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Otoño (la estación más fría sin ti)

Summary:

Ya es otoño. Bueno, sigue siendo otoño.

Otoño cómo aquel día, dónde perdieron todo y a todos. Se siente cómo un frío invierno y mientras las hojas caen, se ven reflejados en ellas.

Secas e inútiles.

Notes:

--> Estaciones

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

"Noviembre sin ti"

Reik-

 

"¿Será esto un castigo divino?"

Se preguntaba Roier mientras caminaba por el bosque alrededor del castillo. El silencio sólo se rompía por sus botas pesadas pisando las hojas caídas. Ingnoraba por completo los rápidos pasitos que seguían los suyos.

"Si no lo veo, no existe"

Hacía calor pero no tenía ganas de quitarse ninguna capa de su ropa obscura. Moría de frío por dentro.

Un golpe seco se escuchó seguido de un quejido bajo. No necesito voltear para saber que su... hijo (o el reemplazo vacío dado por la Federación para evitar que matara a todos en esa isla, según Roier) se había caído. Era común, por alguna razón el niño se tropezaba muy a menudo. El castaño mayor eligió ignorar esa punzada de preocupación que le pedía ver si estaba bien.

Aún así no pudo evitar deternerse hasta escuchar al chiquillo sacudirse y avanzar de nuevo.

-Apá, ¿a dónde vamos?

Preguntó Pepito. Porque ese era su nombre, aunque Roier intentara olvidarlo cada vez que lo escuchaba. No era Bobby, ni Richarlyson ni Leonarda: Pepito.

-Yo voy a terminar unas cosas, no sé tú que pienses hacer- Respondió tajante la duda del niño.

¿No podía tener dos minutos de paz? Todo el tiempo Pepito estaba detrás suyo, no era culpa del dragón, todos sus otros parientes no daban señales de vida. Pero Roier no tenía tiempo (ni salud) para cuidar otro chamaco, ¿la Federación no podía entenderlo? ¿Acaso era mucho pedir un día para procesar todo? Si Cellbit estuviera aquí podría cuidar del niño-

"Pero no lo está" sus pensamientos lo interrumpieron abruptamente. 

Cierto.

No está. Su marido (o ex-marido si consideras que está muerto-), su querido Cellbit no estaba aquí para decirle que todo estaría bien. 

Se sentía de una forma que jamás había experimentado. Rabia, impotencia, frustación, culpa y muy en el fondo, miedo. No tenía cómo liberar sus sentimientos. No tenía a nadie.

Por eso detestaba a Pepito. Tan sediento de afecto, tan necesitado de alguién, tan parecido a sí mismo. Lo odiaba. 

Se odiaba.

Sólo quería un momento a solas, ¿por qué Pepito no se rendía con él? Muchas personas más amorosas -y estables- en la isla estarían encantados de cuidarlo. Pepito pudo haberse ido hace mucho tiempo con alguien que le diera el amor que tanto anhela. Pero no lo hizo. Ignorando ese último pensamiento, continuaron su recorrido.

Cuando llegó a su destino: su castillo propio con la estatua de su difunto hijo; Roier sólo pudo observar en silencio las hojas azules secas caer, la garrapata que, sorprendentemente le había seguido el ritmo, jugaba entre ellas sin apuro alguno, cómo si confiara en que su padre lo protegería de cualquier peligro.

Pero Roier no puede proteger nada. Ni a Bobby, ni a Jaiden, ni a Cellbit, ni a Richarlyson, ni a su hermana. A nadie.

Pasaron bastantes horas en silencio. Era cómo si el pequeño dragón estuviera satisfecho con la mínima atención que el castaño le daba. Sin hacer caso a sus invitaciones para jugar, sólo observándolo.

Cuándo Pepito se cansó quedó dormido entre una pila de hojas, Roier pensó en dejarlo ahí e irse pero terminó téntandose un poco el corazón y lo cargó hasta la antigua cama de su chamaco. Dormía tan profundamente, cómo si nada estuviera mal. Lo odiaba, lo detestaba con todas sus fuerzas.

Seguro él no pensaba cada segundo en el fracaso que era. Seguro él no lloraba todas las noches rogándole a una entidad inexistente que le devolviera a su familia. Seguro él no sufría ataques de ira y terminaba lastimando a las pocas personas a su alrededor. 

Seguro él aún tenía esperanza de formar una familia.

Roier suspiró y fue al balcón. Se recargó en el barandal  mientras veía las estrellas. Pensó en fumar un poco pero no quería manchar la pequeña casa que fue su hogar con el olor.

-¿Será que todos ustedes están ahí?- preguntó en un susurro hacía la nada. El suave sonido de grillos fue su respuesta. Ya estaba acostumbrado al silencio total.

-Cellbit...¿será que tú estás ahí?- La primer lágrima cayó, seguida de muchas más. -Te extraño, gatinho.

Hablaba solo entre sollozos. Culpándose por no ser suficiente, por ser débil.

-Te necesito, te necesito tanto, estúpido - sostuvo su cabeza entre sus brazos. -Te lo ruego, vuelve por favor. No puedo sin ti, ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué te quedaste?

"¿Por qué me abandonaste?"

"¿No éramos tú y yo contra el mundo?"

"En las buenas y en las malas, idiota, ¿siquiera sabes lo que significa?"

-Te amo muchísimo- un fuerte sollozo lo obligó a cubrir su boca- Perdóname por no habértelo dicho cuando pude.

Y mientras el viento llevaba hojas secas a su alrededor, Roier jamás se sintió tan solo.

"Tengo tanto frío y eso que apenas es otoño"

.

.

.

"Mr. Loverman"

Ricky Montgomery-

 

Cellbit miraba el cielo rojo al que ya estaba acostumbrado. Otro día en el infierno, dónde los pecadores cómo él pertenecían. Se encontraba fuera de una cueva que utilizaban de base, en medio de un desierto con poca vegetación.

Baghera había salido hace un rato así que estaba solo con sus pensamientos. Una mala combinación.

Culpa.

En todo momento estaba ahí pero podía distraerse un poco concentrándose en no morir e ignorar ese sentimiento. El arrepentimiento lo ponía tan mal que a veces sólo se preguntaba porque no se rendía, ¿para qué seguir luchando?

Todas las personas que amaba ya no estaban ahí. Cada vez que cerraba sus ojos podía verlos: Richarlyson siendo cubierto por escombros mientras él no podía hacer nada, su equipo gritando en desesperación e impotencia. 

Roier alejándose en un barco.

Roier...

¿Una vida entera sería suficiente para pedir perdón? ¿Siquiera valdría de algo tomando en cuenta que lo volvería a hacer?

Incluso si no pudo ver su cara cuando partió, sabía que estaba destrozado, ¿qué clase de esposo era? No valía la pena cómo padre, ni cómo amigo y mucho menos cómo marido.

"Eu quero que você saiba que enquanto eu estiver aqui, você nunca vai estar sozinho"

Mentira.

Él sabía que sus votos matrimoniales se quebrarían apenas vio a su hijo ser sepultado en su cara. De por sí ya tenía días pensando en cómo encajaba terriblemente bien en esa isla infernal.

Richarlyson era su luz, no merecía morir y que su padre, una persona podrida que había cometido muchísimas atrocidades, viviera sin pagar por ellas.

Así que decidió quedarse. Él pertenecía en este horrendo lugar. No Roier, ni Philza, ni todos los inocentes niños que perdieron la vida.

En cuanto eran obligados a participar en su evento enfermo, Cellbit realmente había creído encontrar a su familia. Bolas sin duda estaba conformado de personas cómo él.

O es lo que pensaba hasta que tomó la decisión de no subir al barco. No les tomaba rencor, para nada, todos ellos merecían vivir. Eran personas amables, inestables y psicópatas, pero de buen corazón. Querían sobrevivir y jamás los culparía por ello.

Baghera era la única persona con la que había convivido estas últimas semanas. Se habían vuelto muy unidos. La veía cómo la hermana que nunca tuvo (incluso más que Bagi, su verdadera hermana, a quién no le pudo tomar el suficiente cariño para verla cómo algo más que una invasora). 

Hablaron mucho y nada en sus días infernales. Lloraron y rieron mientras aceptaban sus lados más crueles y enfermos. Sus hijos por otro lado, eran un tema que nunca tocaban. Dolía demasiado.

Pomme y Richas no merecían nada de lo que obtuvieron. Nunca lo dijeron entre sí pero ambos lo sabían. Y su culpa fue tal que no se consideraron merecedores de una nueva oportunidad.

Es curioso. Casi no había árboles, pero los pocos que estaban no se salvaban de la estación otoñal (lo cuál era sorprendente, considerando que estaban en el mismo infierno). Cellbit veía las hojas caer y pensaba en él, en Roier.

Porque no había un segundo que no ocupara su mente. Cuando se casaron, esperanzado soñó con ver todas las estaciones al lado de su marido. Y quizás pudo haber cumplido ese sueño, pero en lugar de eso, su culpa fue más fuerte.

-Que irónico- habló en voz alta, un hábito desarrollado cada que Baghera no estaba ahí para escuchar su parloteo. - ¿Alguna vez me cansaré de arruinarlo todo? 

El viento movía su cabello castaño y mezclaba hojas en el mismo.

-Guapito...¿podrás perdonarme?- lloraría pero sus lágrimas murieron con su hijo, no merecía liberarse de algo que él mismo se causó. - Me pregunto que estás haciendo ahora mismo, ¿también miras las hojas caer, amor?

"¿Acaso me odias ahora?"

-Quiero verte, siento tu falta- suspiró viendo el eterno rojo del cielo. - Lo cuál es estúpido porque yo mismo decidí quedarme aquí. Seguro piensas que soy un cobarde, un bastardo y un mentiroso.

Puedes creer lo que quieras de mí, cielo. Pero guapito, por favor nunca dudes que te amo. Te amo más que nada, más que a mí mismo y por eso sé que estarás mejor sin alguien cómo yo a tu lado- decía mirando su dedo anular, el peso reconfortante de su anillo le hacía tanta falta.

"¿El otoño se sentirá mejor dónde tú estás, Roier?"

"¿O acaso también pasas por el peor invierno de tu vida por mi culpa?"

Saudade.

Cellbit jamás sintió tanta melancolía. Sólo quería su familia de regreso. No aceptaría que se la dieran en pedazos. Era todo o nada.

Se preguntaba cómo se vería el otoño desde el castillo. Se preguntaba cómo sería salir a dar un paseo en el bosque con su esposo y su hijo. Pasar por las hojas rojas tomado de la mano con su marido mientras Richarlyson jugara o pintara el paisaje.

Jamás lo vería hacerse realidad.

Richarlyson estaba muerto.

Roier estaba lejos.

Y abrazando sus rodillas con su barbilla entre ellas, Cellbit jamás se sintió tan miserable.

"Odio el otoño"

.

.

.

"Porque cada estación sin ti, es un invierno infinito"

Notes:

WOLAAAAS ahora sí juro q esa mrd la subo por mis fokin huevos, tengo varias historias q al final perdí la inspiración y no las subí. Este es mi primer fanfic y probablemente sea muy cortito perdónenme la di toda. GRACIAS POR LEER

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