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El destino del caballero y los dragones

Summary:

"El joven caballero vio a los jinetes detener su cabalgata y la presentación de los príncipes Targaryen fue inmediata. Lord Ashford acomodó su túnica y su hija se colocó a su lado, y fue así que el vocero alzó la voz.

Fue ahí que una hermosa y grave voz llamó su atención.

— Muchacho espabilate, atiende mi caballo —ordenó con desdén, sin dedicarle siquiera una segunda mirada.

— N-No soy un mozo de cuadra, mi príncipe —declaró con nerviosismo, ya que la belleza de aquel que se notaba era la sangre de dragón lo había dejado sin palabras. El cabello plateado y sus hermosos ojos lilas, que voltearon a verlo con soberbia y... algo más que no logró saber bien qué era, eran distintivos de la casa del dragón—. Soy un caballero.

Y sin que el caballero ni el dragón lo supieran, ese día, con esa conversación, comenzaría una historia que valdría la pena contar si tan solo se hubiese logrado registrar. Solo unos pocos supieron lo que ocurrió con ese valiente y noble caballero que comenzó como un caballero errante, un caballero soñando con servir a grandes casas y dormir bajo un techo, un caballero que en un futuro salvaría a la dinastía Targaryen."

La historia tendrá 6 capítulos :'3

Notes:

Este es el prólogo de mi historia jajaja disculpen si no puedo ponerle el título, apenas me estoy adaptando a AO3😭

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Su maestro había muerto... lo enterró a un lado de un bonito árbol en una colina pacífica, todo en medio de la lluvia, la cual enmascaraba sus lágrimas. 

 

—Era un verdadero caballero —comenzó, sentándose a un lado de él—. Nunca me tocó sin que yo lo mereciera… excepto esa vez en Maiden Pool, fue el niño de la posada el que se comió el pay, no yo… Ya no importa… —se quedó en silencio un poco más al no saber que más añadir—. Le dejaría su espada, pero solo se oxidaría en la tierra… —el nudo en la garganta le impedía hablar, pero hizo el esfuerzo—. Desearía que no hubiera muerto, ser. Cuidare bien a los caballos… 

 

Tomó la espada, el escudo y los tres caballos de su maestro y después de unas palabras emprendió su camino al lugar al que iban a ir originalmente: al torneo de Vado Ceniza. 

 

Pero Dunk no sabía cuanto le faltaba para llegar a Ashford, por lo que era a una posada que estaba cerca y ahí en los establos salió un niño flaco y calvo con una mirada extraña pese a ser un. 

 

— ¿Qué tal? ¿Eres el mozo de cuadra? —cuestionó, aunque no espero mucho antes de bajar del caballo y comenzar a darle órdenes—. Quiero que cepilles al palafren, y avena para los tres. ¿Puedes atenderlos? 

 

— Podría… si quisiera —contestó, viéndolo con curiosidad. 

 

— Nada de eso, atiende a los caballos. Recibirás una moneda si lo haces y un golpe si no. 

 

Y con ello, dejó al niño y entró a la posada. La posadera habló con él sobre la euforia que había por el torneo, así como su falta de entendimiento por el mismo, sin embargo, su conversación se vio apagada cuando un joven de cabello castaño, y muy borracho, le dijo. 

 

— Yo soñé contigo —su voz y aspecto le decían que el joven apenas y podía hablar, pero sus ojos… en su mirada había una determinación extraña la cual se manifestó al sacar su daga y apuntarle—. Vete a la mierda lejos de mí, ¿oíste? 

 

Duncan estaba confundido... jamás había visto a ese hombre, pero éste ya lo había amenazado. Intentó calmarse pensando que estaba muy borracho, así que le llamó, pero el joven ya se había levantado y dejó una moneda, que poseía el símbolo del dragón, y se fue. 

 

Después de comer, luego de esa extraña conversación, fue a los establos por sus caballos y escuchó ruidos del niño. Ese pequeño bribon… el niño era listo, mucho para su propio bien, incluso le hizo considerar la idea de que fuese su escudero, pero no… no podía darse cuenta de ese lujo, no hasta que se hiciera de un nombre. 

 

Fue así que, con la mirada del niño en su espalda, se fue rumbo al torneo. Llegó temprano en la mañana e intentó entrar en las listas, sin embargo, fue rechazado, aunque le dio la oportunidad de ir con un señor que conociera a su viejo maestro y lo respaldara, y aquello le dio esperanza. 

 

Mientras hablaba con su dama, Pasoquedo, vio a un caballero derribar de forma cruel a, quien supuso, era su escudero. Entonces le hizo fruncir el ceño, invitando al hombre de cabello rojizo a retarlo, algo que apoyó a Raymund, el joven primo y escudero de Steffon Fossoway. Declinó y seguido de ello se retiró mientras pensaba en lo sucedido durante el día, sus esperanzas estaban puestas en los nobles lores a los que ser Arlan sirvió en el pasado. 

 

En la noche, luego de buscar a ser Manfred Dondarrion y ver un espectáculo de marionetas donde vio a una hermosa mujer, se dio por vencido y decidió irse a su riachuelo, el que sería su hogar por esos días. 

 

— ¡Oiga, mitad hombre! —la voz de Raymund, el primo de ser Steffon, le hizo girar y fruncir el ceño. 

 

— ¿Le parecezco la mitad de un hombre? —cuestionó con cansancio por las burlas de las mujeres que acompañan a ser Manfred como para soportar otras más. 

 

— Mitad hombre, mitad gigante —respondió con una sonrisa, pero quizás al ver su cansancio fue suficiente para proceder a pedirle disculpas—. Lo siento, no debí alentarlo a pelear con mi primo, le habría roto una mano o una rodilla de hacerlo, le gusta luchar con hombres en el patio en caso de que los enfrente en las listas. 

 

— A usted no lo lastimó —dijo después de un corto silencio. 

 

— Soy de su sangre, aunque él está más arriba de las ramas del árbol familiar, como siempre le gusta recordarme al ser yo un omega —aquello, aunque para muchas personas sería terrible, para Raymund parecía no importarle, o al menos hizo las pases con ser un omega. 

 

— ¿Usted y su primo entrarán al torneo? 

 

— Él sí, yo lo haría si pudiera pero… solo soy un escudero —dijo con algo que se asemejaba al desgano, eso sí que parecía molestarlo. 

 

— Pelea bien para ser un escudero —le comentó con una sonrisa, ya que era cierto, incluso pensó por un momento que el joven era un alfa o un beta, ya que era algo corpulento y logró hacer retroceder a su primo en aquella pelea de la tarde. 

 

Fue después de aquella plástica que Raymund lo invitó a cenar al pabellón de Lyonel Baratheon, la tormenta que ríe. Ahí comió cuanto pudo y quiso, no dejó que escapara ni una pierna de pollo de sus manos, ya que debía aprovechar su oportunidad. 

 

Y fue su tamaño, como siempre lo había sido, lo que llamó la atención de lord Baratheon, el cual lo interrogó y él, muriendo de nervios, apenas y pudo responder que estaba ahí por los postres, algo que aparentemente apaciguó al furico y borracho lord, quien después se fue a la pista de baile y él, siguiéndole por su orden, empezó a bailar. 

 

Las risas, la música, el aroma a comida, el calor de las personas, todo fue una extraña combinación que le invitó a bailar con tantos omegas y mujeres pudiese. 

 

— Entonces, ¿qué debía hacer? —preguntó mientras se desahogaba con el señor, quien tenía su vista fija en la pista donde todos bailaban calmadamente. 

 

— No lo sé… estoy muy ebrio —respondió, pasando por encima de la mesa y tomando su corona de astas, colocándola y yendose hacia la pista de nuevo—. ¡Raymundo!

 

Duncan sospecha y decide que era hora de irse a dormir, mañana será un da largo.

 

Después de una caminata, llegó a su árbol y encontró a un pequeño bribón ahí, el cual le contó que si quería llevarlo a su hogar entonces sería ir a Desembarco del Rey. Un escalofrio recorrió su cuerpo al siquiera pensar en aquella tierra fría, peligrosa y de la que le costó mucho salir… 

 

— Habría levantado su pabellón, pero no encontré ninguno. 

 

—Ahí esta mi pabellón —dijo, señalando el árbol con su cabeza. Aquello provocó confusión en el joven, el cual le señaló lo obvio—. Y es todo lo que un verdadero caballero necesita —comentó con orgullo—. Prefiero dormir bajo las estrellas que en una tienda ahumada. 

 

— ¿Y qué tal si llueve? 

 

— El árbol me protegerá. 

 

— Aun así gotea. 

 

Entonces le provocó una pequeña risa, pero finalmente se recompuso cuando el niño preguntó por su nombre, por lo que, inseguro, se presentó. El joven le dio la idea de llamarse Duncan, ya que creyó que Dunk era su diminutivo, por lo que adoptó ese nombre y se presentó como...

 

— Ser Duncan el Alto. 

 

— Nunca oí de él. 

 

— ¿Conoces a todos los caballeros de los siete reinos? —cuestionó con algo de enojo. 

 

— A los que son buenos —respondió inteligentemente, pero aquello solo le hizo reír. 

 

— ¿Tu tienes nombre, ladrón? 

 

- Huevo. 

 

— Huevo —repitió, asintiendo para sí mismo—. Bueno Egg, yo debería hacerte sangrar a golpes y hacer que te vayas… pero parece que no has comido mucho… y si juras hacer lo que te digo, dejare que me sirvas en el torneo. Después de eso… Bueno, ya veremos —el joven le vio con aquellos ojos brillantes, por lo que continuó—. Yo no tengo mucho pero, si pruebas que vales algo, tendrás ropa en tu espalda y comida en tu estómago, la ropa puede estar mal cosida y la comida será carne y pescado salado, pero… pero no pasarás hambre, y promete no golpearte, excepto cuando lo merezcas. 

 

— Sí, mi señor. 

 

— Ser, solo soy un caballero errante —le dijo con una sonrisa, orgulloso de lo que era. 

 

Luego de comer el pescado que el niño pescó, se acostaron y vieron las estrellas. 

 

El joven comentó sobre aquella estrella que pasó encima de ellos, diciéndole que traía suerte a quienes la veían, por lo que pensó que quizás, al ser los únicos que dormían bajo el cielo nocturno, tendrían esa suerte para ellos. 

 

Solo espero que así sea —pensó con algo clavándose en su estómago, algo que no dejaba de retorcerse, por lo que decidió dormir.