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Ranma
Observaba con recelo el número en la báscula. Nunca la utilizaba, esa costumbre le pertenecía a Nabiki y Akane, que al menos una vez al mes se subían a ella para terminar decidiéndose por seguir una dieta que solo lograban cumplir los primeros tres días. Era imposible seguir una dieta con la comida de Kasumi y de su madre.
A Ranma no le preocupaba eso. Comía mucho, si, pero todo lo que ingería lo gastaba durante el entrenamiento diario. Nunca habita tenido que preocuparse por su peso. Sin embargo, en las últimas semanas no se sentía como el de siempre.
En las ultimas semanas apenas podía completar su rutina diaria. Pensó que era por que no estaba comiendo suficiente, por lo que aumentó las comidas. No funcionó. Poco después se agregaron el dolor de cabeza ocasional, el cansancio continuo y la falta de apetito. Incluso algunos platillos le causaban nauseas con solo verlos.
Pese a las señales, le restó importancia. Era época de exámenes y estaban cerca del examen de admisión a la universidad. Tal vez el destino le estaba pasando factura por todos los años en que se saltó los deberes y las preocupaciones de ser un estudiante.
Pero había bajado de peso. Primero no notó con su ropa, y en ese momento la báscula se lo estaba diciendo. Akane se alegaría si fuera ella la que estuviera en ese lugar, pero él no se alegraba. Aquel peso perdido no era grasa, sino músculo ¿Qué iba hacer un artista marcial enclenque con un dojo?
– Si sigues ahí adentro por un minuto más, te voy a echar, aunque sigas desnudo –Se bajó del aparato antes de que Akane fuera a entrar, lo cual hizo después de dar un par de golpes más a la puerta
– Lo advertí – Lucia furiosa, con las manos en la cadera, aun en pijama.
– Pervertida– Puso su mejor sonrisa de medio lado, tenía que olvidar lo de la báscula–. Comprendo tu decepción, pero uno tiene que vestirse rápido antes de que las marimachos pervertidas vengan a fisgonear.
Pasó a un lado de ella, recibiendo un par de sus golpes en el brazo. Tuvo ganas de decirle algo, pedirle consejo. Si ambos iban a manejar el dojo en unos cuantos años los dos debían mantenerse en forma.
– Vuelve a tardar tanto en bañarse y te saco a patadas del baño.
Quiso reír al verla sonrojada, pero solo sonrió. La dejó murmurando sentencias de muerte.
Avanzó hacia la cocina acomodándose la chaqueta del uniforme. Aún se sentía extraño vistiendo aquello, había comenzado a usarlo en su ultimo año por la escuela de preparación. Quiso negarse, pero tras la insistencia de su madre y un par de regaños, se rindió.
Aprovechó que no encontró a nadie en la cocina para tomar su botella de agua del refrigerador. Solo quería irse ya a la escuela y no enfrentar el desayuno. De hecho, en primera instancia hubiera preferido quedarse en la cama.
– Si tomas tanta agua no vas a tener hambre en el desayuno.
Casi escupe el agua al escuchar a Kasumi.
– Estás algo pálido. ¿Te sientes bien?
– Estaré resfriándome – dejó la botella, estaba seguro de que, si se la llevaba con él, Kasumi no dejaría de vigilarlo, tenía memorizadas las rutinas de todos en la casa.
