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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-09-09
Updated:
2026-09-16
Words:
14,056
Chapters:
2/9
Comments:
3
Kudos:
6
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3
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128

La muñeca y el soldadito de plomo

Summary:

Su trabajo era sencillo: vigilar las abandonadas oficinas de C&A. Su monótona rutina fue interrumpida por el sonido de un presunto intruso en el edificio.
Tras investigar un poco, encontró un computador encendido y fue transportado al Asombroso Mundo Digital. Plumbum, como ahora se llama, empieza sus aventuras en ese extraño mundo junto a los integrantes del circo.

O: Un fanfic de "reescritura" de la serie con divergencia del canon. Junto a Pomni llega un personaje nuevo y, con el paso del tiempo, se irá volviendo cada vez más cercano a Ragatha.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Pilot

Chapter Text

Alumbró con la linterna el pasillo; estaba seguro de que había escuchado pasos por esa zona, pero aún no encontraba al intruso. Esperaba que solo fuera un adolescente curioso o un explorador urbano. Si era un vagabundo sería complicado lograr que saliera del edificio y si era un drogadicto tendría que llamar a la policía.

Notó que una de las puertas que solía estar cerrada se encontraba abierta, por lo que entró. No vio nada fuera de lo normal: las computadoras permanecían ahí y no había rastros de basura nueva. Estuvo a punto de irse cuando notó el parpadeo de “encendido” en una de las computadoras.

Extrañado, alzó una ceja y observó el aparato, tanto la computadora como el visor de realidad virtual estaban encendidos. ¿Había sido el intruso? ¿Quizás intentaba ver algo de C&A? Solo para confirmar que no hubieran tenido acceso a información confidencial, decidió ponerse el visor.

De repente, su visión se vio cegada por un brillo blanco seguido por innumerables colores. Pestañó para acostumbrarse a la luz, notando que ésta poco a poco disminuía. De repente, su alrededor se aclaró, dejando al descubierto un mundo de colores llamativos y seres con forma humanoide que se movían con plena libertad. Todos miraban a una especie de bufona, que parecía estar al borde de un colapso mental, y a un ser con cabeza de dentadura y traje de presentador de shows.

—¡Te aseguro que no hay ninguna salida mágica! —Dijo la criatura con dientes. —¡Seguro solo experimentaste alucinaciones digitales…! por la transición de tu mente al plano digital.

Inclinó la cabeza con curiosidad, ¿“traspaso de la mente al plano digital”?

De repente, mientras la bufona y la dentadura hablaban, un integrante del circo notó la nueva presencia.

El recién llegado cruzó miradas con una especie de muñeca de trapo con vestido remembrado y apariencia conciliadora. La mujer abrió ampliamente su único ojo y se dirigió al resto.

—Chi-Chicos…

Volvió a gritar la IA. —¡Alucinaciones digitales!

—Chicos… —Repitió la muñeca, señalando al recién llegado.

—¡¿Qué tal si hablamos de otra cosa?!

—¡Chicos! —Habló más fuerte, atrayendo la atención de todos, —Ehm… llegó… llegó alguien más.

Todas las miradas se enfocaron en el escenario, donde, efectivamente, se encontraba un nuevo integrante.

A diferencia de la bufona, el recién llegado tenía un avatar masculino. Él sonrió con cierta incomodidad y levantó una mano para saludar. No entendía qué estaba ocurriendo ni dónde estaba, pero al parecer podía interactuar con esos seres.

—¿Hola?

Fue en ese instante en que examinó su mano, dándose cuenta que no era de carne y huesos. Giró su extremidad, examinándola con los ojos entrecerrados: parecía de metal. Intentó mover los dedos, pero solo podía mover su pulgar y dedo índice, el resto de sus dedos estaban pintados en una sola estructura.

—¿Qué…?

Intentó despegar sus dedos, sin éxito. Miró su otra mano y se dio cuenta que la anomalía ocurría en ambas extremidades. Retrocedió un paso, notando que sus brazos también parecían ser de metal y que su cuerpo era más pesado de lo normal. Fue entonces que bajó la vista y observó su torso, no estaba usando su uniforme de trabajo, sino una especie de uniforme militar del siglo XIX.

—¡¿Dos en un día?! ¡Es un nuevo récord!

El ser mitad mandíbula mitad humano se acercó a él a una velocidad inhumana. Ante la posibilidad de ser atacado, el recién llegado se colocó en posición defensiva y levantó los brazos sin verdaderas intenciones de golpear. Estaba confundido, sentía un ligero mareo por lo extraña que era la situación. Sin embargo, no quería atacar sin saber qué estaba ocurriendo o dónde estaba. Se enfocó en respirar con lentitud, siendo consciente ante el peligro lo mejor era mantener la calma.

—¿Ah? ¿Trajiste un amigo, enana? —Comentó el conejo, mirando a la bufona.

—¿Q-Qué? ¡No! ¡Yo no…! —Sus ojos se abrieron a más no poder. — ¡¿Había alguien más ahí?!

El ser flotante se alejó, girando en el aire. —¡No hay tiempo para repetir toda la introducción! ¡Así que te daré un resumen! ¡¿Preparado?! —El recién llegado empezó a balbucear un “¿qué?”, cuando la IA empezó a hablar, atropellando las palabras. —¡Bienvenido al Circo Digital! ¡Soy Caine, su maestro de ceremonias! ¡Estos son los habitantes del circo! —Señaló al grupo con su bastón. —¡Un lugar lleno de diversión para todas las edades y donde todo es posible! ¡¿Alguna duda?!

—Sí, yo…

—¡Muy bien, ahora pasemos al siguiente tema!

Un ser de apariencia abstracta interrumpió. —¡Caine, al menos explícale bien!

—¡Que no hay tiempo! —Se quejó antes de alzar un dedo. —¡Ahora escojamos los nombres!

Mientras ellos seguían gritando, el recién llegado siguió observando su nuevo cuerpo y palmeando su cabeza. No sentía el visor. Respiró profundamente, intentando no hiperventilarse por el pavor de no entender qué estaba pasando. Estaban pasando muchas cosas a la vez y todo se sentía irreal, como un sueño del que no podía despertar. No encontraba el visor, no lograba quitarse la especie de sombrero que tenía en la cabeza, su cuerpo sentía el frío metal donde debería haber cabello. No entendía qué le pasaba a su cuerpo ni qué estaba ocurriendo. No entendía nada.

Habían dicho “mente” y “plano digital”. No lograba entender del todo qué estaba ocurriendo, pero su mente empezó a recordar la premisa de varias películas que no vio, pero sí escuchó. Quedar atrapado. Sin escape. No tener boca y querer gritar. Sintió un ligero temblor en su cuerpo; no, debía mantener la calma. Incluso si esas cosas realmente pasaban, entrar en pánico no funcionaría de nada.

Sintió una suave mano posarse en su hombro y se sobresaltó.

—Ey… ¿estás bien?

Volteó su cabeza de inmediato para ver a quien le hablaba. A su lado, la muñeca de trapo que lo miraba con genuina preocupación. Sin querer, el recién llegado la miró más de la cuenta: se dio cuenta que su cabello era de lana roja, su piel era de tela, tenía un ojo de vidrio mientras que el otro solo era un botón cosido. Le recordó a los juguetes que veía en las tiendas de antigüedades.

Asintió lentamente con la cabeza, indeciso. —Yo… no sé qué está pasando…

—Sí… todos sentimos eso cuando llegamos… —respondió la muñeca, encogiéndose de hombros, luciendo apenada y empática. —Soy Ragatha.

—Yo… —Intentó recordar su nombre, pero no pudo. ¿Por qué no podía?

Como si estuvieran coordinados, la bufona gritó en voz alta.

—¡¿Por qué no puedo recordar mi nombre?!

Tras escuchar la pregunta, intercambió miradas con la muñeca y ambos se acercaron a la bufona y el ser hecho de dientes.

—¡Nadie puede recordar su nombre una vez ingresa al Circo Digital! —Declaró Caine— De las pocas cosas que no controlo yo son sus mentes ¡así que lo único que puedo hacer es darles uno nuevo!

El recién llegado alzó una ceja. —Entonces… ¿me puse el visor y ahora estoy aquí?

Preguntó, intentando entender qué estaba pasando exactamente. Aunque esa pregunta parecía resumir bien lo que estaba pasando, seguía sintiéndose irreal.

—¡Exactamente! —Afirmó la IA —¡Por eso olvidaste tu nombre!

—¿Y no puedo quitarme el visor porque…?

—¡Porque estamos atrapados aquí! —Se burló el conejo morado, el recién llegado pensó que era desagradable. —¡Bienvenido a tu nuevo hogar, novato 2!

El ser abstracto lo miró con desagrado. —No me copies…

—¡Pfft! ¡¿Quién lo haría?!

El recién llegado volvió a tantear su cabeza. Lo había hecho tantas veces que creía poder dibujar la forma del sombrero si se lo pidieran. Intentó hacerse a la idea de que estaba atrapado, que ahora viviría ahí y que al parecer había entrado a la computadora del edificio que cuidaba.

 —Genial…

La bufona a su lado empezó a tambalearse como si fuera a caerse. —¿Cuál es mi nombre…?

A pesar de su propio estado de confusión y consternación, la miró con preocupación. —¿Estás bien? —Preguntó sin recibir respuesta.

Caine se acercó a la bufona y le dio palmadas en la cabeza. —No preocupes a tu cabecita, ¡tu nuevo nombre puede ser el que quieras!

Dicho eso, empezó a recitar algo que parecían ser términos y condiciones. El recién llegado entrecerró los ojos, intentando entender, al final se rindió y vio nuevamente a la muñeca.

—¿Entonces… ella entró justo antes que yo?

Ragatha asintió con la cabeza. —¿Se conocen de afuera?

—No…

Decidió omitir el hecho de que, posiblemente, la bufona era la culpable indirecta de que él ingresara a ese mundo digital. Si fue ella quien encendió la computadora y el visor, entonces sus acciones causaron un efecto en cadena que lo arrastró a él. Por otro lado, si ella realmente era la intrusa, eso explicaba por qué no la encontraba a pesar de buscarla por largo rato. Había entrado en ese mundo virtual. Era una desgracia tras otra.

 —¿Qué se les ocurre, mis pequeños recién llegados? —Preguntó Caine una vez que flotó alto.

La bufona despabiló por un momento. —He… no me importa, solo elige cualquiera.

—Vamos a ver.

Dicho eso, una máquina gigante aterrizó en el lugar. El objeto tenía diversas letras y empezó a moverse como si fuera un juego de apuestas.

—¿Qué opinas de Xddcc? —Preguntó Caine, extendiendo sus brazos para mostrar las letras al azar.

—Yo no…

El soldado de plomo entrecerró los ojos. —Horrible.

—Cierto, ¡terrible! Va otra vez —Volvió a hacer funcionar la máquina. Los recién llegados intercambiaron miradas, sin saber qué esperar o qué pensar de esa situación. — ¿Qué opinas de “Pomni”?

—¿Ah? Claro, creo que...  —Llevó una mano a su cabeza y empezó a vagar, sin terminar la frase.

Caine señaló con su bastón al hombre alto. —¡Y ahora tocas tú, mi estimado soldado de juguete! ¡¿Se te ocurre un nuevo nombre?!

Colocó una mano en su mentón y empezó a frotar la piel de metal con su pulgar. De repente, una idea se le ocurrió. —¿De qué material estoy hecho?

—¡60% de plomo, 30% de estaño y 10% de antimonio! —Anunció Caine, orgulloso. —¡Y estás pintado con óleo y esmaltes tradicionales, seguido por una técnica de goma laca para mantener tu excelente apariencia por mucho, mucho tiempo! ¡Pero no te preocupes, en el circo digital tu pintura no se desgasta jamás! ¡Nunca! ¡Jamás!

Por las palabras de Caine y la ropa que usaba, asumió que era un soldado de plomo. Eso explicaría su uniforme militar y el estar hecho de metal. Suponía que le tocó ser un modelo sin arma, a juzgar por la falta de este en su uniforme. Por un momento, pensó usar el nombre del autor de “El soldadito de plomo”, sin embargo, debía admitir que era más fanático de la historia que de la literatura. Tampoco le gustaba la idea de usar un nombre histórico, prefería algo más creativo. Considerando que había nombres como “Caine”, “Pomni” y “Ragatha”, asumía que lo común era tener nombres que recordaran a juguetes.

—Me gustaría algo relacionado con mi cuerpo… ¿de casualidad sabes cómo se dice “soldado” o “plomo” en otros idiomas?

Escuchó una risa burlona, cuando volteó, encontró al conejo morado sonriendo con sorna. —¿En serio? ¿“Soldado” o “plomo”? Quizás debas dejar que yo escoja tu nombre, novato. Soy muy bueno en eso, ¿verdad, Gangle?

La mujer hecha de cintas soltó un chillido y se encogió sobre sí misma. El nuevo integrante frunció el ceño; si él la había nombrado, era un imbécil y uno muy cruel.

Caine gritó con entusiasmo. —¡Claro, tengo decenas de idiomas en mi memoria! Iniciando con la palabra “soldado”, se puede traducir como Soldier, Soldat, Zolnierz, Hishi, Shibing, Gun-in, Miles.

El nuevo integrante entrecerró los ojos, evaluando sus opciones. —… ¿Qué hay de “plomo”?

—¡Vaya, pero qué integrante tan exigente! —Se cruzó de brazos con molestia, pero siguió. —¡Para “plomo” están Lead, Plomn, Blei, Piombo, Chumbo, Plumbum, Olow, Namari, Qian y Nap! ¡En lo personal, me gusta Nap!

El soldado de plomo sonrió con cierta incomodidad, sin querer ser descortés.  —Creo que prefiero “Plumbum”.

—¿Plumbum? —Preguntó Zooble. —No es un mal nombre, pero ¿está bien ese?

—Sí, —asintió con la cabeza. —Me gusta, y creo que combina con el nombre de Pomni.

Volteó a ver a la susodicha, quien se había sentado en el suelo mientras sujetaba su gorro y murmuraba incoherencias en voz baja. A su lado, la pieza de ajedrez le daba palmaditas en la cabeza. Por un momento, Plumbum se preguntó si esa sería una reacción más normal que la que él tenía. Ahora que pensaba en ello, ¿por qué se estaba tomando esa situación con tanta calma? Debería estar histérico, preocuparse por sus padres, sus amigos. Volvió a fruncir el ceño, apenas lograba recordarlos, ¿era por ingresar al circo?

Ragatha se acercó a él y le sonrió con suavidad. —¡Creo que ambos son buenos nombres! ¡Es un placer conocerlos, Pomni, Plumbum!

El soldado de plomo le devolvió la sonrisa. —Gracias.

El breve momento de calma se vio interrumpido por la IA, quien gritó repentinamente.

—¡Claro, bien dicho, Jax! —Señaló al conejo con su bastón. —¡Deberíamos tener una aventura para nuestros nuevos integrantes: Pomni y Plumbum! —Al decir lo último, sus ojos rebotaron.

El conejo frunció el ceño. —Dije eso hace cinco minutos…

De repente, manos gigantes aparecieron de la nada y agarraron a los dos nuevos integrantes para colocarlos uno al lado del otro. Caine voló por los aires y los señaló con el bastón.

—¡Ustedes! ¡¿Les gusta la aventura?! ¿El ejercicio, los acertijos? ¿Peligros? ¿Horror? ¿Dolor? ¿Sufrimiento? —Los dos novatos miraron con expresiones sorprendidas a la IA, el más alto con cierta aprehensión y la bufona al borde del colapso mental. Caine hizo aparecer un pastel. — ¿Pastel de ángel?

Inesperadamente, la burbuja con cara apareció y se comió el pastel de un bocado. Caine miró sus manos con disgusto.

—¡Parásito! —E hizo explotar a Bubble.

Plumbum miró la escena con confusión. ¿Eso había sido inesperado o un acto bien ensayado?

—Eh… —empezó a decir Pomni. —Yo… no creo…

Antes de que ella terminara de hablar, Caine apareció detrás de ellos y los abrazó por los hombros.

—¡Ya que son nuevos por aquí, vamos a hacer una simple aventura hogareña! Para que entiendan cómo funcionan las cosas aquí.

El avatar abstracto intervino. —¿Qué? ¡No! No quiero una tonta aventura hogareña.

—No te preocupes, Zooble. ¡Haré que sea algo discreto en lo que puedas optar por no involucrarte! —Se acercó al avatar y le dio palmaditas en la espalda, para el obvio disgusto del ser. —La aventura de hoy es… ¡Junta los Gloinks!

Tanto Pomni como Plumbum vieron aparecer letras multicolor en el cielo. Aunque era extraño que hubieran aparecido de la nada, el soldado quería saber algo más importante.

—¿Qué es un Gloink?

Caine se acercó a él, acortando la distancia entre ellos de forma excesiva. —¡Me alegra que preguntes, mi soldado amigo! ¡Un Gloink es un Gloink, obviamente!

—Pero… ¿qué es un Gloink?

—¡Un Gloink, por supuesto! —Volvió a responder la IA, seguro de sus palabras.

Plumbum sintió que hablaba con una Inteligencia Artificial defectuosa. Miró al resto del grupo, como si quisiera preguntarle si esa forma de responder era normal. Ragatha, Gangle y Zooble negaron con la cabeza, dándole a entender que no lo cuestionara.

—¡Así es, toda la carpa del circo estará repleta de Gloinks! ¡Y ustedes van a atraparlos a todos!

La burbuja con rostro volvió a aparecer, por lo que Plumbum comprendió que no podía morir.

—¿Pero qué son? —Preguntó la burbuja.

—Eh… yo ya pregunté eso. —Respondió Plumbum, pero fue ignorado por Caine y Bubble.

—¡Muy buena pregunta, Bubble! ¡Son…!

—¿Y qué hacen?

—Ellos…

—¡¿Y cómo…?! —Caine volvió a reventar a la burbuja parlante.

—¡Los Gloinks son pequeños bichos traviesos que roban todo lo que encuentran en su camino!

Plumbum alzó una ceja. —¿Por qué no respondiste eso cuando yo pregunté…?

A pesar de su cuestionamiento, Caine siguió hablando como si siguiera un guion memorizado por meses.

—¿Por qué lo hacen estos bichos humanoides? ¿Cómo los detienes? ¡Averígualo tú mismo! ¡Buena suerte y diviértanse, mis superestrellitas!

Una vez dicho eso, la IA desapareció en una bola de humo que se desvaneció lentamente. Plumbum entrecerró los ojos, sin entender por qué debía buscar a esos “Gloinks”, por qué Caine lo había ignorado al principio para después responder bien y si se suponía que había una obligación en hacer la aventura.

Pomni detuvo su hilo de cuestionamientos con una pregunta que resumía sus propios pensamientos.

—¿Y todo eso qué fue?

Ragatha hizo un gesto de despreocupación con la mano. —Es solo una de las miniaventuras de Caine. —Se acercó a la bufona. —Son algo… divertido de hacer, para, ya sabes…  —Juntó sus manos y movió su cuerpo, al parecer, insegura de lo que continuaba. — Evitar que nos volvamos locos. —Soltó una leve risa.

—Habla por ti. —Mencionó Zooble, con obvia molestia. —Si me necesitan, se pueden ir a la %$@!#

El avatar abstracto empezó a marcharse al mismo tiempo que alzaba el dedo del medio.

Plumbum notó que al igual que el insulto, el gesto ofensivo fue censurado con una calcomanía negra. De repente, los Gloinks empezaron a rodear a Zooble y una nube de polvo los cubrió mientras sonidos confusos salían de su interior. Tanto el soldado de plomo como Pomni miraron la escena con horror mientras escuchaban al avatar abstracto gritar constantemente “no”.

Cuando la nube de polvo desapareció, cada Gloink se alejó del lugar, en una perfecta fila, llevando las partes del cuerpo de Zooble.

—Ah… por eso tiene esa forma. —Soltó Plumbum, ganándose una mirada de confusión de Pomni y Ragatha. — Es un juguete armable. —Explicó feliz de al menos entender algo de ese lugar. De inmediato su rostro pasó de alegría a preocupación. Observó a Ragatha.  —¿Eso no le duele?

—Oh, no, tranquilo. De hecho, suele cambiar de piezas casi todos los días.

Mientras ellos hablaban, el conejo morado habló con tono irónico. —¡Oh, no, mataron a Zooble! De todos modos, ¿quieren ir a comer algo?

El soldado de plomo frunció el ceño. —¿No te preocupa?

—No. —Respondió Jax, cruzándose de brazos.

Antes de que Plumbum volviera a hablar, Ragatha alzó la voz. —¡Esperen! ¡Deberíamos ir a ver a Kaufmo! —Comentó con entusiasmo. —¡Seguro que le gustará conocer a Pomni y Plumbum!

La sugerencia descolocó al soldado, quien la miró con incredulidad. Había pensado que la muñeca era más compasiva por la forma en que los trataba él y a Pomni. Su desconcierto duró apenas unos instantes. Debía recordar que estaba en un extraño mundo virtual y que, al parecer, todos llevaban demasiado tiempo ahí. Quizás realmente no debía preocuparse por Zooble y que los Gloinks se llevaran sus piezas.

Si ese mundo era parecido a un videojuego, seguramente no había consecuencias reales relacionadas a ese tipo de eventos.

De repente, los Gloinks se acercaron a un fuerte de almohadas y se llevaron cada una de las piezas, dejando al descubierto a una pieza de ajedrez con atuendo de rey.

—¡Mi fortaleza impenetrable!

Ragatha puso ambas manos en su boca. —¿Quieres venir con nosotros a ver a Kaufmo?

—No, si te soy sincero. —La pieza de ajedrez se acercó a ellos, —creo que Kaufmo se volvió loco. La última vez que hablé con él no paraba de hablar de una salida. —Se acercó de golpe a Pomni, invadiendo su espacio personal. De forma instintiva, Plumbum puso una mano entre los dos, como si quisiera proteger a la más baja. Era algo que solía hacer. — Como tú, Pomni. Puede que también te vuelvas loca.

Plumbum apartó la mano al darse cuenta que la ansiedad de la bufona bajaba.

—¡Pero, espera! ¿Eso no significaría que la salida sí existe?

Jax intervino. —También podría significar que ya perdiste la cabeza.

—Oigan, —habló Gangle a la distancia, siendo ignorada por todos. —¿Qué pasa con Zooble?

—Bueno, yo creo que me gustaría preguntarle. —Súbitamente, la expresión conflictuada de la bufona cambió a una sonrisa forzada. —Si esto fuese real… que no lo es… porque es un sueño.

El conejo soltó una leve sonrisa. —Todavía piensa que es un sueño.

Ragatha vaciló. —¿Por qué me miras de esa forma?

Plumbum negó con la cabeza.  —De hecho, creo que está mirando a la nada… ¿eso es normal?

La muñeca frunció los labios. —No… pero a veces lo hace… le habla “a la audiencia”.

—¿Cuánto tiempo lleva aquí?

—Un par de años…

Pomni se sobresaltó. —¡¿Años?! Digo, ¡wow! ¡Mi sueño sí que es detallado!

El conejo se mantuvo en posición arrogante, hasta que un Gloink apareció y lo golpeó, estrellándose contra él. Inevitablemente, el soldado dibujó una sonrisa burlona en sus labios. Sí, ese conejo se merecía ese golpe.

—¡Okey! —Dijo Jax. —¡Ya me cansé de estos bichos! —Señaló al grupo. —Tú, yo, Pomni y Plumbum iremos a ver cómo está Kaufmo. —Después señaló a Gangle y la pieza de ajedrez. —Lo que deja a la llorona y a “Ju ja” juntos para resolver el problema de Zooble.

Ragatha se acercó a Jax, obviamente incómoda. —¿Crees que dejarlos solos es buena idea?

—Claro que sí, son los dos personajes más mentalmente estables y capaces para ser emparejados. —Por la forma en que la pieza de ajedrez se movía, Plumbum dudó de ello. Jax empezó a caminar con una mano en su cintura. —Vamos, señoritas y juguete. Molestemos al payaso.

Plumbum miró un momento al dúo menos humanoide. La pieza de ajedrez seguía temblando y la mujer hecha de cintas no paraba de llorar. ¿De verdad iban a dejarlos solos? ¿Eso estaba bien? Aunque en ese mundo no hubiera dolor o muerte, sentía que sería incorrecto abandonarlos a su suerte.

—De hecho… —Plumbum habló, provocando que el grupo se detuviera y lo viera. Señaló al resto. —Creo que iré con ellos… para ayudarlos.

La muñeca le sonrió ampliamente. —¿De verdad? ¿No te molesta?

—Para nada, —sonrió con algo de timidez. —Creo que me serviría para conocer el lugar.

—¡Claro, qué excelente idea! —Reaccionó Jax, alzando los brazos. —¡Acompaña a la llorona y a Kinger! ¡Seguramente no existe riesgo de que te pierdas y quedes varado en mitad del circo sin posibilidad de pedir ayuda por siempre!

Pomni lo observó con horror. —¿Es eso… posible?

—¡No! —se apresuró en corregir Ragatha. —Eventualmente te encontraríamos… —se rascó la nuca. —Después de un tiempo… —suspiró. —Jax tiene razón… quizás sea mejor que primero te familiarices con el circo. Este lugar puede ser un poco… —hizo un gesto con la mano. —Caótico.

Plumbum vio nuevamente al par y asintió con la cabeza.  —Si ustedes lo dicen…

No estaba muy convencido, sin embargo, debía admitir que perderse en el circo no sería bueno. Suponía que era como una especie de laberinto.

Siguió al conejo y a la muñeca por el lugar, intentando aprender puntos de referencia para poder orientarse en el futuro. Mientras lo hacía, escuchaba las explicaciones que Ragatha daba sobre el lugar: la cafetería en lo alto, los sofás en los que descansaban de vez en cuando, las escaleras al segundo piso y, finalmente, el pasillo de las habitaciones.

—Bien, aquí es donde vivimos… o bueno, donde venimos a dormir. —Explicó. —Aunque no necesitamos dormir, es bueno tomarse un descanso de todo y escapar de la rutina, ¿saben? Seguro habrá una para… Oh, miren, ya tienen las suyas.

Se detuvieron frente a dos puertas, una al lado de la otra. En la primera estaba el rostro de Plumbum con expresión seria y solemne. Él alzó una ceja y tocó su rostro, ¿esa era su nueva apariencia? Sí, definitivamente era un muñeco de plomo, aunque no lograba reconocer una nacionalidad en el uniforme. Suponía que intentaba cumplir un estereotipo más que representar una nación. La caricatura de Pomni, en cambio, mostraba una expresión triste y ojos grandes. La bufona imitó la imagen a la perfección.

Ella despabiló tras un momento de inmersión y siguió caminando, obligando al grupo a seguirla mientras avanzaban un poco más.

—Yo sigo sin entender sobre las “aventuras”. ¿Por qué hacerlas para empezar? ¿Por qué no tratar de encontrar una manera de salir?

—Bueno… —Ragatha ladeó la cabeza, incómoda. —Usualmente lo hacemos… cuando recién llegamos, pero después de un rato te das cuenta de que… no te puedes ir. —Agregó con voz aguda y expresión de pánico. —Y perseguir constantemente una meta inalcanzable te volverá un poquito loca y eventualmente te vas a preguntar cuál es el motivo de todo… —Al notar que la velocidad con que Ragatha hablaba aumentaba, la preocupación invadió al soldado de plomo. Miró al conejo, que solo observaba a la muñeca con diversión. ¿No iba a ayudarla? Ragatha continuó hablando. —Y puedes olvidarte de quién eres y por qué estás viva y cuando llegas a tu límite algo realmente terrible puede…

Antes de que terminara la frase, Plumbum colocó una mano en su hombro, sacándola de su torrente de pensamiento y regresándola a la realidad. La muñeca permaneció inmóvil un momento, intentando calmarse y regular su respiración. Con cuidado, volteó para ver por encima del hombro al Plumbum, quien le dedicaba una mirada de preocupación.

—¿Estás… bien?

Ragatha lo observó fijamente antes de sonreír apenada. —Ah… sí, disculpen eso… —Se frotó el brazo y se alejó un paso de Plumbum. No le gustaba que los nuevos la vieran perder el control, sentía que eso solo empeoraba una situación de por sí tensa. —Es precisamente lo que les decía… a veces no conviene pensar en esas cosas o cosas malas pueden pasar.

—¿Cómo qué? —Preguntó Pomni, atemorizada.

—Ah… no es algo con lo que tengamos que lidiar hoy. —Intentó bajarle el perfil a la situación, generando más sospecha en los recién llegados. —Las aventuras nos dan algo que hacer que mantiene nuestra mente sana y estimulada.

Explicó con alegría fingida antes de tocar el timbre de una habitación. El soldadito de plomo alternó su mirada entre la muñeca y la bufona, sin saber por cuál de las dos estar más preocupado. La primera fingía alegría mientras la segunda tenía sus pupilas como dos garabatos.

El conejo morado habló. —Menos mal que todo esto es un sueño, ¿no, Pomni? —Al notar que la aludida no respondía, le dio un par de bofetadas con el torso de la mano como si intentara hacer reaccionar un televisor viejo.

—¿Ah? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué hacíamos?

—Venimos a buscar a un amigo de Ragatha y Jax. —Le recordó Plumbum. —¿Necesitas un momento?

—Eh… no, no… todo… todo está… ¿bien?

Su respuesta no convenció a nadie, pero aun así Ragatha volvió a tocar el timbre. Pasaron unos segundos en los que nadie abrió la puerta. Todos miraron con curiosidad, tampoco escuchaban ruidos.

—Tal vez no está ahí dentro. —Murmuró Ragatha, desconcertada —Espero que esté bien…

—No pasa nada, muñeca, —Pronunció Jax con una sonrisa de arrogancia y sacando una llave de la nada. —Tengo la llave del cuarto.

—¡Tú…! ¡Tú…! ¡Tú no deberías tener las llaves del cuarto de nadie! —Se quejó Ragatha, colocando ambas manos en su cadera.

—¡Nah! Tengo llaves para todo… y todos están bien. —Empezó a abrir la puerta, pero se tomó un segundo para ver atrás. —Por cierto, es posible que hoy dejase algo en tu cuarto. —Sonrió con burla. —Avísame si lo encuentras. No le tienes miedo a los ciempiés, ¿cierto?

—¡Jax! —Gritó Ragatha.

Plumbum se unió a sus gritos, molesto y gesticulando con las manos. —¡¿En serio te metiste al cuarto de una dama sin su consentimiento y le pusiste un ciempiés?!

—¡Ese es literalmente mi único miedo! ¡¿Por qué lo hiciste?!

—¡Relájense!  —Se burló el conejo ante la mirada enojada del dúo. —¡Solo preguntaba cualquier cosa! No lo sabrán hasta que sea tarde.

La puerta se abrió lentamente, dejando al descubierto un cuarto a oscuras con cientos de mensajes caóticos escritos por las paredes. Las palabras “No hay salida” se repetían constantemente en los espacios que no eran ocupados por cuadros depresivos y caóticos relacionados con un payaso.

A pesar de la impresión, eso no fue lo más impactante, sino el ser amorfo color negro y de múltiples ojos que se alzaba desde la mitad del cuarto. Plumbum quedó pasmado, aunque no entendía lo que estaba viendo, sintió que un gran peligro los amenazaba a todos. Instintivamente se posicionó delante de Pomni y Ragatha para protegerlas.

Jax miró atentamente la escena y tomó una bola de boliche que se encontraba en el lugar.

—Buscaba esto, gracias por vigilarlo, Kaufi. Ya me voy ¡Chau!

Dicho eso, desapareció tras una nube de humo que mantuvo su forma por varios segundos.

Ragatha empezó a retroceder.

—Oh… Kaufmo se abstrajo…  Está bien… —Dijo mientras forzaba una sonrisa. Plumbum la miró de reojo. ¿Esa cosa era Kaufmo?

—¿Qué es eso? —Preguntó Pomni.

—Podría ser esa “cosa terrible” de la que estaba hablando antes… —Intentó explicar con nerviosismo, jugando con sus manos. —Cuando llegas a tu límite…

De repente, la masa amorfa se asomó por la puerta, intentando escapar. Plumbum retrocedió rápidamente y las sujetó del hombro.

—Creo que debemos irnos. —Propuso con urgencia, intentando no apartar la mirada del ser abstraído. —Ahora.

—¡Espera! —Gritó Ragatha, turnando su atención entre Pomni, que estaba aterrorizada, y Plumbum. —Tal vez podamos arreglarlo si llamamos a Caine.

—¡¿Tal vez?! —Gritó Plumbum. —¡¿No sabes si funcionará?!

El ser abstraído se acercó a ellos e intentó embestirlos. En medio de gritos, Ragatha saltó a la izquierda mientras Plumbum y Pomni a la derecha. La bufona se apresuró en salir corriendo mientras el soldado de plomo se levantó. Miró con horror cómo Ragatha quedaba a merced de la criatura. ¿Cómo podía ayudarla?

—¡Kaufmo, escucha! —Llamó Ragatha, notando que la criatura cada vez estaba más cerca de ella. —Sé que no siempre nos llevamos bien, como cuando me criticaste por reírme por pena de tus chistes. —El ser ladeó la cabeza. Mientras tanto, Plumbum corrió al inicio del pasillo y agarró uno de los maceteros de la entrada. —¡Juro que realmente pensé que eran graciosos, solo estaba teniendo un mal día!

El soldado de plomo regresó corriendo a donde estaba el resto. La criatura había agarrado a Ragatha y estaba golpeándola contra todas las superficies del lugar. Plumbum pasó al lado de Pomni y lanzó el macetero al ser abstraído.

—¡Oye, recibe eso!

La masa oscura recibió el impacto, soltando un grito y a Ragatha en el proceso. Ella cayó a poca distancia de una atemorizada Pomni. La muñeca hizo todo lo posible por incorporarse, fracasando en el intento.

—Oye, Pomni…

Ragatha se encontraba en mal estado. Sus colores cambiaban constantemente, su diseño se glitcheaba y su voz se escuchaba distorsionada, como si fuera transmitida por una máquina descompuesta. Ni Plumbum ni Pomni supieron cómo reaccionar. Se parecía mucho a cuando un personaje se bugeaba en los videojuegos.

—¿Crees que podrías ayudarme? —Pomni miró al ser abstraído que seguía moviéndose; Plumbum se debatió si ir por otro macetero o no. —Está bien si no quieres.

Con cierta inseguridad, la bufona le extendió la mano a Ragatha, sin embargo, en cuanto entraron en contacto un grito de dolor salió de los labios de Pomni. Se separaron de golpe y la bufona examinó la parte que entró en contacto con la muñeca; su mano estaba en el mismo estado que Ragatha.

Pomni miró su mano, a Ragatha y al ser abstraído antes de empezar a correr.

—¡Lo siento!

—¡Pomni! —Gritó Plumbum.

Antes de que pudiera hacer algo, el ser abstraído saltó sobre Ragatha, casi tocando a Plumbum, y empezó a perseguir a Pomni.

Tanto la muñeca como el soldado de plomo miraron cómo la bufona se había vuelto el blanco del ser. Plumbum entró en conflicto, sin saber si quedarse con Ragatha o ir a intentar ayudar a Pomni. En lo que decidía, escucharon un fuerte impacto. Eso bastó para que el soldado de plomo reaccionara y se acercara a Ragatha, arrodillándose junto a ella.

—¡Ragatha! ¡¿Estás bien?! ¡¿Te duele algo?! —Esperaba que su teoría del dolor fuera cierta y no les afectara ese tipo de situaciones.

—Duele… mucho… —Respondió la muñeca, mientras su cuerpo seguía distorsionándose.

Plumbum hizo ademán de querer tocarla, pero dudó al recordar el estado de Pomni. Entonces sí podemos sentir dolor, pensó él. A lo lejos escucharon la voz de la bufona.

 —¿Hola? ¿Ragatha? Ese era tu nombre, ¿verdad? Y… ¿Plumbum?

El soldado miró atrás, notando el paso dudoso de la mujer. —¡Estamos aquí!

Pomni se acercó rápidamente, jugando con sus manos y mirándolos con arrepentimiento y temor. Aunque Plumbum quería culparla por haberse marchado así, no podía hacerlo. Estaba seguro que él mismo correría si temiera por su integridad física mientras un monstruo de casi tres metros lo perseguía.

—Oye, Ragatha, mira, yo… no quise dejarte así. Solo… ¡Mira mi mano! —Mostró su mano, estaba en mal estado, aunque no tanto como la muñeca de trapo. —¡No sabía qué hacer!

—Está bien. —Aseguró Ragatha con una sonrisa que Plumbum supuso que era forzada. — Lo que tienen que hacer es encontrar a Caine. Él será capaz de arreglarme a mí y a Kaufmo.

Plumbum asintió con la cabeza mientras Pomni vacilaba.

—O-Okey… —aceptó la más baja—. Pero ¿dónde podemos encontrarlo?

—Ah, yo… no tengo idea, solo búsquenlo y griten su nombre.

—Okey, lo buscaremos... —Miró a Plumbum, quien miraba fijamente a Ragatha. —Tú… vienes, ¿verdad?

El soldado de plomo miró a ambas y luego negó con la cabeza. —Iremos los tres.

Se acercó para tomar en brazos a Ragatha, quien lo miró con confusión. Al mismo tiempo, Pomni lo sujetó con su mano no glitcheada.

—¡Es-Espera! ¡Si la tocas tus manos…! —Mostró su propia extremidad glitcheada y abrió los ojos con desesperación. — ¡Duele más de lo que parece!

—Ella tiene razón. —Concordó Ragatha, aún deformándose. —Puedo esperar aquí.

Él frunció ligeramente el ceño y negó con la cabeza. —No te dejaremos sola.

Se arrodilló junto a Ragatha y la tomó con cuidado, pasando uno de sus brazos por debajo de las rodillas de ella y sujetando su espalda con la otra mano. Entrecerró los ojos por un instante, sintiendo el dolor punzante como cortes de dagas invadir cada parte de su cuerpo que entraba en contacto con la muñeca. En cuanto se paró con ella, el pecho de Plumbum también empezó a glitchearse, pero el agarre no vaciló.

—Está bien… esto duele más de lo que creí. —Intentó bromear, sin éxito. —Vamos.

Empezó a caminar tras Pomni, sin embargo, el hacerlo era doloroso y le costaba respirar. Podía seguir adelante, sin embargo, iba más lento de lo que esperaba.

Ragatha lo miró con preocupación. —¿Duele mucho…? Está bien si me dejas aquí.

Él volvió a negar con la cabeza. —Ni hablar, un soldado nunca deja a su pelotón… —Alzó la vista, notando la mirada de preocupación de la bufona. —Pomni, ¿puedes adelantarte? Lo importante es encontrar a Caine, ya te alcanzaremos.

—O-Okey… no hay problema… voy a buscar a Caine entonces.

Antes de que se marchara, Ragatha la llamó. —Lamento que tu primer día haya sido tan terrible.

La más baja la miró con consternación, ¿cómo podía preocuparse por ella en ese estado?

—Ah, sí, bueno… no te preocupes…

Dicho eso, dio media vuelta y se marchó rápidamente.

Plumbum observó cómo la mirada de Ragatha caía, por lo que decidió hablar.

—No ha sido tan malo.

La muñeca lo miró con duda, pese al glitcheo, él podía decir que no esperaba ese comentario. Plumbum se encogió de hombros y le dedicó una sonrisa tranquilizadora.

—No recuerdo la última vez que me pasaron tantas cosas interesantes. Así que seguramente esto será divertido de recordar.

Ragatha sonrió también, sin decir nada.

Ambos recorrieron el circo sin hablar mucho, llamando a Caine en medio de gritos e intentando escapar de Kaufmo abstraído cuando lo veían a la distancia. El dolor persistía, pero ninguno de ellos se quejó.

—¿Por qué…? —Empezó a decir Ragatha en cierto punto, parecía agotada. —¿Decidiste tocarme? Podía quedarme ahí.

Plumbum la miró con genuina confusión. —Porque no podía dejarte sola en ese estado. —Alzó una ceja. —Nadie lo haría.

—Te sorprendería descubrir que sí… —soltó ella, más para sí misma que para él.

Él no respondió ante el comentario. Era la primera vez que la escuchaba hablar sin dulzura fingida, ni de forma complaciente. Ahora que tenían una especie de momento de calma, se daba cuenta que Ragatha había hecho un gran esfuerzo por hacer que él y Pomni se sintieran recibidos y no entraran en pánico por estar encerrados en un mundo digital.

Fue la primera en hablarles, les intentó explicar las cosas, hizo lo posible por no alterarlos y respetó el que no estuvieran abrumados. Si bien, ella misma parecía afectada por estar en el circo digital, era evidente que intentaba que ellos no se sintieran así por la situación.

Habían mencionado que esta sería su nueva vida; nadie había entrado al edificio en más de un año. Si había sido absorbida por la computadora, significaba que había sido antes de que él fuera asignado. Miró con preocupación a Ragatha. Eso explicaba por qué lo contrataron, si había casos de desapariciones asociadas al edificio, la contratación de un guardia de seguridad tenía sentido.

Y si Ragatha y el resto llevaban años ahí, no quería ni pensar en el caos mental que eso les había provocado. Bastaba con ver su reacción y la de Pomni para saber que no cualquiera podría soportar esa realidad.

—Gracias, —soltó de repente, para sorpresa de la muñeca. — Por recibirnos tan bien. Fue muy amable de tu parte.

La expresión de la muñeca siguió siendo de sorpresa por unos instantes hasta que una tímida sonrisa apareció en medio del glitcheo.

—No hay de qué.

La ruidosa voz de Caine hizo eco en el circo —¿Pero qué diablos pasó aquí? ¡Ah, sí! ¡Mis acciones!

Plumbum sujetó con más firmeza a Ragatha y corrió hacia el lugar del que provenía el ruido. Afortunadamente, no era muy lejos. En cuanto llegaron, encontraron a Pomni, Kinger, Jax y Gangle en el lugar.

—¡Caine, Kaufmo pasó por una especie de Kaufmosis y se abstrajo!

—¡¿Kaufmo se abstrajo?! ¡¿Por qué nadie me lo dijo?! —Hizo un sonido extraño y sus ojos se volvieron bizcos a la vez que su lengua se asomó cómicamente.

Pomni miró a Caine con confusión y furia.

Mientras el soldado de plomo y la muñeca se acercaban al grupo, observaron que Caine chasqueó los dedos y la criatura negra de múltiples ojos apareció flotando en el aire. Plumbum no pudo negar que era impresionante la forma en que la IA podía controlar algo tan inmenso y caótico con solo un gesto de la mano.

—¡Y ahora tú te vas al sótano!

Caine hizo un movimiento hacia abajo, donde apareció un agujero. El ser abstraído empezó a descender hasta que el agujero se cerró.

Zooble se acercó a Kinger y tomó su propia cabeza de los brazos de él.

—Wow, no puedo creer que Kaufmo terminara así. —Comentó mientras se colocaba su cabeza. No te ofendas, Kinger, pero siempre pensé que tú serías el próximo.

 

—Gracias. —Contestó la pieza de ajedrez enternecida.

—Supongo que solo demuestra que no puedes confiar en Kinger para nada. —Agregó Jax.

En ese momento, Plumbum y Ragatha terminaron de acercarse. Ambos cuerpos se movían de forma irreal.

—Caine, necesitamos ayuda. —Dijo el primero.

—¡Tengo mucho… dolor! —Agregó la segunda.

Tras un pequeño chasqueo de dedos, Caine regresó a los tres a la normalidad. Con cuidado, Ragatha bajó de los brazos del muñeco de plomo y ambos se acercaron a Pomni. El ambiente se volvió tenso, pese a que había sido producto del pánico, ninguno podía negar que Pomni había abandonado a Ragatha en medio del peligro.

Caine miró nerviosamente a varias direcciones. —Yo… tengo que disculparme por mentir sobre la salida. —El comentario atrajo la atención de todos. —Sabía cuánto deseaban todos ustedes que hubiera una, pero… ¿saben? Estaba teniendo muchos problemas respecto a qué poner del otro lado y nunca, jamás, pude terminarla…

Plumbum, al igual que todos, comprendió a lo que se refería la IA: no existía ninguna salida a ese mundo. Si alguien creyó que había una, solo había sido engañado por una aventura a medio hacer de Caine. El soldado de plomo miró a Pomni, quien estaba en estado de consternación.

Evaluó la reacción del resto: no parecían desanimados, solo resignados. Supuso que ya habían enfrentado esa situación en varias ocasiones y las esperanzas se habían esfumado hace tiempo. Quizás era lo mejor, la misma Ragatha había dicho que uno podía volverse loco si pensaba mucho en el tema y Kaufmo era una prueba de ello.

Caine continuó. —Y ya saben que nunca me gusta dejar que la gente vea mi trabajo sin terminar. Especialmente si eso te lleva al vacío. ¡Aun así, parece que derrotaron a la Reina Gloink! ¡Entonces la aventura terminó! ¡Su recompensa es un delicioso festín digital, cocinado por nuestro Chef Jefe Bubble!

La burbuja apareció detrás de una mesa alargada. —¡Hecha con el amor que legalmente puedo dar!

Jax sonrió ampliamente. —¿Saben qué? ¡Tengo mucha hambre!

—Pero tú no hiciste nada… —Agregó Gangle.

—¿Y qué? Aún puedo tener hambre.

Kinger se unió a la conversación. —Bueno, en realidad no, porque no necesitamos comer, beber o dormir en este mundo digital. Entonces, la comida digital aquí solo emite la sensación virtual de comer, sin ninguno de los beneficios nutricionales.

—Cielos, déjalo. ¿Desde cuándo eres un experto en el mundo digital?

—¿Experto en qué?

La aventura terminó, todos se sentaron en la mesa para comer. Pomni y él estaban al medio de todos. Rodeados de diversas conversaciones a su alrededor.

Plumbum movió su comida con el tenedor y observó a la bufona: parecía estar en estado catatónico. Deseó poder animarla, pero la realización de lo que estaba ocurriendo finalmente llegaba a él. El edificio, la computadora, el circo, la abstracción.

No sabía si podría acostumbrarse a ese lugar, pero suponía que no tenía elección. Por un momento, lamentó no haber dejado un testamento por si algo le pasaba; esperaba que su familia no se preocupara tanto por él y asumieran que decidió empezar desde cero en otra parte.

Probó un bocado de su plato y fue gratamente sorprendido por el sabor. Bueno, al menos la comida sabía bien.