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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of What a simple thought
Stats:
Published:
2026-08-17
Words:
1,234
Chapters:
1/1
Comments:
6
Kudos:
45
Hits:
253

Justo a las siete y treinta y cinco

Summary:

Unai Simón y Mikel Oyarzabal una vez terminado el verano vuelven a encontrarse a kilómetros de distancia, pero después de tantos años juntos ya han encontrado cierto comfort en una rutina que se repite cada mañana.

El pequeño rato de la mañana que comparten Unai y Mikel antes de tener que afrontar su día por separado.

Notes:

Quién me iba a decir que después de todo lo que he escrito yo en mi vida lo primero que me iba a animar a publicar era un fic de Unaizabal.

Me siento super inspirada por todo lo que habéis escrito sobre ellos dos así que he decidido animarme a compartir esta historia cortita yo también. Estoy escribiendo una historia más larga sobre ellos en este universo, así que igual publicó esa también próximamente.

Espero que os guste mucho!!

No ha sido utilizada la ia para escribir esta historia.
Obviamente la historia esta escrita con un propósito puramente ficticio y no pretende representar la realidad en absoluto.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La luz se filtraba por las rendijas de la persiana despertando a Unai, este se estiró en la cama e instintivamente extendió el brazo hacia el otro lado de esta buscando a alguien; la encontró vacía, su mano en contacto con el edredón intacto, frío, como si nadie hubiese dormido en él. Unai sintió un pinchazo en el corazón, haberse pasado el verano compartiendo cama con Mikel le había malacostumbrado a encontrar al eibarrés a su lado cada mañana; ya fuese durante la concentración del mundial, en la que no solo habían compartido habitación, sino cama; en casa de Mikel o en la suya propia; en la casa rural que habían alquilado para pasar juntos sus vacaciones… Sin embargo, habían vuelto a la normalidad, Mikel en San Sebastián, Unai en Bilbao; camas separadas, casas separadas, vidas separadas.

 

Esa era su vida desde aquella noche del 6 de julio de 2021, tras perder la Eurocopa un desolado Unai Simón había dirigido sus pasos a la habitación de su amigo Mikel Oyarzabal en busca de palabras de aliento y huyendo de la soledad de su propio cuarto; o eso fue lo que se dijo a sí mismo cuando en la absoluta tristeza en la que se encontraba lo único que quería era la compañía del hombre que ocupaba todos sus pensamientos, y probablemente cada latido de su corazón, desde que era solo un chaval que anhelaba dedicarse al fútbol profesionalmente.

Para su sorpresa, el hombre ya le esperaba, dudando si ir a buscarle y tratar de consolar al hombre al que tanto quería; ambos se fundieron en un abrazo, que no tardó en tornarse en un tierno beso que sabía a sal por las lágrimas derramadas por ambos. Después de una noche de confesiones y promesas susurradas, y besos que no tardaron en subir de tono, los dos hombres que se habían reencontrado como perdedores en la habitación del delantero, emprendieron el viaje de vuelta a Madrid sintiéndose los más afortunados del mundo.

La vida no había sido sencilla, era bien sabido que el fútbol no era un lugar seguro para una relación como la suya, algo tan preciado para ambos que solo se habían atrevido a compartirlo con unos pocos de sus compañeros más cercanos; si ya de por sí habría sido muy complicado, su absoluta pasión por sus respectivos equipos les convertía no solo en futbolistas de distintos equipos, sino en enemigos acérrimos.

 

Así que en su vacío piso de Bilbao, Unai se dirigió hacia la cocina para prepararse un café, una vez se lo acabó, salió a correr por la ciudad prácticamente vacía a esas horas de la mañana 'qué haces saliendo a estas horas, si todavía no han puesto las calles' le decía Mikel siempre, el de Murgía esbozó una sonrisa al recordar aquella frase que tantas veces había oído ya. Regresó a casa trotando suavemente y se dio una ducha rápida.

Sin camiseta y apoyado en la encimera de la cocina el hombre miraba distraído el móvil contando los minutos para que el reloj marcase las siete y treinta y cinco para poder llamar por fin a su chico. Unai siempre había disfrutado de madrugar, de la calma de la ciudad cuando aún parece que el día no ha comenzado, de los primeros rayos de sol, de poder prepararse con tranquilidad para afrontar la jornada; pero Mikel no era así, se despertaba con el sonido del despertador apurando el tiempo de descanso antes de tener que empezar el día; Unai esperaba cada mañana pacientemente a que el Eibarrés amaneciera, si estaban juntos le preparaba con esmero el desayuno, y el resto del año esperaba a que el reloj marcase la hora para poder llamarle. La manecilla del reloj de su cocina marcó por fin la ansiada hora y Unai marcó el número, que ya se sabía de memoria, como hacía cada mañana.

 

El despertador de Mikel había sonado hacía apenas cinco minutos cuando el joven, aun en la cama desperezándose, escuchó el tono de llamada de su chico y esbozó una sonrisa, no le encantaba levantarse pronto pero aquello le alegraba cada día, era una constante en sus mañanas, algo en lo que siempre podía contar: el cielo era azul, el mar era salado y Unai le llamaba a las siete y treinta y cinco de la mañana cada día. ‘Como te despiertas a las siete y media pues te doy cinco minutos de cortesía' le había dicho una vez su novio cuando le preguntó el motivo de esa hora tan concreta.

 

“Buenos días maitia” la voz de Unai hizo que el corazón de Mikel diese una pequeña voltereta.

“Que buenas vistas para empezar el día” dijo juguetón Oyarzabal repasando el torso desnudo de su pareja a través de la pantalla.

“Acabo de salir de la ducha que he salido a correr” replicó el más alto de los dos.

“Si no habrían puesto ni las calles” dijo el de Eibar negando con la cabeza, Unai no pudo reprimir una carcajada “¿qué pasa?” le preguntó el mayor achinando los ojos.

“Es que me he acordado de esa frase tan tuya esta mañana” le dijo el portero con una mirada cargada de ternura, Mikel esbozó una sonrisa también.

 

Siguieron hablando, como cada mañana, de todo y de nada, del día que tenían por delante, de cómo iba la pretemporada, de cuando podrían volver a verse, de lo mucho que se echaban de menos, y cuando ya no podían seguir extendiendo la conversación pues tenían que empezar el día se despidieron como siempre lo hacían “Asko maite zaitut” habían dicho ambos casi a la vez antes de colgar la llamada.

 

Mikel suspiró al colgar el teléfono, había desayunado mientras hablaba con su chico, y ya solo tenía que darse una ducha rápida para terminar de activarse y tomar rumbo a Anoeta. Unai acababa de empezar con la pretemporada, pero Mikel ya llevaba varios entrenamientos de cara al primer partido que disputarían los txuri-urdin.

Revisó por enésima vez su calendario en el móvil, el cuál compartía con Unai, donde ambos apuntaban sus entrenamientos y los partidos con la esperanza de encontrar un hueco donde verse en persona, no solía ocurrir pese a que no vivían tan lejos;; coincidían cuando jugaban el uno contra el otro, esos días siempre eran curiosos porque claro, por mucho que se quisiesen, ambos querían la victoria también. Otras veces tenían suerte y coincidían en Madrid porque jugaban contra alguno de los equipos madrileños, o en Barcelona, alguna vez en Sevilla, pero tampoco era lo más habitual. El muchacho ansiaba el próximo parón de selecciones, no solo para reencontrarse con los chicos con los que tantos buenos momentos había compartido en el camino que los había llevado a ser campeones del mundo, sino también para poder volver a ser compañero de su chico y no rivales.

Sonrió, ese año tenían suerte, pasarían juntos el fin de semana en Sevilla tras jugar sus respectivos partidos a finales de agosto; no obstante, después de esos días tardarían mucho más en volver a coincidir, el delantero negó con la cabeza y siguió con su camino.

Puede que fuese complicado llevar la relación no solo a distancia, sino también en secreto, pero cada segundo al lado de su Unai merecía la pena, y pequeñas rutinas que tenían, como la llamada de cada mañana, hacían las cosas un poco más dulces y un poco más fáciles.

Notes:

Espero que os haya gustado mucho!!
Un besito.

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