Chapter Text
Nicolás Paz Martínez, un hombre lobo de razas mixtas hijo adoptivo de Lisandro Martínez, un vampiro, y Cristian Romero, un hombre lobo, entra a la misma escuela secundaria que Valentín Fernández, hijo del Vampiro Enzo Fernández y Julián Álvarez, un humano convertido.
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-Escuché que llega otro perro a la escuela- Murmuró Giay por lo bajo intentando hacerse el canchero, Valentín levantó una ceja de forma juzgadora, después de todo, el Frankenstein tenía de novio a uno, el chico pareció notarlo, por lo que levantó las manos a la altura del pecho en señal de inocencia. -Calmáte que no va por ese lado, lo digo porque todos andan diciendo que parece un cachorrito mojado. -El Colo aflojó su mala cara para pasar a una expresión de confusión, ¿Y eso que tiene de malo? - Y qué sé yo, medio que tengo miedo que se lo coman crudo al pobre, encima que es medio gallego. -Hasta dónde sabía, Agustín no podía leer mentes, la puta madre que lo parió y su mala costumbre de pensar en voz alta. Para disimular que preguntó sin querer, se limitó a asentir con la cabeza y buscar con la mirada al flaco, que les había prometido ayer que desde el primer recreo hasta el último iba a ir con ellos, "promesas vacías" se decía a sí mismo al no verlo por ningún lado. En cambio, se encontró con unos ojos verdes de mirada miedosa y las orejas paradas en señal de alerta, sentado en uno de los bancos de la esquina con el cuerpo semicomprimido, buscando hacer pequeño su cuerpo notablemente largo. - ¿Es ese el "cachorro"? - Preguntó volviendo la vista a su amigo, quien estaba muy ocupado lidiando con un José más emocionado que perro con dos colas, igual, parecía uno de lo rápido que movía la suya de lobo. - ¿Eh? Ah, sí, sí. -Logró responder una vez que se sacó la mitad del cuerpo del más alto de encima, quién no parecía muy dispuesto a dejarle espacio personal, el Colo tomó eso como su señal para no quedarse ahí a aprender a tocar el bandoneón mientras transaban y se fue de ahí, porque era muy temprano y muy lunes para bancárselos, puteándolos en su cabeza, no dejaba de buscar instintivamente el banco en el que estaba sentado aquel rubio de mirada lastimera. No fue difícil encontrarlo, había cambiado de lugar al suelo atrás de los canteros, pero sus orejas estaban igual de erguidas que la primera vez que lo vio, sacándole las pocas posibilidades de esconderse del colorado. -Che, te aviso que acá si no mordés no te muerden, no hace falta estar esperando que te salten. -Comentó como al pasar sin saludar cuando llegó al otro lado del patio, apoyándose en la corteza vieja del árbol de aquel cantero ya casi sin color, haciendo que el lobo levante la mirada de las hojas amarronadas del otoño húmedas por las lluvias que vienen antes de la primavera para verlo a él, logrando distinguir una mezcla de turquesa oscuro con verde bosque, una mezcla inusual de la playa y la montaña en sus iris. -No es por eso, son...muchos olores.- La respuesta, aunque tímida del chico, lo tomó por sorpresa, creyó que iba a mandarlo bien a la mierda, ¿Será que en serio es un cachorro? Capaz alguna bruja mala leche le tiró un hechizo de crecimiento para que la pase mal por estar haciendo ruido a la hora de la siesta. -Ah...¿Hace poco que sos perro? - Mantuvo el tono canchero para no sonreír de la ternura que emanaba el ajeno, provocando una risita de su parte que le vibró en el pecho de una manera que no pudo reconocer del todo. -Podría decirse que sí, ¿dos meses se considera poco?- Sin saber cómo, ni por qué, el colorado terminó sentado al lado suyo, con las piernas contra el pecho mirándolo de reojo. -Y, depende si saliste de tu pieza o no. - Aquello pareció dejarlo pensando, porque tardó un poco más en responderle. -Más o menos, estuve con las mismas cuatro personas en todo ese tiempo...Nicolás, Nicolás Paz Martínez, por cierto. -El rubio, que ahora tenía un nombre, le tendió la mano con una sonrisa chiquita tirando de la comisura izquierda de su boca, aceptó el apretón de manos con solemnidad, una vez que separaron las manos, que quedaron medio picando, procesó lo que le había dicho. -Valentín Fernández, y un poco tiene sentido, te acostumbraste a sus olores, pero ahora estás en un lugar desconocido y eso a algunos los pone mal, pero mal mal, a un par de los de primero les agarró un ataque de pánico este año, los tratan con mucho cuidado y no se dan cuenta de que les hace mal. - El lobo asintió de acuerdo, aflojando un poco sus hombros, tal vez por sentirse comprendido por alguien que no tenía orejas ni cola. -Igual a mí me trataron con cuidado por venir de otro lado, además me manifesté tarde y bueno...me tuvieron con pinzas por mucho tiempo. - El acento medio neutro, medio rioplatense que tenía, al Colo le hacía dar vueltas la cabeza, pero no era porque no entendiera, así que decidió ignorar dicha reacción al no tener a qué echarle la culpa. Cuando iba a responder, el timbre para volver al salón lo interrumpió, sacándole un bufido entre dientes que no llegó a oídos de su contrario. -Te diría de saltarnos la hora, pero sos nuevo y no te voy a meter en un quilombo ¿Viniste recién o estuviste en la primer hora?-
-Llegué en la primer hora, pero me la perdí entre charlas con los rectores y el recorrido de la escuela.- ¿Rectores? Sepa Dio' qué era eso, pero iba a aprovechar que todavía no había ido a su salón para acompañarlo y pasar unos minutos más charlando con él. -Bueno, decime en qué curso estás y te acompaño. - Se levantó del suelo y le tendió las manos para ayudarlo a levantarse, una vez que los dos estuvieron de pie, arrancaron la caminata hasta las puertas de la galería. -Quinto segunda si no me acuerdo mal. - Fernández giró la cabeza tan rápido que podría haberse escuchado un "crack", milagrosamente no lo escuchó. -Es mi curso, fah chabón, y yo que pensé que podía safar un par de minutos con la vieja de mierda que nos toca ahora.- Nico rio por su queja, desacelerando su caminar para no rebasar al pecoso, que agradeció internamente ya que le ahorró un pedido que no le hacía bien a su orgullo. -Lo siento.- La disculpa se escuchó bajita junto con una sonrisa que ya no mostraba los dientes, pero que aun así le daba ternura al Colo.
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Ya estaban en la última hora del día antes del timbre para irse, ya por fin viernes, y en esos cinco días el Colo pudo notar la dedicación que tenía Nico con las clases, anotando de forma más detallada que él, con una letra cursiva que dejaba en ridículo a su imprenta minúscula media chueca, si él había completado media carilla, el rubio ya iba por la segunda hoja, no entendía como podía escribir tanto y no perderse en la explicación con palabras demasiado viejas, que cada vez estaba más seguro de que si buscabas en el diccionario, eso era arameo en vez de español. Ya para la post-hora no tenía ganas ni de ver al profesor a los ojos para pretender que le entendía lo que decía, su cartuchera permaneció cerrada desde el timbre de las doce del mediodía, sin intenciones de abrirla de nuevo. Del lado del banco que daba a la ventana, las cosas del español-argentino seguían igual o más desparramadas que en la segunda hora, porque sí, sus resúmenes y apuntes eran impecables, pero de organizado no tenía ni un pelo, ese contraste hizo reír al Colo cuando se dio cuenta el lunes, una vez que le había levantado dos lapiceras de gel y la regla que se le habían caído al lado de sus zapatillas gastadas. -Che, Nico, me parece que no podés explicar más el tema. - El tono sarcástico parecía venir por defecto en el de pecas, fue el pensamiento que se le atravesó al lobo una vez que se decidió por dejar sus intentos de cambiar las palabras refinadas del vampiro viejo parado enfrente de todo y ver la cara de su compañero de banco, deleitándose con esa sonrisa canchera medio de costado que también era algo por defecto en él. -No lo estoy explicando, estoy tratando de traducir lo que dice para poder entenderlo yo cuando lo tenga que estudiar.- La tonada gallega todavía era notoria cuando hablaba, dándole al Colo una mezcla de ternura e incomodidad, lo último lo venía disimulando muy bien, o eso quería creer, por el bien de la amistad que estaba armando con el rubio. -Es imposible, lo vengo aguantando desde tercero a este viejo, al principio pensás que podés y después te chupa un huevo, yo agarro y me aprendo las respuestas de las actividades que nos pone entre medio de estas explicaciones de mierda, siempre me fue medio bien. -Se acomodó en la silla con las manos entrelazadas en la nuca bajo los iris ajenos, que lo veían con atención, recibió un asentimiento inseguro de cabeza como respuesta.-Ya, eso decías también de inglés y tienes más cara de perdido que yo cuando juego al truco.- el remate bajito y burlón de Nico le sacó una risa nasal medio incrédula, la personalidad naturalmente tímida que tenía le hacía olvidar que él también tenía con qué defenderse, porque en algún punto de la semana le había dicho que era mitad argentino, bueno, de mitad no tenía nada, el tiempo que había pasado en suelo argentino hizo que la sangre albiceleste le corriera sin pena por las venas, y cada vez se notaba más, claro que eso Valentín no lo sabía, pero no siempre había sido así. -Mirálo vos al gallego, y después decís que no tenés mañas.- Las mejillas apenas coloradas de su compañero lo hicieron sonreír, en realidad cualquier cosa que implicara al rubio lo hacía, y después no sabía por qué le dolían los cachetes cuando volvía a su casa.- Pero sabes que tengo razón.- El colorado ya venía maquinando alguna otra manera de sonrojarlo, lastimosamente, el timbre le cortó todo hilo de pensamiento. Apurado por irse, agarró las pocas cosas que tenía en el banco y las guardó en la mochila, esperando de pie al lobo que, de milagro, no había perdido nada de lo que tenía tirado. Al ver sus ansias por salir de la escuela, cuando se paró a su lado le recordó.-Sabes que no podemos irnos todavía ¿Cierto? Tenemos educación física.- Lo único que recibió en respuesta fue un resoplido, siguiendo al pecoso que caminaba con el enojo notorio en sus pasos. -La puta madre, ¿a quién carajo se le ocurrió ponernos educación física un viernes?- Intentando animarlo, se acercó hasta quedar a su lado para verlo de perfil, le era imposible no ver su cara cuando estaban juntos.-Bueno..al menos es ahora a la una y media y no a las dos de la tarde, porque sino tendríamos una hora muerta como el miércoles.- Valen se quedó pensativo por el comentario, decidiendo darle la razón, igual no era difícil darle la razón a Nico, siempre la tenía, y si no, su puchero lo hacía ceder de todas formas. -Cierto, pero primero vamos a comprar algo para comer, porque ya veo que te me desmayás en pleno trote y te tengo que andar cuidando.- Y así, entre risas medio cómplices y conversaciones sin sentido, su semana escolar terminó siendo menos mierda de lo que creyó que sería.
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