Chapter Text
Mis ojos estaban fijos en el paisaje verde y gris que se veía a través de los vidrios mojados. Llovía. Haciendo que el pueblo se viera aún más melancólico de lo esperado.
Apenas llevábamos un par de minutos en aquel lugar y ya podía afirmar con seguridad: Forks no se parecía en nada a New York.
Amaba mi ciudad natal. Todo el movimiento, la vida y el bullicio constante. Todo de lo que este pueblo parecía carecer.
Extrañaría a mamá y sus galletas azules, a Paul y a Estelle, aunque esperaba que no fuera por mucho tiempo. El Consejo Olímpico nos había enviado a Percy y a mí a una misión. Al parecer, en el último tiempo habían estado desapareciendo varios mortales y algunos semidioses. Nuestro tío sospechaba de un aquelarre de vampiros que estaba establecido en la zona.
Sí, tal como escuchan.
Vampiros.
Al parecer no bastaba con los monstruos mitológicos con los que teníamos que lidiar todos los días. Ahora también debíamos preocuparnos por chupasangres locos.
Según la escasa información que nos habían dado ... Gracias como siempre queridos dioses ... Los vampiros se regían por una estricta jerarquía monárquica.
Lo sé. Todo es muy del siglo pasado. Pero nosotros éramos dirigidos por deidades griegas, por lo que no teníamos mucho derecho a opinar.
Las reglas que debían seguir eran claras: nada de exponer su mundo a los humanos. Lo que incluía evitar actuar de la manera tan descuidada en que lo estaban haciendo.
Un movimiento entre la vegetación llamó mi atención haciendo que mi mano se dirigiera instintivamente a mi collar, rozando el dije entre las cuencas.
Este lugar me estaba poniendo los nervios de punta.
– Llegamos – anunció el chofer del autobús al detenerse en el terminal.
Perfecto.
Intenté despertar a Percy con voz suave. Después de nuestra visita al Tártaro nuestros instintos habían quedado especialmente ... sensibles ... no quería provocar una escena ante los mortales que nos rodeaban.
– Percy – intenté –. Percy, despierta.
Antes de que pudiera siquiera llegar a rozarlo su mano salió disparada. En un momento estaba dormido y al siguiente ya tenía a contracorriente lista para ser destapada.
– Oye, cálmate hermanito – arrulle –. Estamos a salvo.
Sus ojos buscaron frenéticos hasta toparse con los míos. Verde contra verde.
Suspiró.
– ¿Ya llegamos?
– Ya llegamos – respondí con el mismo ánimo que él.
Ninguno de los dos quería estar aquí. Después de todo, era nuestro último año de escuela, no queríamos más misiones que nos retrasaran. Percy estaba preparando todo para irse con Annabeth y yo ... yo no tenía muy claro que es lo que iba a hacer. Probablemente me quedaría un tiempo en el campamento, ayudando a Quirón con los campistas nuevos.
La idea de separarme de mi gemelo por primera vez desde ... desde lo sucedido con Hera me producía escalofríos. Hasta aquel momento jamás nos habíamos separado. Siempre pensé que estaríamos juntos desde el nacimiento hasta la muerte, pero aquella experiencia ... había puesto todo en duda. Eso era algo en lo que prefería no pensar.
Mis pies estaban intranquilos mientras bajábamos del bús. Tantas horas de viaje me habían parecido una auténtica tortura.
Si Grover estuviera aquí seguro haría una broma sobre cómo era peor que una cabra desbocada cuando estaba de mal humor. Pero lamentablemente nuestro amigo no había podido acompañarnos en esta misión.
Se suponía que veníamos de incógnito, fingiendo ser estudiantes de último año que habían sido transferidos. Nos quedaríamos en una casa solo para nosotros que se encontraba a unos cuantos minutos de la escuela o eso creíamos.
Al preguntarle a un transeúnte por la dirección nos comentó que estaba a un par de minutos del centro ... en auto.
Miré a mi hermano. Él tenía exactamente la misma expresión de horror.
"Nunca se puede confiar en un "regalo" divino", escuché pensar a Percy.
Se suponía que nuestro alojamiento temporal pertenecía a Hermes. Una de sus múltiples casas a lo largo del mundo. Claro que todo nos había parecido demasiado perfecto cuando nos lo comentaron.
– Si quieren puedo prestarles mi celular para que llamen a alguien para que venga a buscarlos – sugirió el hombre.
Negué inmediatamente mientras veía el aparato con evidente desconfianza.
– Podemos caminar – respondió mi hermano.
– ¿Están seguros? – preguntó alarmado –. Es bastante lejos para ir cargando con el equipaje.
"Si supiera las cosas que hemos cargado", pensé mientras jugueteaba con el mechón de pelo blanco.
Antes de que pudiéramos alejarnos, el transeúnte nos detuvo.
– Miren, allí está Charlie – dijo mientras señalaba a un policía –. Él vive por la zona, a lo mejor puede llevarlos.
– No quisiéramos molestar – decliné con toda la educación posible. Después de todo, no teníamos muy buenas experiencias con la policía. Es el lamentable efecto de haber sido prófugos de la justicia a los 12 años de edad.
Sin embargo, el hombre, haciendo caso omiso a nuestra negativa, camino en su dirección. Después de un par de minutos hablando, ambos se acercaron.
– Harold dice que necesitan ayuda para llegar a su casa – comentó el oficial.
– Como estábamos diciendo, no queremos molestar – respondió Percy.
Ante lo cual él negó.
– No es molestía. Van al lado de mi casa, voy para allá en este momento. Siganme – respondió con voz firme.
Ambos nos miramos con dudas antes de seguirlo al coche.
"Quizás siempre fue nuestro destino terminar en la parte de atrás de una patrulla", pensé ganándome un ligero asentimiento de su parte.
El viaje transcurrió en su mayoría en silencio. Se notaba que el oficial no era muy conversador, aunque cada cierto tiempo nos echaba un vistazo por el espejo retrovisor.
– ¿Así que son nuevos en la ciudad? – preguntó –. ¿Cuántos años tienen?
– Dieciocho – contestamos a la par.
Él asintió en silencio.
– Son un año mayor que mi hija. De seguro puedo decirle que ella los lleve a la escuela en su auto.
Abrí los ojos horrorizada. Lo que menos necesitábamos era someternos a la conducción de una adolescente de diecisiete años. Aún queríamos vivir un tiempo más antes de llegar a los Campos Elíseos.
Antes de que ninguno pudiera decir nada más llegamos a nuestro destino.
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Hasta aquí este primer vistazo.
Espero que les haya gustado.
