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Firme en todo momento || Homura x Madoka

Summary:

Al parecer, Madoka nunca podrá prever todas las intenciones de Homura.

Pronto, Madoka deberá hacer lo posible por mantener el decoro y luchar desesperadamente para aguantar.

Al final, quien tenga la mayor y más firme voluntad, será quien prevalecerá.
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♡ Akemi Homura x Kaname Madoka ♡

☆ One Shot ☆

•••Disclaimer: Puella Magi✯Madoka Magica no me pertenece, es propiedad de Magica Quartet.

Advertencias:
*AU
*Personalidades algo Ooc
*Contenido ligeramente subido de tono
*Parodia
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Work Text:

Firme en todo momento

Homura x Madoka

Madoka bebió el agua que acababa de servirse de un solo trago y suspiró con satisfacción. No supo que tenía tanta sed hasta que tuvo el vaso con agua justo frente a ella, brillante, con gotitas perlando el vidrio de su superficie, transparente y frío al tacto.

Habían pasado el día en la nueva casa que compartían Sayaka y Kyouko y, aunque llevaban muchísimos años conociéndose, a Madoka todavía le daba vergüenza pedirles ciertas cosas a sus amigas... y mucho menos cuando estaban en su nueva casa.

Fue por ello que estuvo cohibiéndose de pedir un sencillo vaso con agua y, aunque Homura la leyó muy bien y ella misma le consiguió unos cinco vasos en el transcurso del día, cuando llegó la noche, Madoka se sorprendió de que, antes de acostarse, necesitaba beber uno más.

Ahora, mientras dejaba el recipiente en su respectivo lugar del mesón, cayó en la cuenta de que eso se había vuelto un hábito y ni siquiera lo había notado.

«Beber agua antes de dormir», pensó mientras caminaba a la habitación de huéspedes. Era la segunda de la casa que, cabe destacar, era enorme. La primera habitación para invitados estaba ocupada por Mami y Nagisa, quienes también fueron invitadas ese día.

Al llegar frente a la puerta, Madoka se ajustó el camisón rosa pastel y, tras bostezar, tomó la perilla y la giró. Al abrir la puerta, se encontró con una imagen que no se esperaba.

Encima de la cama, recostada de medio lado en una pose provocativa, un codo apoyado en la cama, con los ojos entornados y una sonrisa gatuna, se encontraba esperándola su novia, Akemi Homura.

—Hola~ —saludó Homura, dedicándole una mirada que tenía la misma cantidad de inocencia que tenía Nagisa a esas alturas de la vida.

Madoka enrojeció al momento y, escandalizada, entró rápidamente y cerró la puerta usando un poco más de fuerza de la que le habría gustado.

—Casi rompes la puerta, Madoka —habló Homura, seductora.

—¡¿Qué-qué crees que haces...?! —chilló Madoka, empezando a sudar.

Homura sonrió y, con calma, pasó la mano por su largo cabello, que estaba suelto, caía en cascada por su espalda y se desparramaba encima del lecho.

—Te estaba esperando~

—¿Ah-ah, sí...? —Madoka se apegó a la puerta—. Uh, qué bien...

—¿Qué bien? ¿Eso es todo lo que dirás? —Se irguió en su sitio, dejando ver el camisón de tela oscura que llevaba y que se transparentaba en ciertos lugares.

Sin poder evitarlo, las pupilas rosáceas de Madoka bajaron para apreciar la figura apenas cubierta de su novia. Obviamente, Homura lo notó de inmediato.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó, inclinándose un poco hacia adelante y apoyando las manos encima de la mullida cama.

Madoka se obligó a dejar de mirarla y giró la cara, concentrándose en un cuadro que había en la pared de su derecha. Mostraba una lanza carmesí que, erguida, parecía ser custodiada por una hilera de espadas que flotaban a su alrededor.

«Qué cuadro tan raro», pensó Madoka, mirándolo con genuina atención.

—¿Madoka?

La mencionada dejó de ver el cuadro y volvió a centrarse en la chica encima de la cama que ahora había vuelto a recostarse, adoptando la misma posición en la que la había encontrado.

Usando su mano libre, Homura palmeó un lado de la cama mientras esbozaba una sonrisa sugerente.

—Ven~

Madoka negó con la cabeza rápidamente y tragó seco.

—No, Homura-chan —frunció el ceño—. Aquí no.

—¿Por qué no? —miró a Madoka con duda—. ¿Crees que harás mucho ruido?

—Claro que no; además, ¿por qué tengo que ser yo la que haga ruido?

Homura ladeó la cabeza, divertida.

—¿No siempre es así?

—¡Sí! Es decir, ¡no! —suspiró—. Amor, estamos en la casa de Sayaka-chan porque ella nos pidió venir a su reunión para invitarnos a su matrimonio —sacudió las manos—. ¡No creo que entre sus planes haya estado usar su hogar para... esto!

—Jum —Homura empezó a trazar círculos encima de las sábanas con su índice. Una seria expresión se había instalado en su semblante, luego, alzó la mirada para enfocar a su novia—. Oye, Madoka.

—¿Sí?

—Si vienes, te dejaré hacer lo quieras.

—Homura-chan, no puedes pensar que siempre tendrás lo que... Espera, ¿dijiste lo que quiera?

—Ajám.

Madoka abrió mucho los ojos.

—¿L-lo que sea?

Homura asintió lentamente y se acarició desde las piernas hasta el torso con la intención de provocarla. Y claro que notó, más que complacida, como los ojos de Madoka siguieron sus movimientos de principio a fin.

—Lo que sea. —repitió, sin dejar de tocarse. Se arrodilló en la cama y se apretó el busto con ambas manos, masajeándolo con suavidad y deleitándose con la forma en la que su novia la devoraba con la mirada—. El límite lo pones tú~

—Lo que yo quiera... —susurró Madoka, atontada, mientras daba un paso en su dirección—. ¿Cualquier cosa?

—Claro~ —Homura le tendió una mano—. Solo tienes que venir y... recostarte un ratito~

Con las mejillas arreboladas y una mirada brillante por el deseo, Madoka se dirigió a la cama a paso lento. Su mirada rosácea no dejaba de detallar a Homura y sus incitantes movimientos.

—Eso es —la mirada purpúrea de Homura se tiñó con deseo y diversión; haciéndose más y más ávida a medida que la pelirrosa acortaba la distancia. Se inclinó un poco más adelante, con intenciones de tomar la mano de su novia más pronto—. Ven~

Estando a punto de tomar la mano de Homura, la lucidez volvió a ella. De inmediato, retiró la mano, sacudió la cabeza y retrocedió hasta apegarse a la puerta una vez más.

—¡Qué rayos, eso estuvo muy cerca! —chilló Madoka, aterrada.

—Tch, se me escapó —bufó Homura en baja voz.

—¡Te escuché!

—¿Eh? —Homura puso su mejor mirada de inocencia—. Pero si yo no dije nada~

Madoka la miró mal y Homura se limitó a suspirar. Se dejó caer nuevamente y apoyó un codo en la cama, retomando su posición inicial.

—¡No-no sé cómo lo hiciste, pero no volveré a caer en eso!

—Nunca digas nunca, Madokita.

Madoka entrecerró los ojos y apretó los dientes; vaya que estaba molesta. Homura enarcó una ceja y rodó los ojos.

—Madoka, en serio, creo que estás muy quisquillosa hoy.

—¡Estamos en la casa de mi mejor amiga, Homura-chan! —se llevó las manos a la cabeza y revolvió un poco sus rosadas hebras—. ¡No haré esto en la casa de mi amiga!

—Lo haremos rápido, lo prometo...

—Olvídalo, Homura-chan. Nunca es rápido y tú lo sabes —la señaló, acusadora—. Además, una vez prometiste que serías gentil y, créeme, te pasaste de la raya.

—Esa vez no cuenta: crucé los dedos cuando lo prometí y tampoco me la pusiste fácil.

—¡Era una promesa, Homura-chan! ¡Confié en ti y la rompiste!

—¡Está bien, está bien, me equivoqué! Pero ¡también debes tomar responsabilidad por lo que pasó! —se llevó una mano a la frente, repentinamente exaltada—. Tenías una cara muy linda y tus expresiones eran... hermosas. ¿Te has visto en el espejo alguna vez mientras las haces? ¡Te veías tan adorable e irresistible que se me hizo imposible controlarme!

Madoka enrojeció ante semejantes declaraciones y Homura se dio cuenta, un poco tarde, de que eso no la ayudaba a que su novia cediera; más bien, era todo lo contrario.

—Ups —musitó Homura, tratando de recuperar la calma y reprochándose mentalmente—. Madoka, yo...

—No, Homura-chan —Madoka negó con la cabeza—. De eso estaba hablando. En otras circunstancias no me importaría que te descontrolaras, pero aquí y ahora no es lo mejor hacer esto.

Homura bufó.

—Madoka, si lo que te preocupa es que te haga gritar...

—¿Otra vez con eso? ¡No se trata del ruido, Homura-chan! —entrecerró los ojos—. ¿No ves que me acabas de confirmar que no eres confiable en esta clase de situaciones? ¡Además, te conozco! Si por alguna razón yo cediera, seguro saldrías con algo para que no me aguantara.

—Madoka, ¿dónde quedó eso de «el pasado, pisado»? Eso ocurrió hace tiempo, las personas cambian y lo sabes...

—No me importa.

Homura se llevó una mano al pecho, fingiendo sentirse ofendida.

—¿Acaso piensas que soy tan mala?

—Sí.

Homura dejó salir un gemido dramático y Madoka no pudo evitar preguntarse en qué punto de aquella relación su novia había dejado de ser tan fría y seria para volverse alguien tan expresiva y atrevida.

—Bueno, eso dolió más de lo que esperaba —murmuró Homura, bajando la mirada, pero sin dejar de sonreír—. Aunque me siento halagada...

—No te estaba halagando —Madoka se despegó de la puerta—. Ahora, Homura-chan, si no es mucha molestia, me gustaría dormir.

Homura la miró con detenimiento durante unos segundos y, finalmente, dejó salir un pesado suspiro de derrota.

—Adelante —Homura se hizo a un lado, dejándole espacio en el colchón.

Madoka la miró con desconfianza por unos segundos; esa sonrisa sospechosa que su novia esbozaba no la tranquilizaba.

—¿Algún problema? —preguntó Homura, divertida.

—Me estás mirando raro —musitó Madoka, apagando la luz de la habitación y acercándose a la cama con cautela. Estaba oscuro, pero no lo suficiente como para no distinguir lo que necesitaba ver—. Recuerda que dije que no.

—No estoy haciendo nada —Homura alzó ambas manos—. Si lo que quieres es dormir, entonces vamos a dormir. Recuerda que tú eres lo más importante para mí, Madoka, y no me gustaría traicionar tu confianza. Por lo tanto, no te haría nada que no quisieras y eso lo sabes.

Madoka la miró otro rato, sin terminar de creerle.

—Harás que me sonroje si me sigues mirando de esa forma~ —Homura se tapó con las sábanas—. Pero ya en serio, créeme, me contendré. Ahora es tarde; procuremos dormir.

—Juuuum —esta tomó asiento lentamente en el borde de la cama y, poco a poco, se fue recostando hasta quedar extendida en su lado del lecho.

Estaba rígida como una tabla y, aun en medio de la oscuridad, Homura podía percibir su adorable sonrojo.

—Aun después de todo este tiempo juntas te sigo poniendo nerviosa —musitó Homura—. Supongo que lo estoy haciendo bien.

—Homura-chan, guarda silencio —se giró hacia el lado opuesto, dándole la espalda a la pelinegra—. Buenas no... ¡wah!

Madoka dio un saltito al sentir los brazos de Homura rodeando su cintura desde atrás. Pronto, el cuerpo de su novia se apoyó contra ella, haciéndola sonrojar cuando sintió ciertas cosas apretarse contra su espalda.

—¡Homura-chan, te dije que no íbamos a...!

—Ya, ya, tranquila —Homura apoyó su nariz contra la nuca ajena e inspiró un poco, sacándole un escalofrío—. No estoy haciendo nada malo, solo quería abrazarte porque pensé que podías tener frío. ¿O eso también está prohibido?

—Uh, no, eso no... creo.

—Bien —el cuerpo de Homura se relajó y Madoka fue muy consciente de eso—. Buenas noches, Madoka.

—Bu-buenas noches, Homura-chan.

Unos minutos más tarde, al sentir la acompasada respiración de Homura contra su nuca, Madoka se permitió relajarse un poco y, esbozando una sonrisita por haberse mantenido firme y ganarle esa pequeña batalla de voluntades a su novia, se dejó llevar por los brazos de Morfeo.

Fin

 

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