Work Text:
Sasuke exhaló, con un agotamiento impropio colgándole de los hombros, mientras en la nueva noche fría caminaba con un rumbo fijo en cierta esperanza al final del extenso desierto. Cargaba con el calor imperdonable del día, y se sentía como un hervor condensándose por el frio que calaba su abrigo, y se filtraba como hilos de hierro por las aberturas de su ropa, besando su piel que buscaba el calor desde su interior. Había olvidado por estos días recorriendo la extensión desértica la misión que le acuñaba, tan furiosamente demandada por los líderes de las naciones, donde él había ofrecido su cabeza con sumisa voluntad, reclamando un poder de decisión inaudito que escapaba a los compañeros, había encontrado en aquella escapatoria demandante, una brisa fresca de control donde suponía no haberlo para él. Ahora escuchando sus propios pies crujir la arena en un acto de rebeldía tan silencioso, había escapado a un plano alejado, a un recuerdo fuera de sus memorias, el día en que tomó las riendas del trabajo autoimpuesto, y recorriendo como un niño los cientos de kilómetros, esperaba encontrar la paz en el abrazo invisible de alguien más, que le recordase la humanidad que había bajo su piel y latiendo en su carne. Buscaba en dónde alguna vez fue todo lo que lo colmaba, lo que había construido a Gaara con un barro envenenado, y la masa retorcida se había vuelto él.
Se había visto a sí mismo en sus ojos y los años habían pasado desde que se encontró frente al reflejo del lago donde Gaara había permanecido por una eternidad hasta que Naruto llegó como una esperanza que rompe el limbo para siempre, y lo arrebató de la mortandad del lago que los reflejaba. Años más tarde solo se pudo cuestionar que habría sido de ellos si Naruto le hubiese hecho caso, y su mano alcanzado la razón de Gaara con una similitud extraña, y las declaraciones abundantes de furia que hacían galopar su odio para combatir el que alimentaba a Gaara. Se había inducido en opciones que nunca ocurrirían sobre penetrar el limbo oscuro, y con furia impropia, y un reconocimiento inadecuado, despertar en Gaara la sensación de un igual que tendría esperanza, Naruto ya había permeado como agujeros en un telar en la solemnidad de Sasuke, y creía que su voluntad invisible podría haber salvado a Gaara, con los ojos suyos, de ambos. Era el sueño recurrente desde el fondo de su mente, donde ese rol le era ajeno, no le había sido delegado, pero imaginaba y exploraba ese mar calmo de tanta ira pasada, sobre el qué pudo haber sido incesante en su cabeza cansada, en sus ojos que rememoraban ese hecho ficticio cuándo miraba a Gaara.
El desierto rugía atronador y Sasuke se dejaba mecer por el viento, tragado por su abrigo, con el cabello cubriéndole los ojos como una madre de la intensa arena que raspaba su rostro.
Besos raspados, de labios secos pero calurosos como la tierra devorada por el sol, no sabían a dulce, pero a la sinceridad de la carne y dentífrico mentolado, que se endurecía a veces en el ras del labio, y Sasuke besaba con esmero ese resto de menta. Los besos de Gaara se impregnaban como fotos en los poros de su piel, en memorias que contenían sus labios, y con la brutalidad de la arena revivían dándole confort. Gaara entregaba sus labios cada vez, con mudo calor que marcaba a Sasuke por el resto de su vida, y jugaba entre semblantes relajados y palabras aireadas a darle paso, con muda sinceridad, con suspiros enternecidos de agotamiento que lo recibían y dejaban ser recibidos por la rutina de Sasuke de besarlo cada vez. Sasuke entre memorias mezcladas de perseguir los labios de Gaara con su honestidad, demoraba en traerle a sus labios la imagen de la primera vez que encontró en Gaara el sabor al aire fresco, a la humedad arenosa, y la sal, gobernados por la imponencia del té negro. Sasuke recordaba como todo aquello le maravilló, tan ajeno y atrayente, que revivió en su adultez persiguiendo un nuevo sabor que chispeaba su pasión abusada por haber querido, querido con la intensidad de los mares. Encontraba en los labios quebrados de Gaara ventiscas que llegaban a su boca y sensibilizaban sus encías.
Sasuke sentía en la arena húmeda dónde sus pies crujían, las grietas de los labios de Gaara.
—Es impropio de vos, Uchiha.
La arena dejó de crujir, y el viento se vió acallar, Sasuke sólo podía sentirse fascinado como tantas veces.
—Esperar a que compadezca en la tempestad también lo es de vos —Sasuke mordió el aire, y sonrió.
—Una leve tormenta desértica no se ve como algo a los ojos de los mundos que te ves obligado a recorrer.
Gaara provenía de todas partes y sus pasos acolchados por el suelo que lo conformaba daban a Sasuke paz.
—Te estuve observando por horas, Uchiha —su voz acercándose por la derecha, retumbando en la calma—. Me alarmó que te encontrases en tanta dificultad.
Sasuke olía el té negro, mentolado, las grietas y sus ventiscas, siguiendo la línea de su postura hasta intrigarse por la cercanía. Gaara apoyó la cabeza en su hombro, respirando impasible en el cuello de Sasuke.
—No ibas a llegar a la Arena sin morir antes.
—No te lo habrías permitido, Gaara —Sasuke respondió, con un tono pretensioso sin maldad.
En el silencio súbito por la presencia de Gaara sobre el imponente desierto, Sasuke vió por el rabillo del ojo una sonrisa apacible y recibidora, juzgando con la misma intención que él le había dado. Solo estacionados en aquella plenitud, el frío se había vuelto amable y Sasuke sintió su calor entrelazarse con el cuerpo de Gaara, filtrándose por su musculatura y encontrando en él el dulzor de la seguridad.
—El día va a llegar en breve. Me voy a encargar de trasladarte hasta allá.
Y la arena en un torbellino repentino, correspondiendo a la voluntad de Gaara, para el constante espectáculo de Sasuke, los envolvió hasta que el horizonte desapareció entre la bruma arenosa. Sasuke exhaló, envuelto en esa violenta calma, dejando el peso de su cuerpo en la protección de Gaara y el desierto infinito.
