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El primer paso de la mañana siempre era despertar: el rico aroma a café, una calidez rodeando su cuerpo y unos rayos de sol entrando por la ventana. Ese era el despertar de Zenitsu Agatsuma. Luego tocaba escapar del gran abrazo de oso que le brindaba su novio, el "extravagante", como se hacía llamar a si mismo Uzui Tengen, en parte era difícil ya que el portaba mucha musculatura comparada con la suya y cada vez que se movía el solo reforzaba su agarre.
—...Ps amor..
Primer intento: Fallido
—Oye..tengen
Segundo intento: Fallido
Solo quedaba una opción, claramente la favorita de Zenitsu, ya que se podía vengar de las otras veces. —¡¡UZUI TENGEN, LEVANTATE DE UNA MALDITA VEZ!!— Y para alivio de Zenitsu y desgracia de Tengen, eso funciono.
La siguiente parte de la mañana era el desayuno. Cocinar no era el fuerte de Tengen, así que Zenitsu se encargaba de eso, mientras que el otro se duchaba, ya que si lo hacían juntos, perdían más tiempo. En parte, es más culpa de Tengen que de Zenitsu, y luego de terminar de hacer el desayuno, ambos comían y Zenitsu se iba a duchar; inconscientemente, habían creado una rutina. En eso, se escucha un grito del menor. —¡Carajo! ¡Tengen el agua esta helada! Te volviste a acabar el agua caliente, maldito seas.
Uzui, bueno, él solo se reía desde el sillón por el repentino grito de su pequeño novio. —Ya, pichoncito, no te enojes conmigo.
—¿Que no me enoje contigo, dices? ¡Tengen! Me estoy muriendo de frío por tu culpa.
—Ya ya, luego de la escuela vamos a un lugar, ¿te parece?
— Bien, pero vamos ya, que se nos hace tarde.
Al final de su alocada mañana, sucedía lo de siempre: se despedían para que cada quien se dirigiera adonde debía. —Nos vemos después de la escuela, pichoncito. —
—De acuerdo. Uzui se inclina hacia abajo para dejar un pequeño beso en la frente de su novio. — Yo quería uno aquí — dice Zenitsu apuntando a sus labios con una cara de perrito abandonado, una carita que ni el mismísimo Uzui Tengen puede resistir
Se agacha hasta su altura de nuevo para quedar frente a frente, y se acercan lentamente como si realmente fuera una película romántica. De un momento a otro, juntan sus labios en una danza tranquila expresando su amor de por medio. Pero el maldito oxigeno siempre tiene que terminar lo bueno, ambos se separan. —...Tengen, te amo. — Suspira el rubio con una sonrisa encantadora que Tengen podía jurar que quedó ciego por tanta belleza. —Yo igual, Zenitsu— menciona orgullosamente Tengen al escuchar esas palabras de su pichoncito para separarse e ir cada uno a su aula para terminar su rutina de la mañana.
