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Crossing Paths

Summary:

Giorno solo quería descansar tras convertirse en capo de Passione, pero una torpe e imprudente desconocida estaba a punto de cambiar sus planes.

Chapter 1

Notes:

Semana Giomis 2026, día 8: Cambio de género/Mafioso x Civil

¡¡Último día de la semana!! Y como despedida aquí está mi último trabajo. ¡Disfruten!( •̀ ω •́ )

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Superar la prueba para demostrar su lealtad absoluta a Passione no había sido un asunto sencillo, pero Giorno Giovanna lo había logrado con un desempeño impecable. La recompensa era nada menos que el puesto de capo que alguna vez perteneció al señor Pericolo, un peldaño decisivo en su ascenso dentro del imperio criminal. Sin embargo, en lugar de salir a celebrar su triunfo con sus amigas del antiguo escuadrón, Giorno prefirió la perspectiva de ir a su departamento a descansar.

Antes de retirarse a su santuario, hizo una parada en el mercado local para comprar los ingredientes de la cena. Mientras caminaba entre los puestos, no pudo evitar notar las miradas curiosas que atraía a su paso. Sabía perfectamente a qué se debía: aunque había intentado arreglarse lo mejor posible tras concluir su misión, el cansancio y el desorden sutil en su apariencia eran evidentes. Le daba igual; no estaba ahí para complacer las expectativas estéticas de nadie.

Recorrió los pasillos metiendo en su canasta una bolsa con pan grissini, tomates frescos y una botella de aceite de oliva. Se detuvo en la sección de quesos y embutidos a examinar la variedad del mostrador. De reojo, percibió que otra chica se colocaba a su lado a una distancia considerable. En un inicio, Giorno no le prestó atención ya que el encargado ni siquiera la estaba atendiendo aún.

—Un kilo de mortadella y un kilo de mozzarella, por favor —pidió Giorno.

Mientras esperaba, volvió a mirar discretamente a la mujer a su lado, descubriendo que esta la observaba fijamente y sin el menor disimulo. Con la paciencia agotada y el fastidio del escrutinio pesando sobre sus hombros, Giorno se giró hacia ella.

—Me veo fatal, ¿verdad? —soltó con sequedad.

La chica dio un brinco en su lugar, sobresaltada por la repentina interacción. Giorno dejó escapar una risita burlona al ver su reacción. Justo en ese momento, el empleado le entregó su pedido; Giorno lo guardó en la canasta y se dio media vuelta para marcharse. Sin embargo, los apresurados pasos tras ella no tardaron en escucharse.

—¡Oye, disculpa! Espera, no fue mi intención molestar o incomodarte.

Giorno miró a la chica sobre el hombro sin detener el paso. Se veía visiblemente avergonzada, pero eso no era asunto suyo.

—Sí, como sea —respondió restándole importancia, avanzando a paso firme hasta la caja registradora.

Colocó sus compras sobre la banda y la cajera empezó a marcar los productos. Sin que nadie se lo pidiera, la chica se le adelantó, tomó la bolsa de tela que Giorno llevaba consigo y empezó a empacar las cosas mientras se disculpaba atropelladamente.

—Lo siento, en verdad. Solo te miré un poco porque... me pareció que te parecías a alguien que conozco.

—¿Ah, sí? —Giorno alzó una ceja, extendiendo el efectivo a la cajera— Pues seguro no soy esa persona, porque nunca en mi vida te he visto.

Giorno recibió el cambio y le quitó las bolsas empacadas de la mano a la chica, quien continuó hablando a toda prisa:

—¡Lo sé! Nunca nos hemos visto antes. Y estoy lejos de conocer en persona a la mujer a la que creo que te pareces... Solo que, uhm, ¿conoces a Julia Roberts?

Giorno se detuvo en seco. La miró con absoluta incredulidad y soltó una carcajada sarcástica que resonó en el pasillo.

—Chica, ¡yo también estoy lejísimos de conocerla en persona! Mira, creo que entiendo a dónde va tu pregunta. ¿De verdad crees que me parezco a esa actriz?

La joven asintió dos veces con timidez, apretando el borde de su ajustado suéter crop top entre los dedos.

—Es que no me refiero a su versión castaña —se apresuró a aclarar— ¿Te suena Erin Brockovich? El año pasado protagonizó esa película y fue genial verla de rubia.

—¿Cómo te llamas y qué edad tienes? —Giorno entrecerró los ojos, evaluándola de arriba a abajo.

—Giada... Giada Mista —tartamudeó confundida por el giro de la conversación— Tengo veintiún años.

Genial, una jovencita entrometida, pensó Giorno con un toque de diversión amarga.

—Bien, Giada Mista, gracias por la comparación, me siento halagada. En serio espero que algún día conozcas a Julia Roberts en persona. Yo ya tengo que irme, que pases una excelente tarde.

Giorno retomó su camino, convencida de que finalmente se deshizo de ella, hasta que el sonido de unos tenis corriendo sobre el pavimento la obligó a detenerse de nuevo.

—¡Espera! ¡Olvidaste tu billetera! —exclamó Giada, exhalando con el rostro enrojecido por correr mientras le extendía el objeto.

Giorno se la quitó de prisa para revisar que estuviera todo en orden. En el fondo dudaba que le faltara algo; Giada no tenía pinta de ladrona. De hecho, tenía un rostro gentil y un aire de chica de iglesia... aunque Giorno ya sabía por experiencia que esas chicas a veces resultaban ser las peores.

—Oye... caminas muy rápido para tener treinta y un años, ¿sabes? —murmuró Giada entre jadeos.

Giorno la miró indignada por atreverse a hacer ese comentario. Definitivamente esta chica era peor que un delincuente o un fanático religioso por culpa de su jodida imprudencia.

—¿Y se supone que los treinta me tienen que hacer lenta? —Giorno espetó entre dientes, sintiendo cómo se le agotaba la última gota de paciencia— Escucha con atención, Giada Mista. Hoy obtuve un ascenso en mi trabajo. ¿Y sabes por qué? Porque cumplí una tarea complicada gracias a mis buenas capacidades físicas y mentales. ¿Y sabes en qué trabajo? —la miró de forma inquisitiva. Giada negó con la cabeza en silencio— Pertenezco a la jodida mafia. ¿Alguna vez escuchaste de Passione? Pues para ellos trabajo. Me convertí en capo y, si me esfuerzo un poco más, podría ser la jodida jefa de todo.

Giada la contempló con los ojos abiertos de par en par, completamente asombrada. Ante su falta de respuesta, Giorno cruzó los brazos.

—¿Trabajas o estudias?

—Trabajo en la biblioteca pública... Egresé hace unos meses de la licenciatura en Ciencias de la Comunicación...

—Genial. ¿Por qué mejor no vas y pierdes el tiempo en la biblioteca en lugar de juzgar a las personas por su edad? —sugirió Giorno con un tono de voz pasivo-agresivo.

—De nuevo, lo siento mucho —dijo Giada, rascándose la cabeza de forma avergonzada— Mira, a veces no mido lo que digo y simplemente suelto lo que pienso. Pero no creas que juzgo tu edad. La verdad es que eres muy guapa, ¡y eso era lo que quería decirte desde que estábamos en la tienda! Me puse un poco nerviosa cuando me miraste y terminé empeorando todo...

Giorno se quedó en silencio un par de segundos. La hostilidad en su mirada se disipó poco a poco, sustituida por una sutil sonrisa de comprensión ante la autenticidad tan torpe y transparente de Giada. Sin dejar ver su cambio de opinión repentino, Giorno dejó escapar un leve suspiro, acomodó la bolsa de tela en su brazo y dejó que la tensión en sus hombros cediera a la calma por primera vez en todo el día.

—Bueno, considerando que solo hurgaste mi billetera para ver mi identificación y enterarte de mi edad, supongo que te debo una compensación por perseguirme para devolvérmela. ¿Que te parece una ensalada caprese para cenar? —dijo Giorno con una sonrisa ladeada, disfrutando del matiz contradictorio de su propia decisión; después de todo, solo quería ir a casa a estar sola, pero la torpe sinceridad de Giada había cambiado sus planes.

Giada abrió la boca para justificar su intromisión en lo personal, pero terminó soltando una risa nerviosa al verse descubierta.

—Me parece bien… Solo si también aceptas que te compense con una botella de vino por cualquier disgusto que te haya causado. Y prometo comportarme. No más Giada imprudente.

Giorno reprimió el impulso de poner los ojos en blanco y solo asintió una vez antes de indicarle con la cabeza que la siguiera. Caminaron un par de calles hasta el departamento de Giorno, ubicado en una zona distinguida y que Giada debió predecir con solo saber el trabajo que desempeña Giorno. Al momento de cruzar la puerta, Giada se detuvo en el recibidor al quedar fascinada por el espacio. El lugar rompía por completo con cualquier expectativa sobre el hogar de una integrante de la mafia italiana. La decoración era una explosión de color y brillo típico del estilo Y2k. Vio el gran sofá curvado de color naranja vibrante, una alfombra con estampado de cebra, repisas llenas de pequeñas figuras moldeadas a mano y peluches de ranas, gatos y mariquitas distribuidos minuciosamente en los rincones.

—Vaya... —murmuró Giada, acercándose a una repisa para observar con cuidado una pequeña mariquita de arcilla con brillantina— Esto es increíble. No me esperaba para nada encontrar esta vibra en tu casa. Sin ofender.

—No me ofende. Las hice yo —admitió Giorno mientras dejaba la bolsa de compras en la barra de la cocina— Es algo que me apasiona hacer. Y de hecho, durante un tiempo impartí clases de arte en una preparatoria.

—¿Eras profesora de arte? —Giada se giró a mirarla con los ojos abiertos, genuinamente interesada. De cualquier otra profesión que pudo haber imaginado que Giorno pudo haber ejercido antes de ser mafiosa, nunca consideró verla como una artista y mucho menos como profesora de preparatoria.

—Sí. Pero por modificaciones en el plan de estudios recortaron el presupuesto y me despidieron —explicó Giorno mientras sacaba las compras de la bolsa— Pasé un buen tiempo sin encontrar un trabajo decente, hasta que conseguí una oportunidad para darle clases particulares a la hija de un capo. Un día intentaron secuestrar a la niña mientras estábamos en clase; la protegí durante todo el incidente y logré sacarla a salvo —Giorno caminó hacia la sala y se apoyó contra el respaldo del sofá, mirando a Giada a los ojos— El capo notó mis habilidades y me recomendó directamente con el jefe para que hiciera de nana con su propia hija mientras él se iba a resolver asuntos fuera del país. Así fue como al final decidí unirme a Passione. Me convertí en subordinada dentro de un escuadrón compuesto únicamente por chicas... hasta hoy, que decidí que era momento de aspirar a algo mejor y tomé la prueba para el puesto de capo que había quedado vacío cuando él falleció por vejez.

Giada escuchaba sin pestañear, completamente cautivada no solo por la historia, sino por la calma y soltura con la que Giorno hablaba de su vida.

—Pasar de profesora de arte a capo de la mafia por proteger a una niña suena como la mejor trama que he escuchado en todo el año. Podría funcionar muy bien para una película de empoderamiento femenino, ¿no lo crees? —admitió Giada con una sonrisa honesta, acercándose un paso más a Giorno— Quizá si me cuentas un poco más de tu vida, pueda arreglármelas para escribir un guion y llevarlo a Hollywood.

Giorno soltó una risa suave, sintiendo un estremecimiento por la repentina calidez que la envolvió en su interior.

—Creo que no suena tan mal, pero ¿qué ejemplo quieres darle a las niñas y mujeres del mundo con la película?

—Quizá… que se puede sobresalir incluso dentro de un mundo dominado por hombres despiadados… —Giada se sentó en un taburete alto con el asiento en forma de tapa de soda— Que las mujeres también podemos ser fuertes y aspirar a grandes cosas. Tal vez no sea un ejemplo con el mejor escenario, pero el mensaje es lo que cuenta —Giada finalizó sonriéndole de forma amistosa.

Giorno se quedó en silencio por un par de segundos. Las palabras de Giada resonaron en su mente con verdadera sinceridad. Giorno pensó que, tal vez, Giada Mista podía ser una joven imprudente y desmedida para hablar, pero la generosidad de su corazón y sus pensamientos liberales la conmovían más de lo que estaba dispuesta a admitir abiertamente. En un mundo donde el peligro y las segundas intenciones eran la regla de todos los días, sobre todo con las mujeres, la transparencia de Giada resultó un respiro satisfactorio, casi adictivo.

—Un mensaje ambicioso para una comunicóloga de veintiún años —dijo Giorno, quebrando el silencio con un tono suave mientras rodeaba la barra— Pero me convenciste. Si lo haces, deberás avisarme para financiar la próxima gran obra de arte. Lo digo en serio.

Sin perder el ritmo, Giorno comenzó a preparar la cena. Giada, cumpliendo su promesa de portarse bien, se levantó en silencio para ordenar la mesa y después servir dos copas con la sidra que encontró en el refrigerador, antes de volver a sentarse, esta vez en la silla justo al lado de Giorno.

Giorno espolvoreó un poco de sal, albahaca picada y un chorro generoso de aceite de oliva sobre la ensalada, colocando el plato al centro de la mesa junto con la bolsa de grissini.

—Bien, la compensación está servida —anunció Giorno, tomando su copa y apoyando el codo sobre la mesa para mirar a su acompañante— Ahora que estamos más tranquilas... creo que me debes una explicación real sobre tu afición por Julia Roberts.

Al escuchar el nombre de la actriz, Giada casi se ahoga con el primer sorbo de sidra. Las mejillas no tardaron en encenderse por completo, reviviendo de golpe toda la vergüenza del desastroso primer encuentro en el mercado.

—¡Dios mío, por favor no me hagas recordar eso! —exclamó Giada, cubriéndose el rostro con ambas manos mientras soltaba una risa ahogada— Qué pena tan grande... En serio prometo que no ando por la calle acosando a la gente ni comparándola con celebridades.

—Demasiado tarde, Giada. Ya me dijiste que me parezco a Julia Roberts en su interpretación de Erin Brockovich —se burló Giorno con una sonrisa ladina, disfrutando del evidente sonrojo de Giada— Ahora tienes que confesar.

Giada suspiró, dejando caer las manos sobre la mesa y jugando torpemente con el mantel para desviar la mirada por un segundo.

—Es que... mi verdadero sueño siempre fue la actuación —confesó en voz baja, con un matiz de vulnerabilidad que borró por completo su actitud juguetona— De niña vi Pretty Woman por primera vez y me quedé totalmente fascinada por su manera de actuar... me volvió una fan absoluta desde ese momento. Supongo que por eso terminé estudiando Comunicación, que no es tan parecido pero guarda cierta relación.

Giorno la escuchó con atención, apoyando la mejilla sobre su mano.

—No hay nada de qué avergonzarse en eso —dijo Giorno con absoluta seriedad y dulzura.

Giada alzó la vista, encontrándose directamente con los ojos verdes de Giorno. La calidez del departamento, el sabor de la sidra y la mirada comprensiva de la mujer a su lado hicieron que el sonrojo de vergüenza se transformara en un ardor completamente distinto.

—Bueno... tal vez no logré conocer a la verdadera actriz —murmuró Giada, esbozando una sonrisa tímida pero pícara mientras se inclinaba un poco hacia Giorno— pero esta noche terminé cenando en un departamento increíble con una capo de la mafia que se le parece bastante. Honestamente, creo que salí ganando por mucho.

Giorno dejó escapar una risa baja, y chocó sutilmente su copa contra la de Giada en un brindis silencioso. Giada sabía cómo enredarse en su vida, dejándola sin la menor intención intentar sacarla de ella.

—Entonces, Giorno Giovanna… ¿Giorno es verdaderamente tu nombre o es algún tipo de alias?

La sonrisa floja de Giorno se amplió más y negó suavemente.

—Es un alias, pero dime… ¿por qué tanto interés en averiguar sobre mí? —Giorno sabía a qué terreno se adentraba, pero estaba buscando una confirmación a sus sospechas— ¿Acaso piensas quedarte? De una vez te advierto que la vida en la mafia implica un peligro constante y no creo que debas experimentarlo.

Giada soltó una risa nasal y rodó los ojos antes de decir:

—Creí ser obvia con mis intensiones pero si quieres oírlo fuerte y claro, la respuesta es sí, pienso quedarme y conocer incluso lo que ni siquiera sabes de ti misma —Giada la miró directo a los ojos y afirmó—:  Y bueno, el miedo no va conmigo, así que el peligro es lo de menos para mí.

La chispa de sorpresa en los ojos verdes de Giorno cedió rápidamente ante una sonrisa genuina y divertida. Se inclinó en el respaldo de la silla y proclamó con voz suave y un matiz desafiante, sosteniéndole la mirada a Giada:

—Bien. Entonces bienvenida a mi vida, Giada Mista.

Notes:

Pasé una excelente semana alimentándome de tanto contenido giomis, y dando alimento también jasjdjasdj Me preparé con tiempo de antelación para cumplir con cada día porque amo mucho a giomis y quería compartir con ustedes. Fue un reto divertido y espero repetirlo en otra ocasión.

Después de esto me tomaré un pequeño descanso, pero antes de que acabe el año prometo traer al menos una historia más de giomis, así que nos leemos en una próxima vez! Pueden seguirme en tumblr (did-ksjj), bsky (ididg) o twt (i_didg) aunque solo reposteo y muy pocas veces publico algo sobre lo que hago, pero trato de hacerlo jsajdja