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Language:
Español
Series:
Part 6 of Derecho Divino , Part 18 of Giros de trama
Stats:
Published:
2023-11-30
Words:
3,665
Chapters:
1/1
Comments:
29
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1,293
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184
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21,864

Evangelio

Summary:

¿Han escuchado esa frase que dice que todos tenemos un ángel en el hombro que nos guía? Bueno, Rhaenyra Targaryen no tiene un ángel aconsejándola desde el hombro, ella tiene a Maegor el Cruel.

O: Rhaenyra escucha la voz de su antepasado, quien los dioses decidieron debía ayudarla a evitar la destrucción de la Casa Targaryen.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

¿Me crees ahora?

Escuchó la voz a través del entumecimiento de su dolor.

Su madre estaba muerta, cortada como un pez para sacar a Baelon de su interior. Su hermano estaba muerto, no había sobrevivido a la noche.

Todo sucedió como Maegor Targaryen le dijo.

Había comenzado a escuchar la voz de su antepasado desde que su madre quedó embarazada por última vez.

Rhaenyra había pensado que estaba loca, era la única explicación posible, pero Maegor, después de burlarse, le dijo que no era así.

Las Catorce Llamas lo habían elegido para acercarse a Rhaenyra, para guiarla en la misión de evitar que la Casa Targaryen desapareciera.

¿Por qué Maegor el Cruel?

Porque los dioses están chiflados, cría.

Si hubiera sido alguien más, ¿le habría creído? ¿Habría confiado? ¿Su madre seguiría viva?

Es posible, tanto como no. Eres demasiado testaruda, no eres capaz de creer en nada a menos que lo compruebes con tus propios ojos.

Deja de leer mi mente.

¿Crees que si pudiera, no lo habría hecho ya? Lo último que quiero es escuchar los lloriqueos de una cría tonta.

Mi madre está muerta.

La mía también, ¿así qué?

Intentó cerrar su mente, no pensar en nada, mientras ordenaba a Syrax que volara más rápido. El viento la hacía sentir tan fría por fuera como se sentía por dentro.

¿Y ahora qué pasará?

Ese tonto te nombrará su heredera.

¿Y luego?

Luego tienes que comenzar a actuar como un verdadero dragón. Sin piedad por tus enemigos.

 

 

El enemigo de Rhaenyra era Alicent.

Al igual que no quiso creer que su madre moriría –que sería asesinada–, no quiso creer que su querida Alicent se atreviera a convertirse en su madrastra.

Su padre acababa de anunciar su nuevo matrimonio y Alicent se veía tan asustada.

No dejes que su cara mojigata te engañe, las perras Hightower son excelentes actrices. Y ésta es hija de esa serpiente que tu padre insiste en mantener a su lado; manzanas podridas de un árbol venenoso.

—Su Gracia, en vista de que ya tiene un heredero, asumo que los hijos o hijas de su segundo matrimonio no formarán parte de la línea de sucesión.

Su declaración hizo que varios lores alzaran la voz, indignados; Otto Hightower sobre todo.

— ¿Rhaenyra? —su padre ignoró a los lores y la miró con confusión.

¿Qué era tan difícil de entender?

—Entiendo que tomarás una nueva esposa por el bien del reino —habló con voz suave, mirándolo como una hija comprensiva —. Sin embargo, Lady Hightower no proporciona nada de valor a la Corona. Ella es la hija de un segundo hijo y no aportará una dote respetable, ella tampoco tiene ejércitos.

—Alicent es una hija de Casa Hightower, su aporte a la Corona no es poca cosa. Como sobrina del actual Lord Hightower, el ejército, la flota y el oro de Oldtown están a su disposición —intervino Otto Hightower.

¿Hobert Hightower sabía las libertades que su hermano se estaba tomando?

— ¿Entonces por qué Casa Hightower no casa a una de sus damas de la línea principal? Lord Hightower tiene una hija, si recuerdo bien.

—Mi sobrina es una niña de trece onomásticos.

Sólo un año mayor que Laena Velaryon.

—Y Alicent es sólo dos años mayor que Lady Olyvia Hightower, un año mayor que yo.

Otto Hightower se mordió la lengua y su padre apartó la mirada. Ambos estaban conscientes de su hipocresía.

—No estoy intentando hacerte cambiar de opinión, Su Gracia. Respeto tu decisión —volvió a hablar a su padre, sintiéndolo bilis subir por su garganta —. Sólo quiero que entiendas el descontento que esta unión creará en la nobleza. Lady Alicent fue elegida cuando nadie sabía que alguien además de Lady Laena estaba en línea para nueva reina; su origen noble es indiscutible, pero su estatus acarreará mayor indignación.

Rhaenyra tomó un momento para mirar a cada uno de los presentes. Tyland Lannister la veía con curiosidad, el maestre Mellos la miraba con sorpresa, Lord Beesbury parecía orgulloso, Lord Strong permanecía serio y Lord Corlys todavía estaba molesto, pero parecía satisfecho con la humillación que Rhaenyra estaba impartiendo. Miró por un momento más largo a Alicent, quien estaba sonrojada y no podía mantener el contacto visual con Rhaenyra.

— ¿Los hijos de una dama de bajo rango como posibles herederos al Trono de Hierro? Sin embargo, lo que más temo son los terribles susurros que pueden nacer —se acercó para tomar las manos de su padre y forzó preocupación en su voz —. ¿Qué otro rey tuvo una esposa Hightower?

Vio a su padre estremecerse y escuchó a Alicent soltar un grito ahogado.

Ceryse, al menos, tenía columna vertebral.

—Ya estás creando historia, Su Gracia, siendo pionero en la existencia de reinas gobernantes, has puesto tu honor en juego, ¿vas poner eso en riesgo?

¿Qué importaba que el Consejo fuera testigo de la manipulación emocional de Rhaenyra al rey? No había vergüenza en defender lo que era suyo.

Además, ellos lanzaban sus propuestas ambiciosas sin tapujos. ¿No acababa Otto Hightower de hacer eso con Alicent?

Los dragones no se avergüenzan. Toman lo que quieren y protegen lo que les pertenece.

 

 

Cuida tu postura.

Separa más los pies y levanta más el brazo.

No apartes la mirada de tu oponente. Un segundo de distracción y estás muerta.

Debemos trabajar más en tu juego de pies.

—Un trabajo excelente, princesa —Ser Criston la felicitó.

—Gracias —tomó un momento de respiro y miró la espada de práctica en su mano —. ¿Crees que estoy lista para una espada afilada?

Lo estás. Una espada más pesada, también. Debes comenzar a acostumbrarte para sostener Blackfyre.

—Tal vez dentro de una luna más, princesa —Ser Criston la vio con disculpa.

¿Por qué no practicar directamente con Blackfyre? Mi padre la usa como decoración.

Si lo pides, te lo dará. Es tan indulgente contigo como mi padre lo era con Rhaena.

—Me siento preparada, Ser Criston —dijo mientras entregaba la espada a un escudero.

Sería más fácil con Dark Sister, pero sólo muerto ese tío tuyo se separará de la espada de mi madre.

Blackfyre es la espada de los reyes, ¿por qué una reina gobernante debería empuñar otra?

Ser Criston abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por Joanna Lannister, la sobrina de Ser Harrold y la recién casada Dama de la Roca –la lista Joanna se desperdiciaba en Jason Lannister–, una de sus damas.

— ¡Princesa! La reina ha comenzado el trabajo de parto.

Rhaenyra tomó un momento para respirar.

—Gracias por informarme. Vayamos a mi habitación, estoy en necesidad de un baño. Entonces acompañaré al rey en la espera de mi nuevo hermano o hermana.

Veremos si los hechizos de la reina Visenya funcionaron.

Funcionaron.

El miedo a ser comparado con Maegor el Cruel debió ser suficiente para detener esa farsa de boda, pero Alicent ya estaba embarazada. Al menos el honor del rey funcionó en ambos sentidos, para su tontería con Alicent y para proteger la herencia de Rhaenyra.

Los hombres débiles se aferran a lo poco que tienen, pero tu padre hace que incluso el honor parezca un chiste.

El rey había dejado fuera de la sucesión a los hijos de Alicent. Proclamó el decreto y selló el documento oficial, así como varias copias que envió a cada Casa del reino. No muchos estaban conformes, especialmente los Hightower, pero era un asunto inamovible.

Sin embargo, Rhaenyra no iba a dejar nada a la suerte.

Siguiendo las indicaciones de Maegor, Rhaenyra voló a Dragonstone y entró a la habitación secreta de la reina Visenya. Ahí encontró sus grimorios y libros antiguos, escritos en alto valyrio. En uno de esos grimorios había un hechizo destinado a cambiar el género de una persona.

No existía explicación de su origen, Maegor no la sabía y si la reina Visenya lo hizo, era desconocido. Después de todo, la mayoría de la magia escrita en los libros provenía directamente de la Vieja Valyria, habiendo sido rescatados por su antepasado Aenar Targaryen.

Rhaenyra había dudado sólo un momento, pero se decidió al recordar que los que querían su trono no dudarían en atacarla.

 

 

Princesa Alysanne Targaryen.

Rhaenyra tenía una hermana.

Su padre estaba aliviado.

Alicent estaba dividida entre el alivio y el descontento.

Contrario a Otto Hightower que lucía completamente disgustado.

Tener hermanas podría hacer que su eliminación de la línea de sucesión fuera redundante, pero creaba un precedente para el futuro. Los hijos e hijas de un segundo matrimonio para cualquier rey o reina en el futuro no podrían heredar a menos que fueran los únicos en pie.

Justo esa es la intención de ese coño.

Por supuesto. Otto Hightower sólo tenía un camino ahora, deshacerse de Rhaenyra y de Daemon.

 

 

 

—Princesa —llamó Alicent, llegando a la guardería donde estaba jugando con Alysanne y Helaena.

—Lady Alicent —saludó a cambio.

Aemma Arryn, su madre, era la única reina que Rhaenyra reconocía. No importaba que la mayoría de las personas la consideraran infantil y rencorosa por ello, Rhaenyra no escupiría en la memoria de su madre como el rey lo había hecho y nunca permitiría que fuera olvidada, mucho menos que Alicent se sintiera cómoda en su nuevo papel.

Las dos habían comenzado a llamarse según las formalidades después de la sesión del Consejo donde el rey anunció su nuevo matrimonio. No había calidez entre ellas, ya no. No desde que Alicent se metió a la cama de su padre y no desde que Rhaenyra la hizo quedar como poca cosa frente al Consejo y el reino.

Por eso le sorprendió la petición de Alicent para interceder por sus hermanas en favor de que les fuera permitido tener huevos de dragón.

¿Realmente es tan tonta? Es obvio que fuiste tú quien convenció a tu padre para que no les diera dragones a sus mestizas.

Si Otto no se lo dijo, debe sospecharlo, pero su necesidad es mayor a cualquier rencor.

Sólo había que ver la mueca que Alicent apenas podía ocultar o el brillo acusador en sus ojos.

—Admito que me sorprende tu petición, Lady Alicent —Rhaenyra sonrió dulce y tranquilizadoramente a Alysanne cuando la niña miró hacia atrás mientras las niñeras se la llevaban, y a Helaena, por orden de Alicent —. Nunca te han gustado los dragones, los encuentras peligrosos. ¿No rechazabas siempre mis invitaciones a volar en Syrax por ello? ¿Y ahora quieres que mis hermanas sean jinetes de dragón?

Rhaenyra reconocía a Alysanne y Helaena como sus hermanas, no como hijas de Alicent. Tampoco permitiría que los Hightower les clavaran sus garras, ellas eran mitad Targaryen y Rhaenyra no iba a dejar que fueran envenenadas contar ella. Además, le eran útiles de su lado.

—Es lo que les corresponde como princesas Targaryen —Alicent graznó, dejando de lado su antipatía por los dragones —. Tú tienes un dragón, es justo que Alysanne y Helaena también los tengan.

—Soy la heredera de mi padre, el rey, y mis hermanas no forman parte de la sucesión, no necesitan dragones —dijo con indiferencia y obtuvo la reacción esperada.

— ¡Son Targaryen! ¡Laena y Laenor Velaryon tienen dragones y ni siquiera forman parte de la familia real!

—Cuida tus palabras, Laena y Laenor son Targaryen por sangre, hijos de la heredera del príncipe Aemon.

— ¡Mis hijas son hijas del rey!

—Y no todas las hijas e hijos del rey Jaehaerys tuvieron dragones.

Una tontería. Si esos niños hubieran tenido dragones, habría sido difícil que perecieran. El vínculo con los dragones fortalece al jinete.

Eso era cierto.

¿Su madre habría soportado más, sobrevivido, de haber estado unida a un dragón?

Aunque se habría desperdiciado en Vaegon, esa cría estaba contenta de esconder la nariz en libros.

Por otra parte, Saera habría sido incontrolable.

Tal vez por eso el rey Jaehaerys no había permitido que ninguna de sus hijas después de Alyssa Targaryen se vincularan con dragones.

Le dicen el Conciliador, un hombre sabio y un gran rey, pero no era más que un bastardo inseguro que temía a las mujeres de nuestra familia. Estaba asustado del fuego de las mujeres Targaryen. Tonto de él, ¿qué esperaba de mujeres con la sangre del dragón? Es por nuestras madres, hermanas e hijas que la Casa Targaryen sobrevive, que prospera y está llena de gloria.

—Es lo justo, Rhaenyra —Alicent lo dijo con tanto derecho propio que Rhaenyra se burló abiertamente.

—Justo, dices. ¿Pero qué hay de justo en ti convirtiéndote en reina? Llegaste ahí por medios vergonzosos, quitaste la oportunidad a las damas del reino de luchar honorablemente por la posición, esas damas que siguieron el protocolo y respetaron el luto por la reina Aemma. Siempre me sermoneabas sobre el deber, sobre el honor y la lealtad, Alicent, ahora dime dónde está todo eso en tus acciones porque yo no lo puedo ver.

—Estoy cumpliendo mi deber —toda su arrogancia se desvaneció rápidamente.

Alicent estaba sonrojada, siempre fue fácil que se sintiera avergonzada y humillada, especialmente porque sabía de la verdad en las palabras de Rhaenyra.

— ¿Y qué hay de tu deber conmigo? Eras mi doncella. Eras mi amiga, sí, pero también me servías. Servías a una princesa Targaryen, Alicent, tu deber conmigo debía estar por encima del deber con tu padre.

—Tú no entiendes, Rhaenyra. Es fácil para ti, todo siempre ha sido fácil para ti, por eso no entiendes lo que he tenido que hacer.

—Tienes razón, no entiendo. Pudiste haber acudido a mí, habría encontrado una manera de mantenerte lejos de las manos de Ser Otto. Eras mi hermana en todo menos en el nacimiento, habría luchado contra quien fuera por ti —odió que fuera verdad y odió más que su voz temblara ligeramente cuando dijo —: Te amaba, Alicent.

La chica que había ocupado una buena parte de su corazón se estremeció y lágrimas se acumularon en sus ojos. Dio un paso hacia Rhaenyra y extendió un brazo, intentando tocarla con una mano temblorosa.

Rhaenyra se apartó.

La miró fijamente a los ojos, respiró profundamente y volvió inexpresivo su rostro.

—Mis hermanas no tendrán dragones, Lady Alicent —su voz fue gélida —. No te has equivocado al decir que los dragones son criaturas peligrosas —bestias y humanos —, por eso es mejor mantenerlas lejos de ellos.

Alysanne y Helaena no estarían en peligro a menos que se convirtieran –fueran convertidas– en activos contra Rhaenyra. Sólo esperaba que Alicent se diera cuenta de eso; Rhaenyra las amaba, se habían abierto camino en su corazón, pero no las pondría sobre el bienestar de ella misma y de su Casa.

Por la manera medio vulnerable, medio horrorizada, con que Alicent la miró, Rhaenyra tuvo confirmación de que su advertencia fue recibida.

Los dragones tenemos afecto por nuestros aliados, somos capaces de un amor inmenso, pero también sentimos una furia incandescente por nuestros enemigos.

Dos caras de la misma moneda.

 

 

El ataque sucedió mientras Rhaenyra hacía caridad en Lecho de Pulgas.

Un solo asesino con una daga.

¿Por qué una chica, una princesa vanidosa, requeriría de más de un asesino para matarla?

La punta de la daga había entrado en su estómago, pero antes de que fuera más allá, Rhaenyra había cortado de lado a lado a su atacante con Blackfyre.

Sus damas y los Capas Doradas la rodearon de inmediato.

No permitió que Ser Criston la tomara en brazos, en cambio le ordenó llevar el cadáver a la Fortaleza Roja.

Que te vean fuerte, que vean que nada puede derrumbarte.

Rhaenyra regresó a la Fortaleza Roja como llegó, a caballo; con una mano presionando su herida y la otra sosteniendo a Blackfyre.

Ordenó una investigación, una que fue secundada por el rey después de verla desangrándose, llamando casi histérico al maestre. Rhaenyra no permitió que Mellos la tocara, en cambio se entregó a las manos sanadoras de Alys Rivers, la hermana bastarda de Lord Strong, a quien Rhaenyra había mandado a llamar tras escuchar sobre sus habilidades de parte de Harwin.

Malditas brujas.

 

 

—En nombre de Su Gracia, el rey Viserys Targaryen, rey de los Ándalos y de los Rhoynar, y de los Primeros Hombres, Señor de los Siete Reinos y Protector del Reino. Y del mío, Rhaenyra Targaryen, Princesa de Dragonstone y Heredera al Trono de Hierro, te sentencio a morir —anunció, mirando fríamente a Otto Hightower.

El hombre que da la sentencia debe blandir la espada, a Rhaenyra le gustaba esa tradición del Norte.

El rey no había estado de acuerdo en que fuera ella quien cortara la cabeza de Otto, pero Rhaenyra lo había convencido. La justicia le correspondía a ella como la afectada. Daemon estaría tan celoso.

—Crees que has ganado, princesa, pero sólo estás demostrando que eres inadecuada para gobernar. Eres cruel como tu antepasado.

Murmullos comenzaron.

—Ser Otto, perdiste desde el momento en que decidiste jugar contra un dragón —entonces elevó completamente su voz —. Tu codicia te ha llevado a la muerte, eres tú quien atentó contra la palabra de tu rey. Los Siete condenan la traición y yo soy una sierva de los dioses, su espada contra la injusticia.

Sí, Rhaenyra servía a los dioses, sus dioses valyrios.

Los seguidores de la Fe podían pensar lo que quisieran.

Gusanos santurrones, debí quemarlos por completo cuando tuve la oportunidad.

Un grito terrible resonó en cuanto Rhaenyra bajó su espada.

Alicent había decidido asistir a la ejecución. Ahora estaba derrumbada junto al rey, temblando, lamentándose y clamando por su padre.

Rhaenyra miró desapasionadamente la cabeza que rodaba.

Falsificar la letra de Otto, algo que había estado practicando durante lunas, y esconder un pedazo de pergamino en la ropa andrajosa del cadáver del asesino fue sencillo. Tan sencillo como la sentencia de muerte del rey cuando vio a su primogénita herida.

La investigación había sido menos sencilla, pero los aliados de Rhaenyra habían colocado las pruebas incriminatorias en los lugares adecuados y hablado cuando fue preciso. ¿Y qué podía hacer Lord Hightower cuando su propio nieto habló en contra de Otto? A menos que quisiera que Casa Hightower fuera afectada directamente, tuvo que lavarse las manos y jugar al inocente.

El amor es la muerte del deber, había escuchado una vez.

Vio una prueba de ello cuando Lyonel Hightower se puso de su lado a cambio de un matrimonio con Lady Samantha Tarly, la pobre chica que casi fue prometida al lascivo Ormund Hightower –tanto por la piedad y las buenas costumbres que su Casa profesaba. Lyonel también le juró que apoyaba su herencia legítima sin importar nada, ¿pero pensaría lo mismo si Alysanne hubiera nacido varón?

 

 

Alicent comenzó a vestir de verde.

Maegor se burló.

Rhaenyra simplemente no podía creer tanta estupidez.

No importaba. Alicent podía vestir todo el verde que quisiera, llamar a los pocos aliados que tenía –los remanentes de Otto.

Era Rhaenyra quien tenía el mando.

No permitió que Alicent vistiera a sus hermanas con su llamado de guerra, son princesas Targaryen, no Hightower, vestirán como les corresponde a los miembros de la Casa del Dragón. Alicent se enseñoreaba por su título de reina, pero no actuaba ni se mostraba como una.

Que sus hermanas fueran orgullosas dragonas, que amaran su sangre Targaryen y estuvieran fascinadas por su herencia valyria, eran extras beneficiosos. Ellas todavía asistían a lecciones con septas, pero sus niñeras eran damas Celtigar y sus institutrices eran damas de una de las ramas de Casa Velaryon. Las niñas estaban rodeadas de cultura valyria, apenas tocadas por los ándalos. Alicent lo detestaba, pero Rhaenyra había convencido al rey de mantener esa educación para que sus hermanas no se sintieran más excluidas de su familia.

Las chicas no tenían dragones, pero tenían todo lo demás. Sobre todo, tenían cariño y atención positiva, algo que Alicent parecía incapaz de otorgarles.

Ellas adoraban al rey y a Rhaenyra.

Alysanne era su pequeña sombra, mientras Helaena disfrutaba de leer y esculpir estatuillas de barro con el rey, y Aemmys estaba contenta de perseguir a Laenor y Laena, al primero para que le enseñara a blandir una espada y la segunda para que le contara historias de Vhagar, la vieja dragona de su abuelo Baelon.

Sus primos habían llegado a la Corte poco después de las damas Celtigar y sus parientes Velaryon. Laena se unió a Rhaenyra como su dama de honor y Laenor llegó como su prometido.

Rhaenyra lo había arreglado todo con sus primos y la princesa Rhaenys. Laenor había hablado con ella, angustiado, pero sincero; Rhaenyra acabó con sus miedos al ser sincera a cambio, le habló sobre la magia valyria y que no era imposible para ellos tener hijos con la sangre de Laenor.

Sólo debían esperar a que el hombre correcto regresara para que la cuestión de la semilla se resolviera.

 

 

La Espada de los Siete —fue el saludo de Daemon cuando Rhaenyra entró en el Salón del Trono, su tío hizo una mueca —. Suena tan atroz en valyrio como en lengua común.

Ella ignoró deliberadamente su púa.

Estás sentado en mi trono, tío.

¿Qué vas a hacer al respecto? ¿Me harás levantarme, cortándome con Blackfyre como a tus enemigos?

No sabía que somos enemigos —lo miró con una ceja alzada —. ¿Cuándo nos convertimos en eso?

Daemon la miró fija y profundamente por un momento. Si Rhaenyra no hubiera aprendido a leer a las personas durante los últimos años, se habría perdido el desconcierto y la vulnerabilidad en los ojos de su tío.

Tiene los ojos de Aenys, no sólo el color, también ese brillo que adoptaba cuando se desconcertaba porque las cosas no salían como él pensaba.

Había algo así como cariño en la voz de Maegor, un cariño renuente. Casi tan renuente como cuando se negaba a pronunciar el nombre Viserys. ¿Acaso él se sentía realmente culpable por su hermano y sobrino?

No lo somos, pequeño dragón —Daemon se levantó del trono y bajó las escaleras.

Rhaenyra asintió y decidió ser directa, ya había perdido demasiado tiempo.

Tengo una propuesta para ti —permitió que su tío se acercara hasta que estuvo prácticamente cerniéndose sobre ella, aunque Rhaenyra no se sintió intimidada, era ella la que tenía la espada por la empuñadura —. Tu carne y mi sangre, sentadas en el Trono de Hierro. 

Notes:

¡Gracias por leer!

Editado el 30/11/23: Lamento decir que ya no saldrá el segundo capítulo (edité la información para que este fic aparezca como completo). Ya tenía escrito la mitad de él y pensaba terminarlo hoy, pero de alguna manera el archivo se dañó y perdí todo lo que tenía. Me había encantado lo que llevaba y ahora estoy desanimada y enojada por lo ocurrido, así que no habrá más.
Disculpas.

Resumen a grandes rasgos de lo que ya había escrito:
Jacaerys y Lucerys nacen, Rhaenyra hace la adopción de sangre para que adquieran rasgos Velaryon. Alicent, por culpa de Larys, cree que Rhaenyra recurrió a la brujería de Alys para tener hijos, así que exige un juicio ante la Corte; ella lo pierde claro. Larys es asesinado por orden de Nyra y Alicent cae en depresión (para entonces ya había mencionado que tuvo una temporada de depresión postparto tras tener a FemDaeron).
Y apenas iba a escribir sobre matrimonios para todos los hijos de Rhaenyra, quien tendría a todos sus hijos canónicos. De hecho, esta vez nombraría a Viserys II como tal en honor al hijo de Aenys, por Maegor.
Más tarde, Jacaerys tendría a su primogénito a quien nombraría Maegor. Lucerys tendría una hija de nombre Aemma... Entonces los primos se casarían.
Habría mención del reinado de Rhaenyra y lo que fue de sus hijos y hermanas. Por supuesto, ella sería muy feliz con Daemon aunque no pudieran ser abiertamente una pareja.