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Cada vez que cierro los ojos

Summary:

Con cada parpadeo Mikel se encuentra inmerso en distintos momentos de su relación con Unai.

¿Qué pasará cuando alguno de estos recuerdos dejen de resultarle familiares?

Notes:

Otra historia Unaizabal porque de verdad que no dejáis de inspirarme, se me ha ocurrido de pronto esta idea y no he podido parar hasta tenerla escrita por completo.

Me ha parecido que es distinta a otras historias del fandom y espero de corazón que os guste mucho y que se entienda lo que quería transmitir.

He actualizado los tags, porque he descubierto uno que no sabía que podía poner, creo que se entiende mejor ahora, espero no haberos angustiado mucho a nadie!

No ha sido utilizada la ia para escribir esta historia.
Obviamente la historia esta escrita con un propósito puramente ficticio y no pretende representar la realidad en absoluto.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Mikel abrió los ojos, la espalda desnuda de Unai estaba frente a él, recorrió con la mirada aquella vista que se sabía de memoria, todos y cada uno de sus músculos, sus marcas de nacimiento, las pequeñas cicatrices que tenía, de las cuales se sabía la historia que las había causado, sus pecas, sus lunares…

El hombre delante de él, que estaba rebuscando algo en su maleta, se giró y le miró con una amplia sonrisa, Mikel siguió mirando embelesado a su chico sin decir nada, casi sin parpadear.

 

 

Volvió a abrir los ojos, estaba en un salón, un salón que pese a no ser su hogar se había convertido en un escenario familiar, recorrió con la mirada las estanterías, minimalistas, algún libro, alguna planta que todavía se mantenía con vida, un par de revistas de interiorismo en la mesita de café, cumpliendo una función de decoración más que de información. Reparó en una balda llena de álbumes de fotos, algunos de la infancia de Unai, otros más actuales, recordaba aún el día que la madre de su pareja le había ido mostrando cada una de las fotos de cuando aún era un niño; y con aún más cariño atesoraba en su memoria la primera vez que había estado allí y Unai le había mostrado las fotos de ambos que guardaba en un álbum incompleto. El portero no estaba por ninguna parte, pero su olor inundaba la estancia; Mikel inspiró hondo deleitándose con la calma del lugar y cerró los ojos solo un momento.

 

 

Cuando los volvió abrir multitud de sonidos inundaron sus oídos, los oía como con eco, gritos, cánticos, silbidos; recibió un golpe en el hombro, se giró al ver a uno de sus compañeros de la Real, todo era un tanto difuso, la única claridad el hombre que se situaba frente a él bajo los palos de la portería. Reparó entonces en que se encontraba con el balón en el punto de penalti, inspiró profundamente y se preparó para marcar aquel gol como solía hacer, a menudo bromeaba con su novio sobre la inhabilidad de este para pararle los penaltis; cerró los ojos para concentrarse y poder chutar.

 

 

El ruido cesó, no le asestó un golpe certero al esférico porque este había desaparecido. Estaba en los vestuarios visitantes de San Mamés, los reconocería incluso con los ojos cerrados, la estancia estaba vacía a excepción de sus cosas. Un ruido sordo le hizo girar sobre sí mismo, Unai acababa de cerrar la puerta y se acercaba a él con el semblante serio. Antes de que pudiera decirle nada, este se acercó a besarle ferozmente, Mikel le siguió el beso que se tornaba cada vez más intenso, el guardameta fue empujándole hasta que estaba acorralado entre él y la pared, siguieron besándose y Mikel cerró los ojos perdiéndose en el momento.

 

 

El pitido de una máquina rompía el silencio de la habitación, estaba postrado sobre una incómoda camilla y tenía frío, se revolvió pero un agudo dolor en su rodilla izquierda le hizo detenerse y poner una mueca de dolor, esto no le podía estar pasando, otra vez no pensó.

Una figura llamó su atención de pronto, en la silla más cercana a él un joven vestido de negro estaba encogida sobre sí mismo. Distinguió en seguida de quién se trataba, Unai dormitaba en una postura que no podía ser cómoda sobre un asiento claramente diminuto en comparación con su metro noventa y gran envergadura.

“No ha abandonado esta habitación desde que saliste de quirófano” la voz de una enfermera le dijo, Mikel ni siquiera se había dado cuenta de que hubiese nadie más aparte de ellos dos en la estancia.

Lágrimas empezaron a inundar sus ojos, no quería parpadear, sabía que cada vez que lo hacía la situación cambiaba, no entendía bien lo que pasaba, pero no quería irse de allí, no después de lo que había dicho aquella mujer; por mucho que no soportase pensar en aquellos meses después de su lesión, descubrir que Unai no se había apartado de su lado le hacía sentirse inmensamente querido.

Quiso decir algo, contestar a aquella mujer, pero apenas distinguía su figura, lo único que distinguía con claridad era a su chico; y pese a que no quería, le ardían los ojos por las lágrimas contenidas y los sentimientos que le abrumaban y parpadeó.

 

 

Sintió frío bajo sus rodillas, estaba apoyado sobre los azulejos del baño de un hotel, delante de él Unai vomitaba y Mikel se limitaba a dibujar caricias invisibles sobre su espalda; el guardameta terminó de vomitar y se incorporó, camisetas que decían ‘campeones de Europa’ cubriendo el torso de ambos.

“Lo siento maitia, debería haber dejado de beber cuando me lo dijiste” la voz de Unai sonaba ronca y con esa cadencia que pone la gente cuando esta borracha y parece que cantan en vez de hablar, a Mikel siempre le había irritado profundamente como hablaban los borrachos, con dos excepciones, cuando él mismo estaba borracho y cuando era su chico el que hablaba así.

Antes de que Mikel pudiera contestar la enorme figura de su novio le envolvió en un abrazo que bien podría haber sido un intento de estrangulamiento, el hombre al que tanto amaba empezó a cubrirle de besos, tan cariñoso como siempre que bebía, Mikel sentía que flotaba y sin acordarse de aquello que empezaba a descubrir, cerró los ojos para deleitarse en la sensación por completo.

 

 

El sonido de las olas envolvía a Mikel cuando volvió a abrir los ojos, estaba en una playa perdida en algún rincón del mundo. “Si es que siempre me pasa lo mismo, se me olvida darme crema de sol y parezco un cangrejo después de solo un día en la playa, antes de que me digas que me avisaste quiero que sepas que sé que tenías razón, pero bueno, tenía tantas ganas de bajar a la playa, los dos solos por fin maitia” Unai hablaba sin parar a su lado, completamente rojo y sujetando una cerveza. Mikel se acercó a besarle para poner fin a la verborrea de su novio; y después se llevó su propio botellín a los labios, estaban dados de la mano, sentados en tumbonas idénticas, uno al lado del otro en una playa con apenas gente donde nadie los conocía.

Mikel recordaba este momento y era uno en el que no le hubiera importado quedarse el resto de su vida. La suave brisa marina les acariciaba el rostro, Unai seguía hablando de alguna cosa sin importancia y Mikel le escuchaba embelesado, también era verdad que junto a él podría estar sentado en absoluto silencio viendo pintura secándose en una pared y se hubiera sentido igualmente en la gloria.

 

 

No era consciente de haber cerrado los ojos, decidido a permanecer en aquel perfecto momento, pero de golpe un frío viento le tenía aterido, estaba en medio del páramo helado de algún rincón perdido del norte de España, Unai a su lado cargaba con leña, al igual que el delantero, y se dirigían hacia una pequeña cabaña nevada.

Recordaba también aquella idílica Navidad que habían pasado juntos en un escenario que no tenía nada que envidiarle a las películas navideñas que tanto le gustaban a la hermana de Mikel y que se había visto obligado a ver cada invierno desde que era pequeño. Cuando había descubierto que a su chico también le encantaba aquella ñoñería de ver a una abogada de la gran ciudad enamorarse del dueño de un pequeño hostal en un pueblo en medio de la nada, o un hombre de negocios que se queda prendado de una repostera, o un padre viudo que recupera la magia de la navidad gracias a la profesora de primaria del pueblo… pues no le había quedado otra que resignarse a que todos y cada uno de sus inviernos irían acompañados de la misma película pero con distintos actores y en distintas localidades ficticias de Estados Unidos.

Entraron en el pequeño salón de la cabaña y prendieron la chimenea, el calor del fuego haciendo que ambos dejaran de tiritar, Unai le pasó un brazo por los hombros atrayéndole hacia él.

“Maitia, pensaba que eras más resistente al frío, pero si te castañetean los dientes” el guardameta le atrajo aun más hacia sí, abrazándole con fuerza para que volviese a entrar en calor. Entre los fuertes brazos de su pareja Mikel siempre se había sentido seguro, así que envuelto en aquel abrazo escondió la cabeza en el cuello de Unai sintiéndose completamente en paz.

 

 

Los brazos de Unai habían dejado de rodearle cuando abrió los ojos, se maldijo a sí mismo por haber vuelto a cerrarles sin querer, y en vez de estar entorno a él estaban frente a él llevando hacía sí a Pedri, no le veía el rostro pero reconoció su dorsal, Mikel estuvo a punto de volver a cerrar los ojos por el shock. Unai y Pedri se abrazaban eufóricos, el resto de su alrededor era un caos, un ruido ensordecedor hacía que le pitasen los oídos, miró a su alrededor pero no podía reconocer las caras de nadie, todo era difuso y borroso, la única claridad era el hombre más importante de su vida junto a alguien más.

Acababan de ganar la Eurocopa, ese era el recuerdo se dio cuenta el eibarrés; de pronto se dirigía hacia el vestuario como parte de una marabunta de gente, y dentro de este vio como Unai estampaba sus labios con los del canario, todo lo demás difuso, le seguían pitando los oídos, esto ya no era parte del recuerdo, esto nunca había pasado ¿no?

Siguió mirando a su alrededor desesperado, ¿por qué Unai besaba a alguien que no era él? ¿Dónde estaba Ferrán, acaso él estaba de acuerdo con esto? ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? repetía en su cabeza sin parar, los oídos le pitaban cada vez más, sintió como le fallaban las rodillas, todo se volvía más y más difuso salvo aquel beso que ocurría delante de él, era como un accidente de tráfico, no quería mirar, pero no podía apartar la vista. Recordó entonces que solo debía cerrar los ojos y podría encontrar refugio en otro recuerdo y apretó los parpados aferrándose a la idea de poder salir de aquello como a un salvavidas.

 

 

El ruido seguía envolviéndole, pero esta vez se trataba de música tecno, miró a su alrededor, reconocía el lugar, era el reservado de una discoteca de Donostia a la que solo había acudido en un par de ocasiones después de algún partido empujado por Zubimendi y Merino. Sus ojos se encontraron con los de Unai a través del gentío, esto no tenía sentido, él nunca había estado en este garito con el del Athletic, negó con la cabeza y volvió a mirar a su alrededor confundido, igual estaba en otro sitio, aunque estaba casi seguro de que no era así. Cuando volvió a buscar con la mirada al guardameta no le encontró, siguió buscando, y se arrepintió al instante de haberle encontrado, estaba en una esquina liándose con alguien, la figura era difusa para Mikel, solo distinguía a su chico y sintió como se le rompía el corazón solo con verle así con alguien más. Los ojos se le anegaron en lágrimas y les cerró con fuerza, ojalá esto me saqué de aquí y sea todo mentira pensó, se aferraba a esa idea como un clavo ardiente.

 

 

Al volver a abrir los ojos estaba en el salón de su casa, sentado en el sofá, tenía sentado a cada lado a Merino y a Martín, sabía que eran ellos porque cuando eres amigo de alguien durante tanto tiempo sabes reconocerles en tan solo un instante, pero no les distinguía, en realidad eran solo figuras abstractas, la única claridad eran las fotos que abarrotaban la mesa, todas de Unai, sonriente en todas ellas, como era él, solo, acompañado, vestido de portero con los colores de la selección o del Athletic, vestido con un traje, alguna boda a la que habían ido juntos supuso Mikel, con la Txapela de su equipo o con unos vaqueros y una camiseta cualquiera.

“No tienes que elegir la foto todavía Oyar” decía la voz de Merino “estamos contigo para lo que necesites” continuó diciendo.

“Sabemos lo difícil que tiene que ser todo esto para ti Mikel” decía Zubi “no me quiero ni imaginar por lo que estás pasando” decía el más joven.

“No nos vamos a apartar de tu lado, vas a salir de esta, de verdad” Mikel no entendía nada de lo que decían sus amigos.

“Te ayudaremos con todo lo del funeral, con todas las gestiones y estaremos aquí para lo que necesites” el navarro seguía hablando pero a Mikel se le había helado la sangre al oír aquella palabra ¿funeral? ¿tenía que preparar un funeral? ¿pero para quién? ¿y qué hacían todas esas fotos de Unai delante de él?

“Ninguno nos podemos creer que Unai ya no esté, pero no quiero ni pensar cómo te sientes tú” era Zubi el que hablaba esta vez, pero a Mikel le costaba hasta respirar, aquello no podía ser verdad, tenía que ser una pesadilla, por eso cada vez que cerraba los ojos se encontraba en una situación diferente, aquello no podía ser cierto, de pronto deseó poder volver atrás, incluso si se tenía que quedar eternamente en esos momentos en los que su chico estaba besando a alguien más, en esos por lo menos seguía vivo. Comenzó a llorar desconsoladamente y cerró los ojos nuevamente.

 

 

Seguía sollozando cuando volvió a aventurarse a abrir los ojos, no era el único, escuchaba lloros en todas partes, estaba sentado sobre un viejo banco de madera, olía a incienso y a humedad, y la luz que se filtraba por las ventanas de aquella iglesia que no conocía dejaba claro que se trataba de un día lluvioso, el cielo encapotado, como si este también estuviese de luto por la pérdida.

Mikel sentía como si le hubiesen arrancado el corazón de cuajo, el único rostro que distinguía en aquella estancia abarrotada de gente borrosa era el de Unai en una foto, una de tantas que había tenido delante de él en su mesa del salón. Se armó de valor y levantó la mirada posándola sobre el altar, que amargo le resultaba pensar que nunca habían estado el uno al lado del otro en ese mismo punto en el que ahora tan solo estaba el ataúd que contenía al amor de su vida. Volvió a cerrar los ojos deseando no volver a abrirlos si eso significaba vivir en un mundo sin él.

 

 

Una mano se posó sobre su hombro y el contacto le hizo abrir los ojos, en seguida notó el viento sobre su cara, el cielo seguía nublado, y empezaba a chispear, el cielo lloraba la pérdida igual que él pensó Mikel. La figura que le había tocado tampoco era distinguible, ya se había acostumbrado a no ver a nadie que no fuera su Unai cada vez que abría los ojos, pero sabía a ciencia cierta que era su hermana aunque no la viera.

Estaba de pie sobre césped mojado y gravilla, un cementerio su cerebro le dijo antes de que pudiese ser consciente de lo que ocurría a su alrededor. El olor a tierra mojada era asfixiante y Mikel sintió que iba a vomitar, su hermana le envolvió en un abrazo al instante, y el delantero, completamente derrumbado, no podía parar de sollozar.

Cerró los ojos, pero aun seguía envuelto en aquel frágil abrazo que le ofrecía su hermana, no me jodas pensó, sacadme de aquí joder, sacadme de aquí, sacadme de aquí, repetía en su mente como un mantra mientras seguía cubriendo de lágrimas la chaqueta de punto sobre la que había apoyado su rostro, sus sollozos cada vez más y más fuertes.

 

 

De repente los brazos que le envolvían se volvieron más corpulentos, las manos apoyadas en su espalda más grandes, el abrazo más intenso, Mikel seguía llorando, sintió como le sacudían con fuerza.

“Maitia, maitia, despierta por favor” la voz de Unai hizo que abriese los ojos de golpe.

Estaba en su habitación, en su cama, rodeado de oscuridad y Unai le abrazaba con fuerza mientras seguía sollozando.

“Oyar por favor vuelve en ti, me estas asustando” seguía diciéndole algo alterado Unai, pero Mikel no podía parar de gimotear, apenas podía respirar mientras seguía envuelto en los brazos de su chico y este le susurraba cariñosamente al oído mientras le acariciaba el pelo y la espalda con ternura.

“Solo ha sido una pesadilla, fuese lo que fuese que te ha asustado tanto no era real, estás aquí conmigo amor, todo está bien” seguía diciéndole, Mikel temblaba, de frío, de miedo, de ansiedad, de alivio…

El delantero se separó de golpe y empezó a tocarle la cara a Unai, sus ojos anegados en lágrimas empezaban a acostumbrarse a la oscuridad y distinguían esas facciones que se sabía de memoria. Su novio le miraba consternado, Mikel recorría con sus manos el rostro de su compañero de vida asegurándose de que realmente estaba allí.

“Estás aquí…” dijo con un hilo de voz.

“Claro que estoy aquí maitia, sabes que siempre voy a estar contigo” el más alto seguía acariciándole con dulzura la espalda, la nuca, el pelo, dibujando invisibles infinitos en la piel de Mikel que aun temblaba.

“No lo entiendes, no estabas, ya no estabas…” seguía diciendo el otro, Unai juntó sus labios con los suyos, intentando mostrarle que estaba verdaderamente allí, Mikel no quería dejarse llevar, no quería cerrar los ojos por si su chico volvía desvanecerse delante de sus ojos.

“Estabas y luego cerraba los ojos y ya no, y te besabas con otro pero luego me daba igual porque te morías…” las frases inconexas de Mikel preocupaban al portero.

“Mikel yo no me he besado con nadie que no seas tú desde hace ya mucho tiempo, y no tengo intención de hacerlo” le dijo serio, no quería que se enfadase con él por unos cuernos fruto de un subconsciente que ni siquiera era el suyo.

“No, no, eso no era lo peor, lo prefería, es que te morías, y ya no estabas, y yo tenía que elegir la foto, y llovía, llovía porque el mundo estaba triste porque te habías muerto” aunque seguía hablando alterado ya no temblaba y apenas lloraba.

“Te prometo que esto es real, que no me he muerto maitia” dijo el portero terminando de quitarle las furtivas lágrimas que aun recorrían la cara del eibarrés.

Mikel junto sus labios con los de Unai y se armó de valor antes de perderse en el beso y cerrar los ojos.

 

 

Cuando los volvió a abrir Unai seguía besándole, seguían los dos juntos en la cama, el delantero prácticamente encima de su novio buscando toda la cercanía posible.

“Eres real” suspiró finalmente Mikel.

“Claro que sí, solo era una pesadilla mi vida” le siguió tranquilizando el otro.

“Mira que eres ñoño…” resopló.

“Me das el susto de mi vida porque me despiertas llorando que parecía que te estaban matando, y encima no conseguía despertarte, y ahora que estás un poco mejor me insultas, que feo eso maitia…” le pinchó Unai con una sonrisita aliviada al verle mejor.

“Es que cada vez que cerraba los ojos cambiaba de lugar, y cuando los abría tú eras la única persona a la que veía, y me daba miedo que fuese a volver a pasar” confesó abrazando a su novio y enterrando la cabeza en su cuello.

“Solo ha sido una pesadilla, pero me comprometo a intentar ser al primero que veas nada más abrir los ojos el resto de tu vida” le contestó suavemente.

“Me tienes que prometer una cosa” dijo de golpe separándose para mirarle fijamente a los ojos.

“Todo lo que tú quieras” le respondió el guardameta mirándole con los ojos llenos de amor.

“Unai, prométeme que me vas a dejar morirme primero, no podría soportarlo si te mueres tú antes” le dijo con la voz llorosa.

“Mi amor, te prometo que cuando los dos seamos viejecitos y hayamos pasado toda la vida juntos te dejaré irte a ti primero” le acarició la cara con suavidad “pero deja de pensar en la muerte por favor, que aún somos jóvenes y son las cuatro de la mañana” terminó diciendo.

“Gracias maitia” dijo antes de darle un suave beso en los labios “gracias por estar siempre ahí cuando cierro los ojos y también cuando los vuelvo a abrir” y con esto intercambiaron un último beso y se acurrucaron en la cama.

Agotado por los acontecimientos de su sueño tornado en pesadilla Mikel cayó rendido.

“Yo tampoco podría soportar abrir los ojos y que tú ya no estuvieras” susurró dulcemente Unai, depositó un beso en el pelo de su chico y volvió a dormirse también sosteniéndole entre sus brazos.

Notes:

Es la segunda historia que publicó sobre estos dos, si no habéis leído la primera la tenéis en mi perfil, y no sabéis la ilusión que me hicieron los kudos y los comentarios porque la verdad que nunca pensé que la fuese a leer nadie.

Así que mil gracias por leer esta historia!!

Espero que os haya gustado mucho!!

Un besito.

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