Chapter Text
No era ni de cerca la primera vez que un comentario de Shinobu lograba dejarlo sobrepensando. De hecho, Sabito siempre le insistía que dejara de tomar tan en serio las cosas que decía Shinobu, pues era obvio que sólo quería molestarlo. Sin embargo, aquella ocasión se sintió diferente para Giyuu. «Ay, Tomioka. ¿Cómo que ya tienes 16 años y todavía no has besado a nadie? De Himeshima lo creo, ¿pero tú?». Las palabras de Shinobu hacían eco en su mente.
Un primer beso se sentía como un gran paso, uno que Giyuu no se había atrevido a dar hasta ahora. No es que lo tuviera tan romantizado como Mitsuri —quien decía que quería que su primer beso fuera con su alma gemela— sólo que para la mente de Giyuu era un asunto más complicado. Sí, muchxs opinaban como Mitsuri, que los primeros besos son mejores cuando son con tu alma gemela. Eso hacía que para Giyuu se sintiera como una especie de norma, como si así se supone que debería ser su primer beso. Mas la situación de Giyuu con su alma gemela… pues realmente no sentía que estuvieran listos para algo así, por lo que ni siquiera había pensado en besar a Sanemi.
Es más, hasta se sentía un poco culpable en pensarlo porque en términos realmente técnicos, Sanemi y él no eran novios, eran almas gemelas, pero jamás hablaron de tener una relación. Así que eso volvía más complicado si se tratara de una clase de norma. Y plantearse besar a otra persona se sentía como una locura todavía más grande. ¿A quién besaría? ¿A una persona que apenas conoce? Por supuesto que no, Giyuu apenas les dirigía la palabra a personas fuera de su círculo y sólo lo hacía cuando era absolutamente necesario. ¿Besar a alguien que conoce? Como si conociera a tantas personas y tampoco quería que las cosas se volvieran incómodas después.
—¡Yuu, mira por dónde vas!
La voz de Sabito y su mano tirando del brazo de Giyuu lo sacaron de su mente. Hasta ese instante se dio cuenta de que estuvo a punto de chocar contra un poste de luz, iba tan distraído que no lo vio. Sabito lo miraba con expresión preocupada mientras aún lo sostenía cerca después de evitar aquel impacto.
—Ah, perdón, Sabito. Creo que estoy algo distraído —musitó Giyuu avergonzado.
—Eso puedo verlo, pareces en las nubes mucho más que de costumbre —replicó el otro arqueando una ceja —. ¿Qué pasa? ¿En qué estás pensando?
Si había una persona en la que podía confiar respecto a ese tema, definitivamente era Sabito.
—Bueno, es que durante mi almuerzo hablé con Shinobu… —comenzó, pero fue interrumpido.
—¿Y ahora qué te dijo que te tiene así? —algo de exasperación se coló en la voz de Sabito.
—No es nada grave, sólo… —Giyuu se sonrojó un poco —. Es que no había pensado en que no he dado mi primer beso.
La expresión de Sabito cambió por completo. Se notaba que esa no era la respuesta que esperaba escuchar. Había sorpresa y algo más en esos ojos lavanda. Aunque el par de mejores amigos se contaran prácticamente todo, ese no era un tema que hubiera salido a colación con anterioridad.
—¿Estabas… pensando en tu primer beso? —preguntó el de cabello durazno. Sus manos que aún estaban sobre Giyuu parecían temblar casi imperceptiblemente.
—Algo así —admitió el pelinegro —. Es que, ¿cómo se supone que sean? ¿En qué punto de la vida se debe dar el primer beso? ¿Con quién deberías darlo? Shinobu decía que para este punto ya debí haberlo dado, pero…
Un suspiro escapó de los labios de Giyuu. No lograba entender por qué vivir en sociedad era tan complicado. ¿Por qué parecía que a todxs les habían dado un libro de cómo entender esas reglas, pero habían olvidado darle una copia a Giyuu?
—Hey, mírame un momento, ¿sí? —pidió Sabito con suavidad.
El océano se encontró con las glicinias. Sabito lo miraba como siempre lo hacía cuando Giyuu estaba cayendo por un espiral sin control y, de alguna manera, parecía que era capaz de detener la ola de pensamientos en la cabeza del pelinegro sólo con una mirada.
—No existen reglas sobre tu primer beso —continuó el de cabello durazno —. Eso es algo que sucede diferente para todas las personas y no tienes que hacerlo sólo porque alguien más te dijo que deberías haberlo hecho ya. Además, estoy seguro de que Shinobu lo dijo para molestar como siempre, así que no lo tomes en serio, Yuu.
Lógicamente, lo que le decía su mejor amigo le hacía sentido. Sí, quizá era un gran paso y no tenía que darlo sólo porque alguien más lo dijo, pero…
—¿Y qué pasa si realmente tengo curiosidad de cómo se siente?
Sabito volvió a sorprenderse y Giyuu sintió que se ponía cada vez más rojo. No se había dado cuenta de lo extraño que podía sonar aquello hasta que lo dijo, ahora tal vez Sabito creería que todo el tiempo está pensando en besar a alguien y seguro pensaría que las hormonas de la adolescencia finalmente se habían apoderado de Giyuu.
—Pues… supongo que está bien tener curiosidad —respondió el de ojos lavanda luego de un rato.
—¡Mejor olvida que lo dije! —replicó Giyuu rascando su nuca y comenzando a retomar su caminata.
Sin embargo, no alcanzó a dar más de dos pasos antes de que Sabito volviera a detenerlo tomando su brazo. Eso hizo que el pelinegro volviera a mirarlo, esta vez la sorpresa en su propio rostro, pero eso no le sorprendió tanto como las siguientes palabras que dijo su mejor amigo.
—Si tienes mucha curiosidad y… si quieres, podemos tener nuestro primer beso juntos.
Giyuu parpadeó rápidamente, como queriendo entender si lo que decía Sabito iba en serio o sólo había sido su mente haciéndole una broma pesada. No obstante, la mirada lavanda no mostraba dudas. Nerviosismo sí, pero ni un rastro de duda. El pelinegro lo pensó unos instantes. Él no besaría a un extraño, sentía que eso haría de su experiencia algo bochornoso, en especial si no era el primer beso de la otra persona también. Besar a Sabito… Confiaba con su vida en él, así que por ese lado no habría problema, se sentiría seguro. Sólo había una cosa que lo hacía dudar.
—¿Estás seguro…? ¿No se pondrán raras las cosas si nos besamos siendo amigos? —preguntó Giyuu.
—Podemos hacerlo para ver cómo se siente, un beso no tiene que arruinar nuestra amistad si no lo queremos —Sabito le sonrió levemente.
El pelinegro lo pensó un poco más. Realmente aquella era la opción más viable y lo sabía. Quizá no era mala idea, en especial si Sabito le decía que todo estaría bien. Así pues, ambos adolescentes se dieron la oportunidad de experimentar su primer beso con el otro. Apenas duró unos instantes y fue un pequeño pico en los labios, pero aquella pequeña acción fue suficiente para plantar una semilla en el corazón de los dos. Tomaría años que esa semilla germinara y diera frutos.
━━━━━━━━━━ ◦ ❖◈🌊◈❖ ◦ ━━━━━━━━━━
El mundo pareció detenerse un par de segundos. Sabito únicamente podía enfocarse la persona a unos metros de él, quien era capaz de entrecortar su respiración con tan solo una mirada. El oscuro cabello de Giyuu —aún amarrado en una coleta— se movía levemente con el fresco viento de otoño, sus ojos parecían haber recuperado algo de su brillo apenas vio a Sabito, tenía ojeras que hablaban de que había vuelto a descuidar sus hábitos de sueño y usaba una sudadera azul claro que originalmente pertenecía a Sabito. Por mucho que quisiera negarlo, Giyuu seguía siendo tan hermoso como la última vez que se vieron y eso no hizo más que causarle pesadez a su corazón.
—Sabito —dijo el pelinegro, recordándole que el mundo seguía girando.
Antes de que pudiera decir otra cosa, el de ojos lavanda escuchó la voz de Kyojuro a su lado.
—¡Los dejaré hablar! ¡Te veré mañana y no olvides lo que te dije!
Esas fueron las últimas palabras de su amigo antes de irse. Sin embargo, tanto Sabito como Giyuu se quedaron quietos y en silencio aún después de que las pisadas de Kyojuro dejaran de escucharse. Era como si ambos apenas pudieran creer que el otro estaba frente a ellos, como si temieran que un paso en falso haría que la ilusión se desvaneciera.
—Yo… quería hablar contigo —-Giyuu fue el primero en hablar, su voz delatando sus nervios.
Sabito intentó pasar saliva, su garganta de repente sintiéndose sumamente seca. No obstante, igual asintió y con un movimiento de cabeza le indicó al otro que lo siguiera. Lo último que quería era tener una conversación así justo afuera del dojo, así que caminaron en silencio hasta un parque a un par de cuadras. No era la primera vez que se paseaban por ahí, de hecho, se sentaron bajo el mismo árbol que llegó a cubrirlos del sol cuando conversaron sobre las almas gemelas antes de la universidad. En ese entonces, el árbol estaba frondoso y verde. Ahora le faltaban hojas y lo cubrían los tonos naranjas y amarillos. De alguna manera, Sabito sintió que reflejaba lo que había pasado con ellos.
—¿De qué quieres hablar? —preguntó el de cabello durazno, sin mirar al otro a los ojos y como si no supiera qué es lo que necesitaban platicar.
Giyuu respiró profundamente antes de responder.
—Primero, quiero disculparme por no haber estado el día de tu competencia —comenzó —. Realmente quería estar ahí, pero ocurrió una emergencia y llegué demasiado tarde. Luego me enteré de que te lastimaste ese día y fui un cobarde al no haberte buscado hasta ahora. ¿Ya estás mejor de tu lesión?
Sabito por instinto colocó su mano sobre su muñeca derecha, ya no tenía vendas, pero estaba cubierta por su ropa. Sintió vergüenza de pensar que su “lesión” no había tenido nada que ver con el Kendo como seguramente Giyuu pensaba.
—Sí, no fue grave —respondió Sabito sin entrar en detalles —. Y… no tenías que venir a la competencia, no es tu obligación ni-
—Pero es que yo te dije que estaría ahí —interrumpió el pelinegro, sorprendiendo al otro, a tal punto que la mirada lavanda se posó sobre él —. Y casi llegué, pero…
Giyuu subió la manga izquierda de la sudadera y le mostró su muñeca. Sabito soltó un jadeo por el impacto. La marca de Giyuu ya no se veía intensa, era como si se estuviera desvaneciendo. Sin poder evitarlo, su interior se revolvió de enojo porque imaginaba quién era el causante de aquello.
—¿Qué hizo el imbécil de Shinazugawa?
El ojiazul sólo suspiró mientras volvía a traer su brazo hacia sí para abrazar sus piernas.
—Esa es la parte más sorprendente, él no hizo nada —respondió y siguió hablando porque sintió las ganas del otro de contradecirlo —. No podía ser su culpa porque descubrimos que no somos almas gemelas.
Por unos instantes, lo único que se escuchó fue el viento soplar. La brisa suave se contrastaba con el tornado que se había desatado en el interior de Sabito. Al principio creyó que había escuchado mal, que su mente estaba tratando de engañarlo y presentarle ese escenario con el que tanto había soñado. Porque, si realmente Giyuu había dicho eso, entonces podía significar que…
“Y si nunca viste sus marcas, ¿cómo sabes que embonan? ¿Cómo sabes que la tuya y la de él no lo hacen?” Las palabras de Kyojuro resonaron en su cabeza.
—¿Qué acabas de decir? —preguntó Sabito, sólo para asegurarse.
—Sanemi y yo no somos almas gemelas —repitió Giyuu y siguió explicando —. Estaba a punto de entrar al dojo cuando mi marca se puso así, la verdad entré en pánico porque intenté llamarle a Sanemi para asegurarme de que estuviera bien, pero no contestó. Y… decidí ir a buscarlo a su casa porque me dio miedo —sus ojos azules comenzaron a llenarse de lágrimas y su voz se entrecortó un poco —. En serio lamento haberte dejado, ha sido la decisión más dolorosa que he tenido que tomar. Lo lamenté en cuanto lo vi, me di cuenta de que estaba perfectamente bien y, en mi pánico, junté nuestras marcas y… vimos que no embonaban.
Sabito conocía a Giyuu como nadie más. Sabía que esa verdad había desestabilizado todo en su vida hasta límites que sólo el propio pelinegro conocía. Seguro le llevó tiempo procesarlo y eso explicaba las ojeras bajo sus ojos.
—Debió ser muy difícil para ti…
—Pero ese no es el punto, Sabi —dijo Giyuu, quien parecía no haber notado cómo llamó al otro —. Me hizo ver que tomé la decisión equivocada. Me aferré tanto a una ilusión que destruí lo más real que he tenido en mi vida, que dejé de lado a la persona que siempre había estado para mí. Mi ceguera me costó perderte y eso fue lo que más me dolió.
El de cabello durazno apenas podía creer lo que escuchaba. La manera en que Giyuu hablaba, como si la ausencia de Sabito se equiparara a perder algo tan esencial como una extremidad de su cuerpo, se le hacía… irreal. ¿Cómo es que parecía que Giyuu no entendía las implicaciones de sus propias palabras?
—Y también fue muy cobarde de mi parte dejarte ir la última vez que nos vimos —continuó Giyuu, sus lágrimas por fin empezando a caer por sus mejillas —. Yo sabía que te había lastimado, pero no sabía qué hacer con la idea de que yo era capaz de causarle tanto dolor a alguien tan importante para mí. Fui un tonto, Sabito, y te ruego que me perdones. Sé que no merezco tu perdón y aceptaré lo que me digas, pero ya no podía ocultarme sin haber intentado recuperarte.
Sabito se quedó mirando a Giyuu, procesando todo lo que acababa de escuchar. Ahora entendía por qué el otro había tardado tanto en buscarlo. Era una desafortunada coincidencia, pero ambos habían estado pasando por cambios abruptamente, cambios que apenas fueron capaces de manejar. Seguro hubiera habido otras maneras de navegar la situación, mas ninguno estuvo en la posición de pensar mejor las cosas e hicieron lo que pudieron. Sí, Sabito lo había pasado realmente mal las últimas semanas y sabía que su dolor estaba totalmente justificado. Sin embargo, Giyuu también había estado sufriendo y, de igual manera, sus sentimientos eran válidos. El de ojos lavanda sintió que su estómago se revolvía de pensar en lo que sintió Giyuu al darse cuenta de que vivió años creyendo una mentira relacionada a algo tan importante para él como su alma gemela.
No obstante, hay algo que necesitaba saber.
—Giyuu, necesito que seas muy honesto con lo que te voy a preguntar, ¿de acuerdo? —el susodicho lo vio a los ojos, Sabito continuó —. ¿Qué es lo que quieres de mí?
El pelinegro lo miró un tanto confundido.
—¿A qué te refieres?
—Quiero decir… —Sabito suspiró, la presión en su pecho seguía ahí —. Ahora conoces mis sentimientos. ¿Eso cambia algo para ti? ¿Quieres que sea tu amigo? ¿O… qué es lo que quieres de mí?
El de cabello durazno no se atrevía a decirlo todavía porque quería saber la respuesta de Giyuu, pero él no había dejado de amarlo. Ya había aceptado que, no importaba quién estuviera del otro lado de su vínculo de alma gemela, su corazón simplemente se negaba a soltar su amor por Giyuu. No obstante, Sabito tampoco se creía capaz de pasar por aquel dolor una vez más. No podía volver a ser sólo un amigo y condenarse a que, si no fue Sanemi, Giyuu encontrara a su alma gemela en alguien más y Sabito se quedara viendo al margen. Había sido el dolor más grande que había vivido a la fecha. Pasar por ello una vez casi destruye todo su espíritu, no se creía capaz de sobrevivirlo una segunda.
—Sabito yo… —Giyuu parecía estar luchando por articular las palabras que quería decir —. Este tiempo me ha servido para darme cuenta de muchas cosas. Me he replanteado lo que daba por hecho y eso me ha dejado ver todo con más claridad. Aunque mi mente quiso aferrarse a algo sin sentido, mi corazón siempre te estuvo buscando, sólo que yo fui muy tonto para verlo antes. Yo… Sabito, quiero elegirte y amarte de cualquier manera en que tú me permitas hacerlo. Si quieres que… intentemos salir como pareja, nada me haría más feliz. Si quieres no volver a verme por todo lo que te hice, respetaré tus deseos. Si quieres que sólo seamos amigos y eventualmente encontrar a tu alma gemela, lo aceptaré y te apoyaré.
«Giyuu quiere elegirme y amarme», el mero pensamiento y haberlo escuchado del mismo pelinegro casi hacen que Sabito rompiera a llorar en ese mismo instante. Aunque resistió el impulso, igual se le cristalizaron sus ojos. ¿Sería demasiado tener esperanza? ¿Estaría siendo un idiota si acepta y se lanza a los brazos de Giyuu? ¿Y qué hay de la posibilidad de que otras personas sean sus almas gemelas?
“¿Y si está equivocado? ¿Y si todo el tiempo han sido ustedes?”, de nuevo, la voz de Kyojuro se coló en su cabeza. Tal vez era momento de quitarse la duda de una vez por todas.
—El día de la competencia… tú volviste, ¿no es así?
—Sí, lo hice —asintió el pelinegro, aunque su rostro mostraba su confusión por el abrupto cambio de tema.
Sabito respiró profundamente. Tenía miedo, nunca se había sentido tan aterrado en su vida, pero ya había huido por años. Posponerlo más sólo les causaría más estrés y dolor con el tiempo; así que no quedaba más que enfrentarlo.
—El incidente que pasó ese día, no fue una lesión mientras competía —continuó el de ojos lavanda mientras comenzaba a subir la manga de su brazo derecho —. Yo… ese día estaba devastado porque creí que, si no te presentaste a mi competencia como siempre lo habías hecho, entonces significaba que ya no me querías en tu vida… Me afectó demasiado la idea de que era el final de nuestro camino y me ahogué tanto en mi dolor que me hice daño a mí mismo…
El rostro de Giyuu se distorsionó en una mezcla de tristeza, preocupación y dolor cuando Sabito extendió su brazo para mostrarle lo que quedó de aquel día. El antebrazo del de cabello durazno estaba cubierto por varios rasguños; incluso aunque algunos ya habían sanado, los más profundos todavía estaban cicatrizando. Más lágrimas cayeron por los ojos de Giyuu cuando se dio cuenta de que la mayoría de los rasguños estaban en la zona donde estaba la marca de alma gemela de Sabito.
Con manos temblorosas, Giyuu sostuvo la muñeca de Sabito suavemente. No sabía cuánto le seguía doliendo al otro y no pensaba arriesgarse. Aquella era la primera vez que veía la marca de Sabito, era un espiral tal y como le dijo alguna vez, el trazo era nítido y fuerte. Eso significaba que la persona al otro lado seguía teniendo fe y confianza en el lazo… Seguía teniendo fe y confianza en Sabito…
—¡Lo siento tanto! ¡Es mi culpa! —sollozó Giyuu, algunas lágrimas incluso cayendo sobre el antebrazo del otro —. ¡Debí estar ahí! ¡No debí dejar que esto te pasara! ¡No merecías esto! ¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!
Esa definitivamente no era la reacción que esperaba Sabito, así que se apresuró para calmar al pelinegro.
—Yuu, espera, ¡esto no es a lo que quiero llegar! —dijo Sabito, poniendo su mano izquierda sobre las temblorosas manos del otro —. Ahora sé por qué no estuviste ese día y tampoco yo manejé mis emociones de mejor manera. No te muestro esto para reclamarte, sino… sino porque quiero probar algo que llevo años cuestionándome.
Giyuu parpadeó confundido. Apenas lograba ver a través del montón de lágrimas y también sentía sus ojos hinchados. Se sentía como un completo desastre. No comprendía cómo Sabito era tan bueno y comprensivo cuando Giyuu se había equivocado tantas veces.
—¿Qué quieres probar? —preguntó el pelinegro.
Hasta ese momento, Giyuu se dio cuenta de que las manos de Sabito también estaban temblando; mas su voz no lo hizo cuando le respondió.
—Quiero que juntemos nuestras marcas.
La respiración se le cortó al pelinegro. ¿Juntar sus marcas…? ¿Acaso… Sabito estaba considerando que ellos podrían ser almas gemelas? Era una locura, pero Giyuu sintió más miedo que otra cosa. ¿Qué pasaba si las marcas no embonaban? ¿Sabito lo haría a un lado como Giyuu lo hizo y seguiría buscando a su alma gemela? Estaba en todo su derecho de hacerlo… O, tal vez peor aún, ¿qué pasaba si las marcas sí coincidían? Eso significaría que Giyuu había sido un imbécil por años, eso significaría que pudieron ser felices hace tanto de no ser por la ceguera del pelinegro. ¿Y Sabito lo aceptaría así? ¿O sólo lo haría porque son almas gemelas?
Su pánico debió verse en su mirada porque sólo reaccionó cuando sintió la mano de Sabito apretando la suya. Eso hizo que volviera a mirar al de ojos lavanda.
—Pero primero, quiero aclarar algo —dijo el de pelo durazno —. No importa lo que pase después ni lo que diga una marca, eso no cambia mis sentimientos por ti y yo aún te elegiré independientemente del resultado. Sólo… es una duda que llevo años teniendo y ya no soporto la incertidumbre. Así que te pido que me lo concedas y que me digas si también me querrás, aunque no sea tu alma gemela.
Giyuu reconoció el sentimiento detrás de la mirada de Sabito. También él tenía miedo y quería asegurarse de que no volverían a perderse. La mayoría de las veces era el chico de cabello durazno el que le aseguraba que todo estaría bien, él era quien solía ser fuerte para pelinegro. Sabito siempre fue su lugar seguro y red de seguridad en caso de que cayera. Hoy Giyuu necesitaba ser eso para él.
—Te elegiré sin importar lo que digan nuestras marcas —aseguró el de ojos océano —. Te elegiré una y otra vez hasta que me gane tu confianza de nuevo, Sabito. Luego seguiré eligiéndote porque quiero hacerlo. Te elegiré siempre porque… porque te amo.
Una lágrima cayó por la mejilla derecha de Sabito. La convicción con la que esas palabras salieron de la boca de Giyuu derribó cualquier barrera que pudo haber construido alrededor de su corazón. Tal vez era demasiado bueno para ser verdad, tal vez estaba confiando demasiado. Sin embargo, la sinceridad que desbordaba el océano en la mirada de Giyuu era una que no podía ignorar; al contrario, Sabito se dejó arrastrar por la marea.
—Está bien, Yuu —Sabito le sonrió levemente —. Entonces… hagámoslo de una vez por todas.
El pelinegro asintió mientras se volvía a remangar la sudadera. Sabito sentía que el mundo se movía en cámara lenta mientras Giyuu acercaba su muñeca. El corazón le golpeaba con fuerza el pecho, haciendo que cada latido retumbara en sus oídos. Estaba conteniendo la respiración, como si el más mínimo movimiento pudiera provocar que alguno de los dos se echara para atrás. El momento que tanto esperó y que creyó que ya no llegaría estaba por suceder. Sus muñecas estaban cada vez más cerca y, después de lo que se sintió una eternidad para Sabito, la piel de ambos hizo contacto. Una calidez como ninguna que ha sentido en su vida lo recorrió de pies a cabeza, originándose en su muñeca derecha. Frente a sus ojos, la marca traslúcida de Giyuu volvió a su estado definido e intenso, permitiendo que claramente pudiera ver el diseño de una ola de mar formarse perfectamente con la marca de Sabito.
Sus marcas embonaban. No había ninguna línea sobrante, los cuatro trazos coincidían perfectamente. Por más que buscaran, no había duda de que esas marcas pertenecían una a lado de la otra.
Sabito y Giyuu eran almas gemelas.
Siempre lo habían sido y ahora no había manera de negarlo.
Por un momento, Giyuu se sintió como el idiota más grande de todo el mundo. Su alma gemela había estado tan cerca todo ese tiempo, pudieron haberse dado cuenta hace años si él no hubiera sido un tonto. «Sabito seguro está decepcionado de tener como alma gemela a alguien como yo. Él merece a alguien mejor» pensó. Sin embargo, un pequeño sollozo hizo que levantara la mirada. Ahí notó que Sabito estaba llorando, gruesas lágrimas cayendo de los ojos más brillantes del mundo y enmarcando la sonrisa más hermosa que Giyuu ha visto en su vida. ¿Cómo es que Sabito podía lucir tan bello y feliz mientras lloraba?
—Eres tú —dijo Sabito, su voz cargada de emoción —. Siempre has sido tú.
Sin esperar un segundo más, el de cabello durazno se lanzó contra el pelinegro para abrazarlo fuertemente; pero tomó por sorpresa a Giyuu, así que ambos cayeron al pasto seco. Sabito lloró y lloró, su cuerpo no había encontrado otra manera de expresar la felicidad que sentía. Giyuu se contagió de la emoción y dejó salir sus propias lágrimas mientras se daba cuenta de lo afortunado que era. Su alma gemela era la persona más amable, dulce y justa del mundo. Era la persona con el corazón más noble, con la mente más brillante y el rostro más lindo. Era la persona que llenaba su vida de risas, que podía curar cualquier mal con un abrazo y que era capaz de hacerlo estremecer con un susurro. Giyuu tenía la mejor suerte del mundo si el universo había decidido unirse a Sabito con la conexión más profunda que una persona podía tener.
Después de permanecer abrazados unos buenos minutos, Sabito se enderezó un poco, recargándose en el pasto para seguir aplastando a Giyuu, pero sin separarse demasiado, sólo lo suficiente para ver al otro. Los ojitos azules que le devolvieron la mirada le derretían en corazón. Sabito llevó una de sus manos a la mejilla de Giyuu, limpiando con ternura las lágrimas que quedaban y, sin poder evitarlo, sus iris lavanda se posaron sobre ese par de labios rosados con los que llevaba años soñando.
—No te muevas, Yuu —susurró.
Poco a poco, Sabito inclinó su rostro, acercándolo al de Giyuu milímetro a milímetro. El pelinegro podía sentir la respiración del otro tan cerca, le hacía cosquillas sobre sus labios y se mezclaba con su propio aliento. Sabía lo que el de cabello durazno quería hacer, él también lo quería. Tembló un poco ante la expectativa e inconscientemente intentó acercar su propio rostro, pero la mano de Sabito en su mejilla lo evitó.
—Shhhh, no te muevas —dijo Sabito con voz aterciopelada y aún más bajo que hace un momento.
Esta vez, Giyuu lo escuchó, después de todo, confiaba plenamente en él. Primero, sintió los labios de Sabito en su mejilla, haciéndolo suspirar por ese contacto tan suave y dulce que denotaba un cariño que jamás había sentido antes. Después, Sabito besó la comisura de los labios de Giyuu, tan cerca de lo que ambos anhelaban que el pelinegro se permitió cerrar sus ojos, dejándose llevar por el cariño infinito del otro. Finalmente, después de unos instantes más, Sabito besó los labios de Giyuu, dejando que todo el amor en su corazón se vertiera en esa muestra de afecto. Fue un beso suave, delicado y un poco torpe, pero era todo lo que hubieran podido pedir. Giyuu se sintió tan amado que se le escapó una lágrima, la cual fue a dar la mano de Sabito que aún acunaba su mejilla. Preocupado al sentir que el otro lloraba, el de ojos lavanda se separó lentamente del beso, pero no alcanzó a preguntar si todo estaba en orden porque los brazos de Giyuu rodearon su cuello para volver a atraerlo y besarlo.
Sabito, absolutamente gustoso y feliz, se dejó llevar.
━━━━━━━━━━ ◦ ❖◈🌊◈❖ ◦ ━━━━━━━━━━
—¡Estoy muy feliz por ustedes! —exclamó Kyojuro con una enorme sonrisa.
Sabito también sonrió mientras entrelazaba dedos con los de Giyuu al tomar su mano. Todo parecía empezar a acomodarse en su lugar desde aquella tarde en la que descubrieron que eran almas gemelas. Ambos recuperaron sus ánimos y su alegría. Sabito volvió a sentir su característica vitalidad al practicar Kendo y Giyuu volvió a pasar por él cuando acababa sus prácticas. Por supuesto, cada persona que se enteraban de que no sólo habían sido gemelas todo el tiempo, sino que oficialmente eran pareja, mostraba sorpresa seguida de una expresión que sólo podía definirse como “pensándolo bien, eso tiene sentido”. Las únicas dos personas que no se sorprendieron fueron Kyojuro y Tsutako.
—No puedo creer que en serio se tardaron tanto en darse cuenta de que son almas gemelas que hasta Kyojuro lo notó antes —dijo Akaza, su tono entre burlón e impactado.
—¡No los molestes, Akaza! ¡Sólo hubo unos malentendidos! —reprendió con una tierna sonrisa Kyojuro.
—Igual quiero agradecerte, Kyojuro —replicó Sabito —. La charla que tuvimos hizo la diferencia. Probablemente no le habría dicho nada a Yuu sobre nuestra marca de no ser por lo que me dijiste. ¡Así que te lo agradezco!
La mirada dorada y rojiza del otro se iluminó y su sonrisa creció todavía más de alguna manera. Se veía que estaba orgullo por haber podido ayudar a uno de sus amigos más cercanos.
—¡No fue nada! ¡Lo más importante es que pudieron encontrar sus caminos al otro!
Giyuu se acercó más a Sabito para abrazar su brazo. Desde que empezaron a salir, apenas era capaz de estar lejos de su alma gemela, pero Tsutako había dicho que era normal cuando hace poco juntaron sus marcas. Se sentía como si su conexión se estuviera cimentando y estabilizando. Le agradaba la sensación de calma que venía con eso.
—Bueno, creo que es nuestra hora de partir —dijo Sabito al notar que el pelinegro acariciaba la marca en su muñeca, como pidiéndole atención.
—¡Claro! ¡Nos vemos mañana en entrenamiento! —se despidió Kyojuro mientras rodeaba la cintura de Akaza con un brazo.
El pelinegro simplemente hizo un gesto de cabeza para despedirse y el de pestañas rosas también se limitó a un movimiento con su mano. Ambos preferían volver a tener toda la atención de sus respectivas almas gemelas.
Así pues, Sabito y Giyuu comenzaron a caminar rumbo al hogar del último. El de ojos lavanda le platicaba cómo le fue en el entrenamiento, el movimiento nuevo que estaba practicando y la manera en que su maestro corregía sus posturas. Giyuu, por su parte, disfrutaba de escuchar la voz de su novio, podía notar que desbordaba felicidad y entusiasmo, tal y como todas las veces que a lo largo de años ha expresado cuando se trata de Kendo. Eran esas pequeñas cosas las que le recordaban como es que, pese a los obstáculos y cómo habían cambiado su relación, seguían siendo ellos y su conexión de almas gemelas siempre había estado ahí, aunque ellos no lo notaran.
Se encontraban a dos cuadras de su destino mientras Sabito se reía por la manera en que unx novatx había intentado retar a Kyojuro y había fallado garrafalmente cuando el rubio lo derribó de un golpe. Giyuu sonreía sin poder evitarlo, al menos hasta que sus ojos se cruzaron con los de la persona caminando en la dirección contraria al otro lado de la acera. Hacía mucho que no veía a Sanemi Shinazugawa, los dos se habían estado evitando desde que descubrieron la verdad, aunque sabían que eventualmente volverían a verse porque compartían el mismo círculo de amigos. Sin embargo, Giyuu no vio nada del usual fastidio en los ojos del otro. Había algo completamente diferente, algo que no esperaba: aceptación. Aunque no fueran almas gemelas, igual Giyuu conocía a Sanemi desde hace muchos años, por eso supo con un gesto tan pequeño que Shinazugawa parecía tranquilo —al menos tanto como le era posible demostrar— al ver a Sabito y Giyuu juntos, casi como si él ya imaginaba que aquello pasaría. El pelinegro hizo una leve reverencia con la cabeza, un gesto para darle a entender que todo estaba bien, que todo podría fluir con tranquilidad incluso entre ellos dos. Shinazugawa no le respondió, pero algo le decía que comprendió lo que quiso decir.
Eso era más que suficiente para Giyuu. Se recargó en el hombro de Sabito mientras sentía que sus marcas cosquilleaban al estar en contacto. Sabía que ese era el inicio de un nuevo capítulo en sus vidas, uno que lo ponía un poco nervioso por la incertidumbre, pero su felicidad era mucho mayor porque tanto Sabito como él habían logrado lo que tanto habían anhelado: ser elegidos y ser amados.
Giyuu elegía a Sabito.
Sabito amaba a Giyuu.
Y lo harían cada día por el resto de sus vidas.
