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you can feign symptoms but you can't feign love

Summary:

Después de tres semanas sin dormir prácticamente nada durante sus guardias, la idea de Brian de fingir estar en una relación para liberarse del trabajo extra comienza a sonar llamativa.

¿En qué momento Armando notará que Brian nunca estuvo fingiendo?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

—Nah mames, pinche guardia culera.

González se quejó saliendo de la habitación del paciente número sabrá-dios-cuál que había atendido en lo que llevaba de la jornada, agotado.

—Ya ni digas, cabrón. —Apoyó la protesta, desechando los guantes que acababa de ocupar—. El hijo de perra de Rangel nos está explotando bien culero, parece que somos los únicos weyes chambeando aquí.

Brian aprovechó los segundos de libertad que tenían antes de entrar a la siguiente habitación para bajar su cubreboca por un momento, permitiéndose sentir aire en el rostro.

Armando miró hacia su reloj y, al fijarse en sus notificaciones, tiró la cabeza hacia atrás en una reacción exagerada.

—Vale verga, lo invocaste. —Volteó a ver a su compañero, estirando su muñeca hacia él para que leyera los mensajes—. Que quiere que vayamos a ver a un paciente ahorita en la UCI.

—Que mande al matadito de Acevedo, nos pone todos los casos ojetes a nosotros como si le supiéramos.

La broma de Gutiérrez le sacó la primera risa de la noche. Le encantaría decir que su amigo estaba exagerando, pero la realidad es que se sentía tan fundido que verdaderamente dudaba saberle a cualquier cosa en esas condiciones.

—Lo peor es que ni se mata el wey, le sale naturalito ser bueno.

—Es que sus papás son médicos, obvio le mueve a este pedo desde que nació.

Armando asintió en una mezcla de resignación y cansancio acumulado; Brian no podía leer con exactitud cuál predominaba en su expresión, pero lo comprendía perfecto.

—Pues vamos.

Instó el mayor y su compañero no tardó en volver a colocarse el cubreboca antes de emprender camino. Prefirieron tomar las escaleras antes que el elevador porque, bueno, tampoco tenían tantas ganas de llegar.

—Oye, pero justo el doc Rangel es medio homofóbico, ¿no?

—¿Eso qué tiene que ver?

—¿No crees que si piensa que somos novios nos deje de traer para todos lados con él?

Armando lo miró con extrañeza, sin detener su descenso por la escalera.

—¿Dónde está el Brian que al inicio del internado quería los casos más cabrones y juntarse con los doctores más perros y la madre?

Gutiérrez rodó los ojos en respuesta. Había escupido para el cielo y ya le estaba cayendo en la cara.

—O sea sí, pero este wey neta ya nos agarró de sus perras. El Vargas y Mateo ya llevan como tres horas olvidados en la mipera, nomás diosito se acuerda de ellos y me da envidia.

—¿Te da envidia que vengan a hacerse pendejos al hospi?

—Me da envidia que ellos sí duerman.

Puchereó por debajo de su cubreboca en una expresión que Armando podría identificar de memoria.

—Igual medio radical eso de querer decirle que somos novios.

—Yo nada más digo que ya nos merecemos un descanso.

Alzó las palmas abiertas a la altura de su rostro y se encogió de hombros, sembrando la idea en la mente de Hormiga. Y por estúpida que pudiera parecerle, el cansancio de Armando lo estaba haciendo considerarla.


...


—No nos vamos a besar enfrente de él, estás pendejo, nos va a correr.

—Bueno, entonces actúa muy bien, porque si piensa que estamos jugando ya nunca nos va a creer y no vamos a poder volver a jugar esta carta.

Amenazó el ojiazul mirando a su alrededor, en alerta, esperando el momento en el que su profesor apareciera por alguno de los pasillos para empezar con su plan.

Cuando escuchó los pasos del adscrito en turno —porque estaba tan traumado con ese señor que ya hasta eso reconocía—, apoyó su hombro sobre la pared que se encontraba a un costado de la puerta de ingreso a la unidad, indicándole a Armando con los gestos de su cara que su objetivo se acercaba.

Las expresiones tan marcadas de Brian hicieron reír a Hormiga, quien en un instante ya estaba completamente metido en su papel.

—Ay, pero ¿entonces sí me quieres así de mucho? —Alzó la voz lo suficiente para que pudiera ser escuchado por todo el largo del pasillo, poniendo sus mejores ojos de enamorado mientras veía al más alto.

—Me ofende que lo dudes. — Improvisó Brian de vuelta, sin explicarse por qué el recibir esa mirada lo estaba haciendo sentir algo.

Bueno, tal vez sí sabía por qué, pero prefería fingir demencia o culpar a la privación del sueño.

—¿Pero qué tanto? —El tono meloso en su propia voz lo hacía querer reír, pero se comprometió con el papel cuando alcanzó a notar la sombra del doctor detrás de Brian.

—Lo suficiente como para darte todo lo que me pidas. —Extendió su mano hasta alcanzar las cortas hebras de cabello que bajaban delante de su frente, acomodándolas de vuelta en la parte más alta de su cabeza con una caricia—. Lo que sea, Hormi. Una casa, un perro, una vida juntos; incluso si quieres hijos podemos practicar hasta que–

—Jóvenes. —Interrumpió después de un carraspeo quien era el objetivo de esa actuación.

Ambos fingieron sobresaltarse, pero Armando no podía decir con exactitud qué tan fingido era el calor que sentía en las mejillas.

—Doctor, buenas noches. —Se adelantó Brian, recuperando la compostura—. Díganos, ¿quién es el paciente de hoy?

El cambio de actitud había sido notable y Armando podía morirse de la risa ahí mismo por la cara que tenía su profesor. En cambio, siguió fingiendo seriedad y casi pánico por haber sido "descubiertos", atento a cada mínima expresión del adscrito a cargo.

—No, no. Creo que... ¿Obed y Mateo están ocupados? ¿No saben?

—Los vi descansando hace rato, yo creo que han de seguir ahí.

—Pásenmelos a ellos, ustedes... busquen a la enfermera del área de muestras y repórtense con ella, ya después yo los busco.

Brian disimuló una sonrisa casi malvada al ver su plan dar frutos, expresión que Hormiga alcanzó a reconocer. Le sorprendía que los planes que Gutiérrez creaba con menos de dos horas de sueño y cinco litros de café encima funcionaran así de bien.

—¿Seguro? Nosotros sin problema–

—No, se me van a distraer entre ustedes. Hagan lo que les pido y tráiganme a los dos que les pedí.

Sin decir más, el de bata blanca se perdió entre las puertas de la UCI y los dejó de pie justo en la entrada, con sonrisas de complicidad —y un poco de incredulidad por parte del mayor— brillándoles en el rostro.


...


—¡Wey, sonaste igualito a Alfredo Adame, te lo juro! —Armando explotó de risa cuando estuvieron solos en la mipera—. ¿Qué quieres? ¿Sexo? Te complazco. ¿Quieres hijos? Te complazco. ¿Quieres matrimonio? Te complazco.

Volteó a verlo con la risa pintada en cada centímetro de su rostro, notando que el ojiazul estaba igual de risueño por la tontería que acababan de hacer.

—¿Quieres ir a desayunar a un restaurant maravilloso en Cuernavaca? Te complazco.

Pronunciaron al mismo tiempo y su carcajada se escuchó aún más fuerte. El "shh" de una enfermera afuera de aquella habitación los hizo bajar el volumen de su voz, pero la risa siguió predominando en su conversación.

—Le aprendí lo mejor de mi labia a ese cabrón.

Brian siguió con la broma, sentándose en la camilla que serviría como su cama por lo que esperaba fueran al menos unas horas.

—¿Pero sí me vas a dar todo lo que te pida o neh? —Rió mientras se desataba los tenis entre brincos, observándolo a la distancia.

Si supieras.

—Claro, mi Hormi, para eso estoy. —Le guiñó el ojo e imitó su acción, aflojando las agujetas de su calzado para estar más cómodo.

Armando rodó los ojos como respuesta, sin borrar su sonrisa.

—Eres un pinche suertudo, no pensé que nos haría el feo así de rápido.

—Te dije, yo vi cómo les hizo lo mismo a unas residentes que sí son novias, estaba seguro de que iba a funcionar.

Brian reposó su cuerpo sobre la camilla por primera vez en la guardia y se estiró complacido, bostezando en el acto.

—Mateo y Obed nos van a odiar.

—Ya les hacia falta chambear. A parte, nos quedan como dos semanas antes de que nos cambien de servicio; son unas vacaciones justas para nosotros, que no chillen.

Defendió Gutiérrez, haciéndose chiquito en un lado de la camilla para permitirle a Armando acomodarse. El más grande lo notó y no desaprovechó la oportunidad para comentar al respecto.

—Ay, ¿y vamos a dormir abrazaditos para que nos crean, también?

Brian chasqueó la lengua por la broma, sonriendo con menos energía que antes. Estaba seguro de que no tardaría en quedarse dormido.

—Como si no lleváramos seis meses durmiendo apachurrados en camillas, ni al caso.

Armando tomó el lugar que le había sido reservado, riendo apenas un poco por la respuesta. En cuestión de nada el sueño también había empezado a absorberlo.

—Gracias, Bri. Si me metían a la UCI en esta guardia el muerto iba a terminar siendo yo. —Bostezó y se giró hacia uno de sus costados para que ambos cupieran mejor en el angosto lugar—. Te debo muchas.

El otro apenas asintió como respuesta; no se iba a permitir desperdiciar un minuto más de sueño. De frente a Brian, González cerró los ojos y lo último que pudo sentir antes de quedar inconsciente, fue un brazo rodeándolo por el torso.


...


—Buenos días, Hormigui.

—Buenas...

La respuesta semidormida que brindó el mayor iba acompañada por unos párpados que apenas y podían despegarse uno del otro. La vista enterneció a Brian, quien aprovechó la ligera inconsciencia de Armando para mirarlo con ese sentimiento reflejado en la cara durante breves segundos.

—Te traje chocolate.

Dejó la bebida en el escritorio cercano a ellos y se sentó con su café a un lado de su amigo.

—¿Cuánto tiempo dormiste?

—Tres horas. Sentí que renací, wey.

—¿Y yo cuánto llevo dormido?

—Seguro más de cuatro.

Sus ojos se abrieron en automático por la sorpresa, el sueño abandonando su cuerpo por completo gracias a la adrenalina.

—No mames.

—No te preocupes, nadie vino a buscarte. —Le dio un trago a su bebida, mirándolo de reojo–. Ya nos fui a reportar con la de muestras, dice que en media hora empecemos con los pacientes de la trescientos ocho a la trescientos quince.

Brian se giró sobre su lugar para poder verlo mejor, esperando a que Armando terminara de acomodarse antes de soltar sus siguientes palabras.

—Hace rato doña Lulú me pregunto que si somos novios.

—¿La de limpieza? —Armando frunció el ceño, recargando su peso sobre su codo para mirar mejor a Gutiérrez.

—Uh-jum. Me sacó de onda, pero me imaginé por quién lo preguntaba; le tuve que decir que sí.

—Pinche Rangel chismoso.

—Is not the best part, though. Cuando fui por mi café, Diana me preguntó lo mismo.

—¿Qué pedo? ¿Les contó a sus residentes también? —Recibió un asentimiento en respuesta—. Ese wey. Ya que vaya con enfermería a avisarles, es como hacer el anuncio oficial en todo el hospital.

La risa de Brian lo hizo tirarse de vuelta en la camilla, anonadado. Imaginaba lo que iba a decirle.

—Cuando nos fui a reportar con Elena, la enfermera de muestras, me dijo que le iba a dar ternura tener a la parejita trabajando con ella. —La diversión tiñó sus últimas palabras, viendo con gracia la expresión exageradamente abatida de Armando—. Dice que no nos preocupemos, que ella no nos va a separar.

—No'mbre, pues gracias. —Manoteó al aire, pasando su mirada hacia el techo.

—Bueno, wey, al menos están siendo amables, hay que darles show en agradecimiento. —El ojiazul se levantó de su asiento a la par que el más bajo se sentaba de nuevo en la camilla, preparándose mentalmente para iniciar su día—. Apúrate porque ya casi es hora, mi amor.

Brian pronunció cada letra de ese apodo con sorna y algo de curiosidad por la reacción contraria, y desapareció en segundos por la entrada del área de descanso, dejando a Hormi con una extraña sensación picándole en el abdomen.

 


 

La siguiente guardia había sido particularmente tranquila gracias a las modificaciones en sus actividades, y vaya que ambos ya necesitaban ese descanso. Dormir más de tres horas estaba siendo una joya para el ánimo de Hormiga.

—Buenos días, bonito.

El ceño adormilado de Armando se frunció en automático. Reconocía la voz, pero esas palabras lo extrañaron.

—¿Mh? —Abrió uno de sus ojos y, por las señas que Brian hacía, pudo intuir que había alguien escuchándolos. Conectó sus neuronas lo mejor que pudo estando recién despierto, siguiéndole el juego lo más que podía—. Ah, hola.

—Te traje tu chocolate. —El castaño acarició con suavidad los cabellos oscuros de su compañero, agitando suavemente su cabeza en un intento de terminar de despertarlo.

El sólo movimiento se sintió como un arrullo; Armando podría volver a dormirse en ese instante.

—¿Qué hora es?

—Seis veinte.

—Uyyy, papá. —exclamó con gozo; había dormido casi cinco horas—. Pedí descansar un poquito, no una noche completa de sueño reparador.

—¿Dormiste bien? —respondió el güero con una sonrisa, atento a cómo iba despertando.

Armando aún sentía las caricias en su cabello; supuso que alguien seguía cerca, así que no hizo nada para impedir que continuara. Brian omitiría el detalle de que ya estaban solos.

—Lo mejor que se puede dormir en una camilla.

Alargaron la conversación unos minutos más, con Hormiga tomando la bebida que le había sido llevada y Brian acomodando su uniforme en anticipación a cualquier cosa que pudieran ir a pedirle, hasta que finalmente estuvieron listos para empezar el día.

La jornada transcurrió con tranquilidad, entre bromas alegres, pacientes curiosos y las atentas miradas externas de aquellos que sabían buscando señales de que los rumores eran ciertos. En respuesta, Brian y Armando tuvieron que sacar nuevamente sus dotes actorales, haciendo lo necesario para mantener su mentira y los privilegios que esta les daba.

Al final del día, y por la cantidad ridícula de besos que habían sido dejados por toda su cara en apenas unas horas, Armando había descubierto que, tal vez, comenzaba a gustarle mucho tener que actuar.

 


 

Una madrugada, el ojicafé despertó completamente solo en la mipera. Desorientado, vio la hora y se dio cuenta de que no habían pasado ni dos horas de que se habían acostado, ¿a dónde se había metido Brian?

Salió al pasillo decidido a encontrarlo, recorriendo distintas áreas del piso hasta que reconoció la espalda del güero. Se quedó en la entrada de aquella habitación, ligeramente escondido detrás de la pared para poder escuchar la conversación que mantenía con la enfermera.

—Está bien, hijo. Dile a Armando que no hay problema, al final tú estás sacando lo de los dos y si él necesita descansar, que aproveche.

La señora de mediana edad dio una palmadita en el hombro de Brian, quien le respondió con una sonrisa a labios cerrados.

Qué tierno es el cabroncito cuando se lo propone.

Al verla acercarse a la puerta, Armando le dio la espalda a la entrada para dejarla pasar sin ser visto. Instantes después, notando nuevamente a Brian cien por ciento concentrado en lo suyo, aprovechó para acercársele.

—Brian. —La mención sobresaltó al aludido, que volteó a verlo de inmediato.

—¿Qué haces aquí? —Sorprendido, dejó las cosas que ocupaban sus manos. Escaneó sus alrededores con premura, rezando por que la enfermera no volviera—. Creí que estabas dormido.

—Lo estaba —concedió sin quitarle la mirada de encima—, pero no estabas conmigo y me saqué de pedo, por eso vine a buscarte.

Se quedaron viendo unos segundos, Armando buscando las palabras adecuadas y Brian pidiendo a todo lo poderoso en lo que creía que no las encontrara.

—¿Cómo está eso de que estás sacando el trabajo de los dos?

Brian boqueó con sorpresa, tratando de dar una excusa.

—¿Me escuchaste hablando con la enfermera?

—No estás respondiendo mi pregunta.

Al verse acorralado, Gutiérrez terminó por encogerse de hombros.

—Llevabas semanas quejándote de que no dormías lo suficiente, tenía que hacer algo.

Armando quería reclamarle por sobrecargarse de trabajo que no le correspondía, pero las buenas intenciones del menor lucían tan transparentes en su rostro que no encontró manera correcta de hacerlo.

Se acercó al ojiazul y le dio un abrazo, apoyando su mejilla en el hombro de aquel.

—Gracias, pero ya no vas a seguir haciendo todo solo.

—Creo que es un poco tarde para tratar de arreglarlo —reveló en una risa apenada, correspondiendo al abrazo—. Se supone que tienes migrañas y no dormir te las causa. Si la enfermera ve que se te quitaron de un día para otro... creo que no sería muy creíble.

González subió la mirada para encontrarse con los ojos de Brian, negando en una risa por la asombrosa facilidad que tenía aquel para ponerlos en ese tipo de situaciones.

—Eres increíble, cabrón —declaró con incredulidad, extrañamente sin deshacer el abrazo aún—. Tus mentiras nos van a hacer valer verga un día de estos.

—Como si no estuvieras agradecido —replicó dándole un empujoncito—. Ya, mejor vete, que me vas a echar todo a perder si sigues aquí.

Brian ajustó su mano en la nuca del más bajo y lo acercó para darle un beso en la frente, se dio la media vuelta para seguir con lo suyo y recién ahí reaccionó a su propio actuar. Su espalda se tensó y volteó de nuevo casi en automático, con la necesidad de excusarse.

—Eso fue por... ya sabes, por el bien de la trama y así.

Pero nadie los estaba viendo.

 


 

Otro día, mientras Armando volvía de llevar unos papeles a la oficina de su encargado de enseñanza, escuchó a las pasantes de enfermería hablando entre ellas, ajenas a su presencia en la habitación.

—Pero está bonito, ¿no? Yo veo cómo siempre en la madrugada se levanta, saca sus pendientes, habla con los doctores... y después sin falta regresa con su chocolatito a ver a su novio.

Contó mientras acomodaban los artículos necesarios en uno de los carritos metálicos del área.

—¿No le lleva café?

—No, una vez le pregunté. Le lleva chocolate porque dice que el otro tiembla bien cañón si le dan café.

Ambas rieron claramente enternecidas y Armando sintió el calor subirle hasta las orejas. Nunca le había dicho a Brian que el café lo hacía temblar, ¿cómo lo había notado?

—Oww, wey, qué preciosos.

—De verdad. Me hacen sentir que a mí no me han querido nunca.

No soportó seguir escuchando la conversación; la perspectiva que tenían de ellos empezaba a hacerlo cuestionarse cosas que quizá había estado evadiendo.

Con el fuerte latido de su corazón restringiendo el aire que entraba a su pecho, se alejó del lugar y caminó de largo por el pasillo, con la mente muy concentrada en un pensamiento en particular.

¿Los sentimientos de Brian eran reales? Porque para él comenzaba a sentirse muy real.

 


 

—¿Cómo vas, güerito?

Armando llegó por detrás para darle un abrazo a su compañero, permitiéndose recargar su mejilla en la amplia espalda de aquel.

Una vez más, estaba aprovechando el descanso que tenía para ir a ver a Brian. Se había vuelto una costumbre buscarlo apenas terminaba sus pendientes en las poquísimas actividades que tenían separados; el mismo Brian solía hacer lo mismo con Hormiga.

Gracias a eso, ahora todos en el hospital bromeaban con la situación: que si parecían estar pegados con imanes, que si no podían respirar separados, que si se iban a meter a la misma especialidad con tal de seguir juntos siempre.

Hasta el momento, lo más bonito que Hormiga había escuchado al respecto había sido a una de sus compañeras decir que Armando parecía el marcapasos de Brian. Con muchísimo cansancio acumulado y una jornada de más de veinte horas encima, eso fue el peak del romanticismo para él.

Gutiérrez sonrió en automático al sentir esos brazos rodeándolo, interrumpiendo la escritura de su nota para darle toda su atención al mayor.

—Hola, bonito —saludó antes de responder—. Bien, justo estaba acabando. ¿Tú qué tal?

—Mejor porque vine a verte.

En algún momento se había vuelto normal que actuaran así. Al inicio usaban de excusa el teatro que tenían que montar frente a toda la institución, sin embargo, ahora incluso estando solos mantenían el acto en pie.

Ninguno de los dos decía mucho al respecto.

—¿Ya comiste?

Se giró entre el cuerpo del más bajo y su escritorio, recargando su cuerpo sobre este último cuando pudo quedar frente a su amigo.

—Te estaba esperando para eso.

Brian no pudo ocultar una sonrisa cuando tuvo esos ojos cafés viéndolo tan de cerca y con tanta atención, aún sin acostumbrarse del todo. Desvió la mirada impulsado por los nervios, pero tomó las manos del más bajo para que no se alejara.

—Andas como muy empalagosillo, ¿no crees?

—Qué te puedo decir, dormir bien hace amable a la gente. —Se encogió de hombros, dedicándole una amplia sonrisa.

—Yo duermo horrible y no dejo de ser lindo contigo.

—Porque me amas, duh.

El castaño rodó los ojos, divertido.

—¿Y qué más soñaste?

Se ganó un golpe en el hombro por esa pregunta, mismo que dio paso a una serie de empujones, jalones y reclamos que terminó con ellos abrazados en esa oficina vacía que se llenaba con sus risas.

Situaciones como esa se habían vuelto más que comunes entre los dos. Besos en las mejillas cuando caminaban por los pasillos, besos en la frente después de una jornada larga, manos unidas antes de tener que recibir un regaño, terminar abrazados aunque nadie los viera. En su mente, ambos lo excusaban con darle realismo a la situación; en realidad, a nadie le podía importar menos qué tan cerca estaba Hormiga de Brian y viceversa. Nadie necesitaba más pruebas de lo enamorados que estaban esos dos salvo ellos mismos.

—Y yo soy el empalagoso. —Con la mejilla apoyada en el pecho del más alto, aprovechó para molestarlo un poco.

—De mí ya no debería de sorprenderte. Todos saben que te amo. —El comentario provocó una risa en Armando, quien negó en respuesta.

—No tienes que fingir cuando estamos solos, ¿sabías eso?

Con el brazo izquierdo rodeando la espalda baja de Armando y su diestra acariciando sus omóplatos, Brian decidió que valía la pena dejar de ser cauteloso con sus palabras al menos por ese momento.

—No estoy fingiendo nada.

El corazón del más bajo dio un vuelco.

—Me voy a ilusionar y luego no vas a saber qué hacer conmigo. —Escondió su miedo en un tono juguetón, tanteando el terreno al que sus palabras los estaban metiendo.

Para paliar sus nervios, el más alto hundió su nariz en los cabellos oscuros del hombre frente suyo, plantando un beso en el sitio.

—¿Qué es lo peor que podría pasar?

—Me vas a tener todos los días persiguiéndote por el hospital.

—Mh, ¿como llevas haciendo los últimos seis meses, Hormi? —Molestó con una sonrisa, apenando al más bajo.

Porque era cierto, desde siempre Hormi había sido el mayor pegote de Brian. No importaba en dónde estuviera, qué tantos pendientes tenía o lo mucho que lo regañarían por salirse del área que le correspondía; Armando estaba dispuesto a cualquier cosa por convivir aunque sea unos minutos con su güero.

Y desde que había descubierto que era tan adictivo recibir muestras de cariño de Brian, desde que había descubierto que le gustaba tanto abrazarlo, desde que se había abierto a la posibilidad de quererlo como algo más, Armando mucho menos quería estar algún otro lugar que no fuera a su lado.

—No es queja, eh. Me gusta. —aclaró el ojiazul sin dudarlo ni un poco.

—Ya di que te gusto yo.

—Me gustas tú.

La broma había salido con naturalidad de la boca de González, ajeno a que la respuesta que obtendría sería distinta a la de siempre.

El silencio se instaló de repente, el peso de las palabras recién dichas cayendo de golpe.

—Chistoso.

—No estoy jugando.

Viendo hacia cualquier parte de la oficina, el de ojos cafés se tensó en su lugar. Le tomó más segundos de los que pensó armarse de valor para levantar la mirada y encontrarse con la del más chico.

—¿Qué?

—Me gustas, Hormi. Pensé que estaba siendo muy obvio.

El aludido pasó saliva, pensando con detenimiento en lo que diría.

—¿Y crees que yo no fui muy obvio? —pronunció casi en un susurro, causando esa sonrisa pequeñita que ya estaba acostumbrado a ver en Brian.

—No tanto, todavía no estoy seguro de que yo también te guste.

—¿No? —Armando sintió la mano del castaño sobre su mentón mientras lo veía negar— ¿Y hay algo que te haría estar seguro de ello?

—Sí, hay algo. —Brian acarició el borde de su labio inferior con la punta de su pulgar, sus ojos trazando el recorrido de su caricia—. ¿Puedo?

Un asentimiento fue suficiente para que el más alto actuara.

Y después de que sus labios se unieran, jamás tuvieron que volver a fingir ser novios, porque se había convertido en una realidad.

 

Notes:

parte uno de mi disculpa pública por el os anterior🧍🏻‍♀️

gracias por leer<3

x: gutiglezz 😚