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Pedri Está Coping And Going Through It

Summary:

“Durante el mundial… Iba a hacerlo,” confesó Ferran de repente. “La noche de la celebración, después de Cibeles, cuando estábamos los dos solos y me felicitaste en el pasillo antes de entrar en tu cuarto.”

“Ferri…” Pedri dijo sin saber muy bien qué decir, cogiéndole de la mano sin pensarlo. Ferran se dejó, entrelazando sus dedos.

“Pero justo me dijiste que te ibas a China con Alejandra y tu familia y dije… ¿Qué coño estoy haciendo?” Volvió a reírse con esa risa horrible.

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O: Pedri tiene a Ferran bloqueado pero le sigue enviando mensajes porqué es su manera de sobrellevar la situación. La cosa acaba explotándole un poco en la cara.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

21 agosto 2026, 20:34h

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24 agosto 2026, 00:23h

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24 agosto 2026, 11:32h

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23 de septiembre de 2026, 23:56h

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24 de septiembre de 2026, 00:31h

 

Pedri abrió la puerta un segundo después de que sonase el timbre, sin darse tiempo a sobrepensarlo demasiado.

Antes de poder decir nada, Ferran se abalanzó sobre él, abrazándolo con fuerza.

“Hola a ti también,” dijo Pedri, sonriendo y escondiendo la cara en el cuello de Ferran, devolviéndole el abrazo.

“Era esto o esperar a que me reventases la cara con el móvil o me dieses una hostia,” Ferran dijo, burlón. “No me la podía jugar.”

“Joder cállate,” dijo Pedri, dándole un pequeño golpe en la barriga. “No, en serio, qué vergüenza, todavía no me lo puedo creer, porfa hagamos como que no ha pasado.”

Al separarse, Pedri dio unos pasos atrás, entrando en casa y gesticulando a Ferran para que entrase también, rehuyéndole la mirada un poco sin querer. En estas, llegó Nilo, moviendo la cola histérico y tirándose encima de Ferran.

“Lo de que éste te echa de menos va en serio, está como apagao de repente...” dijo Pedri, apretándole el lomo a Nilo cariñosamente.

“Yo también lo echo de menos,” Ferran se arrodilló y empezó a acariciarlo y a decirle bobadas.

Cuando acabó con los mimos y Nilo se dio por satisfecho, Ferran dejó su bolsa en el suelo de la entrada, como siempre solía hacer, y siguió a Pedri hasta el comedor.

“Pedri porfa, habla conmigo.”

“¿Más todavía?” Pedri se burló de sí mismo, sentándose en el sofá y dándole la espalda a Ferran. “¿No te han parecido suficiente los quinientos mil mensajes?”

Ferran se sentó a su lado, dejando espacio en medio, tentativo. “Tengo tantas preguntas,” confesó, mirando al suelo. “No sé por donde empezar.”

Pasó un rato, el silencio empezó a pesar, y Pedri decidió romperlo.

“Lo que dije que me había dicho Ale… ¿Es cierto?” preguntó, mirándolo fijamente.

A Ferran se le escapó una sonrisa irónica por debajo de la nariz. “Pensaba que lo estaba escondiendo mejor, la verdad.”

“Joder, Ferran,” dijo Pedri en un susurro, apretándose los ojos con las palmas de las manos.

“Lo siento.”

“No, joder, no es esto, es solo—desde… ¿Desde cuándo?”

“Sira me dejó por esto,” dijo Ferran, abatido, rehuyendo la mirada avergonzado. “Hará como… seis años?” dijo, encogiéndose de hombros.

“Es coña.”

Ferran se rió de nuevo, pero no era la risa que Pedri tanto había echado de menos. Era una risa falsa, cínica, vacía.

“No Pedri, ojalá.”

“¿Por qué nunca me dijiste nada?” Pedri gritó, incrédulo, con ganas de llorar y de vomitar y de correr y desaparecer y de abrazar a Ferran y decirle que todo iba a salir bien, aún sin tener ni idea de si era verdad o no.

“Cuando pasó lo de Sira al cabo de nada empezaste con Alejandra, Pedri, ¿Qué querías que hiciese?”

“Joder, no sé, per—”

“No, déjame. Acababas de empezar con tu primera novia, estabas ilusionado, todo iba bien, éramos mejores amigos, y perdona que te diga, pero nunca en tu vida has mencionado tener ni un remoto interés por ningún tío. ¿Qué querías que hiciese? ¿Qué quieres que haga? ¿Joderlo todo cómo parece que estamos haciendo ahora?!”

“Pues no sé, pero seguro que hubiese sido mejor que abandonarme e irte sin decir nada y convertirte en un capullo irreconocible, joder!”

Cada vez estaban más cerca, el espacio de cortesía que habían dejado entre medio ya prácticamente inexistente. A Pedri, como siempre, le había subido el calor a las mejillas y estaba rojo como un tomate. Ferran tenía los ojos brillantes, como a punto de romper a llorar en cualquier momento.

A Pedri le dolía el pecho solo con mirarlo, la necesidad de tocarlo y abrazarlo y consolarlo cada vez más difíciles de soportar. 

“Durante el mundial… Iba a hacerlo,” confesó Ferran de repente. “La noche de la celebración, después de Cibeles, cuando estábamos los dos solos y me felicitaste en el pasillo antes de entrar en tu cuarto.”

“Ferri…” Pedri dijo sin saber muy bien qué decir, cogiéndole de la mano sin pensarlo. Ferran se dejó, entrelazando sus dedos.

“Pero justo me dijiste que te ibas a China con Alejandra y tu familia y dije… ¿Qué coño estoy haciendo?” Volvió a reírse con esa risa horrible.

“¿Y por esto has decidido… irte? ¿Dejar el club de tus sueños, dejarme a mí, a todos tus amigos? Joder, Ferran, no—”

“Llevo mucho tiempo convenciéndome de que nunca vas a sentir lo mismo, Pedri. Lo del Mundial fue como un punto de inflexión en muchos sentidos. Me di cuenta de que no puedo seguir esperando cosas que no van a pasar. Tengo que mirar para adelante.”

“Pero no es justo, yo no… yo no sabía nada,” murmuró Pedri, trazando círculos nerviosos en la mano de Ferran.

“Lo siento, de verdad, no he—no he sabido hacerlo mejor…” Ferran admitió, finalmente perdiendo la batalla contra las lágrimas que se le estaban resistiendo. “Y hoy me has dicho todas estas cosas, y… no sé, necesitaba que tuvieras mi versión, de una vez por todas,” dijo con la voz entrecortada, esta vez sonriendo con una sonrisa de verdad, aunque devastadoramente triste.

“¿No me odias de verdad, no?” Ferran preguntó, y a Pedri se le rompieron los pocos trozos de corazón que todavía le quedaban medio enteros.

“No, joder, Ferri, claro que no,” dijo Pedri, abalanzándose sobre él y abrazándolo todo lo fuerte que le permitían sus brazos, temblorosos y nerviosos. “No te he odiado ni un puto segundo de mi vida, aunque créeme que lo he intentado estos días.”

Ferran asintió, abrazándolo por la cintura y colocándolo encima de su regazo. Pedri se sentó, cómodo, descansando las piernas en ambos lados.

“¿Y lo de que… te estabas acercando a descubrir lo que sientes por mí?” preguntó Ferran, su voz bajita como un susurro. 

A Pedri se le aceleró el corazón. Igual era momento de empezar a hablar de verdad.

“Iba en serio,” Pedri admitió. Recostó su cabeza en el hombro de Ferran, mirando para el otro lado pensativo. Siempre le era un poco más fácil hablar sin el peso de la intensidad de los ojos de Ferran en los suyos. “Todo lo que te he estado diciendo estos días es cierto.”

Ferran siguió abrazándolo, acariciándole la espalda. 

“Menos lo de que te odio y lo de que te quería reventar la cara.”

A Ferran se le escapó una risa.

“Bueno eso no, eso en ese momento sí era verdad. Estoy del puto Pubill y el puto Llorente y el puto Doué ese y tus nuevos compis hasta la polla.”

“Epa,” Ferran dijo, recuperando un poco su faceta burlona. “¿No estarás celoso?” Aun así, no hizo nada para cambiar sus posturas, y permitió que Pedri siguiera sin mirarle a los ojos.

“Pues igual sí,” admitió él. “Igual llevo todo este tiempo pensando que la relación que tenemos—bueno, que teníamos—me estaba bien tal y como estaba, pero… estos días me he dado cuenta de que… igual he estado haciendo el primo.”

Ferran tragó saliva, expectante.

“Te echo tanto de menos que… no tiene ningún sentido, Ferri. Me duele el pecho cada vez que paso por delante de tu puta casa. Pienso que te está entrenando el padre de tu ex y me entra de todo, es que… es que soy un imbécil.”

Aquí, Ferran al fin lo apartó de su hombro y lo miró a los ojos.

“¿Qué me estás intentando decir, Pepi?”

“Hostia Ferran, ere’ mu tonto de verdad eh,”

“No, a ver, entiéndeme, llevo—”

Pedri no lo dejó terminar. Cogió a Ferran por el cuello y lo besó como nunca había pensado que haría pero como no podía ser de otra manera. 

Ferran se derritió, sus músculos deshaciéndose debajo suyo, apretándole por la cintura y acercando sus cuerpos, aunque ya no podían estar más pegados.

Besar a Ferran fue raro en el sentido de que fue raro que hubiesen tardado tanto. La leve fricción de su barba de tres días contra los labios cortados de Pedri, su ligero sabor a menta y chocolate, la manera perfecta de entenderse incluso en el saber para donde mover la lengua, en el dónde tocar y el cómo—todo tenía demasiado sentido. Pedri no pudo evitar que se le humedecieran los ojos al darse cuenta de todo lo que se había estado perdiendo, en lo mal que se lo había hecho pasar a Ferran.

Ferran cogió a Pedri por la mejilla para besarlo con más fuerza cuando se dio cuenta de que estaba mojada.

“Ey, no, no, Pedri, ¿por qué estás llorando?” Preguntó, buscándole la mirada preocupado.

Pedri solamente negó con la cabeza y apoyó su frente encima de la suya, abrumado. 

“¿Tan mal beso?” dijo Ferran, porque no podía evitar ser muy tonto.

“Claro que no, gilipollas,” Pedri se rió contra su voluntad, aliviado al ver que las cosas más importantes seguían tal y como siempre, aún habiéndolo cambiado todo. 

“Es porque… ¿Soy un tío?” Ferran dijo, más suave, más serio.

A Pedri le dio un vuelco el corazón. “Claro que no, esto me la pela,” Pedri dijo, dándole un beso solo para dejarlo claro.

“Creo, vaya,” se encogió de hombros. “No estoy siendo muy consciente de toda esta parte todavía, la verdad.”

Ferran lo miraba como si hubiese colgado todas las estrellas del cielo, asintiendo y dejándole hablar. Y Pedri pensó momentáneamente que si realmente Ferran siempre le había mirado así, Gavi tenía razón y Pedri había estado completísimamente ciego.

“Me la suda si eres un tío o una tía, solo sé que eres Ferran y que me gustas, que te quiero, o no sé, las dos cosas, supongo… lo que sea que es esto que siento que hace que no quiera que te vayas nunca de mi vida porque este último mes ha sido un puto infierno.”

Ferran soltó una carcajada, una de verdad, de estas que Pedri había echado tanto de menos. “Yo sí que te quiero,” se lo acercó de nuevo, cogiéndole por la cintura y besándolo lentamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo y no solo una noche.

Pedri tenía las manos entrelazadas detrás del cuello de Ferran, y al apartarse para coger aire lo miró bien y pensó que no quería que todo esto que les había costado tanto se quedara solo en este momento.

"¿Y ahora qué?” le preguntó. 

"Ahora eres mi novio y mi rival, no suena tan mal, ¿no?" Ferran dijo, contento como Pedri nunca lo había visto—y lo había visto muchas veces contento.

"No suena nada mal, no." 

 

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BONUS:

 

24 septiembre 2026, 02:30h

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24 septiembre 2026, 2:35h

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26 septiembre 2026, 12:34h

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Notes:

muchos habréis visto este au en twitter, mil gracias por el super apoyo en poco tiempo 🥹 quería tenerlo también en ao3 porque es mi biblioteca de alejandría y pq se lee mejor

gracias por leeeeeeeer, seguidme en tw si quereis :D

muakssssssssssssssssssss

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