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Aventuras En Su Mente

Summary:

Desde la muerte de Mari, todo ha sido una mierda... y es algo que Aubrey ha experimentado de primera mano. El día en que sus amigos se separaron y la abandonaron, sumado al dolor de descubrir que Basil había arruinado el único recuerdo que tenía de Mari y, peor aún, que Sunny (la persona más cercana a ella) se había encerrado en casa para siempre, fue el momento en que decidió dejar atrás ese pasado. Y cuando ese mismo pasado intentó acercarse de nuevo, su única respuesta fue arremeter contra él para alejarlo de su vida.

Ahora se encuentra en una situación donde el pasado vuelve a acecharla... solo que esta vez es diferente. Se halla atrapada en su propio cuerpo de doce años dentro de un mundo de sueños. Allí, ella y su antiguo grupo descubrirán más sobre el estado de Sunny y la oscura verdad que oculta en su mente.
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Inspirado principalmente en Losing my mind de AGiantNerd

Notes:

Sere honesto, esta idea de Fanfict me tentó y bastante para publicarla por primera vez en este sitio tan raro y bizarro lleno de degenerados y gente MUY rara.

No se como vaya o como opine la gente pero ¡Oye! viniste aquí para ver una historia de la banda de Faraway llendo al Headspace y no de las divagaciones de un tipo probablemente que no conozcas en tu vida sobre como quería hacer esta historia.

Así que disfruta.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Bienvenido a Headspace!

Chapter Text

Faraway Town de noche era una experiencia curiosa. Lejos del bullicio y el color de la ciudad, se notaba la tranquilidad absoluta del pueblo a esa hora, lindando casi con el aburrimiento. Sin embargo, no dejaba de ser un ambiente relajante, ideal incluso para contemplar las estrellas.

​Bueno... todo ese entorno era pacífico, menos para una persona: Aubrey Williams.

​La chica, vestida con un top negro, una chaqueta y luciendo su notable cabello rosa, caminaba por las calles de Faraway sin prestar atención al paisaje; solo quería llegar a casa. Hacía apenas unos minutos que su grupo, los Hooligans, se había despedido de ella tras pasar el día. Ciertamente siempre agradecería su compañía, sobre todo considerando que fueron su gran apoyo después de que las escorias de sus antiguos amigos la abandonaran. No quería pensar en ellos en ese momento, le hervía la sangre de solo recordarlo y más al evocar a uno en específico... Pero justo cuando la imagen de aquel idiota cruzaba su mente, una voz la interrumpió.

"Oh... eeeeeh, hola A-Aubrey" Saludaría Basil nerviosamente y con un notable tartamudeo

Aubrey lo miró fijamente y se limitó a soltar un suspiro cargado de fastidio y cansancio. Si hiciera un recuento de la gente que más aborrecía en Faraway Town, Basil se llevaría el premio mayor. Resultaba irónico pensar que a ese bicho raro alguna vez lo había considerado su mejor amigo, alguien con quien compartía una conexión especial. Pero el pasado era pasado. Ahora, a ese idiota no le quedaba ni el título de conocido; solo era un extraño que le revolvía el estómago.

Aubrey lo ignoró olímpicamente, abriéndose paso con un brusco empujón. No tenía energía para aguantarlo y sabía perfectamente lo que buscaba. Sin embargo, había olvidado un pequeño detalle: Basil, además de patético, era jodidamente insistente.

"Oh... Oye... Te preguntaba si podías ya sabes... Devolverme mi álbum ¿No?" Preguntaría Basil tratando de ser lo más cordial posible.

Aquello fue la gota que colmó el vaso. Sin contemplaciones, Aubrey lo empujó con más fuerza. El chico de las flores perdió el equilibrio y terminó en el suelo, mirándola desde abajo con los ojos abiertos por el terror.

"No... No lo harás... Ya perdiste aquel derecho hace mucho" Diría Aubrey firmemente y con frialdad

Sin darle tiempo a replicar, le dio la espalda, caminó hacia su casa y cerró la puerta de un golpe seco que resonó en la calle. Fuera, Basil se puso en pie con torpeza, sacudiéndose la tierra de la ropa. Soltó un suspiro lleno de impotencia y, con la cabeza baja, cruzó la calle en dirección a su propia casa.

Aubrey se quedó mirando la escena a escondidas desde la ventana, observando cómo el chico de las flores llegaba a su hogar sin problemas. Si algo odiaba más que a Basil, era el hecho de que su casa estuviera tan cerca de la suya. En el pasado, claro, eso era una gran ventaja cuando iba a visitarlo... Pero el pasado ya no existía, ella ya no tenía doce años y, definitivamente, nunca volvería a llamar "amigo" a ese bastardo.

​Tras asegurarse de que el chico de las flores no intentaría volver, Aubrey cerró las cortinas y se dio la vuelta para contemplar las deplorables condiciones de su propia casa: basura acumulada por todos lados, paredes llenas de moho y agujeros tan grandes que era casi un milagro que el lugar siguiera en pie. Tampoco podía ignorar que su madre estaba allí... En el pasado, aunque no fuera perfecta, se preocupaba genuinamente por ella.

​Sin embargo, las constantes peleas con su padre la habían empujado a refugiarse en el alcohol; en la actualidad, no era más que un simple saco de huesos y piel que con suerte articulaba palabras. Dentro de todo, Aubrey agradecía que al menos se quedara en ese estado, en lugar de intentar golpearla como haría cualquier otra persona bajo los efectos de la bebida. Quizás aún le guardaba el suficiente cariño como para no desearle nada malo... O, bueno, eso quería creer. Aunque, honestamente, a esas alturas ya daba igual.

​Al subir los peldaños hacia la segunda planta, se topó con el mismo panorama de siempre: abandono, suciedad y un olor a encierro que, para su desgracia, ya se había vuelto rutina desde que su vida se fue al demonio.

​Avanzó hasta las escaleras que conducían a su habitación, la cual no era más que el antiguo ático de la casa. Aubrey no les guardaba rencor a sus padres por haberla mandado allí; entendía que no lo habían hecho por crueldad, sino como el único recurso desesperado para darle un lugar donde dormir en una casa sin espacios libres. No había a quién culpar. Al final del día, en un hogar donde faltaba el dinero para lo básico, tener un cuarto propio era un lujo fuera de su alcance.

Siendo honestos, el ático era el único rincón digno de toda la casa. Allí dentro poseía una cama propia, un póster de edición limitada de Captain SpaceBoy (su mayor orgullo de primer año de primaria) y, por encima de todo, a Bun-Bun. Había conseguido a su pequeña mascota en una feria local gracias a su madre, quien se las arregló para ganar el juego por ella.

​De hecho, Bun-Bun era el principal motivo por el cual Aubrey no lograba aborrecer a su madre con la misma intensidad que al resto. Ese animalito representaba la prueba viviente de que, alguna vez, su progenitora la había amado.

​Sin embargo, los verdaderos tesoros de ese cuarto eran las fotografías de Mari pegadas en la pared y el álbum de fotos que descansaba sobre el escritorio.

​El día que descubrió que Basil había arruinado el álbum con un marcador negro, Aubrey se juró a sí misma que lo arreglaría. Aunque su prioridad absoluta era salvar los recuerdos de Mari, terminó restaurando cada una de las fotos de cada página. Sí, incluso aquellas donde salía su vieja pandilla. Contemplando el álbum terminado, se preguntó por milésima vez por qué demonios se había tomado la molestia de salvar los rostros de quienes la abandonaron.

Exhausta, Aubrey decidió dejar de atormentarse. No valía la pena seguir rumiando el ayer. Se dejó caer en la cama y clavó los ojos en el deteriorado techo de su cuarto, abrumada por una dolorosa contradicción: extrañaba el pasado con el alma, e internamente se aborrecía a sí misma por sentir esa debilidad. Suspiró, cerrando los párpados. Ya bastaba de pensar. Solo quería apagar la mente y dormir.

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De repente, los abrió de golpe.

La oscuridad de su ático había desaparecido, reemplazada por una escena irreal. Sostenía un fajo de cartas rojas entre las manos, idénticas a las que usaba en sus tardes de juegos de la infancia. Pero el verdadero impacto llegó al levantar la vista: frente a ella, sentados en el suelo, se encontraban Kel y Hero. Ambos la miraban con la misma estupefacción que ella sentía.

"Eeeeeh ¿Que rayos estamos haciendo?" Preguntaría Kel confundido.

"Creo que estábamos jugando cartas... tal parece" Respondería Hero con cierto desconcierto en su cara. 

"Que-" Articuló Aubrey, pero las palabras salieron con un tono extrañamente agudo, infantil y desprovisto de la madurez que tanto le había costado construir.

Entonces, las piezas del rompecabezas encajaron con brutalidad. Al levantar la vista hacia Kel y Hero, los detalles la golpearon de frente. En el mundo real, Kel se había convertido en un farol de lo alto que era, pero el chico sentado ante ella era el mocoso insufrible de su infancia, vistiendo la pijama de cuadros de colores que solía usar en las pijamadas en casa de Mari. A su lado, Hero parecía haber rejuvenecido mágicamente a los quince años, portando aquella pijama de rayas verticales que Mari siempre calificaba de «encantadora».

Ignorando las miradas de desconcierto de los hermanos, Aubrey se encaminó a trompicones hacia la esquina inferior izquierda del cuarto. Agarró un plato de la mesa y buscó su reflejo en la superficie pulida. La sorpresa la dejó helada: la chica ruda de cabello rosa y mirada desafiante había desaparecido. En su lugar, el plato le devolvía la imagen de su yo de doce años, con su larga cabellera, su camisón que usaba de pijama y el moño rosa coronando su cabeza.

Al mirar a su alrededor, notó que su propio cuerpo estaba impregnado en un contorno pastel morado y el entorno siendo demasiado colorido. El cuarto era bizarro, carente de lógica, pero guardaba una sobrecogedora y vaga similitud con la casa del árbol de sus recuerdos. Aunque bueno, era una versión algo exagerada y más ese gato amarillo que se asomaba por el lugar que no quitaba la vista de ella.

Al apartar la mirada del plato, sus ojos escanearon el resto de la habitación. Lo primero que captó su atención fue una gran escalera coronada por una salida brillante, custodiada por lo que parecía ser una serpiente blanca con manchas moradas. Sin embargo, lo que realmente le llamo la atención fue la puerta que se alzaba justo frente a ella. Era un umbral bizarro, una puerta pulcra y blanca que desentonaba por completo con la calidez del entorno. Su contorno, rígido y dibujado en un estricto blanco y negro, rompía de forma violenta con la suave paleta de tonos pastel que le rodeaba, como una anomalía en mitad de un recuerdo.

"¿Qué demonios hace esa puerta ahí?" Inquirió Aubrey, arrugando el entrecejo por la confusión.

"Es extraña..." Coincidió Hero, cruzándose de brazos mientras examinaba el misterioso objeto" Se siente ajena, como si estuviera completamente fuera de lugar en este cuarto.

"Mmm... ¡A lo mejor deberíamos mirar qué hay adentro!" sugirió Kel, dando un paso al frente con su energía habitual "Quién sabe, tal vez la persona del otro lado pueda explicarnos qué está pasando aquí"

Como si el destino hubiese escuchado sus dudas, la puerta blanca se abrió de par en par sin hacer el menor ruido. Frente a los tres amigos se materializó una silueta monocromática cuya sola presencia los dejó sin aliento.

"¿Sunny..." Articuló Aubrey en un hilo de voz.

El desconcierto la invadió por completo. Quiso convencerse de que era un error, pero la silueta que tenía delante era una copia exacta de Sunny a los doce años, vistiendo aquella sencilla pijama de camiseta negra y pantalones cortos a rayas. No obstante, un escalofrío le recorrió la espalda al fijarse en un detalle perturbador: sus ojos. Las pupilas del chico carecían de brillo, desprovistas de cualquier rastro de calidez o humanidad, como si contemplara a un muerto en vida. Era una mirada inquietante, vacía y que no recordaba haber visto en el Sunny que conocía.

El muchacho, sin embargo, reaccionó con total extrañeza ante la mención de su propio nombre. Inclinó la cabeza a un lado, evaluándola en un silencio sepulcral, antes de restarle importancia con un leve gesto. Se dio la vuelta con parsimonia, se acercó a una enorme sandía que reposaba en el suelo y la reventó sin esfuerzo. Aubrey frunció el ceño, completamente perdida, pero su confusión se transformó en sorpresa cuando vio lo que el chico extraía de la fruta: un peluche que hacía tiempo que no veía.

"¿Mr. Plantegg?" inquirió Aubrey, estupefacta, mientras recibía el juguete de manos del chico "Eh... ¿gracias...?"

Muy bien, esto ya cruzaba la línea de lo absurdo. ¿Qué demonios se suponía que estaba ocurriendo? Hacía solo unos instantes estaba en su cama, exhausta de la vida y deseando perder el conocimiento... ¡Un momento! Una amarga epifanía la golpeó. Se sintió ridícula por haber entrado en pánico creyendo que aquello era real; por supuesto que no lo era, se trataba de un maldito sueño. Sin embargo, la duda persistía en su pecho: ¿por qué su subconsciente la castigaba recreando a su antigua pandilla? Por lo general, sus escasos y preciados sueños giraban en torno a algún recuerdo relacionado a Mari de manera vaga. Que ellos estuvieran ahí no tenía ninguna lógica.

Otra cosa que le resultaba extraña era el hecho de ser consciente dentro del sueño y poseer total autonomía. Había oído hablar de los sueños lúcidos en clase antes de abandonar la escuela, por lo que asumió que esta era su primera vez experimentando uno. Sin embargo, había algo que no encajaba: Kel y Hero no se comportaban como simples proyecciones de su mente. De hecho, al igual que ella, se veían genuinamente confundidos por el lugar donde estaban. Además, Kel actuaba de una forma sospechosamente similar a como era en la actualidad, en lugar de ser el niño castroso que solo buscaba molestarla en la infancia.

Aubrey se vio obligada a cortar el hilo de sus sospechas cuando el chico monocromático avanzó hacia las escaleras de salida. Al llegar al primer peldaño, se detuvo y miró hacia atrás.

"Eh... ¿quieres que vayamos contigo?" Ofreció Hero, esbozando una sonrisa amable a pesar del desconcierto. El muchacho asintió en silencio.

"Bueno, tampoco es que tengamos mejores planes en este lugar" Añadió Kel. Los otros dos caminaron tras él. A Aubrey le fastidiaba sobremanera tener que darle la razón a Kel, pero se obligó a recordar que solo era un maldito sueño.

Siguiendo al chico, la serpiente que custodiaba la escalera hablara con el chico.

"Sssssssssssssss...? (¿Saliendo, OMORI?) Sssssssssssss... (Aquí tienes tu paga de hoy.)" Diría la Serpiente, con los chicos entendiendo completamente lo que decía, mientras Omori recibía 50 almejas... Aubrey no quería preguntar por que tantas pero bueno, no tenía que cuestionar la lógica de los sueños y más por descubrir el extraño nombre del Sunny de su sueño.

Kel fue el primero en emerger, dando un brinco entusiasta.

"¡Woooooh! ¡Al fin aire libre!" Festejó, girándose para contemplar el entorno. Acababan de salir por el hueco de un viejo tocón.

Hero y Omori salieron a continuación sin problemas. La última era Aubrey, pero sus cálculos fallaron y quedó cómicamente atrapada a medio salir.

"¡Ugh, maldita sea! ¡¿Por qué este agujero es tan estrecho?!" Gruñó, batallando por liberarse.

"¡Jajajaja! ¡Te ves ridícula, Aubrey!" Estalló Kel en carcajadas.

"Kel... te juro por mi vida que si no me sacas de aquí ahora mismo, te voy a romper la maldita nariz a golpes" Escupió ella con una frialdad tan cortante que el ambiente pareció congelarse. La crudeza de la amenaza descolocó por completo a los hermanos, e incluso hizo que el chico monocromático se tensara.

"Eh... vale, vale, ya voy" Refunfuñó Kel, perdiendo el tono burlón mientras la sujetaba de los brazos para tirar de ella hasta liberarla.

"No creas que esto se va a quedar así..." Amenazó Aubrey en un susurro, sacudiéndose el polvo con una rabia mal contenida. Si había algo que detestaba tanto como su miserable realidad, eran las bromas de Kel.

Sin embargo, al levantar la vista, la hostilidad de Aubrey se topó con una señal de alerta: Omori la observaba fijamente. Sus ojos vacíos la analizaban con extrañeza, casi con recelo... como si ella acabara de cometer una grave infracción en un guion preestablecido o se estuviera comportando como alguien que se suponía no debía existir en ese mundo.

"E-Eh... ¿Omori? ¿Está todo bien?", intervino Hero de inmediato, rascándose la nuca en un intento por disipar la densa bruma de hostilidad que se había apoderado del grupo. "Perdón por el espectáculo. De verdad, creo que no ha existido un solo día en mi vida en el que no me haya tocado mediar en sus absurdas peleas, jeje".

El chico monocromático no se dignó a emitir una sola palabra; se limitó a soltar un vago suspiro antes de reanudar la marcha a paso firme. Aubrey observó su espalda, todavía desconcertada por el extraño escrutinio al que él la había sometido segundos atrás. Sacudió la cabeza, restándole importancia. Al final del día, lo más lógico era asumir que el Sunny de su mente simplemente se había espantado al saborear una pequeña dosis de su verdadero carácter.

Por otra parte, una duda persistente comenzó a rondar su mente: ¿por qué demonios todos la llamaban "Aubrey", y a los hermanos "Kel" y "Hero", pero a Sunny lo conocían como "Omori"? No tenía sentido que él fuera el único con un nombre falso. Dejando a un lado el misterio, apretó a Mr. Plantegg contra su pecho en un intento por apaciguar la ansiedad que la carcomía. Dios, realmente había extrañado a ese peluche. A pesar de los años transcurridos y de lo mucho que había cambiado, en su fuero interno atesoraba ese viejo juguete como el último puente hacia su inocencia. Aunque solo fuera una ilusión de su cerebro dormido, se sintió genuinamente agradecida de tenerlo de vuelta entre sus brazos.

Al terminar de atravesar la espesura del bosque, el entorno dio un giro radical.

"¡Oh, hola a todos! ¡Qué alegría verlos!", exclamó una voz dulce y contagiosa. Sobre una manta de picnic desplegada en el suelo descansaba una joven de tonos pastel morados... una figura que Aubrey reconoció de inmediato.

Mari.

La mente de Aubrey le recordaba a gritos que aquello no era más que una fantasía de su cerebro, pero la lógica se desvaneció al instante. Frente a sus ojos estaba su mayor modelo a seguir y la hermana mayor que la vida le había negado... la misma persona a la que vio descender a la tierra en un ataúd años atrás. Saber que no era real no evitó que el corazón se le saliera del pecho; era lo más cerca que estaría de ella otra vez.

Con pasos temblorosos, Aubrey avanzó en trance hasta quedar a escasos centímetros de la joven.

"¿Aubrey? ¿Ocurre al—?" Empezó a decir Mari, pero sus palabras quedaron ahogadas cuando Aubrey se arrojó a sus brazos, escondiendo el rostro en su pecho mientras rompió en un llanto descontrolado. Mari se quedó helada por la sorpresa. "¿Aubrey...? ¿estás bien?"

Alzando la mirada con las mejillas empapadas en lágrimas, Aubrey negó con la cabeza entre sollozos. "Sí... todo está bien, es solo que... te extrañé muchísimo" Articularía con la voz completamente rota, experimentando un destello de calidez y felicidad pura que creía extinta en su vida.

"Jejeje... Pero ¿de qué estás hablando, tontita? Si nos vimos hace apenas unos días... Aunque, viéndolo bien, no eres la única extraña hoy" Diría Mari, consolando a Aubrey con tiernas palmaditas en la espalda mientras dirigía una mirada desconcertada hacia los hermanos. "¿Ocurre algo malo entre ustedes?"

"O-oh... no, para nada... Yo, este, jeje..." Respondería Hero, desviando la mirada a toda prisa mientras se esforzaba por tragar el nudo de emoción en su garganta y recuperar la compostura.

"Eeeeeeh... ¡sí, todo perfecto por aquí, jeje!" Intervino Kel, soltando una risa torpe y nerviosa mientras intentaba en vano disimular el desconcierto en su rostro.

"Claroooooo... Se los voy a pretender creer" Diría Mari con una sonrisa dulce y comprensiva. "En fin... ¿les apetece acompañarme en un picnic?".

"Eeeeeh... ¡Por supuesto que sí, Mari! ¿Cómo nos lo íbamos a perder?" Diría Kel lanzándose de inmediato sobre la manta. Hero no tardó en imitarlo, tomándose un respiro al lado de su hermano, mientras Omori se acomodaba en silencio junto a ellos.

"¡Oh, pero si es Omori! ¿Cómo se encuentra el hermanito más lindo del mundo?" Preguntaría Mari con una dulzura radiante. El muchacho pálido se limitó a alzar el pulgar en respuesta, gesto que Mari celebró con una pequeña y afectuosa risotada.

Aubrey observaba la interacción arrugando el entrecejo con franca sospecha. Aquella escena confirmaba sin lugar a dudas que ese chico monocromático ocupaba el lugar de Sunny en esa fantasía. No obstante, le resultaba profundamente chocante que Mari pasara por alto su silencio absoluto. Por más introvertido que fuera el Sunny real, jamás se habría comportado como una marioneta sin voz frente a su hermana mayor. En el mundo real, Mari habría sido la primera en insistir hasta sacarle unas palabras... pero en este lugar, todo parecía un guion precalculado. Aubrey sacudió la cabeza con fastidio; al final del día, perder el tiempo buscando lógica dentro de un sueño era un ejercicio inútil.

"Bueno, ¿y qué tenemos de menú para hoy?" Preguntaría Aubrey con cierta expectación, buscando una excusa para dejar de pensar tanto.

"Bueno... en realidad quería pedirles un favor", respondería Mari, borrando su amplia sonrisa para dar paso a una expresión sombría.

"¿Ocurre algo malo, Mari?" Cuestionaría Hero al instante, enderezándose sobre la manta, preocupado por la repentina seriedad de la chica.

"Es sobre Basil... No se ha aparecido en todo el día" Reveló Mari en un susurro.

"Eeeeeh, ¿y eso qué tiene de raro?", preguntaría Kel encogiéndose de hombros.

"Es que él siempre pasa por aquí antes que nada para saludarme y esperar conmigo a que ustedes lleguen..." Explicó Mari, dejando entrever una profunda incertidumbre. "Como no venía, fui directamente a su casa a buscarlo. Pero cuando llamé a la puerta, solo la entreabrió un segundo, me miró y me la cerró en la cara... así, sin decir una sola palabra".

Al escuchar aquello, la rabia de Aubrey estalló por dentro. Por supuesto... Basil. Ese cobarde miserable tenía que hacer su aparición estelar en sus sueños para comportarse como un completo idiota, y para colmo, haciéndole un feo a Mari. Si fuera por ella, dejaría que ese tipo se pudriera en su casa sin mover un solo dedo. No obstante, un detalle la hizo frenar su indignación de golpe: Omori.

Al girarse a verlo, descubrió que la frialdad monocromática del chico se había agrietado. En su rostro se reflejaba un desconcierto puro, un pánico silencioso... La clara expresión de alguien que sabe que las piezas de la historia se están saliendo por completo del libreto.

"En fin... como les decía, ¿creen que podrían ayudarme a convencerlo de salir? Digo... es obvio que a mí no me quiere abrir la puerta, así que..." Diría Mari, rascándose la mejilla con cierta incomodidad.

"¡Cuenta con eso! ¡Faltaría más, Mari!" Respondería Hero al instante, alzándose con determinación.

"¡Lo que pidas, Mari! ¡Iremos a sacarlo de su cueva!" Contestaría Kel regalándole una amplia sonrisa.

"¡Qué amables! Aunque... ¿tú qué opinas, Aubrey?" Preguntaría Mari, inclinando la cabeza hacia la niña.

Aubrey se descolocó por un segundo. Una tormenta de emociones opuestas rugió en su pecho: por un lado, la rabia la consumía; odiaba a Basil con cada fibra de su ser y le parecía insoportable que tuviera la audacia de tratar así a Mari. Pero, por el otro... jamás, ni en esta vida ni en mil sueños, sería capaz de decirle que no a Mari.

"Eeeeeh... claro que sí, Mari. Cuenta conmigo" Respondería Aubrey con un tono bastante apagado, pero rendida ante la mirada de su figura.

"¡Excelente! En ese caso, adelántense ustedes" Sugirió Mari con su habitual dulzura y seguridad. "Conozco un atajo por el bosque y estoy segura de que llegaré primero. ¡Mucha suerte, chicos!"

Mari se despediría mientras tomaba camino hacia la parte inferior del parque infantil donde estaban... De hecho, Aubrey por sí sola notó que el lugar se parecía bastante al parque de Faraway. Incluso observó que algunos niños le recordaban a su grupo de los Hooligans, sobre todo esa chica dinosaurio con lentes y ese gigante azul con caramelos en la espalda; definitivamente eran reminiscentes a Kim y Vance.

Aunque Aubrey esperaba encontrarse con Faraway al bajar, en realidad solo se topó con más bosque.

"Eeeeeeh, okey, bien... Esteeeee... ¿alguno sabe cómo llegar a la casa de Basil?" Preguntaría Hero, ciertamente desorientado.

"Sí... Tampoco reconozco algún lugar de aquí", respondería Kel, estando igual de perdido.

Aubrey notaría rápidamente que Omori los estaría mirando con una cara de franca confusión, para luego simplemente negar con la cabeza y seguir adelante.

"¿Eh? ¿A dónde vas, Omori?" Cuestionó Kel, extrañado por la prisa del muchacho, quien solo agitó la mano haciéndoles una clara seña para que no se quedaran atrás.

"Creo... que quiere que lo sigamos" Diría Aubrey un tanto confundida, comenzando a caminar tras Omori mientras los hermanos los seguían de cerca.

Conforme avanzaban, el paisaje comenzó a transformarse. El sendero que conducía a la casa de Basil estaba flanqueado por coloridas y bien cuidadas parcelas de flores, destacando de inmediato dos especies: los lirios del valle y los radiantes girasoles.

Un pinchazo de nostalgia amarga atravesó el pecho de Aubrey. Recordaba con perfecta claridad la afición de Basil por asociar a cada miembro del grupo con una flor. Decía que los lirios del valle eran el retrato vivo de Mari, pues su sola presencia ayudaba a los demás a encontrar paz y a ver un mundo mejor. Por otro lado, aseguraba que los girasoles lo definían a él, siempre erguidos buscando la luz y el lado positivo de las cosas. Mirar esas plantas en este mundo de fantasía se sentía como una burla cruel frente al dolor del presente.

Sus cavilaciones se vieron interrumpidas de golpe por un grito de desconcierto.

"¿Eh? ¿Pero qué demonios se supone que es esa cosa?" Cuestionó Kel señalando hacia el frente. A unos cuantos metros, una criatura de color café con forma de lágrima, dos patas pequeñas y una hoja brotándole del centro de la cabeza estaba pisando unas flores frente de ellos.

"Eeeeeeh... no sabría decirte. Se parece un poco a un topo... creo" Ensayó Hero, analizando al extraño ser con evidente confusión.

"¿Un topo? ¿En serio, Hero?" Reclamó Aubrey, mirándolo como si hubiese perdido el juicio.

"¡Bueno, no me presiones! ¡Fue la única tontería que se me ocurrió!" Se defendió Hero agitando las manos.

"De acuerdo, da igual. Lo mejor será rodear a esa cosa en silencio y—" Intentó proponer Kel, pero sus palabras llegaron tarde: el pequeño brote reaccionó a su voz y giró bruscamente hacia ellos. "...Uy".

"Tenías que abrir la bocota..." Masculló Aubrey con fastidio, apretando a Mr. Plantegg mientras se preparaba para lo inevitable.

La extraña criatura arremetió contra el grupo a una velocidad sorprendente. La indecisión paralizó a los chicos por un instante.

"¡¿Y ahora qué se supone que hagamos?!", exclamó Kel agitando las manos.

"¡Mantengan la calma! ¡Seguro que no es peligroso! Piensen un poco, es apenas del tamaño de un—" Hero ni siquiera pudo terminar su razonamiento. El topo se impulsó con fuerza y le propinó un brutal impacto en pleno rostro, haciendo que saliera volando un par de metros hasta caer de espaldas en la hierba.

"¡HERO!" Gritaron Aubrey y Kel al unísono, abalanzándose sobre él para ayudarlo.

"Ugh... Siento como si me hubiera atropellado una roca..." Masculló Hero aturdido, llevándose una mano a la mejilla mientras luchaba por ponerse de pie.

El topo no dio tregua y volvió a impulsarse para rematar a Hero. Sin embargo, Omori intervino a tiempo, interponiéndose en la trayectoria del monstruo y asestando un tajo impecable que mandó al enemigo a rodar por la hierba.

"¡Eso es! ¡Buen trabajo, Omori! ¡Vaya... ¿corte?" Celebró Kel, frenando su entusiasmo al notar la hoja afilada que brillaba en la mano de su amigo.

Aubrey parpadeó con franca extrañeza. Este mundo pastel parecía sacado de un cuento para niños, por lo que ver a un Sunny monocromático armado con un cuchillo de cocina desencajaba por completo... Aunque, si era honesta consigo misma, debía admitir que el movimiento le había parecido bastante genial.

"Eeeeeh... ¡sí, genial estocada, Omori!" Exclamó Aubrey tratando de disimular su asombro. Omori giró lentamente la cabeza hacia ella y le dedicó un frío pulgar arriba. No obstante, la criatura marrón se recuperó en un pestañeo y arremetió de nuevo, propinándole un seco cabezazo a Omori en las costillas.

Kel amagó con abalanzarse al rescate, pero Hero lo sujetó del hombro a tiempo.

"¡¿A dónde vas?!" Recriminó Hero tenso.

"¡A ayudar a Omori, duuuh!" Protestó Kel forcejeando.

"¡¿Con qué se supone que lo ayudes si estamos con las manos vacías?!" Intervino Aubrey alzando la voz.

"¡Está bien, está bien! ¡Revisemos los bolsillos, rápido!" Sugirió Kel en pleno pánico.

Los dos hermanos comenzaron a hurgar desesperadamente en sus pantalones. Tras un segundo de búsqueda, Kel extrajo triunfalmente... una simple pelota de goma, mientras que Hero sacó una espátula de cocina. Ninguno de los dos objetos prometía causar gran daño. Aubrey presenció el despliegue con una mezcla de vergüenza ajena y frustración, consciente de que ella ni siquiera tenía bolsillos, ya que al final del día tenía solo un camisón.

"Eeeeeeh... Vale, ¡¿y ahora qué demonios se supone que hagamos con esto?!" Preguntó Kel al borde del pánico.

"¡No me pidas respuestas a mí! ¡Solo improvisa con lo que tengas!" Le ordenó Hero, presa del mismo frenesí al percatarse de lo absurdo de su inventario.

Sin pensarlo dos veces, Kel armó el brazo y arrojó la pelota de goma con todas sus fuerzas. El proyectil atravesó el aire e impactó de lleno en la cabeza del topo justo en el milisegundo en que este se abalanzaba sobre Omori. Para sorpresa de todos, tras dejar aturdido al enemigo, el juguete rebotó de vuelta y encajó limpiamente en la palma de Kel como si estuviera atado a un hilo invisible.

"Vaya... eso estuvo increíble..." Murmuró Kel, sorprendido de su propia destreza. Pero la criatura no tardó en sacudirse el golpe y arremeter directo hacia él en una clara maniobra de venganza. Kel se preparó para el impacto, pero antes de que el pequeño monstruo pudiera alcanzarlo, un espatulazo fulminante le cruzó el rostro, enviándolo rodando por el pasto.

"¡A mi hermano no lo toca nadie!" Sentenció Hero con absoluta firmeza, empuñando su utensilio de cocina como si se tratara de una raqueta de tenis profesional.

Omori se sumó de inmediato a la refriega para apoyar a los hermanos, mientras Aubrey contemplaba la escena con una mezcla de incredulidad y diversión. Todo era surrealista: Kel causando estragos con una pelota de goma y Hero manejando una espátula de cocina con la destreza de un esgrimista profesional. A pesar de lo ridículo de la situación, había una innegable chispa de diversión infantil en ese caos que le resultaba extrañamente nostálgica.

La diversión se esfumó en un parpadeo. En un giro inesperado del combate, el topo embistió con furia desmedida, derribando a Kel y a Hero a la vez. El monstruo giró lentamente, clavando su mirada hostil en Aubrey. Ella se quedó paralizada, el pánico le impidió reaccionar al darse cuenta de que estaba indefensa sin su bate con clavos. Antes de que pudiera asimilar el inminente impacto, una silueta monocromática apareció frente a ella, interponiéndose en la trayectoria del ataque. Omori recibió la embestida de lleno y salió despedido violentamente por la hierba.

"¡Omori!" Gritó Aubrey, con el corazón en la garganta al presenciar el brutal golpe crítico que había sufrido el chico. El topo, lejos de detenerse y oliendo la victoria, tomó carrerilla para asestar el golpe de gracia al muchacho caído.

Pero no llegó a su destino.

"¡Eh! ¡Tú, pedazo de mugre!" Bramó Aubrey con una furia desconocida. En un movimiento instintivo cargado de rabia y adrenalina, descargó un golpe demoledor sobre la criatura usando a Mr. Plantegg. El impacto fue tan brutal que el topo salió disparado como un proyectil, quedando completamente noqueado a varios metros de distancia.

Apenas cayó la criatura, Aubrey corrió al lado de Omori y le ofreció la mano con prisa.

"¿Te encuentras bien? No te lastimó mucho, ¿verdad?", preguntó examinándolo con genuina angustia, asegurándose de que la figura monocromática no estuviera gravemente herida.

Omori sujetó la mano de Aubrey con firmeza y se impulsó hacia arriba. Una vez erguido, le dedicó un silencioso pulgar en alto como respuesta. Aubrey dejó escapar un largo suspiro, dibujando una leve sonrisa de alivio en su rostro.

"Cielos... eso sí que no me lo esperaba. Toda esta situación es... demasiado rara", comentó Kel frotándose la nuca aún desconcertado.

"En fin... de nada sirve darle vueltas", intervino Hero limpiándose el polvo del pantalón. "Lo más prudente es continuar hacia la casa de Basil antes de que sea más tarde. ¿Podrías guiarnos, Omori?".

El muchacho pálido asintió sin dudarlo un segundo y volvió a tomar el liderazgo del grupo.

"Uff... solo espero que esa haya sido la única sabandija en todo el camino", musitó Aubrey con hastío, apretando el paso junto a los demás.

Lamentablemente, el universo no pareció escuchar sus plegarias. En el trayecto restante tuvieron que verse las caras con un par de topos más. Para su buena suerte, la curva de aprendizaje fue rápida y lograron despacharlos sin sufrir mayores daños. Aun así, tras el último combate, Aubrey no pudo evitar apretar el estómago de Mr. Plantegg con sospecha, revisando la costura para asegurarse de que no le hubieran metido un ladrillo dentro, pues le resultaba completamente surrealista la fuerza bruta que podía desatar con un simple juguete de felpa.

Al margen del combate, Aubrey no pudo evitar fijarse en la vegetación que los rodeaba. De pronto cayó en la cuenta: este rincón era la encarnación perfecta del jardín soñado de Basil. A pesar del profundo odio que le guardaba, tuvo que admitir a regañadientes que el ambiente transmitía una serenidad casi mágica. El sentimiento se volvió aún más denso al recordar la simbología que el chico le atribuía a cada miembro de la pandilla.

Las rosas para Hero, asociando la perfección y elegancia de sus pétalos con la devoción y madurez del hermano mayor.

El cactus para Kel, con Basil bromeando con ternura sobre cómo solo una planta tan resistente a condiciones extremas podría sobrevivir bajo los desastrosos cuidados de Kel.

Los tulipanes blancos para Sunny, una flor humilde y delicada que retrataba a la perfección su naturaleza reservada, modesta y sin pretensiones.

Y, por último, los gladiolos... Basil siempre sostuvo que esa flor era el espejo de Aubrey, la marca de una persona de principios inquebrantables y un corazón ferozmente leal. Un nudo se le formó en la garganta. Aubrey apretó los dientes ante el recuerdo; podía despreciar al Basil del presente tanto como quisiera, pero no podía negar que el pequeño fotógrafo de aquel entonces fue lo bastante observador para notar su naturaleza junto a Sunny.

Tras dejar atrás el laberinto de flores, el grupo por fin divisó el final del sendero. Allí, aguardándolos bajo la sombra, estaba Mari desplegando su clásica manta de picnic.

"¡Hola, chicos! ¡Llegan en el momento perfecto!" Saludó Mari radiante.

"¡Mari! Pero... ¿cómo es posible que estés aquí antes que nosotros?" Preguntó Hero, pestañeando atónito.

"Eeeeeeh, Hero... ¿ya se te olvidó que nos dijo literal que conocía un atajo?" Recriminó Kel, ladeando la cabeza con incredulidad.

"Ah, cierto... jeje, se me había ido por completo la onda" Se justificó Hero, rascándose la nuca con vergüenza.

"Hay momentos en los que de verdad se nota que son hermanos..." Murmuró Aubrey con sequedad, rodando los ojos. Solía olvidar que, debajo de esa fachada de chico perfecto, Hero podía llegar a ser tan despistado como Kel.

El grupo se acomodó sobre la manta para disfrutar de las frutas frescas que Mari llevaba en su canasta, sintiendo cómo el cansancio de las batallas desaparecía.

"A veeeeeer, Mari... ¿de verdad había un atajo por el bosque?" Insistió Kel mientras le daba una gran mordida a una manzana.

"Por supuesto. ¿Por qué lo dudas?" Respondió ella con calma.

"Bueno... si sabías por dónde cortar camino, ¿por qué no nos llevaste contigo?" Cuestionó Kel alzando una ceja.

"Para ser sincera, es un sendero un poco peligroso. Me topé con un topo de brote en el camino y casi terminamos a los golpes" Explicó Mari con absoluta naturalidad.

"¿Un topo? ¿Como esas cosas enanas con las que nos peleamos hace un rato?" Indagó Hero.

"Algo así, solo que este era bastante más grande y con cara de viejito. Pero no pasó a mayores, logré convencerlo ofreciéndole un poco de tofu. Jejeje, ese truco nunca falla" Concluyó Mari regalándoles una cálida sonrisa.

"Esas cosas son una auténtica molestia..." Refunfuñó Aubrey con evidente irritación mientras pelaba y comía un plátano.

"Te entiendo perfectamente... aunque, para ser honestos, los topos de brote no destacan precisamente por su gran inteligencia" Comentó Mari divertidamente.

Una vez recargadas las energías y terminado el picnic, la pandilla retomó el recorrido hasta desembocar en un claro circular rodeado de vegetación. En el centro, alzándose entre los árboles, se erigía una estructura con una escalera de mano que conducía hacia una entrada superior.

"Mmmmmph... ¿De verdad creen que Basil esté metido ahí arriba?" Preguntó Kel ladeando la cabeza con curiosidad.

"Bueno, si la intuición de Omori no falla, este debería ser el sitio, ¿correcto?" Intervino Hero buscando la confirmación del chico monocromático, quien respondió al instante alzando el pulgar con decisión.

"Sí, sí, lo que digan... acabemos con esto de una vez" Refunfuñó Aubrey con una mezcla de fastidio y resignación al encabezar la entrada al recinto. La chica no guardaba grandes expectativas sobre el hogar de Basil, pero la sorpresa la dejó sin palabras al descubrir que la residencia de su ex-amigo no era otra cosa que un colosal zapato de bota.

"¡Vaya! ¿Basil vive dentro de un zapato gigante? Rayos... no me gustaría oler al dueño original de ese pie" Comentó Kel con los ojos abiertos de par en par, echando mano del humor para procesar semejante extravagancia.

"Bien, creo que lo que sigue no tiene mucho misterio" Señaló Hero avanzando por el porche. Llamó a la puerta con firmeza y todos se quedaron aguardando... Un silencio incómodo se prolongó por más de cinco minutos.

"Pfff... Olvídenlo, mejor nos vamos" Sentenció Aubrey girando sobre sus talones dispuesta a dar la marcha atrás... pero la voz de Kel la frenó en seco.

"¡Eh, oye! ¡¿Cuál es tu problema?! ¡Mari nos pidió el favor de venir a buscar a Basil!" Reclamó Kel, frunciendo el ceño con evidente molestia.

"Mari preguntó si podíamos ver si quería salir, no que le rogáramos a un cobarde. Si ese idiota quiere pudrirse encerrado en su cueva, no es nuestro asunto" Le soltó Aubrey con una frialdad cortante.

"Aubrey, le dimos nuestra palabra a Mari" La intervino Hero con tono firme y maduro, clavándole una mirada de reprimenda. "No han pasado ni diez minutos. ¿En serio vas a tomar esa actitud solo por esperar un poco?"

"Simplemente le decimos a Mari que Basil no quiso abrir y listo. No entiendo por qué hacen tanto dram—" Intentó protestar Aubrey, pero las palabras se le atragantaron cuando la perilla giró y la puerta se abrió de par en par.

"Eeeeeh... ¿c-chicos? ¿Qué hacen aquí?" Balbuceó Basil con la voz temblorosa, asomándose con timidez.

La bilis se le subió a la garganta a Aubrey. Sinceramente no estaba preparada para reencontrarse con él, y menos para soportar esa aura de timidez que tanto la sacaba de quicio. Aun así, sus ojos no pudieron evitar analizar la figura del chico: lucía prácticamente igual al Basil de doce años que recordaba, aunque envuelto en el filtro de este sueño. Tenía la piel pálida y ese sutil trazo pastel alrededor, pero su cabello brillaba en un tono verde turquesa en lugar del violeta del grupo. Llevaba su modesto overol de jardinero, su corona de flores tejida y... fuertemente abrazado contra su pecho, el Álbum de fotos.

¡¿El Álbum de fotos?!

"¡Vaya! ¿Ese es el Álbum de fotos?" Preguntó Kel abriendo los ojos con sorpresa.

"Ah... s-sí. Precisamente estaba hojeándolo hace un momento y... me ayuda a sentirme en paz" Murmuró Basil, esbozando una sonrisa tímida mientras intentaba disimular su nerviosismo.

"¡Qué genial! Jeje, apuesto a que a todos nos encantaría echarle un vistazo, ¿a que sí, Aubrey?" Comentó Kel alegremente, dándole un codazo amistoso en el brazo. Al no recibir respuesta, giró la cabeza y descubrió la expresión desencajada de su amiga. "...¿Aubrey?".

La vista de Aubrey se nubló por completo. La ira le ardió en las venas. Ese infeliz... ese traidor tenía de nuevo entre sus manos la única cosa que a ella le había llevado años intentar reparar y proteger. Daba igual si esto era una ilusión o un sueño descabellado: la rabia real no entendía de fantasías. Con un rugido de pura furia, Aubrey se lanzó de cabeza contra Basil, derribándolo en un impacto frontal que tomó desprevenidos a Hero, a Kel e incluso al propio Omori.

"¡¿E-Eh?! ¡¿Aubrey, te volviste loca?! ¡¿Qué estás haciendo?!" Chilló Basil en pleno pánico, aferrándose al libro con todas sus fuerzas mientras forcejeaba contra los manotazos de la chica.

"¡¿Que estoy loca?! ¡¿Con qué derecho me hablas así, pedazo de engendro?!" Bramó Aubrey fuera de sí. Con un movimiento veloz, le asestó un seco puñetazo en la mejilla a Basil, haciéndolo trastabillar hacia atrás.

Antes de que pudiera volver a arremeter, Hero y Kel se interpusieron desesperadamente, rodeándole la cintura para frenarla.

"¡Aubrey! ¡¿Pero qué demonios te pasa?!" Le gritó Kel, forcejeando con todas sus fuerzas. Contenerla fue una tarea titánica dada la inexplicable potencia física que ella desplegaba, pero tras un intenso tirón consiguieron distanciarla del asustado chico... no sin antes ver cómo Aubrey le arrebataba el álbum de un manotazo.

"¡Aubrey! ¡¿Se puede saber por qué rayos golpeaste a Basil?!" La reprendió Hero con el rostro desencajado por la indignación y el shock.

"Uff... Dejen de gritarme. Lo van a entender todo justo... ¡ahora!", sentenció Aubrey, abriendo el álbum de golpe frente a la cara de los hermanos para exponer la traición.

Para su desconcierto, ni Hero ni Kel reaccionaron con espanto. Solo la miraban con profunda confusión y preocupación.

"¿Eh? ¿Por qué se me quedan viendo así? ¿Es que acaso no ven lo que—?".

El hilo de su voz se cortó. Aubrey volteó el libro hacia sus propios ojos para señalar la evidencia, pero las palabras se le congelaron en la garganta. La página lucía reluciente. Las fotografías de su infancia no tenían tachaduras, ni manchas de marcador negro, ni la más mínima imperfección. Todo estaba intacto, puro... impoluto.

"Ugh... ¿A-Aubrey? ¿P-por qué me pegaste? ¿Qué hice mal?" Musitó Basil al borde del llanto, encogiéndose de miedo mientras se sobaba la mejilla enrojecida.

"Yo... e-eh... esto..." Balbuceó Aubrey, sintiendo cómo se le enfriaba la sangre. Su cabeza era un caos absoluto. ¿Cómo podía el álbum estar impoluto? Si se suponía que este mundo venía de su propia mente, ¿por qué el sueño insistía en mostrar a Basil como una víctima pura y a ella como una matona desquiciada?

"¡Aubrey!" Resonó la voz de Mari justo a sus espaldas.

El grito la tomó tan desprevenida que dio un brinco del susto y se le resbaló el libro de las manos. El Álbum de fotos cayó torpemente de esquina, deshojándose al instante y haciendo que decenas de fotografías flotaran en el aire antes de esparcirse por todo el suelo.

"Escuché gritos desde allá abajo. ¿Se puede saber qué ocurrió?" Preguntó Mari entrando a la escena con una mirada seria y atenta.

"Yo... bueno... lo que pasó fue..." Balbuceó Aubrey, incapaz de articular una sola excusa convincente bajo la atenta mirada de Mari.

"¡Aubrey se le fue encima a Basil sin ninguna razón! ¡Se volvió loca!" La delató Kel agitando los brazos. Aubrey, por puro impulso, le asestó un seco puñetazo en el hombro. "¡Ay! ¡¿Ves?!".

"¡Cállate, idiota! ¡Eso no fue lo que—!" Intentó gritar Aubrey, pero una voz severa cortó el aire como un látigo.

"¡Aubrey! ¡Suficiente!", sentenció Mari con una dureza que heló el ambiente. La chica se quedó petrificada en el acto, cerrando la boca de golpe.

Hero, manteniendo la cabeza fría, se agachó para empezar a juntar las fotos desparramadas. "Mari, creo que es mejor que Kel, Omori y yo ayudemos a Basil a reorganizar el álbum y a tranquilizarse... Tú podrías hablar a solas con Aubrey para entender qué fue lo que ocurrió".

"Me parece una buena idea... Ejem" Suspiró Mari, cruzándose de brazos mientras fijaba sus ojos en la chica. "¡Aubergine! Tú y yo vamos a tener una conversación en la manta de picnic. Ahora".

A Aubrey se le hizo un nudo en el estómago. Sabía lo aterradora que podía llegar a ser Mari cuando perdía la paciencia (algo extremadamente raro en ella), y ser llamada por su nombre real en ese tono solo presagiaba una reprimenda monumental. Sin poder oponer resistencia, no le quedó más remedio que seguirla.

Antes de cruzar la salida del lugar, Aubrey echó una última mirada atrás. Omori permanecía inmóvil en el centro de la habitación, luciendo genuinamente desconcertado. Parecía incapaz de procesar el estallido de violencia, como si la agresividad fuera un concepto completamente ajeno a su mundo. Aubrey asumió que su temperamento lo había tomado por sorpresa, tal y como había ocurrido en otras ocasiones al verla perder el control.

"¡Aubrey! ¡Afuera, ahora!" Resonó la voz de Mari desde el umbral, sacándola bruscamente de su ensimismamiento.

El trayecto hasta la manta de picnic transcurrió en una quietud aplastante. El ambiente era sofocante. Buscando en el baúl de sus recuerdos, Aubrey no lograba hallar una sola ocasión en la que Mari la hubiera reprendido con severidad durante la niñez; lo más cercano a un regaño grave que había visto sería la tarde en que Kel derramó una lata de Orange Joe sobre la alfombra limpia de la casa Suzuki.

"Ejem... A ver, ¿me vas a explicar por qué le fuiste encima a Basil?" Soltó Mari al fin, cruzándose de brazos mientras la clavaba con una mirada inquisidora.

La garganta de Aubrey se secó. Estaba contra las cuerdas. Decir la verdad (que esto era una ilusión en su cabeza y que el Basil de la vida real había profanado sus recuerdos) sonaba como una locura que no sabía qué consecuencias traería para la lógica de este lugar. Tuvo que improvisar una vía de escape.

"Yo... bueno... es que anoche tuve una pesadilla horrible" Balbuceó Aubrey bajando la vista, sintiendo un nudo amargo en el pecho. "En el sueño, Basil le hacía algo imperdonable al álbum... Me desperté muy alterada y con esa idea metida en la cabeza... ¡De verdad se sentía tan real, Mari!".

Cada palabra sabía a ceniza. Mentirle a Mari era un veneno lento, un acto de cobardía que le carcomía el alma por dentro.

"De acuerdo... Aceptaré tu explicación sobre la pesadilla... Pero, Aubrey, dime la verdad: ¿de verdad estás bien?" Indagó Mari, inclinándose hacia ella con una mirada cargada de ternura y preocupación. "Desde que te vi hoy, te he sentido... extrañamente enojada".

"Eh... Bueno... Es que..." El aire se le escapó de los pulmones a Aubrey. No esperaba que Mari fuera capaz de leerla con tanta facilidad.

"Mira, Aubrey..." Continuó Mari suavemente, buscando sostenerle la mirada. "Sé que Hero y Kel también han actuado un poco extraño hoy, pero lo tuyo es diferente. Te noto a la defensiva, alterada... incluso violenta. Hasta llegué a oír cuando le dijiste a Kel que le ibas a romper la nariz... ¿Pasa algo malo? ¿Alguien te lastimó o hizo algo para hacerte sentir así?"

Aubrey permaneció inmóvil, sintiendo cómo el pulso se le aceleraba. La presencia de Mari era demasiado vívida, demasiado auténtica para ser una simple fantasía de su mente. Acorralada y sin un margen claro de maniobra, buscó una forma de desahogarse sin romper las reglas de este extraño mundo.

"Antes de que nos conociéramos... yo tenía un amigo" Comenzó a decir Aubrey, adoptando una voz pausada y melancólica. "Se llamaba... Sun. Éramos inseparables... Él siempre estaba ahí para escucharme, para acompañarme cuando las cosas se ponían difíciles..."

"Vaya... Entonceeees... ¿qué fue de él? ¿Sucedió algo malo?" Indagó Mari, inclinándose ligeramente con genuino interés.

"... Su hermana mayor falleció" Susurró Aubrey, apretando los puños con fuerza "Y tras eso... él me dejó sola. Se encerró entre cuatro paredes y jamás volvió a cruzar la puerta"

Un nudo amargo le oprimió la garganta. La mentira a medias le quemaba el pecho, no solo por haber distorsionado los hechos ante Mari, sino porque revivir el aislamiento de Sunny le abría una herida que creía extirpada.

"Cielos... Qué gran tragedia. Tuvo que haber sido un golpe devastador para ese muchacho", expresó Mari con la voz cargada de compasión.

Aubrey exhaló un largo suspiro. Había tenido que camuflar la historia para evitar que la ilusión se colapsara. Después de todo, pensaba para sus adentros, qué fácil era compadecerse del cobarde de Sunny, el chico que prefirió esconderse del mundo tras el suicidio de su hermana mientras los demás intentaban sobrevivir al duelo y—

De pronto, el hilo de sus pensamientos se cortó en seco.

Aubrey se quedó paralizada en su sitio. Una realización helada le recorrió la columna vertebral. Sunny... Fue Sunny quien vivió de cerca ese infierno. Él estuvo en esa casa esa trágica noche. Rememoró el funeral de Mari, la lluvia, el olor a tierra mojada y los sollozos de todos... Recordó cómo ella misma se ahogaba en lágrimas mientras miraba a Sunny a lo lejos. Él no lloraba; su rostro era una máscara pálida, vacía, desprovista de cualquier chispa de vida. En aquel entonces, en su inmadurez y dolor, Aubrey creyó que a Sunny simplemente dejó de importarle.

Pero ahora, viéndolo con los ojos del presente, lo comprendió: a ella la muerte de Mari la había destrozado... pero a Sunny, su hermanito pequeño, ese suceso le había arrancado el alma por completo.

"... Aubrey... ¿te encuentras bien? ¿Dije algo que te hiciera daño?" Indagó Mari, frunciendo el ceño con profunda preocupación al ver cómo el rostro de la joven se desmoronaba.

"... ¿Tan egoísta he sido todo este tiempo? ¿En serio solo me he preocupado por mí misma?" Soltó Aubrey en un susurro ahogado, dejando que la voz se le rompiera por completo.

"Cielos, no digas eso... No creo que seas egoísta" Respondió Mari suavemente. Extendió la mano con infinita ternura para secarle las lágrimas que rodaban por sus mejillas. "Es comprensible que sientas todo este dolor... ese chico significaba muchísimo para ti, ¿verdad? Pero recuerda que no estás sola. Nos tienes a nosotros aquí contigo... Y quién sabe, a lo mejor... solo a lo mejor, un día él junta el valor para salir de esa casa y volverse a encontrar contigo".

"Sí... Supongo que tienes razón..." Murmuró Aubrey. Por primera vez en mucho tiempo, una pequeña y genuina sonrisa de paz se dibujó en sus labios, sintiendo cómo una calidez olvidada le aliviaba el peso en el pecho.

"Bueno, mi niña... Me parece que es momento de volver con el grupo y pedirle una disculpa a Basil. Así dejamos cualquier malentendido atrás, ¿sí?", sugirió Mari con una sonrisa cálida, ofreciéndole la mano para impulsarla a levantarse.

"Está bien... Hagámoslo", concedió Aubrey, sintiendo el pecho mucho más ligero. Pero justo cuando iban a dar el primer paso, las ramas de un arbusto cercano se agitaron y Omori emergió en silencio. "¿Omori?".

La chica parpadeó sorprendida. Sin decir mucho, el muchacho de tonos grises sostuvo a Mr. Plantegg frente a ella.

"Se te cayó adentro... Ten" Murmuró Omori con su tono pausado. Aubrey estiró las manos para recibir a su peluche, pero antes de poder agradecerle, Omori la rodeó con sus brazos en un abrazo breve pero firme. Al romper la cercanía, la miró fijamente y le dedicó un silencioso pulgar en alto. Una cálida sonrisa se dibujó de inmediato en los labios de Aubrey.

Tras dejar atrás el picnic de Mari, la pareja cruzó el umbral del calzado gigante. Sorprendentemente, la residencia de Basil resultaba hogareña y cálida: una chimenea crujía suavemente en una esquina, rodeada de macetas, una pequeña mesa y una cama arreglada. En el centro, Hero, Kel y Basil continuaban acomodando las fotografías caídas sobre el suelo.

"¡Ey! ¡Ya están de vuelta!", saludó Kel alzando la mano.

"Aja... Ya todo está aclarado. Y en cuanto a ti, Basil..." Aubrey avanzó hacia el chico, cuya postura se tensó al instante dominada por el pánico. Para su asombro, Aubrey se agachó y lo envolvió en un abrazo conciliador. "Perdóname por lo de hace un momento. Fui una completa torpe y no debí reaccionar así".

Para Aubrey, tragarze el orgullo y pedir perdón era una píldora amarga, sobre todo cargando con todo el dolor que el Basil real le había causado. Pero la lógica se imponía: este muchacho de sueño no tenía la culpa de nada.

"O-Oh... B-Bueno... G-Gracias, Aubrey... De verdad significa mucho que me digas eso", balbuceó Basil, esbozando una leve sonrisa mientras la voz le temblaba.

Aubrey exhaló una larga bocanada de aire. Si algo le sacaba de quicio del Basil del presente era precisamente esa aura frágil y balbuceante. No obstante, una duda cruzó su mente: ¿por qué este Basil se sentía tan... parecido al del mundo real? En sus recuerdos de la infancia, Basil era un niño dulce y atento, pero con cierta picardía e inocencia limpia, no esta figura permanentemente asustadiza. Sacudió la cabeza para ahuyentar las sospechas y se limitó a responderle con una inclinación de cabeza.

"Eeeeh... sí, lo que digas, Basil", murmuró Aubrey esbozando una sonrisa algo forzada para disimular la incomodidad. "¿Están tratando de reordenar el álbum?".

"¡Ah! Pues... sí, lo intentamos, aunque resulta bastante más complicado de lo que parece. Hay muchísimas fotos y... jeje, creo que puse esta al revés", admitió Hero con una risita nerviosa, señalando una página mal armada.

En silencio, Omori caminó hacia el centro del grupo y tomó el control de la situación. Con movimientos metódicos y precisos, fue colocando cada imagen en su ranura correspondiente. Aubrey observó el proceso con atención hasta que el libro estuvo completo. Omori dio un paso atrás, permitiendo que todos se inclinaran a ojearlo. A simple vista, era el mismo álbum que ella guardaba celosamente en la vida real... pero al fijarse con detalle, la ilusión mostraba sus costuras. Los textos escritos al pie de cada imagen distorsionaban los hechos: la foto donde ella aparecía comiendo rebanadas de sandía, por ejemplo, había sido despojada de todo contexto marino, borrando el viaje a la playa y reduciéndolo a un simple día de campo.

También notaba como no estaban los fotos del recital... aunque fuera de ello, era una copia casi idéntica.

Omori cerró el Álbum de fotos de un movimiento seco en cuanto notó que el grupo había terminado de revisarlo.

"No sé... Tengo la extraña sensación de que falta algo entre esas páginas" Comentó Kel ladeando la cabeza con incertidumbre.

"Bah, seguro solo son ideas tuyas, Kel. No le des más vueltas" Intervino Aubrey rápidamente, intentando sofocar el amago de duda que amenazaba con romper la calma.

"Tiene razón Aubrey. Mejor volvamos afuera con Mari y disfrutemos del día, ¿de acuerdo?" Sugirió Hero, regalándoles una sonrisa conciliadora.

"S-Sí... Por supuesto. Denme un segundo para acomodar esto y—" Murmuró Basil tomando el libro entre sus manos, pero justo en ese instante, una fotografía suelta se deslizó del borde y cayó boca arriba sobre el piso "¿Eh? Qué raro... ¿Acaso se nos pasó acomodar un-?".

El aliento se le congeló en los pulmones. Al agarrar y ver la foto, el color abandonó por completo el rostro de Basil. Su mirada se desorbitó, invadida por un horror primigenio y paralizante.

"E-Ehh... ¿Basil? ¿Te sientes bien? ¿Qué le pasa?" Indagó Hero, alarmado por el drástico cambio de actitud del chico.

Pero el verdadero terror recién comenzaba. Justo detrás de Basil, la realidad misma pareció rasgarse para dar paso a una densa masa de sombras retorcidas que se alzaba amenazante.

"¡Cielos! ¡¿Qué es esa porquería detrás de ti?!" Gritó Kel, dando un paso atrás instintivamente con la piel de gallina.

"L-Lo siento, chicos... P-Perdónenme por—" Sollozó Basil aterrado, pero su voz fue ahogada por la entidad oscura. La sombra lo envolvió en un torbellino helado, devorándolo en cuestión de segundos y apagando la luz de la habitación hasta arrastrarlos a todos a un abismo de absoluta penumbra.

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Aubrey abrió los ojos de golpe, incorporándose de la cama con el aliento atrapado en la garganta y la piel erizada por el horror residual de la sombra que devoró a Basil. Al mirar a su alrededor, el entorno familiar la trajo de vuelta a la realidad: seguía en su propia habitación.

"Cielos... Solo fue... una maldita pesadilla", suspiró Aubrey, pasándose las manos por el rostro mientras buscaba recuperar la compostura para ponerse de pie.

Caminó directamente hacia la mesa de noche donde reposaba el Álbum de fotos. Solía hojear sus páginas para aplacar la ansiedad antes de dormir... pero en esta ocasión, la nostalgia se transformó en un veneno amargo. La primera imagen de la página era Sunny sosteniendo el violín que le regalaron en Navidad.

Le vino a la mente el recuerdo de todo el grupo trabajando bajo el sol para juntar cada centavo necesario para esa sorpresa. Rememoró la tímida nota que Sunny sacó del instrumento y el clic instantáneo de la cámara de Basil inmortalizando sus sonrisas.

La charla con Mari en aquel prado de ensueño se le clavó en el alma. La culpa la devoraba por dentro al reconocer la desfachatez de sus pensamientos pasados. Mari era la propia hermana de Sunny... ¿Cómo pudo ser tan vil para creer que a él le daba igual su pérdida? ¿Por qué siempre dejaba que su propio despecho la cegara ante el sufrimiento de los demás?

Cerró el libro con delicadeza y volvió a acostarse, clavando la mirada en la pintura descascarada del techo. Una enorme interrogante la asaltaba: ¿qué se suponía que debía hacer ahora con este remordimiento hacia Sunny? No tenía idea de cómo dar el primer paso tras cuatro años de absoluto silencio. Quizás... lo más sensato era ir directamente a su puerta y exigir ver de frente a su viejo amigo. Entonces recordó un detalle crucial: semanas atrás, al cruzar por su cuadra, notó un cartel con la palabra "VENDIDO" incrustado en el césped de los Suzuki. El tiempo se le agotaba.

La decisión estaba tomada. Mañana iría a buscar a Sunny sin excusas e intentaría recuperar aunque fuera un fragmento del tiempo perdido. Solo necesitaba cerrar los ojos y esperar que la noche no le reservara más ilusiones perturbadoras.

Continuará...

Notes:

Bien si esto sale como planeo pues, venga... a ver si algún idiota de aquí saca sus conclusiones sobre si esta historia les gusto o fue tan mala para tirarse de un barranco.