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Rhaenyra se había esforzado por abrazar y encarnar lo que ser un Stark y un norteño significaban. Más importante, ella lo entendía y lo respetaba. Daenerys estaba contenta con su decisión de tomar a la chica como la gobernante del Norte y muy orgullosa del crecimiento que esa niña triste y testaruda había tenido.
Su bisnieta también se había ganado el amor de los norteños y demostraba una y otra vez que Benjen no se había equivocado al traer un sureño como heredero de su Casa. Rhaenyra no sólo era una reina justa y competente, también había asegurado la prosperidad de los Stark al alumbrar cuatro niños sanos, con uno más en camino. Daenerys esperaba que fuera una niña; amaba a cada uno de sus tataranietos con la fuerza de mil soles, pero una hermosa y salvaje niña sería muy bienvenida.
—No aparten la mirada —escuchó decir a Laenor.
El joven Velaryon también había resultado ser un gran consorte. Apoyaba a Rhaenyra, era un hábil guerrero y un gran padre. Él se había adaptado al Norte con naturalidad, tal vez era su sangre Stark, la sangre de Torrhen Stark, la que lo hacía fuerte y adaptable.
—En mi nombre, Rhaenyra de la Casa Stark, la Reina en el Norte, la Dama de Winterfell, la Comandante de los Ejércitos del Norte y la General de la Legión Huargo, te sentencio a morir —la voz de Rhaenyra resonó por el patio de la fortaleza.
En lugar de ver a la reina levantar Ice y cortar la cabeza del malhechor o mirar a sus tataranietos, Daenerys miró a los dos chicos que habían traído con ellas del Sur después del onomástico de Baelon.
Aemond y Daeron Targaryen se veían muy pequeños, cubiertos por pieles pesadas, con las mejillas rojas por el frio y el cabello platinado roseado por copos de nieve.
Las acusaciones delirantes de Alicent Hightower contra la familia de Daenerys tuvieron consecuencias, unas que, en su opinión, se habían tardado en llegar. La mujer que su tonto sobrino escogió como nueva esposa no podía ser más estúpida, despotricando su veneno como si estuviera segura de la lealtad de las personas que la rodeaban. La chica no tenía simpatía en la Fortaleza Roja ni en Desembarco del Rey, pocos lores y damas estaban conformes con ella o, mejor dicho, en el bolsillo de Otto Hightower por algo que les había prometido, pero que no poseía.
No sabía quién era más estúpido, ¿los Hightower o los nobles aliados con ellos? ¿Realmente pensaban que tenían una oportunidad para sentar a su sangre podrida en el Trono de Hierro? ¿Creían que el Norte lo permitiría?
No. Sólo el hijo de Aemma, el nieto de su Daella, sería rey.
Daenerys acabaría con cada uno de los Hightower ella misma de ser necesario, les debía tanto a sus preciosas niñas, a ellas que habían sangrado hasta la muerte por un sentido equivocado de deber.
(Pero ella también había sido culpable de su sufrimiento, deseosa de hacer fuerte al Norte y la Casa Stark, donde se había sentido más en casa que nunca. Decidida a que su sangre llegara a la maldita silla que su padre tanto atesoró y que no creyó que sus hijas, su hija mayor, fuera digna de heredar.)
Aunque Daenerys no tendría que hacer mucho, considerando que Alicent Hightower había cavado su propia tumba y la de sus hijos.
Viserys se había divorciado de ella y la envió de regreso a Oldtown, avergonzada, humillada y sin hijos.
Aegon fue enviado a Driftmark, donde sería criado por Rhaenys hasta el momento de casarse. Si es que le encontraban una esposa adecuada, lo que sería difícil ya que los hijos menores de Viserys dejaron de ser vistos como grandes prospectos por la destitución de su madre como reina. Una esposa, además, que no sirviera a los fines traicioneros de los Hightower.
Helaena permaneció en la Fortaleza Roja, bajo el cuidado de su padre, como la única niña que no había sido envenenada durante todos esos años. Viserys no parecía interesado en casar a su hija menor y el único interés de la niña eran sus insectos, y pasar tiempo con Baela y Rhaena.
Aemond y Daeron, quien fue sacado del cuidado de los Hightower, fueron enviados al Norte. El primero bajo la tutoría de Daenerys y el segundo al cuidado de Rhaenyra. Ambos serían criados por ellas hasta que alcanzaran la mayoría de edad, el momento en que Viserys tendría que decidir qué hacer con ellos, si es que los chicos no habían decidido el rumbo de su vida para entonces.
Daenerys les veía aptitudes de caballeros o maestres, ambos eran hábiles con la espada, pero mientras Aemond estaba contento de enterrar la cara en libros el resto del tiempo, Daeron estaba bastante interesado en aprender magia.
Un interés que compartía con Lucerys, lo que los había hecho acercarse naturalmente. Tan naturalmente como la magia se le dio a su tercer tataranieto. El niño dulce había heredado la predisposición mágica que la reina Visenya Targaryen y la princesa Rhaenyra Stark habían tenido. Daeron no era tan dotado, pero el talento nato que le faltaba, lo compensaba con voluntad y entusiasmo.
Daenerys había pensado que ese chico sería el más podrido de la prole de Alicent Hightower, pero resultó ser el más adaptable y entrañable. Parecía que por todo lo que Alicent y Otto presumían de su Casa, de cuánto cuidaban y enseñaban a su amado príncipe, dicho príncipe no se había sentido realmente cómodo durante todos esos años. Y por todo lo que lo llamaron su hijo atesorado, aquel que debía crecer para amar y apoyar a los Hightower, Daeron tenía poco cariño por ellos.
Se había apegado rápidamente a Rhaenyra y Laenor, quienes, aunque cautelosos, no pudieron negarle la atención y el cariño que Daeron claramente ansiaba. Ese par era demasiado amable para su propio bien, pero no estúpidos, gracias a los dioses.
Aemond, por el contrario, se negaba obstinadamente a confiar en nadie, viendo enemigos en todos. Le estaba tomando tiempo descongelarse por completo, pero había comenzado a acercarse a Daenerys y Lucerys.
El chico era el hijo favorito de la ramera Hightower, pero en realidad nunca había recibido la atención y el cariño amable que cualquier niño debería recibir de sus padres. Daenerys admitía que se le rompía un poco el corazón cuando veía la reacción sorprendida del chico por cualquier muestra de cariño que ella le daba, así como la actitud casi ansiosa por ser considerado competente.
Sin embargo, Aemond también tenía un lado envidioso que salía cada vez que veía a sus parientes con dragones. Ella sospechaba que envidiaba, sobre todo, a Baelon y Cregan, quienes eran los herederos de sus padres y que, además, tenían dragones. Él también resentía a Aegon por ser el mayor de los hijos de su madre, pero Aegon no era visto como el príncipe perfecto que los otros dos, de hecho, eran.
Últimamente, Daenerys comenzó a sospechar que su envida hacia Baelon se había duplicado por el compromiso de éste con Lucerys.
Él y Aemond no compartían el mismo interés por la magia que unió a Lucerys con Daeron, pero la amabilidad, la dulzura y la picardees de su tataranieto lo habían domesticado como nada en el Norte. Que lo llevara a conocer a Arrax y convenciera a Laenor de llevarlo a volar en Seasmoke habían hecho el truco inicial, después, como el niño encantador y fácil de amar que era, como Aemma lo había sido, le fue fácil enredar a su tío en sus pequeños dedos.
Se volvieron inseparables en poco tiempo y cuando Aemond no estaba con Daenerys, estaba con Lucerys.
—Si no puedes mirar a los ojos al hombre que sentencias a muerte, entonces tal vez no merece morir —escuchó susurrar a Lucerys a sus tíos sin apartar la mirada de la ejecución —. ¿Entiendes?
—Sí —Daeron contestó, parado junto a Laenor, al otro lado donde Cregan y Jacaerys estaban.
—Pero ella es la reina, no debería rebajarse y hacer tal acto —por la forma en que Aemond lo dijo, parecía algo que había escuchado a lo que realmente pensaba. La prueba eran sus ojos brillantes de admiración mientras veía a Rhaenyra.
La influencia Hightower era fuerte en ese niño.
— ¿Cómo vería el pueblo a un monarca que no se atreve a ensuciarse las manos? —fue Cregan quien argumentó —. No estamos en el Sur, donde las apariencias son tan importantes. En el Norte lo que importan son las acciones.
—Además es una costumbre, mi madre estaría deshonrando su apellido y su corona si no lo hiciera —agregó Jacaerys.
—Está bien, tío, tienes tiempo para entenderlo —Lucerys tomó la mano de Aemond y le dio un apretón reconfortante.
…
— ¿No te he enseñado que espiar es de mala educación? —rio por el susto que provocó en Aemond —. Y peligroso, puede que la persona que espías te descubra y tome represalias.
Aemond dio media vuelta, agarrándose el pecho y sonrojándose por el grito que había soltado ante la aparición repentina de Daenerys en el pasillo.
—No estaba espiando, Reina Bisabuela —el chico, que ahora tenía diecisiete onomásticos, nunca había dejado la formalidad con ella, ni con nadie excepto sus sobrinos, sin importar cuántas veces Daenerys le dijera que la llamara tía.
Habían pasado años, pero Aemond seguía insistiendo en mantener una distancia formal con la mayoría de los norteños. Ella pensaba que era su manera de mostrar su disconformidad por el destino de su madre.
—Y nadie se atrevería a atacarme, soy un príncipe Targaryen.
Daenerys volvió a reír, en momentos como estos recordaba que la estupidez era hereditaria. Lamentablemente para Aemond, la había obtenido tanto de su madre como de su padre.
—Los títulos y los apellidos sólo pueden detener tanto, y hay personas a las que no les importan ellos ni las consecuencias.
— ¿Cómo Daemon?
—Entonces estabas espiando al Príncipe Canalla.
El chico desvió la mirada, pero pronto volvió a encararla con un ceño fruncido.
—Por las noches se cuela en la habitación de la reina, lo hace siempre, cada vez que visita Winterfell —la acusación estaba implícita y Daenerys admiró la moderación que tuvo al no lanzar directamente las críticas odiosas.
—Ya que hablas como si estuvieras bien informado, supongo que también te diste cuenta que Laenor es un participante activo en esas veladas.
Aemond volvió a enrojecer, esta vez por vergüenza.
—Está mal.
— ¿Mal por qué? No están lastimando a nadie.
—Están engañando a todos.
— ¿De qué manera? —nadie podría culparla por disfrutar de la frustración que estaba provocando en este chico reprimido.
—Mis sobrinos, ellos…
—No son bastardos, no me hagas dudar de tu inteligencia —acomodó la capa de Aemond cuando lo vio temblar por una ráfaga fría, el chico tampoco se había acostumbrado al clima a pesar de los seis años que llevaba en el Norte —. Cregan tiene la coloración Stark, pero sus hoyuelos son de Laenor y la forma de sus ojos proviene de Lady Laena. Jacaerys es Velaryon de pies a cabeza, además de heredar la sonrisa de Rhaenys. Lucerys es Aemma y Daella renacido, pero sus rizos son Velaryon y el color de sus ojos es idéntico a los de mi hermano Aemon. Jonnel es un mini Laenor, sólo que con ojos grises, y Visenya es toda Rhaenyra, pero con los ojos de la Serpiente Marina.
Aemond permaneció en silencio, aunque tuvo el valor suficiente para seguir mirándola a los ojos.
— ¿Prefieres seguir creyendo los sinsentidos de personas ambiciosas que quieren dañar a tu familia o aceptarás lo que ves con tus propios ojos?
—Lo que mueve a mi madre es la preocupación, ella siempre ha temido por el bienestar de sus hijos, sólo eso —defendió con fervor.
Si había algo que Daenerys admiraba de Aemond Targaryen, era la lealtad férrea que tenía a su madre.
— ¿Temer? ¿Alguna vez tú y tus hermanos fueron amenazados? ¿No crecieron con las comodidades de la realeza? —levantó una mano para detener la diatriba que Aemond quería lanzar —. Baelon es el heredero, tiene un apoyo fuerte e indiscutible, ¿de verdad piensas que él, el Norte y el Valle han considerado a Aegon una amenaza? ¿A ti o a Daeron? Casa Hightower puede considerarse poderosa y, hasta cierto punto, intocable, pero es fácil de tratar. Piensa, Aemond, si quisiéramos deshacernos de ustedes, lo habríamos hecho desde el principio, ¿por qué dejarlos crecer?
—Dices eso, pero humillaron a mi madre y nos separaron de ella.
Daenerys casi puso los ojos en blanco.
—Porque ella actuó primero, dejó a la vista sus intenciones. Además, ella, tú y tus hermanos siguen vivos, ¿no, niño?
— ¿Por cuánto tiempo más? ¿Hasta que el rey muera y Baelon se siente en el Trono de Hierro? —masculló con rabia.
—Eres más ciego que tu padre y eres más hijo de tu madre de lo que nunca pensé —así como nunca se había sentido más decepcionada —. Abre los ojos, piensa por ti mismo. Niños con sangre valyria diluida, niños sin dragón, niños sin apoyo real, ¿qué son contra Baelon? No lo digo por crueldad, lo digo por lógica. Incluso ahora, sí, los estamos manteniendo lejos del Trono y de sus parientes ambiciosos, y los estamos guiando hacia donde nos conviene, pero no a la muerte. Aegon ha prosperado, todavía ama el vino y las putas, pero se ha convertido en un hábil comerciante; puede decidir viajar o tomar un puesto en la Corte de Baelon en el futuro. Helaena está feliz y tranquila, ya tiene el favor de Baelon porque es la única de sus medios hermanos que siempre se acercó a él. Y Daeron ya es un brujo competente que ha decidido permanecer en la Corte norteña.
Agarró la barbilla del chico y lo hizo enfrentarla cuando apartó la mirada.
—Dime, si los papeles se invirtieran, ¿tu madre y tu abuelo serían tan justos e indulgentes con Rhaenyra y Baelon?
No, ellos ya estarían muertos o sus cabezas rodarían en cuanto Viserys dejara de respirar.
— ¿Quiénes son los que quieren algo que nunca les ha correspondido? ¿Quiénes son los que han atacado a los otros, incluso si ha sido sólo con palabras?
Daenerys siempre había desdeñado a Alicent Hightower, pero nunca fue mezquina con sus hijos. Además, ¿no fue esa chica la primera en atacar al atreverse a ocupar el lugar de Aemma y parir niños que ponían en peligro a Baelon y Rhaenyra? Otto Hightower podía ser el artífice, pero Alicent Hightower no se negó a participar y, más tarde, se volvió un jugador bastante activo.
— ¿Quiénes son los que te han envenenado contra una buena parte de tu sangre? A pesar de todo, ¿hemos intentado ponerte contra tu madre, como ella lo hizo contra nosotros? Si eso no es suficiente para abrirte los ojos, piensa, ¿cómo afectaría a Baelon ser un asesino de parientes? Su gobierno se mancharía para siempre y los dioses lo maldecirían —finalmente lo soltó —. Usa esa inteligencia de la que te sientes tan orgulloso, piensa por ti mismo. Piensa como un dragón, no como una oveja.
Lo vio estremecerse y esta vez no por frio.
—No me hagas considerarte un Hightower disfrazado de Targaryen.
Daenerys realmente esperaba que este chico del que se había encariñado no la hiciera verlo como un enemigo, porque cariño o no, ella no permanecería inactiva si él se atrevía a cruzar la línea.
