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Sensatez es un alma solitaria, nunca ha sido problema para ella; para la mayoría se hace imposible soportar su carácter y para ella agotador tratar de “arreglar” a todos todo el tiempo.
Como ahora: le había pedido a BhB una tarea muy sencilla, el chico sólo debía inventariar todo lo científico en la casa.
— ¿Es decir, todo lo de tu laboratorio?— preguntó de vuelta ante la solicitud, rodando los ojos antes de volver a la lectura de su libro.
— Si piensas mediocremente, sí.— le regañó, cruzándose de brazos.— Pero para un ojo fino como debería ser el tuyo de parecido al mío…— empezó a explicar, poniendo una mano sobre las páginas del libro para que le mirara.— …te darás cuenta que también hay cosas científicas por el resto de la casa.— esbozó con esfuerzo una sonrisa, no podía disfrazar su antipatía.— Y, que de ser una tarea tan ridículamente sencilla, se lo habría pedido a Arrepentimiento.
A BhB, por supuesto, no le había gustado el tono ni lo que implicaba el último comentario. Así que cerró el libro y se irguió en el sillón, con la cara más seria que tenía y las palabras más venenosas que pudo encontrar.
— “Cosas científicas” es bastante ambiguo, ¿no te parece?— y subió los pies para sentarse con las piernas cruzadas, en postura india.— ¿Está segura de que eres una científica?— la mirada se volvió escrutadora y desconfiada.— El Doctorado tuyo, del que siempre hablas, empieza a parecer nada más que challa para apantallar.
De vuelta al presente, Sensatez aún refunfuñaba y rabiaba con el trabajo mal hecho. El folio ya tenía muchísimos borrones, notas y tachaduras de malos números y artículos que no fueron incluidos.
« No empezó desde fuera de la casa hacia dentro… » bufó, no podía detenerse en señalar mentalmente errores una vez empezaba. « ¿No ha aprendido nada de mí éstos años éste mocoso? ¡Ni siquiera ordenó todo alfabéticamente o de forma ascendente de las piezas más escasas a las más abundantes! »
Los pensamientos subieron de volumen, hasta que debió verbalizarlos, después de todo estaba sola, podía decirlos en vos alta (aunque lo habría hecho igual de no estarlo).
— Desde que BhB se puso adolescente, ha estado descuidando más y más el trabajo.— se jaló un mechón de cabello, antes de intentar continuar.— No me sirve así. Tengo que arreglarlo, de alguna forma…
Se quitó los lentes un momento y se masajeó la cara, buscando estímulos para olvidarse del cansancio. Al volver a ponérselos dió una vista rápida al pasillo justo antes del laboratorio, a ver si había algo más que agregar.
Al final de los días, terminaba el mismo pensamiento en su cabeza tarde o temprano. Una sensación de frustración y rencor al resto del mundo, parecía que era ella contra todos, sino ¿porqué nadie que no fuera ella podía hacer nada bien?
El laboratorio estaba a oscuras cuando entró e iba tan ensimismada que no vió la sombra que parecía revolotear buscando algo; al menos hasta que chocaron ¡Lo que le faltaba! uno de los malditos experimentos caminaba por ahí estorbándole.
— ¡Doctora!— exclamó una voz emocionada y ansiosa.
— ¡Quítate de encima!— buscó imponer distancia, pero se encontró con materia pegajosa, aparentemente también sintiente, pues buscaba aferrarse a ella.— ¡Ugh, guácala! ¡Tan empalagoso! Voy a vomitar… ¿Dónde están las luces?— empezó a tantear, o más bien, dar manotazos al aire.
Al encenderse la luz, pudo ver junto al interruptor a una dulce y linda chica, que le dedicaba una sonrisa servicial entre todos sus colores. “#027” se leía sencillamente en una etiqueta alrededor de su cuello, que parecía lucir con orgullo.
Sensatez entrecerró los ojos y buscó acomodar sus lentes, no podía leer al estarse acostumbrando a la iluminación; la chica lo notó y dió algunos pasos adelante, exponiendo mejor su identificativo.
— Oí sus voz acercándose, y parecía molesta, ¿tiene algo con lo que quisiera ayuda?— Sensatez ya no la miraba, estaba sacando su tableta.— ¿Doctora?
— Experimento Veintisiete…— murmuró la científica, buscando los registros entre los archivos digitales.— Área de contención…— empezó a leer por encima, tratando de darse una idea de si tenía a un experimento peligroso enfrente.
— ¡Ah! No, no…— negó rápidamente la experimento.— Antes de que se moleste: no me escapé.— explicó.— Venía a avisarle que va tarde a nuestra cita, pensé que le había pasado algo.— movió un poco sus pies, emocionada.— Me tardé un poco, por los acertijos que dejó en la puerta de mi celda...— rió suavemente.— …pero fue divertido llegar hasta aquí.
Sensatez hacía anotaciones a mano alzada en su tableta.
— Ajá, sí…— le dirigió con indiferencia.— Oye, aquí dice que no eres peligrosa, así que ésto definitivamente irá a tu expediente ¿sabes?— le advirtió.— No deberías darme información inverídica.— la regañó, volviendo a emprender marcha hacia el mesón del laboratorio.— Ya sabía yo que era sospechosa tu colaboración…— murmuró para sí, subrayando el apartado en las notas con tal observación.— ¿Sabes la cantidad de papeleo que me harás hacer?— volvió a regañarla.
Definitivamente, era ella contra todos los demás.
Veintisiete se vió confundida ante las palabras y reacciones de la científico, no había dado información falsa; se había comportado muy bien desde que la habían traído a éste sitio y dado esa medicina tan extraña, ¿cómo eso era dar información falsa?
Sensatez se detuvo de pronto, al sentir entre sus piernas una manguera que casi la hace tropezar justo antes de llegar al mesón. Dejó las cosas a un lado y empezó a recogerla para enrollarla y guardarla, pero entonces se dió cuenta que estaba unida a un contenedor. ¿Y eso? ¿Desde cuándo estaba allí?
— ¡Ugh!— exclamó con fastidio cuando comprobó que, por supuesto, no estaba en el inventario.— ¡Todo está mal! Ésta casa es un desastre.— se quejó.— ¡Nadie ordena mis cosas!— y se agachó, preparándose para intentar mover el contenedor.
Veintisiete vió ésto como una oportunidad de enmendarse, así que pronto se adelantó a Sensatez.
— Permítame, Doctora.— y se puso del otro lado.— Yo le ayudo, no es muy lindo, ¡pero puedo arréglarselo con calcomanías como regalo!— y lo levantó fácilmente con una mano.— Tengo varias, ¿quiere elegir?
Eso definitivamente no estaba en las notas.
— ¡Veintisiete!— y Sensatez se sintió muy cerca de perder los estribos.— ¡Baja eso! ¿Qué crees que haces? ¡Es un contenedor delicado en perfecto estado! ¿cómo lo pagaré si lo abollas?— jaló su propio cabello, con las manos hechas puños, aunque fue disminuyendo la fuerza cuando la vió bajarlo lentamente.— ¡Además! ¿qué estupideces dices? Ya es mío, ¡no me lo regalarás!
— Uy, perdone, ¿porqué no me dijo que era suyo?— lo acomodó suavemente en el suelo, justo donde estaba antes de que lo levantara.— Pesa un poquito, ¿está bien con eso?
La cara de Sensatez enrojeció furiosamente por algunos momentos, ¿ésta cualquiera estaba insinuando que era inferior? respiró profundo y buscó gobernarse. Sólo porque… lo que sea que hubiera hecho con ella, le había dado fuerza sobrehumana a Veintisiete, no significaba que fuera mejor, después de todo, le había puesto el virus ¡y aún podía mantenerla obediente a sus órdenes!
Volvió en sí, finalmente, recuperando su calma relativa. Peinó los mechones disparejos que se le venían a la cara hacia atrás y vocalizó.
—Si te das cuenta…— mostró sus folios, sobre la mesa, casi con cuidado.— …estoy inventariando todo,…— señaló al rededor.— …estamos en el lado del almacén del laboratorio…— continuó, su voz se iba tensando un poco más con cada frase.— ¡...y soy la única que construye cosas aquí!— se encorvó, como un gato que se eriza en agresividad.— Todo éso debería ser suficiente para inferir ¡que éstas son mis cosas! ¡todo ésto aquí es mío!
Su respiración se había acelerado otra vez, necesita recordarse más razones para guardar la calma. Se llevó las manos a las sienes, el informe digital decía que Veintisiete era colaboradora y pacífica, pero también la había visto levantar un contenedor de su tamaño como si nada y no sabía que podía hacerlo o porqué; ¿quién sabe qué otros poderes podía tener?
Definitivamente no había que abusar del carácter bonachón de la chica. La miró de reojo, de pronto se sentía temerosa. ¿Qué podría hacerle a ella si la provocaba o le daba razones? Después de todo, sólo es humana.
El pensamiento le desagradó en sobremanera, por sentirse indefensa; así que sacó otra vez su tableta y navegó por los archivos de la sujeto de experimentación una vez más. Ahí encontró la razón, por lo menos: a la chica se le había incubado una versión debilitada del ‘Virus D’. Bueno, eso no hacía las cosas más fáciles: había probado el Virus de Delicious en varios sujetos, Veintisiete nada más parecía estarse tardando más en perder el control y morir.
Sí, la chica era dulce, pero no quitaba que fuera una potencial amenaza biológica.
— ¿Doctora?
De todas maneras, le gustaba un poco, había algo adulador en cómo decía su título y la parecía cuestionar menos que sus otros experimentos y su Jefe.
