrí que era el líder de aquellos juegos sangrientos, trabajando como uno de los soldados rosas, para poder seguir con su fachada de policía y visitar a su madre, mientras trabaja con su hermano en aquella isla, empieza una amistad con cierto hombre alto, bien vestido, con vibras un tanto espeluznantes

➹Personajes utilizados no son míos, si no de la serie Squid Games / El juego del calamar

➹ Personalidades no canónicas

➹BL (Boys Love) Si no eres fan de este tipo de fics, por favor de retirarse y no dejar ningún comentario ofensivo

➹ Esto se sitúa en unos juegos antes de los que parece Gi-hun

➹ Se emparejan personajes, no actores

➹ Pareja principal: The salesman x Jun-ho - SalesJun

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Capitulo I.

Chapter Text

—In-ho —Mi cuerpo estaba en shock, solo miraba el rostro de quien miraba, mis manos temblaban, no sabía si era por miedo o solo por los nervios.

—Ven conmigo, hermano —Ahí estaba la cara de aquel hombre que estuve buscando por mucho tiempo, frente a mí, estirando su mano para que yo la tomara—. Solo así vivirás.

—¿Por qué? —Mis palabras se iban desvaneciendo; solo sentí que mi cuerpo se quedaba sin fuerzas y, de ahí, todo se volvió negro.

*+:。.。🦑。.。:+*

Desperté en una habitación extraña y un tanto aterradora; todo lo que se veía era una decoración de alguien rico: cama completamente negra, sillón de cuero frente a esta, una enorme televisión o pantalla, una obsesión por el negro.

Al levantarme, me dolía el cuerpo entero; una máquina para ver cómo iba mi pulso junto con suero y una intravenosa estaban al lado de mí. En eso, se escuchó una puerta abrirse, dejando ver a mi hermano con su máscara, seguido de uno de los soldados con un triángulo en su máscara, sujetando una bandeja con comida.

Me levanté rápido, ya sea para intentar huir o pelear siquiera, pero mis piernas flaquearon, haciéndome caer. Mi hermano fue rápido hacia mí, me ayudó a levantarme y sentarme de vuelta en la cama.

—Suéltame. —Me zafé de su agarre en mis brazos; el soldado dejó la bandeja encima de un pequeño mueble y se retiró. Al verlo irse, mi hermano quitó su máscara y me miró, entre enojado y preocupado —Déjate la máscara, podría ser que te maten, o me mates a mí de un susto.

—Jun-ho, ¿qué haces aquí? —Su mirada sería, sin duda, intimidaba, pero mi enojo podía más que una simple amenaza visual.

—¿Qué hago yo aquí? ¿Qué haces tú aquí, en esta isla donde juegan con la vida de las personas? ¿Qué pasa contigo? —Mis preguntas salían con enojo, mi tono era alto, pero no eran gritos aún y él solo me miraba fijamente, dudando si decirme algo o no.

—¿Haces esto por diversión, igual que aquellos enfermos de máscara dorada? —Aún callado, eso me irritaba; no se veía como aquel que admiraba y aspiraba a ser, ahora solo se miraba como un extraño.

—Yo no hago esto por diversión, Jun-ho; lo hago solo para darles una lección: aquellos que juegan y aquellos que ganan. El premio es poco para lo que te enseña este juego —habló de manera rápida, casi desesperada.

—¿Lección? ¿Con qué derecho te crees para educar a la gente, gente que, a pesar de no ser inocente, sigue siendo humana? —Me levanté y grité. Sin duda, este lugar era extraño. Miré a mi hermano y solo vi a un desconocido.

—Yo pasé lo mismo que ellos, pero entendí una cosa: aquellas personas con las que llegas a convivir no son más que parásitos que se alimentan de las desgracias ajenas; no son humanos, son monstruos —se levantó de golpe; podía ver su mirada con una mezcla de ira, dolor y tristeza.

—Entonces, ¿qué eres tú? —Quedó en silencio; yo me volví a sentar y suspiré— Solo déjame ir.

—No puedo hacer eso; las personas que están detrás de esto te querrán muerto o te querrán de nuestro lado, así que te quedarás aquí un tiempo.

—¿Estás loco? No puedes encerrarme aquí, además ya envié todo lo que necesitaba a la policía; en cualquier momento...-

—Nadie vendrá; todo lo que hayas grabado o tomado una foto como evidencia ya desapareció, así que confórmate con estar con vida —me interrumpió —. De nada —solté aire al intentar comprender todo lo que pasaba ahora—. Antes de salir de la habitación, tomó su máscara y dio la vuelta —Tal vez piensas que esto es irracional, pero en algún momento tal vez entiendas que lo que hago no es totalmente mi culpa.

Sin más, salió, me levanté y a tropiezos llegué a la puerta, intentando abrirla sin resultado alguno. Me desplomé y terminé arrodillado en el suelo.

*+:。.。🦑🦑。.。:+*

Después de esa extraña presentación, me dirigí a las habitaciones donde se encontraban los demás enmascarados círculos. El pasillo estaba con todos formados en fila, solo faltaba yo. Así que me dirigí al frente de todos, posicionándome en la habitación que era mía, con el número 001.

Sentía las miradas en mi nuca, pero intenté ignorarlas, aunque se sentía como si cuchillos me estuvieran persiguiendo. La voz nos indicó que unos fueran a preparar los almuerzos y otros se prepararan para recoger los cuerpos que dejaría el primer juego.

Tuve que ir con el segundo grupo, así que bajamos a buscar esas cajas negras decoradas con listones rosas, que servían como ataúdes. Desde mi perspectiva, todo aquello parecía una burla hacia los muertos. Me disgustaba de sobremanera, pero si no hacía esto, mi madre se quedaría sin hijos; no podía permitirme eso. Entre dos, tomábamos una caja y nos dirigíamos al ascensor para llegar con los demás. Hice en total unas diez vueltas para ir por una de esas cajas. Mientras eso sucedía, se les explicaba a los jugadores por qué estaban allí y las reglas de estos juegos.

Después de subir las cajas necesarias, nos dirigimos a las cocinas para ayudar a empaquetar lo necesario de la comida para los jugadores; lo cual solo era pan, así que lo hicimos a un ritmo tranquilo pero preciso. Nos sentamos en las mesas que podrías encontrar en una primaria cuando los niños salían a comer.

—¿Eres uno de los nuevos, cierto? —A mi lado, una voz suave pero masculina, de uno de los que portaban un círculo en su máscara, se escuchó.

—No se supone que no debamos hablar entre nosotros —no quería meterme en más problemas de los que ya tenía, y tampoco meter a otros en problemas.

—Tranquilo, sé que las reglas pueden parecer estrictas, pero los triángulos o cuadrados no suelen pasar mucho por aquí mientras cocinamos los almuerzos —otra voz se escuchó frente a mí; era la voz de una chica; se notaba seriedad en su voz, pero no hostilidad.

—No quiero tener problemas —seguí empaquetando, pidiendo a los dioses que esto quedara así, pero parecía que el chico a mi lado no pensaba lo mismo.

—Por favor, eres una casi celebridad para nosotros; hablan de un círculo nuevo que puede tomar descansos con el jefe; eso sí es ascender de puesto. Dime que no estás pensando lo que creo que estás pensando... —¿Eres su pareja o algo por el estilo? —Creo que matar a alguien no suena tan mala idea ahora...

—No, claro que no, eso nunca. —Salir con In-ho... maten a quien diga eso.

—Sales de aquí y vas por instalaciones nunca vistas por ninguno de nosotros; eso es extraño —mencionó la chica de adelante—. Entonces, ¿eres cercano a él?

—Sí, pero solo eso, no estamos relacionados de ninguna manera —decir eso no se sentía correcto, pero tampoco podía revelar que mi hermano era el líder que los manejaba.

—De acuerdo, chico nuevo, 001, ¿correcto? Soy 009 y frente a ti está 016, un gusto. —Después de aquello, la conversación quedó en el olvido. Terminamos de empacar los panes y la voz llamó para limpiar el área de juego y llevar la comida a los jugadores que sobrevivieron.

Nuestro grupo se dirigió al campo, donde podían verse los cadáveres de personas. No podía más con esto; quisiera vomitar, pero tenía que soportarlo por el momento. Algún día no volveré a este lugar. 009 y yo recogimos varios cuerpos, al igual que muchos otros. Recuerdo haber contado 95 cajas; eso no me hacía sentir bien. Después de que a un grupo le pidieran ir a los incineradores, me escabullí para irme a mi habitación, hasta que sentí que alguien me jaló del brazo: uno de los enmascarados triangulares.

—Este trabajo aún no se acaba, querido Jun-ho —su voz era baja, pero se escuchaba claramente irreconocible.

—¿Gong Yoo? ¿Qué haces? Suéltame —forcejeé, pero él me tomó ambas muñecas—. Oye, terminé mi parte; no pueden tenerme aquí para siempre.

—¿Quieres escapar? Lo siento, pero no puedo permitir eso —esto me estaba irritando sobremanera, solo quería refugiarme.

—No quiero escapar, no quiero estar aquí —grité llamando la atención de más enmascarados.

Gong se dio cuenta de esto, así que me llevó con él. Pasamos por varios lugares hasta llegar a los pasillos donde había más restricciones. Se detuvo en una puerta, sacó una llave y la abrió. Me dio el pase y entré. Me quedé mirando su habitación unos minutos; una cama blanca en el centro de todo, un sofá amplio al fondo, dos muebles a cada lado de la cama, uno con lámpara y libros, el otro con un tocadiscos encima que ocupaba espacio. Era un estilo un poco hogareño.

—Siéntete como en casa. —Me fui donde estaba el sofá, tomé asiento y él se quitó la máscara al igual que yo, y la capucha que dejaba al descubierto su cabello, ahora liso y un poco despeinado. No quería decirlo, pero en serio se veía atractivo—. Ahora, ¿qué pasa por la pequeña cabeza de nuestro lindo soldado, eh? —Se quedó parado delante de mí mirándome a pausas.

—¿Por qué te importaría eso a ti? —Su mirada iba y venía; parecía que evitaba verme, por alguna razón desconocida para mí, pero he de decir que se me hizo algo tierno de su parte.

—Porque trabajo contigo, eres el hermano de mi jefe, y si quieres que todo funcione bien, tienes que aprender a sobrellevar las cosas que están fuera de tu alcance —su voz sonó tan seria y segura que tranquilizó mi ansiedad por un momento.

—Así que solo quieres saber por qué no quieres que tu preciado trabajo sádico se eche a perder, mejor métete en tus asuntos —algo dentro de mí se sentía ofendido; no era la respuesta que algo dentro de mí buscaba.

—Una pequeña parte de mí piensa eso —hizo una pausa para servir algo de alcohol; tomó un poco y prosiguió— Pero he de decir que a pesar de no saber nada de ti, me preocupas —mi corazón se aceleró y mis nervios volvieron; eso era una declaración.

—¿Puedo hacer una pregunta? —Una sonrisa burlesca se formó en su rostro y tomó asiento a mi lado— Dijiste que me conocías, ¿puedo saber de dónde?

—Tal vez no debería decirte esto, pero tu hermano se preocupaba tanto por ti como por la seguridad de esta isla, así que me envió para cuidarte —una parte de mí hervía en sangre, pero algo en mí esperaba que esto sucediera.

—Claro, ya decía que sentía algo observándome todo el tiempo —él tomó mi rostro mirándome confundido.

—He de decir que esperaba una reacción más... —se quedó callado, intentando encontrar la palabra—.

—¿Extrema?

—Excitante, pero no me disgusta —soltó mi cara y rió un poco— ahora, ¿me dirás?

Suspiré, el actuar de esta persona confundía y divertía sin duda, pero no se veía un rastro de falsedad en su ser. Aunque algunas de sus sonrisas pudieran catalogarse como falsas, siento que las que me da a mí son genuinas.

—Ver estos juegos me hace querer vomitar; entiendo un poco la moral de mi hermano, pero sigo sin justificar que eso sea una solución al problema que tenemos como humanidad. Pero aquí estoy, así que ¿eso no sería más hipócrita de mi parte?

Me quedé callado y él también parecía analizar mis palabras, buscando una respuesta que me convenciera. La verdad, esperaba que pudiera al menos aligerar este malestar, pero me confundía al esperar algo de alguien que apenas conozco.

—La respuesta que buscas, siento decirte, no la encontrarás conmigo. Entiendo que este lugar te consume; lo veo en tus ojos. Pero escucha, la vida aquí no se trata de encontrar sentido en cada acto o justificación en cada paso. Si esperas moralidad, lamento informarte que este juego… este sistema, no se creó para ser justo. Se creó para sobrevivir —su mirada se endurece, pero su voz sigue siendo suave, casi reconfortante, aunque al mismo tiempo se siente un vacío por la pequeña esperanza de que esto termine—. Sin embargo, eso no significa que tengas que cargar con todo el peso. Si decides hablar, incluso si no tiene sentido para ti en este momento, créeme, alguien como yo puede cargar con eso mejor que tú— eso sacó una pequeña risa de mi parte

Hizo una pausa, se levantó del sofá para dirigirse donde había dejado la máscara, ponérsela e ir hacia la puerta. Me levanté para poder irme igual que él.

—No te molestes, puedes quedarte a descansar aquí. Luego, si quieres retirarte, puedes irte. Te dejaré una llave de repuesto. —Antes de salir, se volteó hacia mí y afirmó—: Porque, aunque no lo creas, me importas más de lo que te imaginas. Y si decides confiar en mí, lo que te pesa puede volverse más ligero, al menos por un momento. —

Sin más, salió y cerró tras de él. Mi cara se sentía caliente y mi corazón saltaba a más no poder, sentía que me daría un paro cardíaco.