Chapter Text
Duncan le hablaba a cada lord y caballero que conocía sobre lo sucedido con ser Arlan, reviviendo lo que su maestro sufrió junto a cada uno de ellos al prestar su servicio, pero en todas aquellas interacciones todo era lo mismo: estaba siendo ignorado.
—¿Era un caballero de mierda? —preguntó Egg con curiosidad.
—No era un caballero de mierda —respondió Duncan con enojo.
—No pudo haber sido uno muy bueno si nadie lo recuerda.
—Mueve los pies, vamos —ordenó, intentando no pensar en lo que su escudero decía.
El joven intentó convencerlo de mandar a la mierda a todos, pero no era tan fácil como el niño creía, ellos eran sus superiores y debía tener el respaldo de uno de ellos o no podría participar.
Repentinamente, las trompetas resonaron con fuerza y vieron pasar por el puente los estandartes de la casa Targaryen, la casa real y los protectores del reino. Hacía mucho tiempo que la familia real no salía de King’s Landing, era una sorpresa verlos ahí en Ashford.
—Talvez yo debería regresar, ser —Egg rogó en su interior porque el caballero no viera su nerviosismo—. A vigilar el campamento, a asegurarme que no haya ladrones husmeando.
—Si, tengo una idea.
—¿Me da su espada para ahuyentar a la gente? ¿o un mazo? —preguntó con ansia, una sonrisa floreciendo al pensar en tener aquella espada en sus manos.
—Tienes un cuchillo, basta con eso —dijo, comenzando a alejarse—. Más vale que estés aquí cuando vuelva. Robame y te perseguire, ¡con perros!
—¡No tiene perros!
—¡Conseguiré unos! —respondió al niño, quien lo estaba desafiando con aquella sonrisa y mirada valiente.
—¿¡Dónde!? —cuestionó, pero se sobresalto al escuchar al caballero ladrar cual perro, por lo que tomó las riendas y se fue.
Una parte de la familia real tuvo que ir al torneo de Ashford y, a manera de que su heredero fuera visto en el reino y de dar esperanza contra el maldito de Aegon el usurpador, el rey Daeron envió al príncipe y heredero Baelor, y su primogénito el príncipe Valar, junto al príncipe Maekar y algunos de sus hijos, entre ellos se encontraban el príncipe y prometido del príncipe Valar, el joven omega Aerion Targaryen, así como al príncipe Daeron, primogénito de Maekar y heredero de Sumerhall, y el último varón que tuvo Maekar con Baelor, el príncipe Aegon.
Sin embargo, pronto el joven caballero estuvo en el castillo y vio a los jinetes detener su cabalgata. La presentación de los príncipes Targaryen fue inmediata. Lord Ashford acomodó su túnica y su hija se colocó a su lado, y fue así que el vocero alzó la voz.
— Nuestro lord Ashford humildemente da la bienvenida al grandioso y honorable Baelor Targaryen —y las trompetas hicieron su trabajo acompañando el anuncio—, hijo primogénito del rey Daeron el bueno, príncipe Targaryen, mano del rey, y heredero al trono de hierro. Y su consorte, el príncipe Maekar —terminó de anunciar.
El príncipe de cabello negro con algunas canas acompañándolo debido a la edad, bajó del caballo con agilidad y rápidamente extendió su mano hacia el hombre de mirada enojada y ceño fruncido que acababa de llegar a su lado.
El hombre, de cabello platinado y cuerpo un poco robusto pese a ser un omega, bajó del caballo tomando la mano de su esposo. Duncan los vio a ambos acercarse a lord Ashford y empezar a entablar una conversación.
Fue ahí que una hermosa y grave voz llamó su atención.
— Muchacho espabilate, atiende mi caballo —ordenó con desdén sin dedicarle siquiera una segunda mirada.
— N-No soy un mozo de cuadra, mi príncipe —declaró con nerviosismo, ya que la belleza de aquel que se notaba era la sangre de dragón lo había dejado sin palabras.
No tenía duda que el bello joven era un príncipe. El cabello plateado y sus hermosos ojos lilas, que voltearon a verlo con soberbia y... algo más que no lograba saber bien qué era, eran sin duda distintivos de la casa del dragón.
— Soy un caballero.
—¿No lo suficientemente capaz? —cuestionó, conectando su mirada al alfa, uno de clase baja, pero alfa al fin y al cabo.
Y sin que el caballero ni el dragón lo supieran, ese día, con esa conversación, comenzaría una historia que valdría la pena contar si tan solo se hubiese logrado registrar. Solo unos pocos supieron lo que ocurrió con ese valiente y noble caballero que comenzó como un caballero errante, un joven soñando con servir a grandes casas y dormir bajo un techo, un caballero que en un futuro salvaría a la dinastía Targaryen.
Dunk cerró la boca, y notó que el príncipe iba a decir algo cuando un apuesto joven de cabello castaño con un peculiar mechón blanco llegó a lado del príncipe.
—Vamos —ordenó Valarr Targaryen, estirando su mano para ayudar a su prometido y salir de ahí, quería terminar con esto lo antes posible porque sabía lo que iba a ocurrir en aquel torneo: ningún contrincante querría pelear con él por ser de la sangre de dragón, familia que combatía contra Aegon el usurpador. Y aquello vaya que lo exasperaba.
—Oh, mi galante prometido —siseó con enojo disimulado en un tono burlón, bajando del caballo sin tomar su mano. Estaba enojado con él, con Valarr, el perfecto príncipe que no se atrevía a hablarle más allá de las cortesías aún cuando estaban comprometidos desde que nacieron.
Aerion dejó a Valarr con la mano estirada y se detuvo frente al alto alfa, el cual se notaba nervioso.
—Espero ver esa gran altura en el torneo, granjero —murmuró con una sonrisa, intrigado por ese joven que, al tenerlo de frente, le sacaba dos cabezas de altura y aquello, extrañamente, le agradó.
—Aerion —Valarr tomó a su prometido del brazo y lo jaló con él para comenzar a caminar hacia el castillo donde su padre y tío lo esperaban.
Aerion no dijo otra palabra más, pero volteó hacia el caballero y le sonrió, viendo como se sonrojaba y desviaba su mirada.
Un apretón en su brazo le hizo prestar su atención a su prometido, el cual se notaba enojado y… ¿celoso? Eso le sorprendió y le hizo reír con júbilo.
—¿Celoso, prometido? —cuestionó en un susurro sin zafarse del agarre. Aunque no obtuvo respuesta, sólo siguieron el camino por el que los guiaba un sirviente hasta que, según el sirviente, llegaron a los aposentos de Valarr.
—¿Qué crees que haces? —cuestionó Valarr con furia, soltando a Aerion y encarándolo, notando una sonrisa burlona en sus labios, algo que le desesperó aun más.
—Solo hablaba con un caballero, un muy alto y fuerte caballero —respondió con honestidad, divirtiéndose al ver la mirada llena de una furia silenciosa en su prometido.
—No pruebes mi paciencia, Aerion, estamos aquí para representar a la casa Targaryen, no para manchar su nombre. Suficiente tenemos de ello por muchas generaciones con el falso dragón.
—Oh, ¿ahora se le dice así a los celos? Solo dilo, solo di que estas celoso —invitó, acercándose hasta que el espacio entre ellos era casi nulo. Y así notó como Valar, el perfecto príncipe, se tensaba.
—No estoy celoso —respondió con cautela. Aerion provocaba… fuertes emociones en él, emociones que no debería de pensar, no aún. Faltaban ya poco para su boda, solo tenía que esperar a ello y cuando fuera su día para unirse iba a hacerlo suyo de mil y un formas, pero no debe sucumbir o pondría un bebé en su vientre antes de que el día pudiera acabar.
—¿Y porque no? —cuestionó, tomando la mano de su prometido, comenzando a jugar con sus dedos y anillos como si fuera un pequeño niño curioso—. Esta bien, si esto será así, supongo que no te ofendera si el caballero pide mi favor y yo se lo doy, ¿verdad?
Valar se quedó en silencio y aquella fue toda la respuesta de Aerion.
—No importa, de cualquier manera pediré la anulación de este estúpido compromiso —comentó con furia, soltando la mano de aquel que conquistó su corazón desde que eran unos niños, pero quien a partir de la adolescencia dejó de darle siquiera una segunda mirada.
—Mientes.
—Pruebame —desafió, acercándose un poco más hasta que sus labios casi se juntaron, pero finalmente se alejó—. Se lo pediré a mi padre y al tío Baelor, ellos más que nadie comprenderán mi situación.
Y con ello, el príncipe menor, hijo de Maekar, salió de los aposentos con una furia palpable ante el silencio de su prometido y decidió que debía prepararse para el torneo que tendrían esa noche.
Valarr, por otro lado, solo vio como Aerion se iba. No podía decirle que sí, que estaba celoso, que ardía en celos al pensar en ese alfa consiguiendo la atención del omega que era suyo desde antes de nacer, que sólo quería besar los labios de Aerion hasta que estuvieran rojos con sus ojos llorosos y su aroma invadiendo la habitación por la excitación, que anhelaba verlo retocerse entre sus brazos y llorar por su nudo, escucharlo sollozar y gemir tan alto su nombre que nadie en el castillo dudaría que fue él quien le hizo llegar al más alto placer.
Pero no podía, debía esperar y necesitaba ser paciente, aunque esa paciencia estaba extinguiendose cada vez que se encontraba con su prometido. Su amor por Aerion aumentaba al ver como su belleza crecía a la par de su edad, y pese a su actitud caprichosa y mimada que él conocía muy bien, contrario a su ingenuo tío Maekar, así lo amaba y estaba dispuesto a seguir consintiendo a su amado primo.
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Luego de esa extraña interacción con el hermoso príncipe y el otro joven, Duncan ayudó a calmar a uno de los caballos, lo que le ganó conocer a uno de los guardias reales: ser Donnel de Duskandale, un caballero que ascendió a servir a la familia de los dragones pese a ser de familia de pescadores. Aquello, sin duda, le dio esperanza a hacer lo siguiente.
— Mi puta madre. Retrasados, ¡no están retrasados! —exclamó con enojo Maekar Targaryen, consorte de Baelor y su hermano menor, lanzando su capa lejos.
— No insultes a nuestro anfitrión —reprendió Baelor, viendo a su esposo dirigirse a la ventana en un símbolo que más que enojo él lo interpretaba como un signo de preocupación por sus hijos.
— Dije mi puta madre, no la de él —contestó con irritación. Esos días habían sido los más estresante de su vida, y eso que tenían en sus hombros la carga de matar al usurpador, pero… sus hijos estaban perdidos y tenía tanto miedo de no encontrarlos o de encontrarlos muertos…—. No es su culpa que nuestro padre nos obligó a atender este miserable circo.
— ¿Podemos discutirlo en otro momento? —pidió el heredero con paciencia, sabiendo que su hermano necesitaba desahogarse, pero no frente a su anfitrión.
— Dijiste que iriamos a cazar —dijo con fastidio, tomando un par de nueces de la mesa. Se suponía que habían ido a Summerhall a descansar de la capital y de las insistentes batallas de Aegon el usurpador, pero luego de tres días en su castillo Baelor le había dicho que irían a cazar. Y ahora estaban ahí en ese lugar con dos de sus hijos perdidos y sus dulces hijas en Summerhall solas.
Duncan veía como el esposo del príncipe Maekar intentaba relajar al omega, quien le contestaba con gruñidos, cuando repentinamnete un pequeño chasquido sacó al joven caballero de sus pensamientos. Una jovencita comentó cómo los jóvenes príncipes, herederos del linaje de los dragones y los protectores del reino, habían desaparecido, desatando así la furia de su madre, el príncipe Maekar.
El caballero escuchaba atentamente y se puso a pensar en ello cuando fue descubierto por un muy enojado príncipe. Fue ahí que decidió presentarse ante ambos, exponiendo un poco de su situación, pero el príncipe Maekar estaba más enojado de lo que creyó, ya que apenas y había dejado que hablara. Duncan agradecía a los dioses que el príncipe Baelor estuviera ahí para calmar a su esposo.
Con calma, intentando no verse tan nervioso como se sentía, Duncan les dijo la situación en la que se encontraba y sus ganas de entrar en las listas, recurriendo a los recuerdos del príncipe Baelor con su maestro, ser Arlan, quien desmontó a ser Damon Lannister, el león gris. Asimismo, el príncipe recordó el enfrentamiento que tuvieron cuando fueron a Storm’s End, siendo aquello de las pocas ocasiones que la familia real permitía a uno de sus integrantes hacer acto de presencia.
Todos sabían que un Targaryen, justamente como los Stark con el Norte, siempre debía permanecer en King’s Landing listo y preparado para combatir a Aegon el usurpador, el monstruo que aterrorizaba la capital con sus tres novias, pero que gracias a la sangre de la reina Rhaenyra, la protectora del reino, Westeros había podido permanecer lo más tranquilo que se podía, ya que Aegon se concentraba únicamente en los Targaryen de King’s Landing.
—Entrará a las listas por la mañana —declaró Baelor, yéndose a sentar junto a su esposo, el cual cuestionaba el cómo recordaba a dicho caballero errante—. Me esfuerzo por aprender lo posible de mis rivales —respondió, tomando una de las manos de su amado, quien seguía muy furioso y preocupado, nada menos que normal al ver la situación que tenían en manos.
—Majestad…
—Muy bien ser, esta agradecido, ahora al carajo —declaró, sintiendo como Baelor apretaba levemente su mano, a lo cual resopló.
—Disculpe a mi esposo, ser, nuestros hijos se perdieron de camino aquí y teme por ellos —y pese a que Daeron no era su hijo él lo consideraba como tal puesto que lo había criado desde que murió la primera esposa de Maekar.
Daeron y Aegon, el hijo mayor y el menor, ambos perdidos. Daeron era el actual heredero de Summerhall, hijo alfa del príncipe Maekar con su antigua esposa, lady Dyanna Dayne, y siendo Daeron un príncipe prometido a la joven omega lady Kiera; y Aegon, hijo alfa y el menor de los hijos del príncipe Maekar con su segundo esposo el príncipe Baelor, padre de sus otros cuatro hijos, aun no estaba comprometido porque no sabían con quien hacer la alianza para mantenerlo lejos de la capital y salvar a la sangre de dragón, por lo que ha podido disfrutar de su niñez con alegría.
— Y-Yo… confió en que no estén muertos… —y Dunk supo que aquello sonó más estúpido de lo que pensó debido a la mirada que le dirigió el esposo del príncipe Baelor, por lo que decidió que lo mejor era retirarse.
Sin embargo, apenas había llegado al pasillo cuando el príncipe Aerion hizo acto de presencia, sorprendiendo a Duncan al dar la vuelta en una esquina.
—Mis disculpas, mi príncipe —murmuró el caballero con nervios, bajando la mirada ante la intensa y hermosa vista del príncipe.
—Ser, no creí que nos fuéramos a encontrar de nuevo —comentó con una sonrisa, notando como ese gigante alfa se inquietaba ante su presencia. Vaya que no le era tan indiferente como pensó.
—Y-Yo… vine a inscribirme en las listas para participar en las justas.
—¿Participarás en las justas?
—S-Si, se me dio el permiso gracias al príncipe Baelor —explicó, ya que no quería que le llamaran mentiroso.
—Me parece bien —entonces, decidido a que ese caballero lo viera, le cuestionó—. Si es así, ¿a quién pedirás su favor?
Duncan no contestó, más concentrado en seguir el movimiento de labios del príncipe que en sus palabras, pero la risa del joven le distrajo.
—¿Pedirás el favor de alguien? —preguntó de nuevo, quitando una pelusa imaginaria de aquella vieja camisa del caballero, vislumbrando como se veía más y más inquieto, a lo cual decidió darle un respiro y hacerse un paso para atrás—. ¿Entonces, ser?
—Y-Yo…
—Pide el mío y te lo daré, los dragones nunca pierden —dijo con una sonrisa llena de confianza—. Si tienes mi favor, entonces no perderás.
—Esperare su favor con ansias, mi príncipe —murmuró con una pequeña sonrisa.
—Muy bien, ¿ser…?
—Duncan, mi príncipe, ser Duncan el alto —se presentó, enderezandose con una más confianza de la que en verdad poseía.
—Muy bien, ser Duncan el Alto, nos vemos en las justas —y con ello, Aerion se retiró, caminando hacia el salón principal para hablar con su padre sobre la anulación de su compromiso con Valarr.
Aunque quizá… quizá salir esa tarde y buscar al joven caballero no sería tan mala idea…
