Chapter Text
—Te lo pido por lo que más quieras en este mundo, Guido —rogó Gloria, juntando las manos en señal de súplica— Solo necesito que me ayudes a contratar al organizador. Giancarlo y yo estaremos ocupados durante los siguientes cinco meses y si no acepto la cita de hoy, la agencia me hará elegir entre cuatro y seis meses para agendar una nueva...
Mista soltó un respingo violento, casi derramando su café sobre la mesa en cuando escuchó que estaba en juego hacer una elección con el número de sus pesadillas involucrado.
—¡Ni se te ocurra volver a decir esa cifra, Gloria! ¡Cuatro meses! ¿Quieres invocar la desgracia el día de tu boda? Piénsalo bien porque eso puede ser una mala señal. Van a terminar divorciados antes de cortar el pastel si no cambias la fecha a doce meses.
Gloria puso los ojos en blanco, profundamente acostumbrada a la fobia de su hermano.
—Está bien, no diré nada, ¡pero necesito a ese organizador! Es el mejor de la ciudad. Se llama Giorno Giovanna. Dicen que si él organiza un evento, nada, absolutamente nada, sale mal. Por favor, ve tú. Asegúrate de que acepte el proyecto. Él ya sabe mi presupuesto, solo debes firmar el contrato y darle el anticipo que necesita.
—¿Giorno Giovanna? —Mista se acomodó el gorro sobre la cabeza, escéptico— Suena a nombre de modelo de revista elegante. Esos tipos refinados suelen ser unos estirados que no entienden cómo funciona el mundo real y sus tradiciones.
—Es un profesional, Guido. Y si me consigues ese contrato, prometo que en la recepción no habrá ni una sola cosa que involucre elegir entre cuatro. Te lo juro.
La mirada suplicante de Gloria fue suficiente para convencerlo, y dos horas después, Mista se encontraba en la recepción de la firma Giovanna & Co., sintiéndose ridículamente fuera de lugar con su suéter de colores vibrantes y patrones geométricos en medio de un ambiente minimalista con flores decorativas en colores pastel.
La puerta del despacho principal se abrió y de ella salió el sujeto en cuestión. Mista tuvo que reajustar mentalmente sus expectativas. Giorno Giovanna no solo parecía joven, sino sereno y notablemente demasiado formal. Vestía un traje confeccionado a la medida, llevaba el cabello rubio atado en media coleta con tres llamativos bucles sobre la frente y sostenía una libreta contra su pecho de forma protectora.
—¿Señor Guido Mista? —preguntó Giorno, con una voz tranquila y modulada que pareció reducir el volumen de todo el edificio.
—Sí, ese soy yo. Vengo en representación de mi hermana, Gloria Mista.
—Un placer. Pase, por favor.
Mista lo siguió hasta una oficina que, contrario a la sala principal, este lugar se sentía mas acogedor con plantas de todo tipo dispersas alrededor, y muebles de aspecto vintage pero en buen estado. Mista tomó asiento frente al escritorio y Giorno se acomodó al otro lado, entrelazando las manos con elegancia dispuesto a prestarle toda su atención.
—Bien, comencemos. Su hermana me envió una breve nota sobre el estilo general que busca para la boda —comenzó Giorno, revisando en su libreta— Sin embargo, me gusta conocer de primera mano las prioridades de la familia. ¿Hay alguna exigencia particular que debamos contemplar desde el día uno?
Mista se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas y mirando a Giorno con máxima preocupación.
—Escuche con atención, señor Giovanna. Esto es crucial. Nada de mesas de cuatro personas. Nada de arreglos florales con cuatro tipos de flores. Y bajo ninguna circunstancia el menú principal va a tener cuatro tiempos. Tres o cinco, pero nunca cuatro. Si puede garantizarme eso, entonces tenemos un trato.
Cualquier otra persona habría pensado que Mista estaba loco o intentando tomarle el pelo. Mista estaba listo para la típica mirada de condescendencia o la risa burlona.
Sin embargo, Giorno ni siquiera pestañeó.
En lugar de eso, inclinó levemente la cabeza, sacó una estilográfica y anotó las condiciones en su libreta con una caligrafía impecable. Luego, levantó la mirada hacia Mista; sus ojos verdes tenían un destello de genuina curiosidad y un toque de diversión.
—Cero presencia del número cuatro en la distribución, la floristería y el banquete —recitó Giorno en tono pausado— Me parece un desafío fascinante, señor Mista. Tomaré este proyecto.
Mista se quedó congelado un segundo, parpadeando. Por primera vez en el día, no sabía qué decir. Esperaba una discusión, no esa sonrisa tranquila y amable que, por alguna razón que no alcanzó a comprender en ese instante, le aceleró el pulso.
—¿En serio? ¿Así de fácil? —alcanzó a articular Mista.
—Así de fácil —asintió Giorno, cerrando la libreta con un suave movimiento— Solo hay un detalle. Dado que su hermana mencionó su ausencia durante las próximas semanas, necesitaremos coordinar los detalles de la mantelería, la cata de vinos y la prueba del menú a la brevedad y dejar las pruebas del vestido y el traje para última instancia. Asumo que usted será mi acompañante para todas esas citas, ¿correcto?
—Pues... sí. Supongo que sí —respondió Mista, acomodándose el suéter, sin tener la menor idea de que acababa de aceptar la agenda de citas más caótica de su vida.
—Excelente —Giorno se puso de pie y le extendió la mano con firmeza— Entonces, Guido... sugiero que empecemos mañana mismo. Por ahora solo es la firma del contrato y el cobro del anticipo.
Mista asintió mientras observaba teclear algo en su computadora. La máquina impresora emitió un sonido y varias hojas salieron. Giorno se levantó para tomarlas y las colocó sobre el escritorio en dirección de Mista.
—Necesitaré su firma en estas hojas y listo. ¿Si pago será con tarjeta, en efectivo o por transferencia?
Mista, perdido en las palabras del contrato, solo atinó a pronunciar "tarjeta". Giorno asintió y salió de nuevo para regresar con una pequeña terminal. Después de firmar y pagar, ambos se encaminaron a la salida.
—Lo espero aquí a la misma hora. Que pase un buen día, Guido.
—Por supuesto, estaré aquí incluso antes —Mista sonrió nervioso ante lo que acababa de decir. Se aclaró la garganta y continuo— De nuevo le agradezco por su ayuda.
Giorno hizo un gesto con la mano restándole importancia y entonces buscó algo en el bolsillo de su chaqueta.
—Es un placer trabajar para cumplir el sueño de alguien —extendió su mano hacia Mista— Aquí tienes mi número. En caso de que surjan dudas.
Mista tomó la pequeña tarjeta, la miró por un instante y dio las gracias antes de irse.
Bien, con el contrato firmado y un anticipo depositado, Mista sintió que se sacó un peso de encima que no había sentido antes. La preocupación por arruinar los planes de boda que Gloria soñó se esfumó y abrió paso a la esperanza por hacer un considerable avance durante su ausencia.
Al día siguiente, Mista llegó a la oficina de Giovanna & Co. con diez minutos de anticipación. Para su sorpresa, Giorno ya lo estaba esperando acompañado de una bandeja con tazas de porcelana con café capuchino, una jarra de jugo de naranja y un plato grande con cornettos todavía tibios.
—Buenos días, Guido. Bienvenido —saludó Giorno, levantándose de su sillón para saludarlo con un apretón de mano— Me tomé la libertad de preparar un pequeño desayuno. Asumí que, al ser tan temprano, probablemente no habrías desayunado aún.
—Vaya... —Mista parpadeó, gratamente sorprendido mientras el aroma al pan le hacía agua la boca— Pues no te equivocaste en absoluto. Gracias, Giorno.
—Por favor, toma asiento.
Mientras Mista se acomodaba y le daba el primer mordisco a un pan —que resultó estar gloriosamente crujiente—, notó que en una de las esquinas del espacio había un tablero de corcho sobre un caballete metálico. Allí, Giorno había colocado de forma ordenada una serie de fotos relacionadas con el concepto e ideas preliminares para la boda. En la parte superior se leía «Cuento de hadas rústico-elegante».
—Ayer por la tarde, tras repasar las notas de tu hermana, me tomé el atrevimiento de estructurar la identidad visual del evento —explicó Giorno, acercándose a la pizarra con una tableta en la mano— Imagino tonos cálidos, iluminación tenue con faroles y vegetación silvestre. Nada ostentoso, pero con una atmósfera mágica. Así que, ¿qué opinas? ¿Crees que Gloria estará de acuerdo con estos elementos?
Mista observó el tablero y no pudo evitar sonreír de lado.
—Es exactamente el tipo de cosas que Gloria quiere para su boda —admitió Mista, fascinado por la capacidad de Giorno para entender lo que Gloria deseaba— Tienes buen ojo. Le va a encantar.
—Me alegra escuchar eso —respondió Giorno, y Mista notó cómo sus ojos verdes brillaban con un matiz de genuina satisfacción— Ahora que tenemos una base sobre el concepto, me gustaría pasar a la lista preliminar de invitados, para después trabajar en la distribución del presupuesto para el banquete, el salón, la floristería, la música y demás.
Giorno se sentó a su lado en el sillón, sosteniendo una tableta. La cercanía hizo que Mista se inclinara un poco hacia él cuando olió el perfume fresco y sutil que emanaba de Giorno.
—Gloria me envió una lista tentativa —continuó Giorno— Hay noventa nombres aquí. Sin embargo, tenemos que revisar detalladamente a quiénes mantener o recortar y asegurarnos del número total de asistentes para hacer el número exacto de invitaciones.
Mista se acomodó el gorro y se acercó a la pantalla, quedando hombro con hombro con el rubio.
—Por supuesto. Déjame ver esa lista —dijo Mista con tono resolutivo, tomando la tableta junto a las manos de Giorno por un segundo antes de que este se la cediera— Vamos a empezar a tachar a los tíos lejanos que ni siquiera la felicitan en su cumpleaños.
Giorno soltó una risita que hizo que Mista lo mirara de reojo.
—Me parece un criterio de selección razonable, Guido. Continuemos.
El primer mes de la planeación se pasó volando entre modificaciones constantes a la decoración y ajustes en la lista de invitados para distribuir de forma eficiente el presupuesto. Eso fue algo relativamente fácil que Giorno manejó desde su oficina, pero durante los siguientes cuatro meses, debía visitar muchos lugares para buscar los proveedores para el salón, el banquete, el fotógrafo y la música.
La primera gran parada fue la búsqueda del lugar. En compañía de Mista, recorrieron opciones por días, pero fue en una antigua villa de piedra a las afueras de la ciudad donde Mista quedó fascinado. La villa tenía amplios jardines, arcos de piedra y un ambiente natural precioso que se asemejaba al concepto de «bosque de hadas» que Giorno organizó en el moodboard.
—Gloria va a enloquecer con este lugar —aseguró Mista, apoyándose en la balaustrada del balcón principal mientras contemplaba el jardín— Tiene ese toque simple y hogareño que tanto le gusta. Es perfecto.
—Coincido —asintió Giorno a su lado, observando el paisaje y luego a Mista— La arquitectura permitirá una distribución fluida para colocar las sillas durante la ceremonia y, lo más importante, el salón principal nos da el espacio exacto para acomodar las mesas sin romper la armonía. Así que... ¿Queda reservado? —Giorno alzó una ceja y le dio a Mista una sonrisa cómplice.
—¡Reservémoslo de una vez! —contestó Mista bastante entusiasmado.
Con la villa reservada, días después vino la prueba del banquete. Dado que Gloria y Giancarlo seguían ausentes por el trabajo, Mista como el suplente tenía que probar los platillos solo. O al menos, esa era la idea original, porque al ser el único sentado frente a una mesa con varios platillos de muestra, Mista se sintió algo cohibido.
—¡Psst! Oye, Giorno... —llamó Mista, jalando una silla a su lado— Ni de chiste me voy a probar todo esto solo. Siéntate y prueba conmigo, no estaría cómodo viéndote solo ahí de pie y tampoco quiero sentirme como si fuese Gordon Ramsay.
Giorno arqueó una ceja, divertido, pero se unió a Mista. Y lo que comenzó como una cata técnica terminó convirtiéndose en un momento lleno de risas. Mista saboreaba cada bocado con demasiada expresividad, y Giorno, contagiado por el entusiasmo, se descubrió disfrutando de la comida mucho más de lo habitual.
—Este paccheri con ragú es una joya —declaró Mista con la boca a medio llenar— Y el solomillo de res está bastante jugoso. Anota esos dos.
—¿Estás seguro? —preguntó Giorno, revisando las notas previas en su tableta— Recuerdo que en la lista inicial que Gloria dejó había una opción de spigola al horno.
—Bah, la carne de res le da mil vueltas al pescado. Confía en mí, a Gloria le encantarás si eliges esto —aseguró Mista con total convicción.
Giorno sonrió de lado y tachó el pescado sin dudarlo. Por primera vez en todos sus años como planificador de bodas, Giorno omitió uno de los pedidos de la novia, pero con el bullicio de la compañía de Mista ni siquiera le importó demasiado. Días después, la música y la floristería tomaron el protagonismo en la lista de prioridades. Mientras iban a bordo del auto de Giorno rumbo a la floristería local, Giorno encendió el reproductor de música del vehículo y le cedió el control a Mista para revisar la lista de reproducción que Gloria creó con las canciones que consideró para su primer baile de esposos con Giancarlo.
—A ver, escuchemos lo que Gloria eligió... —Mista le dio play y apenas transcurrieron tres canciones, soltó un bufido de aburrimiento— No, no, no. ¡Estas son puras canciones genéricas que ponen en todas las bodas desde hace diez años! La gente se va a dormir antes del segundo tres.
—Bueno, solo descartemos las genéricas y dejemos las que parezcan más adecuadas —dijo Giorno, manteniendo la vista en el camino pero con una sonrisa entretenida por la exaltación de Mista.
—¡No, no! Mejor escucha esto —Mista cambió la pista por Lovelines de Carpenters, subió el volumen y le sonrió desbordante— ¡Esto sí es único! Esto suena más significativo que las canciones de Ed Sheeran. ¿Qué opinas? ¿Te gusta?
Giorno escuchó el ritmo contagioso y asintió suavemente con la cabeza.
—Tiene energía romántica y divertida. Es una excelente selección, Guido.
—¿Ves? ¡Te lo dije! —exclamó Mista, orgulloso— Ahora tú dime qué música te gusta a ti. Agreguemos tus favoritas también.
—¿Las mías? Pero la boda no es mía, Guido. Yo solo planifico —comentó el rubio con tono calmado.
—Pero estarás presente así que da igual. Tenemos que armar una lista decente. Anda, elige algo que te guste.
Giorno accedió muy a su pesar y sugirió a Cher y Captain & Tennille. Al final de la tarde, de la lista original de Gloria solo sobrevivieron dos canciones; el resto quedó organizado estrictamente por el criterio combinado de Mista y Giorno. Y la situación no fue muy distinta al llegar con el florista. Al ver la enorme variedad de centros de mesa, Mista suspiró.
—Mira, voy a ser sincero —dijo Mista, rascándose la nuca— A Gloria las flores tradicionales le dan bastante igual. Ella es más de cactus y suculentas, no se va a fijar en si ponemos lirios o peonías. Pero tú... —Mista miró a Giorno, recordando las hermosas plantas finamente cuidadas en su oficina y recepción— Tú sí sabes de esto, Giorno. Vi la decoración en tu oficina, así que te dejo elegir las que a ti te parezcan más bonitas. Me fío de tu gusto.
Giorno se quedó un segundo en silencio, sorprendido por el detalle de que Mista hubiera notado su afición por las plantas. Nunca había recibido un comentario que halagara sus gustos, por lo que escuchar esas palabras hicieron que su corazón latiera con fuerza y que sus ojos verdes brillaron de emoción. Giorno asintió un par de veces, mordiéndose el labio inferior para no dejar que la sonrisa que amenzaba con salir, se notara demasiado.
—En ese caso... las hortensias blancas combinadas con follaje de eucalipto y toques de olivo le darán ese aire rústico y fresco a la villa.
—Hecho. Esas serán —sentenció Mista sin dudar un segundo.
El quinto mes de la planeación trajo consigo nuevos retos para la recta final. La primera tarea tachada en la lista de Giorno fue la selección de la mantelería, la vajilla y la iluminación. Giorno y Mista combinaron manteles de lino en tonos crema con vajilla de cerámica artesanal e iluminación cálida basada en faroles y guirnaldas de luces, asegurándose de que los centros de mesa de lirio de los valles, peonías y tulipanes brillaran bajo un ambiente íntimo.
Días después, llegó el momento del envío de las invitaciones. Giorno acudió temprano por la mañana a la imprenta para recibir los sobres que encargó, y al tenerlos en sus manos, no pudo sentirse más que orgulloso de haber hecho otro excelente trabajo.
Las invitaciones de papel opalina llevaban un sello de cera verde olivo con brillos y las iniciales «G y G». Giorno las observó detenidamente por un segundo, cuando cruzó por su mente el recuerdo de que también eran las mismas iniciales de su nombre y el de Guido. Tragó saliva y nego ante tal pensamiento, aunque inevitablemente siempre terminaba recordando la mirada atenta y la sonrisa que Mista siempre le daba.
No quería admitir aún que sentía algo por él porque no creía que hubiera reciprocidad, y sería mejor ocultar cualquier interés para no hacerse ilusiones tan rápido. Decidió dejar esa preocupación para continuar con su labor. Por la tarde llamó a Mista para que lo ayudara a verificar la lista final de destinatarios antes de ser entregada al servicio postal.
Pero el verdadero reto —y el punto de inflexión del proyecto— llegó con la prueba de vestuario. Giorno había pospuesto este paso todo lo posible esperando el regreso de Gloria y Giancarlo. Pero con la fecha aproximándose, el margen de error era nulo, por lo que las pruebas debían realizarse con o sin los novios presentes.
La primera parada fue la sastrería. Dado que Gloria le había pedido a Mista por videollamada que tomara el lugar de Giancarlo por tener la misma estatura y complexión física, Mista no tuvo problema con ello. Mientras el sastre tomaba las medidas de sus hombros y cintura, Mista no dejaba de mirar al espejo, donde se alcanzaba a reflejar Giorno sentado con su tableta en mano, haciendo lo que sea que fuere. Pero esa vista tranquila removió algo en su interior que permaneció incluso hasta el momento de irse a dormir.
Solo el verdadero caos comenzó en la boutique de novias. El vestido de Gloria ya estaba confeccionado bajo sus medidas y basado en un diseño inspirado en el estilo de Vivienne Westwood, con un corsé de escote corazón, pliegues drapeados que se curvaban hacia la cintura, mangas caídas abullonadas y una imponente falda corte A.
La costurera, esperando por realizar los ajustes pertinentes, miró alternadamente a los dos hombres.
—Necesito revisar que el corsé se amolde bien al cuerpo —declaró la costurera, fijando la mirada en Giorno— Usted señor Giovanna tiene la complexión exacta que la señorita Gloria. ¿Podría servirme de ayuda probándose el vestido?
—¿Disculpe? —Giorno parpadeó, flaqueando un poco por la repentina propuesta.
—¡Es una idea fantástica! —apoyó Mista, soltando una carcajada y empujando a Giorno suavemente hacia el vestidor— Anda, Giorno, hazlo por el arte, por la boda y por tu pasión por cumplir los sueños de las novias.
Ante la sonrisa amable de la costurera y la sonrisa divertida de Mista, Giorno terminó por aceptar y solo diez minutos después, la cortina del vestidor se abrió. Mista, que estaba recargado en el respaldo del sillón, terminó por enderezarse y quedarse con las palabras atascadas en la garganta.
Giorno salió luciendo impecable el vestido blanco. El corsé entalló su figura de forma grácil, las mangas caídas resaltaban sus hombros y la falda caía con elegancia desde su cintura. Para colmo, Giorno llevaba ese día el cabello con sus rizos sueltos y relajados cayendo sobre los hombros, dándole el aspecto de una criatura recién salida de un bosque mágico.
A Mista le dio un vuelco violento el corazón, y eso bastó para finalmente hacer consciente lo mucho que le gustaba Giorno. No era solo por su apariencia, si no por sus simples acciones. Desde la amabilidad de traerle un almuerzo en las mañanas, hasta la paciencia con sus supersticiones.
Sintiéndose descubierto por el calor evidente en sus propias mejillas, Mista recurrió a su mejor defensa: el humor.
—Vaya, Giorno... —soltó Mista, aclarándose la garganta para disimular la voz temblorosa mientras lo recorría con la mirada— Sinceramente creo que deberías ser tú quien camine hacia el altar. Te ves como una auténtica hada princesa.
Giorno lo miró a través del espejo mientras la costurera se encargaba de modificar algo en las mangas. Aunque intentó mantener la cabeza en alto, el rubor que subió de inmediato por su cuello fino lo delató por completo.
—Muy divertido, Guido —respondió Giorno con sarcasmo y simuló una sonrisa amable— Solo asegúrate de conseguirme un buen marido.
La risa burlona de Mista lo hizo rodar los ojos. Giorno no estaba dispuesto a ser el único entretenimiento del día, por lo que al tocar la prueba de maquillaje aprovechó para lanzar a Mista como el siguiente conejillo de indias.
—Dado que compartes bastantes rasgos faciales con Gloria —dijo Giorno con astucia— Creo que te toca a ti ser el sujeto de pruebas, Guido. Equidad de trabajo.
Mista, lejos de tener una masculinidad frágil o sentirse avergonzado, aceptó el reto al instante yendo a acomodarse en la silla. Veinte minutos después, la maquilladora había hecho un trabajo digno de revista. Mista se miró en el espejo, se arregló el corto cabello y comenzó a posar dramáticamente para la cámara de Giorno, haciendo caras exageradas y guiñando ojos.
—Admitámoslo, me veo increíble —presumió Mista, sacando su teléfono para entregárselo a Giorno— Esto merece ser documentado. Soy una obra de arte —habló Mista entre risas mientras posaba junto a un florero decorativo— Envíale esto a Gloria ahora mismo. Que eche un vistazo de cómo se vería ella.
Giorno soltó una carcajada, fotografiando a Mista desde distintos ángulos hasta que le pareció que tenía suficientes. La jornada de ese día terminó con el montón de fotos enviadas a Gloria, recibiendo como respuesta un «¡Ya te dije que no nos parecemos, Guido!». Por supuesto, Mista se rio aún más antes de contestar «Te garantizo que serás la novia más hermosa y tu boda va a ser un éxito total. Debe serlo porque Giorno y yo nos sacrificamos mucho>:]».
LLegar a la fase cuatro de la planeación llenó a Mista de preocupación, pues la sola presencia del número cuatro en el proyecto se sentía como un presagio de catástrofe.
—Te prometo que nada va a salir mal, Guido —lo tranquilizó Giorno una tarde, durante una visita repentina que hizo Mista a su oficina— Esta fase es únicamente operativa. Solo se trata de coordinar horarios con los proveedores, verificar la logística y confirmar los detalles técnicos. Es un trabajo que me concierne únicamente a mí y la mayoría se resuelve con una llamada.
—Pero el cuatro es de mal presagio —insistió Mista, relamiendose los labios con nerviosismo— Si algo sale mal, todo lo que hicimos durante estos meses se vendrá abajo.
Con solo ver esa angustia reflejada en los ojos de Mista después de tenerlo a su lado sonriendo la mayoría de las veces que pasaban el día juntos, Giorno sintió un apretón en el pecho. Así que, para calmar las preocupaciones de Mista, se le ocurrió invitarlo a quedarse con él hasta que todas las actividades de la fase cuatro estuvieran tachadas en su lista.
—En ese caso... podrías ayudarme a repasar la lista de invitados uno por uno para confirmar quiénes tienen restricciones alimenticias o alergias graves y... ¿qué te parece si lo hacemos en mi casa? Prepararé la cena.
Mista parpadeó, sintiendo que los nervios por el número cuatro se evaporaban para darle paso a un revoloteo completamente distinto en el estómago ante la propuesta de Giorno. Había fantaseado algunas veces con visitar la casa de Giorno, y aunque esto era en distintas circunstancias, al menos podría conocer un poco más sobre Giorno.
—¿En tu casa? Sí... sí, me parece bien. Contigo cerca estoy seguro de que la mala suerte no se nos va a pegar.
Aceptar pasar aquella noche en el departamento de Giorno marcó un punto de no retorno para ambos. La iluminación cálida volvía todo más íntimo, y lo que debió ser una revisión se convirtió en horas de conversación que poco o nada tenían que ver con la boda de Gloria. Cenaron en la pequeña mesa de la cocina, compartiendo anécdotas del pasado, riendo con las ocurrencias de Mista y descubriendo detalles personales que ninguno solía contar con facilidad.
Con cada hora que pasaba, el espacio físico entre ambos parecía encogerse de manera natural. Si Mista cambiaba de postura, su rodilla rozaba la de Giorno y ambos se quedaban congelados un segundo, sintiendo un chispazo eléctrico que les pintaba un ardor evidente en las mejillas antes de aclararse la garganta y mirar hacia otro lado. Si Giorno soltaba una risa por alguna bobería de Mista, Mista se le quedaba mirando más tiempo del normal, atrapado en la belleza relajada del rubio fuera de su faceta de trabajo.
—Sabes... eres muy diferente a lo que imaginé el primer día que entré a tu oficina —admitió Mista recargando la barbilla en su mano, mirando a Giorno con calidez transparente.
—¿Ah, enserio? ¿Y qué imaginaste? —preguntó Giorno, alzando una ceja con una sonrisa contenida mientras servía más vino en su copa.
—Imaginé que serías un tipo estirado, aburrido y sin sentido del humor. Pero resultaste ser... mejor que en mis escenarios imaginarios.
Giorno sintió que su ritmo cardíaco aumentaba. El rubor le cubrió las mejillas, pero esta vez no apartó la mirada. Sentía que, si lo hacía, podría perder una gran oportunidad, así que miró fijamente a los ojos oscuros de Mista tan oscuros y bellos como una obsidiana.
—Me alegra saber que soy de tu agrado. Y, de hecho, tú también superaste todas mis impresiones, Guido. Siempre fui firme con todo, pero esta vez hice cosas que nunca antes había hecho y me hiciste disfrutar de cada una.
A pesar de la nueva dinámica que surgió entre ambos, internamente se convencieron a sí mismos de que la complicidad, las invitaciones a cenar los fines de semana y las miradas prolongadas eran simplemente el resultado de una «gran amistad». Ninguno se atrevía a dar el un paso más por miedo a arruinar lo que tenían, ignorando que ambos estaban cayendo exactamente en la misma red de amor sin retorno.
El día de la boda amaneció con un cielo limpio sobre la villa, pero dentro de la sala de espaera la tensión se podía cortar incluso con una hoja de papel. Ni Gloria ni Giancarlo habían llegado el día anterior como lo prometieron. La familia de los novios y Giorno pasaron la noche en vela, llamando a sus teléfonos sin obtener más que el mensaje del buzón de voz. A pesar de la angustia, Giorno se negaba a anunciar una cancelación e insistió en mantener la esperanza y esperar hasta el último minuto posible.
Y su espera habría valido la pena de no ser que, faltando solo dos horas para la ceremonia, Gloria apareciera sola y con un semblante devastado. Mista corrió hacia ella exigiendo explicaciones entre la confusión. Gloria no pudo articular palabra porque inmediatamente se rompió a llorar en los brazos de Mista. Entre sollozos, le confesó la verdad: el supuesto viaje de negocios con Giancarlo no había sido más que una excusa para asistir a terapia de pareja fuera de la ciudad. Una terapia que no dio frutos. Amaba a Giancarlo y había intentado forzar los planes de boda con la ilusión de salvar su relación, pero finalmente aceptó que no tenían futuro juntos.
Con la ausencia de los novios, Giorno sabía que la boda tendría que ser cancelada. Sin embargo, Gloria aún secándose las lágrimas, le aseguró que igual podían disfrutar del banquete y la música para no echar a perder todo su esfuerzo. Giorno asintió de acuerdo con Gloria y se disculpó para salir a hacer una llamada. Cuando Mista notó que Giorno salía en silencio hacia la pequeña sala contigua, disculpándose con su hermana, Mista caminó tras él. Encontró a Giorno de pie junto al ventanal, marcando un número en su teléfono. Tenía la mirada desilusionada, cargando con el peso de ver arruinado el proyecto en el que tanto se había divertido y esforzado.
—¿Giorno? —habló Mista acercándose despacio.
—Oh, disculpa, Guido, hablaré con la jueza para avisarle que la ceremonia se cancela —respondió Giorno con un suspiro, esperando a que contestaran la llamada.
Entonces una idea sumamente arriesgada cruzó por la mente de Mista y sin dudarlo, extendió la mano, le quitó el celular a Giorno con suavidad y cortó la llamada. Lanzó el telefono al sofá y lo sujetó de las manos para mirarlo directo a los ojos.
—Cásate conmigo —dijo Mista, rompiendo el silencio.
Giorno frunció el ceño en una mezcla de absoluta confusión y sorpresa. Estaba temblando ligeramente, con el rostro ruborizado sin saber qué decir. De repente Mista se hincó sobre una rodilla frente a él y Aunque no llevaba una caja con un anillo de compromiso, lo miró con la mayor sinceridad de su vida aun sin soltar sus manos.
—Cásate conmigo, Giorno —repitió Mista— Pasamos nueve meses juntos planificando una boda que desde un principio estaba destinada a no ser, pero nosotros podemos devolverle el propósito. Yo... me di cuenta de lo mucho que me gustas. Lo supe desde el primer mes que pasamos juntos y sé que tú sientes lo mismo por mí. Aunque intentes disimularlo, he visto cómo me miras, cómo suspiras y cómo te sonrojas cada vez que nos tocamos accidentalmente o con cualquier cosa que hagamos juntos.
Giorno lo observó conmovido. Había intentado aferrarse a su profesionalismo durante todo ese tiempo, creyendo torpemente que sus sentimientos estaban bien ocultos, pero la calidez de Mista había sido la llave maestra para derribar cada una de sus defensas. Y al recordar la manera en que organizaron la boda, se dio cuenta de que esa boda contenía sus canciones favoritas, los platillos que a ellos les gustaban y las flores que él mismo había elegido. Parecía como si la boda siempre hubiera sido para ellos dos.
—Bueno, esto me sorprende bastante... —admitió Giorno con una sonrisa nerviosa pero hermosa. Luego, fijando sus ojos verdes en los de Mista, asintió— Sí. Sí quiero casarme contigo.
Mista no esperó un segundo más. Se puso de pie y se abalanzó sobre Giorno para envolverlo en el beso que llevaba meses anhelando. La sensación de sus labios juntos disipó de golpe toda la desilusión del día, transformando el momento en algo profundamente íntimo. Giorno se aferró a su espalda, alargando el contacto hasta que la vibración de una llamada entrante en el teléfono los obligó a separarse a regañadientes.
Era la jueza confirmando la hora del evento. Giorno, con el aliento entrecortado, le notificó la cancelación de la ceremonia civil y en cuanto colgó, tomó a Mista firmemente por las solapas del traje y lo trajo de vuelta hacia él para reanudar el beso, esta vez con una ansiedad apasionada, entre pequeñas mordidas y jadeos. Solo tuvieron que separarse un centímetro para recuperar el aire. En ese instante Giorno lo miró con una chispa de picardía brillando en sus ojos.
—¿Qué te parece si corremos a una joyería, compramos anillos de compromiso y regresamos a celebrar nuestro compromiso con todos?
En lugar de responder con palabras, Mista lo sujetó de la nuca y profundizó el beso. Luego de unos segundos se separó apenas lo suficiente para mantener las frentes unidas, sintiendo el aliento cálido de Giorno rozarle la boca.
—Es una idea brillante —susurró Mista con una sonrisa desbordante— Y mañana mismo vamos por una solicitud de matrimonio para casarnos cuanto antes.
Giorno no dijo nada más, prefiriendo demostrar su total acuerdo cerrando la distancia con otro beso. Si besar a Mista se sentía tan jodidamente bien ahora, no imaginaba lo bien que se sentiría besarlo como su esposo. Como sea, Giorno se creía capaz de volverse adicto a sus labios desde ese preciso instante.
