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Si yo fuera un desconocido

Summary:

Lamine esta aburrido y hace que Gil y él hagan trends de tiktok

Notes:

Hollaaaaaaa soy yo de nuevo;)
Te seré totalmente sincera, amor: Este no es el peak de mi carrera, simplemente vi un video en tiktok y creí que estos dos serian de hacer trends, pero obviamente sin publicarlos, porq lol.
No te esperes la gran cosa, ni siquiera me esforce corrigiendo, creo que es parte de la gracia. Me he dado cuenta que la fluencia de contenido de mis hijos ha disminuido, mas que nada en tiktok, estoy esperando a que cuando Gil se munde a Europa llegue el piak de Yamagil, RESO.
Bueno, solo quise escribir ellos estando en casa, y teniendo esos momentos intimos adorables. Ojala sea de tu agrado esta comida sin condimentos, amor.;p

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La luz de la tarde se asomaba tenuemente por el ventanal de la sala. Algunos rayos se posaban sobre Gilberto, quien estaba echado en la alfombra con un libro que habia traido desde México. Ya lo llevaba bastante avanzado, a tres cuartos de lectura aproximadamente. Estaba totalmente inmerso: piernas cruzadas, codos recargados en el suelo y reaccionando de vez en cuando a lo que leía. Mientras tanto, Lamine revisaba Instagram en su teléfono. Cada vez que le aparecía un reel de parejas, se lo enviaba. Sin embargo, a pesar de lo hogareña que era la dinámica (algo de lo que casi no podian disfrutar por razones obvias), a Lamine le resultaba un poco aburrida.

Tenía la cabeza recargada sobre la cadera de Gilberto. Tras un rato, su dedo se cansó de deslizar la pantalla y los videos dejaron de interesarle, asi que apagó el teléfono y lo dejó sobre su propio pecho.

—Oye, guapo —le dijo de forma natural, dirigiendo la atencion hacia su chico, quien simplemente le contestó con un murmullo.

—¿No te sientes algo aburrido?

—¿Yo? No, la verdad. Están a punto de besarse a mitad de una discusión, es la mejor parte —respondió Gil, soltando una risita.

—Estás de coña —dijo Lamine, poniendo la mano sobre las páginas para interrumpir la lectura—. Estamos en mi casa, solos, juntos... ¡Hagamos algo!

—Oye, estaba leyendo —se quejó el mexicano, aunque terminó resignandose; cuando a Lamine se le metía algo en la cabeza, no había quien se lo sacara—. Órale pues, ¿qué quieres hacer entonces? —recargó la barbilla sobre sus brazos cruzados.

—¿De verdad te parece más interesante un libro de romance, que podrías leer en cualquier otro momento, que tu guapo, divertido y exitoso novio? —Lamine se hizo el sufrido con un puchero.

Gilberto no pudo evitar reírse.

—Okay, dejo el libro, pero dime qué idea tienes en la cabeza —dijo con una sonrisa en los labios.

—Pues si vieras los reels que te mando, tío, sabrias qué es lo que tengo ganas de hacer.

Gil frunció el ceño, confundido. Lamine le extendió su propio teléfono para que lo mirara, ya que el de Gil estaba fuera de su alcance.

Una vez con el dispositivo en mano, Gil abrió el chat de ambos. Seguía acostado boca abajo en la alfombra y Lamine se recostó sobre su espalda.

—Ninguno me contestas, tío. Hay que irse replanteando qué tan en serio te estás tomando esta relacion, señorito Mora —Lamine volvió a fingir despecho ante un Gil que solo reía—. Y encima te burlas en mi cara, pringao.

—Pues, corazón, me mandas un chorro de videos y casi todos ya los vi —le explicó Gil. En efecto, eran clips que Lamine le mandaba con mensajes como «¿Lo hacemos?», «Tú y yo, amor» o «Hay que hacerlo». Eran puros trends de pruebas y bromas en pareja.

—¿Y qué tiene que ya los hayas visto? Tienes que responderme y reccionar —Lamine se giró rápido y le dio un mordisco a Gil en la nalga.

—¡Qué te pasa, baboso! —exclamó Gil, sentándose de golpe en el tapete. Aunque se quejó, no reaccionó con verdadero enojo; a decir verdad, era algo bastante común entre ellos—. A ver, este... —dijo mostrándole la pantalla.

Lamine se sentó a su lado y miró su propio teléfono. Era el trend donde una pareja actuaba como desconocidos ligando para ver cómo el otro rechazaba al hipotético pretendiente.

—Es básicamente un juego de rol —dijo Lamine.

—¿Y yo qué? Fuiste tú quien lo mandó con... —Gil acomodó el teléfono para leer en voz alta—: Dice el segundo puesto al Balón de Oro: «Amor, te lo juro que si lo hacemos y me besas siendo un desconocido, me mato ahí mismo», con emoji de gato llorando y corazón roto. —Gil estalló en risas tras leer el mensaje.

—Bueno, venga, hazlo, que no dije ni una sola mentira —Lamine se puso de pie y ayudó a Gil a hacer lo mismo. Una vez arriba, Gil siguió atento al video—. Ese interés deberías ponerle cuando te los mando, capullo —agregó Lamine. Gil solo lo miró de reojo antes de dejar el teléfono sobre el sofá.

—Primero tú serás el desconocido que me quiere ligar —dijo Gil con seguridad.

—Venga, crea una situacion —Lamine se frotó las manos con entusiasmo.

—¿Qué? ¿Un guion también quieres? —soltó Gil con puro sarcasmo.

—Hombre, ya que estamos de complacientes...

—¡Córrele! —Gil le dio un empujoncito—. Haz de cuenta que estamos en un bar. —Tomó una taza vacía que antes contenía el café que se habían terminado—. Mira, haz de cuenta que traigo un mojito en la mano. —Empezó a fingir que bailaba al ritmo de la música imaginaria.

Lamine se peinó el cabello hacia atrás, volvió a frotarse las manos y comenzó a bailar acercándose por detrás a Gil. Le tocó el hombro con un dedo y Gil se giró de inmediato.

—Hola, guapo —dijo Lamine.

Gil frunció el ceño con gesto de confusión y se señaló la oreja para indicarle que no escuchaba, lo que descolocó a Lamine.

—¡La música está fuerte, no te puedo escuchar! —gritó Gilberto.

—¿Estás de puta broma? De verdad...

—¿Qué dijiste? —Gil volvió a llevarse la mano al oído.

Lamine, dispuesto a seguirle el juego, se le acercó pegándose a la oreja.

—¡HE DICHO: "HOLA, GUAPO, ¿CÓMO LO LLEVAS? ¿TE HA GUSTADO EL MOJITO? ¡TE LO HE MANDADO YO"! —gritó Lamine.

Gil aguantó el grito al oído y dio un paso atrás.

—¿Este? Con razon sabía tan culero —murmuró Gil, esta vez en tono normal.

—¡¿PERO QUÉ DICES, SI YA TE LO HAS TERMINADO?! ¡MALO NO DEBÍA DE ESTAR! —volvió a gritar Lamine.

—No, la mitad se la tomó el pinche Mateo con un popote —le contestó Gil.

—¡PUES QUÉ MAL, SI SE LO HE MANDADO A TI, GUAPO! —Lamine barrió a Gilberto de pies a cabeza con la mirada—. Madre mía lo bien que te sienta esa... uh, pijama, tan poco usual para llevar a un bar —improvisó Lamine, impostando una voz más grave de lo habitual.

—Es una pijama que está cabronsisima, se la robé a mi mamá. Pero, pues ya ábrete, ¿no? Vine con mis compas y allá donde estás parado va a bailar el ponche Obed, y a ese le gusta soltar putazos cuando anda pedo —le dijo Gil, tratando de despacharlo.

—Ah.

—¿Cómo ves?

—Pues, en ese caso, me quedo pegadito a ti —Lamine aprovechó para rodearle la cintura con los brazos.

Gilberto lo empujó de inmediato para apartarlo.

—Fíjate que a mí no me gustan los hombres —soltó Gil con suficiencia.

—No mames... —Lamine soltó la expresión mexicana por la inercia, sacándole una carcajada a Gil—. No es por nada, pero ¡coño, hombre, tío, se te nota!

Gil volteó con la cara llena de indignación ficticia y lo jaló bruscamente de la playera.

—¿Se me nota qué, pendejo? —preguntó Gil con la voz rasposa.

—Pues bueno, ¿has visto eso de reconocer a tu alma gemela a la distancia? Amigo mío, se te nota —le dijo Lamine, alzando ambas manos en señal de inocencia.

Gilbwrto se le quedó viendo con una sonrisa incómoda, tratando de decirlw sin palabras que se fuera del bar imaginario. Luego, tomó la taza de café e hizo el gesto de arrojársela a Lamine encima, quien de inmediato fingió estar empapado.

—Coño. Oye, yo solo quería tu número, chaval —dijo Lamine con indignacion.

—Y yo solo quería que te fueras a la chingada, y no quisiste —respondió Gilberto.

—Además, ¿no que ya te habías terminado el mojito? —cuestionó Lamine.

Gilberto retuvo una risita que terminó saliendo de forma natural. Después se aclaró la garganta, volviendo a la actitud seria de antes.

—Este es otro mojito, uno que yo pagué —le dijo Gilberto con una sonrisa plena.

—Ey, qué chula sonrisa —le dijo el español.

Gilberto se pasó la lengua por los labios, se los mordió y agachó la cabeza. Esos comentarios viniendo de Lamine le encantaban y lo ponían nervioso, pero no podía reaccionar así si quería estar completamente comprometido con su papel.

—Sí, gracias —dijo—. Me lo dice seguido mi esposa. —Gilberto sonrió con descaro y luego mostró su mano con el dedo anular completamente pelón.

Lamine cerró los ojos con incredulidad y negó con la cabeza, incapaz de procesar lo que Gilberto planteaba.

—¿Esposa?

—Esposa, dos hijos y un perro —remató el mexicano.

—¿Y qué? ¿Te quitaste el anillo o te lo pusiste en la otra mano? —Lamine se cruzó de brazos.

—¿Estás ciego o qué? Si aquí lo traigo puesto, mira bien —rectificó Gil con sarcasmo mientras mostraba su mano totalmente vacía, fingiendo un anillo invisible.

Lamine estuvo a punto de retroceder ante ese juego de rol tan extraño.

—De hecho, mi mujer está allá: «¡Hola, cariño!». Y ellos son mis dos hijos —Gilberto señaló hacia el sofá, donde no había nadie.

—Okey, Gil, tú sí que estás como una cabra, tío —dijo Lamine, negando con los brazos cruzados.

—Somos desconocidos y yo estoy casado —insistió Gilberto—. Y tengo dos chamacos.

—Gil, sigue con esa mierda y, Dios sabe cómo, pero te hago yo esos dos críos —dijo Lamine, masajeándose el puente de la nariz.

Gilberto soltó una carcajada que lo hizo echar la cabeza hacia atrás, rompiendo por completo el personaje.

—Bueno, bueno, ya. Ahora cambia el turno: yo seré el desconocido que te trata de ligar —dijo Gilberto, recuperándose de la risa y dando un par de pasos hacia atrás.

—Venga, pero tan facilito no soy, ¿eh? —advirtió Lamine, estirándose un poco y dándole la espalda de forma casual—. Dale.

Gil tomó distancia como si estuviera entrando al bar. Mientras Lamine fingía esperar a alguien —mirando un reloj imaginario en su muñeca, rascándose la nuca y observando el techo—, Gilberto caminó hacia él con determinación. Se le acercó por un costado, lo tomó con firmeza de la nuca con ambas manos y, antes de que el español pudiera reaccionar, lo besó profundamente en los labios.

Lamine, incapaz de resistirse y con el cuerpo actuando en automático, le correspondió de inmediato. Sus brazos rodearon la cintura del mexicano para pegarlo a su cuerpo; simplemente no pudo evitarlo.

De pronto, Gilberto lo empujó con fuerza para apartarlo.

—¿Qué pedo? Somos desconocidos. ¿Así le haces con todos los que se te acercan a tirar el perro? —reclamó Gil con indignación ficticia.

Lamine se restregó ambas manos por el rostro, entre frustrado y avergonzado.

—Bueno, tío, no... pero desconocido o no, si eres tú quien me da un beso así, me descolocas, ¿vale? —admitió Lamine sin pena alguna.

—Órale pues —dijo Gilberto, dándose por satisfecho con la respuesta y sentándose victorioso en el sofá.

—Ey, pero ahora falta lo que yo quiero hacer —protestó Lamine, caminando hacia la mesa y tomando el teléfono de Gilberto.

—¿Qué cosa?

Lamine buscó un contacto rápido en el dispositivo de su novio y marcó, poniendo la llamada en altavoz antes de dejárselo a Gil en las manos y sentarse a su lado.

 

Pip... pip... pip...

—¿Bueno?

—Hey, hola. ¿Pedri, verdad?

—Él habla, sí. ¿Quién es?

—Ah, soy Gil, Gilberto... eh, novio de Lamine. No sé si me recuerdas.

—¡Hombre, sí! Claro. ¿Pasa algo?

Ambos estaban sentados en el sillón, Gil sosteniendo el teléfono mientras Lamine se cubría la boca con ambas manos para contener la risa.

—Bueno, este... no te voy a mentir, tomé tu número del celular de Lamine. Yo, uh... quería preguntarte algo —dijo Gil, mirando divertido a su chico.

—Vale, dime.

—Pues verás, estos días que me quedé aquí en Barcelona pues hemos estado juntos todo el tiempo, recuperando tiempo... pero hace rato salió y me dijo que iba contigo por una playera que tú le ibas a prestar. Este... la verdad discutimos y ya se tardó. ¿Quería saber si está ahí contigo? —dijo Gilberto en un tono impecablemente serio.

—Madre mía... —murmuró Lamine en voz baja. Gil le hizo un gesto tajante para que se callara.

—Yo... eh... bueno, venir, venir, no ha... no ha venido aquí, ni siquiera hemos hablado de una playera ni nada —dijo Pedri, dudando claramente al teléfono—. No sé si se habrá ido con Gavi o... la verdad no sé, lo siento. —Pedri parecía tragar saliva al otro lado de la línea.

—Oh, no, está bien. Gracias —dijo Gilberto.

—¡Hijo de puta, tenías que cubrirme, cabrón! —saltó Lamine alzando la voz, acercando la cara al teléfono.

—¿Lamine?

—¡Sí, cabrón! ¿Qué ha sido eso?

—Bueno, tío, ante algo así me la pones difícil si quieres que me ponga de tu lado, la verdad —le respondió Pedri.

—Fue su idea, Pedri, para que quedeclaro —intervino Gil entre risas.

—Bueno, muy poco creíble. Antes se corta la polla que dejarte, Gil. Lo sabré yo, que este tío tiene una foto tuya en su casillero... —comenzó a delatarlo Pedri antes de que Lamine lo interrumpiera.

—¡Hijo de puta, te dije que no se lo dijeras a nadie! —le gritó al teléfono y le colgó de golpe.

Gilberto se quedó con una sonrisa de oreja a oreja, mirando a su novio.

—Nada.

—¡Pero si no dije nada!

—¡NADA!

Y Gilberto volvió a soltar una carcajada.

—Bien, ¿ qué sigue? —preguntó Gil, limpiándose una lágrima de la risa.

Lamine se tocó la barbilla como pensando, hasta que sus ojos se iluminaron. Tomó su propio teléfono y lo acomodó recargado en el mueble de la televisión, justo frente al sillón. Gilberto se puso de pie y se colocó detrás de él, acomodándose la hoodie.

—¿Ya? —preguntó Gil.

—Listo, tío. Grabando —dijo Lamine, ajustando el encuadre.

—Ok. Vas tú primero —dijo Gilberto.

—Vale. No somos la pareja perfecta porque... a ver, porque este chaval de aquí cree que Cristiano es mejor que Messi —Lamine hizo un gesto señalándose la cabeza, como si llamara loco a Gil.

—No creo, CR7 ESmejor que Messi —afirmó Gil con firmeza.

—Venga ya... —Lamine puso los ojos en blanco.

Gil se acercó al teléfono y Lamine dio unos pasos hacia atrás.

—A ver, qué será... No somos la pareja perfecta porque este chavo de aquí cree que el Barcelona es más que el Real Madrid.

Lamine soltó una carcajada al escuchar la provocación.

—Ajá, pero es que hay que ser tonto —dijo Lamine, volviendo a acercarse a la cámara—. No somos la pareja perfecta... venga, fácil: él es mexicano —señaló a Gil— y yo español —se señaló a sí mismo.

—No somos la pareja perfecta porque Lamine pone reguetón hasta para dormir y pues... yo no —dijo Gil cruzándose de brazos.

—No somos la pareja perfecta porque Gil se muere si ve una playera arrugada y a mí me da igual —Lamine alzó los hombros.

—No somos la pareja perfecta porque, aunque yo manejo mejor, Lamine nunca me deja manejar a mí —soltó Gil como una queja real.

—No somos la pareja perfecta porque a mí me gusta la ropa más holgada, ¿sabes? —dijo Lamine—, y a Gil le va más la ropa de su talla... aunque termina poniéndose la mía de todos modos —agregó riendo.

—Bueno... no somos la pareja perfecta porque Lamine se quita la foto de perfil de Insta para hacerse el interesante, y yo nunca subo nada —reveló Gil.

—No somos la pareja perfecta porque yo soy más de salir de fiesta con mis colegas, y Gil prefiere quedarse en casa o planes tranquilos —contó Lamine.

—A ver... no somos la pareja perfecta porque yo soy medio y él delantero —Gil alzó los hombros, quedándose sin ideas.

—¿Y eso qué tiene que ver? —preguntó Lamine entre risas, para luego tomar su turno—. Vale... no somos la pareja perfecta porque sus padres están juntos y los míos divorciados —soltó de la nada, haciendo que Gilberto se riera.

—Okey... —Gilberto se quedó pensando un segundo antes de soltar la suya—: No somos la pareja perfecta porque Lamine ha tenido varias novias y yo, bueno, solo he salido con chicos.

—Mentira —dijo Lamine, frunciendo el ceño de inmediato.

—No es mentira —aseguró Gil muy tranquilo.

—No, pero... entonces tú... —Lamine dudó en decir lo que su cabeza procesaba.

—¿Yo qué?

—Eres gay —soltó Lamine.

—¿Tú no? —Gil soltó un bufido para aguantarse la risa.

—Bueno... las etiquetas no me las sé.

—No somos la pareja perfecta porque Lamine es bisexual y yo gay —dijo Gil mirando a la cámara.

—¿Pero de verdad? —Lamine lo miró totalmente incrédulo, olvidándose del video—. Yo creí que solo te gustaba yo, como a mí solo tú, tío... Estoy confundido.

—Bueno, solo he salido con chicos, eso es ser gay, ¿no? —dijo Gil.

—No, pero bueno... ¿con quién? —preguntó Lamine con absoluta seriedad.

—¿Con quién qué?

—¿Con quién más has salido?

Gilberto volvió a soltar una carcajada ante la reacción.

—No, tío, de verdad, ¿quién? ¿Cuándo? ¿Antes de mí, no? ¿O cómo? —insistió Lamine, acercándose a él.

—Pues sí, antes de ti. Pero ya, pasado pisado.

—Gil, de verdad...

—No somos la pareja perfecta porque Lamine es el hombre más celoso que conozco y yo la verdad no —dijo Gil dirigiéndose al teléfono.

—Hombre, cuatro de cada cinco personas que se te acercan es para ver si obtienen algo, ¡normal que sea celoso!

—Bueno, a ti te buscan cinco de cinco —remató Gil sonriendo.

Gilberto tomó el teléfono de Lamine y con un toque finalizó el video. Ya con el dispositivo en la mano pretendía revisar la grabación, hasta que Lamine lo interrumpió de golpe.

—¿Pero me vas a decir con quién más has salido o no? —insistió Lamine, sacándole una sonrisa a Gil.

—Bájale —sonrió Gil, divertido.

—No, de verdad.

—No he salido con nadie —dijo Gil, dejando el tlefono de Lamine a un lado—. Hablando en serio, no. Nunca —aclaró.

—Vale... —Lamine lo jaló hacia él, rodeándole los hombros con los brazos para mirarse de frente a los ojos—. Y sin seriedad... ¿no has tenido como ligues o cosas asi? —Lamine parecía terco e insistente con el tema, haciendo que Gil pusiera los ojos en blanco.

—Pues nomás con un compañero de la secundaria, pero no mancehs, teníamos catorce años y lo más que hacíamos era agarrarnos la mano —explicó Gil, pasando una mano con ternura por la mejilla de Lamine—. Eres mi primer novio serio... y el mas guapo.

—¿Entonces admites que soy un tío irresistible? —Lamine le dedicó esa sonrisita confiada a la que Gilberto parecía ser completamente debil.

—Pues claro, menso. Eres mi novio, eres la persona mas guapa que conozco —dijo Gil, dándole un beso en la boca, uno tranquilo, donde apenas se rozaron los labios.

—Me besaste con más ganas hace rato, tío. Qué coño —se quejó Lamine con una sonrisita.

—Hablando de hace rato... esa foto del casillero, ¿qué fue? —Gil se le rio de nuevo en la cara.

—En tu vida menciones eso.

—Solo quiero saber qué foto es. ¿Soy yo de pequeño o una foto reciente?

—¡QUE NO MENCIONES ESO DE NUEVO, RAFAEL! HABLO EN SERIO —dijo Lamine, fingiendo enfado extremo.

—Bueno, bueno...

—Gracias.

Despues, Lamine abrazó a su chico con ambos brazos y se acurrucó plácidamente en el hueco entre su cuello y hombro.

—Le voy a preguntar a Pedri despues —murmuró Gilberto en su oído.

—Lo mato. Como si no tuviera secretos de él que quiera cuidar para que yo no los revele —dijo Lmaine cara a cara con su novio.

—Lo que tú digas —contestó Gil, volviendo a soltar una risita antes de apretar el abrazo.

Notes:

JAJAJJAJAJ
Viste estas fotos de Mora que de la nada salieron? donde es un bebé cachetón? pues una foto asi me imagino pegada con mazquin en el casillero de Lamine, siempre la besa antes de jugar para sentir que esta con é, un dia de la nada Pedri lo vio y lamine le tiró un 'Como le digas a alguien te manto' Y pedri solo se rió. Me parece tierno.
Creo que escriboo mucho dialogo y pocas descripciones de lo que pasa la rededor, trabajare en eso, pero no lo evitare, me gusta mucho escribir diálogos, creo que las relaciones de los personajes que se desarrollan en dialogo es lo mejor, hace que me sienta como una metiche en la conversación.
¡Muchas gracias por leer!

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