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Category:
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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 7 of Derecho Divino , Part 24 of Giros de trama
Stats:
Published:
2024-03-01
Updated:
2024-08-03
Words:
13,123
Chapters:
8/?
Comments:
130
Kudos:
932
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128
Hits:
23,967

Gloria eterna | Un cielo lleno de dragones

Summary:

Aemon mantendría la visión de su muerte en secreto, así como la caída de su Casa y los terroríficos ojos azules.

O: Las Catorce Llamas de Valyria muestran el futuro que fue o que será, por medio de Sueños de Dragón, al Príncipe Heredero Aemon Targaryen.

Notes:

Las letras cursivas en diálogo indica que los personajes hablan en alto valyrio.
Casi todo el tiempo, todos los Targaryen hablarán en alto valyrio entre ellos.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Aemon Targaryen

Chapter Text

Despertó de golpe.

Se sentó en la cama, sintiendo un frio que calaba hasta los huesos y con el corazón latiendo atronadoramente en su pecho.

Por un largo momento no escuchó nada más, sintiéndose entumecido.

¿Qué fue ese sueño? ¿Esa pesadilla? ¿Por qué se sintió tan vívido?

Hermano, ¿estás bien? —escuchó a lo lejos —. Aemon, ¿qué ocurre? ¿Tuviste una pesadilla?

Un toque en su mejilla lo hizo regresar en sí mismo, darse cuenta, poco a poco, de su entorno.

El calor comenzó a extenderse desde su rostro hacia el resto de su cuerpo.

Mi fuego, estás en casa, estás en nuestra habitación —el toque en su mejilla se convirtió en caricias dulces —. En nuestra cama, conmigo. ¿Puedes mirarme? Ahí estás. Hola.

Primero vio los ojos morados que adoraba, entonces la sonrisa que atesoraba y finalmente el rostro completo que amaba.

Baelon —el nombre que significaba tanto para él salió como un suspiro.

Tomó la mano de su esposo y la besó, sintiéndose cada vez más cálido. Respiró profundamente, concentrándose en la presencia de su amado.

Disculpas por despertarte, sangre mía —dijo en cuanto se sintió capaz de hablar.

Las disculpas son innecesarias. ¿Te sientes mejor? Nunca antes reaccionaste así por un mal sueño —Baelon lo miró con preocupación.

Aemon se sintió mal por poner una expresión como esa en su hermano, se sintió peor por despertarlo cuando ya le costaba tanto conciliar el sueño. Posó una mano en el vientre abultado y se disculpó mentalmente con su bebé; Baelon estaba en el último mes de embarazo y todo se había vuelto sumamente incómodo para él.

Madre decía que era porque era su primera vez, su primer bebé. Que todo sería más fácil con los próximos. Su bebé todavía no nacía y la Buena Reina ya esperaba más nietos. Aemon todavía no terminaba de procesar que se estaba convirtiendo en padre, apenas podía imaginar la pequeña criatura que dentro de poco acunaría en sus brazos, por tanto estaba lejos de pensar en tener más hijos.

Estoy mejor —apaciguó —. Y no recuerdo lo que soñé, sólo la sensación.

Mintió.

No quería angustiar a Baelon.

Aemon mantendría la visión de su muerte en secreto, así como la caída de su Casa y los terroríficos ojos azules.

 

 

— ¡Aemon!

No se sintió orgulloso por el pequeño brinco que dio, afortunadamente sólo eran él y su padre en la terraza.

Disculpas, padre. ¿Decías?

Jaehaerys Targaryen lo observó en silencio por un instante, escudriñándolo con sus ojos intensos.

Has estado muy distraído últimamente. ¿Algo ha ocurrido?

¿Su padre era la persona apropiada para discutir el sueño, la pesadilla, que tuvo la semana anterior? ¿Lo desestimaría o lo tomaría en serio?

Aemon ni siquiera estaba seguro de darle más importancia de la necesaria. Él no era Daenys la Soñadora y nunca antes había tenido Sueños de Dragón.

Es más, no podía considerar que había tenido un Sueño de Dragón, ¿cómo saberlo? No se había vuelto a repetir desde entonces, pero el dolor en su cuello estaba presente, la desolación en su corazón de ver a los dragones desaparecer prevalecía, la tristeza y el enojo de ver a su Casa destrozarse latía en su corazón, y el frio siempre regresaba a instalarse en sus huesos como un recordatorio en sí mismo.

Sólo me preocupo por Baelon, el bebé llegará pronto —miró hacia al jardín debajo de ellos, donde su hermano y hermanas estaban disfrutando del día soleado.

Sonrió al verlo colocar una corona de flores en la cabeza de Daella y soltó una risita al reconocer la posición que Alyssa mantenía detrás de él. Su hermana había tomado como misión personal proteger a Baelon desde que se anunció el embarazo, si por ella fuera ya se habría nombrado su escudo juramentado.

Si estuviera en poder de Aemon, le daría a su hermana lo que deseaba. Definitivamente sería más feliz empuñando una espada y asustando a los tontos, que casándose con un lord que le tendría más miedo que respeto.

Con Baelon y Aemon casados, la reina Alysanne dirigió su atención a los esponsales de sus hijos menores, comenzando por su hija mayor. Alyssa había hecho un buen trabajo asustando a los prospectos, pero la paciencia de su madre terminaría más temprano que tarde.

Es un omega, está en su naturaleza dar vida. Y es un Targaryen, saldrá victorioso de la cama de parto —las palabras de su padre lo molestaron.

Baelon estaba hecho para tener hijos, pero eso no significaba que fuera seguro. Ellos se las habían arreglado para convencer a sus padres de esperar a tener su primer hijo; Baelon tenía diecinueve onomásticos, pero el peligro de la pérdida seguía existiendo ya fuera durante o después del parto.

Sus padres estaban muy conscientes de eso, pero era necesario que su heredero asegurara su línea. Ambos eran más gobernantes que padres para sus propios hijos. Aemon no los odiaba por eso, pero se sentía decepcionado. Especialmente porque en lugar de atesorar sinceramente a Baelon, lo trataban como una reliquia con un objetivo.

Baelon es el primer omega masculino de la Casa Targaryen desde el abuelo de los Conquistadores. No sabemos qué dificultades afrontará.

Nada diferente a los omegas masculinos en el resto del mundo. Además, tu hermano es más fuerte de lo que parece, no por nada es el jinete de Vhagar. Si nada más, el vínculo con su dragón lo fortalecerá en el momento necesario, ya lo fortalece día con día.

Sí, Baelon era fuerte, más fuerte que Aemon en muchos aspectos, pero la fuerza podía acabarse. La fuerza era nada contra el designio de los dioses. ¿Y si el sueño de Baelon era una advertencia de que iba a perder a su esposo?

No podía ser una simple coincidencia descabellada que en lugar de estar casado con Baelon, lo estuviera con Jocelyn Baratheon. Había visto a su tía contadas veces en su vida, no lo suficiente para enamorarse, no es que hubiera una oportunidad cuando sabía hasta lo más profundo de su alma que había nacido para Baelon.

En ese sueño las castas no habían existido, su línea fue ignorada después de su muerte y todo fue una catástrofe tras otra después de la muerte de Baelon.

Tanta pérdida sólo podía significar más pérdida.

— ¿Qué sabes sobre los Sueños de Dragón, padre?

Lo mismo que tú. Ambos hemos leído los diarios de Daenys.

Y ninguno de ellos arrojaba claridad a la situación de Aemon.

— ¿Aegon no dejó ninguno que hablara sobre su sueño?

Su padre volvió a mirarlo fijamente.

— ¿Qué está pasando, Aemon? Nunca habías estado interesado en los Sueños de Dragón.

Algo volvió a detenerlo, algo le decía que no compartiera nada al respecto con su padre.

Tuve una pesadilla, me hizo preguntarme por el bienestar de Baelon.

Jaehaerys torció un poco la boca y luego negó con la cabeza.

Es tu temor como esposo y padre, no le des demasiada importancia. Si fuera un Sueño de Dragón lo sabrías, como Daenys y Aegon lo hicieron.

¿Realmente lo sabría?

Aegon no habló sobre su sueño en ninguno de los diarios que dejó. Tal vez temía que las personas equivocadas se enteraran, por eso ese conocimiento en particular sólo ha pasado de rey a heredero, de boca a boca.

Aemon no le encontraba sentido a eso.

Los diarios de Aegon el Conquistador estaban escritos en alto valyrio, sólo otros valyrios podrían leerlos y los únicos valyrios que estaban al alcance eran Targaryen, sus descendientes. ¿Por qué no podía saberlo toda la familia? ¿Y si el rey y el heredero morían llevándose la información con ellos? ¿El Príncipe o Princesa Prometido nacería exactamente de la línea principal? ¿Y si no era así?

Además, sería inmensamente útil leer alguna descripción que encajara con lo que Aemon vio. ¿La oscuridad de la que Aegon habló era la misma que Aemon vio caer sobre el último par de dragones sobrevivientes de su Casa? ¿Tal vez Aegon vio ojos azules como Aemon?

 

Ojos violetas desenfocados.

Cabello negro.

Esta era la niña que vio en sus sueños.

Su hija con Jocelyn Baratheon.

Pero en la vigila fue Baelon quien la dio a luz.

— ¿Cómo es posible? —fue el susurro demasiado alto del maestre.

Más susurros se unieron a ese, desde los acólitos y las parteras.

—Aemon —llamó su madre.

La reina Alysanne estaba sentada junto a Baelon, un brazo sobre sus hombros, atrayéndolo protectoramente contra ella. Baelon lo miraba firmemente, barbilla en alto, esperando.

Madre e hijo nunca se habían parecido tanto como en ese momento.

—Nuestra hija es hermosa —dijo por fin, acunándola contra su pecho —. Cabello único como los ojos únicos de Alyssa.

La tensión dejó poco a poco la habitación.

Aemon sabía que Baelon no lo había engañado, sería incapaz de eso, pero a los extraños les gustaban sus chismes. Recordarles que Alyssa había nacido con ojos nunca antes vistos o registrados en la Casa Targaryen paró el viento en las velas de sus intrigas.

Aunque sería ingenuo pensar que ninguna sospecha saldría de la habitación o se desarrollaría cuando presentaran su hija a la Corte.

Las personas eran naturalmente estúpidas y maliciosas.

— ¿Cuál es el nombre de mi primera nieta? —su madre preguntó tras una mirada de aprobación, inclinándose para acariciar una mejilla tierna cuando Aemon entregó su hija a Baelon.

Habían discutido muchos nombres a lo largo del embarazo, para ambos géneros, pero no habían logrado decidirse por ninguno.

Baelon tarareó, pasando gentilmente un dedo por la naricita.

—Rhaenys parece perfecto para ella.

—El nombre de una reina —aprobó su madre.

Las manos de Aemon comenzaron a temblar, las escondió detrás de su espalda.

— ¿Qué opinas, esposo? —Baelon levantó la mirada hacia él, algo en su rostro mostró incertidumbre por un instante al notar la distancia y quietud que Aemon mantenía.

Se obligó a moverse, acercarse hasta sentarse junto a su hermano. No podía permitir que sus miedos causaran inseguridad a Baelon. Nada era culpa de su hermano.

—Es perfecto, como dices. Westeros tiene una Rhaenys Targaryen una vez más.

No podía haber otro nombre para esta niña.

La prueba de que lo que había soñado significaba algo más.

Una advertencia.

—Informen al rey que el príncipe Baelon ha bendecido al reino con una princesa, que el príncipe Aemon tiene una heredera.

Alysanne Targaryen estaba tanto orgullosa como determinada.

No podría esperarse menos de la mujer que abogó por la herencia de su hija mayor, la difunta hermana de Aemon, Daenerys Targaryen.

Aemon no le envidiaba su sentir.

Él había aprendido sobre las mujeres Targaryen que fueron pasadas por alto y había visto el robo del derecho legítimo de más princesas, reinas.

No permitiría que sucediera de nuevo.

—Rhaenys —dijo, besando la pelusa oscura de la cabeza de su primogénita —. Rhaenys Targaryen.

La Reina que Será.