Actions

Work Header

Una eternidad junto a ti

Chapter 4: Capítulo 4

Notes:

en este capítulo hay un poco de contenido maduro pero nada nsfw (todavia no jejeje)

Chapter Text

Un calor abrasador le inundó como un tsunami. Los colmillos de Miguel se hundieron en la carne de su cuello sin dificultad, sus manos le mantenían firme contra la pared y su cuerpo le encerraba para que no pudiese huir, al igual que un león que tiene cogido a la gacela por el cuello, todavía viva.

No pudo controlar los gemidos que se escaparon de su boca, aquel ardor no lo había sentido nunca, incluso en el sexo que tenía con Mary Jane. Esto era otra historia.

Sentía como sus piernas desfallecían, como perdía sensibilidad de su propio cuerpo a excepción de su miembro y su cara. No sabía si estaba apretando los hombros de Miguel con demasiada fuerza o si siquiera todavía tenía las manos en su sitio. No le importaba.

Todo en lo que podía pensar eran los chispazos de adrenalina que recorrían su columna vertebral, la ligereza de su estómago y la presión constante sobre su miembro. Las gotas de sudor empezaron a resbalar por todo su cuerpo, haciendo que se volviese pegajoso.

Miguel seguía succionando su sangre, su agarre se volvió como Atlas sujetando el mundo, no tenía en la cabeza nada más que la deliciosa sangre de Peter pasando por su garganta, entrando en su organismo al igual que una brisa ardiente.

Peter no supo en que momento perdió el conocimiento, lo último que apreció antes de desmayarse fue el pelo castaño de Miguel.

Si pensaba que la comodidad del sofá del salón era superior a todo lo que había probado, aquel lugar sin duda lo superaba. Respiró profundamente, inhalando el olor a canela y libros de las sábanas.

Al igual que un calambre, abrió los ojos del susto y se encontró en una cama desconocida hasta que recordó lo que había ocurrido la noche anterior. La vergüenza le atravesó a modo de estaca en el pecho, no podía creer lo que había hecho. Miró debajo de las sábanas y descubrió que seguía con la ropa puesta, menos mal.

-No te preocupes por eso, no hemos hecho nada.-Comentó una voz desde las sombras. Peter necesitó unos segundos para adaptarse a la falta de luz y desperezarse de aquel sueño tan maravilloso. Ahí estaba Miguel, con una montaña de papeles encima de su escritorio, revisando documentos y firmando otros. No era consciente de lo que hacia, era como si alguien hubiese tomado posesión de su cuerpo y lo estuviese moviendo como a un títere.

Se acercó al escritorio del contrario, a cada paso que daba sentía un calor parecido al de anoche subirle por la espalda hasta llegar a su boca, dejándola seca.

-Miguel…-Se situó detrás del vampiro y le rodeó el cuello con sus brazos, hundiendo su cara enrojecida en su cuello. Olía un poco a leña. El hombre no se movió, sabía que Peter se estaba acercando a él, sabía lo que iba a hacer y aún así, decidió quedarse quieto. ¿Por qué? ¿Por qué el abrazo del castaño era tan agradable?

En un arrebato inusual, Parker comenzó a dejar besos en la mejilla de Miguel, el cual por fin reaccionó y se levantó de su silla de terciopelo. El más bajo volvió en sí, al igual que si le hubiesen echado encima un cubo de agua helada y antes de que pudiese articular palabra, Miguel ya se estaba acercando otra vez a él, pero esta vez no retrocedió aunque ganas no le faltaron. De forma casi imperceptible, en su mente sonaba "peligro, huye de aquí, ¡ahora mismo!". Pero ya no podía controlar su cuerpo con normalidad.

-Peter.

-¿Qué me pasa?-Preguntó el varón en un hilo de voz, incapaz de controlar los pensamientos que pasaban en su mente a tanta velocidad. Besos, caricias, roces, apretones, mordiscos. Todo se arremolinaba en un solo sujeto, le desconcertaba no sólo lo que quería, sino la intensidad con lo que lo anhelaba.

-Es un efecto secundario de mi mordedura.-Respondió mirándole de arriba abajo de una forma que enloquecía a Peter.

-¿Qué quieres decir?

-El efecto es que a quien muerdo siente la necesidad de quedarse a mi lado pase lo que pase. El efecto sólo dura unas horas, cuando hayan pasado volverás a la normalidad.

-¿Por qué? ¿Acaso quieres que tenga el síndrome de Estocolmo, don Juan?-A pesar de la situación en la que se encontraba, aún era capaz de hacer bromas al respecto, lo cual indicaba que no había perdido el control al completo.

-Te aseguro que esto tampoco es agradable para mi…-Replicó el más mayor sin despegar sus orbes atentas del rostro contrario.

-Mientes muy mal, que lo sepas.

Parker se había quedado parado, con el cuerpo levemente inclinado hacia O’Hara, esperando un poco de acción por su parte. No obstante, el susodicho se quedó impertérrito en su sitio, aunque su mirada revoloteaba impaciente de un lugar a otro. Por un instante se posaba en los labios de Peter, al otro en su cuello, en sus manos, en su cintura, en su abdomen…era incapaz de dejar de mirarle, ¿quién tenía el efecto sobre quién?

Con brusquedad, Miguel se apartó de Peter sin previo aviso y se dirigió en silencio hacia la puerta. El más bajo, por su parte, se quedó helado en su sitio, en su cabeza le habían rechazado de la forma más grotesca y humillante posible, pero su orgullo no era lo único que estaba dañado.

-Quédate en mi habitación hasta que el efecto haya desaparecido, yo me iré a…otra parte.-Añadió antes de dedicarle una última mirada, llena de arrepentimiento y tristeza, y se marchó por la puerta.

Peter se acercó a la cama del contrario y se volvió a echar encima de las sábanas rojizas. No le hizo falta oler mucho para descubrir el olor de Miguel entre los pliegues de la cama, una mezcla de canela y leña. Recordó todas las imágenes de la noche anterior, como Miguel le atrapó contra la pared, le sujetó las muñecas para mantenerle controlado y sus dientes en su carne. El veneno atravesando cada fibra de su ser, drogando cada órgano de su cuerpo para que se rindiese a sus mandatos. No estaba seguro de si el efecto de su veneno era aquel, una desesperación insólita por besarle. Que le hiciese cosas que ni siquiera su imaginación se atrevía a contemplar. No sonaba tan mal quedarse por el resto de su vida al lado del vampiro, pensándolo bien, tenía comida, alojamiento y un hombre atractivo a su alcance. ¿Qué más se podía pedir?

Interrumpiendo ese flujo de pensamientos, apareció en su mente la imagen de su preciosa hija, Mayday, la cual sólo era un bebe cuando su exmujer decidió llevársela meses atrás. Desde entonces no había sabido nada de su hija y eso le destrozaba. Su relación con Mary Jane no había terminado de la mejor manera pero con su hija era una historia diferente, ella no tenía nada que ver con sus errores pasados, seguía siendo la chica a la que más amaría en todo el mundo.

Peter cerró los ojos y recordó cuando dormía a Mayday entre sus brazos, entonando una canción que le había enseñado una amiga de su infancia mucho, mucho tiempo atrás. Con este recuerdo en mente, cayó dormido mientras una lágrima resbalaba por su nariz torcida y se perdía en la cama ajena. Lo que Peter ignoraba es que Miguel había vuelto a entrar en la habitación minutos antes, con un sigilo característico arrastrándose por las sombras, procurando no ser visto.

Se sentía culpable por lo que le había hecho a su invitado, pensaba que no había avisado a Peter correctamente con lo que se encontraría tras morderle. Ver una lágrima cristalina resbalar por su cara sólo acrecentó sus sospechas y se maldijo a sí mismo mientras se preguntaba qué clase de monstruo era.

 

Peter durmió durante varias horas más en un sueño tranquilo y sin sobresaltos. Miguel, por su parte, había decidido contarle lo sucedido a Lyla, ella era su única amiga, la única persona con la que realmente podía hablar, aunque fuese un poco, de como se sentía..

-Soy un monstruo, Lyla. Lo he hecho en contra de su voluntad.

-Miguel, no exageres. No fue en contra de su voluntad, además que sólo fue un mordisco, no le robaste el corazón ni nada por el estilo.

-No lo entiendes, cuando entré otra vez en mi cuarto estaba llorando.

-Una lágrima, Miguel, ¡una! Quizá estaba llorando porque se le había metido algo en el ojo o lloraba de lo estúpido que eres.

El hombre suspiró con pesadez y comenzó a caminar por toda la biblioteca con una mano en la barbilla y la otra en su cadera, incapaz de quedarse quieto ni un segundo.

-¿Cómo le pido perdón, Lyla?

La chica se quedó sin palabras. ¿Perdón, de Miguel? No, no era posible. En todos los años que Lyla había pasado al lado del hombre podía contar con los dedos de una mano las veces que había pedido perdón. Aquello era nuevo y la mujer se temía que lenta pero inevitablemente, Miguel se estuviese enamorando de Peter.

-Vas y le dices perdón, que dificultad, ¿verdad?

El hombre se puso una mano sobre los ojos, siendo consciente de que no existía una salida fácil a su problema mas que disculpándose. Pero su orgullo siempre estaba en su camino.

Notes:

hace mucho que no hacia una serie y ademas tan esporádicamente, se me ha ocurrido mientras veía un Edit de Miguel JAJAJAJAJ
espero que esto salga bien y no me rinda a los tres capítulos :)