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Entre las calles mal trechas de la ciudad, reinaba todo tipo de ruidos que hacen recordar aquellos años donde se era libre de los límites de la “ciudad”. Rodeados por minerales, alcantarillas, dicha ciudad no era más que un pedazo de tierra en la gran nave que orbita en el espacio. La Tierra fue dejada atrás hace apenas una década y ya nadie se interesaba en explicar el porqué.
Todo esto no parecía en serio, teniendo los recursos para salvar su hogar, decidieron marcharse; entraron en contacto con seres lejanos a nosotros. Hubo una vaga comunicación, de esto nació tensión en la nave inmensa que separaba personas de todo tipo, los de la ciudad de abajo enterándose mucho después de estos conflictos, fueron obligados a enlistarse y probar el nuevo equipo que estaban desarrollando. Una guerra se avecina.
Se filtró información de la nave y la verdad de ella; como se dijo, sí hay más naves, pero alejadas a la nuestra, nosotros somos la última de ellas, sin embargo, nosotros estamos ni fuera de nuestra galaxia como nos hicieron creer. Debí suponerlo, que sentido tiene ir mas lejos de todo lo conocido? Fue más creíble el contacto con otros seres inteligentes, siempre supe que existían, nos encontraron y como estamos ahora, en pleno estallo de guerra en el espacio.
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Conocí a alguien que, viéndome interesado en lo que realmente ocurría me enseñó que, en las alcantarillas en tan mal estado, era una fachada; dentro de una fabrica automática, en lo mas profundo del sótano se encontraba un ascensor, llevaba a un mirador. Estábamos, en sus palabras, en la parte mas baja de toda la nave. Preguntó si antes había ido a los otros pisos de la nave, tan distintos a la ciudad “subterránea”. Nunca, no hay oportunidad de subir, aun fuera de La Tierra, la segregación de clases existía, no había un control o interés, somos resentidos en sus miradas y es más que eso, es coraje lo que sentimos.
Por poco y me caigo del ascensor, que era circular sin paredes, apenas vi cómo se iluminaba la habitación me aterroricé, el vacío a mis pies y nuestro planeta a mi vista, todo fue impactante que mis ojos me engañaron, el piso inexistente en mi mente; solo eran tipo de ventanas que nos mostraba como la dejamos a ella. Mi acompañante me animó a unirme a una resistencia, planeaban regresar a la tierra en varias ocasiones para escanear y obtener materiales, incluso reparar lo destruido; unas ideas descabelladas para un pequeño grupo. Muy soñador creer que se lograría. Por ello acepté.
Vuelta a la ciudad, había escándalo por escasez de comida, no era sorpresa, soldados rodeaban las escaleras hacia el siguiente piso, no más acomodado, pero el orden de las cosas se rompería si subiesen. Sumergido en mi pensar, me jaló hacia su persona guiándome a su base, conocería a quienes valientes deciden conocerlo todo.
Una oficina común era su base, con su exterior demacrado, nadie entraría. Era igual a todas las demás casas que rondaban cada calle.
Me presentó a sus compañeros, grandes personas, una chica entusiasmada sonrió, otro más reservado asentía a lo que decía. Eran todos sin igual, me apené a ver una niña que con esperanza me miraba. Ahora nos teníamos los unos a los otros.
Nuestros planes eran lejanos a cumplirse con la llamada a nuestra puerta, cada uno ya debía enlistarse a combatir por nuestra existencia; en ello había esperanza, me comentaron que tenían simpatizantes en ciertas oficinas del campo de guerra, viejos amigos, familia, amantes. Descubrí también que ya había negocios desde antes con los que ahora pelearíamos, no supe como llamarlos, un aliado; un señor entre sus sesenta o cuarenta mencionó a La Guerra de las Galaxias, y que llamemos mejor en clave a estos seres Chuba, debe ser algún tipo de personaje en esa serie de películas.
Estos grupos de Chuba, nos entendían hasta cierto punto. Susurrando nos intentaba alertar que mataríamos a nuestra gente; algo había pasado. Nos describe, pero actuando como animales y peor aún, hechos una abominación de lo que ya “éramos”. Un Chuba lamentaba que los mismos a los suyos, miedosos de nuestro desarrollo desmedido de poder acabe con su raza, nos estén usando de esa manera, desagradable repetía.
¿No comprendo, pelearemos entro nos? Nadie sabía que era aquello y no hubo más tiempo para pensar, nos empujaron a los campos de entrenamiento y entrevistas. Dudosos de mí, insistían si pensaba alguna vez en dejar descendencia, incómodo, mi acompañante le preguntaron igual y nos miraron. Recién caí en cuenta quien era. Un amigo de muchos años atrás. No logré recordar mucho acerca de nosotros, ya no importaba, respondí que no hacia quien preguntaba y cerró allí. Eso fue extraño, nunca antes preguntaron cosas como esas, con tanto surgiendo en mi mente, evitaba pensar en lo peor; clones, mutaciones, reproducción forzosa… ¿por qué lo asemejé a esos “animales” que Chuba mencionó?
Pronto entramos en guerra y ya estaba con un arma tan simple de usar para nuestra “comodidad”, nada de esto era diferente a las guerras que escuchaba de los viejos; ¿siempre acabará así todo? En muerte sin sentido. Mi corazón latía tanto que mis sentidos me desequilibraron, nauseas apenas respiraba y el casco que usaba solo quería quitármelo. En todo el ruido de gritos y disparos, había olvidado como llegue aquí. ¿Fue sin nadie a mi lado? En la nave, ¿habría alguien que me reconociera? ¿Estoy matando a mis iguales o son solo alucinaciones mías? Están como perros, sosteniéndolos con fuerza, estos Chuba no tenían la misma mirada que el nuestro, que habrá pasado, me pregunto, con nuestros líderes que han ocasionado esta masacre.
Siento mi cuerpo pesar y sin saber a donde me llevan ya estoy fuera del ruido de balas y gritos. Mi casco lo quitan como si no fuera importante, y es así, puedo respirar. ¿Dónde estoy? En su territorio, en el nuestro, ¿cuál es la diferencia? La voz de la chica entusiasta, no que pude ni recordar su nombre, me hablaba. Aparecieron los demás, ya aliviados de estar reunidos. No estaban todos, lo supe por sus rostros, es lo que sucede en la guerra, no nos volvemos a ver. Me situé de nuevo en el campo y por fin pude distinguir quienes caían o eran devorados, me sentí como la única persona en ese momento, no termine de ver mi alrededor. Me abrumé al volver mentalmente allí.
Me recompuse e indicaron lo que haríamos a continuación, de alguna forma se comunicaron con los demás de otras naves lejanas en nuestra misma situación. Pasamos de corredizos de metal a un tipo de estación con naves por alistar, estaba todo cerrado, no sé cuánto habíamos caminado al transcurrir las horas, no veía el sol ni la luna, todo mi tiempo en esta nave inmensa fue en una supuesta ciudad subterránea, no tiene ningún sentido eso.
Llegamos a una estación de trenes, los focos estaban dañados y parpadeaban lentamente, era un ambiente muy pesado. Uno del grupo supo el recorrido de estos trenes y trato de prepararlos para partir. No tenía ni idea que operaban de estos o por qué no se usaban, mi mente no podía procesar cuan grande era realmente la nave. Mientras nos limpiamos con trapos se escuchó quejidos no muy lejos de donde estábamos, pronto nos pusimos en guardia, aquel ruido era igual a los que se escuché en el campo de guerra y temí a la posibilidad que nos hayan encontrado, agachándome y yendo hasta un extremo de un vagón quise ocultarme y de reojo observarle. La criatura encorvada se arrastraba, respiraba tan fuerte y los dientes rechinantes me irritaban. Quien preparaba el tren, sin arma y último en enterarse de la criatura, lanzó un grito horrible cuando se le abalanzó. Alguien le disparo, muy tarde ya, cayeron sin vida. La criatura parecía uno de nosotros, como nos dijo Chuba, pero con rostro deforme y en estado de putrefacción. No era posible… sin menos tiempo que pensar, pues se escucharon más quejidos acercándose, nos miramos con terror. No había quienes los controlen, solo eran estas criaturas sueltas llenas de rabia. Nos separamos y cubrimos territorio, junto a la chica que me salvó esperábamos su llegada. Demasiado rápido sucedió todo que sin darme cuenta ya la tenían mordiendo del cuello; las balas comenzaron a sonar y esto los atrajo, la empujé fuera de su agarre dejándola en el piso y con desesperación estrellé la cabeza del otro contra el tren.
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Hubo un quiebre al ver la chica retorciéndose sin poder ayudarla, sabia que iba a morir, el olor a hierro oxidado esparcido en sus manos y todo el lugar con los gritos de sus compañeros disparándoles, si terminan vivos, ¿a donde irán? ¿Caminaran por los rieles con la esperanza que cambie algo? ¿Aun estaba en la nave?, se preguntaba fuera de sí, con el caos frente suyo. Terminar con todo no sería una salida, condenaría a sus compañeros sin intentar hacer algo. De reojo la vio levantándose, y con una mirada irreconocible se acercaba.
Sacando el cuchillo rápidamente se defendió de ella, tenia una fuerza desbordante y jadeaba como animal; vio su rostro con más claridad, estaba igual de putrefacta que el otro. Todo era asfixiante, empeoraba cada vez más; de golpe la sacó encima suyo y le cortó el cuello.
Fue en ayuda donde sus compañeros y las balas salieron directas a los animales. Avanzaban hasta una oficina cercana mientras cubría sus espaldas. Cada vez quedaban pocos y luego aparecían mas de la nada; ya todos dentro, y al echar un ultimo vistazo a los cuerpos de sus bajas, cerró la puerta de metal asegurándola.
Nadie habló, todos posaban sus miradas en sus propias heridas y descansaban por fin un momento.
Los trenes fueron descartados, los llevarían más a dentro de la nave cuando quieren ellos salir y encontrar una capsula de escape o algo así. Cada uno entendió que nada de esto fue planeado en serio, fueron sueños imposibles, se sintió de esa forma. La infinidad del espacio no visto los aterraba también, ¿un grupo así enserio sería capaz de hacer un cambio? Encerrados sin saber nada, pero obligados a ir a la guerra.
Se reincorporaron lentamente y se adentraron a la oficina, papeles sucios sin comprenderse lo escrito, manchas de humedad y deterioro. Más al fondo había una puerta que conducía a escaleras inmensas que solo daban paso para abajo. Puertas a los costados sin cerrar y rastros en el piso, sangre.
Alguien se acerco a una puerta vacilando de entrar o seguir con los demás y bajar las escaleras desconocidas. Lástima, no había mapa alguno, el lugar estaba completamente desolado. Bastó un solo paso para que el metal cruja y de esto, fuertes quejidos retumben las paredes. Corrieron sin pensar a las escaleras y bajaron.
Disparos salieron desde abajo, los que se adelantaron intentaban darle a la horda que los seguía. Parecieron ser diez pisos a más, nadie los contó por el apuro y llegar a lo último se encontraron con una sola puerta que tuvieron que abrirla.
Sus ojos fueron golpeados con un cielo gris, edificios por caerse, calles hechas trizas y un viento fuerte.
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No puedo recordar como terminé obviando este sentimiento, el aire acaricia mi piel y los ojos ven luz de verdad después de años, pero me pregunto, ¿Cómo es que estamos en La Tierra? Dejamos cerrado el edificio tras nuestro, uno inmenso que llevaba hacia las nubes y se apreciaba la parte baja de la nave. Corríamos en busca de refugio alertados por otra emboscada y aprovecho a buscar con la mirada a mi acompañante que me mostró desde lo más bajo de la nave nuestro planeta lejos nuestro. Acerté con su expresión, no teníamos ni idea de nada.
Se escucha en la radio de uno del grupo un llamado; saben nuestra posición y están en camino. No me la creo. Pero nos piden subir a una montaña cerca, que cubierta de plantas no notamos que era una nave. Esta se activa y comienza a elevarse, retrocedemos todos y ante el ruido que produce notamos desde la montaña un gran numero de personas… no, eran ellos. Sin saber que hacer pidieron ayuda a la radio y distinguí a Chuba por su voz tan peculiar. La nave que ya estaba dirigiéndose a la horda, disparó hasta dejarlos en el piso.
No era el fin, desde los cielos descendían naves de distintos tamaños, sin superar al grande aun encima del edificio del cual salimos. Una se despego cerca a nosotros y de ella salió Chuba explicando muchas cosas que me perdí al entender.
Las expresiones de todo el grupo cambiaron a unos mas esperanzadores; observamos de una nave grande salir seres gelatinosos tan grandes como un edificio de dos pisos, absorbiendo la horda que venían de todos lados. Chuba pidió ayuda a muchos de las afueras. Fue gran informante entre grupos iguales a nosotros que a pesar de estar mas lejos de la nave, ayudaron en varios aspectos.
Poco a poco la atención caería en nosotros, lo sabíamos, la guerra que acababa de empezar seria sin sentido. Sin prisa regresaríamos a La Tierra, primero era ocuparse de todo el desorden que se ocasionó antes.
Estos semejantes que actuaban como animales eran zombies, no cabe duda que terminó colapsando su forma de acabar con la sobrepoblación con una nueva enfermedad y esta fuera un desastre que la única opción era huir del planeta. Estos zombies vagaban y solo nos perseguían, a los verdaderos animales no les hacían daño. Pasaran años hasta que las demás naves regresen y no hay de que preocuparse, más como nosotros ayudaran internamente y harán un cambio, nosotros comenzaremos aquí, repartiremos las tareas y regresaremos arriba, con la ayuda de todos se puede lograr.
