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Tras el recital y el final de las clases, la casa de los Komi se empezó a llenar de gente. Chanel, el perro, se había escondido en la habitación de matrimonio, donde la señora Komi miraba sus dramas chinos. Ya se preocuparía del destrozo otro día. No le importaba demasiado, la decoradora tenía que venir en pocos días para ponerlo todo al gusto de las fiestas y el año nuevo.
Los peluquines volaban en el salón, a modo de celebración de haber recaudado solo suficiente para un pegamento de buena calidad. No era mucho, Matsukawa estaba expulsado al volver de clase, Tendo también, pero era algo.
Por su parte, Komi, tenía otros planes para aquella noche. Planes que implicaban a Konoha. Por aquello mismo, Akinori sospechó cuando Haruki le pidió que subiera a “la habitación que solían compartir”.
—A ver, no me hace ilusión compartirte nada pero a veces soy buena persona — iba relatando Komi mientras subían las escaleras. No era que Akinori no quisiera creerle, es que era demasiado falso.
Entraron a la habitación sin que la sospecha real de lo que pasaba le pasase por la cabeza. Un golpe seco en la puerta del armario empotrado y Sarukui sentado en la cama no dieron más seguridad a Konoha.
—Estoy seguro de que aunque de entrada no lo vas a entender, el en el fondo me lo vas a querer por estas cosas un día — aclaró Komi posicionándose junto al armario.
Konoha empezó a tener miedo en ese punto. Observó cómo Komi y Sarukui se miraron, de aquella manera que siempre parecían leerse la mente cuando iban a hacerle una putada de las gordas a alguien.
Debía decirse que Akinori trató de huir, pero Sarukui lo retuvo.
—No es personal, se supone que es un bien común — aclaró Yamato mientras Akinori forcejeaba—. Hemos dejado una linterna, y vendremos antes de que acabe la fiesta.
— ¡No! Estáis como putas regaderas — empezó a quejarse Akinori incapaz de soltarse. Era injusto, la genética de los Sarukui los hacía jodidamente fornidos y no podía vencer a aquello con la genética de dos borrachos ingeniosos. La vida le había hecho listo, pero no fuerte—. Te juro que me vengare, el karma existe.
—El Karma ya me ha jodido, Nori — aclaró Yamato pensado en que le gustaba demasiado Haruki.
Komi abrió la puerta del armario, donde Akinori pudo ver a Kuroo Tomoko atada de manos y una mordaza puesta lanzándose hacía fuera del armario. Así mismo sintió como su cuerpo era proyectado al interior del armario, chocando contra la chica y cayendo sobre ella.
La puerta del armario se cerró y escucharon el click del pestillo.
—Yo solo cumplo tus deseos — se escuchó la voz de Komi amortiguada por la puerta del armario.
—¡Que parte de mis deseos es estar aquí! ¡Anormal! — gritó Konoha sintiéndose profundamente incómodo. El cuerpo de la chica bajo el suyo y haciéndole sentir muy incómodo. Se le calvaba la cadera de Tomoko en la barriga y podía notar sus pechos también. Era asqueroso.
En aquel momento Tomoko le pegó un cabezazo y Akinori se movió como pudo en aquel pequeño espacio, intentando no sentirse tan pegado a ella. Inmediatamente después buscó la linterna. Odiaba a Komi Haruki, peor hermanastro jamás habido. Odiaba a Sarukui Yamato, el amor le había jodido las neuronas más que cualquier otra droga. Encontró la linterna caída sobre una caja de zapatos y la encendió apuntando sin querer a la cara de Tomoko, que cerró los ojos instintivamente pero con ganas de pegarle otro cabezazo.
—Perdona — dijo Konoha buscando quitarle la cinta americana que le habían puesto en la boca y quitándosela. Así mismo ella escupió un trozo de tela con cara de asco—. No sé por qué hace estas cosas, es un gilipollas y…
—No me estás diciendo nada nuevo ahora mismo — dijo ella girándose sobre ella misma y golpeándole con las manos para que la soltara.
Akinori la desató, aguantando la linterna con la boca y preguntándose qué mierdas se les debía pasar por la cabeza a aquellos dos. Él era un tío interesante, podía ligarse a una pava de forma normal. Ellos eran los raros que necesitaban montarse películas rocambolescas para sentir algún tipo de emoción. Les odiaba.
— Me da igual el plan de joderle la vida, ahora quiero matarle — añadió Tomoko, refiriéndose a Komi —. Soy muy bonita para la cárcel, pero me he pasado una hora maquillándome y me lo ha jodido por tu deseo de mierda.
— ¡Que deseo ni que niño muerto! Yo no le he pedido esto, yo le pedí una conexión de verdad, si quiera algo contigo, es él el que se obsesiona con que seas tú.
— Yo si pedí una cita contigo, pero fue hace siglos y ya dije que no la quería mucho antes de la última vez siquiera — admitió Tomoko —. Incluso si es mi culpa, yo tampoco he pedido esto.
Se quedaron en silencio un instante, donde Tomoko aprovechó para sentarse. No sabía cuánto rato iba a estar ahí, pero no iba a esperar de pie y menos con aquellos tacones. Akinori no tardó en imitarla, sentándose a su lado.
— ¿Quieres jugar a las 20 preguntas? — preguntó Akinori, viendo como Tomoko le miraba mal —. O no, no es obligatorio…
— Empiezo yo preguntando.
En el salón, Sarukui observó de lejos como Yachi y Runa hablaban. Le daba cierta sensación de orgullo haber formado parte del inicio de aquella pareja. ¿Había roto una pareja? Sí, pero también había creado otra y, más importante: eran lesbianas.
Bueno, Yachi probablemente era bisexual, pero aquello no era lo importante. Y ahora que lo pensaba, mirando al otro lado del salón, Yamaguchi seguía mustio como una planta. Tal vez tenía que hacer algo por él… Después de todo, él mismo había jodido su relación, aunque fuera el deseo de Tsukishima.
En aquel momento apareció Komi con dos vasos de plástico rojo. Le entregó uno y le miró. Yamato olió el vaso tratando de identificar qué era.
—Solo es Coca-Cola, no sé si sigues tomando medicación — aclaró Komi. Realmente no lo sabía. Sarukui sonrió vagamente, pero trató de disimularlo.
—Cuando te abrieron la cabeza sacaron un parasito ¿no? — preguntó Sarukui intentando que no se notara lo estúpidamente feliz que le hacía un gesto tan absolutamente ridículo como que se acordara de que tomaba medicación, aunque ya no lo hiciera.
—No, más bien pusieron uno — se quejó Komi bebiendo de su propio vaso. Ron con cola, no del que había comprado para la fiesta, sino del mini bar de su padre. Basura para los demás, él no quería resaca.
Los dos se apoyaron contra la pared y observaron el panorama. Oikawa iba pegado a Iwaizumi, que así mismo quería quitárselo de encima porque iba detrás de la coreana de intercambio. Suna y Anahori se besaban en el sofá como si no hubiera lugares más privados para afirmar que estaban los dos salidos. Onaga les miraba desde lejos con cara de asco. Tsukishima miraba a Yamaguchi con superioridad, mientras Kenma le explicaba alguna cosa. Fukunaga estaba cocinando unos macarrones mac cheese, mientras que Kuroo, al que no habían invitado, se servía una copa de tequila con granadina y zumo de naranja.
—No tomo medicación ya — empezó a explicarle Sarukui a Komi —. Pero no creo que quiera tomar alcohol ¿sabes?
—Prefieres reírte de las idioteces ajenas, ya.
—Siempre — aclaró Sarukui. Era tan extraño, conocerse tan bien y que simplemente nada más fuera a tener sentido— ¿Por qué me has besado antes? Tienes que dejar de hacer esas cosas porque la verdad es que es doloroso y…
—Oye, creo que nunca te he enseñado la habitación de invitados del ático — soltó Komi agarrándole de la mano y sin venir a cuento. No tenía intención de contestarle, no era que no pudiera explicarse. Pero lo cierto es que no sabía cómo y muy probablemente nunca lo iba a hacer.
En el armario de la habitación de Komi, Tomoko jugaba con la linterna. Había apoyado la cabeza en las piernas de Akinori, que estaba más tenso que un tronco de árbol, y estirado los pies hacia dentro del armario. Sería estrecho, pero era hondo. Desde aquella posición veía los raíles de los que colgaba la ropa, así que deducía que giraba o manualmente o con un interruptor.
— ¿Cuál es tu experiencia más traumática? — Preguntó Akinori. Habían sobrepasado ya las 20 preguntas, pero tampoco es que las contaran. Lo único que contaban es que alguien viniera a sacarles.
Konoha le había envidado un mensaje de Hitomi, que la chica había respondido con un “apáñatelas, perdedor”. También a Haruki, quejándose, pero le había ignorado dejándole en visto, mientras que Hitoshi aún no había leído el mensaje. Meiko solo le había enviado una foto de que ni siquiera estaba en la fiesta, estaba con su nuevo novio, Kita, en casa de este. Al parecer había comprado naranjas para alimentar a un regimiento y, viendo que era la comida favorita de Meiko, esta no había podido decir que no. Tampoco quería decir que no.
No se había planteado en molestar a su madre, ni a Jun ni a Ai. Le daba respeto que le vieran así.
— Pues… — Empezó ella —. Creo que fue el divorcio de mis padres.
— ¿Hace mucho?
— Tenía como once años, Tetsu tenía siete — continuó —. Mi padre se había estado tirando a su compañera de trabajo y la dejó preñada, incluso la obligó a abortar.
Akinori se quedó en silencio, dejándola hablar mientras giraba la linterna. Hacía rato se había cansado de apagarla y encenderla, cosa que Konoha agradecía.
— La señora obviamente se vio violentada, habló directamente con mi madre y mi madre le pidió el divorcio — resumió — y bueno, además de los gritos, toda la situación fue bastante horrenda y nos afectó mucho, aunque Tetsu nunca te lo admitirá.
— ¿Por eso estudias derecho?
— En parte — terminó Tomoko, antes de apagar la linterna y mirar a Akinori. Que no hubiera luz lo hacía menos incómodo. Volvió a mirar a la pared del armario antes de volver a encenderla —. ¿Y la tuya? Si vamos a hacer terapia que sea de ambos lados.
— Conocer a mi padre, probablemente — dijo él —. En realidad yo no tendría que apellidarme Konoha, es el apellido del padre de mi hermano solo, el primer marido de mi madre.
La realidad, Akinori no sabía cómo explicar aquello. No lo había hablado ni con sus hermanos al respecto, solo era consciente de aquello su madre.
— Pero casi es más mi padre el señor Konoha que ese hombre — añadió antes de seguir contando —. Siempre había pensado que el padre de Komi era mi padre, lo siento así de hecho, pero mi madre se sentó un día y me preguntó si quería saber quién era realmente.
— Siento que me falta contexto… — interrumpió ella preguntándose si el señor Komi también se follaba a su mujer y a la madre de Konoha —. Pero no es necesario si no quieres.
Konoha no tardó en resumirle la situación por la que había pasado en su infancia, haciendo que Tomoko le diera le pésame por haber tenido que vivir con Komi Haruki toda su vida.
— Estaba pasándolo regular, es raro vivir con tu madre pero no sentir que es tu madre.
— Supongo que puedo entender eso, aunque no sea exactamente lo mismo con mi padre…
— El pavo estaba casado, tiene otra vida y dejó a mi madre embarazada y tirada — cortó Akinori —. Por eso ella volvió a beber y es un milagro que Meiko no sea deforme y le falten cromosomas, aunque no tengo eso tan claro…—. Se hizo el silencio un instante, en que Akinori buscaba las palabras para explicar aquello. En el fondo, le dolía más de lo que podía decir —. Le fui a ver en persona, me dijo que no quería saber nada de mí y me dio un fajo de billetes, como si pudiera comprarme o algo.
— ¿Quieres denunciarle? — Propuso Tomoko, que le irritaba aquel hombre al que no conocía tanto como su padre.
Pensó en aquello por el modo en el que su madre le había quitado todo, absolutamente todo, al señor Kuroo hasta que cumplieran la mayoría de edad ella y Tetsu. Ciertamente, su padre ahora era libre de comprarse una casa, pero era más fácil seguir viviendo con su padre. Lo que más rabia le daba de su propio padre era que cuando el abuelo se había puesto enfermo, su progenitor jamás se preocupaba genuinamente de su salud, solo de cómo heredar aquella casa sin que su exmujer se la quitase. Tomoko lo había arreglado haciendo que la casa la dejara en sus últimas voluntades a Tetsu y a ella.
— Ni siquiera me importa tanto, incluso si me manda regalos seguido porque “ahora si quiere estar en mi vida” — explicó Konoha, jugando inconscientemente con el pelo de Tomoko — Yo ya tengo un padre, uno que me crió de verdad y al que si admiro.
Tomoko se quedó callada unos segundos. No era que realmente ella pudiera quejarse, sus padres la querían, solo discutían entre ellos…
—Y tu hermana pequeña ¿También es su padre? — preguntó con curiosidad la morena.
—Que va, no tenemos ni idea de quien es — continuó Akinori con cierta indiferencia —. Mi madre se acostó con un tío aleatorio, seguramente americano por el aspecto de Meiko. Pero nunca le preguntes si es halfu, porque se cabrea… Sobre todo en las tiendas de conveniencia cuando le hablan en inglés.
Ambos empezaron a reírse. Bueno, si era cierto que aquella chica no tenía demasiado aspecto de japonesa. Parecía la protagonista tetuda de un videojuego.
En aquel momento se abrió la puerta del armario, dejando entrar la luz de fuera. Tomoko apagó la linterna, dejando de jugar con esta y la arrinconó en un lado del armario mientras salía a toda velocidad.
—Disculpas, no había visto el mensaje antes — se excusó Hitoshi arqueándole las cejas a Akinori.
— ¿Estáis bien? — la voz de Akihiko les sorprendió, sentado en la cama les miraba con cierta curiosidad.
—No, como vamos a estar bien — aclaró Tomoko poniendo los ojos en blanco —. Tengo síndrome de Estocolmo y encima un moratón en el culo.
Akihiko miró a su hermano y a la chica, alternando la vista entre ambos y arqueando también las cejas. ¿Síndrome de Estocolmo?
Dicho aquello, la morena salió de la habitación en busca de algo que beber. Tal vez pasaría al baño a arreglarse el maquillaje y luego ya buscaría la forma de matar a Komi Haruki. Igual también buscaría otra vez a Akinori para seguir hablando.
— No sé qué hiciste, Nori, pero te ha funcionado… — habló el Konoha mayor, viendo a su hermano resoplar.
— Contarle mis traumas, qué sé yo.
— Pues a mí eso me sirvió, igual es un superpoder de los Konoha — se metió Hitoshi, haciendo que Akihiko se tapara la cara con la camiseta.
— Que asco dais.
Akinori salió también de la habitación, asqueado, buscando algo que beber y olvidarse de todo. Le daba igual si era aguarrás.
Se sirvió un vaso de lo que fuera que hubiera en la cocina, ignorando como Fukunaga y Kunimi compartían sus macarrones con queso, y salió al salón a observar lo que se había perdido.
Hoshiumi, que llevaba puesto un peluquín encima del poco pelo engominado hacia arriba que tenía, se había subido a una mesa y hablaba como si pregonara de por qué las cortinas eran un peligro para la sociedad. Al lado de este, Hirugami se había rendido a bajarle de la mesa y le escuchaba atentamente.
Por otro lado, había dos chicos casi idénticos de primero cuchicheando en una esquina. Shibayama y Sakunami, si no se equivocaba, pero no había tratado mucho con ellos. Sakunami estaba cabreado, mientras que Shibayama parecía un ciervo mirando las luces de un coche. Su parte más cotilla quería acercarse, pero la misma Tomoko le interrumpió.
— Ven conmigo un momento.
No le dio tiempo a reaccionar, viéndose arrastrado del brazo por la chica. Caminaron hasta el despacho del padre de Komi, donde Tomoko picó a la puerta. Konoha no tuvo tiempo de preguntar antes que el Komi Hiroaki, el padre de Komi, les abriera la puerta y les dejara pasar, cerrando tras ellos e invitándoles a sentarse. Akinori pensaba en que le parecía extraño y anómalo, pero que los Komi eran así: Ni Hiroaki, ni Jun se iban aunque dieran una fiesta. Cerraban sus puertas y fingían que no había un montón de adolescentes en su casa. Lo más curioso quizá era que solo a Haruki le podía importar menos que sus padres estuvieran allí.
— Como le explicaba su hijo, Haruki, me ha violentado hoy atándome y encerrándome en un armario — explicó Tomoko, con voz quebrada como si fuera a ponerse a llorar. De algo tenían que servirle los años en el club de teatro —. Aquí Akinori ha intentado ayudarme, pero ha acabado encerrándole también y su hijo mayor ha tenido que venir a ayudarnos…
— Ciertamente ha sido incómodo, ya que me ha tirado encima de ella y se ha golpeado en el proceso — añadió Konoha. No sabía si iba a funcionar, pero si Tomoko conseguía algo habría que apoyarla. ¿Sería aquel el plan que le había dicho y estaba aprovechando la situación?
Komi Hiroaki suspiró. Sí, sabía que su hijo pequeño podía meterse en problemas con más facilidad que los otros. Pero mejor un secuestro a pequeña escala que la idea de que traficara con drogas…
— ¿Pretendes tomar acciones legales? — preguntó de forma seria el hombre redactando a toda velocidad un acuerdo de confidencialidad.
Konoha reprimió una sonrisa. Los Komi eran un poco mafiosos.
—Está claro que si no se toman acciones para castigarlo, esa será la opción sí — aclaró Tomoko.
Observaron como el papel se imprimió y el señor Komi alargó la mano hasta la impresora toner. Enseñó el documento a la chica y miró a Akinori.
—Serías el testigo de este documento, que evidentemente pasará por manos de mi notario — aclaró y sacó una llave pequeña y se quedó mirando a la chica — ¿Qué cantidad sería la adecuada para que no tomaras acciones legales?
La cara de Tomoko era un poema. Era la primera vez que se encontraba con semejante situación. Había ido a pedir un castigo para Komi y se encontraba con que la podían untar de dinero para que se callara que aquel crío era un psicópata prosocial…
— Deje que piense al respecto — acabó por decir la chica, haciendo que Hiroaki sonriera. Le parecía divertido que aquella niña supiera jugar, incluso se planteaba no proteger tanto a su hijo para ver si así aprendía un poco.
El Komi tendió su tarjeta de contacto deslizándola sobre la mesa y dejando que la chica la sujetara.
— Contáctame cuando quieras negociar.
