Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of Donde empieza la gravedad
Stats:
Published:
2026-03-15
Completed:
2026-04-10
Words:
14,369
Chapters:
4/4
Comments:
8
Kudos:
34
Bookmarks:
6
Hits:
366

Donde empieza la gravedad

Chapter 4: Luna.

Summary:

Amar a alguien es descubrir que el corazón también sabe romperse sin hacer ruido.

Notes:

¡Hola!

Lamento haber tardado tanto en subir la última parte 😔 estaba muy concentrado en terminar un último acto de una historia que esta aquí en mi perfil.

Es mi proyecto personal y le di cierta prioridad jaja los invito a leerla, se llama Thronebound, se desarrolla a base de dos ships pero la verdad es que no es una historia de amor, es mas de drama porque me encanta el drama JAJAJA

Pero bueno, ¡Disfruten el capítulo! ☺️

Luna-Zoé

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

Katsuki se llevó una mano a la cabeza, presionando apenas contra su sien, como si ese gesto pudiera ayudarlo a contener algo más que el simple pulso de su sangre. De pronto, se volvió demasiado consciente de su propio cuerpo.

Demasiado consciente de ella.

Frente a ambos, el rompecabezas se extendía como una excusa torpe, sus piezas dispersas formando un caos que Mina intentaba ordenar con una energía irritante. Del otro lado de la mesa, su voz llenaba el espacio con comentarios constantes, explicaciones innecesarias y entusiasmo exagerado que Katsuki no alcanzaba a procesar del todo.

No podía.

No cuando Uraraka estaba inclinándose cada vez más cerca.

Invadiendo su espacio con una naturalidad que debería haberle resultado insoportable.

Y, sin embargo…

Katsuki sintió el impulso muy claro de estrangular a su amiga rosada.

Sabía exactamente lo que estaba haciendo.

No era casualidad que hubiera aparecido con aquel rompecabezas absurdo.

No era casualidad que lo hubiera colocado justo frente a él.

No era casualidad que Uraraka terminara sentada a su lado.

Nada de eso lo era.

Se suponía que sería una noche simple. Una de esas reuniones sin importancia en el departamento de Denki, donde las caras eran siempre las mismas, donde el ambiente se mantenía ligero, predecible.

Seguro.

Pero verla ahí…

Eso no había estado en el plan.

Y ahora estaba demasiado cerca.

Podía percibir el aroma tenue que desprendía.

Algo suave. Dulce.

Vainilla.

Katsuki apretó la mandíbula.

Sí.

Definitivamente iba a estrangular a Mina.

…o tal vez darle las gracias.

Sus ojos se desviaron, casi en contra de su voluntad, hacia el rostro de Uraraka. Desde esa distancia, sus ojos marrones parecían más cálidos, más profundos, como si guardaran algo que él no terminaba de entender… pero que, aun así, no podía dejar de mirar.

Mina encajó una pieza con torpeza, forzándola donde claramente no pertenecía.

Katsuki chasqueó la lengua.

Sí.

Definitivamente iba a estrangularla.

—Eres pésima en esto —soltó, seco, dándole un ligero manotazo para apartar su mano.

Mina hizo un puchero exagerado, mientras Uraraka dejaba escapar una risa suave.

El sonido le cayó encima sin previo aviso.

Sus manos se movían con rapidez, buscando piezas, ordenando el caos con una concentración tranquila que contrastaba con el desorden del resto.

Katsuki intentó enfocarse en eso.

En el rompecabezas.

En las piezas.

En cualquier cosa que no fuera…

El contacto llegó sin anuncio.

Sutil.

Ligero.

La mejilla de Uraraka descansó sobre su hombro.

Sus dedos se detuvieron.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Suficiente para que su respiración se descompasara.

Suficiente para que su cuerpo reaccionara antes de que pudiera detenerlo.

Ella no parecía darse cuenta.

O quizá sí.

Sus ojos seguían fijos en el rompecabezas, absorta, como si ese gesto no significara nada más allá de la comodidad del momento.

Como si no hubiera cruzado ninguna línea.

Katsuki tragó saliva.

Y no se movió.

No la apartó.

No dijo nada.

Solo permaneció ahí, rígido al inicio… y luego, casi imperceptiblemente, cediendo.

Lo justo.

Lo necesario para no romper el instante.

Después de un momento, sus manos retomaron el movimiento.

Como si nada hubiera pasado.

Como si todo siguiera en su lugar.

Pero no era cierto.

Nada estaba exactamente donde debía.

Katsuki intentó concentrarse.

De verdad lo intentó.

Sus ojos siguieron el borde irregular de una pieza entre sus dedos, girándola apenas, buscando una lógica que sabía que estaba ahí… pero que simplemente no lograba alcanzar.

No era el rompecabezas.

Nunca lo fue.

El problema era que algo en su cuerpo había cambiado de ritmo.

Lo notó en el pulso.

Primero en las sienes, como un golpe sordo y constante.

Después más abajo, extendiéndose por el pecho con una intensidad que no correspondía a nada de lo que estaba ocurriendo en esa sala.

Exhaló por la nariz, lento, intentando regularlo.

Inútil.

El calor no cedía.

Al contrario.

Se acumulaba.

Subía.

Se instalaba bajo su piel como una fiebre que no terminaba de romper, pero que tampoco desaparecía.

Frunció el ceño.

Molesto.

Consigo mismo.

Porque no había motivo.

Nada estaba pasando.

Nada que justificara esa reacción absurda.

Y sin embargo…

Ahí estaba.

Persistente.

Como un vicio.

Como algo que su cuerpo ya había decidido sostener aunque su cabeza se negara a seguirle el paso.

Dejó la pieza sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

—Esto está mal armado —gruñó, más para llenar el espacio que por otra cosa.

Mina respondió algo, probablemente burlándose, pero Katsuki apenas registró el sonido.

Su atención se desvió sola.

Otra vez.

No de golpe.

Nunca de golpe.

Sino como una corriente lenta que siempre terminaba llevándolo al mismo punto.

A ella.

Uraraka se alejo suavemente de él, de pronto sintiendo el peso de su ausencia. Seguía concentrada, moviendo piezas con una calma que le resultaba desconcertante.

Había algo en la forma en que se enfocaba que lo descolocaba.

Esa tranquilidad.

Esa facilidad.

Como si el mundo no se le desordenara por dentro de la misma manera.

Como si no sintiera…

Katsuki apretó la mandíbula.

Desvió la mirada.

Tarde.

Porque el daño ya estaba hecho.

Porque bastaba un segundo, un solo segundo para que su cabeza empezara a llenar los espacios por sí sola.

La forma en que sus labios se movían cuando pensaba.

La manera en que su respiración se volvía más lenta cuando se concentraba.

Detalles.

Insignificantes.

Ridículos.

Y aun así…

Imposibles de ignorar.

Tragó saliva.

El gesto le quemó la garganta.

Como si el calor se hubiera concentrado ahí, buscando salida.

Katsuki llevó una mano a la nuca, tensando los dedos contra la piel.

Necesitaba… algo.

Movimiento.

Distracción.

Control.

Pero lo único que encontró fue ese mismo impulso creciendo otra vez, más definido ahora.

Más claro.

Más honesto.

No era curiosidad.

No era confusión.

Era deseo.

Directo.

Incómodo.

Innegable.

Lo reconoció en el acto.

Y eso lo hizo peor.

Porque ponerle nombre lo volvía real.

Porque ya no podía esconderlo detrás de nada.

Exhaló despacio, con los dientes apretados.

Como si así pudiera contenerlo.

Como si así pudiera devolverlo al lugar donde había estado antes.

Pero no volvió.

No del todo.

Se quedó ahí.

Instalado.

Ardiendo bajo la superficie.

Esperando.

Katsuki cerró los ojos un segundo.

Y en ese instante fugaz, absurdo—

La idea apareció.

No como fantasía.

No como algo lejano.

Sino como una necesidad concreta.

Un beso.

La palabra no se formó completa.

Pero el cuerpo la entendió.

La anticipó.

La sintió antes de que existiera del todo.

Katsuki abrió los ojos de golpe.

Tenso.

Como si hubiera cruzado algo sin moverse siquiera.

Apretó la mandíbula.

Se obligó a mirar cualquier otra cosa.

El rompecabezas.

La mesa.

A Mina.

Lo que fuera.

Porque si volvía a mirar en esa dirección…

Sabía exactamente lo que iba a pasar.

Y esta vez no estaba seguro de querer detenerse.

Apoyó los codos sobre la mesa, entrelazando los dedos frente a sí, llevándolos luego a la boca como si así pudiera contener algo que no tenía forma física pero que igual insistía en escapar.

Exhaló lento.

Otra vez.

Intentando regular algo que ya no obedecía.

No era el momento.

No era el lugar.

Y definitivamente… no era la situación.

Pero su cuerpo no parecía interesado en esas reglas.

Sus ojos se desviaron, inevitables.

La encontraron.

Uraraka seguía en lo suyo, acomodando piezas con esa concentración tranquila que empezaba a desesperarlo más de lo que debería.

Había algo en esa calma que lo desarmaba.

Como si ella no estuviera cargando con nada.

Como si todo fuera simple.

Como si él fuera el único que sentía que el aire pesaba distinto.

Katsuki dejó escapar una risa seca por la nariz.

Qué idiotez.

Sabía que no era así.

Sabía que estaba proyectando.

Pero aun así…

Sus ojos bajaron otra vez.

A su boca.

Y esta vez no apartó la mirada de inmediato.

No había sorpresa en el gesto.

Ni culpa.

Solo una certeza incómoda, clara, que se asentaba con cada segundo que pasaba.

Quería besarla.

Así de simple.

Así de directo.

Sin adornos.

Sin excusas.

El pensamiento no lo sacudió.

No lo asustó.

Solo… encajó.

Como una pieza que siempre había estado ahí, esperando el momento en que finalmente se le permitiera existir.

Katsuki pasó la lengua por su labio inferior, lento, pensativo.

Su pulso volvió a marcarse con más fuerza.

No iba a hacerlo.

Eso también lo tenía claro.

Pero la distancia entre querer y actuar…

Nunca le había parecido tan corta.

Apoyó la mano en la mesa y se inclinó apenas, sin pensar demasiado en el movimiento.

No era un gesto grande.

Ni evidente.

Pero suficiente.

Suficiente para sentir cómo algo dentro de él se tensaba con intención.

Como si su propio cuerpo estuviera probando hasta dónde podía llegar antes de que él mismo lo detuviera.

—Oye, oye, oye… ¿qué está pasando aquí? —la voz de Mina cortó el momento como un golpe limpio.

Katsuki parpadeó.

Una vez.

Regresando de golpe.

—Nada —gruñó al instante, sin siquiera mirarla.

—Ajá, claro, “nada” —repitió Mina con un tono sospechosamente alegre—. Porque esa cara no es de “nada”.

—¿Qué cara? —saltó Denki desde el otro lado, asomándose como si acabaran de anunciarle un chisme de vida o muerte—. ¿Quién está haciendo qué?

—¡Nadie está haciendo nada, imbécil! —espetó Katsuki, enderezándose de golpe.

Demasiado rápido.

Demasiado obvio.

Mina entrecerró los ojos, sonriendo como si acabara de confirmar exactamente lo que quería.

—Hmm… interesante.

—Cállate —masculló él, tomando una pieza cualquiera solo para hacer algo con las manos.

—¿Interesante qué? —insistió Denki, ahora completamente metido en el asunto.

—Que alguien aquí está muy callado de repente —canturreó Mina.

—¡Siempre está callado! —añadió Kirishima con una risa, sin captar del todo la tensión—. Eso no es nuevo.

—No, no, pero este es otro tipo de silencio —replicó Mina, inclinándose sobre la mesa con dramatismo.

Katsuki chasqueó la lengua, molesto.

—Te voy a lanzar por el balcón.

—¡Ah! ¿Ves? Violencia. Señal clásica de—

—Mina —la interrumpió Kirishima, riendo—, ya déjalo.

Pero ella no parecía interesada en dejar nada.

—Solo digo que—

—Ya dije que no es nada —cortó Katsuki, esta vez más bajo.

Más firme.

El ambiente se tensó apenas.

Lo suficiente.

Y entonces…

Uraraka rió.

Suave.

Ligero.

Como si todo aquello fuera simplemente parte del momento.

Nada más.

Katsuki sintió cómo algo dentro de su pecho se desacomodaba otra vez.

No por lo que decían.

Sino por lo fácil que parecía todo para ella.

Por la manera en que podía reír…

Mientras él apenas lograba mantenerse en su lugar.

Se puso de pie sin previo aviso.

La silla rechinó contra el suelo.

—Ya me harté de esta mierda —murmuró, pasándose una mano por el cabello.

—¿A dónde vas? —preguntó Denki.

—A respirar —respondió seco.

Nadie lo detuvo.

Nadie dijo nada más.

Katsuki caminó directo hacia el balcón, abriendo la puerta con más fuerza de la necesaria.

El aire frío de la noche le golpeó el rostro al instante.

No lo calmó. No del todo.

Se quedó ahí, apoyado sobre la baranda, con los dedos tensos contra el metal frío, como si necesitara ese contraste para recordarse que seguía en control… o al menos, lo suficiente.

La ciudad se extendía frente a él, vibrando en silencio.

Luces encendidas.

Movimiento constante.

La vida siguiendo su curso como si nada dentro de él estuviera a punto de desbordarse.

Katsuki exhaló despacio.

Había pasado demasiado tiempo haciendo eso.

Conteniendo.

Regulando.

Empujando hacia abajo todo aquello que no encajaba con la imagen que tenía de sí mismo.

Funcionaba.

Siempre lo había hecho.

Pero esto…

Esto no estaba funcionando.

Porque no desaparecía.

No se debilitaba.

No se volvía más manejable con el tiempo.

Al contrario.

Crecía.

Se acomodaba.

Se hacía espacio dentro de él con una paciencia irritante, como si supiera que, tarde o temprano, iba a ganar.

Cerró los ojos.

Y por un momento, dejó de intentar controlarlo.

No lo empujó.

No lo negó.

No lo disfrazó.

Solo… lo miró.

De frente.

El deseo.

La necesidad.

Esa forma en la que su cuerpo reaccionaba antes de que su cabeza pudiera intervenir.

La manera en que su atención siempre terminaba regresando al mismo punto.

A ella.

Pero esta vez no fue para contenerlo.

Fue… distinto.

Más suave.

Como si el gesto ya no viniera desde la resistencia, sino desde el reconocimiento.

—Qué problema… —murmuró, apenas.

Pero no había molestia real en su voz.

Solo una aceptación seca.

Honesta.

Alzó la mirada.

La luna colgaba sobre la ciudad, blanca y distante, observándolo con esa calma imperturbable que siempre le había parecido absurda.

Nunca la había entendido.

Nunca le había visto el punto.

Y aun así…

Ahí estaba.

Mirándola.

Otra vez.

Katsuki soltó una exhalación baja, casi una risa sin humor.

—No te voy a culpar por esto.

La frase salió sin pensarse demasiado.

No era para ella.

No realmente.

Era para sí mismo.

Porque lo más fácil habría sido eso.

Buscar una razón externa.

Un error.

Una circunstancia.

Pero no lo había.

Esto no era accidente.

No era confusión.

Era elección.

Una que había estado tomando en silencio desde hacía más tiempo del que quería admitir.

Su pecho se tensó.

No con incomodidad.

Con claridad.

Como si algo finalmente encontrara su lugar.

Como si la resistencia, esa que había sostenido durante tanto tiempo, empezara a aflojar por puro cansancio.

Y entonces lo entendió.

No se trataba de detenerlo.

Nunca lo había sido.

Se trataba de decidir qué hacer con ello.

Katsuki apoyó mejor el peso de su cuerpo sobre la baranda, inclinándose apenas hacia adelante.

El viento le golpeó el rostro.

Frío.

Constante.

Pero ya no intentó usarlo para apagarse.

Porque lo que sentía no era algo que pudiera extinguirse así.

Era más profundo.

Más terco.

Más… suyo.

Cerró los ojos otra vez.

Y dejó que la sensación se expandiera.

Sin freno.

Sin correcciones.

Como una grieta abriéndose lentamente bajo la superficie.

Como tierra cediendo.

Como algo que, después de haber sido contenido demasiado tiempo, finalmente encontraba espacio para romper.

No fue violento.

Fue inevitable.

Silencioso.

Pero absoluto.

Sintió cómo ese calor volvía, más claro ahora, más definido, recorriéndole el pecho como un pulso constante.

No era solo deseo.

Era todo lo que venía con él.

La atención.

La necesidad.

La forma en que su mundo parecía reajustarse alrededor de una sola persona.

Katsuki dejó escapar el aire.

Lento.

Sin intentar detener nada esta vez.

Si esto era un error…

Ya lo había cruzado.

Si esto iba a traer problemas…

Ya estaban ahí.

Así que pelear contra ello ahora…

Era ridículo.

Abrió los ojos.

La luna seguía ahí.

Inmutable.

Y por primera vez, no le pareció distante.

Sino… constante.

Como algo que no necesitaba acercarse para influir.

Como algo que simplemente existía…

Y, aun así, movía mareas.

Katsuki ladeó apenas la cabeza.

—Tch… —chasqueó la lengua, pero sin dureza.

Ya estaba.

No iba a seguir fingiendo que no.

No consigo mismo.

No después de esto.

Sus dedos se relajaron sobre la baranda.

Su respiración encontró un ritmo más estable.

No porque el sentimiento hubiera desaparecido.

Sino porque había dejado de resistirse a él.

Y en ese espacio—

En esa aceptación incómoda pero firme—

Algo dentro de él se acomodó.

No en paz.

Pero sí… en equilibrio.

El sonido de la puerta al abrirse no lo tomó por sorpresa.

No porque lo hubiera escuchado con claridad, sino porque, en algún punto, había empezado a esperar que alguien lo siguiera.

Y, si era honesto consigo mismo, sabía exactamente quién.

Uraraka se detuvo a unos pasos de él, sin invadir, sin forzar su presencia. Como si entendiera que ese espacio no era distancia… sino equilibrio.

Katsuki no se giró de inmediato.

Mantuvo la vista al frente, los codos apoyados en la baranda, la respiración más estable de lo que había estado minutos atrás.

No estaba huyendo.

Pero tampoco estaba listo para hacerlo fácil.

—Pensé que te ibas a quedar adentro —dijo él al fin, con la voz baja, más cansada que cortante.

Uraraka dejó escapar una pequeña exhalación, casi una risa.

—Pensé que tú no saldrías.

La respuesta lo hizo fruncir apenas el ceño.

No por molestia.

Por reconocimiento.

Giró apenas el rostro—. No empieces.

—No estoy empezando nada —respondió ella, tranquila.

Y no lo estaba.

Eso fue lo que lo desarmó un poco.

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue… medido.

Como si ambos estuvieran caminando con cuidado sobre algo que sabían que podía romperse si lo pisaban mal.

Katsuki dejó caer el peso de su cabeza hacia atrás un instante, mirando el cielo sin realmente verlo.

—Adentro estabas… rara —dijo finalmente.

No encontró otra palabra.

Ochako inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Rara?

—Más callada —corrigió él—. Más… —hizo una pausa breve, buscando sin querer sonar demasiado consciente—. Metida en tu cabeza.

Ella no negó.

Tampoco se justificó.

—Estoy pensando.

La simpleza de la respuesta hizo que él soltara una risa corta.

—Siempre estás pensando.

—No así.

Eso lo hizo mirarla.

De verdad.

Uraraka sostenía su mirada esta vez.

Sin titubeos.

Sin esa ligereza que solía usar para suavizar las cosas.

Había algo más firme.

Más honesto.

—¿Así cómo? —preguntó él, más bajo.

Ella dudó.

Pero no retrocedió.

—Así como cuando ya no puedes hacerte tonta con algo.

La frase quedó suspendida entre los dos.

Pesada.

Clara.

Katsuki sintió el golpe directo en el pecho.

No violento.

Pero sí inevitable.

—Suena a tu problema —respondió, aunque su voz ya no tenía la misma dureza.

Uraraka sonrió apenas.

No porque fuera gracioso.

Porque lo entendía.

—Tal vez.

Otro silencio.

Más corto.

Más tenso.

Katsuki apretó la mandíbula un instante, desviando la mirada.

—Entonces, ¿para qué saliste?

No era rechazo.

Era defensa.

Uraraka bajó la vista a sus manos un segundo, entrelazando los dedos como si necesitara anclarse a algo antes de responder.

—Porque… —empezó, y luego exhaló suavemente— porque no eres el único al que le está costando ignorarlo.

Eso lo hizo quedarse quieto.

De verdad quieto.

No hubo respuesta inmediata.

No hubo sarcasmo.

Nada.

Solo el sonido lejano de la ciudad y su propia respiración, que de pronto se sentía… más pesada.

Katsuki volvió a mirarla.

Más directo esta vez.

—¿Ignorar qué?

Esta vez no hubo filo en la pregunta.

Solo algo más bajo.

Más contenido.

Ella sostuvo su mirada un segundo de más.

Como si evaluara si valía la pena responder.

O si hacerlo complicaría algo que apenas estaba empezando a tomar forma.

—No lo sé —admitió al final, bajando apenas la vista—. Si lo supiera… creo que sería más fácil.

La respuesta lo descolocó.

Porque no era evasiva.

Pero tampoco era clara.

Y, de alguna forma, eso la hacía más honesta.

Katsuki alzo una ceja, apoyándose mejor en la baranda.

—… entonces ni tú entiendes.

—No del todo —respondió ella, encogiéndose apenas de hombros—. Pero tampoco creo que sea algo que se tenga que entender tan rápido.

Él soltó una exhalación por la nariz.

—Suena a excusa.

—Puede ser.

No se defendió.

No lo suavizó.

Y eso hizo que él la mirara de nuevo.

Más atento.

Uraraka levantó la vista otra vez, encontrándose con la suya sin esfuerzo.

—Pero también… —hizo una pequeña pausa— hay cosas que, si las fuerzas demasiado, terminan rompiéndose antes de empezar.

El comentario quedó flotando entre ellos.

Katsuki no respondió de inmediato.

No porque no tuviera algo que decir.

Sino porque, por primera vez, no estaba seguro de querer empujar la conversación hacia algún lado.

Se pasó una mano por el cabello, en un gesto distraído.

—Qué complicado.

—Un poco.

El silencio regresó.

Pero no era incómodo.

Era… raro.

—Tsk… qué fastidio.

Pero no sonó molesto.

Sonó… cansado.

Ochako sonrió apenas, sin alegría completa.

—Sí.

Otra pausa.

Más corta.

Más densa.

Katsuki apoyó mejor su peso en la baranda, inclinándose un poco hacia adelante.

—Yo pensé que se iba a pasar.

La confesión salió sin intención.

Sin preparación.

Uraraka lo miró de reojo.

No sorprendida.

Solo… atenta.

—¿Y no?

Katsuki negó, casi imperceptible.

—No.

Silencio.

El viento pasó entre ellos, moviendo apenas su ropa, como si intentara colarse en ese espacio que ninguno terminaba de llenar.

—Entonces… —dijo ella despacio— no eres el único.

No lo dijo como revelación.

Lo dijo como… compañía.

Katsuki soltó una risa baja, sin humor.

—Genial.

Pero no había sarcasmo real detrás.

Solo aceptación a medias.

Se quedaron ahí.

Sin avanzar.

Sin retroceder.

Uraraka dio un paso pequeño hacia la baranda, apoyando las manos a cierta distancia de las de él.

Sin tocarlo.

Sin buscarlo.

Pero tampoco evitando la cercanía.

—No creo que tengamos que decidir nada —murmuró.

Katsuki no la miró esta vez.

—Ni siquiera sabemos qué es.

—Exacto.

Eso bastó.

Porque, por primera vez, no había prisa por definirlo.

Ni por arreglarlo.

Ni por alejarlo.

El silencio volvió a instalarse entre ellos.

Pero esta vez no pesaba.

Se sentía… abierto.

Incompleto.

Y, de alguna forma, eso era suficiente.

Katsuki cerró los ojos un segundo, dejando que el aire le llenara el pecho.

No para calmarse.

Solo para sostenerse.

Cuando los abrió, no se movió.

Tampoco lo hizo ella.

Y aunque nada había cambiado de forma evidente…

Algo ya no estaba en el mismo lugar.

No tenía nombre.

No tenía dirección.

Pero estaba ahí.

Y ninguno de los dos hizo el intento de fingir lo contrario.

 

Notes:

¡No me maten! JAJAJA

He decidio que este mini fic acabe de esta manera porque despues de analizarlo mucho, decidi que quiero hacer un fic mucho mas completo de estos dos tontos.

Asi que una vez que le de orden a la idea y finalice con la elección de canciones (que esta siendo mi parte favorita jajaja) entonces publicaré el primer capitulo🥳

Muchas gracias por el apoyo❤️ esten atentos. Bye!

Notes:

Dios, que ganas tenia de escribir algo Kachako jajaja

Series this work belongs to: