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Sea Salt and Ink

Summary:

Hirose Aiki, un omega, tiene su primer celo en la escuela y se esconde en un armario en un ataque de pánico.

Nakamura Okuto, el alpha que lleva todo el día inquieto porque el olor de Hirose es extraño, en cuanto sus sospechas se confirman al ver a Hirose salir corriendo lo sigue para descubrir que esta pasando. No se esperaba encontrarlo en medio de su primer celo acurrucado en un armario de limpieza.

¿que haras, nakamura-kun?

Notes:

Hoy es mi cumpleaños, así que he decidido regalarme a mi misma un fanfic de Nakamura¡Alpha x Hirose¡Omega por que al parecer casi nadie escribe esta dinámica y me parece CRIMINAL.

Tal vez mañana suba la versión en ingles, pero sino, puedes usar el traductor del navegador.

Work Text:

A diferencia de muchos, Hirose no había pensado demasiado en su género secundario desde que se manifestó como omega hacia menos de un año. 

Cuando recibió sus análisis, recuerda haber visto el cuadro donde ponía, en letras negritas y mayúsculas 'OMEGA' por tan solo unos segundos antes de dejar que sus padres hablaran con su doctora. Entendía en gran parte -gracias al libro que le dio su madre- lo que su cuerpo iba a experimentar, los cambios en su fisiología, los impulsos que podría desarrollar por ciertos olores.

Pero la verdad es que no le veía tanta importancia. 

Sus padres ciertamente estaban preocupados por su seguridad, pero tampoco es como si Hirose ignorara los peligros de ser Omega, simplemente no quería vivir toda su vida mirando por encima del hombro. 

Sus padres le compraron un collar, pero como sus glándulas no estaban del todo desarrolladas aun, no lo usaría por ahora. La medicina para el celo tampoco era necesaria porque al parecer sus feromonas eran muy débiles todavía. Así que su doctora le recetó un bloqueador de olor que en realidad era más como una precaución que otra cosa, mientras planeaban más exámenes al final del año escolar. 

Hirose tenía el presentimiento de que sería un Omega Recesivo. O al menos, estaba seguro de que no era un omega dominante como su hermana mayor.

Cuando en su salón sus compañeros empezaron a hablar de sus segundos géneros, Hirose no tenía problemas con contarle a todos que era Omega, su madre y su hermana eran omegas y no había nada de vergonzoso en ellas, así que, lógicamente él no tenía por qué sentirse mal.

Tampoco era el único omega de su clase, un tercio de las chicas eran omegas e incluso varios de los chicos también.

Aunque, Hirose puede admitir que se sorprendió un poco cuando de entre todos, Nakamura Okuto, el chico callado y solitario que se encogía en su silla desde el primer día, resulto ser un alpha.

No sabe porque su estómago se agito cuando el chico revelo su segundo genero con voz baja, ligeramente grave y tímida, pero trato de ignorarlo por su bien.

Aun así, había algo en Nakamura que lo atraía como una polilla a la luz y aunque Hirose se enorgullecía de ser muy sociable y bueno para hacer amigos, simplemente no era capaz de acercarse al chico. Agradecerá todos los días a quien sea que olvido a los pulpos en la clase de cocina ese día, ya que finalmente le dio la excusa perfecta para acercarse a Nakamura.

Quien, por alguna razón inexplicable, tenía el aroma más increíble que Hirose jamás había conocido.

Apenas pudo captar residuos de su aroma sin acercarse demasiado, pero lo poco que capto casi lo hizo ronronear en medio de la clase.

Era algo que le recordaba a los veranos en la casa de playa de sus abuelos y que le generaba una paz suave y reconfortante.

Ni siquiera sabía que los Alphas pudieran oler así. Hirose creía que los alphas, incluso los sumisos, tenían aromas marcados, contundentes y difíciles de ignorar, pero Nakamura tenía un aroma sutil y suave que de alguna manera susurraba gentileza.

Hirose lo supo ese mismo día, acostado boca arriba en su cama sin poder dormir, aunque era más de media noche. Estaba flechado por su compañero, Nakamura Okuto.

Después de eso, busco cada oportunidad para estar cerca del alpha. Hablarle, conocerlo y de ser posible captar al menos un atisbo de ese maravilloso aroma.

El hecho de que Nakamura tuviera una personalidad tímida que se le hacía adorable -como un cachorro grande y lleno de energía nerviosa- solo lo atraía más.

Cuando le pidió ser amigos, regalándole un llavero a juego con el suyo y con el rostro rojo como un tomate, Hirose apenas pudo contener las increíbles ganas que tenia de abrazarlo y ronronear.

Fue injustamente lindo.

Pero, al parecer deseo con demasiada fuerza.

Exactamente dos semanas después de aquel viaje, Hirose se despertó una mañana sintiendo su cuerpo extraño.

No estaba enfermo, pero había una pesadez en su cuerpo que lo hacía sentir incómodo y su cabeza estaba más dispersa de lo normal. Aun así, se preparó para la escuela y apenas desayuno, antes de salir de casa.

Oomori se encontró con él a mitad de camino y platicaron como cualquier día, aunque Hirose se dio cuando apenas cuando entraron en la escuela, que estaba más cansado de lo normal. Lo atribuyo a haberse quedado despierto la noche anterior jugando bajo las sabanas.

Entraron a clase y Hirose inmediatamente volteo hacia el asiento de Nakamura, saludándolo con una sonrisa brillante.

Pero, en vez de ponerse nervioso y saludarlo con una tímida sonrisa y un pequeño gesto como normalmente lo hacía, Nakamura-kun se le quedo mirando, e incluso con el fleco que casi le cubría los ojos, Hirose noto el ceño apenas fruncido del alpha.

Hirose parpadeo, confundido por el cambio, pero antes de poder acercarse y preguntar, el profesor entro y la clase empezó.

El resto del día no fue mejor para Hirose y mientras más avanzaban las clases, mas cansado y extraño se sentía. Incluso Takeuchii se dio cuenta de que no era el mismo hoy.

Para cuando llego la hora del almuerzo, Hirose empezó a sentirse cálido por dentro y supo que algo no estaba bien. Sus amigos le estaban hablando, pero Hirose apenas podía entender lo que decían, mientras su cerebro daba vueltas.

Su último pensamiento coherente fue que debía ir a la enfermería. Pero de algún modo se perdió entre los pasillos, terminando en un armario de limpieza, pequeño y oscuro.

Con la poca fuerza que le quedaba, se encerró dentro y se acurrucó en la pared opuesta a la puerta, sentado entre dos estantes de productos de limpieza, abrazo sus piernas y escondió la cabeza entre sus rodillas mientras el cuerpo le temblaba y ardía de adentro hacia afuera.

...

Nakamura supo que algo estaba mal con Hirose-kun en cuanto entro en el salón esa mañana.

No solo era el hecho de conocer a su enamorado, sino algo más intuitivo. Algo dentro de su pecho gritándole que algo estaba mal «omega mal mal mal cuida del omega, omega nos necesita». El pensamiento lo asusto un poco, siendo la primera vez que experimentaba lo que solo podían ser instintos de alpha, pero incluso antes de poder pensar en hacer cualquier cosa el profesor entro y todos, incluido Hirose, tuvieron que volver a sus asientos.

El resto del día, la inquietud en su pecho no hizo más que crecer más y más, poniéndolo ansioso.

Cuando finalmente llego el almuerzo, Nakamura sentía como si fuera a salirse de su piel por la ansiedad y aunque cada célula de su cuerpo ahora gritaba que fuera con Hirose «¡Ve con el omega! ¡Omega nos necesita ¡cuidarcuidarcuidar!»

Tuvo primero que respirar varias veces hasta que sus manos dejaron de temblar tanto. El problema fue que, en ese corto lapso de tiempo, Hirose había desaparecido.

Cuando miro alrededor del salón y no vio los risos castaños y esponjosos por ningún lado, su estómago se hundió y la ansiedad en su pecho se multiplico tanto que su respiración empezó a acelerarse.

Se levantó tan rápido que la silla chirrió detrás de él y todos voltearon a verlo, pero Nakamura no podía importarle menos mientras salía a toda prisa del salón.

Hirose no estaba en el pasillo y Nakamura se tragó un gemido de angustia al darse cuenta que no sabía en qué dirección se había ido. De pronto, fue como si sintiera un tirón en su centro y sus pies se movieron solos. Corrió por los pasillos incluso cuando algunos profesores le gritaron e ignoro a los estudiantes con los que chocaba en medio de su carrera, su mente fija en seguir ese hilo invisible que lo guiaba.

Sus pies se detuvieron casi por si solos frente a un armario y por un instante Nakamura dudo. ¿Realmente es aquí donde lo guiaba su instinto? ¿Por qué aquí y no la enfermería?

Pero cualquier duda en su mente murió en cuanto percibió el sutil aroma que provenía del otro lado de la puerta.

Era sin duda afrutado, aunque no reconocía que exactamente y con un matiz agrio que le revolvió el estómago.

Su mano se movió hacia la manija de la puerta, girándola lentamente hasta que esta se abrió y cuando se asomó dentro, el olor lo golpeo de frente y su alpha enloqueció.

...

No sabe cuánto tiempo paso desde que se encerró en ese armario.

Todo su cuerpo se sentía caliente y a la vez, de algún modo desconectado de sí mismo. Como si se hubiera puesto una piel que no era suya del todo y por eso no se sentía bien.

Algo escurría entre sus piernas y lo odiaba. Apenas podía respirar, jadeando en la oscura y caliente habitación que rápidamente se había saturado de sus feromonas empalagosas y el almizcle que lo envolvía todo.

Lagrimas calientes se formaron en sus ojos, apunto de bajar por sus mejillas cuando la puerta se abrió sin más.

Un miedo gélido atravesó a Hirose, y su cuerpo trato de hacerse más pequeño por puro instinto. Un ruido agudo, pequeño y débil se escapó entre sus labios mientras su cuerpo temblaba, ya fuera por el calor que lo agobiaba o el miedo.

Pero entonces, un aroma llego hasta él.

No era como los otros alphas que conocía, no era penetrante ni demasiado fuerte, como si intentaran someterte incluso antes de decir una palabra.

Este era un aroma más suave, sutil, pero no débil. Un aroma que, en vez de imponer, te acompaña y protege con gentileza.

Una parte primitiva de Hirose reconoció el aroma y se animó al instante. El miedo reemplazado con algo más anhelante.

Hirose levanto la mirada, en el fondo sabía quién era en cuando olió las feromonas, así que no se sorprendió del todo cuando vio a Nakamura en el umbral. Sus miradas conectaron y el anhelo que casi gritaba el interior de Hirose se volvió aún más fuerte.

Pero Hirose se obligó a mantenerse quieto como una estatua, sin apartar sus ojos grandes y dilatados del alpha frente a él.

Porque Nakamura no se movía. Nakamura no decía nada. Nakamura lo miraba con ojos redondos que ni siquiera parecían pestañear, con un brillo extraño en ellos.

Vio como Nakamura olía el aire. Sus mejillas sonrojándose al atrapar el olor del celo de Hirose.

Aun en silencio, Nakamura cerró la puerta detrás de él, sus movimientos eran deliberados y lentos. Como si temiera asustar a un animal salvaje. Paso el pestillo de la puerta y esta resonó en el silencio que los rodeaba como un martillo de juicio.

Hirose se estremeció sin poder evitarlo e inmediatamente apretó su cuerpo más junto.

Había algo en el fondo de su cabeza que seguía repitiendo «alpha, alpha, alpha» sin descanso y cada segundo que pasaba se hacía un poco más fuerte.

Nakamura dio un paso hacia él y Hirose dejo escapar otro ruido pequeño y lastimero.

Nakamura «alpha, alpha» levanto las manos, enseñando las palmas vacías. Hirose se dio cuenta de que temblaban un poco. Dio otro paso más cerca, luego otro y otro. En ningún momento aparto la mirada de Hirose o escondió sus manos.

Cuando finalmente estuvo a centímetros de Hirose, bajo su cuerpo y se arrodillo frente a él. Vio su garganta moverse cuando trago saliva y sintió como más liquido escurría de su agujero.

Nakamura separa los labios y mira a Hirose directamente. "¿puedo abrazarte?"

La voz grave le hace calentar las mejillas de una forma vergonzosa, pero trata de ignorarlo para concentrarse en la pregunta que le han hecho.

Aun así, se queda mirando a Nakamura por varios segundos. Cuando no responde rápido, Nakamura hace algo que jamás esperaría de un alpha. Inclino la cabeza y lo miro con ojos que casi parecían un puchero.

"¿por favor?" dijo, bajando la voz un octava.

Algo dentro de Hirose cedió finalmente. Su lado primitivo que había estado gritando en el fondo de su mente finalmente gano y Hirose se encontró asintiendo apenas.

Los ojos de Nakamura se abrieron casi con incredulidad, como si realmente no creyera que le fueran a decir que sí. Pero en cuanto lo tuvo, fue como si última gota de autocontrol se rompiera y se lanzó hacia Hirose.

Hirose cerró los ojos con fuerza, esperando unos brazos atrapándolo e inmovilizándolo.

En cambio, brazos cálidos y gentiles lo rodearon. Hirose instintivamente abrió las piernas y Nakamura se deslizo entre ellas, pero en vez de frotarse contra el como un animal desesperado, uso su peso para presionar el cuerpo de Hirose, anclándolo.

Una mano rodeo su torso, presionando una palma cálida entre sus omoplatos mientras la otra subió y acuno su nuca con cuidado.

Estando tan cerca, el olor de Nakamura se hizo más intenso y detallado. Este aroma le recordaba a los veranos en la playa en la casa de su familia. A los libros viejos que leía su abuela y a las noches frente a la fogata las pocas veces que había acampada. Hirose respiro hondo, absorbiendo el aroma.

La barbilla de Nakamura se posó en su hombro y cuando habló de nuevo, fue un susurro bajo. "Ya estás bien. Te tengo, Aiki."

La ultima defensa de Hirose se quebró en ese instante y entonces lo supo. Estaba a salvo, Nakamura lo mantendría a salvo, iba a cuidarlo. Podía confiar en por qué sabia, en lo más profundo de su ser, que Nakamura Okuto jamás le haría daño.

Como si le cortaran las cuerdas a un muñeco, el cuerpo de Hirose perdió fuerza de forma repentina. Aun así, sus brazos rodearon a Nakamura y sus manos temblorosas apretaron la parte de atrás de su uniforme. Su rostro se hundió en el espacio entre el hombro y el cuello de Nakamura, obteniendo una dosis de sus feromonas directo de la fuente.

Un ronroneo bajo y tímido empezó a retumbar en el pecho de Nakamura, como si no estuviera seguro de si sería apreciado, pero aun así intentándolo para tratar de reconfortar a Hirose.

Casi de inmediato, Hirose respondió con un ronroneo propio, más fuerte y complacido.

No se dio cuenta que se estaba quedando dormido hasta que la inconsciencia lo atrapo y todo se volvió negro.

...

Cuando Hirose abre los ojos de nuevo, lo primero que ve es un techo blanco. Parpadea un par de veces, tratando de orientarse y cuando mira a su alrededor se da cuenta que está en la enfermería de la escuela.

Cuando la enfermera llega, le cuenta que un compañero lo trajo y que le dieron una inyección de supresores de emergencia. A la par que le informaban de que sus padres venían en camino para llevarlo a casa.

Cuando ella termina, pregunta por el compañero quien obviamente no podía ser otro más que Nakamura, quien ya no estaba con él. Un hecho que casi lo hacía lloriquear como un cachorro abandonado.

La enfermera le explica entonces que Nakamura al ser un alpha que había estado en contacto con un omega en celo, se le dio una inyección de supresores y se le ordeno ducharse y cambiarse de ropa mientras sus padres eran informados del mismo modo para que lo recogieran, ya que el celo de Hirose podría desencadenar el suyo.

Luego de eso, Hirose tenía la esperanza de que Nakamura volviera a la enfermería antes de que vinieran por él, pero esa esperanza murió tristemente cuando la puerta se abrió solo para mostrar a sus padres.

Sus padres estaban muy preocupados, como era de esperarse, y no parecían estar del todo convencidos de que un alpha de su clase lo hubiera ayudado sin más. Pero Hirose fue firme en dejar claro que Nakamura no le hizo absolutamente ningún daño y que fe hecho, había sido increíble conteniendo sus instintos para ayudar a Hirose.

Tuvieron que pasar por su salón a recoger su bolso y aunque Hirose quería asomarse para ver si se encontraba con Nakamura, se llevó otra decepción al ver que el bolso del alpha ya no estaba.

Sus padres asumieron que el celo repentino y el supresor le habían robado toda la energía, lo que evito que preguntaran el porqué de su silencio en todo el camino a casa.

Cuando finalmente pudo cerrar la puerta de su cuarto, Hirose dejó escapar un suspiro profundo. Arrastro los pies hasta la cama, dejando caer el bolso justo antes de dejarse caer el mismo sobre las cobijas boca abajo.

Al parecer, ni siquiera en su cuarto podía enfurruñarse en paz, ya que apenas un par de minutos después, su teléfono sonó en el bolsillo lateral de su bolso. Gruñendo sobre la almohada, Hirose se obligó a moverse para tomar su teléfono y ver quien lo molestaba ahora.

Pero en cuanto miro el nombre en la pantalla. Cualquier rastro de tristeza y cansancio en su cuerpo desapareció.

Nakamura le había escrito un mensaje.

Casi se le resbala el teléfono de las manos en su desesperación por abrir el chat, pero de algún modo lo logro. Una sonrisa creció lentamente en sus labios mientras leía.

«Nakamura-kun:
Hola hirose-kun, espero que ya estés en casa descansando. Trate de verte antes de que te fueras, pero me dijeron que no era seguro, espero que no estés molesto.

Además, espero no te ofenda, pero te deje mi pañuelo en tu bolso, tiene mi olor y puedes usarlo como quieras suponiendo que tienes un nido (¡está bien si no!) o que quieras tenerlo cerca de algún modo. En caso de que no sea así, puedes tirarlo si quieres.»

 

Apenas leyó la segunda parte del mensaje, Hirose se abalanzo hacia su bolso, revisando y sacando cuadernos para arrojarlos a cualquier lado hasta que saco un pañuelo color crema con bordes azules.

Sin poder evitarlo, se llevó el pañuelo al rostro e inhalo. El aroma de Nakamura lleno sus pulmones y casi lo mareo de pura felicidad.

Una sonrisa boba se manifestó en su rostro mientras apretaba el pañuelo con una mano contra su pecho y con la otra, contestaba el mensaje de Nakamura.

«Tu:

¡Hola nakamura-kun! Ohhh ya veo.

Por un momento creí que me habías dejado :( pero me alegra saber que no fue así :D

No tengo un nido, nunca sentí la necesidad de uno hasta hoy, así que este va a ser mi primero

Gracias por el pañuelo y gracias por lo que hiciste por mi hoy, lo aprecio muchísimo y prometo darle buen uso a tu regalo

Espero verte cuando termine mi celo

¿Tal vez almorzar juntos en la azotea?  ;)»

 

Envió el último mensaje y se dejó caer en la cama con un suspiro que era por lo demás soñador. El pañuelo apretado contra su pecho.

Durante el resto de su celo, el pañuelo de Nakamura se quedó siempre cerca de su rostro y al cerrar los ojos entre oleadas de calor, se imaginaba a Nakamura abrazándolo como lo hizo en el almacén.

Con un poco de suerte (y mucha determinación), lograría que lo volviera a hacer.