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Lazos

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Leia lleva tres días sin dormir cuando Luke logra llegar a ella. Su vínculo lo ha arrastrado desde el otro extremo de la galaxia en el que pensaba pasar al menos los siguientes dos ciclos solares estándar, entrenando y buscando algunas ruinas. Cuando llamó a Han, este se rascó la cabeza e intentó fingir que no actuaba obligado por su esposa a no revelar detalles. Pero Luke lo sabe, porque se levanta molesto, tiene sueños inquietos en que una mujer joven ―muy parecida a su hermana―, llama al nombre de su padre entre agónicos ruegos, su piel está llena de sudor y su cabello largo se derrama a su alrededor junto con las lágrimas. Podría ser su madre, ¿es ese el recuerdo que la fuerza ha dejado de ella en el inconsciente de su hermana?

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Leia lleva tres días sin dormir cuando Luke logra llegar a ella. Su vínculo lo ha arrastrado desde el otro extremo de la galaxia en el que pensaba pasar al menos los siguientes dos ciclos solares estándar, entrenando y buscando algunas ruinas. Cuando llamó a Han, este se rascó la cabeza e intentó fingir que no actuaba obligado por su esposa a no revelar detalles. Pero Luke lo sabe, porque se levanta molesto, tiene sueños inquietos en que una mujer joven ―muy parecida a su hermana―, llama al nombre de su padre entre agónicos ruegos, su piel está llena de sudor y su cabello largo se derrama a su alrededor junto con las lágrimas. Podría ser su madre, ¿es ese el recuerdo que la fuerza ha dejado de ella en el inconsciente de su hermana?

Es verdad que es una mujer bella, pero también una mujer que sufre. 

Cuando llega al hangar del viejo templo en Coruscant, viene a recibirlo una delegación de políticos, amigos jóvenes de Leia que, como ella, han visto desaparecer completa o parcialmente a sus planetas y sus gentes.  Luke ha querido regresar a Tatooine, lo detiene el miedo asombroso a no reconocerse allí como lo hizo durante toda su vida. Piensa ahora en su padre, en un niño esclavo en ese arenoso planeta, mirando hacia las estrellas como él mismo lo había hecho. ¿Qué llevó a su padre hasta el lado oscuro? Aunque intenta ser cortés, sigue siendo un granjero, y resulta un poco más que incómodo entre todas esas personas que negocian los intereses colectivos por los personales. Tal vez es demasiado idealista, quizá su padre cayó por lo mismo. 

Solo después de evadirlos, subir a uno de los edificios del centro y negociar con C-3PO su derecho de ver a su propia hermana, logra entrar en la habitación donde ella descansa. Y ocurren mil cosas al mismo tiempo: Alegría, verla siempre lo hace saltar en sus pies, como un niño pequeño; sorpresa y desaire, pues Leia goza de una prominente barriga producto del embarazo, noticia que no se le había notificado; miedo, se ve igual que aquella mujer del sueño, con el cabello suelto y las sábanas empapadas de sudor. 

―¡Luke! ―aunque no se puede levantar, lo busca con la mirada, pidiendo perdón―. ¿Qué haces aquí? ¿Creí que estarías en el borde al menos hasta el próximo año? 

Ya no es una general de batalla. Es solo una mujer en el lecho de su parto. 

―¿Y entonces solo llegaría y me presentarías un sobrino o sobrina que ya sabría hablar? ―reclama, no entiende porqué se siente enojado. No es solo que ella no quiera compartir algo tan importante cuando son, literalmente, la única familia que tienen el universo; es también una cosa pegajosa y molesta al fondo de su mente y corazón. 

Ella lo mira con ternura, una que los rasgos maternales solo acentúan, pone una mano sobre su vientre prominente. Quiere tanto ir a su lado, abrazarla, saber si su piel sigue siendo tersa, si conserva ese hálito de selva en el cabello o ha cambiado. 

―Es un niño ―dice, sin más―. Es un niño y es fuerte en la fuerza. Me llama desde dentro, Luke. Me repite cosas, me muestra el pasado ―sus ojos se encharcan―. No te conté porque sabría que volverías, y no podía Luke… yo… 

Cuando se convierte en una princesa llorosa en su lecho, Luke no puede continuar con su intento de enfado. Camina hacia ella, se sienta con cuidado en el borde de la cama y la acuna de la manera en que piensa debieron acunarse de pequeños de haber crecido juntos. La ama tanto. Claro que iría desde cualquier lugar del universo a buscarla, claro que intentaría solucionar cualquier problema que se le presentase por muy torpe que pareciera en primer lugar. 

Y esa presencia desde el más allá, de la Fuerza, no le da ninguna seguridad, es tan angustiosa. Canta una vieja canción de cuna de Tatooine, una que pensó haber olvidado hace mucho e impregna a su hermana con el mullido calor de la fuerza, intentando que duerma, puede sentir su cuerpo exhausto pidiendo un descanso, así como al niño en vientre. Es un chico, como ella ha dicho, y se mueve inquieto en unas ensoñaciones sin sueño que a Luke le parecen divertidas; está tan dispuesto a vivir como Leia a amarlo y eso le retuerce el corazón de alguna manera. 

Es R2-D2 quien lo despierta más tarde. Yace metido dentro de la misma cama que Leia, con sus botas enroscadas en los pies sin calzado de ella, abrazados tan fuerte como es posible estarlo. No ha soñado nada, o al menos no lo recuerda. Su robot le pide que se levante, pues Han intentó despertarlos hace rato, para hacer que Leia coma, pero no lo consiguió. 

Hace caso, mueve ligeramente a su hermana y esta se levanta. Su tez se ve menos consternada, pero se aleja de él en cuanto es consciente de lo mucho muy cerca que están y de lo inapropiado que parece justo cuando él ha regresado de un viaje. No se lo dice, pero sabe que ella también piensa en ese breve momento en el tiempo en el que ambos se desearon con verdadero fervor y no llegó a ser; ¿sería diferente ahora si hubieran cruzado esa línea? ¿podría llamarla hermana con tanta familiaridad? 

―Lo siento, no debí preocuparte ―dice, escondiendo sus manos en el tejido suave de su colcha―. Nunca me dijeron que el embarazo sería tan difícil, no pensé que un hijo mío pudiera ser así de fuerte. 

Luke la encuentra tan encantadora. Sus ojos parecen más enamorados que nunca cuando habla de ese hijo que aún no nace; ya lo ama más que al resto de ellos, más que a él y eso le provoca ternura y enfado al mismo tiempo. Nunca le ha preocupado que ella ame a Han, porque sabe que no le ama de esa misma manera, con esa ternura, esa suavidad, esa dulce complicidad. Pero un hijo, un hijo es una parte de ella, así como una vez Luke también lo fue. 

―No te preocupes, ¿qué clase de hermano y maestro Jedi sería si no te auxiliara cuando me necesitas, princesa? ―se burla. 

―Deja eso, soy la General Organa y próxima senadora de los planetas exiliados y destruidos.

Se ve feliz, al menos. 

―Me parece genial que tu carrera política crezca, pero por ahora, deberíamos ir a comer. Han está preocupado. 

No ha hablado con él y, aunque no cree que a él realmente le preocupe que estén juntos, sigue sintiendo que tiene preguntas a las que ambos le han rehuido durante mucho tiempo. ¿Se enojó cuando lo encontró abrazado a Leia? ¿Cree que tienen alguna clase de relación incestuosa y rara? En realidad es así, no han hablado de ello, ni siquiera han mencionado las cosas implícitas por las que decidieron alejarse, pero… ¿qué se supone que iban a hacer con las circunstancias que les pasaron? 

Ayuda a Leia a salir de la cama, le ayuda a sujetarse el cabello en una trenza y luego a ponerse los zapatos. Sus pies están hinchados y ya no puede agacharse por el tamaño de su vientre. Se siente bien servirla, es una princesa después de todo. 

C3PO los espera afuera.

―Amo Luke ―su tono no es el más amigable―. Le recuerdo que el estado de la ama Leia es delicado, le recomendaría que la próxima vez no aparezca de manera tan inesperada.

―No te preocupes, C3PO ―dice ella, con una sonrisa―. Luke me ayudó a dormir. 

El androide no parece feliz con esa respuesta. R2 también dice algo en binario, sobre cómo no deberían contradecir a una mujer embarazada. 

―¿Y tú qué sabes sobre los embarazos de los humanos? Eres un robot de batalla. Yo en cambio, he visto muchos embarazos. 

A C3PO con sus protocolos de servicio, también se le instalaron preferencias por los modos de vida de las criaturas, así que se siente obligado a cuidar de los demás. Luke sabe que lo construyó su padre, nunca cuestionó su peculiar manera de operar hasta ahora, ¿ese Anakin pensaba tan bien de los demás? ¿cómo se corrompió tanto? Un pequeño niño esclavo construyendo un robot dedicado al servicio, amable, cuidadoso, que siempre está preocupado, casi como una madre. 

El comedor no está lejos, Han los espera con una cena abundante y un rostro atravesado por el cansancio. Seguramente se estaba encargando de más deberes de los que tiene conocimiento para permitir el descanso de Leia; Luke ha sido egoísta yéndose lejos. 

―Oh, Leia ―se acerca y la toma de las manos con cuidado, guiándola hacia una silla elevada. Besa su mejilla con amor después de dejar que se siente―. Envíe a R2 porque hace media hora intenté despertarlos y solo conseguí que un jarrón me fuera arrojado a la cara. 

Luke no pudo evitar reírse. Seguramente uno de los dos utilizó la fuerza de forma inconsciente. 

―Eso es nuevo ―dice, mirando hacia su amigo―. Tendré cuidado de no volver a hacerlo. 

Comen en una amigable charla sobre el próximo paso de Han en la organización de las cargas de transporte de la nueva república. Al parecer, ser un contrabandista le da todas las habilidades necesarias para sortearlos y hacer más seguro el intercambio de recursos, en verdad no se ve muy entusiasmado por enfrentar a su antiguo gremio, pero quiere estar cerca de Leia y ver a su hijo, así que es a lo máximo que puede aspirar. Luke se siente un poco mal por él, hasta que recuerda que no ha elegido su vida más que cuando pensó en salvar a Leia, todo lo demás ha sido el destino esculpiendo todo, poniendo sus propias piezas. 

Leia vuelve al cuarto, uno de los robots enfermeros dice que, aunque sus niveles de estrés se han reducido, lo mejor es mantener un tratamiento continuo. Es entonces que Han se deshace de la máscara de entendimiento, se gira hacia Luke con el ceño fruncido y la decepción en el rostro.

―De verdad creí que si estabas lejos ella no iba a preocuparse y solo seríamos los dos ―más que rabia, parece cansado.

―¿De qué hablas? ―Luke ha intentado interferir en su matrimonio lo menos posible, siendo solo un cuñado agradable al cual acudir―. Hice lo que prometí, no he estado aquí ni he molestado más de lo debido. 

Es más, ha intentado no apoyar las causas más elaboradas e idealistas de Leia, pensando en que es mejor reconstruir lo cercano, lo que ya está dispuesto y no continuar en una guerra perpetua que los llevé a todos a conocer lo peor de sí mismos. 

Han parece conmovido.

―Te ama, niño. Y parece ser que mi amor por ella no es suficiente para compensar el que no estés ―lo dice con calma―. Nunca he entendido su extraña cercanía, ni soy quién para juzgarla, la guerra hace de las personas cosas extrañas… solo, no te vuelvas a ir, realmente no sabía qué hacer, ni tengo idea ahora, pero se ve que ha dormido. 

―Han.. yo… ―¿qué le puede decir? ¿qué le puede prometer? 

―No me voy a enojar, Luke. Ambos son tan leales y nobles que seguramente me enteraría si ella me engañará contigo. 

Sin poder evitarlo, Luke siente como su cara se convierte en una masa caliente, lo siente hasta en el nacimiento de su cabello. Han se ríe, le palmea la espalda y lo invita a tomar algo, necesita hablar con quien sea que no pertenezca a la política o al gremio de los transportadores. Más tarde se dará cuenta que sus pertenencias han sido puestas en una habitación cercana a la de Leia y Han, que le han conseguido túnicas de colores claros y que C3PO está menos enojado.

―No me puedo enojar contigo, amo Luke ―dice el robot―. No solo porque mi programación me lo impida, sino porque hay algo que no recuerdo, pero sé que nunca haría daño a la ama Leia.   

―Está bien, C3PO ―aunque muchos digan que los robot no tienen espíritu, seguramente lo hacen porque no han convivido con ellos tanto como Luke―. Sé que quieres lo mejor para todos, tu y R2 siempre nos cuidan. 

El droide de batalla asiente de forma solemne en binario. 

―Claro que sí, hemos sido hechos para ello. 

Pasa el siguiente mes meditando, entrenando en un simulador y cuidado de su hermana, con su prominente vientre cada vez más redondo y sus piernas hinchadas. La ayuda a levantarse, a peinarse, a vestirse e incluso un par de veces a llegar al baño a tiempo. Se ríe de ella la mitad del tiempo, de lo complicado que es todo eso, de que debería decirle a Han que no habrán más niños, que deberían agradecer que es solo uno y no dos. 

―¿Cómo lo habrá hecho ella? ―pregunta Leia.

―Seguramente estaba asustada ―su madre, teniendo que llevar a la vida a dos criaturas, hijos de un Lord Sith. Están sentados en una de las terrazas altas, desde las que se puede ver toda la ciudad, compartiendo un refrigerio que solo Leia toca―. Pero debería verse igual de guapa que tú. 

La maternidad le ha dado cierto aire de cuidado y amabilidad que antes parecía escapar cuando hablaba de la guerra. 

―Luke, soy horrible, peso casi diez kilos más ―se queja, tendida de lado―. No puedo ni empuñar un blaster.

―No, eres guapa, eres la mujer más guapa del universo ―lo dice en serio, mirando hacia ella―. Si alguien te dice lo contrario, vas y le pegas un puñetazo.

Ella se ríe, masticando una galleta dulce.

―Han no ha querido volver a tocarme desde que entré en el último trimestre ―confiesa―. ¿Crees que no me volverá a desear después de esto?

No debería ser él a quien se le pregunte eso, Han es su amigo y Leia su hermana. Además, él no podría rechazar a Leia bajo ningún contexto, sabe que haría lo que ella le ordene… 

―¿Por qué estás sonrojado?

―Me estás obligando a pensar en tí teniendo sexo con tu marido ―discute―. ¿Cómo quieres que me comporte?

Leia vuelve a reír. Espanta a algunos pájaros que anidan allí arriba, entre el metal y las naves. Sus ojos lo buscan.

―Luke… sé que no debería, pero… ―su boca se convierte en una línea recta, su gesto es tierno y culpable―. De verdad que te amo, como a un hermano. Solo que yo…

―Leia no… ―No con ella, no es la discusión que deberían tener, no después de tanto―. Eres mi hermana, te voy a querer como tal, siempre. Lo que sea, lo que pidas, puedo hacerlo, pero… 

Se miran un largo momento, siente el llamado desde la mente de ella, una disculpa, un intento de abrazo, una cosa cálida y amable que lo hace sentir en casa. Aun así, ella no se calla.

―Si hubiera pensado que sobrevivirías y que podríamos tener otra oportunidad, no le hubiera dicho a Han que éramos hermanos ―suspira―. Más allá de lo que haríamos o no haríamos con eso, creo que es algo que nos pertenece solo a nosotros, no al resto de la galaxia. Soy tuya de maneras en las que ningún hombre podría tenerme, ni siquiera bajo tortura. Amo a Han, pero no puedo tenerlo tan cerca al corazón como contigo. 

Años antes, esa habría sido la revelación que volcará su corazón de manera irremediable. Ahora solo le preocupa. Una cosa es ser una general rebelde que va en contra de todo el sistema, otra es ser la senadora y representante de una nueva república, un intento de orden y paz que las generaciones más jóvenes desconocen. 

―Es lo mismo para mí, pero no es algo sobre lo que deberíamos actuar. Hay un mundo nuevo que construir. 

―No te pediría nunca que hicieras algo al respecto ―se levanta un poco, lo suficiente para poder ponerse más cerca de forma amistosa―. Nunca te pediría rendir tus principios por mí. 

Cuando ella lo abraza, una tristeza que desconoce lo envuelve. Llora sobre su hombro con todo el dolor de la pérdida que ha cargado durante una vida, llora por ella, por él, por la realidad que su padre destruyó con vehemencia. Llora porque realmente no conoce otra manera de exteriorizar su rabia, su pena y su angustia por el futuro. Ella se mantiene firme, fuerte, por ambos, él y el bebé que también se mueve en su vientre con preocupación. 

―Profundos son los sentimientos que por tu hermana albergas ―como fantasma de la fuerza, Yoda no se diferencia en nada de sí mismo, no se ve más solemne, sólo más fugaz―. Importarte no debería su condición. 

―Lo sé, maestro. Estoy tratando de dirigirlos a un lugar donde no me perjudique ni a ella ni a mí ―confiesa, en su meditación de la mañana, en una de las amplias habitaciones del viejo templo―. Tal vez esconderlos lo suficiente. 

―Mal a tu padre eso hizo.

―¿Entonces?

―Condena amar no puede ser. Condena tu mismo poner. 

Tan críptico como otra veces, desaparece. Quizá ni su padre, ni Ben Kenobi lo han notado, quizá ser un fantasma pone barreras a algunas ideas o las barreras las ha puesto él. No lo sabe, no quiere sentirse más culpable. Despeja su mente todo lo que puede, lee algunos viejos holocrones en los que encuentra pasajes de guerras lejanas y consejos caídos en el olvido hace más tiempo del que tiene memoria la república o cualquier otra organización humana. Se distrae, evitando la profundización de aquellas ideas que solo lo llevan a pensar en Leia y en el enorme peso que tiene el estar cerca de ella. 

Días después, la encuentra caminando por su apartamento. C3PO la sigue, así como una de las doctoras de Polis Massa que accedieron a cuidar de ella cuando se les convocó. Enojados como estaban por la interrupción de Darth Vader en el destino de sus planetoides, dieron su consentimiento para que un par de sus más preparados médicos visitarán a una de las heroínas de la resistencia. Han y Luke cargaron una nave con provisiones de distintos tipos que enviaron como agradecimiento a los Kallidahin, asegurando que cualquier tipo de mejora tecnológica a la que pudiesen acceder la encontrarán. 

Se detienen en cuanto le ven llegar, la pequeña doctora hace una reverencia y se desplaza con suavidad hacia el cuarto que han convertido en enfermería, cada día más seguros de que el momento del parto se acerca. 

―Creo que me odia ―murmuró Luke, acercándose para poner una mano en la barriga prominente, el niño en el interior salta―. Aunque este pequeño Jedi parece quererme más.

―Sí que lo hace, pero eso duele ―se queja Leia, sonriendo―. La gente de Polis Massa solo cree que como es culpa de un ex Jedi su señalamiento, hay que mantenerse al margen de ellos.

―No entiendo como unos seres tan sensibles a la fuerza y que pueden comunicarse con telepatía pueden ser tan cerrados al trato. 

―Tú también lo serías si hubieran masacrado a tu especie. 

Piensa en Alderaan, en la pérdida de un planeta y sus múltiples especies, sensibles o no, en descubrimientos, historia, cultura y sueños reducidos a un puñado de seres que en ese momento se encuentran dispersos por la galaxia, entre ellos su hermana. 

―Supongo entonces que me portaré bien para que logren perdonarme por lo que hicieron otros. 

Por lo que hizo su padre, por lo que sea que sufrió su madre.

―He vuelto a soñar con ella ―Leia parece leer sus pensamientos con facilidad―. Sé que nos dio nuestros nombres y nos puso al resguardo de alguien.

―Soñé con ella cuando venía hacia tí, sufría en su lecho de parto ―confiesa, mientras guía a hermana hacia una silla―. Creí que era una señal… creo que de alguna manera estamos ahora más cerca de ella de lo que creemos. 

―¿Con quién crees que pudo haberse enredado un maestro jedi? ―pregunta Leia, mirando hacia la ventana, donde un atardecer púrpura comienza a pintarse. 

Luke conoce la respuesta desde hace años: ―Con una princesa. 

Leia intenta patearlo, riendo. Promete que una vez se sienta mejor le hará pagar por sus chistes, aunque ambos saben que no es un chiste. 

―Lo llamaré Ben.

―Pobre niño.

―Los nombres deben significar algo, Luke. Quiero que heredé cosas buenas. Y Ben nos estuvo cuidando durante toda nuestra vida aunque no lo supiéramos. 

―Esa es una carga demasiado grande para un niño. 

―Va a ser un príncipe.

―Y un Jedi. 

―Pensaré en otra cosa, una segunda opción. Tal vez Jacen… aunque me gustaría más una niña para llamarla Jaina. 

Luke no comenta nada sobre ello, sobre cómo podría tener también gemelos y podrían vivir una vida mucho más amena que la suya, donde no dudarán de quién son ni lo que quieren. 

Han se despide de ellos al día siguiente, debe cumplir con los tratados comerciales que Leia ha impulsado y no puede enviar a Luke porque sería estafado. Los esposos se ríen de él lo suficiente como para que les diga que tienen razón. Han besa a Leia con cariño antes de irse, prometiendo tomar la primera nave de exploración que encuentre a penas le comuniquen que ella ha entrado en labor de parto. También la besa en el vientre: ―Portate bien y cuida de tu madre, no la patees demasiado. Tiene esa sonrisa socarrona todo el tiempo, Luke sabe que se está muriendo de miedo, que no puede imaginarse el no estar para Leia cuando lo necesite. 

Entra en labor de parto solo ocho horas después. A media noche. Luke es sacado de su cama por un alterado R2D2 que da vueltas por la habitación pitando desesperado, Leia está gritando y los droides no saben qué hacer, al menos no el suyo y no C3PO. El droide médico y la Kallidahin sí que lo saben, comienzan administrándole algunos medicamentos y poniéndola en una silla especial. 

Luke envía un mensaje desesperado para Han, solo tres palabras: El niño viene. 

Leia puja, se queja y gime con dolor, toma la mano de Luke y gruñe. Su frente se llena de sudor, así como sus piernas de sangre. Luke pregunta varias veces si es normal todo ello, tanto el droide como la enfermera lo envían a callar. Cuida de la temperatura y la estabilidad de Leia, maniobra su conexión para poder tranquilizarla, aunque él está igual de asustado. Lo que ve no va a ser algo que olvide con facilidad, ni que deje de fascinarle. Un parto es un proceso biológico en el que un ser entra en el universo con la destrucción momentánea del cuerpo de su madre, donde hay alguien tan dispuesto al amor que se sacrifica por otro. 

Abraza a Leia, empapada en sudor, llorando y riendo al mismo tiempo. El niño llora, ella lo toma en brazos, con una delicadeza que nunca le ha conocido, con un amor que se escapa a sus referencias. Ella mira sus manos, sus pies, su pequeña barriguita y Luke no puede dejar de mirarla a ella. 

―Hola, Ben ―dice, en una voz cansada por el esfuerzo―. Has sido un niño complicado, pero ya estás aquí, estás a salvo. 

Él bosteza, su pequeña boca sin dientes.

La médica Kallidahin les comunica por sus ondas cerebrales que el niño debe ser limpiado y revisado, así que Leia lo deja en las pequeñas y delicadas manos del otro ser. 

“Hace años, también atendí un parto donde los niños eran así de sensibles” dice la Kallidahin, a la que ahora Luke lamenta no conocer por su nombre “Creo que la madre murió, pero eran niños tan calmados. Durmieron todo el tiempo”. 

―Tal vez nuestra madre pasó por algo igual ―dice Leia, viendo como se llevan al niño, sus ojos casi cerrándose―. Tal vez fuimos unos horribles bebés en su vientre que la drenaron hasta el final. 

Tal vez fue padre, piensa Luke, que la obligó a llevarnos hasta el final, que utilizó su fuerza para hacerse fuerte él, que tal vez la engañó o le hizo creer que era alguien diferente. La idea es horrorosa a la par que probable, sabiendo cómo terminó todo. Se consuela en ayudar con lo que puede mientras deja que su hermana descansar, aunque lo sacan de allí un poco después. Pasa el resto de la mañana esperando, jugando con un simulador y respondiendo a las preguntas de Han, que intenta volver lo más rápido que puede, aunque las negociaciones sean complicadas. 

Solo hasta la tarde le permiten regresar. Leia tiene al niño entre los brazos, lo acaba de alimentar y este ha vuelto a dormir. Es pequeño, más pequeño de lo que Luke imaginó. Nunca ha estado junto a un recién nacido. 

―Este es el tío Luke ―la voz de su hermana es serena, llena de cariño―. El tío Luke te va a proteger. 

―Cuenta con eso―responde, al sentarse a su lado en la cama.―. Serás mi próximo padawan, entrenaré ese gran poder que tienes. 

El niño parece entender eso, pues bosteza un poco, abre los ojos un momento para mirarlo y extiende las manos. Leia toma eso como una orden y Luke se ve forzado a tomar al niño en brazos, aunque siente que es la persona menos indicada para ello. Ben no llora, solo lo mira con esos enormes ojos grises de recién nacido, silencioso y sorprendido. Se deja sostener sin molestarse, como si supiera que Luke es un inexperto que tiene más miedo que él.

Por un rato solo puede mirar esa pequeña cosa, sorprendido de cómo su hermana ha podido traerlo al mundo. 

―Luke ―ella llama, mirándole con ternura―. Sé que no es mi lugar, pero… gracias por estar aquí, no me hubiese sentido segura si no estabas aquí.

―Leia, te lo dije, lo que sea yo…

―Lo sé…

El silencio que le sigue es el silencio de todas las cosas que no se dicen, ni necesitan ser dichas, es el silencio de un secreto entre ambos que repta por sus conciencias. Se pregunta qué tanto Han sabe de ello o está consciente de lo que implica. Quiere tanto estrecharla entre sus brazos. Ella parece pensar lo mismo, lo mira con un anhelo plácido y torturador, cuando ve que él no se ha movido, es quien se inclina hacia adelante, lo suficiente para que sus labios se toquen, más un suspiro que un beso. 

Siente ganas de llorar, porque entiende que ese es el lugar de otro hombre, del padre de Ben y no de él. De ninguna manera odia a Han, ni lo quisiera lejos de Leia, pero es tan… frustrante. 

―Leia.

―Luke.

Un mundo entero entre sus maneras de afrontar todo esto. 

―Voy a querer a Ben como si fuese mío ―declara―. Lo cuidaré todo lo que pueda. No tienes que preocuparte. 

―Eres demasiado bueno para este mundo, Luke. 

Han aparece horas después, abandonando las negociaciones por puro capricho, empecinado en ver a su hijo. Luke intenta parecer tranquilo, se comunica con los demás para dar excusas, argumentando lo mal que lo ha pasado su hermana con el embarazo y lo riesgoso que era el parto. Algunos lo encuentran tierno, otros un poco incomodo, pero la mayoría logra entender que el nacimiento de un primer hijo es una situación importante, que nadie se perdería a propósito. 

―¿Vas a quedarte mucho tiempo? ―pregunta Han esa noche, mientras cenan solos.

―No, tengo que irme pronto, aunque a Leia no le guste ―decide ser sincero, le debe al menos esto a este hombre. 

―Sabes que no me importaría… ―lo deja en el aire, como algo que Luke nunca se ha planteado―. Eres su hermano, pero… seguro que no es el tipo de mujer fácil de impresionar, yo sé que la amas y no podría estar tranquilo si sé que es mi culpa que se peleen. He vivido lo suficiente para saber que no todas las relaciones son solo…

―Han… ―lo detiene, antes de que diga algo que los avergüence a ambos―. No es eso. Jamás te haría algo como eso. Leia y yo estamos bien, conocemos nuestras responsabilidades. 

El antiguo contrabandista lo mira un momento, un largo momento, lejos de ver celos o rabia, transpira una serenidad amplificada con la pena, como si padeciera la distancia de Luke y Leia. 

―No entiendo porque ambos insisten en ponerse justo donde todo el mundo los puede pisotear. 

―Creemos en la gente y en la solidaridad ―responde.

Han resopla: ―Seguro eso no es algo que heredaron del idiota con casco. 

Después de eso se ríen un poco, Han le cuenta los planes que tiene para enseñar a Ben a navegar y utilizar un blaster. Se ríen, porque solo lleva unas horas de nacido y el pobre niño ya tiene responsabilidades encima. 

Luke se va a la cama lleno de calidez e incertidumbre.

Sueña con su madre, con Leia, con la superposición de sus angustias y el miedo. Leia gritando, llorando, rogando que no se vaya, que no lo deje. Luke no lo haría, jamás. En medio de sus pesadillas, comprende que la mujer que llora y sufre no lo llama a él, ni es Leia; esa es su madre y a quien llama es a su padre, que la ha abandonado. Piensa en ella, llora por ella. Quizá tomó las mismas decisiones difíciles que él tiene que tomar ahora.