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OMEGA+

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OMEGA+ • ahora

¡ES UN MATCH DEL DESTINO!
Enzo Fernández te ha dado like. ¡Comenzá a hablarle!

———

Julián Álvarez no tenía nada qué hacer en esa aplicación. No le correspondía estar ahí. Pero, ¿cómo podría dejar pasar la oportunidad de su vida después de ver la foto de ese morocho caraculico?

Si suplantar una casta era considerado delito, que preparen su celda que estaba listo para ser condenado.

Chapter Text

Julián revoleó los ojos al escuchar el grito agudo de Rodrigo luego de que el DJ enganchara, por tercera vez en las últimas dos horas, un tema de Tini

‎El aburrimiento se le calaba a los huesos. Sabía que tenía que cambiar la cara por Lautaro, el cumpleañero, pero qué boliche de mierda eligió. Esbozó una mueca de risa al recordar como, media hora atrás, el DJ había cortado el climax de la canción "La Nueva y La Ex" de Daddy Yankee para poner una canción de Emilia Mernes. La cara de culo de Rodrigo los había hecho reír y a Lisandro escupir el trago cuando, pese a su gesto, Rodrigo entonaba cada sílaba de "La_Playlist.mp3" moviendo las caderas, atrayendo la mirada de algunos alfas que Julián tuvo que espantar con sus feromonas. 

‎Julián era el único alfa del grupo. Los había conocido en segundo año de la secundaria, cuando se mudó al Gran Buenos Aires con apenas catorce años desde su amada Córdoba. Sus tímpanos seguían sensibilizándose al recordar el grito que pegó Rodrigo cuando se dio cuenta que Julián no era un omega. "Tenés unos rulos y una cola tan linda. Qué envidia no ser un alfa, ya te hubiese preñado" le había dicho Rodrigo en un quince medio en pedo. Y, así y todo, fue lo menos degenerado que De Paul le había dicho alguna vez desde que se unió al grupo que tenían con Lisandro, Lautaro y Paulo.

‎Luego de la canción de Tini, comenzó a sonar un trap viejo que hizo que muchos que estaban apoyados en la barra, vuelen cebados a la pista. 

‎Julián aprovechó la situación y pidió otro combo de vodka y speed. Pagó la dolorosa cuenta abierta del cumpleañero con el celular de Lisandro, el único que estaba recién cobrado, y se sentó en un sillón de la esquina a cuidar las pertenencias de sus amigos mientras los miraba de reojo, procurando que ningún alfa se pasara de listo. 

‎Julián tanteó sus bolsillos y no encontró su celular. Luego del mini infarto, recordó que lo había dejado en el auto de Lautaro. Bufó por decimocuarta vez en la noche y desbloqueó el celular de Lisandro: messi. Debía ser el celular más fácil de robar. 

‎Los datos no funcionaban del todo bien dentro de ese búnker mal llamado boliche, por lo que empezó a revisar las aplicaciones de su amigo.

‎Comenzó con WhatsApp, leyendo la conversación que Licha tuvo en el trayecto de la casa del cumpleañero al agujero llamado boliche en donde estaban, con su ex, Cristian. Mientras leía con atención, en su mente corregía los errores ortográficos de ambos y crecían en su interior las ganas de darle un bife a ambos por insoportables. A su vez, tomaba de a sorbos el trago que Paulo había dejado apartado cuando compraron el primer combo de la noche. La menta viajaba por su garganta mientras sus orbes veloces leían los insultos intercambiados. 

‎Cuando se aburrió, abrió la cámara y posó en distintos ángulos, dejándole distintas fotos a Lisandro, incluida una selfie con una chica que pasaba por detrás suyo y se sumó. Se rió cuando la notificación de almacenamiento lleno no le permitió capturar más. 

Continuó abriendo la cuenta del banco y se deprimió cuando vio la linda cifra que su amigo hacía en su trabajo como ingeniero que, pese a la veces que le diga, jamás entendería. Y cuando estaba por entrar al Clash Royale para jugar algunas partidas, un logo le llamó la atención. 

‎OMEGA+.

‎Creído que se trataba de algún calendario para los ciclos de los celos omega, Julián entró para chusmear. Grata fue su sorpresa cuando la pantalla cargó:

¡HOLA DE NUEVO!

‎Mientras no estabas, estos omegas se interesaron en tu perfil.

‎Julián, sin querer, apretó cualquier botón y se borró la notificación, permitiendo que la pantalla de inicio se luzca. 

‎Un perfil de un tal Luka Modric apareció ante sus ojos. La aplicación presentaba un algoritmo parecido al de Tinder, lo que le permitió reconocer al instante que se trataba de una aplicación de citas. Julián sonreía al saber que tenía nuevo insumo para descansar a Lisandro.

‎Julián deslizó entre las fotos de Luka, un rubio cara de ángel, leyendo detalladamente los gustos e intereses del croata que estaba viviendo en Buenos Aires desde el 2014, según escribió en su biografia. Apretó la cruz roja gigante y apareció otro perfil.

Siguió así por un rato más, indagando y stalkeando entre perfiles de tipos con las caras más angeladas que había visto alguna vez. ¿Lisandro de verdad cree que tiene algún tipo de chance con éstos muchachos? Tipo fantasioso, que siga peleándose con Cristian.

‎Julián salió de la aplicación cuando mostró el siguiente recuadro:

¡NO HAY MÁS OMEGAS CERCA DE TU ZONA! Extendé la distancia de preferencia y encontrá otros perfiles listos para vos o intentá de nuevo más tarde.

Julián aprovechó y abrió el buscador web,

Q es omega(

‎Omeha+

‎Omega-

‎Por qué soy tan pelotudo para escrinir

‎Omega+

‎Según internet, OMEGA+ era una aplicación que fue creada y lanzada hace algunos años por omegas, para omegas. Funcionaba como Tinder, pero los perfiles eran solo de omegas que buscaban relacionarse con otros de su misma casta.

‎El cordobés, luego de quedarse leyendo un poco más sobre los hijos de uno de los creadores, decidió volver a probar suerte en la aplicación. Se mostraron otros perfiles. Los juzgó pensando en los gustos de su amigo, por lo que terminó desechando a todos. El único tipo de mi amigo es un alfa cordobés bastante pelotudo. Y no soy yo.

‎Cuando estaba por bloquear el celular, aburrido, un perfil lo hizo parar en seco.

‎Enzo Fernández. 

‎Tenía cuatro fotos. Tres de ellas eran de paisajes o la cancha de River. La única que era de él, mostraba a un hombre hermoso. Anonadado, Julián abrió el perfil de Enzo y le hizo un zoom poco discreto a la cara de perfil del joven. Tenía veinticinco, un año menos que él. Su biografía era sencilla y delataba que, ante todo, quería una relación seria. 

‎Julián estuvo a punto de sonreír, deslizar y escribirle un chamuyo barato cuando un hecho lo hizo frenar en seco. Él, Julián, era un alfa. Enzo, un omega, que estaba en una aplicación de citas. Buscando otros omegas. Julián ≠ omega. Enzo ≠ Julián.

‎Julián entrecerró los ojos mirando al techo de ese boliche de mierda. La puta que lo re mil parió. ¿Se podía ser tan salado en la vida? 

‎Julián volvió a observar la foto de Enzo. Era un tipo muy atractivo. Se podía imaginar fácilmente comiéndole la boca para después dejarlo temblando con sus labios y un par de caricias. Pero Enzo no lo quería a él.

No, Enzo no quería a la casta de Julián.

‎Ahí está. 

Julián eres un genio. Enzo nunca lo rechazó. Rechazó, indirectamente, a su casta. Y si... No. Rápido eliminó esos pensamientos de su mente. La suplantación de identidad era un delito, era lo único que recordaba del primer año de la carrera de derecho que hizo virtual en plena pandemia. 

‎Pero... Julián no suplantaría su identidad. De hecho, quiere presentarse tal cual a Enzo. No quería pecar de egocéntrico, pero Julián sabía que era un hombre muy lindo y con atributos positivos. 

‎En el celular de Lisandro, googleó:

Suplantar una casts 3s delito;

‎Google le entendió y le arrojó una respuesta medio pelo de una página para nada confiable: "(...) En conclusión, la suplantación de casta no se encuentra tipificada como delito dentro del Código Penal Argentino, ni constituye, por sí misma, un supuesto de dolo (...)". Julián no siguió leyendo más. La frase rescatada del blog de abogados poco confiable le otorgó el impulso que necesitaba. 

‎Lautaro lo sacó de sus pensamientos con un insulto por estar sentado con cara de ojete y no estar bailando con él. Julián lo miró mal y se rió, levantándose con ganas renovadas y llevándose a su amigo a bailar. 


‎Pasadas las siete de la mañana, Julián terminó de acomodar a un recién bañado a la fuerza Paulo en su sillón cama. Se acostó en su cama, esa que no había tendido por vago, y sacó su celular para abrir AppStore. 

‎Pidió disculpas a cualquier santo en guardia por lo que haría y luego apretó "abrir" a OMEGA+. 

Enzo Fernández, preparate. No seré omega pero por vos, aprendo a serlo.