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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-10-03
Completed:
2026-10-12
Words:
17,580
Chapters:
2/2
Comments:
10
Kudos:
44
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6
Hits:
825

PROVENZA

Summary:

Baby que más, hace rato que no sé na' de ti.

Jordan aparece una noche fuera de su casa; tiene tres años que no pasa, porque Jordan salía con alguien, pero ya está Free y Diego siempre será ese sexo inolvidable que es seguro.

Por lo menos una noche.

Notes:

Basado en la canción de "Provenza" de Karol G y también en mis experiencias personales jajaja

Mi primer FANFIC, no soy tan buena escritora, menos de smut, pero bueno, espero que les guste.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Cuando no era cantante.

Chapter Text

El celular de Diego sonó en el buró cerca de las nueve y media de la noche.

 

Lo escuchó por encima del ruido de la secadora de pelo, apenas si estaba vestido, sólo llevaba un boxer y la toalla enredada en el cuello para que no le escurrieran las gotas de agua por la espalda; se había bañado recién que llegó a su casa luego del chequeo médico y la valoración, por suerte, estaba dado de alta ahora y la lesión ya solo era cosa del pasado, Pero el trayecto de camino había sido horrendo, el trabajo ocasionó un bochorno que ni él aire acondicionado de su carro le ayudaba a no sentirse tan sudoroso, porque el calor de Guadalajara era tan sofocante, así que en cuanto llegó, fue directo a la ducha y luego se iría a la cama, no tenía ningún plan y estaba bien con eso.

 

Decidió no ponerse ropa, porque siempre se le mojaba, era mejor secarse siempre el cabello y luego vestirse, esa era su rutina; odiaba que el cabello le mojara la almohada,porque la sensación era terrible y no le permita descansar, sí, era mamón, no pueden juzgarlo. Así que como rutina antes de dormir, había optado por usar la secadora de pelo que le recomendaron en la tienda donde fue a comprarla hace unos meses, además, su hermana aseguraba que dormir con el cabello mojado era terrible para la salud y siempre bajaba las defensas, Diego no tenía el permiso de enfermarse y menos ahora que había perdido tanto tiempo sin jugar un partido por culpa de una lesión.

 

El tono predeterminado de su teléfono personal sonó, seguro que era su mamá con un chisme, una noticia o algo por el estilo, así que casi corrió para contestar, porque sabía que si la hacía esperar mucho tiempo, su madre armaba un lío, dándole una reprimenda que ni se imaginaba, y aparte, no le gustaba hacerla esperar, sabía que debía tratar a su mamá como una reina, así que simplemente era mejor correr para no dejar perder la llamada. 

 

Tomó el teléfono y contestó sin mirar el nombre de quien hablaba, sabía con certeza que pura gente cercana a él tenía ese número privado, de hecho, del equipo, el cotorro era el único con la suficiente confianza como para tenerlo, nadie más, así que daba lo mismo quien fuera, no importaba la hora, el lugar o el momento, ese teléfono siempre lo contestaría.

 

Pero creo que esa noche, su único error fue no ver el contacto que lo llamaba, porque si hubiera visto, se daría cuenta que era un número no agendado.

 

—¿Bueno? — dijo en cuanto apretó el botón verde para contestar, del otro lado, se escuchó una respiración.

 

—Que onda, plebe — entonces escucho esa voz. 

 

Gruesa, aterciopelada, ronca, tranquila y con ese puto acento del norte que hizo que a Diego le temblaran las piernas del puro escucharlo hablar.

 

—Jordan — su nombre salió de su boca casi con un suspiro entrecortado que lo hizo sentir débil de alguna forma que Diego no podía explicar.

 

—Él mismo, pá— una risa floja se escuchó salir de los labios de Jordan, — Pensé que no contestarías.

 

— No pensé que llamarías— porque nunca antes lo hizo, porque era Jordán de quien hablaba, Jordan, quien nunca buscaba, ese chico que jamás daba el brazo a torcer, el necio, testarudo y malgeniudo, aquel que prefirió irse a España antes de que su vida se fuera a la mierda por rumores que eran reales entre ellos, esos rumores de los eu Diego tuvo que afrontarse solo.

 

— Estoy afuera, sal— le pidió casi con súplica, Diego podría creer que era súplica la que escuchaba sino fuera Jordán quien lo decía.

 

—¿Y a donde salgo, cabrón? — Jordán bufó, con gracia, Diego se exaltó de solo escucharlo— Yo no fui a este partido, pendejo, me perdí el clásico. Estoy en rehabilitación del chingadazo de la pierna, así que no viajé a la capital con el equipo.

 

— No estoy en la capital tampoco, pendejo.— le contestaron al otro lado de la línea y entonces Diego supo qué significaba eso, Pero lo evadió, no quiso saberlo, se hizo el loco, podía ser solo un sueño.

 

— ¿Cómo?--- Diego frunció el ceño, haciéndose el desentendido, era lo mejor, jugar a ser el tonto.

 

— No creo que estés tan imbécil como para no saber a qué me refiero, verga—  se burló el menor y entonces Diego cayó en cuenta de que lo decía en serio y en ese “sal” estaba implícito el hecho de que Jordan estaba ahí, en Guadalajara, ahí, respirando el mismo aire, ahí, fuera de su casa, como muchas otras veces antes.

 

Y Diego no estaba lo suficiente blindado emocionalmente como para volver a verlo, pero sabía que estaba por enfrentarse a una guerra silenciosa, peor que la guerra fría.

 

—Sé que estás en tu casa, así que no me vengas con mamadas de excusas, güey—  genial, ahora ya no podía dar ninguna de las diez excusas por segundo que le vinieron a la cabeza. — No tardes.

 

Agregó antes de colga,  sin darle una chance de negarse. Diego estaba conmocionado, no podía sentir nada y a la avez sentía absolutamente todo, sin duda era… raro.

 

Con Jordan todo siempre era raro.

 

Suspiró.

 

Busco en su mueble de ropa y contempló aquellas cosas que tenía ordenadas por colores, reviso las playeras bien dobladas, pero decidió que esa noche, no usaría ninguna de ellas. Él porque, no lo sabía, solo sabía que había tardado más tiempo del necesario asaltado su propio mueble y que eso era extraño. Ni siquiera una cita con su ex le había tomado tanto tiempo en elegir verse bien, pero ahí estaba, buscando el pantalón adecuado y un camisa negra que se remangafo hasta los codos para no verse tan formal. Calzo unos tenis que no se había puesto en años y tomo su cartera, sus llaves y el celular.

 

Pero antes de salir se dio una última vista en el espejo, el perfume, ese que solo usaba en pocas ocasiones, estaba ahí, intacto, aquella botella le había durado el mismo tiempo que tenía sin ver a Jordán, y era gracioso, porque siempre veía aquella botella, cada mañana estaba ahí, en el mismo lugar esperando ser usado y Diego simplemente lo ignoraba, como a un recuerdo o peor aún, como algo tangente de hechos que existieron y que siempre ignoró para no darle el peso que sabía que tenía.

 

Qué trato de hacerlo.

 

Tomo valor suficiente, abrió la botella y se aplicó la cantidad necesaria y era casi como una metáfora o peor aún, como una regresión del tiempo donde ellos eran los protagonistas y Diego víctima de sus decisiones. Era una metáfora, casi como la caja de Pandora y se estaba reflejado en su maldita botella de perfume, ja, hasta para esos símiles era pendejo, porque su vida no era una caja dorada con un cerrojo engañoso, su metáfora era un perfume que costaba quizá la mitad de los demás perfumes en su colección y aún así, atesoraba como el mayor oro del mundo.

 

Se miró una última vez y ese brillo en su mirada le indicó que sus malas decisiones eran ciertas, pero ya no había tiempo que perder, no podía borrar el tiempo ni cambiarse el corazón, así era la vida, simplemente, a veces avanza y Diego no podía pararla por una estupidez como lo era enamorarse de quien no debía.

 

Entonces salió de su departamento, con en corazón en la garganta y los pulmones peor que en su etapa de fumador compulsivo.Bajar el ascensor le consumió los nervios que le brotaban del estómago, estaba por vomitar y se sintió como un pendejo, pendejo, pendejo, pendejo se repitió constantemente, porque lo era, lo confirmo cuando estaba cojeando directo a la salida del edificio para ver al cabronazo que lo rompió alguna vez, ese cabronazo que lo tenía como perro a sus pies y una vez más, volvía a apretar la puta correa.

 

Camino hacia la salida, saludo al guardia, Agustín se llamaba y entonces después el leve aire le dió directo en el rostro, aunque no lo suficiente fuerte para hacerlo temblar, como lo hizo el hecho de ver aquel carro estacionado justo en frente de su departamente. Tenía los vidrios polarizados, pero sabía con exactitud a quien carajos le pertenecía dicho auto, lo sabía hasta con los ojos cerrado, el primer maldito suelto como profesional y sus ahorros de toda la vida, eso significaba el puto auto de lujo que estaba ahí esperando por él. Y eso le ocasionó un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo, de pies a cabeza.

 

Tomó valor, dio tres exhaladas de aire y decidido caminó hasta el coche blanco, en cuanto se plantó al lado del auto, la ventanilla bajo, supo de inmediato que entonces, ya no había absolutamente nada que les separará, nada, ni la fantasía y menos el recor, nada, Jordan estaba ahí, el puto Jordan estaba ahí.

 

— Hola, perdido— Jordan fue el primero en hablar, Diego lo miró, reconociendolo de inmediato.

 

No, aquel frente a él no era un extraño, aquel frente a él era el mismo Jordan que conoció hace demasiado tiempo, cuando era un adolescente y jugaba para el tapatío, era el mismo, quizá tenía el cabello más largo y la sombra de la barba era visible incluso en la tenue luz del auto, pero era el mismo. Con los labios gruesos y rosados, los ojitos de cierv,  pero siempre al tiro, los lunares esparcidos por su rostro como las estrellas o un pan árabe, era Jordán, era el mismo y sin embrago, Diego sabía que ya no era quien creyó el amor de su vida, ese era Jordán, pero ya no era su Jordan.

 

Y Diego nunca más sería el Diego que Jordan tanto amo.

 

— Que pedo, pinche Jordán — saludo casualmente, mientras abría la puerta del auto y entonces, al sentarse en el asiento del copiloto, por fin pudo mirarlo bien, el mismo, con ondas en el cabello castaño, la pinche manía de pasar la lengua sobre sus propios labios cuando estaba nervioso y todo, todo seguía igual.

 

Como si siguieran teniendo 16 años de nuevo.

 

No era más alto, porque era imposible que Jordan pudiera crecer más, era Chaparro, así que los años no hacían milagros, pero seguía condenadamente guapo,  tanto que hizo latir su corazón como si tuviera arritmia o un pedo así, culpo al vape, tenía que dejar esa madre porque le estaba haciendo sentir débil, se negaba a creer que era el efecto Jordan.

 

El saludo desconcertó al intruso, no sabía porque o en qué momento, pero no estaba acostumbrado a que Campillo lo tratará de esa forma, tan... Igual a los demás.

 

— Cuanto tiempo sin saber de ti, mi rey— Jordan espero un contacto, un abrazo, una palmada en la espalda, quizá un golpecito en la frente, algo, quizá o mejor aún, un beso, porque era ambicioso y un pendejo, lo sabía y aún así esperaba demasiado por cosas que no volvería a probar nunca más.

 

— ¿Ya tiene rato, verdad?— dijo casual mientras lo miraba directamente a los ojos y le hizo recordar ese 2017.

 

Aquel 2017 donde lo fueron todo, donde se demostraron ser todo y entonces lo habían perdido. Porque en aquellos años las manos nunca dudaban su lugar, probablemente las manos de Campillo ya estaban en el culo de Jordan mientras fajaban en la cajuela de la camioneta de su padre, en aquel entonces, probablemente Jordan, siendo siempre tan atrevido, le susurraría puercadas en el oído como "que ganas de que me metas el pito, cabrón" , mientras llevaba las manos a su pene y le daba de las mejores jaladas de rifle que le dieron en la vida, incluso si eran inexpertos y eran el único acto sexual que habían presenciado ambos.

 

Pero ya no era 2017.

 

— Sí, cabrón — Jordan escucho que le pitaron, un auto atrás de el, giro los ojos y prendió el auto, no sabían dónde irían, pero nunca tenían planes, avanzo sobre la privada, con dirección a la salida del recidencial —Pero cuéntame, que es de ti, verga.

 

Campillo nunca preguntó "¿Donde vamos?", ni ahora que no sabía literalmente donde lo llevaba, ni mucho menos cuando era metafórica la pregunta y se refería a lo que nunca le dio nombre.

 

— Pues, todo anda de poca madre, wey.— le confesó mientras desviaba la vista del camino y se enfocó en ver a Jordán, manejando con una sola mano mientras que la otra salía de la ventanilla—  Me quedo de poca madre regresar al Chivas.

 

Le presumió su gran logro, luego de ese préstamo que le hicieron al Juarez, ese préstamos que fue el resultado del desmadrito que dejó Jordan a su paso; aquel en que se convirtió con el corazón roto luego de verlo subir al avión con planes de nunca volver para triunfar como un grande en otro lado del mundo, aquel que le dijo "no te pases de verga, no somos para tanto. Mi carrera vale más, wey" .

 

— Hijo de puta— se burló Jordan viendo la arboleda que iban dejando a su paso— se te hizo jugar en la grandeza cabrón.

 

Campillo se rió genuinamente, soltó una carcajada y asintió con un toque de arrogancia, se lo merecía, esa metamorfosis era de admirarse, porque cambio, cambio demasiado y merecía aplausos por hacerlo. Mecía putas ovaciones, caray. Y más de este cabrón, porque este cabrón había sido el causante de todos aquellos cambios pasados, aunque más que culpar Carrillo, Diego se culpaba a su mismo por ser un narco y dejar que otra persona le arruinara la vida.

 

— Casi me quedo sin ello, Jordi— murmuró casi sin querer y eso hizo que Jordan apretara el volante, sabía perfectamente que había pasado.

 

Sabía perfectamente en quien se convirtió cuando huyó, sabía perfectamente del Campillo oscuro que le costó ir a la primera división con Chivas, aquel que se la pasaba de peda en peda, con chingo de morras y un montón de despilfarre de varo que ni tenía asegurado, ese campillo que salía en fotos de gente extraña, aquel que siempre estaba entre los excesos y la vida de estrella, ese que no era su Diego, ese que dejó a su paso.

 

Jordán tampoco la vivió bien, pero quizá y la vivió mejor que Diego. Porque su carrera parecía despegar, la oferta en España era buena, la escapada que dio para ya no sentir lo que sentía fue la excusa perfecta y todo lucía de ensueño; pero no lo fue, y en España solo se frustró tanto que ya no hallaba forma de regresar a México.

 

— ¿Como está Val?— la pregunta rompió sus pensamientos, Campillos hablaba con una ligereza que le causaba dolor de cabeza, porque era como si ellos fueran amigos de siempre y no hubiera sucedido lo que sucedió luego de que regresara.

 

Aquella pinche frase de "No cabrón, ella es mi novia, llevamos un tiempo" que le soltó luego de que Campillos se pusiera cachorritos y quisiera llevarselo a los camerinos luego de volverlo a ver portando la del santos. 

 

Jordan dejo de ver la carretera y miro a Campillo de reojo, alzó los hombros y negó.

 

— Sepa la verga.— dijo desde la seguridad y la certeza de que su visita a Guadalajara no era solo una casualidad, había implícito el hecho de que Jordan ya no estaba con Valentina — Ya ando Free, pa.

 

Y Diego lo entendió todo, claro, lo entiendo y entendió de la presencia del pendejo este.

 

— Ay no mames, pero duraron un chingo.— se hizo el desinteresado, como si aquella noche que se enteró que Jordan ya era ajeno no le hubiera dado caso un puro brote psicópata mientras quería romper absolutamente todo, porque sabía que Jordan nunca iba a elegirlo, ni en esta, no en todas sus pinche vidas.

 

Y a la madre, eso le dolía como no tenían idea, porque sí, Diego era un cabrón sensible y sabía, de huevos, que quería a Jordán, tonto y aferrado, como si alguna vez hubiera tenía oportunidad, como si alguna vez Jordan iba a alegirlo entre todo el mar de gente.

 

— Dos años.— demasiado tiempo para algo pasajero, en cambio, el tiempo es relativo y era un chiste, porque Jordan y Diego llevaban conociéndose desde 2016, casi diez puntos años y aún así, aún a pesar de todo, a pesar de saber que hubo sentimientos, de que cogieron un chingo de veces, entre mucho más, ellos seguían siendo algo pasajero.

 

Tenía que aceptarlo.

 

— ¿Por eso estás aquí, pendejo?— le pregunto de repente, entre el silencio, la tensión y mucho más que guardaban en su pecho. Pregunto, porque se atrevió luego de tantos años en silencio, porque se atrevió a preguntar aunque sabía que no se atrevía a decir que no, porque también quería todo lo que Jordan le ofrecía.

 

Jordán se quedó callado, no contesto en toda la avenida hasta que el rojo se le cruzó y el auto se paró.

 

— Eres un polvito difícil de remplazar, güey.— un polvito. Algo que saludes cuando no lo quieres, un polvito, un buen coito y solo eso, eso es lo que podían ofrecerse, lo único que recibirían uno del otro.

 

Sexo.

 

— Déjate de mamadas.— porque notó que había una chispa graciosa en la mirada de Jordan, noto que había palabras implícitas también.

 

— Sabes que lo digo en serio.— porque lo eran. Porque nadie podía cogerse a Jordán como solo Diego sabía hacerlo.

 

Porque nadie lo dominaba en la cama como él, porque nadie le hacía ver estrellas mientras lo llevaba al borde del orgasmo y le impedía la venida, porque nadie, nadie, había logrado tatuar en su mente la viva imagen de esos ojos mientras se tragaba su pene en una buena mamada.

 

— ¿Qué te hace creer que yo puedo ahora?— y eso lo awito de inmediato. No imagino la idea de verlo con alguien más, porque Campillo siempre estaba disponible para él. Siempre.

 

Incluso ese fue el miedo tan absoluto que alguna vez le abordo, porque era tonto para el y sus sentimientos, Jordan no era de piedra, pero tampoco era pendejo, era perder o perder, entre ellos nada debía suceder, nunca.

 

— ¿Estás saliendo con alguien?— Dijo algo tenso, Campillo quiso gritarle y decir que era un pendejo, que si el estuviera con alguien, no siquiera estaría en ese auto. Qué si el estuviera con alguien, sería tan perfectamente respetuoso como para no volver a ver a Jordán nunca en su perra vida, y sin embargo, se quedó callado.

 

Soltó una risa burlona y suspiro resignado, si está sería la última noche, el cierre que tanto necesitaba. Entonces era de era de cabrones aceptar su destino y simplemente rendirse esa noche a sus placeres.

 

Si Jordan quería una buena cogidita, entonces le daría la mejor cogida de toda tu vida y al día siguiente lo dejaría ir sin mirar atrás, bloquearía su número y le daría la oportunidad que tanto se merecía a Bryan, Gonzales se había lúcido siempre y si bien era una nacada suya eso de sacar un clavo con otro, Bryan estaba al tanto de que pedo con él y aún así siempre buscaba una oportunidad.

 

— No.— porque era la verdad, nada con nadie, lo normal, lo puto normal cuando eres la persona que espera por algo que no va a venir, Diego sabía que era un pendejo, pero si era la última noche, una noche más para darle cierre a eso que sentía, entonces adelante, lo haría.

 

— Lo vez.— Dijo seguro, aunque su voz titubeó un poco, Jordan sabía que estaba tentando fuego y que realmente, aunque Diego siempre fue calmado con él, era un vergero, y que si tentaba su suerte esto podría salir muy mala para él, tanto que podría mandarlo a la verga.

 

— ¿A si que solo cogeremos esta noche y ya? — sonaba tan mal para ambos decirlo en voz alta y sin embargo esos eran los planes, una cogida bien dada, una noche como antes y ya— ¿Para esa mierda me hiciste bajar?— se burló — Mejor te hubieras subido de una, pendejo.

 

Porque las puertas de Diego siempre estaban abiertas para Jordan, porque su departamento siempre estaba abierto para él, justo como su corazón, un pase directo.

 

— No solo quiero que me la pongas, pendejo.— porque Jordan no solo quería una cogida free con jalón de pelos y la mejor metida de pito que pueden darle, no, no quería simplemente lo físico, quería algo más.

 

— ¿Entonces?— preguntó con una esperanza que vibro en su rostro.

 

Porque había algo más que Jordan quería y Diego estaba dispuesto a dárselo sin disputas tontas.

 

— Quiero...— Diego lo miró espectante—  Dar el rol, supongo.

 

Por supuesto, por supuesto que era eso y no una familia de ellos dos juntos, con una casita con jardín y un montón de pelados para hacer un equipo de fútbol, Diego era estupido y un iluso, obviamente ese cabrón solo quería eso con él, solo eso, nada más.

 

— ¿Dar el rol?— preguntó incrédulo, aunque sabía que significaba dar el rol para Jordan, alzó las cejas con sarcasmo.

 

— Ya sabes, como antes.— cuando todo era diferente,  como en 2017, cuando salían. Pasear con la camioneta prestada de su papá, con cien pesos de gasolina, sin importarles la política pendeja y menos preocuparse por la ultraderecha, en aquel entonces todo lo que ellos querían era debutar y ser el capitán de sus clubes, ganar miles de pesos, tener aficion que aclamar sus nombres,

tocar la gloria, comerse al mundo en dos bocados, era lo único que querían, era lo único que deseaban.

Entonces, dar el rol significaba dar una vuelta por Guadalajara, con una cerveza para ambos que los ponía tan cachondos que terminaban cogiendo en via pública, un martes cualquiera, cuando eran canteranos del mismo equipo y no dos idiotas que tomaban malas decisiones.

— La última vez me sacaron de Chivas por esas mamadas, cabrón.— le recordó Campillo, rompiendo su burbuja de inmediato — y a ti te mandaron a España, pendejo.

Mentira, mentira, Aquel viaje a España no fue luego de salir a hacer mamadas por la ciudad, aquel viaje a España fue porque hace apenas Santos lo había fuchado, llevaba meses jugando profesionalmente, meses; ese día jugaron contra el Chivas, Campillo seguía en el tapatío, una escapada para ver al chico, una llamada "hay que vernos", así de simple.

Sí, es verdad, aquella noche surgió un pequeño rumor que les destaparon luego de que los policías los detuvieran por manosearse y conducir bajo el alcohol, los cacharon por los movimientos exagerados de la camioneta, en cuanto la luz de la torreta alumbró el camino, supieron que ha una. Válido para pura madre, cuando tocaron el cristal, no pudieron no fingir, la cara de idiotas nadie se las quitaba, estaban despeinados, con erecciones y Jordan la cago tratando de sobornar a los policías que ese día amanecieron honestos, Jordan se puso al pedo, se ondeo machin y luego llamo la atención de alguien que para mala suerte de ellos, reconoció a Jordán y los grabó, ese vídeo fue a dar al club Santos, a Campillo nadie lo reconoció;  pero no siquiera fue la última vez, luego de una pelea intensa que se arreglo con una buena mamada en un motel más chingon de los que siempre acostumbraba, porque ahora había varo, Jordan no sabía dónde gastarlo.

Dos meses después todo valió madre, la excusa fue ese rumor, la verdad es que Jordan se paniqueo al saberse entregadamente suyo, así que simplemente tomo los dotes grandísimos de su representante y en un santiamén, Jordan estaba tomando maletas y ni se despidió de Campillo. Este se enteró cuando Jordán estaba ya en el otro lado del charco, dando entrevistas culeras. No llamó.

Jordan no llamaba nunca y menos cuando Campillo no era necesario.

— Lo sé—todo era mentira, sabía que sus razones eran las mismas del porque estaba ahí, de nuevo— pero...La pasamos cherry ¿No?

Diego quiso negarlo, darse un valor suficiente, dejarle en claro que no era un juguete, que no se dejaba, que ya no era lo mismo, quiso decirle con amor y sinceridad que ya no lo esperaba, que podía  volver a esas andadas de tira y afloja, porque ya tenía 24, no podía esperarlo para siempre, no podia, y sin embargo, a verlo sonreír, recordó todo lo que habían vivido juntos, no solo las cosas calientes que hacían, sino también aquellas charlas en donde solo existían ambos, aquellas charlas donde había futuro, uno que aún no les pertenecía, pero que imaginaban, que podían suceder solo si confiaban demasiado en el destino y sus buenas cartas de póker.

Sonrió.

— Siempre.— porque siempre era la palabra, porque Diego sabía que era un siempre y Jordan un tal vez, un quizá, algo incierto, ya no podía engañarse más.

— Entonces...— preguntó Jordan, mientras fijaba el camino en la carretera, quería saber dónde irían, quizá un antro, o un bar discreto, un restaurante con coctelería o algo como eso.

— Vamos donde siempre.— porque era una despedida, donde siempre, donde todo comenzó. Aquel bar verguero que era más probable que te robaran la cartera a que te llevarán las bebidas a la mesa improvisada.

Un lugar que era naco, naquisimo, un lugar naquete donde venden micheladas de 2 x 120, y bebidas de dudosa procedencia, pero que siempre sabían con madre, aquel lugar donde les vendían siendo menores de edad y siempre se creían la gran verga por ir ahí, si, ese tipo de lugares donde le temían a Profeco y estaban con permiso chueco.

— ¿Dónde siempre?— Jordan se desconcentro. Ambos tenían dinero tanto como para aventar pa' arriba. A Campillo le iba super verga en el Chivas y Jordan era la estrella del pumas, ambos tenían sueldos de diputados, quizá y aún así, Diego pedía ir a ese lugar.

— Así es, ya sabes dónde es ¿No?— preguntó mientras se recargaba en la vetanilla, viendo a Jordán manejar— ¿O también lo olvidaste, pa?

Diego era un chinga quedito, Carrillo lo sabía y aún así, el piedrazo le llegó, pues sabía que ese olvido venía con veneno, y aún así, lo ignoro, porque no quería dar más foco a aquello, no quería desperdiciar energía enmendado sus cagadas, no quería perder el tiempo en algo que no sucedería de buena forma, nunca, ambos lo sabían.

— Ahora tenemos dinero cabrón, podemos ir a un bar bien cherry, si quieres.— Diego negó, sabía que podían, de hecho, fue su primera opción, pero entonces todo llegó de sopetón y el simple hecho de saber que esto era un círculo vicioso le hizo entender que lo mejor era romperlo todo.

Pero una noche más no le hacía daño a nadie, la despedida, porque Jordan no podía esperar a que Diego lo esperara después de los 26 y para mala suerte de ambos, ya estaban más cerca de esa edad, así que simplemente era una despedida a una etapa que ambos tanto quisieron, pero que como la misma palabra lo decía, ellos eran solo una etapa.

Jordan no era el amor de su vida y Diego no sería el tonto que se queda esperando por alguien que nunca lo va a querer de la misma forma.

— Demasiada gente que nos conoce, pendejo.— y más Aquí en Guadalajara, porque Diego era la estrella de la ciudad, de los mejores putos defensas, —Aquí no es como en la capital, aquí si te apedrean por joto.

— No mames, Diego, pues si no vamos a coger ahí en la barra, puñetas— aunque la simple idea, sonaba absurda, si, eran vergueros, pero tampoco tanto, tenía un poco de decencia —ahí es un lugar bien de mala muerte.

—¿Y? — eso no importaba cuando tenían 16 años y ambos vivían solos en lugares fuera de sus estados.

— Eres un naco. — y aún así, Jordan tomo camino donde se encontraba dicho lugar que sabía de memoria como llegar, aunque los dos desconocían que estuviera en el mismo lugar.

Y si hablamos de metáforas, Jordan no dejo a Diego en el restaurante como a la Taylor Swift; a Diego lo dejaron en "el rinconcito" con un Miche en la mano y sin unos besos que le quitarán el chamoy de las comisuras.

Así de nacos y estupidos eran.

— Arre, pues, arrancale y dale recio.— Jordan giro los ojos.— Pa recordar los buenos tiempos ¿Qué no?

Los mejores días de sus putas vidas, los mejores.

— ¿Y que pedo, pa? ¿Cómo va todo en el chivitas?— Diego soltó una sonrisa.

— Me siento con madre, neta. Es como si me inyectaron adrenalina, en el vestidor hay desmadre, pero todo está tranquilo, no es tan malo.—  Jordan lo vio sonreír y supo, entonces, que aquella, podría ser la mejor noche del mundo.

Todo el camino hablaron de trabajo, el fútbol los apasionaba un chingo.

—No mames que sigue abierta está madre— dijo Jordan en cuanto vio que el ambiente estaba bien a toda madre, sonaba un canción de fuerza regida de fondo.

 

Seguía luciendo igual de naco que en ese entonces

 

— Ojalá la Profeco nunca se entere que existe, robarían mi lugar seguro— Jordan soltó una carcajada sonora, negó con la cabeza y aparco rezando que al terminar las cheves, su carro estuviera intacto.

 

— Deja le doy 100 varos al cabron ese y te aseguro que queda intacto tu bebé.— Diego no espero más, dio un suspiro y bajo del auto, sacando de su cartera un billete, se acercó sonriente al güey ese y le brindó el dinero diciéndole que si lo encontraba intacto le daba más, el chico acepto de inmediato y le aseguro que si él lo cuidaba el carro quedaría sin un solo rasguño.

 

— Se ve que sabes que pedo aquí, verga— Y Diego alzó los hombres.

 

— La última vez que vine, fue contigo—Jordan lo miro, no podía creerlo, Diego no quiso perderse en ese duelo de miradas, así que le sonrió con arrogancia y caminó hasta las puertas de ese lugar abarrotados donde todo mundo estaba en su pedo.

 

Apestaba a Hierba, cerveza, sudor y tabaco. Y aún así, se sintió más libre de lo que fue en estos últimos años. Jordan se adentro con el, y se escabulló hasta encontrar una mesa de esas redondas con sillas larguísimas, ya había ambiente, gente bailando en la pista improvisada. Diego le hizo señas de que iba a pedir, Jordan le levantó el pulgar dándole a entender que estaba bien, que pidiera lo que quisiera.

 

Nadie los reconoció.

 

Y eso se sintió bien. Miro su celular en la espera de Diego y entonces sus compañeros preguntaban por el, Omar fue el más insistente, el solo le dijo que salió a ver a un amigo y que no volveria hasta el lunes en el entrenamiento, que no lo esperaran

 

Diego llegó, con dos vasos en la mano.

 

— Una Miche pa' mi y un mojito pal puñetas este —Jordan sonrió, y acepto la bebida sin decir nada, le dió un tragote y eso le hizo sentir mareado, había olvidado que era probar el alcohol barato y lo probablemente adulterado que era.

 

— Su puta madre, esto tiene oso negro o una mamada así— Campillo soltó una carcajada y le pegó un trago a su miche, ambos se sonrieron, tranquilos, sin necesidad de hablar mucho, no había palabras suficientes o necesarias, solo eran ellos dos, como en el pasado, ellos dos, una mesa redonda, un bar de dudosa procedencia y un montón de extraños a su alrededor, como tantas otras veces, solo que esta vez, se sintió distinto.

 

Dos miches después, la canción que sonaba de las pinches bocinas sonó como una epifanía, todo mundo soltó un grito en el lugar, algunas personas dijeron "mi canción", pero en cuanto esa tonadita comenzó, Campillo dejo de ver su bebida para dirigirse a Jordán y Jordan ya lo veía de vuelta.

 

"Como antes
Baby, vamo' a hacerlo como antes
Como cuando no era cantante
(Antes de que yo me hiciera un gánster)"

 

—No pusieron el remix— comentó Jordan tratando de aligerar el ambiente, pero era imposible, la canción estaba todo que ver para su situación.

 

Porque esa noche ellos querían ser como antes, cuando no eran futbolistas profesionales y eran solo adolescente con sueños guajiros, aquellos donde la vida no se les veía separados, aquellos donde, si bien, específicamente no habían dicho que se veían en el mismo equipo, la idea estaba ahí, como un duo dinámico excepcional, siendo la bomba respectivamente.

 

La canción había hecho que todo mundo cantará, era un himno, pinche bogueto se la había rifado, sin embargo, aunque ambos sabían dicha canción, ninguno dijo nada, solo se miraron directamente a los ojos, como si todo mundo valiera verga a comparación de la persona que tenían enfrente, se miraron, con anhelo, con deseo, con un montón de sentimientos encontrados, Diego sonrió de lado y Jordan supo que todo valió verga, que ya no había autocontrol.

 

Dio un brinco y se bajó del banco, fue directamente a Diego, nadie en el lugar los veía y si los veían les importaba menos, así que, siguiendo esa lógica, Jordan fue directamente donde Diego y Diego le abrió paso para colocarlo entre sus piernas, no hubo un beso, solo pegaron sus frentes, como un acto más íntimo que un beso.

 

— Te extrañé un chingo, cabrón — murmuró Jordan y Diego suspiro, flanqueando, no podía decirle eso y luego dejarlo como si nada, no podía simplemente esperar que le correspondiera y aún así, Diego era demasiado estupido como para corresponderle. Cerro los ojos, sintió las respiración pensada, Jordan suspiro y el el olor a alcohol inundó su burbuja pesada.

 

— Vamos a dar una vuelta— Dijo para separarse, aún sin abrir los ojos,  Jordan sintió el rechazo y aún así, pudo palpar la tensión, no se daría por vencido, era necio y sabía que tarde o temprano, la noche terminaría de una sola forma.

 

— ¿Ya tan rápido quieres irte, mor?— le susurró, Diego abrió los ojos de golpe y ver a Jordán aún tan cerca, le dio una taquicardia cabrona. Más aún cuando vio la lengua pasar por sus labios, dándoles un brillo que quería arrancarle con un beso.

 

— Mejor voy por otro pinche trago.— se hizo para atrás y Jordan le sonrió con burla, dio un paso para atrás y le dio suficiente espacio.

 

— Sobres pues, me traes una pinche madre azul esa que todos traen— Diego se bajó de la silla.

 

— Eres igual de naco, cabrón —pero asintió y pronto se perdió entre la marea de la gente.

 

Jordan dio el último trago a su vaso de plástico, recordó como se veía el rostro de campi, tan cerca, tan tenso, tan estúpidamente nervioso y se sintió victorioso, porque a pesar de los años, seguía teniendo el mismo efecto en él, seguía actuando igual, seguía sintiendo lo mismo, o por lo menos, ambos tenían las ganas de volver a comerse, como antes.

 

—Hola— una voz se escuchó a su espalda.

 

— Que onda— devolvió el saludo a la chica pelinegro que le saludaba, la chica le dio de sus mejores sonrisas, era linda.

 

— ¿Y que haces tan solito, o que?— preguntó la morena y Jordan sonrió, era linda, si, pero no estaba aquí para eso, menos cuando estaba esperando por alguien que siempre le ha una volver .

 

— ¿Pa' que o que?— la chica soltó una sonrisa.

 

— Le gustaste a mi amiga, la güerita de allá — y entonces volteo a mirarla, la chica, con las mejillas rojas le sonrió tímida y lo saludo, Jordan solo le dio un saludo con la mano y se giró a la chica pelinegra.

 

— Vengo con alguien, lindas— incluso Inestable interesado, Diego siempre iría primero y más en una no he como esas.

 

— Lástima, eres demasiado guapo— Jordan asintió y no volvió a hablar, la chica se despidió con la mano y le lanzó un beso que Jordan ignoro.

 

— Ah, ya andas de perrito, pa— la voz de Diego sonó a la espalda de Jordan, este volteó con una sonrisa pícara, el tono de Diego era claro, había celos en esa voz,  y a Carrillo lo prendió más que a un cerillo.

 

— Quien es guapo es guapo, mor— Diego no sonrió, miro a otro lado y apretó la mandíbula, claro que estaba molesto, celoso y arrebatado,  sentía la sangre caliente y el saber que Jordan nunca cambiaría.

 

— Pues entonces que esperas, te andan viendo la morras — Jordan soltó una risa burlona.— jalale a la verga, pues.

— ¿Estás celoso?— se acercó hasta Diego, Diego, con ambas bebidas en las manos ni se enmuto, se mantuvo de pie, tenso con la cercanía, porque al parecer Jordan era un pendejo que no sabía de spacio personal— No tienes porque estar celoso, mor. Esta noche estoy pa' ti no más, verga.

—Pues entonces vamos a dejárselos en claro a esas morras de ahí, porque seguro andan pensando un dos pa' dos— Diego se acercó hasta el odio del bajito y con un bufido burlón, le susurró — y si quieres, yo siempre puedo tomar a la morena.

— Pura verga el 2 pa 2, pendejo.— Jordan le dio un empujón por el pecho, tenía el ceño fruncido y miraba Diego como si quisiera cocinarlo vivo — no vine hasta aquí pa que salgas con tus mamadas, mijo.

— Tu empezaste, culero— Jordan sonrió, sabía que sí, era culpable. Pero también Diego sabía que se ondeaba bien rápido y no le gustaba que le devolvieran el golpe.

— Chinga tu madre— Diego dejo las bebidas en la mesa y luego fue donde Jordan, lo tomó del brazo sin decirle nada y lo jalo hasta la pista — estate quieto, pendejo.

— Vamos a bailar— pero Diego era un puto palo en la pista de baile y Jordan estaba tan encabronado que no siquiera quería moverse.

— chinga tu madre— Diego comenzó a moverse lentamente, sepa la chingada que canción sonaba, pero intento seguir el ritmo, mientras jordana Stana cruzado de brazos frente a él.

Diego lo tomo de las caderas, intento moverlo, pero Jordan le dio un manotazo, Campillo se carcajeo y comenzó a bailarle más de cerca, estiró su mano derecha, le tomo la cintura a penas con los dedos, le recorrió el costado y Jordan sintió cosquillas.

— Estate quieto, verga— pero Diego lo ignoro y comenzó a acercarse más a él, lo tomo de la cintura y puso una pierna en medio de las de Carrillo, lo jalo más cerca y con la mano libre lo tomó del cuello y Jordan paso saliva, te iba fuerza de voluntad, pero estaba frente a Campillo y este lo tomaba del cuello, con esa posesión tan característica suya, así que no pudo más, comenzó a moverse al ritmo de Diego y estiró las manos para tomarlo de la camisa, por el pecho, dio un jalón hasta que no quedó un centímetro entre ellos, un solo tirón fuerte y pronto Diego estaba a sus pies, como en los viejos tiempos.

Subió las manos hasta el cuello de Campillo, las cruzó por detrás y jugo con el cabello de su nuca, estaba sudado, el sudor mojó las llemas de sus dedos, pero no le dio ni un apice de asco, sabía lo magnífico que sabía Diego estando todo sudado, le había probado hasta al alma así que asco era lo que menos iba a sentir, abrió más las pierna, acunó la rodilla de Diego con sus propios muslos, el cambio de altura era algo que lo ponía extremadamente cachondo, así que tenerlo así de cerca, con una canción de reggaeton en la bocina, le hizo alucinar. Más aún cuando la manota de Diego que lo sostenía por el cuello, subió hasta tomarlo del mentón, dio un apretón brusco, pero candente y lo obligó a verlo, Jordan se dejó, lo miro directo a los ojos y entonces no pudo resistirse, estiró más el rostro, pero el agarre de Campillo no lo dejo acercarse más.

La tensión creció, era como agua en el desierto y Diego un excelente verdugo que estaba condenandolo, alargando su condena, llevándolo al oasis luego de pasar por un desierto árido, para luego prohibirle tomar de sus aguas, malo, malo, malo.

— ¿Quieres que te bese?— preguntó en una voz ronca que a Jordán le causo que la efeccion que comenzaba a crecer, creciera aún más.

— Ujum— murmuró sin poder responder por el agarre.

— Entonces no seas mal educado y dime las palabras mágicas — se acercó aún más a su rostro, su aliento olía a cerveza y a chicle de menta. Jordan sintió humedo el pantalón y soltó un gemido.

— Por favor— murmuró lo mejor que pudo y Diego, suspiro.

— Te falta algo.— Jordan dio un respingón, cuando sintió que la mano de Campillo adentrarse a su camisa.

— Por favor, amor.—  y entonces algo detono dentro de Campi, perdió la compostura swe rompió, jalo con su mano el rostro de Jordan y le plantó un besote en los labios que había deseado probar toda la puta noche.

Jordan volvió a gemir ruidosamente, pero se recompuso y comenzó a seguirle el beso que, a pesar de las ganas, este beso fue lento, tan lento que  quemaba. Abrió la boca, dándole accesibilidad a Diego, este aprovecho de inmediato y metió su lengua a la boca del otro, la paso como si fuera una caricia, delineó sus labios, luego rozo sus dientes, busco la lengua de Carrillo y cuando estás comenzaron a seguirse el paso, en un baile que iba en contra de la música rápida del lugar, se besaron lento, pero con ganas, sus pulmones no exigían aire porque todo lo que necesitaban, en ese momento se lo estaban dando sin necesidad de pedirlo.

Se besaron más y luego más, se separaron un momento y como imanes volvieron a unirse en un beso ruidoso, sus dientes se tocaron, hubo un aquel otra mordida por parte de Carrillo, estiró su labio entre los dientes, seguro dejaría marcas cabronas.

— Vámonos de aquí — murmuró Jordan con necesidad—vamonos, mi amor, mi auto no espera.

— ¿Me quieres en el coche?— Diego se estiró a darle otro beso.

— Quiero que me lo metas en el puto auto, mi amor. Como antes — Diego gruñó, tomó de nuevo por el cuello a Jordán y le pegó un beso brusco que seguro le sacaría sangre del labio.

— Vámonos pues.

Porque la noche aún era joven, ellos estaba calientes y el flamante auto de Jordan Carrillo los esperaba para darse lo mejor que sabían darse.

Un cogidón que sería como un baile inolvidable.