Actions

Work Header

Proyecto: Boda

Chapter 2: El plan de Leonarda

Summary:

Leo sería la primera en poner su plan en marcha y pediría ayuda a alguien en especial que estaría más que dispuesto a seguir el plan.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Leonarda se teletransportó hacia el castillo de su hermano Roier en busca de ayuda para el plan que tenía en mente. Sería la primera en ejecutar su idea para el proyecto boda.

En un inicio, los tres huevitos querían hacer un plan entre los tres. Sonaba sencillo y divertido, pero las diferentes ideas de cómo querían el escenario perfecto solo hacían que llegasen a callejones sin salida. Es así como Richarlyson sugirió que cada uno hiciese un plan diferente, planteándose como premio a la idea ganadora ser el autor de la futura boda de los objetivos.

Por supuesto que Leonarda debía ser la primera en efectuar su plan ¿cómo no? Estaba demasiado segura de que triunfaría y así le ahorraría tiempo a sus otros dos familiares. Richas y Pepito no pusieron objeciones, después de todo, era hija de sus abuelos, tenía cierta prioridad (o al menos es como así lo vieron).

— ¿Hermanoier? — gritó, pasando por la muralla de piedra del castillo y observando los alrededores — ¿Estás aquí?

Siguió buscando con la mirada en los adentros del castillo de su hermano, deteniéndose donde se alzaba la gran estatua de su otro hermanito (y sobrino) Bobby. Ahora, junta a esta, otra estatua más se alzaba, mirándola con nostalgia y anhelo a la par que recordaba aquellos momentos tan felices junto a su tía Jaiden.

Sabía de sobra que, si ellos aún estuviesen aquí, le ayudarían sin dudar.

— Por supuesto que estoy aquí, pinche Leo. — salió de sus pensamientos al escuchar esa voz, mirando por todos lados hasta que notó el característico hoddie rojo, que aparecía detrás de las estatuas con un mantel en mano — Este lugar no se mantendría limpio si no lo cuido. Además, me pediste que nos encontremos aquí.

— Pues perdona por creer que podrías olvidarlo. — respondió con burla.

— ¡Me ofendes! Le diré a papá Vegetta sobre tu falta de confianza. — Roier se acercó y le bajó su gorra, haciendo que el pequeño huevo soltase un puchero — ¡Ya, ya! Dime, ¿para qué soy bueno?

Leonarda se acomodó la gorra y juntó sus manos. Con decisión miró a Roier, aunque este seguía sin entender qué pasaba.

— ¡Haremos que pa Foolich le pida matrimonio a pa Vege!

— ... ¿Eh?

Es entonces que el huevito le explicó todo lo sucedido el día anterior. Roier la escuchaba atento, con una mano en la barbilla, pensativo, y con la otra dándole los toques finales a las estatuas. Cuando la menor finalizó, este solo ladeó la cabeza.

— ¡Pues ya era hora de que Foolish quisiera dar el siguiente paso! — alegó — Nos íbamos a volver ancianitos y morir sin ver una nueva boda.

— Habla por ti. — bufó ella — Yo viviré por siempre.

— Claro, claro, huevo revuelto de dudosa procedencia. — Roier rio mientras Leo intentaba pisarle un pie, fallando en el intento — Sin embargo, ¿crees que Vegetta aceptará? Te ha contado él sobre.... ¿sus pesadillas de vidas pasadas?

— Algo.

Pero ese algo sí era importante.

Sabía lo necesario, sobre ese oso demonio/ángel que en algún pasado logró conquistar el corazón de su papá, y quien arruinó dos bodas previas que dejaron con el corazón lastimado a Vegetta. Sabía que por eso su padre era un poco reacio a la idea del matrimonio, lo nervioso que estuvo el día que Roier se casó y el inmenso alivio en su ser cuando todo salió a la perfección.

Sabía de las pesadillas... pero también sabía que estas habían comenzado a cesar. También, sabía que su pa Vege había vuelto a abrir su corazón gracias a Foolish, pues este no dejaba de repetirle cada vez que podía lo mucho que lo amaba y que estaba dispuesto a darlo todo por él, que se sentía feliz con la familia que tenía y que solo esperaba que el amor siguiera reinando en ellos por la eternidad y, aunque nunca haya venido de su parte la idea de una boda con el tótem, Leo estaba segura de que Vegetta se atrevería a ello si es el mismo Foolish quien se lo propusiera.

Era su hija después de todo, ¿quién mejor para conocerlo que Leo?

— Tampoco quisiera que nos asesinara por hacer todo esto y recordarle tragos amargos.

— ¡Confía en mí! — dijo Leo, tocándose el pecho — Lo puedo ver en sus ojos, lo mucho que ama a Foolich. Quiero que ellos puedan ser felices sin restricciones... menos de las que ya tienen de por sí. Quizá un matrimonio no es la cúspide del amor, pero sé que para pa Vege es importante, no por nada se preocupó demasiado en la tuya.

Roier asintió, recordando como su padre estuvo con él en todo momento aquel día. Lo quería demasiado y esperaba que este también pudiese tener, al fin, una boda sin problemas, por lo que no dudó en mirar a Leo y aceptar su propuesta.

— Tienes razón. — dijo al fin — Y nosotros le prometimos a Foolish ayudarlo si quería casarse con Vegetta.

— ¡Sí! Él no tiene que saber ¡solo será un empujoncito!

— Entendido, ¿entonces cómo quieres que te ayude?

La sonrisa de Leonarda se intensificó, era hora de poner en marcha su idea.


— ¿Sabes, Leo? Podría ver por horas el dragón que tu padre construyó y jamás aburrirme. — Vegetta y la aludida habían llegado a través de la waystone a "Foolich", pues la niña le había pedido ir por una sorpresa — ¿No es él el hombre más perfecto del mundo?

— Mis dos pa lo son. — respondió ella, tomándolo de la mano — ¡Pero vamos! ¡Ven conmigo!

— Voy, voy, debe ser importantísimo para romper mis horas de sueño ¿qué es lo que me quieres mostrar? ¿Y por qué me pediste que me vistiera con traje?

— ¡Para el ambiente, por supuesto!

— ¿El qué?

Bajando por la colina, los ojos de Vegetta se iluminaron al notar a dónde lo llevaba su hija. Tostaditas Doña Leo estaba bellamente decorado, con luces resplandecientes para iluminar la noche y el lago lleno de ajolotes. Todo un camino de piedras los llevaba hacia una mesa con un mantel morado, rodeado de dos sillas y donde Foolish ya se encontraba también, hablando con Roier. El tótem iba vestido al igual que él, aunque su traje era de un azul marino que a Vegetta le gustó, no pudiendo evitar acercársele y tomar uno de sus brazos para sentir la tela con la que fue hecha y, ¿por qué no? Poner nervioso a su pareja.

— No me molesta ver a mi novio más guapo de lo que ya es. — dijo el mago, dándole un beso en la mano al tótem — Pero ya, díganme ¿de qué se trata todo esto?

— I want to know, too.

— Primero, siéntense. — respondió el mayor de los hermanos en su lugar.

Roier movió ambas sillas y dejó que sus padres las usaran. El joven de la bandana aquella noche iba vestido cual camarero, mientras que Leo se había puesto una gorra de chef y se metió en su tiendita, con sartén en mano. El camarero prendió la vela que se hallaba en la mesa y procedió a poner los cubiertos y vasos para cada uno.

— Leonarda y yo queríamos aprovechar la hermosa noche para darles una cita de ensueño. — dijo, con un tono de voz calmado y a la par que servía vino en las copas

— ¿Seguro que no quieren algo a cambio? — bromeó el de ojos morados.

— ¡Lo hacemos de corazón! — respondió Leo, quien llamó a su hermano.

Roier se acercó a ella y agarró los platos que le dio. Tostadas, por supuesto, de aguacate y mermelada. Eran el plato de entrada "preparados por nuestra chef principal, Leonarda Brown de Luque, que espera esta velada sea inolvidable para vuestras almas enamoradas", dijo el muchacho con un acento español, para posteriormente dar una reverencia y alejarse de la mesa.

— Que... inesperado. — Vegetta mencionó.

— But I like it! — Foolish, por su parte, se dedicó a comer las tostadas en su plato.

Leo y Roier, ya reunidos, alzaron sus pulgares alegando al éxito del inicio de aquella noche. Vieron a sus padres conversando, riendo y sin dejar de aplaudir lo exquisitas que aquellas tostadas se hallaban.

Eso no era todo, por supuesto.

Roier ya estaba preparando el primer platillo de la noche, y Leo, por mientras, seguiría con su plan. Miró hacia la colina donde el Warp Stone de Foolish se hallaba, y notó como Richas y Pepito se hallaban ahí, escondidos detrás de esta y preparados para salir con serpentinas y brillitos apenas la propuesta se hiciera. Por mientras, bastó una mirada y un movimiento de la gorra roja de Leo para que los otros dos asintieran y rebuscaran algo de sus bolsillos.

Desde la colina, como si de un desfile se tratase, muchas luciérnagas aparecieron y rodearon Tostaditas doña Leo. Tanto los dos adultos como el par de hermanos lo vieron asombrados, aunque en el fondo Leo tenía el orgullo hasta las nubes pues ella se había encargado de atraparlos y entrenarlos para que dieran este espectáculo. Sus ojos se dirigieron a sus padres, notando como Vegetta aprovechaba para tomar una de las manos de Foolish por sorpresa.

— Son tan brillantes como tus ojos. — susurró, provocando una sonrisa enamorada de parte del tótem. — ¡No, no, no! My bad: Your eyes are more beautiful.

— Shut up! — Foolish reía ante los halagos — Tú más guapo, sí sí.

— No lamento interrumpir el momento. — Roier había vuelto, rogando no ser testigo otra vez de las muestras de amor de sus padres — Pero el primer platillo de la noche está listo.

Los ojos de ambos se agrandaron ante lo que presenciaban frente a ellos. Era un platillo curioso, un chile relleno de lo que parecía frutas y guiso, cubierto de crema, hojas de perejil y granos de granada.

— Les presento una de mis recientes obras: Chile en nogada. — acomodó los platos de cada uno, notando estos que llevaban diseños elegantes de color azul, haciendo incluso que sintiesen que estaban en el lugar más lujoso de la isla.

— ¿Desde cuándo sabes preparar comida tú?

— ¡Pues desde siempre! — expresó, orgulloso — ¿Qué crees que hago con todos los recursos que tengo debajo de mi castillo? Aproveché en variar mi repertorio.

Y esa era la razón principal por la que Roier había sido su jugada maestra en el plan. Leo solía visitarlo cuando este aprendía nuevas recetas, y era el conejillo de indias perfecto para saborear cada delicia que era creada con los ingredientes del de bandana, quien también le contaba de donde provenían cada platillo con mucho orgullo. Estaba segura de que sus padres no podrían resistirse y que, entre la emoción y la buena cena, Foolish entendería que este era el momento perfecto para volver a intentar proponerse.

— Degusten, deléitense. — siguió el que hacía de mesero — Para cualquier cosa, ¡o si quieren repetir! Ya saben cómo contactarme.

— Parece que nuestro hijo no es tan pendejo como creía. — dijo Foolish entre bromas, con los quejidos de Roier y las risas de Vegetta de fondo, mientras saboreaba la cena que acababa de recibir.

— Hicimos bien en adoptarlo, ¡ya te digo!

Roier volvió con Leo, no sin antes volver a llenar las copas de vino para que sus padres siguiesen disfrutando de la velada.

— Ahora es cuestión de esperar. — murmuró Leo, mientras le daba unos toques al pastel de calabaza que preparaba como postre. — ¡Pa Foolich no desperdiciaría este momento!

— Si es que puede hablar entre tantas risitas por los halagos de Vegetta. — respondió, tapando su boca con una de sus manos para que los otros dos no le escucharan — ¿Tienes algo más preparado?

— Por supuesto.

Una melodía inició, llenando todo el ambiente de una balada lenta y hermosa. Tanto Roier como Vegetta y Foolish se asombraron. Leo sonrió, observando entre pequeños lapsos de tiempo a la dirección donde, con sus dotes musicales, Richas y Pepito habían comenzado con la música. La melodía también había llamado la atención de algunas de las mascotas que Leo poseía por todo el terreno, quienes jugaban con las luciérnagas que aún seguían por ahí o recién despertaban, como Carlos número quien-sabe-cuánto, merodeando por la Warp Stone.

Sería cuestión de tiempo para que sean atraídos por la comida, por lo que el par de hermanos rogaban que el tótem diera el movimiento ya.

— Esto está exquisito. — Vegetta se limpiaba la boca con una servilleta luego de terminar de beber su copa de vino — Y nada como pasarlo con my love.

— Oww, Vegetta. — responde. Este también había terminado, y se paró en un acto inesperado para acercarse a su pareja — You forgot this.

— ¿Huh?

Sin previo aviso, Foolish acercó su rostro al de su pareja y besó la comisura de sus labios. Al separarse, le sonrió pícaro al notar que la cara de Vegetta se había puesto rojísima.

— Aún tenías una gota de vino ahí. — señaló la parte del beso, y se relamió los labios — Delicious.

Los minutos de silencio de Vegetta cesaron cuando, luego de un suspiro de completo enamorado, fue él quien ahora se paró de su asiento.

— Si así va a ser... Tú aún tienes muchas migajas en el rostro.

No está de más decir que tanto Leo como Roier se dieron media vuelta.

— Le daré un trozo del pastel de calabaza a Richas y Pepiux — Roier sacó dos tajadas de dicho postre y se preparó para salir. — Fingiré que iré un rato al castillo para que no sospechen ¿Todo bien contigo entregando el último plato?

— Todo bien, solo no demores. — respondió Leo que, aunque feliz por lo mucho que sus padres se amaban, ya quería que la noche acabase (y le agradezcan por ayudar con la pedida de mano).

Dicho y hecho, el mayor armó su excusa (aunque sus padres estaban tan perdidos en el otro que no estaba seguro de si lo escucharon) y se fue con sus hijos a darles un poco de comida por el gran trabajo que hacían tras bambalinas para posteriormente irse por unos minutos a su hogar y cambiarse, pues la mayor parte de su trabajo había terminado.

Leo dejó de escuchar los besuqueos luego de unos minutos y comenzó a oír a sus padres conversando sobre su día, contando Vegetta sobre su última aventura junto a Luzu y a Foolish comentando sobre su nueva construcción luego de haber recuperado las ganas de construir. Normalmente, ella estaría entre los dos también contando sobre sus aventuras y no sentada en el piso de su tiendita para que ambos sigan en su ambiente romántico, pero se conformaba ahora con escucharlos así, felices luego de tantos meses de espera.

Ella los amaba tanto y no deseaba más que dicha para su familia.

— ¡Ah! Veyitta. — Leo escuchó la voz de Foolish y sus orejitas se alzaron.

— ¿Sí, my love?

— Hay algo que quería preguntarte.

¿Era este el momento?

Leo no quería perdérselo, por lo que se paró con rapidez, pero intentando no hacer ruido.

Aunque no le funcionó.

Uno de sus bracitos chocó con la bandeja que contenía el pastel de calabaza, haciendo que este se cayese al piso. El sonido no fue demasiado debido al golpe seco con el pasto... pero ese no era el problema mayor.

Uno de sus mapaches, Matt, estaba vigilando la tarta desde hace rato, y aprovechó que ahora se hallaba en el piso para saltar sobre ella y comenzar a comer. Leo entró en pánico, pues varios otros mapaches, no solo suyos, aparecieron de quien sabe dónde y comenzaron a pelear por un trozo.

— ¿Mi niña? — escuchó la voz de Vegetta a lo lejos, mientras miraba con una expresión de enojo a Matt, quien seguía comiendo — ¿Todo bien?

— ¡Ustedes sigan en lo suyo! — gritó — No se preocupen por...

Escuchó un par de gritos conocidos y temió lo peor. Quizá no fue buena idea hacer todo a la intemperie.

Sus ojos miraron con terror como, desde la Warp Stone, una figura negra y blanca comenzaba a hacerse cada vez más grande a la par que se acercaba a ellos. Notó a sus hermanos/sobrinos, derrotados y sin rastro de sus tajadas, sabiendo que lo peor estaba por llegar.

Como un relámpago, Carlos se acercaba sin freno por comida, teniendo que atravesar, claro está, la mesa de sus padres.

Se quedó congelada, sin saber qué hacer ¡su plan estaba yendo al fracaso! Solo podía esperar la inminente derrota, y aquella velada tan bonita destrozada sin poder hacer nada.

— ¡Leo!

Escuchó su nombre, y luego un dorado familiar cubrió su visión.

Foolish la había cargado a tiempo para evitar que el choque de Carlos contra la tiendita le afectara. No hubo muchos destrozos por parte de la tienda, aunque las mesas y sillas estaban esparcidas por el lugar y los ajolotes habían salido de su estanque para esconderse de la criatura. Vegetta ya se había encargado de ir por Richas y Pepito, quienes se hallaban bien, aunque algo mareados luego de haber sido atrapados en el camino de Carlos por comida.

— Are you ok? — preguntó el tótem, con ella en sus brazos.

— Sí... —sin embargo, comenzó a llorar — ¡Todo se arruinó, lo siento! ¡Quería que esto fuese perfecto!

— Don't be sad, silly. — Foolish la abrazó y le dio confort — Fue muy bonito, wonderful! Amé esta cita.

— Pero tú...

— ¿Yo qué?

Antes de poder responder, Vegetta se acercó a ambos.

— ¡Leonarda! ¿¡Estás herida!? — Vegetta tomó a su hija mientras Foolish iba ahora a ver a sus nietos — ¿Quieres que movamos tus mascotas al zoológico? ¿O prefieres que los sacrifique aquí y ahora?

— I agree with that! — respondió el rubio.

— ¡No! — la pequeña, sin embargo, se opuso — Estoy bien, solo... frustrada, ¡y no les hagas nada a mis mascotas! Son buenos, ¡lo juro! Solo que cocino tan bien que ni ellos pudieron resistirse.

— Estoy seguro que sí, me hubiese encantado probar ese pastel.

La abrazó y la puso de nuevo en el piso, acariciando su rostro al notar que estaba en perfecto estado.

— Lo que tú, Roier, Richarlyson y Pepito hicieron hoy fue maravilloso, ¿sabes? — Leo sonríe, al menos la pasaron bien — Puede que los contrate para alguna otra cita con mi amor.

— ¡Sí! — se limpió las lágrimas, recibiendo la sonrisa de su padre.

Roier apareció justo después, estupefacto por hallar todo el lugar hecho un desastre. Corrió hacia su familia, asegurándose de que estuviesen bien.

— No puedo dejarlos ni un segundo solos porque esto ocurre. — se encoge de hombros — Y ni acabamos con los platillos...

— Good chance to throw a party and continue with this, don't you think?

— Cobraré caro si vuelvo a ser parte del staff de cocina.

— Pero que sea otro día, que ya hay que dormir. — continuó Vegetta, ya notándosele el cansancio en los ojos.

El de bandana le dio una mirada fugaz a su hermana, quien negó con la cabeza respecto a la propuesta de matrimonio. Roier silbó ante esto y, negando con la cabeza, miró a Foolish, quien ladeó la suya al no entender la conversación de miradas que sus hijos acababan de tener.

— En fin, ¡esto no se limpiará solo! — fue Vegetta quien habló esta vez, llamando la atención de todos — No podemos dejar este lugar así, sobre todo porque son vistas maravillosas desde el hogar de mi Foolish. Así que, ¡a limpiar!

Los tres adultos entonces se alejaron y comenzaron a ordenar y limpiar todo el desastre. Leo, Richas y Pepito se encargarían de los animales, aprovechando el momento a solas para conversar.

— ¡Estuvimos tan cerca! — se quejó Leo por lo bajo.

— No me di cuenta cuando Carlos estaba cerca de nosotros para robarnos el pastel, ¿desde cuando a los pandas les gusta la calabaza? — se lamentó Pepito, aunque los otros dos no lo culparon.

— Yo también estuve ahí, así que no es solo tu culpa.

— Y yo no noté a los mapaches, así que estamos bien. — suspiró, aun derrotada, pero sabiendo que no era la última oportunidad — Richas, es tu turno.

El muchacho asintió, con una sonrisa de decisión y cargando a un Matt que ya ni se podía parar de lo mucho que comió.

— Não os decepcionarei.

Notes:

Sé que han pasado meses quizá hasta un año (?) No lo sé XD pero por fin les traigo el capítulo 1 de esta historia. Espero les guste, kudos y comentarios se agradecen un montón como siempre <3

Notes:

Espero que les haya gustado. No esperen actualizaciones seguidas pero voy a tratar de hacerlo, y perdón si hay un poquito de ooc, intentaré que no sea el caso!

Nos leemos pronto! Espero xD