Chapter Text
Ya habían pasado dos semanas desde que conoció al pequeño Rin, Karasu podía decir con seguridad que jamás había conocido a alguien tan raro y tan intrigante al mismo tiempo (en el buen sentido, por supuesto).
Sin embargo, hoy era la primera vez que estaban los dos solos.
Sae había sido una variable constante, todo el tiempo, como si tuviera que intervenir sí o sí entre sus interacciones. Aunque alternaba mucho entre meterse en las conversaciones, mirar mal a Karasu cuando Rin le prestaba atención o hablarle cortante a Karasu y ser totalmente paciente con Rin.
Karasu no iba a ser el que señale la obvia preferencia de Sae por su hermano menor.
Hoy no es extraño sin Sae, pero quizás sí un poco incómodo. Quizás se debía totalmente a que fue intervención de los padres de Rin.
Era un sábado normal en el que Karasu había ido a casa de Rin, ya estaba preparado mentalmente y todo para ponerle los pelos de punta a Sae durante toda la tarde. Tenía toda la pinta de que iba a salir genial, ya que hoy Rin lo recibió con un abrazo y Sae parecía listo para arrancarle la cabeza. Karasu puede admitir que estaba agarrando confianza, ya que era divertido ver al “oh siempre estoico y majestuoso, Itoshi Sae” perder la cabeza por un abrazo.
Karasu estaba listo para un buen día hasta que salieron los señores Itoshi por la puerta. El niño estaba seguro de que no los había visto antes y los hermanos no los mencionaban mucho, así que fue una sorpresa.
Se acercaron a Sae y le dijeron que necesitaban que fuera a hacer un recado, el niño ya estaba por negarse hasta que su madre le dijo que Rin necesitaba tiempo a solas para interactuar con Tabito como alguien normal.
(La mamá de Rin había dicho eso, en voz baja, sonaba esperanzada. Karasu jura que vio como Sae se quedaba sin palabras.
Karasu no entendía, ¿qué hay en Rin que no sea normal?
Él lo ve bastante bien, para sus estándares)
Se sientan en la banca del parque, mirando los juegos y los miles de niños que corretean. Karasu se siente un poco mayor para jugar ahí, va a cumplir ocho años después de todo, pero si Rin quiere jugar allá entonces podría hacer el sacrificio.
"Uh…", hablando del niño, Karasu mueve la cabeza para ver a Rin que parece tímido. "¿Y ahora qué?"
"No sé…". Tabito piensa que, al ser el mayor, debería tratar de lucir genial frente a Rin. Pero al no saber cómo tratar con otra persona, está situación lo supera con creces. "¿Qué sueles hacer con tus amigos?"
Rin se encoge de hombros, "No tengo amigos. Solo tú y nii-chan"
"Oh"
Debió adivinarlo, no recuerda haber visto otros niños alrededor de Rin. Se remueve un poco en su lugar, es decir, ¿está bien que Rin lo diga como si nada? ¿Es normal para él?
"Yo tampoco", responde.
Rin frunce el ceño, "Yo soy tu amigo"
Una ligera calidez recorre a Karasu y mira a Rin con una sonrisa burlona, le da un golpe en la frente con su dedo índice y dice "Yo también soy tu amigo, y todavía dices que no lo soy"
"¡Porque no lo eres!", dice Rin, cubriéndose la frente, "¡Eres mi mejor amigo!"
"¿Ehh? ¿Ya? ¿No nos estamos saltando unos pasos?"
"¿En serio?"
"¿No sé? ¿Las amistades no tienen reglas?"
"¿Las tienen?"
Bueno, pueden aprender a ser amigos juntos.
O mejores amigos, como dice Rin.
(Karasu debería saber mejor que simplemente hacerle caso a un par de turmalinas brillantes sin rechistar.
El Karasu del futuro todavía se repite eso, todos los días, pero al parecer todavía no aprende)
Rin últimamente piensa que la vida es buena.
Normalmente, la gente lo llama raro y sus compañeros no son realmente fanáticos de interactuar con él, a no ser que sea absolutamente necesario.
Sus profesores le han dicho varias veces que tiene un comportamiento absolutamente inadmisible, una de ellas llegando a decirle que está poseído y, Rin tendrá cinco años, pero incluso él sabe que si pasa de cien ya es mucho.
Con un color de ojos tan único, es natural que vea el mundo de forma única. El mundo donde vive Rin es grande y lleno de cosas por ver, pero su mundo, el lugar donde su cabeza pasa la mayor parte del tiempo, tiene espacio para pocas cosas y esas son las importantes.
En el mundo de Rin habitaba su increíble hermano mayor, sabía hacer de todo y siempre estaba con Rin. Era amable con él, incluso cuando a los seguidores de Sae (como Rin le llamaba a la gente que seguía a su hermano, pero que Sae no conocía) le decían que era molesto que su hermano menor lo siguiera a todas partes.
Luego, sin previo aviso, Rin tenía un cuervo. Se llama Karasu Tabito, era extraño y tenía un acento gracioso.
Y era amable, trató bien a Rin aunque era un desconocido en ese momento. Rin se encontró enganchado a la amabilidad de Karasu, que estaba seguro era diferente a la de Sae.
A Karasu también parecía caerle bien Rin.
Entonces Rin lo nombró su mejor amigo.
Así, el mundo de Rin se expandió un poco más. Y estaba completo, de eso estaba seguro.
El pronóstico hablaba de un día despejado, sol brillante y canto de pajaritos, o algo así. Fue una vil mentira, pues las nubes se agruparon tan rápido y la lluvia cayó tan repentina que obligó a todo el parque a dispersarse.
Los niños tuvieron que correr hasta debajo de una parada de autobús para refugiarse y no mojarse más.
Rin parecía molesto, Karasu comprendía el sentimiento.
Tabito sacó la mano para que las gotas le golpearan la piel, no parecía que fuera a parar pronto, no era lo suficientemente fuerte pero sí constante. Básicamente el tipo de lluvia molesto.
La casa de Rin estaba demasiado lejos como para que Karasu lo deje ir solo con tranquilidad, incluso para que el mismo Karasu lo acompañe y vaya a su propia casa después.
La única opción era simple.
"¿Quieres venir a mi casa?", Rin mira a Karasu con los ojos brillantes. Karasu tiene que mirar a otro lado para que no parezca raro que lo mira fijamente. "Está cerca de aquí, y, bueno, solo si quieres…"
"¡Sí!", Rin asiente fuertemente.
Karasu se ríe ante la respuesta entusiasta, tiene que detenerlo para que luego no se queje del dolor de cuello.
Se aseguran de cubrirse bien la cabeza, aunque quizás se mojen más que solo un poco, y huyen fuera del refugio.
Karasu sabe que a su madre no le importará que lleve a un amigo a casa.
El dúo se detiene para que Karasu pueda abrir la puerta, Rin limpia sus zapatos llenos de barro en el tapete y entra a la casa cuando Karasu se lo dice.
El recibidor es un pasillo donde caben al menos dos personas. Hay entradas en ambos laterales, Rin ya quiere explorar.
Ambos se quitan los zapatos, pero Rin no ve ningunas pantuflas para invitados. Karasu nota eso y decide que será un buen anfitrión, quizás así Rin quiera volver.
(Él quiere que vuelva)
"Espera aquí, vuelvo rápido"
Rin no está tan seguro, pero asiente y lo deja ir de todos modos.
Karasu corre hasta un cuarto pequeño que tienen como bodega, encuentra unas pantuflas pequeñas como del tamaño de Rin. Pero no encuentra ninguna toalla. El niño corre hasta la entrada que conduce a la sala y se encuentra a su mamá.
La mujer voltea a ver a su hijo, algo divertida por las pantuflas que lleva en su mano.
"Al fin llegaste, dicen que la lluvia podría empeorar. Y mírate, estás todo mojado…"
Karasu no lo piensa mucho, "Mamá, ¿dónde están las toallas?"
Ella se levanta y sale por la entrada, directamente al estrecho pasillo. Mirando a la entrada se encuentra con Rin, que se estaba quitando sus medias que se habían empapado por haber saltado sobre un charco en el camino. En el momento fue divertido, ahora la sensación era horrible.
Rin mira a la mujer, luego a Karasu que la seguía de cerca, y vuelve a mirar a la mujer. Levanta su pequeña mano, "Hola"
Karasu se acerca con las pantuflas y le dice que se las ponga. La madre de Karasu parece no tener palabras.
"¿Quién es, Tabito?"
"Es Rin", presenta Karasu. Rin vuelve a saludar a la mujer.
"¡Oh, es ese Rin!", la expresión de su madre se ilumina. "¡Tabito habla mucho sobre ti!"
"¡Mamá!", se queja Karasu, con las orejas rojas.
"¿Qué tiene?", Rin mira a su amigo. "Yo también hablo mucho de ti"
El sonrojó de Karasu se extiende a sus mejillas, ¡claro que Rin no lo entendería! Su madre se ríe levemente.
"Mamá", se queja Karasu por la vergüenza. "¿Las toallas?"
"¡Oh, cierto!", la mujer se da la vuelta y corre escaleras arriba.
El rostro de Tabito arde mientras ve a su madre desaparecer por las escaleras. Rin lo mira.
"¿Qué es lo que le dices de mi a tu mamá?"
"Cállate, Rin", murmura Karasu, tomando su mano y guiandolo al interior de la casa.
Llevan ya dos horas en casa de Karasu, jugaron un poco con los juguetes del chico, aunque Rin no parecía muy emocionado de jugar con ellos.
(Rin odiaba contenerse, pero ahí estaba, conteniendose para no romper los juguetes de Karasu)
Así que ahora hacían galletas con la mamá de Karasu.
Estaban cortando la masa con moldes divertidos, que ni Karasu sabía que tenía, cuando se escuchó un rayo.
La mujer tarareó y miró a Rin, que se había detenido para mirar por la ventana de la cocina.
"Parece que no dejará de llover por un rato…", la mujer mira a Karasu y luego a Rin otra vez, una sonrisa se forma en su rostro. "¿No te gustaría quedarte a dormir, Rin-kun?"
Rin mira a la mujer, luego a Karasu. "¿Puedo?"
Karasu quería, simplemente era extraño tener a alguien más durmiendo en su cuarto.
"Si quieres…"
Los ojos de Rin brillaron y se bajó rápidamente de la silla donde estaba parado.
"Tengo que llamar a casa"
"¡Rin, espera!", se ríe la madre de Karasu, divertida por el entusiasmo del niño. "¡Tienes que lavarte las manos primero!"
Una vez que se lavó las manos en la cocina, con ayuda de la mamá de Karasu, fue a la sala donde estaba el teléfono.
En la casa de los Itoshi, Sae contesta el teléfono que no deja de sonar.
"¿Holaaa…?"
"¡Oh, nii-chan!", Rin se alegra de escucharlo.
Sae se anima al escucharlo, "¡Rin, por el amor de Dios! ¿Dónde estás? ¿No viste lo mucho que llueve?"
"Estoy en casa de Tabito, ¿están mamá o papá por ahí? Quiero saber si puedo quedarme a dormir"
Sae se congela un momento, "¿En casa de quién?"
Rin hace un ruido confundido, inclinando la cabeza levemente. "De Tabito"
"¿Es Rin?", el padre de los hermanos aparece en escena, quitándole el teléfono muy fácilmente a un shockeado Sae.
Sae se queda mirando a la nada, ¿Tabito? ¿Karasu Tabito? ¿Desde cuándo Rin lo llama por su nombre?
El hombre finaliza la llamada poco después, deja el teléfono en su lugar y mira a su hijo mayor. Le despeina el cabello y vuelve a desaparecer en la cocina.
Sae reacciona una vez que su padre salió de escena. Ese estúpido cuervo está ganando más terreno del que esperaba.
En la casa de Karasu, Rin coloca el teléfono en su lugar una vez más. Se baja del sofá y corre de nuevo a la cocina.
"¡Tabito, me dijeron que sí!"
"¿Ehh? ¡Qué bien!"
La madre de Karasu nota como las manos de su hijo tiemblan al agarrar un molde de galleta con forma monstruo, "¡Mira este, se ve genial!"
Rin se acerca con una sonrisa para seguir cortando.
Karasu ignora la forma en la que su madre le sonríe. Está igual de sorprendido que Sae, en realidad, ¿Rin ya tiene la confianza de llamarlo por su nombre?
Ohh, Sae lo va a despellejar vivo si se entera.
(Aunque… A lo mejor ya se enteró…)
