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Empezar de cero

Summary:

Un chico se lanza al mar y no encuentra nada en su soledad.

Chapter 1: Cara

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Nadie es tan tonto de enamorarse de un compañero de equipo y, noche tras noche, Marc se tiene en peor estima.

Ríe demasiado fuerte ante las bromas sin chispa de Ferran y Marcos no es tonto cuando quiere. “Cuidado” le dice con el motor a doscientos kilómetros por hora. “Yo controlo” responde antes de abrir mañana la portada de todos los periódicos de la isla. Agradece que el valenciano no sepa leer. 

No tendrá una historia bonita que contar a sus nietos ni una cronología digna del Goya. Dos miradas furtivas coinciden y ya no hay marcha atrás. Es tonto caer en una sonrisa bonita y más tonto en una que no va dedicada a ti. Marc no duerme bajo luna nueva, llena, creciente, menguante.

Irá a donde le pida, aunque le pida ir a ningún sitio. Nunca fue el lápiz más afilado del estuche y se hizo jugador de fútbol. Es tan sencillo pintar una mueca divertida para sacar a relucir los hoyuelos de Ferran que, a veces, hasta parece real. Su vida ese último año no ha tenido sentido y se permite fantasear un poco más. Un equipo de primera, un título mundial, un lago ocre que no navega por él; pero se permite fantasear un poco más. A Marcos no le gustan esas bromas, pero se hace el tonto al no especificar a cuál se refiere. 

Salen en las cuatro fases, y también en lluvia de estrellas, eclipse solar, eclipse lunar, parcial o total, y Mercurio retrógrado bajo las estelas de condensación. No está permitido dormir en el archipielago ni pensar en otra cosa diferente a disfrutar. Son los reyes del mundo durante un fugaz instante. Marc jamás va a estar tan alto como hoy, Ferran jamás le va a mirar igual. Aprovecha que me voy.

Las luces de la discoteca brillan en el cielo nocturno y él abre los ojos a media asta porque le ciega reconocer que nunca llegará a nada más.

Ferran acaba llorando en sus brazos el nombre de otro y él sólo puede arroparle con consuelo propio. Se ahoga en unas lágrimas que se mezclan con las suyas, en una imposibilidad remota, en una celebración sin final como un anhelo constante, en un cariño que no tiene tatuado sus iniciales; pero eso sólo lo sabe él. Se repite el mismo mantra, un Ave María que se desdibuja al cuarto verso. Ferran le besa y no le besa a él, pero eso sólo lo sabe él. 

Marcos les observa como quien presencia un accidente a cámara lenta. 

Odia Ibiza. El Mediterráneo es igual de feo en todos lados. Ferran le invita a ir a su pueblo, juntos, algún día. Es mentira. No hay mejor océano para ahogarse que sus pupilas. Nace y muere en el mismo suspiro. Mañana irá al desguace a por los restos de su coche. Ama Ibiza.

Está en Ushuaia en un reservado de cinco mil euros sollozando al ritmo de una canción de Ñengo Flow. En el sótano de la miseria siempre aguarda un escalón más. Envuelve al valenciano entre sus brazos y sangra la piel ante el roce de sus espinas. Se muerde la lengua hasta el suicido ante la sarta de plegarias que la garganta contraria suplica al ausente canario. Le duele saber que nunca será lo que busca, que no será el abrazo que rompa todos sus miedos, ni siquiera será el parche del parche. Es sólo un niño tonto aparentando ser lo que no es. A veces echa de menos Almería.

Junta su frente con la opuesta para tratar de calmar el gorgoteo. Sus yemas recogen el rocío en las mejillas sonrosadas del mayor sin forma de detener su ruego. Una lengua de fuego balbucea su dolor en un cántico gregoriano incapaz de descifrar. El eco de su pena le retumba en las entrañas, así que opta por inventarse su significado. Entonces el descenso del Espíritu Santo se obra sobre él y dijo:

– ¿De verdad quieres saberlo? 

Ferran no responde porque no le escucha nunca y, aunque lo hiciera, no lo haría. Marc se ríe sin entender muy bien por qué. La musica está muy alta y no oye nada. “Te amo” grita en un susurro. La fiesta ha acabado hace rato.

Marcos le besa con tanto cariño que hasta podría creer, pero no está dispuesto a agarrar ningún salvavidas que le aleje de ese naufragio. Se deshace en su boca buscando amortiguar la caída libre, Marc no entiende de querer sin morir un poco en cada gesto. El rubio ora devoto sobre su pecho para que comprenda lo que es un amor sincero. No hay dobles filos, tú eres tú, esta luna y todas. Marc no quiere entenderlo y Marcos no quiere enterrarlo, pero acaba con él gota a gota. 

Ferran se seca el rostro mientras le enseña un meme que ha visto ya quince veces antes en TikTok y él reitera “Estoy enamorado de ti”. Sólo que lo segundo no pasa y se ríe bastante fuerte. Si hace gracia, la verdad.

Llevas de copiloto al chico más guapo que has visto en tu vida y la velocidad deja de importar y las señales se difuminan a tu paso y te examina con sus grandes iris afligidos mientras pitan todas las alarmas, y ¿qué le dices en ese momento? ¿Qué no sabes a dónde tirar sin matarte? ¿Que te abruma una vida que no te corresponde? ¿Que los frenos no funcionan? ¿Que le amas? Seguramente, así que no habla. Esa noche duerme a sus pies, la risa le desgarra el alma. Tiene siete mensajes de Marcos preguntándole dónde está.

Marc le saca veinte centímetros al otro y, pues, de esa manera no es tan divertido. Se agacha para estar a su altura y se sigue achicando hasta quedar a su merced. El hueco a llenar es pequeño y, aún así, le queda enorme. Todo el amor que tiene para dar nunca será suficiente. 

— De amor no se muere nadie — murmura su mejor amigo contra lo que conserva de corazón. Dame tiempo, dame tiempo.

Es tarde cuando la carretera arde a rueda quemada y el pelo de Ferran vuela sobre su rostro mientras un fino reguero de agua empapa a ambos y reza que lo ama, que lo ama, que lo ama; y el catalán enreda las cuentas del rosario contra el cuero del volante para repetir el salmo contrario en busca de un milagro. Los cinturones no amortiguan el golpe.

Esa madrugada unen sus labios bajo el nombre de Pedri y él tomará la identidad que haga falta. No se equivoca al mencionar al otro ni él tampoco al aceptarlo. Sí comete el error de ser sincero en una noche como esa.

— Podría quererte toda la vida.

Y Ferran tira al aire la misma moneda.

— Quiéreme un rato.

El último mensaje de Marcos implora ”?estas bien?” y él controla. El guardarraíl adopta la forma de su columna. Al final pilla la gracia.

Para cuando acaba, Ferran le clava su característica sonrisa de ojos tristes y no le está mirando a él. Finalmente, se atreve a sonreír, de verdad. Y entonces, en el cielo de su boca, lo dice:

— Si amanece, nos vamos.

Notes:

chica vuelve de trabajar un turno de doce horas y en vez de dormir hace esto porque está @ loca #buenasnoches