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𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀔 Entre copos de nieve y latidos ❄️

Summary:

Un Lobo que busca a su familia.
Un Zorro que solo quiere acompañarlo.

Entre bosques nevados, travesuras y noches compartidas, Derek descubrirá que aquel pequeño zorro parlanchín puede convertirse en algo mucho más importante que una simple compañía.

Porque, a veces, el corazón encuentra su hogar antes que los pies. ♡

Chapter 1

Summary:

⋆。°✩ ─────── 🐾 ─────── ✩°。⋆

Un zorrito naranja demasiado curioso, un lobo alfa que solo quiere dormir y una cola esponjosa que jamás debió convertirse en juguete. 🦊❄️

Stiles acaba de encontrar a su nueva víctima favorita... aunque Derek todavía no lo sepa.

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Notes:

⋆。°✩ ────── ❄️ ────── ✩°。⋆

¡Hola, mis copitos de nieve! 🤍🦊

Bienvenidos a esta pequeña historia de un zorrito travieso y un lobo que necesita muchísima paciencia. Espero que Stiles les robe el corazón tanto como piensa robarse cualquier cosita bonita que encuentre. JAJAJA. 🐾

Abríguense bien y disfruten de esta tierna aventura invernal. ❄️♡

Con cariño, °𝒿𝓊𝓁𝒾ℯ𝓉𝒶 𝓝.𖦹 𝓃𝒾𝓋𝒶𝓃𝒶𝒾

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(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

꧁༺ 𝑪𝒂𝒑í𝒕𝒖𝒍𝒐 𝑰 ༻꧂

⋆。°✩ ───── ❄ ───── ✩°。⋆

❄️ 𝓔𝓵 𝓵𝓸𝓫𝓸 𝔂 𝓮𝓵 𝔃𝓸𝓻𝓻𝓸 🦊

UN PEQUEÑO CUENTO DE INVIERNO

𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀔 ⋆。°✩ ❄ ✩°。⋆ 𐀔 ִֶָ˖ ࣪𓂃

La nieve caía en coposa tranquilidad sobre el bosque, pero la paz duraba poco allí donde pisaban cuatro patas inquietas.

Stiles, un zorrito de pelaje naranja suave y barriga blanca, era incapaz de quedarse quieto.

Si la hiperactividad tuviera forma animal, definitivamente sería él.

Corría de un lado a otro, dejando un rastro caótico de huellas sobre el blanco manto invernal.

Además, tenía un defecto irresistible: todo lo brillante o bonito que veía, se lo quedaba. ¿Ese cascabel que una ardilla guardaba en su hueco? Suyo. ¿Esa pluma azul de arrendajo? También suya.

—¡Oye, devuélveme eso! —le chilló un mapache, viendo cómo el zorrito salía disparado con una piña dorada entre los dientes.

—¡El que se lo encuentra se lo queda! —respondió Stiles con un ladrido juguetón, esquivando un montón de nieve.

A Stiles le encantaba jugar, aunque sus métodos no siempre gustaran a todos.

A veces convencía a un par de conejos para hacer carreras en la nieve, y otras veces simplemente molestaba a los animales más viejos pasándoles por debajo de las patas hasta sacarlos de quicio.

Cansado de la persecución del mapache, dio un salto acrobático, clavó sus garras en la corteza de un viejo pino y subió hábilmente a una rama alta para esconderse.

Contuvo el aliento, con la piña aún firme en su hocico y la cola peluda agitándose de pura emoción.

Desde su altura, el bosque nevado se veía sereno... hasta que algo llamó su atención.

A pocos metros, recostado contra la base de un roble, había un bulto grande. Pelaje negro y espeso, imponente incluso estando inmóvil.

Como todo zorro curioso —y totalmente incapaz de medir los peligros—, a Stiles se le iluminaron los ojos.

Soltó la piña sin importarle que se hundiera en la nieve, ladeó la cabeza y comenzó a bajar del árbol despacio, olfateando el aire helado mientras se acercaba al misterioso y oscuro desconocido.

Guiado por la curiosidad y por un aroma profundo a pino y tierra mojada, Stiles avanzó con cautela.

Sus patitas de punta negra se hundían sin ruido en el manto blanco hasta llegar al pie del gran roble.

Al asomar su pequeña cabecita naranja por detrás de un matorral, se quedó pasmado.

Aquel bulto oscuro no era un tronco ni una roca: era un lobo alfa.

Era enorme, de pelaje largo, tupido y tan negro como la noche. Descansaba acurrucado, respirando con una tranquilidad serena que contrastaba con el bosque helado.

En su corta vida, Stiles jamás había visto a una criatura así de imponente.

Con pasos y torpes de la emoción lenta, el zorrito se fue acercando. Sus ojos brillaban maravillados.

Se fijó en las garras gigantescas, en lo calentito que debía de ser su abrigo de pelo y, sobre todo, en su cola esponjosa... ¡se veía ridículamente divertida para abalanzarse sobre ella y jugar!

Llegó despacio hasta la altura del rostro del durmiente.

Fue entonces cuando notó una marcada cicatriz atravesando uno de sus ojos.

«Un lobo feroz» , pensó Stiles, conteniendo el aliento.

Estiró el hocico, apenas a un par de centímetros de la nariz del gigante, fascinado por el descubrimiento.

Pero justo cuando iba a dar un toque curioso con su pata, el lobo, sin siquiera abrir los ojos, salió un gruñido grave y profundo que hizo retumbar el aire helado.

El corazón de Stiles dio un brinco y, por puro instinto, dio un salto hacia atrás y se escondió de golpe entre la escarcha de la nieve, dejando al descubierto solo la puntita de sus orejas temblorosas.

Tras el gruñido, el enorme lobo simplemente rodó sobre sí mismo, dándole la espalda y acomodándose de nuevo para seguir durmiendo.

Stiles se asomó la cabecita de la nieve, estornudando por el frío.

Su instinto de supervivencia le decía que pusiera pies en polvorosa y buscara un juego menos peligroso... pero su curiosidad hiperactiva ganó por goleada.

Y es que había algo imposible de ignorar: la cola del lobo.

Golpeteaba la nieve con un ritmo constante y fastidiado, luciendo absurdamente esponjosa.

«Definitivamente, esa cola quiere jugar conmigo» , concluyó el zorrito.

Avanzó en puntillas de pie, aguantando la risa. Se deslizó por detrás, estiró una patita naranja y... ¡paf!, le dio un toquecito rápido a la punta de la cola.

Acto seguido, se empujó de cabeza tras un matorral.

La cola del lobo se congeló en el aire un segundo antes de caer pesadamente sobre la nieve, con la punta erizada de pura molestia.

Stiles, con la colita agitándose como un ventilador por la emoción, no aguantó las ganas.

Salió de su escondite, corrió de nuevo y le dio otro golpecito entusiasta.

Esta vez, un gruñido más grave retumbó en la corteza de los árboles.

El alfa se levantó de un tirón, lo miró de reojo con fastidio y volvió a enroscarse por completo, ocultando su cola pegada al cuerpo como un escudo.

Cualquier animal sensato lo habría dejado en paz. Pero ver lo fácil que se enfadaba aquel gigante huraño era una tentación irresistible.

Para Stiles, el juego acababa de empezar.

Determinando que el lobo no pensaba moverse, Stiles decidió subir la apuesta.

Dio brinquetes alrededor de la figura oscura, dando pequeños toques en las patas y soltando suavescitos ladridos de burla.

El alfa ni se inmutaba, pero en la tensión de su espalda se notaba a leguas que le quedaba un hilo de paciencia.

Fue entonces cuando Stiles preparó su golpe maestro.

Con un movimiento ágil y travieso, se dio media vuelta y restregó su esponja y cálida cola naranja directamente contra el hocico del lobo.

Eso colmó el vaso.

El alfa soltó un potente gruñido que hizo vibrar las ramas e instantáneamente se puso en pie, lanzando una dentellada de advertencia.

Stiles dio un chillido de pura adrenalina y salió disparado a toda velocidad sobre la nieve.

Se impulsó en el tronco más cercano y subió trepando a toda prisa hasta las ramas más altas.

El enorme lobo se alzó sobre sus patas traseras tratando de alcanzarlo; por un milímetro no le atrapó la punta de la cola.

A salva en las alturas, con el corazón latiéndole a mil por hora en el pecho, Stiles se abrazó a la rama.

Sentía una mezcla deliciosa de susto y emoción, y era incapaz de evitar que su colita naranja se agitara sola de pura diversión.

Desde abajo, el alfa alzó la cabeza, clavó sus ojos serios en la bola de pelo intrépida y dejó ir un último gruñido cansado.

Dando la vuelta con dignidad, comenzó a alejarse a paso lento entre la nieve, dejando a un zorrito hiperactivo absolutamente fascinado.

Stiles se quedó en la rama viendo cómo la figura oscura se alejaba con paso firme, marcando huellas honda y perfectas en el blanco manto del bosque.

Su corazoncito de zorro latía tan rápido que parecía querer salírsele del pecho, pero lejos de asustarse, una chispita de pura emoción se encendió en sus ojos.

Nadie en ese bosque le había parecido jamás tan interesante, tan grande... ni tan divertido de hacer enfadar.

Esperaba que el lobo le diera unos metros de ventaja y, con una pirueta ágil, bajó de un salto del árbol.

Acomodó las patas justo sobre las huellas gigantescas que el alfa iba dejando, encajando sus patitas diminutas en la nieve.

Con la cola naranja agitándose a un ritmo alegre y una sonrisa traviesa oculta en su hocico, Stiles comenzó a seguirlo a pasitos lentos y sigilosos, manteniendo la distancia pero sin perderlo de vista.

Después de todo, la tarde apenas empezaba, la nieve seguía cayendo suavemente... y ese gran lobo gruñón todavía tenía mucha paciencia por perder.

❄️ ˚₊‧꒰ა ♡ ໒꒱‧₊˚ ❄️

Fin del capítulo

Hasta el próximo copo...

𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀔 🐾 ❄ 🐾 𐀔 ִֶָ˖ ࣪𓂃

QUE LA NIEVE CUBRA SUS HUELLITAS HASTA EL PRÓXIMO ENCUENTRO

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Notes:

❄️ ˚₊‧꒰ა ♡ ໒꒱‧₊˚ ❄️

Y así termina el primer encuentro entre nuestro pequeño desastre naranja y el lobo más gruñón del bosque. 🦊🐺

Ahora quiero saber algo: ¿creen que Derek conseguirá librarse de Stiles o nuestro zorrito ya decidió que ese lobo es suyo para molestar? 👀🤍

Les mando un abrazo calentito, como una mantita en un día de nieve. ¡Nos leemos en el próximo copo! ❄️

𓂃 ࣪˖ ִֶָ𐀔 🐾 ♡ 🐾 𐀔 ִֶָ˖ ࣪𓂃