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Fandoms:
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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 19 of Giros de trama
Stats:
Published:
2023-12-17
Updated:
2023-12-19
Words:
10,713
Chapters:
4/6
Comments:
91
Kudos:
692
Bookmarks:
119
Hits:
15,691

Si tú bailas, yo bailo

Summary:

Los Targaryen estaban más cerca de los dioses que de los hombres, decían, pero para la mayoría de la gente eran dioses caminando entre hombres. ¿De qué otra manera podía considerarse a personas que tenían magia y dragones?

O: Sólo los Targaryen más puros son capaces de hacer magia y tener guardianes vinculados a su alma, además de ser jinetes de dragones. ¿Cómo será la Danza de los Dragones entre estos Targaryen y los hijos mestizos de Viserys Targaryen?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter Text

Alyssa Targaryen

Alyssa suprimió negar con la cabeza cuando escuchó los vítores de su hijo mayor. Aunque encontraba entretenido el torneo, también lo consideraba un derroche de tiempo y oro, además de innecesariamente ostentoso. Elegir un Mīsio, un Guardián, era un asunto sagrado que se remontaba a eones desde el Feudo Valyrio y Alyssa pensaba que era extravagante que Viserys hubiera convertido un momento tan importante para Rhaenyra en un espectáculo para los Siete Reinos.

Como era costumbre, elegir un Mīsio sucedía cuando un Targaryen cumplía doce onomásticos. Existían excepciones, por supuesto, como que el Targaryen en cuestión se negara a hacerlo por cualquier razón o porque no encontrara a la persona que sintiera era la indicada. La mayoría de sus hermanas y Vaegon habían sido esas excepciones, y Viserys había sido una de las excepciones más recientes; su hijo se unió a un Mīsio cuando tenía veintitrés onomásticos, habiendo elegido a Aegon, su hermano menor que recién había alcanzado la mayoría de edad

Daemon había resentido ese hecho, bastante dolido pues Viserys había rechazado su propuesta de convertirlo en su Mīsio. Su hijo mediano había deseado emular a Baelon y Aemon, quienes habían sido los guardianes el uno del otro. Viserys simplemente había dicho que no se sentía correcto. Por primera vez, Alyssa había querido azotarlo; era obvio para ella que Viserys se había dejado influenciar por Otto Hightower, ese horrible chico que se había ganado su favor y que era antagónico con Daemon, lo que era absolutamente correspondido por su hijo salvaje, pero que Viserys no debería permitir afectara en una situación tan importante.

Desde entonces, Viserys no había hecho más que decepcionarla una y otra vez.

Era un rey mediocre, un esposo medio decente y un padre ausente. Viserys estaba demasiado obsesionado con tener un hijo varón, sin darse cuenta que ya tenía un heredero en Rhaenyra.

Los Siete Reinos esperaban ser gobernados por un rey, pero eso era más tradición ándala y una directriz de la Fe de los Siete que una ley oficial, pero Viserys quería tanto agradar y mantener la paz que no veía lo que estaba frente a sus ojos.

Dioses —Aemma la agarró del brazo justo cuando una exclamación emocionada rugió de los espectadores.

Alyssa no se sorprendió cuando vio a Myrcella Sun, la hija de Tyshara Lannister y del Mīsio de Daemon parada triunfante sobre su oponente caído. La joven de dieciséis onomásticos estaba ensangrentada, pero no tenía heridas abiertas, sólo feos moretones. El palco donde Casa Lannister estaba sentada se dividía entre los leones que vitoreaban orgullosos por la chica de su sangre y los que estaban horrorizados y preocupados; Jason Lannister, el chico que ascendió el año anterior tras la muerte de su padre, lucía a punto de salir corriendo para envolver a su prima en una manta, mientras que Tyland Lannister sonreía y aplaudía de pie.

Que esos mocosos no fueran tan pomposos o desagradables como el difunto Lord Lannister se debía a su tía, Lady Tyshara, que los había criado desde que su madre falleció en el parto.

Cella prometió que ganaría —Rhaenyra tenía la barbilla en alto y sus ojos brillaban mientras veía a su amiga de la infancia.

No estás obligada a elegir al ganador, dragona. No tienes que elegir a nadie si no quieres —jaló un mechón de cabello de su nieta.

Lo sé, abuela, como siempre he sabido que Cella será mi Protectora  —la niña le sonrió con descaro.

Por supuesto que Alyssa lo sabía, Rhaenyra no había dejado de anunciarlo desde que aprendió sobre los Guardianes. Su decisión se debía a su admiración por Daemon, quien la adoraba descaradamente a cambio. Rhaenyra quería tener una conexión con su tío de cualquier manera posible; que su Mīsio fuera la hija del de Daemon ayudaba a su misión.

Aunque su decisión podía considerarse miope, Rhaenyra y Myrcella habían demostrado que eran compatibles a lo largo de los años. Había confianza entre ellas, respeto y amor.

Todavía espero que agradezcas amablemente al resto de los participantes, Rhaenyra —Aemma lanzó una mirada seria a su hija desde el otro lado de Alyssa —. Todos asistieron por ti.

Y por el prestigio —Rhaenyra levantó una ceja y Alyssa sonrió, amaba el fuego de su nieta.

Correcto, pero no significa que debas menospreciar su esfuerzo e insultar su honor. Sobre todo, no te irrespetes a ti misma ni a la Casa Targaryen siendo tan arrogante y cínica.

No por primera vez, Alyssa pensó que en el matrimonio de su hijo mayor, Viserys era el afortunado.

Sí, madre —Rhaenyra asintió, medio reprendida, pero más importante, entendiendo las palabras de Aemma.

—Enorgullécete, Otto, Ser Gwayne es hábil —la voz de Viserys se escuchó mientras el hijo de la serpiente entraba al campo.

No era una sorpresa que un Hightower participara, especialmente un pariente directo de Otto, quien siempre estaba atento a cualquier oportunidad para satisfacer su ambición.

Viserys obviamente esperaba que el hijo de su Mano ganara, la manera en que lo estaba elogiando y señalando a Rhaenyra sus cualidades lo demostraban. Alyssa no quería más Hightowers cerca de su familia, un sentimiento que Aemma compartía.

Su nuera y sobrina le había mencionado ya sus observaciones sobre Alicent Hightower, la otra amiga y compañera de Rhaenyra. No era anormal que las damas sintieran envidia por una princesa, pero era especialmente desagradable viniendo de la chica que era cercana a Rhaenyra y que, además, era hija de la Mano que tenía demasiada influencia en el rey.

Rhaenyra le tenía demasiado cariño para darse cuenta, razón por la que Aemma y Alyssa estaban organizando invocar a las damas del reino para que formaran parte de la Casa de la Princesa. Su nieta estaba en edad para tener su propio séquito y aunque Myrcella siempre estaba con ella, con más personas a su alrededor la chica Hightower tendría menos oportunidad de influenciarla.

 

 

Viserys Targaryen

Palmeó el hombro de Otto a modo de disculpa.

Lady Laena Velaryon se convirtió en la dama principal de la Casa de la Princesa en lugar de Lady Alicent, como Viserys y Otto había asumido.

Por segunda vez, las mujeres en la vida de Viserys mostraron su desdén fuera de lugar contra la familia de Otto.

Un año atrás, en el Torneo del Guardián, Rhaenyra había elegido a la joven Myrcella Sun en lugar de Ser Gwayne, que había quedado en segundo lugar, y tampoco había mostrado su favor al caballero del Valle que había ganado el torneo. Los Arryn y el Valle no habían mostrado descontento, ¿cómo podrían cuando fue elección de la princesa que tenía su sangre?

Aunque la madre de Viserys lo había sorprendido cuando aceptó a Ser Gwayne como su tercer Mīsio. No era inaudito que un Targaryen tuviera más de un guardián a la vez, como Maegor el Cruel, la reina Rhaena y la reina Alysanne habían hecho. La sorpresa radicaba en que Alyssa Targaryen nunca había tenido en estima a Otto y los relacionados con él.

Tal vez su madre cambió de opinión, pensó hasta que Rhaenyra le admitió que otorgó el honor a Lady Laena por consejo de su madre y abuela.

Él creía lo que su esposa y madre le dijeron, que era lo inteligente para limar asperezas con Casa Velaryon y que era innecesario darle más honores a Casa Hightower cuando Otto ya era la Mano. Sin embargo, eso todavía lo dejó con un Otto agraviado.

—Es por el bien del reino, mi amigo.

—Comprendo, Majestad —Otto asintió, tranquilo.

Era una muestra del carácter de su consejero de mayor confianza que pese al desaire sufrido, no fuera odioso.

—No te preocupes, Lady Alicent sigue siendo una excelente candidata a matrimonio. Estoy seguro que mi tía Gael y el príncipe Ellion estarán contentos de aceptarla como su nuera.

Otto le había confiado que Lady Alicent tenía un enamoramiento inocente con el príncipe Morgan Martell, el segundo hijo de su tía Gael. Viserys creía que un matrimonio era posible, sin importar que su madre se burlara de ello.

¿Por qué los Martell casarían a uno de sus príncipes con la hija de un segundo hijo?

—Alicent es hermosa y piadosa, una dama perfecta, me atrevo a decir como su padre.

— ¿No pensamos todos los padres que nuestras hijas son lo mejor del mundo? —Viserys rio con regocijo.

Su Rhaenyra era lo que más amaba, su niña salvaje tenía demasiada sangre de dragón y era demasiado temperamental, pero eso sólo la hacía más entrañable a ojos de Viserys.

—Sólo me preocupa que el desdén de la reina y la reina madre haga pensar al príncipe y la princesa de Dorne que hay algo mal con Alicent —la expresión de Otto se deformó en angustia por un instante.

Viserys suspiró.

Nunca entendería a su madre y esposa respecto a eso. Casi parecía que Daemon las había manipulado, pero esas mujeres eran demasiado inteligentes para dejarse influenciar por nadie.

—Eso no sucederá —tranquilizó —. Mi tía es demasiado amable y el príncipe Ellion es inteligente, verá el mérito en unir más a Dorne con el resto de los reinos.

Y no era como si planearan proponer a Alicent para el príncipe heredero Qoren Martell.

—Y entonces una nieta tuya y mi heredero se unirán en el futuro y gobernarán los Siete Reinos.

La Corona Targaryen y Dorne afianzarían definitivamente su alianza, y Viserys pagaría la lealtad de Otto y Casa Hightower.

—Me honra, Majestad —Otto se inclinó con humildad.

—Ah, si Rhaenyra hubiera nacido varón, él y Lady Alicent ya estarían prometidos —bromeó.

—Los Siete son sabios, pero no siempre nos bendicen como nos gustaría.

—Tienes toda la razón, Otto, pero nosotros todavía podemos esforzarnos para obtener los resultados que deseamos.

Sin lastimar a nadie, por supuesto.

—Concuerdo —una esquina de la boca de Otto se rizó en una sonrisa.

 

 

Lala

Asustada, pegó su espalda a la pared cuando los Guardianes de la reina madre sacaron sus espadas y apuntaron a los maestres, los acólitos y las parteras.

—No lo harás, Viserys —la reina madre no gritó, pero su voz todavía resonó en la habitación como el rugido de un dragón.

—Madre —el rey se vio como un niño regañado —. Es necesario, el maestre Mellos-

— ¡No me importa lo que dijo esa rata! —la reina madre dio un paso al frente, más furiosa de lo que cualquier sirviente la vio nunca —. ¡No vas a matar a Aemma!

El rey se estremeció por lo dicho.

Lala también.

Ella había visto con horror cómo las parteras jalaron a la reina y la sostuvieron mientras el maestre Mellos se acercaba a ella con un chuchillo. Ese fue el momento en que Lala se arrepintió de ofrecerse para servir en el parto de la reina.

La reina madre, que había estado junto a la reina todo el tiempo, se levantó furiosa cuando vio lo que estaban haciendo. Cuando el rey le informó que debían sacar al bebé, la reina madre ordenó a Ser Ulrick Dayne y a Ser Gwayne Hightower que alejaran a los maestres y las parteras.

El rey tartamudeó, finalmente logró decir —: ¡Mi hijo va a morir, madre!

— ¡No sabes si es un varón, chico idiota! —la reina madre era la única que podía maldecir al rey y salir impune —. ¡No dejaré que lastimes a Aemma por una posibilidad!

— ¡Es tu nieto!

— ¡Aemma es mi hija! ¡No voy a perderla por un niño que no conozco y que no es seguro que sobreviva a pesar de todo!

Lo que la reina madre acababa de decir sonaba cruel, pero Lala la entendió. ¿Por qué sacrificar a una persona que conocías por años, que amabas por tanto tiempo? Todos en el reino amaban a la Buena Reina Aemma; sin ir más allá, los sirvientes del castillo rojo la adoraban. Sería terrible perderla.

—Lo que dices es traición, madre —el rey dejó de gritar y miró con horror a su madre.

—Mejor una traidora que una asesina de parientes —gruñó la reina madre.

El rey volvió a estremecerse.

El príncipe Aegon, el Guardián del rey, dio un paso adelante, tocando el pomo de su espada.

Esa era una muestra del vínculo que los Guardianes tenían con sus amos, podían sentir sus emociones y, entonces, actuar respecto a ellas.

Era terrible que un hijo desenvainara su espada contra su propia madre.

—Atrévete —la reina madre dijo con frialdad mientras movía sus manos para invocar sus poderes.

A pesar de todo, Lala se maravilló por la belleza de las líneas de fuego rojo que rodearon a la reina madre.

Los Targaryen estaban más cerca de los dioses que de los hombres, decían, pero para Lala eran dioses caminando entre hombres. ¿De qué otra manera podía considerarse a personas que tenían magia y dragones?

Los Capas Blancas entraron justo en ese momento.

Desenvainaron sus espadas. Los Guardianes de la reina madre los enfrentaron. Los maestres y las parteras estaban demasiado asustados para hacer cualquier cosa.

—Alys, cuida de Aemma —ordenó la reina madre a la única mujer entre sus guardianes —. Ser Royce, mata a cualquiera que se acerque a mi hija.

Había molestado a los nobles que la reina madre eligiera a una bastarda de las Tierras de los Ríos como uno de sus Guardianes, a nadie le importaba lo hábil que era ella como curandera. Tan molestos como seguramente estuvieron los nobles en su tiempo cuando la princesa Gael eligió a Robb Rivers, el hijo bastardo del antiguo Lord Blackwood, y la reina Alysanne eligió a Dante, un espadachín vagabundo de nacimiento común, como sus Guardianes.

Ser Royce Blackwood había sido el Guardián de la princesa Daella y cuando ella falleció en el parto, él se dedicó a proteger a la reina Aemma. Centrarse en proteger al único vestigio vivo de su ama fue lo que evitó que Ser Royce sucumbiera por completo al dolor de la pérdida y muriera.

El príncipe Aegon apuntó con su espada a la reina madre, su rostro era inexpresivo, pero sus ojos mostraban cuánto le dolía amenazar a su madre.

El rey Viserys negó con la cabeza, pero también se movió para invocar su propia magia.

—No me dejas otra opción, madre —al rey le temblaban las manos, pero no se retractó —. Lo siento.

Las líneas de fuego amarillo del rey se elevaron, pero en lugar de atacar a la reina madre, se dirigieron a Ser Royce y la curandera Alys.

Cuando la curandera gritó, la reina madre volteó a mirarla.

El príncipe Aegon aprovechó su distracción para golpear su cabeza con la empuñadura de su espada.

Con la reina madre inconsciente, los Capas Blancas aprovecharon para capturar a Ser Ulrick y Ser Gwayne cuando el rey usó su fuego mágico para inmovilizarlos.

Mientras los Capas Blancas se llevaban a Ser Royce y los Guardianes de la reina madre, el príncipe Aegon levantó a su madre y la sacó de la habitación.

El rey ordenó al maestre Mellos que continuara.

Lala cerró los ojos mientras escuchaba los gritos de la reina.

— ¡Madre! ¡Madre! ¡Ser Royce! ¡No, no! ¡Viserys, por favor!

Lala comenzó a rezar; a los Siete, a los Antiguos, a las Llamas, a quien sea que estuviera escuchando para que el sufrimiento de la reina acabara pronto.

— ¡Ser Royce! ¡Madre! ¡Ayúdenme! ¡Madre!

También rezó para que el rey fuera castigado.