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Isagi siempre había agradecido a todos los Dioses del universo por el Alfa que le había tocado.
Kunigami Rensuke era un Alfa caballeroso y muy atento, que se preocupaba siempre por su bienestar, entendiendo y apoyando sus decisiones por muy peculiares que llegarán a ser en ocasiones sin la necesidad de juzgarlo.
Ambos se habían conocido por ese proyecto que un resentido loco había hecho y no podían estar más agradecidos pues habían conocido a su pareja para toda la vida.
Yoichi encontró en Rensuke la estabilidad y compresión que siempre había buscado en una pareja. Y Rensuke encontró en Yoichi el amor y alguien a quien poder proteger.
Su relación no fue nada fácil en sus inicios, principalmente porque después de la Wild Card, Kunigami no era el mismo héroe que había convivido con Isagi al inicio de Blue Lock. Ese héroe con el que Isagi se sentía seguro.
A Isagi le costó mucho tiempo y paciencia que el pelinaranja pudiera decir sus sentimientos en voz alta nuevamente.
Y aún peor, que pudiera aceptarlos sin sentirse culpable por sentir algo más que el deseo de venganza.
Kunigami tuvo que pasar un proceso muy lento dónde con cada pequeño paso que daba volvía a ser ese héroe de corazón puro que enamoró a Isagi. Ese héroe que dejaba las sombras donde lo habían obligado a estar para sobrevivir.
Kunigami volvió a ser Kunigami lentamente.
Fue difícil, pero cuando Yoichi logro que Rensuke tomara sus manos y en vez de darle una mirada fría, le dió una llena de vulnerabilidad con lágrimas corriendo por sus mejillas; supo que había valido cada segundo haber escogido al Alfa de cabellos naranjas como su pareja.
Porque Yoichi nunca fue tonto, supo que ser el único Omega de Blue Lock tendría sus ventajas y desventajas en todo momento. Entre sus desventajas más claras estaba el hecho de que gracias a estar encerrado en las instalaciones con puros Alfas, muchos de ellos comenzaron a buscar su atención fuera del campo de juego y no precisamente para el fútbol.
Los Alfas comenzaron a intentar buscar su atención para que aceptará sus sentimientos.
Y aunque al principio fue algo complicada la situación en la que lo habían metido, Yoichi supo que había escogido al Alfa correcto y nunca se arrepentiría de esa decisión.
Kunigami era un Alfa muy tranquilo. Después de haber ido a terapia con ayuda del peliazul, lentamente había vuelto a ser el mismo héroe humilde que conquistó el corazón de Yoichi.
No causaba problemas innecesarios, buscaba soluciones equitativas cuando había problemas, era amoroso y comprensivo con su alrededor y lo que Yoichi consideraba lo mejor; Rensuke no era un Alfa celoso.
Kunigami confiaba tanto en su Omega y sus amigos, que no tenía problemas en dejarlos solos en una habitación por horas. Y aún así la primera pregunta que haría sería; ¿Están todos bien?.
Y eso lo valoraba mucho Isagi, pues aunque ya llevaba dos años casado con él Alfa pelinaranja, uno que otro de sus amigos todavía seguían aferrados a que tal vez el Omega les haría caso, a veces coqueteando y otras veces bromeando. Pero por el momento ninguno de ellos quería meterse en su matrimonio y eso lo agradecía mucho Isagi.
En las reuniones que solían organizar los chicos de Blue Lock, la pareja estaba junta pero no siendo empalagosa como muchos esperaban. A veces se daban la mano, otras veces un pequeño beso en los labios y si había alcohol de por medio, los veías abrazados en una esquina luchando por no dormirse porque ambos tenían pésima resistencia al alcohol.
Técnicamente, eran una pareja con una relación muy estable.
Casi nunca discutían, pues Kunigami antes de discutir le pedía al Omega que se sentará con él para hablar las cosas. Viendo si la situación realmente amerita su molestia o si solo estaban exagerando con un poco con la situación.
Cómo ambos estaban en el Bastard München, habían comprado una casa en Alemania para poder vivir juntos después de tres años de noviazgo. También habían comprado un departamento en Japón ya que en temporadas bajas o vacaciones volvían a su país natal para visitar a la familia del otro.
Su vida era perfecta en pocas palabras.
Así lo veía Isagi, hasta que llegó él...
Kunigami nunca había sido celoso, eso todos lo sabían, pues dejaba que sus amigos abrazaran a Isagi o se despidieran de un beso en la mejilla, e incluso en los festejos de goles permitía que lo cargaran por la cintura. No tenía problemas en que Bachira abrazara al Omega por la cintura cuando viajaba desde España solo para verlos, pues conocía la gran energía de la abeja hiperactiva.
Pero nadie es perfecto y por primera vez, Isagi vio a su Alfa celoso de otra persona; en específico de otro Alfa.
─Amor...─ Yoichi murmuró, su voz temblando ligeramente debido al esfuerzo sobre humano de no soltarse a reír ahí mismo. No podían culparlo, la situación era más divertida de lo que imaginaba.
─¿Mmm?─ Rensuke pregunto, sus manos apretaban la cintura del Omega mientras lo abrazaba por la espalda, apoyando su mentón en los cabellos azules de su esposo.
Isagi tomo aire, en verdad no quería reírse y empeorar la situación, pero Dios, necesitaba reírse.
─¿Puedes dejarme alimentar a nuestro hijo?─ Pregunto, su intento de voz intentando sonar lo más relajado posible mientras su vista bajaba al pequeño bebé de dos meses que cargaba.
─Vamos a la cocina por la fórmula para que lo alimentes─ Respondió el Alfa, pero sin moverse ni un solo centímetro del cuerpo de su Omega.
Isagi soltó un resoplido, todavía divertido de toda la situación que le resultaba tan cómica.
Kunigami y él habían decido dar otro paso en su relación después de mucho tiempo, tener a su primer hijo después de dos años de casados.
Fue una decisión que pensaron mucho, pues aún seguían siendo jugadores profesionales y debido a eso no querían descuidar a su familia. Pero tras pensarlo por un buen tiempo, decidieron que si querían dar el siguiente paso; ellos si querían ser padres.
El embarazo de Yoichi fue tranquilo, su vientre redondo crecía con cada mes lo que lo hacía ver adorable a los ojos de Rensuke. Quien como un buen Alfa se encargaba de cumplir sus antojos de medianoche.
Lo más difícil del embarazo fueron los cambios de humor, porque Kunigami tuvo que entender a un Yoichi que lloraba porque se puso las pantuflas al revés y segundos después se enojaba con él porque las había acomodado mal, pateando las pantuflas para después volver a llorar por haber hecho eso y pedir disculpas.
Un ciclo que Kunigami tuvo que aguantar nueve meses.
Hasta que el día más esperado llegó en la pequeña familia, fue en una tarde cálida de otoño, cuando el primer hijo de Yoichi y Rensuke conoció el mundo.
A su nacimiento asistieron los abuelos del bebé y las hermanas de Kunigami que trajeron muchos regalos para conocer a su pequeño sobrino.
El pequeño Ryō había nacido con perfecta salud, un bebé regordete y unos preciosos ojos azules que eran igual expresivos que los de su madre. Su cabello era de un tono naranjo opaco, luciendo como una adorable zanahoria bebé que se vio aún más adorable con su mameluco de zanahoria, regalo dado por las hermanas de Kunigami.
De parte de sus amigos no todos pudieron ir al parto, pero la mayoría de ellos se hizo un lugar en sus agendas ocupadas cuando la pareja anuncio que darían una pequeña fiesta para que pudieran conocer a su cachorrito. Dándole así la bienvenida al pequeño bebé de dos los futbolistas más populares de su generación.
Ryō era un bebé muy lindo pero también muy llorón. Cuando Iyo cargaba a su nieto no pudo evitar recordar que Yoichi de pequeño también era así, un bebé que lloraba por la más mínima cosa.
Todo pintaba perfecto en la relación con la llegada de Ryō. Ambos habían pedido una vacaciones en el Bastard München de un año, alegando que querían estar presentes el mayor tiempo posible en el desarrollo de su hijo.
Hasta que Yoichi se dió cuenta de algo que nunca en su vida llegó a imaginar.
Kunigami al final de cuentas, si era un Alfa celoso. No como todos los demás Alfas que se molestaban con su Omega cuando lo veían hablando con otro Alfa, no, el suyo no ese tipo de hombre inseguro.
Si no más bien, los celos de Kunigami eran tan sigilosos que ni siquiera el mismo se daba cuenta.
Todo comenzó la primera vez que Kunigami vio a Yoichi alimentar al pequeño Ryō.
No todos los Omegas masculinos producían leche, así que era normal que se comprara fórmula para alimentarlos. Isagi no sabía que el pertenecía al porcentaje de los Omegas hombres que si podían lactar, así que compro varias latas de fórmula que el doctor les había recomendado.
No fue hasta que, en el último mes de embarazo, Isagi se dió cuenta que su pecho, normalmente plano, había aumentando un poco su tamaño.
Después vino el dolor en sus pezones y cuando menos se dió cuenta, había leche saliendo de su pecho, leche tibia para alimentar a su cachorrito que estaba apunto de nacer.
Hasta ese momento, Rensuke seguía siendo el mismo Alfa. Atento, amoroso y comprensivo que siempre había sido, no fue hasta que, después de regresar del hospital con el pequeño bebé en brazos; Yoichi se lo pidió para poder alimentarlo.
Él Omega había alimentando al pequeño en la sala de la casa. Acomodando al bebé para que pudiera comer con cuidado. Ryō comía despacio, succionando el pezon de su mami en su pequeña boquita mientras probaba la leche tibia.
En ese entonces no se dió cuenta, pero para entonces, el mounstro de celos ya había invadido a su esposo.
Él pequeño Ryō solo tenía dos meses de nacido, había aumentando un poco de peso debido a que comía muy bien. Y vestía un adorable mameluco amarillo con abejitas, regalo de Meguru quien había insistido en regalarle mucha ropita adorable ya que sería el tío favorito.
Isagi había estado ordenando algunas cosas cosas el cuarto del bebé, mientras que Rensuke estaba en el piso de abajo haciendo la limpieza de la cocina.
Cuando él Omega escucho un pequeño y adorable quejido de su bebé, que producía burbujas con su propia saliva mientras apretaba ese peluche de osito polar que llevaba a todos lados.
Isagi solo había pronunciado un suave y amoroso; "¿Quieres comer, cariño?" para su hijo mientras lo sacaba de su cuna.
Y fue entonces que terminó en esa escena tan graciosa de su esposo abrazando su cintura por la espalda, negándose a soltarlo e insistiendo que su bebé probará la leche de fórmula que la materna.
Aquella escena no podía molestarle, porque Kunigami lo hacía inconscientemente que en vez de molestarle o indignarle, solo podía causarle risa.
Debido al embarazo Kunigami había estado más ocupado cuidando a su Omega y a su cachorro, a dónde sea que iba el Omega, su Alfa lo acompañaba. No era por celos como algunos pensaban, si no porque Kunigami tenía miedo de que algo pudiera pasarle a su familia.
Cuando él Alfa se enteró que su Omega producía leche, tal vez y solo tal vez, sintió algo de envidia al saber su hijo estaría pegado a los bonitos pezones de su esposo. Nunca lo diría en voz alta, porque ya de por si era algo vergonzoso.
Rensuke pensó que se quedaría solo en pensamientos tontos, hasta que su pequeño Ryō nació. Era tan hermoso que no pudo aguantar las lágrimas la primera vez que lo cargo.
Kunigami amaba tanto a su hijo que era capaz de hacer todo por el. Era capaz de hacer hasta lo impensable solo ver sonreír a su bebé y que dejara de sollozar.
Pero, por alguna extraña razón que no entendía del todo. Su Alfa interior no podía perdonar a su hijo por una sola cosa, que tomara leche materna.
Probablemente estaba siendo inmaduro, tal vez hasta parecía un mal padre al sugerirle a su esposo que mejor usarán fórmula. ¿Pero podían culparlo?.
Rensuke compartía cama con Yoichi. Era él quien al despertar veía a su esposo con esa playera que usaba para dormir, levantada hasta la altura de su pecho, revelando sus bonitos pezones rosados, ligeramente inflamados y soltando gotitas de leche inconscientemente mientras mojaba las sábanas debajo de él.
No, no podían culparlo.
Rensuke siempre se considero un Alfa con mucho autocontrol, pero en más de una ocasión se encontró agarrando las gotas de leche de su esposo para llevarlas a su boca y probarlas.
Por cómo su bebé pedía mucho pecho, Kunigami sabía que la leche debía estar muy rica, pues claro, era Yoichi quien la daba.
Y eso era lo que le daba celos, que el no podía tomar de esa leche porque no era un bebé. El ya era un Alfa adulto, tenía que cuidar a su familia.
Pero un demonio pequeño que por alguna extraña y aterradora razón le recordaba a Shidou, le decía que si el no podía tomar leche de los pechos de Isagi, su bebé tampoco podía.
Y mientras el Alfa tenía sus dudas sobre si estaba en lo correcto o no, Yoichi ya se daba una idea de los problemas que estaba teniendo su Alfa.
Kunigami podría ser un Alfa con un cuerpo musculoso e impotente, una apariencia que te hace pensar si vale la pena meterse o no en la pelea, pero... Era todo un amor de persona.
Isagi sabía leer a su esposo tan bien como leía el mismo campo de fútbol cuando jugaba.
─Ryō ya se durmió.─ Yoichi comento, bajando las escaleras del piso de arriba con cuidado.
No era tan tarde, tal vez apenas daban las ocho de la noche. Dormir a Ryō a veces era un problema y otras veces no, pues en ocasiones el bebé se dormía después de comer y otras muy diferentes, pedía atención por varios minutos para dormirse.
─Bien.─ Kunigami contesto, sentando en el sillón de la sala mientras veía un partido de fútbol que salía en la televisión.
Paris X Gen contra FC Barcha, el marcador estaba 2-1 a favor del equipo francés. Kunigami ya podía imaginarse como llamaría Bachira a Isagi al final del partido, pidiendo escuchar los soniditos de baba del pequeño Ryō después de la derrota atraves de una videollamada.
Isagi miro el partido unos segundos y después de sentó a un lado de su esposo, acomodando su cuerpo en el respaldo. Soltando un pequeño suspiro cansado.
Kunigami aún mirando al partido, apoyo una de sus manos en el muslo de Isagi, comenzando a darle suaves caricias.
Yoichi miro a su esposo unos segundos, para después bajar su vista a su pecho que seguía con la suficiente leche para alimentar a otro tipo de bebé, uno más grande.
─Amor..─ Yoichi se despegó del respaldo del sillón, usando sus dos manos para cubrir los ojos de Rensuke.
─¿Yoichi?─ Pregunto el Alfa con curiosidad, una pequeña sonrisa pintada en su rostro mientras se dejaba hacer por su Omega.
─Quiero que cierres tus ojos, no los puedes abrir. ¿Entiendes?─ El Omega comenta, usando ese tono de reproche para dejar en claro si, era una orden.
Kunigami soltó una baja risa que salió más grave de lo que pretendía, pero aún así cerró sus ojos mientras sentía las manos de su Omega alejarse de su rostro.
─Más te vale no estar viendo, Rensuke.─ Amenazó una última vez el Omega, levantando la playera holgada que llevaba hasta quitársela por completo.
─No lo estoy haciendo, Amor.─ Rensuke aseguro, sus ojos cerrados por completo mientras intentaba adivinar que estaba pasando con el ruido que llegaba identificar.
─Bien, yo te digo cuando los abras.
Kunigami espero pacientemente a su esposo, hasta que sintió como Yoichi lo acercaba cada vez más a él. Aunque se extraño un poco cuando noto que ahora Yoichi estaba recostado en el sillón y Kunigami encima de él pero sin poner todo su peso.
─¿Por qué esta-
─Shhh, no puedes hablar.─ Yoichi lo interrumpió con una pequeña risa mientras agarraba el rostro de Kunigami.
Kunigami se dejó hacer como un buen esposo que confiaba en su Omega, aunque se extraño cuando el Omega sostuvo su rostro. Sus manos aún en sus mejillas.
─Ya puedes abrir los ojos.─ Las palabras apenas sonaron y Rensuke obedeció, abriendo sus ojos nuevamente mientras se acostumbraba a la luz una vez más.
Y fue entonces que lo vió.
Su rostro estaba a centímetros de uno de los pezones de su esposo, el mismo pezon por el cual se alimentaba su pequeño bebé que ahora dormía en el segundo piso.
Ni siquiera podía hablar algo con coherencia, así que miro a su Omega en busca de respuestas.
Yoichi solo le sonrió mientras acariciaba ahora su cabello, acercando el rostro de su esposo más a su pecho.
─¿Has oído ese dicho que los bebés dejan de ser celosos hasta que les das lo mismo a los dos?─ Isagi bromeó, mirando a su esposo con una mezcla de burla y cariño. ─Bueno, me di cuenta que mi bebé más grande también quería pecho... ¿Por qué no comes un poco?
Y aunque las mejillas de Kunigami se volvieron rojas de vergüenzas, eso no impidió que el Alfa tomara la palabra de su Omega. Metiendo el pezon rosado en su boca con algo de pena, pena que se fue tras probar por fin esa rica leche tibia que sabía increíblemente dulce.
Sabía tan dulce que Kunigami pensó seriamente por un momento que solo tomaría la leche de su esposo y dejaría de comprar la del supermercado.
Kunigami se la paso ahí, acostado encima de su esposo mientras tomaba de su leche como si fuera un pequeño bebé hambriento que no había tomado nada en días. Ambos disfrutaban el partido que estaba en la televisión, pero solo uno de ellos estaba comiendo.
─No te la acabes toda, Ryō tiene tu mismo apetito y si le dejas poquita leche va a llorar.─ Fueron las palabras de Yoichi mientras acariciaba el cabello de su esposo, dejando que se alimente sin volver a interrumpirlo.
Kunigami solo contesto con un pequeño gruñido poco entendible, por qué seamos honestos.
No había nada mejor que tomar la leche de tu esposo mientras esté te da suaves caricias en el cabello y ves como tú mayor enemigo, es derrotado por una abeja hiperactiva que probablemente va a llamar en una hora diciendo que venció a Shidou y Rin, exigiendo ver a su sobrino.
Dios, Kunigami ahora entendía que había valido la pena celar a su hijo cuando la leche de Yoichi sabía a gloria pura.
Definitivamente iba a probar este manjar más seguido y nadie, ni siquiera su pequeño cachorro se lo iba a impedir.
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