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Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 1 of El descenso de los dragones
Stats:
Published:
2026-06-23
Updated:
2026-07-15
Words:
122,257
Chapters:
20/?
Comments:
52
Kudos:
60
Bookmarks:
12
Hits:
2,445

House of memories

Summary:

"- Voy a contraer matrimonio... -su padre buscó su aprobación en ella, por lo que le sonrió y asintió con la cabeza. El hombre volteó en dirección de Alicent, quien se encontraba ahí detrás de su padre al igual que Lady Laena detrás del propio, y en ese momento lo supo... su padre no iba a casarse con su amiga Laena sino con su mejor amiga y... y a quien creía el amor de su vida- con lady Alicent Hightower dentro de seis meses."

El comienzo del fin de la casa Targaryen y de su más grande poder: los dragones.
Rhaenyra I Targaryen paso por muchas dificultades, sacrificios y se sometio a multiples deberes para estar en el trono de hierro y ganar la tan conocida guerra que los bardos llamaron la danza de dragones. No obstante, ¿cómo comenzó todo esto? ¿Cómo fue la historia entre la princesa heredera, Rhaenyra Targaryen, y la dragón marino, Laena Velaryon? ¿Por qué Alicent declaró la guerra? Descúbranlo aquí.

Historia 1 de una mini serie que tengo planeado hacer. La parte 2, que esta en emisión, es El destino del Caballero y los Dragones, y la parte 3, que ya esta terminada, es Can't Catch me now. Pero se puede leer una sin la otra.

Notes:

Shipps centrados: Laenyra, Daemyra, Rhaenicent unilateral.
Shipps mencionados, que en su debido momento serán importantes: Jacegon/Jacegan, Lucemond/Addam x Lucerys, Daeron x Joffrey, Oscar Tully/Joffrey Velaryon.

Espero les guste, por el momento no sé cada cuando actualizaré porque esto salio de un momento de estrés el cual me sirvió de inspiración para comenzar esta idea que rondaba mi cabeza hace tiempo.

Disculpen los errores, soy nueva en AO3 y me cuesta trabajo jajaja. Sigo en el otro formato para los fanfics, perdonen mi ignorancia al momento de usar las comillas:(

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El comienzo

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Año 109 después de la conquista

 

— Voy a contraer matrimonio... —su padre buscó su aprobación en ella, por lo que le pareció y se acercó con la cabeza. El hombre volteó en dirección de Alicent, quien se encontraba ahí detrás de su padre al igual que Lady Laena detrás del propio, y en ese momento lo supo... su padre no iba a casarse con su amiga Laena sino con su mejor amiga y... ya quien creía el amor de su vida— con lady Alicent Hightower dentro de seis meses.

Todos desviaron su atención a Lord Corlys, quien se levantó indignado de su asiento al ver que los estaban pasando por encima de ellos como familia de sangre valyria.

— Mi señor no se exalte, todavía no acabo mi anuncio —interrumpió Viserys, quien ya sospechaba que iba a decir la orgullosa serpiente marina—. Asimismo mi hija y heredera indiscutible va a casarse con lady Laena Velaryon y van a unificar nuestras casas, trayendo consigo a la siguiente generación de Targaryen-Velaryon para el trono de hierro —todos, incluyendo a su amigo Otto, se sorprendieron. No había discutido de esto con nadie y decidió que si iba a casarse, su hija, que ya era mayor, también podía comprometerse—. Por el momento mi hija y Lady Laena estarán comprometidas y dentro de un par de años se casarán, eso sí a Lord Corlys le parece bien el nuevo compromiso.

El Lord se había quedado callado y sorprendido a partes iguales, sin saber que decir hasta que la pequeña mano de su hija lo sacó de su silencio y al voltear vio unos ojitos lilas que brillaban ante la idea.

— Me parece perfecto, majestad. — Ahora retírense que necesito hablar con Lord Corlys —ordenó, dejando a Otto con la palabra en la boca.

Rhaenyra fue la primera en salir en dirección al árbol de los dioses. Su enojo podía olerse y sentirse, y todos agacharon la cabeza ante la delicia del reino sin recibir la habitual respuesta de parte de la princesita del rey, quien era muy educada y saludaba a todos con una sonrisa que los dejaba encandilados. Alicent corrió en busca de su amiga, de quien pudo ver, como bien sabía, la traición en sus bellos ojos. Supo por un sirviente que iba en dirección al árbol de los dioses y al llegar despacho de inmediato a Sir Criston para estar a solas con la princesa.

— Rhaenyra...

— ¿Cuánto tiempo? —preguntó la princesa con voz quebradiza y al no recibir respuesta volteó a ver a esa traidora—. ¿Cuánto tiempo me ha ocultado esto?

— Mi padre me envió a consolarlo después de tu madre...

— Puta... —escupió después de unos momentos de silencio, con enojo, con furia, con la ira de un dragón—. Lo sedujiste.

— No... solo hablábamos... de historia, de tu madre y de la mía, de ti... nunca del matrimonio.

— Lo estabas viendo en sus aposentos, ¿qué pensaste que pasaría? —cuestionó con colera ante la estupidez de aquella excusa.

—Fue por orden de mi padre.

— ¡DEBISTE HABERLO RECHAZADO! —gritó finalmente, sacando lo que quiso sacar desde el anuncio hace unos minutos.

— No todos tenemos una manera tan fácil de hacer solo lo que deseamos cuando lo deseamos...—Alicent le respondió bruscamente, pero su valentía murió igual de rápido ya que se arrepintió de inmediato—. No tuve elección.

— No puedes hacer esto. Yo soy la princesa... soy la heredera, soy la princesa de Dragonstone, lo anulare... —murmuró en tanto caminaba de un lado a otro, no obstante, su furia y su fuego se apaciguo al darse cuenta de algo... Alicent guardaba un inusual silencio, no había dicho ninguna protesta real en contra del compromiso—. ¿Es esto lo que quieres? —demandó saber con una calma aterradora.

— No importa lo que quiera —comentó, desviando la mirada porque sabía que si veía a Rhaenyra a los ojos, a su verdadero amor, ella iba a ser capaz de notar su intención de que sí, ha llegado demasiado lejos como para retractarse de subir al poder que le ofrecían y el cual Rhaenyra nunca podría darle. Cuando ella dé a luz a un hijo alfa del rey, Rhaenyra dejará de ser heredera y nunca podrá ser reina ni mucho menor gobernar.

Rhaenyra pensó con detenimiento y vio a Alicent rascar sus manos... por ello supo de inmediato que estaba mintiendo.

— Que así sea —susurró con calma—. Cuando te des cuenta de que ese poder que tienes no va a darte la felicidad que anhelas, que te encerrara en una prisión de deberes y de falso poder del cual jamás vas a lograr salir porque te ataste a los hombres... ese día espero verlo y recordarte que yo pude salvarte.

Alicent alzó la mirada e iba a decir algo, pero la princesa heredera pasó de largo y se retiró con su escudo juramentado. Las palabras de Rhaenyra quedaron grabadas en la mente de Alicent, quien por un momento dudó, pero finalmente esa voz se extinguió y abrió paso a la voz de la futura reina.

•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•

Seis meses después

Por orden de su padre, Rhaenyra se encontraba supervisando que Alicent estuviera lista para la boda, la cual será en unos momentos. Cuando las sirvientas terminaron, Rhaenyra el despacho y ambas se quedaron solas en un momento lleno de incomodidad y, a la vez, de tristeza. Era un día hermoso, el sol es agradable y el viento fresco. El día era perfecto para la boda, perfecto para que todos la disfruten... todos menos Alicent.

Las uñas de la próxima reina se encuentran tan destrozadas que se encargaron unos guantes blancos para cubrirlas, todo a causa de la ansiedad de la dama. Rhaenyra portaba un vestido azul, un claro símbolo de que su madre vivía en ella y también como forma de honrar a los Velaryon por su compromiso con Laena, de igual forma portaba una corona que enmarcaba su cabello color platinado.

El sol cálido pegó en su figura, enmarcando aquella cintura y demostrando los atributos que le estaba otorgando la adolescencia. 

— Así que aquí estamos —susurró Rhaenyra rompiendo el silencio—. La próxima consorte de los siete reinos.

— Rhaenyra... —Alicent, quien estaba frente al espejo, volteó para ver a su antigua amiga a los ojos—. No tiene por qué ser así...

— No lo veo de otra forma, su gracia —ambas pudieron detectar el sarcasmo en el título.

Alicent iba a acercarse a su amor, su verdadero amor, a la omega más hermosa de los siete reinos ya quien se le dio el título de "la delicia del reino" desde los siete años por una razón muy válida, pero la misma Rhaenyra se da la vuelta y se retira a la sala del trono.

Es hora... Se dice Alicent, recordando las palabras de hace seis meses que vinieron de Rhaenyra.

— Cuando te des cuenta de que ese poder que tienes no va a darte la felicidad que anhelas, que te encerrara en una prisión de deberes y de falso poder del cual jamás vas a lograr salir porque te ataste a los hombres... ese día espero verlo y recordarte que yo pude salvarte.

•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•

Año 111 después de la conquista

— ¿Dónde está Rhaenyra? —preguntó el rey a las personas de su alrededor, quienes niegan haber visto a la princesa.

— Su majestad... —Tyland se encontraba muy preocupado por la triarquía. Desde que Lord Corlys se fue a luchar esa guerra en compañía de Daemon, quien se dijo estuvo furioso cuando se le dio la noticia de que su sobrina se casaría con Laena Velaryon, tuvo que ocupar su lugar como maestro de barcos, una cuestión temporal como bien le especificó el rey—. Majestad...

—¿Qué ocurre, Tyland? —cuestionó el rey con irritación al verso interrumpido de buscar a su niña. 

— La triarquía...

— Lo vemos cuando regresamos de la cacería, Tyland.

— Pero...

— ¿¡Dónde, por los siete infiernos, se encuentra Rhaenyra!?

Alicent sabía dónde se encontraba la joven princesa, por lo que, con sus pies y espalda doloridos, se encamino hacia el árbol de los dioses. Escuchó la voz del bardo Samwell desde antes de entrar y oyó unas risas, lo cual se le hacía extraño y al entrar lo que vio no le gustó nada.

Hacía tiempo que Rhaenyra decidió que su padre podía hacer lo que quisiera con Alicent y dejó de hablar con ambos. Ella decidió que si estaría atada a un matrimonio con la pequeña Alfa Laena, mínimo debían de conocerse y ser amigas. Por ello Laena y Rhaenys estaban en la Fortaleza Roja para ir a la cacería; Laena se quedó con ella mientras esperaban la orden del rey para partir. Lastimosamente todo el buen ambiente se rompió al escuchar la voz de su antigua amiga.

— Rhaenyra... 

— ¿Sí, mi reina? —preguntó Rhaenyra viendo como Laena se levantaba y hacía una reverencia rápida para después sentarse a su lado de nuevo. 

— Se requiere tu presencia en el patio exterior, la caravana va desde. 

— Preferiría quedarme en la fortaleza —resopló la heredera, pero después de sentir un tirón en su muñeca y ver a Laena sonriéndole, ascendiendo. 

— Su majestad-

— Bien, vámonos Laena, creo que participaré en la cacería —comentó la princesa, dejando el libro que leían juntas de lado y levantándose, enroscando su brazo en el que su prometida le ofrecía. 

Su pequeña alfa había crecido, rebasándola en altura a pesar de que ella es dos años mayor. Laena había cumplido recientemente su décimo quinto onomástico y ella cumplió su décimo séptimo día de nombre y aún así parecía que sus edades estaban invertidas.

Volviendo a la realidad, las jóvenes risueñas comenzaron a caminar y dejaron a Alicent con la palabra en la boca.

El bardo vio como a la reina se le coloreaban las mejillas de rojo por el deseo, pero poco después se recompuso. Fue entonces que Samwell hizo una silenciosa reverencia y se retiró con rapidez.

Toda la familia real se encontraba en la caravana, además de la princesa Rhaenys y su hija, lady Laena. Las jóvenes se encontraban mimando al joven Aegon, quien intentaba decir el nombre de su hermana y fallaba completamente.

— Rhae-Ny-Ra, vamos Egg.

—¡Nyra! ¡Rwaaa! —gritó el príncipe, sonriendo ampliamente a su hermana, quien solo susspiró mientras una sonrisa floreció de sus labios.

Laena no pudo aguantar y de sí sale una pequeña risa, lo cual atrajo la atención de su prometida.

— No te burles, confabulan contra mí —la joven princesa comenzó a reír al ver a Aegon reírse con entusiasmo.

Repentinamente una piedra hizo que todos saltaran en su sitio, pero quien soltó un quejido fue nada más y nada menos que la reina.

— ¿Es seguro que viajes en tu... condición? —preguntó Rhaenyra, preocupada por el bebé y con una pequeña preocupación latente por la madre.

— Los maestres dicen que el aire me sentara bien —contestó la joven reina, acomodándose en su sitio.

— Tu tendrás un hijo propio muy pronto y me harás un abuelo muy orgulloso —le dijo Viserys, viendo como el semblante de su hija cambió abruptamente y sus ojos, que antes estaban rebosantes de alegría, ahora le dirigieron una mirada fría, lo cual le dolía excesiva.

Rhaenyra le miró con desconcierto, ya que faltaban poco para que comenzaran los preparativos de su boda con Laena. El parto era algo delicado para Rhaenyra, ya que al ver a su madre se deterioró poco a poco hasta que ese deber la mató fue lo que le hacía temer por sí misma.

— Madre... ojalá estuvieras aquí —pensó Rhaenyra con tristeza, sintiendo como la mano de Laena apretaba la suya en un mudo consuelo, el cual agradecía mucho.

— No es tan malo... los días son largos, pero Aegon llegó rápido y sin quejas —dijo la reina, distrayendo a las jóvenes. El bebé, que sabía que hablaban de él por su nombre, soltó un aplauso.

Alicent se dio cuenta de la estupidez de lo que dijo al sentir las miradas llenas de reproche, por lo cual decidió volver a guardar silencio.

— No todas las personas se encuentran preparadas para el parto como usted, mi reina —la voz de Rhaenys, quien se mantuvo callada todo el tiempo, resonó en el carruaje—. Muchas mujeres y omegas a lo largo de la historia han muerto por traer un hijo al mundo. 

Viserys y Rhaenys conectaron sus miradas, sabían de quién hablaba la Targaryen mayor y lo que sufrió la amada de ambos por causa del primero. Si tan solo su abuela Alysanne las hubiera comprometido, el destino de Aemma pudo haber sido otro con Rhaenys como su esposa...

Rhaenyra le dio un pequeño beso a Aegon en su cabeza para luego pasarlo a la nodriza.

— Deberías cabalgar conmigo hoy —sugirió Viserys, rompiendo el silencio y el contacto visual con su prima—. Unirte a la cacería.

— Preferiría que no, los jabalíes gritan y aturden mis oídos, gritan como niños cuando los están masacrando. Además, Laena prometió cazar algo para mí.

— Es una cacería, Rhaenyra, no puedes mandar a tu prometida y no hacer nada. ¿Cómo te gustaría participar?

— No sé porque debería participar —respondió mientras un dolor de comenzaba a latir en su cabeza.

— Porque eres mi hija, la heredera, y tienes deberes.

— Como se me recuerda incesantemente... —susurró con irritación, siendo escuchada por su padre y por todos al haber un silencio. 

— ¿Disculpa?

— Como se me recuerda incesantemente —respondió más fuerte que antes y viendo a su padre a los ojos, apretando un poco más fuerte la mano de Laena.

— No se te debería recordar si cumplieras con ellos.

— Y los cumplo, pero dudo que participar en una cacería sea mi deber como tal.

Con ello, la conversación terminó. Los momentos transcurrieron en un incómodo silencio, el cual fue roto cuando la caravana se detuvo. Los aplausos comenzaron a llegar y aturdieron mucho más cuando el rey salió cargando al festejado y con la reina detrás de él. Rhaenys y Laena se quedaron con Rhaenyra, quien escuchaba con la mirada perdida la celebración a su hermano, el pequeño alfa que se suponía debía heredar todo. 

— ¡Aegon, segundo con el nombre! —la voz de Hobert Hightower se coló en el carruaje y Rhaenyra toma valor cuando Rhaenys le dio una caricia en su mejilla como consuelo.

La princesa se levantó y salió, viendo directamente a Hobert Hightower, quien solo enmudecio al igual que los demás al ver a la princesa salir con una mirada chispeante de furia con el dragón marino detrás de ella y culminando con la princesa Rhaenys, la reina que nunca fue.

La heredera se abrió paso y se dirigió a la tienda real con su brazo tomado del de Laena. Los lores y damas callan mientras las prometidas pasaban por su lado, pero Rhaenyra se detuvo un momento a lado de Hobert, quien bajó la cabeza.

— ¿Segundo con el nombre? —pronunció con un tono de voz fuerte, pero moderado para que todos escucharan sin necesidad de verso exaltada o insultada—. ¿Acaso mi padre, el rey, ha muerto y me ha destituido de mi herencia? —esto provocó una incomodidad instantánea en los presentes y en Viserys mismo, quien por ir presumiendo a su hijo no prestó atención a lo dicho—. Cuide sus palabras, mi señor, o podrían considerarse como traición —con ello se retiró y escuchó a su padre reclamarle al señor, quien solo pidió disculpas por su imprudencia.

Transcurrió la tarde y se encontró hablando con las esposas de los lores y las hijas de estos. Y Rhaenyra, como le dijo Rhaenys, dio su mejor sonrisa y platicó con todas para darse a conocer. Eso hasta que decidió que era mejor irse y disfrutar de su propia cacería. 

— ¿Nos vamos? —propuso a su compañera, tomando disimuladamente de su vino.

— ¿Adónde? —preguntó con curiosidad, sin negar a la petición de su bella prometida que portaba una mirada traviesa. 

— A donde sea, escapamos de aquí, ya me harté de esto —le contestó, a lo cual Laena ascendió. 

Ambas se cercioraron de que nadie las estaba viendo y cuando notaron a sir Criston distraído, tomaron dos caballos y galoparon velozmente. Escucharon la voz del escudo juramentado de Rhaenyra, pero no bajaron la velocidad y continuaron desviándose una que otra vez. Ambas sabían dónde está el campamento gracias a las grandes fogatas, por lo que sería fácil regresar. 

La voz poco a poco se hizo más y más lejana hasta que dejó de escucharse. Ambas se detuvieron en un pequeño claro que se encontraba en el final del bosque, dejando a sus caballos tomar un descanso y así comenzaron a reírse hasta que tuvieron que parar y observaron la tranquilidad de su alrededor con una sonrisa en sus rostros. 

El peso de sentirse como si no importara en la nueva familia de su padre comenzó a retirarse de sus hombros. Adora a Aegon, quizás no como querría a Baelon, pero lo quiere, aunque eso no quitaba el hecho de que el pequeño sea lo que el reino esperaba: un heredero varón y un alfa.

— ¿Te sientes mejor? —preguntó Laena con voz dulce, haciendo sonreír a Rhaenyra.

— Sí, me siento mejor.

Ambas se internaron en el bosque, atando a los caballos a un árbol y sacando lo que tuvieran en las bolsas viendo que, gracias a los dioses, había comida seca, algo de agua y unas cuerdas, lo que imaginan que servirían para arrastrar a las presas. Lo difícil ahora sería encender una fogata.

— No tienes que preocuparte —habló Laena al ver el ceño fruncido de Rhaenyra al ver las pocas provisiones—. Puedo encender una fogata para no pasar frío, ¿querrás quedarte?

— Aunque sea por un día quiero dejar mis deberes de lado —murmuró, asintiendo cuando Laena le avisa que irá por leña.

Ya era muy tarde cuando ambos se encontraban sentados contra un árbol y con Rhaenyra apoyando su cabeza en el hombro de Laena, quien le contaba una anécdota de Laenor cayendo por la borda por jugar con una cuerda y que ésta se rompiera, eso en uno de los viajes que hicieron con su padre. Ambas reían cuando de pronto escucharon un crujido muy fuerte de una rama.

Laena se levantó en seguida, tomando la espada que tenía en su cinto, y comenzaba a caminar hacia la fuente del sonido cuando salió volando por los aires por culpa de un jabalí que corría en dirección de Rhaenyra, quien por el miedo se levantó y desenvaino su daga.

De un momento a otro, antes de poder reaccionar, Rhaenyra estaba intentando alejar a esa bestia de su rostro, la cual bufaba su aliento asqueroso contra sí mientras gruñía. Un chillido salió de la criatura antes de tumbarse de lado.

Rhaenyra se sintió como la jalan hacia atrás y vio a Laena, quien tenía manchas de sangre en el rostro y trataba de recuperar el aliento.

La bestia hizo el intento de levantarse y fue cuando Rhaenyra tomó su daga, la cual salió volando cuando la bestia salto encima suyo, y comenzó a enterrarla una y otra y otra vez en el estómago del jabalí en tanto gritaba de frustración, de enojo, de tristeza, de todo.

Fue hace años que su madre se fue y de ahí comenzaron sus desgracias comenzaron, demostrándole la verdadera cara de su supuesta mejor amiga y el antiguo amor de su vida, lo cual fue la primera ruptura de su corazón hablando del ámbito romántico; la vida también le ha demostrado múltiples cosas y lo que la ambición puede hacer en la gente, cambiándola por completa.

No supo cuánto tiempo llevaba así, solo se detuvo al sentir la mano de Laena tomar la suya y alejarla del animal, guiándola hasta sentarse en la tierra frente a la fogata.

— ¿Te desahogaste? —preguntó, sacando un pañuelo y el agua, empapandolo un poco para limpiar el rostro de su prometida con delicadeza.

— Sí... solo...

— Tranquila, si no quieres hablar no lo hagas —le interrumpió, viendo como su Rhaenyra le veía con esos ojos lilas tan expresivos como pocas veces se daba el lujo de demostrar.

Al día siguiente, temprano en la mañana, se levantaron y ataron el jabalí al caballo. Como última petición, Rhaenyra pidió ir al filo del bosque, viendo a lo lejos el campamento. Ambas veían con admiración y calma mientras el sol se asentaba en todos los rincones de esa tierra hasta que un crujido llamó su atención.

Un majestuoso ciervo blanco estaba a unos metros viéndolas con atención, cargando un poco la cabeza. Laena volteó a ver a Rhaenyra con una sonrisa al saber lo que esto significa.

— Antes de la conquista, el ciervo blanco era el símbolo del favor de los dioses, Rhaenyra —contó Laena, hasta que Rhaenyra se asomaba con calma.

Ambas vieron como el ciervo corrió luego de ello, por lo que Laena no pudo evitar comentar que debían decirle a todos, ya que eso significaba que Rhaenyra era la elegida de los dioses. 

- No... 

— ¿Por qué? —Preguntó con confusión, esto es algo que debería saberse para que sepan que aunque Rhaenyra sea mujer y una omega podía gobernar y los dioses le habían otorgado su favor.

— No me crearán y no necesito que me creen una loca. Tú y yo sabemos que los dioses me han entregado su favor —comentó, asegurándose de tomar la mano de su futura esposa, apretándola un poco—. Es todo lo que importa —después de ello, ambas se encaminaron de regreso al campamento.

— ¡Atención, la princesa Rhaenyra de la casa Targaryen, princesa de Dragonstone y heredera al trono de hierro, y su prometida lady Laena de la casa Velaryon! —anunció sir Criston, quien se sentía aliviado de ver a la princesa sana y salva. 

Todos voltearon a ver a la princesa heredera y la lady de la casa más rica de Westeros llegar con sus ropas manchadas de sangre, trayendo consigo un jabalí. 

Ambas caminaban lado a lado con Rhaenyra viendo a todos con desinterés mientras Laena sonreía amablemente, por lo que los lores solo atinaron a agachar la cabeza en un saludo por respeto a las futuras gobernantes. Los jóvenes se situaron frente a la mesa real y fue Rhaenyra quien rompió el silencio.

— Esta es mi manera de participar en la cacería, padre —dijo con voz clara, rodeando la mesa y tomando a Aegon de los brazos de Alicent, quien se quedó congelado ante su apariencia—. Mi pequeño Aegon, espero que acepte este jabalí que cazamos para ti.

El niño comenzó a reír mientras tocaba el rostro de Rhaenyra, quien le parecía con amabilidad. 

La cacería terminó y todos se retiraron a la Fortaleza Roja de nuevo. Rhaenyra y Laena fueron atendidas por los sirvientes de forma inmediata al llegar, ya que a ambas se les tenía listo un baño por orden de Rhaenys, quien hizo que uno de los guardias a caballo se adelantara para dar la orden. La delicia del reino fue vista de una manera poco apropiada, pero que lejos de causar asco solo hizo acentuar su magnificencia y belleza. 

•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•

Por otro lado, Alicent solo deseaba descansar, lastimosamente se encontró en una plástica con su padre sobre la sucesión.

— ¿No quieres que tu hijo sea rey? —Otto le preguntó a su hija, viendo la duda en sus ojos.

— ¿Qué madre no lo querría?

— Entonces debes preparar a Aegon.

— ¿Quieres decir que tengo que criar a mi hijo para que le bastante el derecho a su hermana?

— Es su derecho.

— Rhaenyra será una buena reina —en esos momentos Alicent realmente piensa que ella podría serlo, pero...

— Rhaenyra podría ser Jaehaerys renacido, pero es una mujer omega —su respuesta movió algo en Alicent, quien desvió su mirada. Fue entonces que decidió dejarla para que pensara sobre ello, porque en sus planos esta que su sangre debía prevalecer en el trono por encima de la insulsa Aemma Arryn.

Notes:

Edades de los personajes en este cap:

Año 109:
- Rhaenyra: 14 años
- Laena: 12 años
- Alicent: 15 años

Año 111:
- Rhaenyra: 16 años
- Laena: 14 años
- Alicent: 17 años