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Seamos sinceros, las mayoría de las personas que están en casas se acogida, muy probablemente terminen en la calle, más si los niños tenias más de 6 años, las personas preferían adoptar niños más pequeños para que se adaptaran más rápido y más fácil a la nueva vida, para su mala suerte este no fue su caso.
Aris no recuerda una madre, recuerda una abuela, una abuela que vivía en un barrio pobre, un barrio donde en cualquier esquina la podían asaltar. Recuerda la noche que la perdió. Unos tipos entraron a la casa, era una casa humilde que su abuela rentaba con el dinero que ganaba vendiendo comida en las aceras, el siempre estaba con ella ayudando, gracias al escaso dinero nunca tuvo una educación buena, su abuela le enseñaba lo poco que sabia y gracias a eso aprendió a leer.
Esa noche, ellos estaban durmiendo, era de madrugada, aquellos tipos entraron a la casa, tenían armas que los apuntaba, gritaban preguntando por dinero o cosas de valor, no tenían nada. A uno de ellos se le fue un disparo, su abuela cayó al piso desangrandose, los tipos huyeron. Los vecinos al escuchar el disparo llamaron a la policía, la policía como era de esperarse llego casi una hora después, la mujer estaba muerta y a su lado un niño de 8 años llorando mientras la abrazaba.
Por mucho tiempo no hablo, el lugar al que lo habían llevado era horrible, habían más niños pero la mayoría de ellos eran malos, el de por si ya era delgado y pequeño, era un blanco fácil, no lo dejaban de molestar.
En aquel lugar había una regla, cada tanto tiempo algunos eran elegidos para ir a una casa de acogida temporal, el a sus 9 años fue a una, tardo 3 meses antes de que lo regresaran, ni siquiera había un porqué, no era mal niño, obedecía, solo era callado, tal vez las personas querían a alguien más vivo.
Así siguió durante mucho tiempo. Cuando cumplió 13 años fue cuando todo empezó a torcerse más. En la nueva casa que fue puesto descubrió algo, había un chico mayor, de 17 años tal vez, era hijo biológico de la familia y una noche lo encontró en el patio, eran casi las doce de la noche.
—Que haces aquí enano? No deberías estar durmiendo ya?...— La voz del chico corto el silencio.
—Que es eso?...— Pregunto con la voz inocente que somo un niño podía tener.
—Esto amiguito, me ayuda a dormir mejor...— El chico tenia un cigarro entre los dedos, Aris lo siguió, vio aquella cosa y sintió curiosidad, una curiosidad infantil.
—Te ayuda a dormir?...— Pregunto mientras se acercaba más.
—Si... quieres probar?...— El chico sonrio de manera maliciosa acercándole el cigarro al niño el cual con manos temblorosas lo tomo.
—Solo ponlo en tu boca e inhala y luego sacalo...— El mayor indicó y el niño hizo lo que le dijeron.
Como era de esperarse al momento de hacerlo empezó a toser y el mayor empezó a reírse.
—Hazlo un par de veces, te acostumbraras...— El chico le quito el cigarro pero en su lugar le dio uno nuevo, una palmada y lo dejo solo.
Dos días después fue devuelto a la casa hogar. Estando ahí Observo el cigarro, estaba solo, siempre se escondía para que los niños mayores no lo molestaran, aprovecho eso, había robado un par de fósforos de la cocina, los encendió y encendió el cigarro. Siguiendo lo que aquel chico le había dicho lo hizo y luego de toser una vez le agarro el modo.
Recuerda la sensación, un cigarro le basto para sentirse más relajado, esa tarde durmió en ese escondite como nunca antes había dormido.
Ahí no acabo, el vicio aumento, busco la manera de encontrar más de aquello cigarros, uno ya no bastaba, necesitaba más. Pronto empezó a escaparse, ir a las calles, pedir dinero o hacer algunos trabajos, mandados o lo que sea y con el dinero que juntaba conseguía más cigarros.
A los 16 una nueva forma de relajarse apareció ante el. Se había escapado de la casa a la que había sido asignado, estaba en un parque, estaba fumando viendo las nubes, a veces se preguntaba que se sentiría estar en el cielo, su abuela estaría ahí arriba viéndolo? Estaría decepcionada? Claro que si, nadie querría tener un nieto tan inútil como el.
—Oye chico, que haces solo aquí?...— Un hombre, de tal vez 25 o 27 años se le acercó, se sentó junto a él viendo el cigarro en su mano.
—Quieres algo más fuerte?...— Pregunto el tipo, eso llamo la atención del más joven el cual le devolvió la mirada.
—Más fuerte?...— Pregunto curioso, a pesar de tener 16 años seguía teniendo esa curiosidad inocente a veces.
—Si, ven conmigo, verás que te sentirás mejor...— El hombre se levantó y empezó a caminar. El se quedó un momento sentado, no sabia que hacer pero al final pensó "a la mierda" osea, no tenía nada que perder.
Siguió al tipo al rededor de 15 minutos hasta llegar a una casa destartalada. El tipo lo hizo pasar y terminaron sentados en el sofá.
—Ten, es como un cigarro pero te hace sentir mejor...— Comento el mayor dándole un cigarro o al menos algo parecido.
Como ya era costumbre Aris lo encendió y empezó a fumar, pronto todo empezó a desdibujarse, se sentía más ligero y más risueño. No dejo de fumar.
Cuando despertó le dolía el cuerpo, le dolían las piernas y las caderas, estaba solo, aquel tipo no estaba así que se levantó, tenía la ropa hecha un desastre, aun así salio de aquella casa y empezó a caminar despacio en la oscuridad de aquellas calles hasta llegar a aquel parque donde se sentó.
—Mierda... mierda!...— No había que ser un genio para saber que había pasado, tenía mordidas que lo probaban, había sangre en su pantalón, le dolía todo y se sentía sucio.
Pronto las lágrimas empezaron a caer, una tras otra, lo odiaba, se odiaba, pero aquella sensación de relajación con aquel nuevo cigarro lo dejó encantado.
Al día siguiente volvió a la casa hogar, no dio explicaciones, solo fue al cuarto que tenían asignado para el y desde ahí empezó su nueva vida de adicciones cada vez más problemáticas.
