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Los pulmones lo estaban matando, estaba cansado, las piernas le ardían por la exigencia, y aún así no planeaba rendirse. Era sumamente consciente de que haber conseguido ese lugar en primera había sido difícil y no pensaba desperdiciarlo por un poco de cansancio, no importaba cuanto su cuerpo le exigiera un descanso. Ser un omega en el mundo del futbol era complejo, demasiado. Julián era uno de los privilegiados que estaba llegando a lograrlo, a romper ese esquema impuesto de que el deporte estaba hecho para los alfas. No podía cometer un error ahora. No podía fallar.
El sudor le caía por la espalda y la frente, la garganta estaba seca, pero sus pies seguían llevándolo de un lado a otro por la cancha del predio de River. Iba a demostrarles a todos, a cada uno de los que se burlaron de su sueño, de su segundo género, que él era igual de capaz que cualquier otro. E incluso que podía hacerlo mejor. Continuó atento a cada uno de sus compañeros, a la pelota. Presionó, pasó y salvó todo lo que pudo hasta escuchar el pitido que dio el final del partido. Habían ganado.
Se permitió bajar revoluciones dándole al fin a su cuerpo ese descanso que pedía a gritos. Unos brazos lo rodearon y una boca chocó contra su cuello. El aroma de la euforia ajena invadió su nariz y no necesitó voltear para saber de quien se trataba. Una sonrisa algo tímida se plantó en sus labios, fingiendo que no le había afectado miró hacia el lado contrario.
- Habíamos quedado que acá no, Enzo. - murmuró por lo bajo sabiendo que el morocho iba a escucharlo a la vez que levantaba un brazo para saludar a algunos de sus compañeros y rivales que pasaban por enfrente de ambos.
- Un besito nomás te di, exagerado. No seas perseguido Juli. - el cordobés aún no lo miraba, pero percibía la sonrisa ajena por su tono. Niega levemente con la cabeza y, al fin, le dedica una mirada al contrario.
- No soy perseguido, culiado. Vos sos un pegote re pesado que es distinto. - bromea, devolviéndole el agarre al alfa al cruzar un brazo por su espalda y abrazar su cintura. El morocho aprovecha el visto bueno del omega y, sin necesitar permiso, vuelve a abrazarlo, encajando la nariz en su cuello para olerlo discretamente.
- ¿Estás contento? tenes un olorcito por demás de dulce. - Enzo luchaba contra los pensamientos intrusivos que le pedían cosas que sabía perfectamente que no podía hacer, no ahí al menos. - Ganamos, tarado. Obviamente estoy feliz, mira la pregunta re pelotuda que me haces. - se ríe Julián. - No, posta boludo. Oles dulce, es rico. ¿Te pusiste tu parche?
-Me lo puse antes de salir a la cancha, puede ser por el sudor que esté perdiendo efecto. - explica, separándose un poco del contrario al volver a ser consciente de dónde estaban parados. En el medio del campo de River, con todos sus compañeros, las hinchadas propias y contrarias, cámaras y reporteros. - Vamos a festejar con los otros antes de que nos empiecen a ver raro.-
Un puchero leve se instala de forma breve en la boca del más alto por la lejanía y se dispone a seguir al omega hasta sus demás compañeros. Su lobo interior estaba algo receloso de que alguno de sus compañeros llegara a sentir el olor del omega. De su omega. Quizás aún no había una marca en su cuello, pero el cordobés era suyo así como él le pertenecía. Era un acuerdo secreto que tenían entre los dos que ni sus amigos más cercanos conocían por ahora.
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El festejo se extendió por casi una hora. Enzo no había despegado la vista de Julián por mucho más que dos o tres minutos. Ahora, en la privacidad de su departamento no necesitaba esconder ese hecho. El cordobés lo había acompañado a casa a pedido del morocho. Se habían duchado antes de irse de forma medio rápida, y ahora el cansancio se instalaba en sus hombros. Omega y alfa se dejaron caer en el sillón del más alto, e instintivamente Enzo buscó acercarlo para volver a buscar ese olor dulzón que irradiaba su omega. Su nariz se pasea por el cuello ajeno, arrebatándole una risa.
- ¿Qué haces tarado? viste que al final si sos un pegote pesado. - se le burla Julián, pero sin apartarse realmente. Se acomoda mejor, quedando en el regazo de su pareja y busca su rostro con ambas manos para que dejara su cuello y mejor lo mirara. - Pareces un perro olfateándome, Enzo. - lo observa con una sonrisa, acercándose a dejar cortos piquitos en sus labios.
- Es que tenes un aroma diferente, ¿cambiaste de perfume? - sonríe de lado por cada beso, abrazando a su omega por la cintura. Julián olía a galletitas dulces normalmente, pero era cierto, su aroma había cambiado. Las galletitas seguían ahí, pero era como si algo se le hubiera adicionado.
- No me puse perfume hoy, boludo. Y no me siento un olor diferente. - se separa apenas, tomando el cuello de su propia camiseta para olerla. Igual que siempre. - Estas medio fantasioso me parece. -
Enzo rueda los ojos y sin ofenderse vuelve a acercarse a él, mordiendo la mejilla de Julián con cariño. - no es que me esté quejando igual, me gusta. - deja un beso donde antes había mordido y un par más, repartidos por el resto de su rostro, terminando en sus labios. - me hace acordar al desayuno de cuando era más pibe.-
Julián alza una ceja, curioso. - ¿y puedo saber que desayunabas que pareces embobado? - las manos del omega se pasean por sus hombros, hasta llevarlas a su cuello para acariciar el pelo corto del alfa sin dejar de prestarle atención.
- Comía galletitas mojadas en leche, me hace acordar a eso. Es ese olor de la leche recién entibiada. - el omega siente su sonrisa tensarse. Él no sentía ese aroma a leche que el alfa sí. Ignorando la leve presión en su pecho, volvió a abrazarlo para olvidarse del pensamiento fugaz que atravesó su cabeza.
- Sos un flashero, vas a tener que tratarte gordo. - besa su mejilla por última vez y se acurruca en su pecho, volviendo a abrazar al alfa con brazos y piernas. - Estoy cansado, llevame a la cama. - medio exige, cerrando los ojos contra el calor que le brindaba su pareja.
Enzo se burla, le dice vago, pero aún así lo toma en brazos y lo lleva hasta la cama. Lo arrulla, asegurándose que esté cómodo entre almohadones y frazadas antes de desvestirse para poder acostarse juntos. Julián no demora ni un minuto en apegarse a su lado, llevando la nariz a la unión entre el cuello y el hombro de su pareja.
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Enzo siempre había representado su lugar seguro desde que lo había conocido. El calor que el alfa siempre le dio le brindaba comodidad y su omega siempre estaba en paz. Siempre excepto ahora. La luz del comienzo del día apenas comenzaba a asomarse por la cortina de la ventana y Julián seguía mirando el techo como hace horas. El alfa estaba plenamente dormido a su lado, sin ser consciente de la tormenta de pensamientos que él atravesaba.
No era tonto, desde que Enzo le habló de su olor no había podido dejar de pensar en eso, de darle mil vueltas. La cabeza le dolía, se sentía asfixiado, mareado. Voltea levemente la cabeza para observar al morocho y lleva una mano a su mejilla para acariciarlo con cariño antes de apartarse con cuidado de no despertarlo y levantarse.
El frío del suelo lo atraviesa profundamente en cuanto hace contacto con sus pies descalzos. Sale de la cama intentando ser lo más cuidadoso posible, aún sabiendo que el alfa tenía el sueño pesado y no iba a despertarse. Julián toma sus zapatillas, dirigiéndose al baño para asearse de forma rápida.
Con un vistazo a la cama, sonríe a la imagen del alfa despatarrado en el colchón y sale de la habitación. Con la vista ubica su bolso, un par de pasos más y ya estaba buscando su billetera. Ni siquiera quiso mirarse al espejo, sabía la vista que iba a tener. Ojeras marcadas, cansancio, y miedo. Mucho miedo.
Salió del departamento del alfa con su copia de las llaves y su billetera en el bolsillo del pantalón deportivo a las ocho de la mañana. Tenía un par de cuadras para recorrer hacia la farmacia más cercana, y le parecía una buena excusa para correr temprano. Una actividad que normalmente lo calmaba cuando estaba muy ansioso.
Unos veinticinco minutos después, el tintineo de la campana al abrir la puerta del establecimiento lo recibió. Una señora mayor le sonrió detrás del mostrador y el miedo, en conjunto con la verguenza se apoderaron de él. Haciendo un esfuerzo sobre humano, tomó valor y se acercó a ella.
- Buenos días. - le dijo, recibiendo un saludo por igual de la mujer. Ambos se quedaron viendo en silencio, volviendo el ambiente aún más incómodo para Julián. Empezó a jugar con sus dedos, llevando uno a su boca para morder la piel alrededor de sus uñas. La mujer, con una ceja alzada lo observa fijamente. Ella no había hablado, pero el omega interpretó perfectamente. Estaba esperando que e pida lo que quería comprar. -Yo.. bueno necesito.. un test de embarazo. Mejor dos, por si acaso. - Pidió mirando hacia otra parte, sintiendo el calor acumulándose en sus mejillas.
No tardó mucho en sentir el movimiento de la anciana detrás suyo, hasta que ya no lo hizo. - ¿Algo más?- preguntó ella. Julián volteó a verla con miedo, esperando una mirada juzgadora de parte de ella. En su lugar, la mujer lo veía paciente, esperando. Como si hubiera visto los suficientes adolescentes comprando test de embarazos como para que realmente le importara que él lo hiciera.
- No, es todo gracias. - pagó aún con el corazón en la garganta, guardando ambas cajas en los bolsillos de su pantalón lo mejor posible para que no se vieran. Salió de la farmacia y se preparó para correr otra vez de vuelta al departamento de Enzo.
Cuando cruzó la puerta, apenas más relajado y algo sudado, todo seguía en absoluto silencio. El omega agradeció a lo que sea que existiera más allá del mundo y se tomó su tiempo. Buscó ropa en su bolso, dirigiéndose nuevamente al baño. Dejó la ropa a un costado del lava manos y se observó un momento en el espejo. - Vos podes Julián, seguro es un mal entendido y el pelotudo de Enzo tiene el mismo olfato que una piedra. - se dio ánimos.
Abrió el agua caliente de la ducha y la dejó correr mientras tomaba temperatura. Empezó a desvestirse y ambas cajas cayeron a un lado de sus pies. Con los dedos temblando se agachó a tomarla y las observó como si fueran un par de bombas que estaban a punto de aniquilarlo. En cierto punto, así se sentía.
- Lo hago rápido y cuando termino de ducharme ya lo voy a saber, es un trámite. Todo va a estar bien. - Leyó por encima las instrucciones y las siguió al pie de la letra. Ambos test en espera lo observaban desde la tapa del inodoro mientras se duchaba. Intentó cerrar los ojos, como si así pudiera olvidarse de la situación que lo esperaba. Al menos lo intentaba.
Se tomó más tiempo del acostumbrado para bañarse, masajeó varias veces su cabello esperando desestresarse y relajarse. Surtió efecto, en parte. Una vez que la ducha estaba apagada y el parado en el medio del baño con una toalla en su cintura, supo que no podía seguir posponiéndolo.
Aterrado, toma uno de los test, sin mirar el resultado. Observa el techo por unos segundos, suspirando para darse fuerzas y lo voltea a la vez que bajaba la vista.
Dos rayitas.
Dos. Putas. Rayas.
En un acto de desesperación, el omega lo deja caer y toma el otro. A veces esas cosas fallaban. A veces daban falsos positivos. Todavía tenía esperanza.
Dos rayitas.
Ambos positivos.
Un nudo se formó en su garganta a la vez que sus ojos ardían. Estaba a punto de largarse a llorar cuando dos toques en la puerta lo interrumpieron.
- Juli, me estoy meando ¿me dejas pasar? hago rápido. - el alfa del otro lado no tenía idea de lo que pasaba en el baño, de la angustia que consumía a su omega.
Julián, en busca del consuelo de su alfa abrió la puerta, con el test en la mano y el otro abandonado en el suelo.
- Tenemos que hablar. -
