Chapter Text
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Jun-ho, desde que tiene uso de razón, ha querido a su hermano. Muchos siempre dijeron que no eran hermanos al 100% al no ser de la misma madre, pero eso no le importó, aparte de no creerlo.
Después de la muerte de su padre, ambos se volvieron más cercanos y, además, In-ho asumió el rol de alfa de la casa. Él siempre ha tenido a su hermano y lo ha querido mucho, por lo que él ha recibido el mismo cariño y, a pesar de ser 4 años mayor que él, siempre lo ha intentado incluir y hacerlo sentir querido.
Pero en cuanto se supo que el menor de los Hwang era omega, la sobreprotección apareció. Ya no lo dejaba ir a tantos lugares, y si iba, siempre iba pegado a él o a su madre.
Cuando empezó la secundaria, In-ho estaba en un nivel superior de educación. Pero al estar en la misma institución, aunque en distintos edificios, nunca se separaba de él y lo protegía de los alfas que se le acercaran o insinuaran. Cuando apenas tenía 13 años, recuerda la vez que se peleó con uno de los que siempre estaban con su hermano, al decir que cuando Jun-ho fuera mayor de edad podría invitarlo a salir. La persona nunca se volvió a acercar a los hermanos.
Y también recuerda a su primer amor, Gong Yoo, el mejor amigo de su hermano, 3 años mayor que él y alguien más alto que su hermano, que emanaba un olor encantador, a ginebra y a un aroma cítrico como limón. Algo que le encantaba de él eran sus ojos, negros profundos que brillaban solo para él. Su hermano y él fueron una especie de guardaespaldas. Por alguna razón, él tenía la confianza de dejarlos solos, como si Gong no fuera un alfa. Una de esas veces, Jun-ho tuvo la valentía de entregarle una carta declarándole su amor, la cual no tuvo respuesta.
Al día siguiente, al no ver a Gong entre los amigos de su hermano, supo que su familia y él se fueron al extranjero.
Jun-ho fue una tormenta de lágrimas en esos días. Su hermano y madre supusieron que era por la amistad y cariño que habían tomado en esos pocos años de conocerse, como si fuera un cariño de hermanos más, lo cual era incorrecto, pero no contradijo lo que pensaron.
Después del primer amor fallido, poco a poco las memorias de Gong quedaron en el olvido. Tenía un sentimiento escondido por ahí, pero no sabía qué era ni para quién.
A sus 18 años, vio a su hermano tener una pasión por las carreras de motos. Las veían en la tele cada que pasaban las competencias mundiales. Así que al ver que In-ho pudo comprar una moto, en contra de las quejas de su madre, una Kawasaki, totalmente negra y muy hermosa. Sin duda, la primera vez que la estrenaron fue uno de los momentos favoritos de los hermanos.
Jun-ho dijo que también quería una. Al principio, In-ho no estaba de acuerdo, pero su madre le apoyó ya que, como dijo ella: "Si tú no me hiciste caso a mí, ¿por qué él te haría caso a ti?" Así que, de mala gana, fue cediendo, e In-ho fue ayudando a su hermano. Le daba dinero que le quedaba, como una pequeña mesada, y del dinero que él también ganaba al trabajar de mesero en un café (lo cual no le gustaba a su hermano), ahorraba para una moto.
El tiempo pasó. In-ho acabó su licenciatura en contaduría pública. Su graduación fue rápida y fueron a cenar ese día, y conocieron al novio de su hermano, Gi-hun, un omega que no parecía omega, alguien alto con musculatura definida, y un aroma fuerte a vino y gardenias, algo singular. Jun-ho y él se llevaron de maravilla, lo cual encantó a In-ho.
Después de un tiempo, In-ho se mudó a una casa propia con Gi-hun, lo cual entristeció a Jun-ho. Saber que ya no vería todos los días a su hermano era algo que no estaba preparado para asimilar, pero se alegró por ellos. Ese día ayudó a In-ho y a su cuñado con las pertenencias del primero mencionado. Al ver la casa de In-ho, se emocionó.
Era hermosa, grande y espaciosa. El frente era espacioso para la jardinería y un pequeño camino, y la parte trasera de la casa tenía un extenso terreno donde se podían hacer reuniones. Después de eso y de salir para despedirse, su hermano le dio unas llaves de esa casa.
—¿Y esto? —Tomó las llaves pensando que debía dárselas a su madre. Volteó a verla, la cual estaba hablando con el taxi que los trajo.
—Son tuyas —él volteó a ver a su hermano y cuñado, a lo que Gi-hun le dio una sonrisa—. Por si tienes un problema, quieres venir a visitarme —In-ho se acercó a su hermano y lo abrazó— o solo quieres salir un rato de casa y venir a un lugar en el cual despejarte, aquí estaré.
El menor de los Hwang quedó conmovido por aquellas palabras, por lo cual solo atinó a abrazar más fuerte a su hermano, mientras soltaba pequeñas lágrimas. Sin duda, un recuerdo lleno de sentimientos.
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Ahora Jun-ho se encontraba en su cuarto. Las vacaciones habían comenzado tanto en la escuela como en el trabajo y él se encontraba arreglándose para salir. Desde que entró a la universidad, se sintió alguien que por fin podía tener un poco más de libertad, por eso ahora le agradecía a su cuñado por ocupar a su hermano.
—Jun-ho, el chico llamado Kim llegó —se escuchó a su madre gritar desde el piso de abajo. Se apresuró a buscar una sudadera y ponerse sus tenis. Cuando estuvo listo, tomó sus llaves y la maleta que ocuparía para ir de vacaciones con su hermano después de esa salida. Bajó encontrando a Kim y su madre conversando en la entrada de la casa.
—Aquí estoy —saludó a Kim y abrazó a su madre, la cual soltó su aroma: arándanos—. Te veo en una semana, mamá.
—Cuídense y me marcas cuando llegues con tu hermano —Kim le aseguró que él lo llevaría sano y salvo con su hermano, a lo que ella les deseó un buen día. Después de eso, salieron y subieron al auto de Kim, dirigiéndose al parque de diversiones que acordaron.
Unos días antes de salir de vacaciones, Kim se acercó al menor para pedirle una cita. Eran compañeros de clase y compartían un amigo en común, Woo-Seok, el cual ayudó a hacer que los dos salieran. Lo cual funcionó.
Esta es su segunda cita, aunque no es nada; sabe que Kim quiere ser algo más que amigos. Ya se lo ha dejado claro, pero él todavía no se siente listo para poder comenzar una relación, así que le propuso salir y así conocerse más.
El viaje fue tranquilo. Kim le preguntaba sobre sus pasatiempos, los cumplidos a su madre y cómo se veía hoy, a lo que Jun-ho agradeció un poco avergonzado. Después de un rato, le preguntó sobre su hermano, y él contestó con mucho gusto, a lo que Kim sonrió al verlo tan entusiasmado hablando de lo que harían en sus vacaciones.
—Así que tendría que hablar con tu hermano si quisiera tu mano en matrimonio —pasó una mano del volante a la mano de Jun-ho, a lo que este sintió un cosquilleo, pero no uno especial. No se sintió romántico, solo incómodo. Alejó su mano bruscamente, a lo que ambos se sorprendieron— Lo siento, no quise...
-No, discúlpame tú, no fue mi intención, y-yo... -
-No, está bien, no tienes que disculparte tú, sino yo. Te hice un comentario incómodo; fue inapropiado de mi parte. —Después de eso, ambos se quedaron en silencio. La música se podía oír, pero el ambiente incómodo seguía ahí.
Al llegar al parque de diversiones, Jun-ho se bajó del auto emocionado. Era la primera vez que venía solo, o bueno, sin guardaespaldas de por medio. Kim seguía desde atrás a Hwang, quien, al verlo emocionado como un niño pequeño, soltó una pequeña risa.
—¿A qué juego quieres ir primero? —preguntó.
—¿Qué tal los carritos chocones? Nunca pude subir las veces que vine —Jun-ho sujetó la muñeca de Kim y empezó a caminar hacia el juego. No había mucha fila, así que fue rápido.
Cuando estaban por subir al juego, les preguntaron si iban juntos, a lo que Jun-ho decidió decir que no, argumentando que así podrían tener un coche para cada uno. Algo que no convenció a Kim, pero no preguntó por ello.
Igual se la pasaron bien, chocando con otras personas o contra ellos mismos. Después de aquello, siguieron con más juegos: subieron a la montaña rusa, al carrusel, a pesar de ser más grandes que otros ahí, juegos de pescar y uno que otro juego de fuerza.
Ahora se encontraban en su último juego, uno de tiro, el cual era famoso por sus premios. Podías encontrar desde cosas materiales hasta efectivo o cenas en restaurantes. Kim iba por la cena; quería invitar a Jun-ho de nuevo a salir, y sería estupendo poder salir de nuevo con él y gratis.
—De acuerdo, estoy listo —Kim iba a pasar, pero Jun-ho lo detuvo.
—¿Puedo pasar por ti? —El brazo en su hombro hizo que Kim se pusiera nervioso, a lo que él asintió, pero después se dio cuenta de que esta era su oportunidad de impresionarlo.
—Emm... seguro, pero es el último juego y yo... —Jun-ho puso cara de cachorro tierno, a lo que Kim solo se hizo a un lado y lo dejó pasar.
Jun-ho tomó el arma de balines y se acomodó para ganar algo. Quería ganar el premio en efectivo, ya que eso le ayudaría a obtener su moto, pero cualquier premio estaba bien. Puso sus brazos sobre la barra y dejó que su cadera se fuera hacia atrás, permitiendo que los que estuvieran detrás de él tuvieran un espectáculo. Algunos parloteaban y se preguntaban cómo era posible que un omega supiera disparar, o decían que debía dejar que los alfas de verdad manejaran armas.
Cuando dio el primer disparo, fue rápido y preciso, al igual que los demás que le siguieron, dejando a los que se burlaban con la boca abierta. Jun-ho estaba concentrado en ganar; atinaba a todos los objetivos que se le presentaban, ya que estos se movían. Después de pasar todos aquellos que hacían que ganaras objetos materiales, llegaron los que podías elegir, y aunque iban más rápido, eso no lo detuvo ni dejó que le afectara. Kim estaba impresionado al ver cómo el letrero encima del lugar se encendía en dorado.
Vio cómo el empleado se le acercaba con los boletos de cena y un sobre con dinero. Kim se desilusionó al ver cómo su cita tomaba el dinero. Después de eso y de ver que ya estaba anocheciendo, tomaron rumbo a la salida. Cuando subieron al auto, el omega puso algo de música y le dio instrucciones al alfa de dónde se encontraba la casa de su hermano. Al llegar, se estacionaron una casa atrás de la de In-ho, a petición del menor. Al bajar ambos del auto, Kim con la maleta de Jun-ho, este se acercó y lo abrazó.
—En serio, gracias. No sabía para qué ocupabas tú el dinero, pero ten la mitad —al separarse, tomó su parte y le ofreció el sobre—. Yo solo ocupo 300 para poder comprar mi motocicleta.
—No está bien, yo no lo ocupaba en realidad.
—Vamos, tómalo. Ahora me harás sentir mal por arruinar tu diversión, por favor —Jun-ho tomó la mano del alfa y le entregó el sobre, haciendo que este lo tomara—. Gracias por este día; fue divertido.
—No hay de qué, gracias a ti por aceptar. ¿Te dejo en la puerta de la casa? —Kim se iba a dirigir a la casa, pero Jun-ho lo tomó por el brazo.
—No, mi hermano es algo, ¿cómo decirlo? Protector, así que si te ve, posiblemente te mata —Jun-ho tomó su maleta y le dio un beso en la mejilla a Kim.
—Jun-ho —una voz se escuchó a sus espaldas, a lo que él reconoció tanto por su voz como por el olor tan característico a whisky y chocolate. Volteó viendo a su hermano con una bolsa de compras en la mano.
—In-ho, hermano, ¿qué tal? —Se acercó a su hermano y lo abrazó para poder hacer que Kim se fuera, pero este tenía su mirada fija en el alfa menor.
—Hola, ¿qué tal? Soy Kim, compañero de clase —le tendió la mano al mayor, recibiendo un apretón de manos algo fuerte.
—In-ho, hermano de Jun-ho, aunque eso ya es obvio —su voz era tosca y un poco amenazante—. ¿Qué haces con él? —le preguntó a su hermano, el cual le dio un pequeño golpe.
—Es un amigo; tú sales con amigos, igual que yo.
—Sí, pero esos amigos son diferentes. Yo no estoy desprotegido —Jun-ho rodó los ojos; sabía que su hermano comenzaría con sus diálogos de "eres frágil"; no tenía tiempo para soportar eso.
—Kim, te veo después, ¿okey? Buenas noches —Jun-ho jaló a In-ho para que el otro se pudiera ir, dirigiéndose a la casa del mayor.
Se escuchó el motor prenderse y alejarse. In-ho abrió la puerta de su casa, siguiendo con sus reclamos.
—Si se vuelven a ver, será aquí, no solos —el menor solo oía a su hermano renegar, mientras se iba a la cocina. A lo que hizo oídos sordos, pasos bajando por las escaleras se oyeron y se pudo distinguir a un Gi-hun con una pequeña panza de 2 meses.
—Junnie —se acercó el omega mayor a su cuñado, abrazándolo y sacudiéndolo, entusiasmado de verlo.
—Gi-hun, ¿cómo están? —Jun-ho soltaba pequeñas risas al ser aprisionado por su único cuñado favorito. Después de que lo soltara, este tocó su panza.
—Bien, los vómitos no son tan regulares, así que eso está perfecto. Ahora, ¿por qué está renegando este dramático?
—Un compañero me invitó a salir.
—Un alfa —se oyó el grito desde la cocina.
—Me trata como a un niño, ya no tengo 5 años —le explicó a su cuñado, quien lo abrazó por los hombros y fueron caminando a la cocina. Al llegar, se vio al mayor acomodando lo que trajo.
—Entiendo un poco el sentimiento; tienes que dejarlo, In-ho —Gi-hun se dirigió a la estufa donde había una pasta recién hecha—. ¿Tienes hambre? —le preguntó a Jun-ho, a lo que él asintió y tomó asiento en el comedor.
—Cuando él pueda cuidarse de alfas que claramente no tienen buenas intenciones, entonces lo dejaré en paz.
—Por favor, tengo entrenamiento gracias a cierta persona que me metió a clases de defensa, entrenamiento con armas tanto blancas como de fuego, creo que estoy lo suficientemente protegido.
—Tal vez, pero tu ingenuidad te delata —se sentó delante de Jun-ho, el cual solo le dio una mala mirada.
—Si vas a empezar con tus argumentos estúpidos, mejor me voy a mi cuarto —el omega menor se levantó, tomó su maleta y subió las escaleras, mientras se oía a cierto alfa ser regañado.
Llegó a su cuarto designado, cerró la puerta tras de sí y dejó la maleta. Se acostó en la extensa cama mientras veía la habitación, igual que la había dejado la vez que vino a quedarse también. Un mueble lleno de fotos, con todos los que apreciaba. Un clóset probablemente vacío, la cama en la que estaba recostado, pegada a una esquina, y un escritorio vacío. Jun-ho quedó pensando en cómo le haría para que su hermano le bajara su sobreprotección, hasta que en un momento de la noche, se quedó dormido.
