Actions

Work Header

Actually Romantic

Chapter 2: This town is fake but you're the real thing

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text


MOTORSPORT POLSKA

 

EL FIN DE UNA ERA Y UN SUEÑO INCONCLUSO

 

Tras seis temporadas vestido de rojo, Vegetta de Luque y Ferrari separarán sus caminos al finalizar 2025. 

El futuro del piloto español es incierto…

 

15 de diciembre de 2024




Roier se arrepiente muchísimo.

En verdad demasiado.

No de haberle dicho cucaracha a Ewron, mantiene su postura sobre el tema y lo hará hasta morir. En realidad está arrepentido de haber salido de esa sala de juntas sin antes preguntar cuál era el maravilloso plan que Ferrari había armado para arreglar este enredo.

Roier creyó que tendría que grabar algunas tonterías para redes sociales y subir algunas fotos sin camiseta. Las thirst tramps funcionaban bien, aunque los fans ya se supieran la receta, siempre recibían con gusto algunas fotos sensuales o un poco reveladoras. Él, en lo personal, no las encuentra muy agradables, pero está dispuesto a hacerse el guapo frente a una cámara si eso significa tener a Juan tranquilo por al menos doce horas.

Lo que fuera necesario para distraer al público de su pequeño desliz hasta que todos se olvidaran de ello y pasaran a sacrificar a su siguiente víctima.

 

Se imaginó muchas cosas, mil escenarios distintos que siempre terminaban en humillarse un poquito frente a la cámara, pero estaba bien, él lo aceptaría.

Se imaginó de todo menos esto.

 

—Si lo piensas bien, no está tan mal— dice Vegetta, analizando la manzana que lleva en su mano por quinta vez, como si eso la fuera a hacer más brillante de lo que ya es.

Roier quiere lanzar la fruta contra la pared y luego su propia cabeza. Morir suena mejor que nada ahora mismo. Roier incluso está dispuesto a que entierren su cuerpo aquí en Spa. La tierra belga será definitivamente más amable con él que su futuro.

—¡Esto es literalmente lo peor que me pudo pasar!— lloriquea, llevándose ambas manos al rostro.

Olviden lo que dijo del tipo. Juan es la reencarnación del diablo en la tierra. Solo alguien con ese nivel de crueldad lo haría pasar por algo como esto.

Vegetta, por fin decidiendo que el brillo y tamaño de la manzana son apropiados, o simplemente cansado de escuchar a Roier quejarse, levanta la mirada y alza una ceja en su dirección. 

—Roier, en serio estás exagerando, hijo— dice con seriedad, cruzando la pierna sobre la rodilla —. Te están pidiendo que le des una disculpa, no que lo beses frente a todos.

—¡Vegetta!— se escandaliza Roier, poniéndose tan rojo como la manzana en la mano del hombre y casi dejando caer la tableta en su regazo.

—¿Ahora te da vergüenza?— dice, algo acusador—. Hasta hace un momento Quackity te estaba diciendo que tienes el trasero más hermoso del mundo, y tú le contestaste que tomarías el champán de la siguiente carrera que gane directo de sus abdominales. No te atrevas a quejarte.

Roier, con el rostro ya hirviendo, lo mira unos segundos verdaderamente impresionado, preguntándose cómo es que Vegetta sabe eso. Luego ve el teléfono en la mesita frente a ellos todavía mostrando su conversación con Quackity y se da cuenta.

—¿Estabas leyendo mis mensajes?— pregunta escandalizado.

Vegetta, siendo el hombre que es, simplemente se encoge de hombros con una naturalidad que en cualquier otra persona habría sido motivo para que Roier lo rechace de por vida.

Así como nadie puede odiar a Juan, nadie puede odiar a Vegetta tampoco, mucho menos Roier.

—Me tienen encerrado aquí por tu culpa, merezco algo con lo que divertirme— responde, y Roier frunce el ceño con indignación —. Además, tenía la pantalla casi en mi cara, y tu no eres exactamente discreto cuando hablas con él. 

Está bien, puede que Roier se ría como colegiala enamorada cada vez que habla con Quackity, pero no puede evitarlo, sobre todo hoy que hablaban del incidente del video y se pusieron a rememorar las cosas sucedidas en la fiesta; de las que se acuerdan, claro, Roier perdió al menos tres cuartas partes de memoria de lo que sucedió ahí y Quackity no estaba mucho mejor, pero guiándose por los pequeños flashbacks y la resaca del día siguiente, seguro que se la pasaron increíble.

 

La fiesta no tenía nada que ver con la Fórmula Uno, era una celebración que organizó uno de los amigos de Quackity tras terminar la universidad, y como él no quería ir solo, preguntó si podía invitar a un amigo. El chico le dijo que si, incluso bromeó diciendo que podía llevar a toda la parrilla si quería, pero Quackity terminó invitando solo a Roier y Foolish, el segundo después de que Roier se lo propusiera.

Claro que todos en el lugar se quedaron estupefactos luego de ver a tres pilotos de la categoría reina entrando como si nada, y aunque al principio fue algo incomodo porque nadie quería acercarse demasiado debido a la impresión, todos terminaron incluyendo a los pilotos como simples camaradas más. Foolish incluso se hizo un grupo de amigos nuevo con el que se pasó la noche apostando quién aguantaba más tragos, saliendo como el indiscutible ganador cuando, al final, fue el único que podía mantenerse en pie.

Roier y Quackity, por su lado, iban de un grupo a otro, pero siempre juntos. En algún punto incluso secuestraron el área del DJ para ponerse a cantar karaoke, sin importarles lo horrible que sonaban y lo poco que podían coordinar sus voces con las pistas. Ahí apareció una sospechosa botella de tequila que se levantó junto a ellos la mañana siguiente, completamente vacía; Roier no sabe porqué o quién se la dio, pero lo culpa personalmente de su resaca infernal, y de las tonterías que le dijo a Quackity cuando ya habían bebido poco más de la mitad.

Una de ellas, misma de la que se estaban riendo antes de que a Roier le llegara la terrible noticia, era que habían acordado comprar un yate si ambos llegaban al podio en México. Una estupidez realmente, pero en ese momento casi se ponían a llorar por la idea de compartir un momento tan especial en su carrera de casa. 

Quackity había sacado el tema a colación de nuevo, esta vez claramente en broma, y Roier le había respondido que lo haría solo si le dejaba tomar la champaña del podio directamente de su torso. El de Red Bull le dijo que sí, pero que Roier tenía que permitir darle una nalgada antes.

No era una conversación que le gustaría compartir a nadie, claramente. Roier era naturalmente coqueto con todos sus amigos, todos lo sabían, pero esto era demasiado explícito para ser mostrado.

Tal vez debería dejar de mandar mensajes que podrían hacerse pasar fácilmente por sexting antes de que alguien más lo descubra. Sabe que Vegetta no dirá nada, pero no puede decir lo mismo de los empleados que rondan por el edificio. A pesar de los contratos de confidencialidad que existen, ya han ocurrido pequeñas filtraciones de información privada. Mejor no arriesgarse.

 

A partir de ahora Roier lo hará solo cuando esté solo. Si, esa es la mejor solución. 

 

—¿Perdón? ¿Cómo es mi culpa que estés aquí? Yo no te llamé— dice, ignorando deliberadamente el otro tema. Vegetta tiene razón, debería ser más discreto—. Tenemos la conferencia de la FIA hasta las...— Roier revisa la tableta en su regazo y busca su calendario, solo para rectificar—. Hasta la una. Llegaste temprano por gusto.

—O más bien porque alguien todavía no aprende a beber con responsabilidad— responde Vegetta, con una sonrisa sarcástica en el rostro— y encontró muy divertido actuar como bobo frente a una cámara.

—¿De qué hablas?

Roier sabe que obviamente se refiere a su incidente con el video, ¿pero cómo es que eso afecta también a Vegetta? Él es la última persona que debería preocuparse.

—Resulta que tus problemas ahora también son mis problemas— empieza, pasando la manzana de una mano a otra. A Roier no le gusta la dirección de esta conversación—. Juan consideró... apropiado que me quede aquí por si llega a salir alguna otra cosa relacionada al tema. No quiere más filtraciones o comentarios imprudentes, ¿sabes?

Ya se esperaba que no les permitieran hablar con ningún periodista el día de hoy, fue lo primero que Juan le prohibió al llegar, pero Vegetta no necesitaba estar en el hospitality desde las once de la mañana para evitarlo.

—¿Y por eso te obligaron a venir? ¡No es como si fueras a convocar una jodida rueda de prensa en tu habitación de hotel! — ahora Roier está enojado con él equipo de nuevo. Que lástima que no tengan la suficiente confianza en Vegetta después de todo. 

El hombre sabe lo mismo que todo el mundo, ¿qué información valiosa podría regalar a la prensa? ¿La cantidad de shots que Roier soporta antes de caer desmayado? Él todavía le tiene el suficiente respeto para no beber de más en cada fiesta a la que Vegetta asiste. 

A excepción de dos o tres ocasiones en las que Roier estaba demasiado decepcionado luego de una carrera y el alcohol pasaba, extrañamente, como agua por su garganta, pero ese no es el punto.

—Están más preocupados por los medios de comunicación personales que los públicos, para ser honesto— dice bajito, casi como si no quisiera que Roier escuchara.

Él lo hace, por su puesto.

—Tu apenas usas Twitter o instagram— rueda los ojos—. No vas a postear algo que genere polémica.

Ferrari está siendo demasiado paranoico, en serio. Esta imagen de perfección que quieren lograr frente al público solo los terminará de volver locos a todos.

—No, ciertamente yo no haría eso— asiente Vegetta, dándole una mirada extraña a Roier.

—¡Lo sé! Hablaré con Juan después de esto, no es posible que...— el chico se frena de repente, dándose cuenta de algo.

Ciertamente, Vegetta no diría ni publicaría nada que haga más grande este problema, es demasiado responsable para eso.

Muchísimo más responsable que Roier, si es honesto.

 

Bueno, tal vez el equipo si confíe en Vegetta después de todo. 

 

—Espera...— dice, mientras una mueca comienza a formarse en su rostro—. ¿Juan te dijo que vinieras a vigilarme?

El hombre se muerde su carnoso labio inferior, viéndose descubierto, aunque no tan arrepentido como debería. 

—Él lo llamó "acompañamiento preventivo", pero vigilar es una buena definición también, si— asiente, sonriendo con falsa dulzura.

Roier cree que va a perder la cabeza en ese momento. 

Ya decía él que esta repentina emoción y voluntad de Vegetta por pasar su tiempo libre encerrado con Roier en su habitación de piloto no era muy normal. Normalmente es Roier quien va a molestarlo en su habitación, no al revés. 

—¡No necesito una jodida niñera!— grita, con las mejillas infladas de enojo—. Sólo un imbécil saldría a dar declaraciones en un momento como este.

Vegetta, con sus largas pestañas oscuras y esos redondos ojos azules, mira a Roier por al menos tres segundos, parpadeando dolorosamente lento, antes de asentir en confirmación. 

—Si, solo un imbécil lo haría— concuerda, y Roier resopla.

—Puedo manejarme yo mismo. 

Vegetta tararea, sin negar ni afirmar nada. 

—Juan solo quiere estar seguro— intenta consolarlo, pero Roier ya se ha sentido profundamente humillado dos veces en menos de ocho horas, las palabras no funcionan en su cabeza con normalidad.

Ferrari en serio lo ve como un bebé, o peor aún, como un idiota.

Roier se cruza de brazos, enfurruñado contra su esquina del pequeño sillón que comparten.

—Entiende al pobre chiquillo, Roier— sigue Vegetta, acercándose más al chico (aunque las proporciones del sillón ya los mantienen bastante unidos)—. Tiene más trabajo del que puede soportar y nosotros no le hacemos la carga más ligera tampoco. 

Eso también es cierto, pero la falta de confianza que le tienen no es justificable. Roier les ha entregado su vida pública y privada para que hagan con ambas lo que quieran, un simple desliz no puede hacerles olvidar todo eso.

Roier se equivocó como cualquiera aquí podría, la única diferencia es que a él lo grabaron. No están siendo justos.

Además, la cinta ni siquiera es tan mala. Cuando le preguntó a Quackity qué planeaba hacer Red Bull respecto al tema, él dijo que absolutamente nada, aún a pesar de que Quackity salía haciendo gestos que podrían considerarse groseros también. 

Era una broma estúpida que llegó un poco lejos.

—Eso no explica que te hayan enviado a ti para cuidarme y mucho menos por qué diablos debo pedirle una disculpa a ese...— Roier no puede encontrar una palabra adecuada para describir a Ewron ahora mismo, así que solo gruñe, frustrado—. Juan no puede obligarme a pedirle disculpas por una tontería como esta. No puede— niega con fervor—. No es justo y lo sabes, Vegetta— su voz es una plegaria ahora, como si él hombre pudiera hacer algo para cambiar su situación. 

Nadie le ha pedido disculpas antes por insultarlo, incluso dentro de pista, ¿por qué debería ser Roier el primero en hacerlo? 

—Tal vez Juan exageró un poco esta vez, pero llamar cucaracha a Ewron tampoco fue correcto, hijo— coloca una mano sobre su rodilla con la mano libre y aprieta ligeramente, usando la voz más suave que tiene. Roier ahora mismo es una bestia que puede explotar si se altera demasiado—. Una pequeña disculpa no le hará daño a nadie.

 

Al principio, cuando Roier leyó el correo que llegó a su tableta, creyó honestamente que Ferrari se había equivocado. Ya fuera el destinatario o la redacción, pero algo en ese correo tenía que estar mal.

Llevaba como nombre "Plan de Acción", el cual Roier encontró algo vago. De hecho, estuvo a punto de no abrirlo, pero las últimas palabras que había compartido con Juan le llegaron de pronto a la cabeza, y su curiosidad fue más grande. Además, todavía no recibía el guión para la conferencia de prensa de la FIA para ese día, así que terminó leyendo el correo.

 

Grande fue su sorpresa al encontrarse lo que parecía ser una jodida carta de aspecto oficial, acompañada de un PDF misterioso.

La carta decía algo así:

A nuestro querido y apreciado destinatario.

En Scuderia Ferrari nos preocupamos por mantener un ambiente de respeto y educación, con el fin de mostrar una imagen positiva y ejemplar frente a todos aquellos que aman este deporte tanto como nosotros; desde los fans hasta nuestros propios empleados, la educación es un valor fundamental que nos gusta compartir día tras día, carrera tras carrera.

Es por eso que el equipo ha considerado conveniente que, tras los inoportunos sucesos ocurridos, se extienda una disculpa personal y una pública a los afectados.

Los detalles pueden ser encontrados en el siguiente archivo adjunto.

Por su comprensión y cooperación, gracias.

Scuderia Ferrari

 

Su primera impresión fue que Juan se había equivocado y envió el correo del departamento de marketing a Roier. La carta no decía explícitamente su nombre y parecía demasiado formal, como si fuera una propuesta de alguien del departamento, no la entrega final.

Todas sus ideas e ilusiones se fueron directo al caño en cuanto abrió el PDF, pues nada más iniciar la página, en un brillante y amenazador rojo corsa, estaba su nombre acompañado de la siguiente inscripción:

 

Disculpa personal y privada (abierta a interpretación del piloto)

 

Seguido de ejemplos que Roier no pudo leer más allá de la mitad antes de sentir náuseas.

Era simplemente ridículo. 

No solo era decir "Ewron, lo siento. No debí llamarte cucaracha", sino prácticamente arrastrarse por conseguir el perdón y aprobación del hombre.

¿En qué estaban pensando, por dios?

Lo comparó con un insecto, no mató a su madre.

 

Vegetta, que llegó sospechosamente treinta minutos antes del correo, había ido al baño en su habitación, solo para salir corriendo unos minutos después cuando Roier gritó "¿Pero qué carajo?" Con verdadera furia en su voz.

 

Por lo que si, esto si iba a dañar a alguien, y ese alguien era el propio Roier. 

No se trataba solo de su orgullo, Ferrari quería acabar con el poco respeto que Ewron podría tenerle. Sería su maldita burla hasta que muriera. 



Roier alza una de sus gruesas cejas entonces, resistiendo las ganas de doblegarse ante la voz paternal que Vegetta reserva para momentos como estos, cuando Roier actúa peor que un niño al que le han arrebatado su juguete favorito.

—¿No fuiste tú quien dijo que prefería manejar un fórmula sin frenos antes que disculparse con otro piloto?— le recuerda, incrédulo.

El hombre abre la boca, como queriendo defenderse, pero ningún sonido se escapa de entre sus labios rosados, por lo que vuelve a cerrarla, sonrojándose un poco.

—No recuerdo exactamente haber dicho esas palabras...

—Turquía 2016— le interrumpe Roier, con voz mecánica—. Intentaste rebasar a Rubius, pero ambos chocaron y quedaron fuera de la carrera. En una entrevista que te hicieron después del gran premio te preguntaron si ibas a disculparte por ello, y tú les dijiste eso.

Roier recuerda esa carrera perfectamente. Su abuelo había horneado roles de canela el día anterior para ver la transmisión por la mañana, y Roier casi se atraganta con un bocado cuando ambos Red Bull hicieron contacto. Nunca había sido fan del equipo y estaba algo frustrado porque habían sido mejores que Ferrari toda la temporada, pero admiraba a Vegetta y se sintió triste de verlo fuera por el resto de la carrera.

—También gritaste en la radio que la acción por parte de Rubius había sido estúpida (cosa en la cual estoy de acuerdo), y que te ibas a casa— sigue Roier, sin notar como Vegetta tiene los ojos casi fuera de sus cuencas por la sorpresa.

—Eso es...— tartamudea, demasiado impresionado por la forma en que el chico de pronto se convirtió en una enciclopedia con piernas—. ¿Cómo lo sabes?

—Vi la carrera—se encoge de hombros, como si eso fuera justificación suficiente para rememorar los hechos exactos de algo que sucedió hace casi una década.

—¿Y lo recuerdas todavía?— Roier asiente con simpleza—. Joder... si me lo hubieras preguntado te hubiera dicho que fue en Malasia, y eso que yo lo viví...

—No, en Malasia fue el incidente del "Multi 21" y todo eso— le corrige Roier con seguridad, y Vegetta debe hacer un verdadero esfuerzo por no hacer una mueca—. Dijiste algo parecido, pero esto fue unos años después. 

El hombre traga saliva, sonriendo con tanta tensión que le duelen las mejillas, pero negándose a demostrar lo aterrado que está de las habilidades históricas de Roier. Los ojos de ciervo del chico siempre son una debilidad para todos, y Vegetta lo quiere demasiado como para actuar disgustado frente a ellos.

—Esos son detalles, Roier— opta decir, esta vez tomando su hombro y apretandolo con cariño—. Era un hombre inmaduro en aquel entonces. Créeme que no conseguí nada con esa actitud tan arrogante.

—Ganaste cuatro campeonatos mundiales en...

—Lo cual no justifica esa falta de valores— agrega Vegetta, hablando más alto para interrumpirlo—. Debes saber que batallas pelear y cuales ignorar, muchacho— dice, con voz sabia—. Esta es una que debes enfrentar si quieres demostrar que eres mucho mejor persona que Ewron.

Los ojos de Vegetta se encuentran con los caprichosos castaños de Roier, y por más coraje que lleve en su interior, no es capaz de responder algo más. Admira a Vegetta como quien admira a un padre, y algunos días la idea de haber tenido la suerte de ser su compañero de equipo en Ferrari todavía lo golpea como lo golpearía a ese Roier de nueve años, al que la idea de llegar a la F1 aún le sonaba muy lejana e igual de imposible que hablar frente a frente alguna vez con el gran Vegetta de Luque. 

Así que, no, Roier no puede ser maleducado con el hombre aunque lo quisiera.

—Porque sé que lo eres— sonríe, esta vez con honestidad y cierta ternura.

Roier solo asiente, bajando la mirada a su regazo, desinflándose como un globo.

Sigue enojado, mucho, pero Vegetta no se merece recibir esa agresividad, no cuando incluso aceptó "cuidar" de Roier en momentos como estos. No está de acuerdo con la idea, claro, y probablemente Juan envió específicamente a Vegetta porque sabía que era el único que podría mantenerlo calmado, pero eso no borra la acción del hombre. Podría estar haciendo miles de cosas más importantes e interesantes en este momento, pero eligió estar con Roier, y él lo agradece verdaderamente. 

—De todas formas no debiste revisar mi teléfono— le reclama Roier con voz suave, sin molestia real—. ¿Qué tal si estaba hablando mal de ti?

Vegetta se ríe con la broma, enviando la cabeza hacia atrás, haciendo volar con gracia su cabello oscuro perfectamente arreglado. Roier sigue preguntándose cómo es que incluso después de una carrera, Vegetta sigue viéndose tan impoluto, como si hubiera dado un paseo por el parque en vez de correr a trescientos kilómetros por hora dentro de un auto que puede llegar a calentarse tanto como un horno. Roier sale del auto viéndose igual que un cachorro recién bañado y con el cabello revuelto de forma extraña.

Él sabe que, objetivamente, es guapo. Ferrari se ha aprovechado de eso en muchas ocasiones. Con sus grandes ojos marrones, un rostro angulado y de facciones finas, nariz recta, labios pequeños y carnosos, esponjoso cabello castaño y el cuerpo atlético que ser piloto de F1 exige. 

La cosa es que Vegetta... Roier no sabe si su gran admiración por él tiene algo que ver en esto, pero podría decir sin duda alguna que es la persona más hermosa que conoce. A diferencia suya, Vegetta es una belleza mucho más varonil. Tiene una barba moderada con la que muchos (él incluido) solo podrían soñar, un rostro prominente, nariz de botón y labios con forma de corazón. Es un poco más ancho que Roier, pero ligeramente más bajo. Muchos dicen que tienen ojos similares en forma, de bordes suaves y amables, pero los de Vegetta son de un azul tan profundo que a veces parecen violetas. 

No por nada suelen llamarlo la Elizabeth Taylor de la Fórmula Uno. 

Como lo hubo en la emblemática actriz, hay algo simplemente enigmático en él que Roier no cree poder igualar nunca, por más que a la gente le guste compararlos. 

En el pasado, cuando sólo podía verlo por la televisión y fotos del periódico,  ya pensaba que el hombre era atractivo, pero cuando lo conoció en persona se dio cuenta que una cámara no podría capturar jamás todo su encanto. 

—Me amas demasiado para eso— dice después con suficiencia, guiñando un ojo.

Roier finge ofenderse, como si no tuviera un enorme póster del hombre decorando su habitación de infancia todavía, llevándose una mano al pecho.

—¡Aún no olvido lo de Brasil 2023, eh!— golpea suavemente a Vegetta en las costillas, haciéndolo retroceder.

—Lamento mucho que tus errores te asalten de esta manera, Roier— dice, con falsa compasión. 

—¿Mis errores? ¡Tú me empujaste en plena recta sin ningún motivo!

Esa fue una carrera algo dolorosa de digerir. Faltando pocas vueltas para el final, ambos se enfrentaron en pista y no salió nada bien.  Roier, que había rebasado a Vegetta en la curva anterior, fue atacado por el piloto mayor en la siguiente recta, donde ninguno cedió espacio al otro y ambos acabaron fuera y con el auto destrozado.

—Tu no te moviste— responde Vegetta, intentando picarle las costillas también, a lo que Roier se protege, cuidando todavía la tableta sobre sus piernas, haciendo algo torpe su trabajo de defensa.

—¿Por qué iba a moverme si ya te había superado?— rie. 

Ambos pasan un buen rato “peleando” sobre las batallas que han tenido en pista y molestándote uno al otro, sin verdadera maldad o enojo detrás. 

Roier incluso se olvida un momento de la tensa situación, simplemente disfrutando este pequeño momento con su compañero de equipo. Con su amigo e ídolo.

Sabe que a la temporada le queda un rato todavía, y que no vale la pena llorar por algo que no ha pasado aún, pero realmente va a extrañar a Vegetta compartiendo con él este sueño de triunfar vestido en rojo corsa. Sobre todo cuando, en el futuro, mire a la habitación de piloto al otro lado del pasillo y no haya un "77" adornando la puerta.

Cuando quiera despejar su mente un rato, como ahora, y sepa que en esa habitación ya no será bienvenido nunca más.

 


PADDOCK NEWS

 

FERRARI SIN DESCANSO Y UN FUTURO TURBULENTO

 

Video de Roier (actual piloto de Ferrari) insultando a Ewron (su futuro compañero de equipo para 2026) se vuelve viral.

¡Ver aquí!

28 de agosto de 2025


 

El video es ligeramente borroso y de una calidad cuestionable para haber sido grabado en esta era, pero sigue siendo lo suficientemente claro para dejar ver y escuchar a los involucrados y sus voces a la perfección. 

Comienza con un grupo de cuatro chicos grabándose entre ellos, pasando el teléfono de una mano a otra mientras apuntan a la distancia con visible emoción. 

Al fondo, bajo el cielo nocturno, la fila de yates y barcos formados en lo que no puede ser otro lugar que el puerto de Mónaco. La fiesta se escucha incluso ahí, especialmente desde el barco al que los chicos se acercan cada vez más. 

No caminan en esa dirección por casualidad, tienen un objetivo y el lente de la cámara pronto lo capta.

En la barandilla del yate más cercano, medio abrazados y peligrosamente inestables para estar así de cerca de la orilla, se pueden distinguir dos hombres muy, pero muy borrachos levantando una enorme botella de lo que parece ser tequila.

Ambos llevan gorra y uno lentes oscuros, cosa que resulta extraña para la hora en que se graba el video, pero son reconocibles de cualquier forma.

Los chicos comienzan a gritar sus nombres con la euforia que cualquier fan de la F1 tendría si se topara con dos de los pilotos más famosos de la categoría. 

Y por si quedaba alguna duda de sus identidades, ambos responden al llamado luego de un momento, saludando a los chicos con sonrisas idénticas en el rostro. Un momento después incluso hacen un corazón algo extraño con las manos, respondiendo al que uno de los chicos en el puerto les lanza, Roier levantando la mano derecha y Quackity la izquierda, sin dejar de sostenerse uno al otro; parece que caerán si lo hacen, para ser sinceros.

 

A partir de ahí, comienza el clip que se ha hecho viral por todos lados.

Ahí comienza la tragedia.

 

Al principio del video no se nota, pero dos de los chicos llevan mercancía de dos equipos distintos. El que graba en ese momento, porta una camiseta de Ferrari sin número o apellido de algún piloto, solo la clásica camiseta roja con el logo de la escudería en el pecho. Otro de ellos, por su lado y al contrario, lleva una gorra y una camiseta de Mclaren, ambas marcadas sobre el brillante naranja papaya con el número de un piloto en particular. 

Ninguno de ellos parece notarlo, Roier incluso está por darse la vuelta y volver a la fiesta de luces neón, pero Quackity lo detiene de pronto y comienza a decirle algo al oído, para justo después señalar al grupo, quien vuelve a gritar eufórico.

Los chicos creen al principio que señala al que lleva la camiseta rojo corsa, quien la muestra con orgullo hacia Roier y él se ríe, pero Quackity niega y vuelve a señalar con más intensidad. 

Ahí, tanto el piloto como los muchachos lo captan. La atención no va dirigida al fan de Ferrari, sino al chico Mclaren, quien se señala a sí mismo con sorpresa inmediatamente.

Los dos pilotos asienten entonces y comienzan a hacer señas negativas, como pulgares abajo o muecas que fijen desagrado. Los muchachos se ríen de cualquier manera, fascinados con la atención y nada ajenos a este tipo de bromas. 

Claro que un piloto de Red Bull y otro de Ferrari no iban a celebrar a Mclaren.

Y habría estado bien si todo se hubiera quedado ahí, en dos amigos haciendo inocentes bromas sobre enemistades falsas y un grupo de chicos celebrando su encuentro, pero la cosa avanza y, como todo en la F1, se vuelve impredecible.

El chico de Mclaren, con mucha más confianza ahora, decide hacer el movimiento que lo cambia todo. Ante la mirada atenta de sus amigos, se gira para darle la espalda a los pilotos, señalando inmediatamente después su camiseta por la parte trasera con ambos pulgares.

Ahí, cubriendo la mitad de su espalda, en un brillante color blanco, se muestra orgulloso con el número "31".

Sus amigos captan lo que intenta hacer el chico y sueltan distintos sonidos de sorpresa, cubriéndose la boca por su atrevimiento. 

Los pilotos, a pesar de la distancia y su clara borrachera, lo notan. 

Vaya que lo notan.

Mientras Quackity se ríe y empuja a Roier con pequeños golpecitos en las costillas, el piloto de Ferrari niega y hace un gesto grosero con el que Quackity suelta una gran carcajada. Después, Roier incluso finge tener arcadas, y todo se vuelve más divertido.

El grupo de amigos señala el número también después de la sorpresa inicial, ayudando al cometido de su amigo.

 

Ahí sucede una mezcla de cosas que hacen de la casualidad un espectáculo. 

 

La música de la fiesta baja un momento, y justo ahí uno de los chicos, no el de Mclaren, sino uno de los que apunta su camiseta, dice algo como "¡Hey, Roier! ¿Qué piensas de esto?", en inglés y con un claro acento francés. Otro, el que graba y va vestido de Ferrari, le sigue con un "¿No quieres enviarle saludos?" riéndose a carcajadas.

Ahí, el piloto de Ferrari hace una mueca y se acerca más a la barandilla. La cámara lo enfoca mejor, casi dejando fuera a Quackity del cuadro, quien intenta seguirlo, todavía con la botella de tequila en mano, pero antes de que lo alcance, Roier se apoya sobre el metal, inclinándose hacia abajo, y dice:

"¡Quítate eso! ¡Ewron es una maldita cucaracha!" En un inglés igual de marcado que el de los chicos, probablemente más con la borrachera que lleva encima, pero todavía demasiado claro.

Dolorosamente claro.

Los chicos sueltan carcajadas incrédulas y llenas de adrenalina, cubriéndose las bocas de nuevo. Apenas pueden creer que están capturando ese momento. 

El chico de Mclaren, finalmente dándose la vuelta y con la misma expresión de sorpresa que sus amigos, remata preguntando "¿Él es una que?", sin poder contenerse.

Roier, volviendo a sonreír con verdadero gozo, repite "¡Una maldita cucaracha!" alrededor de dos veces más. 

El video se corta entonces, probablemente por error del chico de Ferrari.

Como sea, lo más importante ya ha sido documentado y guardado para la eternidad.

 


 

Notes:

¿Alguien captó las referencias a Seb, Mark y Nico? JAJAJAJAJAJA
Me crio Taylor Swift, no puedo evitar agregar easter eggs en mis historias.

La relación de Vegetta con Roier siempre se me ha hecho muy similar a la que tiene Charles con Lewis o Vettel, así que quise retomar esas dinámicas aquí porque vivo enamorada de ellas. Me parece muy tierno que los fans de toda una vida conozcan a sus ídolos y además tengan la oportunidad de volverlos sus amigos.

Originalmente este capítulo iba a tomar otro rumbo, pero empecé a explorar en la dinámica de Roier y Vegetta y ya no pude parar. Aún así, me gustó el resultado; espero que a ti, que me estás leyendo, también.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo! Byeee

Love, Dolly

Notes:

No saben lo que sufrí tratando de evitar que esto fuera igual a Deep Blue But You Painted Me Golden JAJAJAJAJA. No les miento, estuve a nada de hacer esto otra inspiración del Lestappen (porque los amo, no me importa lo que digan los demás, ellos son EL ship), pero me obligué a hacerlo diferente porque simplemente no se sentía correcto y la temática es muy distinta. Deep Blue (como su nombre lo dice lol) es una historia más profunda y compleja, esto por otro lado, quería que fuera ligero y divertido (sin dejar de lado las obviedades del mundo de la F1, claro).

Roier está inspirado en Charles de nuevo porque realmente no puedo verlo como nadie más JAJAJAJA. Ambos son los bonitos de su mundo y, después del comercial donde le dan un gemelo malvado a Charles, solo confirmé más la teoría.

En fin, ando muy emocionada con esta historia porque colisiona algunas de mis cosas favoritas en este tierra (cubitos gays, F1 y Taylor Swift), así que espero que tú que me estás leyendo y llegaste hasta aquí te encante tanto como a mí.

De todas formas rueguen que no le pase lo mismo que le pasó a Deep Blue (volveré a ella, lo prometo) porque soy la persona más procrastinadora y perfeccionista de la tierra.

¡Nos vemos en el próximo capítulo! ¡Chau!

Love, Dolly.