Chapter Text
Gwayne Hightower
Debería compadecer a su hermana, pero era incapaz de hacerlo.
Alicent era digna hija de su padre y había labrado su propio camino.
Los hijos que le arrebataban ni siquiera provocaban el dolor que la mayoría de las madres sentirían. Alicent no estaba desesperada por ser separada de Aelor y Helaena porque los amara, sino porque no podía usarlos a su conveniencia.
— ¡Tampoco me dejaron nombrarla! ¡Esos monstruos no han hecho más que lastimarme! —gritó Alicent, paseando de un lado a otro de su habitación.
La reina madre había elegido los nombres de los sobrinos de Gwayne y ella misma los entregó al príncipe Daemon.
— ¡Y tú estás tan orgulloso de servirlos! ¡¿Estás satisfecho con tu unión con esa mujer malvada?!
—Cuida tu lengua, Alicent —dijo con severidad.
Familia o no, ella no tenía ningún derecho a insultar su vínculo con la reina Alyssa.
—Estás corrompido, Gwayne —Alicent se acercó y lo miró con una mueca enojada —. Se suponía que convertirte en Guardián de Alyssa Targaryen sería en beneficio de Casa Hightower, pero sólo eres su perro obediente. El vínculo que todos alaban te ha comido la mente y la voluntad, te ha transformado en este hombre traicionero con su propia familia.
El sueño de Gwayne siempre fue convertirse en un Guardián, cualquier ambición de su familia no había estado involucrada. Lo había dejado claro a su padre la noche del Torneo del Guardián, después de que la reina madre hiciera el ritual para unirlos.
Había sido una sorpresa que la reina Alyssa lo eligiera, pero Gwayne no tardó en darse cuenta que sucedió para voltear los planes de su padre. El ama de Gwayne era lista y previsora; aunque en ese momento nadie imaginó siquiera lo que sucedería a la reina Aemma, Alyssa Targaryen estaba consciente de las intenciones de su padre de aferrarse al poder y obtener más como fuera posible.
Saber eso no disminuyó la felicidad y el orgullo de Gwayne. El vínculo aseguraba que nunca pudiera traicionar a su ama, pero él todavía se juró a sí mismo demostrar su valía. Él era más que el hijo de Otto Hightower y no estaba involucrado ni aprobaba su ambición.
—Nunca he traicionado a mi familia y olvidas que entre padre, tú y yo, soy el único de quien Casa Hightower no se avergüenza. Ser un Guardián de la reina madre ha dado honor a Oldtown. ¿Qué has hecho tú, hermana?
Recibió una bofetada por sus palabras.
—Hablas de honor, ¿pero qué honor hay en arrebatarle a una madre sus hijos?
— ¿Qué honor hay en aprovecharte de la condición del rey?
Alicent enrojeció terriblemente y apretó los puños.
El rey estaba en un constante estado de delirio desde que Aelor cumplió un onomástico. Él apenas era coherente en las sesiones del Consejo, siempre errático y atormentado por cosas que sólo él podía ver y escuchar. Siendo así, era improbable que pudiera ejercer su trabajo en el lecho, la prueba era que él no había vuelto a llamar a Alicent a su cama desde el nacimiento de Aelor. Era Alicent quien lo visitaba por las noches.
— ¿No tienes piedad por tu hermana? ¿No te das cuenta que sirves a un monstruo?
Gracias al vínculo, Gwayne sabía que su reina estaba lo más lejos que se podía de ser un monstruo. La reina madre no sentía placer o satisfacción cada vez que se llevaba a los bebés de Alicent. Gwayne sólo sentía una resolución inflexible; Alyssa Targaryen estaba protegiendo a los que amaba y estaba asegurando el futuro de su Casa.
Sabiendo las intenciones de su padre y hermana, Gwayne la entendía por completo.
Muerte y usurpación ocurrirían si su ama no actuara.
—Si no te preocupas por mí, ¿qué hay de tu deber como hijo?—ante el silencio de Gwayne, Alicent continuó con su diatriba —. ¿Cómo pudiste quedarte en silencio mientras cortaban la lengua de nuestro padre?
Su padre había acudido al rey, acusando a la reina madre de ser una pecadora. La relación de ella con Alys era un secreto dentro de la familia real, una relación que ninguno de sus parientes condenaba. Ellas no estaban haciendo daño y lo que ocurría detrás de las puertas de la habitación de la reina madre no era asunto de nadie.
Otto Hightower había hecho un mal movimiento, tal vez desesperado porque lo que pensó sería su camino al Trono de Hierro se estaba desmoronando poco a poco.
El rey podía estar volviéndose loco, pero su devoción a su madre lo hizo actuar cuando ésta se vio amenazada.
El padre de Gwayne fue depuesto de su cargo y enviado de regreso a Oldtown. Sin embargo, el príncipe Daemon se encargó de córtale la lengua antes de su partida. El rey no había condenado la acción.
—Él hizo su cama, ahora debe acostarse en ella. Tú también.
Alicent intentó abofetearlo de nuevo, pero esta vez él detuvo su mano.
—Ya llegaste hasta aquí, hermana, piensa en si saldrás del juego o seguirás cavando tu propia tumba.
La soltó cuando ella jaló el brazo para zafarse del agarre.
—No eres hermano mío —ella lo miró con desprecio.
Gwayne le dijo lo mismo que a su padre cuando éste le dijo no eres hijo mío.
—Soy el hijo de mi madre.
Myla Redwyne había sido una mujer inteligente y como él, vería la estupidez de su hermana y padre al jugar el juego de tronos contra oponentes muy superiores.
Morgan Martell
—Supera tu miedo, serás un jinete de dragón pronto —sintió la risa de Rhaenyra en su pecho —. No me tendrás para abrazarme.
—No es miedo, simplemente me gusta abrazar a mi esposa —puntuó sus palabras al apretar sus brazos alrededor de la cintura de Rhaenyra y la besó detrás de una oreja.
Morgan sonrió complacido cuando sintió el estremecimiento de su princesa.
Rhaenyra debió intuir su engreimiento porque ordenó a Syrax que se zambullera en un movimiento rápido.
Su risa se unió a la de ella cuando gotas de agua de la Bahía de los Naufragios los salpicaron.
—La boda es mañana, mientras tanto no soy esposa de nadie.
—Me entristeces, Nyra —se acurrucó tanto como pudo contra ella —. Me he considerado tu esposo desde que teníamos diez onomásticos.
—A esa edad te consideraba un tonto —fue la réplica.
— ¿Entonces ya no soy uno?
—Todavía lo eres, pero ahora me pareces un tonto adorable, sólo las Llamas saben por qué.
—Tal vez porque soy muy guapo y encantador, también porque soy el único hombre capaz de soportarte.
Sus palabras le ganaron un pellizco en los brazos.
—Sigue así y no me pararé mañana en el altar.
—Mis disculpas, Su Gracia, por favor, no me dejes plantado —la abrazó más fuerte —. No soportaría tal humillación.
Rhaenyra suspiró teatralmente.
—Supongo que te salvaré de la vergüenza.
Rieron una vez más y terminaron con el vuelo. Mientras veía a los Guardianes de Dragones quitar la silla de Syrax, Morgan pensó que si las Catorce Llamas y la Madre Rhoyne así lo querían, en unos días vería la misma acción pero en un dragón propio.
Su madre, Qoren y él no tuvieron huevos de dragones en su cuna y tampoco se les permitió vincularse a dragones adultos. Ese había sido un decreto del Viejo Rey; el anciano no había querido cederle nada más a Dorne.
Pero ya que Morgan sería el príncipe consorte del Trono de Hierro y tenía sangre Targaryen, el rey le concedió la oportunidad de vincularse a un dragón. Sería favorable para la Casa Targaryen que sus futuros monarcas tuvieran dragones, como los Conquistadores, el Viejo Rey y la Buena Reina Alysanne tuvieron.
Nada aseguraba que Morgan tuviera éxito, pero el honor sería recordado porque era un príncipe de un reino que durante generaciones se había negado a arrodillarse ante el Trono de Hierro.
Los primos Rhaenys, Laena y Laenor eran una excepción que se le había salido de las manos a la Corona. Afortunadamente y pese a Lord Corlys, ellos preferían mantenerse alejados del trono. Además, ningún hijo o hija de Laena y Laenor tendría dragones, no a menos que se casara con el futuro heredero de Rhaenyra. Eso era algo que la Serpiente Marina ya estaba tratando de lograr.
La tía Alyssa y Rhaenyra no iban a prometer nada, pero estaban de acuerdo que si el heredero, fuera niño o niña, y el correspondiente de alguno de sus primos lo deseaban, organizarían un matrimonio.
Morgan estaba completamente de acuerdo con eso.
—Vamos —Rhaenyra lo tomó de la mano y se dirigieron a Myrcella, que aguardaba con Ser Marbrand de la Guardia Real y Ser Gerold, el caballero juramentado de Morgan.
Todos se saludaron y montaron los caballos.
Desde que fue nombrada heredera, Rhaenyra hacía todo lo posible por tener contacto con los plebeyos. Siempre que hacían el viaje a y desde Pozo Dragón, ella procuraba montar para que los súbditos pudieran verla y ella los saludara a cambio, regalándoles monedas.
Las acciones de su prometida no eran tan superficiales, pues tomó el trabajo de caridad que la reina Aemma había hecho en vida. Y desde que se oficializó el compromiso con la Corona de Dorne, la Casa Martell la apoyó en esa campaña. Desembarco del Rey estaba bien alimentado y pronto sus calles estarían limpias.
Cuando entraron a la Fortaleza Roja fueron recibidos por caras llenas de desagrado, aunque el sentimiento no estaba dirigido a ellos, Lord Caswell lo aclaró.
—La consorte está embarazada de nuevo —el lord lo dijo disgustado, pero mirando a Rhaenyra con disculpa como si él fuera la razón de tan desagradable evento.
—El atrevimiento de esa chica vulgar al comunicarlo a sus parientes con tantos nobles alrededor —una dama de las Tierras de los Ríos arrugó la nariz.
—Y en vísperas de la boda de nuestra princesa heredera —agregó un caballero del Valle.
—Con esa sutileza mejor lo hubiera anunciado cuando la Corte estaba en sesión —una dama Lannnister, una de las muchas primas de alguna rama cadete de los leones, torció la boca.
—Esa moza es demasiado cobarde como para pararse frente a la reina madre —dijo la misma dama ribereña.
Entonces todos procedieron a conmiserarse con Rhaenyra, a alabarla y desearle, de nuevo, un feliz matrimonio.
Morgan también recibió mucho de lo último. Plasmó una sonrisa educada en su rostro y soportó el asunto mientras pensaba en lo que Alicent hacía.
Apenas habían pasado tres meses desde el nacimiento de Helaena y ella tenía un nuevo bebé en el útero. Alicent tenía que saber que no obtendría nada de eso, ¿para qué tener más niños que cargarían con una vergüenza que no les correspondía? Ella tampoco tenía ninguna base de poder o apoyo, la misma Casa Hightower prefería olvidarse de ella. Lord Hobbert ya había desterrado a su hermano del Faro, enviándolo a la Ciudadela con la estipulación de que no volviera a mostrar el rostro.
Morgan a veces pensaba que la locura del rey se le había contagiado.
—Tío Daemon lanzará un ataque —Rhaenyra frunció el ceño mientras entraban al Torreón de Maegor, dejando lo peor de la Corte atrás.
—Se ha acostumbrado a ser padre —comentó Myrcella.
—Muy a regañadientes —Morgan negó con la cabeza, divertido —. Dice que los niños crecieron en él como hongos.
—Mejor de lo que cualquiera hubiera esperado, considerando de quién son nietos —Gerold compartió una mirada con Morgan.
Ellos no compartían un vínculo como los Targaryen con sus Mīsios, pero eran cercanos y Morgan le confiaba su vida.
—No puedo creer que Alicent siga haciendo esto.
Nadie habló más tras lo que dijo Rhaenyra.
¿Si Alicent supiera que a sus hijos les colocaban sellos mágicos que los matarían si traicionaban a Rhaenyra, detendría su locura?
Margaret Karstark
Se sentía gratamente sorprendida mientras veía a la pequeña Sara acariciar y posar uno de sus oídos contra el vientre hinchado de la princesa Rhaenyra. Era más de lo que Margaret había esperado de cualquier sureño, quienes eran famosos por despreciar a los bastardos. Sin ir tan lejos, Bennard le tenía poco cariño a su única sobrina.
El progreso real de la princesa heredera y su consorte empezó un par de meses después de su boda. Ahora estaban en la última parte de su viaje, visitando el Norte.
— ¿Puedo ser el Guardián del bebé, princesa? —Cregan tomó el lugar de Sara.
Todos los niños Stark estaban fascinados con la princesa dragón y los dragones reales que descansaban en el Bosque de Lobos. Sin embargo, Cregan y Sara nunca habían estado cerca de una mujer embarazada; Margaret había tenido al último de sus hijos antes de que sus sobrinos nacieran.
Aunque la emoción podía deberse, en su mayoría, a que se trataba de un bebé dragón.
—Puedes, pequeño lobo —la princesa le sonrió, cariñosa —. Pero tendrás que esperar a que ambos crezcan.
—No puedes —Brandon, su hijo mediano, se cruzó de brazos —. Eres Lord Stark, no puedes irte de Winterfell. Tendrías que dejar tu señoría si te conviertes en Guardián.
A Bennard le encantaría eso, sin duda.
—Ha habido Mīsios que eran los cabezas de sus Casas —la princesa intervino, manteniendo su voz suave —. Lord Orys Baratheon y los lores Daemon Velaryon, cada uno en su tiempo. Ellos lograron acomodar sus deberes y sirvieron admirablemente tanto a sus amos como a sus Casas.
Orys Baratheon había sido el Guardián de Aegon el Conquistador, mientras que un Daemon Velaryon lo fue de la reina Visenya y el otro lo fue del rey Jaehaerys, por poco que hubiera sido el tiempo del último y porque fue un movimiento del Viejo Rey para tener una correa en quien fue aliado de Maegor el Cruel.
—Cregan puede hacer lo que quiera —gruñó Sara.
—Como las damas Arsa y Lyarra Stark —dijo el príncipe Morgan mientras entraba al solar que estaba destinado a los invitados.
Arsa Stark, la hija menor del rey Torrhen, se había convertido en la Guardiana de la reina Visenya tras la muerte de Lord Daemon Velaryon en el Valle. Lyarra Stark, la hermana menor de Lord Benjen, se convirtió en Guardiana del príncipe Baelon después de la muerte del príncipe Aemon. Ambas mujeres habían fallecido poco después que sus amos; la primera por mano propia y la segunda de tristeza.
— ¿Entonces yo también puedo ser una Guardiana? —Sara miró con emoción a la princesa.
Fue la Guardiana Sun quien contestó —. Claro, necesitamos más mujeres que enorgullezcan nuestra Orden.
— ¿Oíste, hermano? —su sobrina volvió su atención a Cregan.
El niño la miró pensativo por un momento.
—Tú serás la Guardiana del bebé de la princesa y yo seré su Guardián del Norte, juntos lo protegeremos.
—O a ella —el príncipe Morgan alborotó el cabello de los niños.
Brandon se enfurruñó.
Margaret suspiró por dentro, su hijo mediano era el más parecido a Bennard.
—Otra reina sería muy bienvenida —Margaret lo dijo con sinceridad y asintió hacia la princesa, que la miró con curiosidad —. Ahora, si puedo cambiar el tema. Mi príncipe, no me digas que dejaste caer a mis otros hijos de tu dragón después de que te molestaran con tantas preguntas.
Benjen y Elric habían rogado por días al príncipe para que los llevara a un vuelo. Margaret se habría sentido avergonzada si no fuera porque el príncipe había reído y prometido hacerlo sin un rastro de molestia. Grey Ghost, que fue rebautizado como Nymerion, era un dragón tranquilo, le habían asegurado.
A Bennard no le había gustado el interés de sus hijos, pero su esposo nunca estaba contento con nada. Margaret prefería ignorarlo la mayor parte del tiempo.
