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¿Vas a regresar? | WILEROAD

Summary:

Wiley lleva tres años estudiando en la Universidad Warner y tres años intentando ganarle a Roadnie, el corredor más rápido de toda la facultad. Nunca lo logra. Siempre segundo, siempre con Roadnie unos pasos adelante y siempre volviendo al día siguiente para intentarlo de nuevo. Entre clases, inventos que probablemente no deberían explotar y un amigo que es un boludo ahre, Wiley empieza a darse cuenta de que su rivalidad con Roadnie capaz es un poquito más complicada de lo que pensaba. Y también está esa sonrisa de mierda que Roadnie tiene cada vez que lo ve.

Chapter 1: Prologo

Summary:

no se, aguante el wileroad ahrr

Chapter Text

La Universidad Warner nunca estaba en silencio. A cualquier hora del día había alguien corriendo por los pasillos, gritando desde algún gimnasio, practicando en alguna de las pistas o llegando tarde a una clase. Y, aparentemente, personas que no sabían cuándo parar.

Wiley llevaba tres años estudiando ahí. Tres años viviendo entre clases, entrenamientos, trabajos prácticos y noches demasiado largas. No era exactamente la clase de persona que uno esperaba encontrar en una universidad deportiva. Le gustaba correr, sí, pero también le gustaban los circuitos, la electrónica y construir cosas que probablemente no necesitaba construir. Había pasado más de una noche encerrado en su habitación intentando hacer funcionar algún invento que se le había ocurrido a las tres de la mañana. A veces funcionaban. A veces explotaban. La mayoría de las veces, simplemente dejaban de funcionar después de unos minutos. Pero Wiley siempre volvía a intentarlo. Supongo que esa era una de las pocas cosas que nunca habían cambiado de él.

—¡Willy!

Wiley levantó la mirada. Bugs venía caminando hacia él con el pelo desordenado, una mochila colgada del hombro y la camisa ligeramente torcida. Wiley lo observó durante unos segundos, después levantó las manos y señaló su cuello antes de hacer la seña correspondiente.

"Tenés un chupón."

Bugs se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Wiley señaló su cuello. Bugs se llevó inmediatamente una mano a la zona y abrió los ojos.

—¡¿Se ve?!

Wiley asintió. Bugs se acomodó el cuello de la camisa hasta cubrirse.

—No digas nada.— Wiley sonrió. Bugs lo señaló.—Ni una palabra.

Wiley levantó ambas manos.

"No dije nada."

Bugs suspiró.

—Lucas.

Wiley levantó una ceja. Bugs bajó la voz.

—No preguntes.

Wiley hizo una seña.

"No iba a hacerlo."

—Mentiroso.

Bugs siguió caminando a su lado. Así eran sus días. Clases, entrenamientos, Bugs apareciendo de la nada, trabajos que se acumulaban, algún invento nuevo y, casi siempre, una explosion aveces.

Wiley no sabía exactamente en qué momento correr se había convertido en una parte tan importante de su vida. Quizá había sido antes de llegar a Warner, quizá había sido durante su primer año, o quizá simplemente había encontrado algo que entendía. En la pista no necesitaba explicar nada, no necesitaba hablar, no necesitaba pensar demasiado. Solo correr.

Bugs se despidió antes de llegar al edificio de deportes.

—Nos vemos después, Willy.

Wiley respondió en señas.

"Suerte."

Bugs se alejó riéndose y Wiley continuó caminando. La pista estaba al otro lado del campus. Mientras avanzaba, podía escuchar el ruido de los estudiantes entrenando. Cada vez estaba más cerca y algo dentro de él comenzaba a cambiar. Siempre ocurría. Podía pasar toda la mañana pensando en trabajos, circuitos o cualquier otra cosa, pero cuando llegaba a la pista, todo desaparecía.

Había algo satisfactorio en colocarse las zapatillas, en ajustar los cordones, en sentir el suelo bajo los pies, en mirar la distancia que tenía delante. Wiley se detuvo unos segundos antes de entrar, respiró profundamente y entonces sonrió. Ahí era donde se sentía bien. Ahí sabía exactamente qué hacer. Correr. Competir. Intentar mejorar. Intentar ganar.

Aunque había un pequeño problema. Roadnie.

Wiley lo vio al otro lado de la pista. Como siempre, estaba rodeado de gente. Como siempre, parecía estar completamente cómodo. Como siempre, sonreía. Wiley apartó la mirada. No necesitaba hablar con él, no necesitaba pensar en él. Solo necesitaba correr.

Se colocaron en la línea de salida. Wiley estiró los brazos. Roadnie lo miró y sonrió. Wiley entrecerró los ojos. El entrenador Sam levantó el cronómetro.

—Preparados.

Wiley bajó el cuerpo y respiró.

—¡Ya! —dijo apretando el gatillo, aunque no era un arma real, ya no podía usar uno.

Salieron. Durante unos segundos, todo fue perfecto. El viento, el sonido de sus pasos, el movimiento de sus piernas, la sensación de avanzar. Wiley corrió todo lo rápido que pudo. Pero entonces Roadnie volvió a alejarse. Un poco, después un poco más, y finalmente cruzó la línea. Primero. Wiley llegó detrás. Segundo. Otra vez.

Wiley frenó, respiró con dificultad y miró el cronómetro. El mismo resultado. Otra vez. Roadnie se giró hacia él. Sonreía. Wiley lo miró. No estaba enojado. Bueno, no exactamente. Había frustración, había cansancio, había algo dentro de él que quería golpear el cronómetro contra el suelo y preguntarle por qué demonios seguía ocurriendo lo mismo. Pero también había algo más. Algo que siempre había estado ahí. Las ganas de volver mañana.

Porque ese era el problema con perder. Que dolía, pero no lo suficiente como para hacerlo parar. Roadnie seguía siendo más rápido. El ganador se llevaba la victoria. Wiley se quedaba con el segundo lugar. Y por un momento, mientras miraba la pista frente a él, pensó que quizá ese era el precio de intentar alcanzar a alguien que siempre estaba un poco más adelante. Pero Wiley nunca había sabido rendirse. Podía perder una vez, podía perder diez, podía perder cien. No importaba. Al día siguiente volvería a ponerse las zapatillas, volvería a la línea de salida, volvería a mirar a Roadnie y volvería a intentarlo.

Porque quizá no siempre ganaba. Quizá casi nunca lo hacía. Pero todavía podía correr. Y mientras pudiera correr, todavía no había terminado.

Wiley tomó su botella de agua y miró una última vez hacia la pista. Roadnie ya estaba hablando con alguien. Wiley ajustó los cordones de sus zapatillas. Mañana sería otro día. Y volvería a intentarlo. Como siempre.