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Fuera de cuadro

Chapter 2: Luz natural

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Jake había comprendido con los años que existían preguntas cuya respuesta correcta dependía menos de la verdad que de la persona que las formulara.

Cuando Jane preguntaba si había recordado comprar pañales, la verdad era sencilla. Si o no. En ocasiones, una explicación adicional sobre el tráfico, los horarios de la tienda o el sorprendente aumento del precio de los productos infantiles podría suavizar la segunda opción, pero no cambiaba la naturaleza de la respuesta.

Cuando preguntaba si algo le preocupaba, la situación se volvía más compleja.

Y cuando preguntaba que había ocurrido entre él y Dirk, mientras Dirk permanecía a pocos metros con la cámara entre las manos y su hija comenzaba a removerse contra su pecho, no existía una combinación de palabras que no amenazara con derribar algo.

—Éramos amigos—había dicho Dirk.

Jake sintió alivio antes de sentir cualquier otra cosa.

Fue algo mínimo. Una palabra reconocible, sencilla, incapaz de obligarlo a explicar por qué el fotógrafo de su familia sabia exactamente cuantos años había vivido con él o por qué ambos parecían haberse olvidado de respirar al encontrarse en el pasillo.

No era mentira lo que decía. Solo era… una porción cuidadosamente elegida de la verdad. Era exactamente lo que Jake habría dicho y quizá por eso sonaba tan cruel en la boca de Dirk.

—Éramos muy cercanos—añadió Jake.

La corrección no mejoró nada. Dirk no reaccionó. Jane tampoco, aunque sus ojos se movieron de uno hacia el otro, como si intentase determinar que parte de la charla había ocurrido sin ella.

La bebé comenzó a removerse nuevamente entre los brazos de Jake. Él genuinamente agradeció el movimiento con una intensidad vergonzosa. La levantó contra su hombro y le dio unas palmaditas suaves en la espalda.

—No sabía que habían sido tan cercanos—dijo Jane.

—Fue hace mucho tiempo—respondió Jake.

Habían pasado cinco años desde la ultima vez que vio a Dirk. Cinco años desde que recogió las ultimas cajas de un departamento que continúo pareciéndole silencioso durante meses. Cinco años eran suficientes para convertir una relación en algo anterior, lejano y, con un poco de esfuerzo, irrelevante para cualquier conversación presente. Sin embargo, Jake había invertido bastante esfuerzo.

—Podemos continuar—dijo Dirk.

Su voz recuperó el tono profesional que utilizaba desde que entró a la casa. El mismo que lo hacia parecer que aquello no le concernía realmente.

—Si ella necesita un momento, podemos esperar.

—Está bien—respondió Jake—. Solo quiere moverse.

—Jake—dijo Jane—, puedo sostenerla.

—La tengo.

Jane extendió las manos de todas formas. Jake dio un paso hacia atrás antes de pensarlo y luego, al darse cuenta, intentó convertir el movimiento en un balanceo para tranquilizar a la niña. La expresión de Jane cambio apenas.

—Estoy bien—repitió.

—No dije que no lo estuvieras.

—Lo sé.

La bebé le tiró el cuello de la camisa y enterró la cara bajo su barbilla. Jake se concentró en ella, por lo menos eso si sabía hacerlo.

Sabia reconocer cuando estaba cansada y cuando simplemente se había aburrido de permanecer en una posición. Sabia que los sonidos agudos la hacían reír, que no soportaba los calcetines y que, si la sostenía frente a una ventana, intentaría atrapar con ambas manos cada mota de polvo iluminada por el sol.

—Vamos, pequeña—murmuró— Te hemos concedido alimento, refugio y acceso casi ilimitado a objetos que no deberías llevarte a la boca. Podrías mostrar un poco de gratitud.

La niña solo emitió un balbuceo.

—Ese argumento tiene fallas importantes—dijo Dirk.

Jake lo miró.

La respuesta había salido demasiado rápido de su boca. Dirk pareció darse cuenta al mismo tiempo. Bajó la vista hacia su cámara y comenzó a girar uno de los anillos del objetivo.

Jane también lo había notado.

Jake conocía la forma en que ella apretaba ligeramente los labios cuando decidía guardar una pregunta para más tarde. Lamentable.

—Podemos seguir—dijo—. Probablemente se tranquilice si la dejan moverse un poco.

Dirk asintió.

—No necesito que mire a la cámara. A esta edad, las mejores fotografías suelen aparecer cuando todos dejan de intentar conseguirlas.

—Entonces elegimos al fotógrafo adecuado—respondió Jake

Jane sonrió apenas, solo un poco. Suficiente para Jake.

Las bromas servían para eso. No solucionaban nada, pero podían empujar una charla hacia un terreno menos peligroso y serio. Abrian una salida lateral. Jake English había pasado una buena parte de su vida construyendo salidas laterales.

—Acércate a la ventana—indicó Dirk.

Entonces cambio de posición y levantó la cámara. Había envejecido menos de lo que Jake había imaginado y más de lo que estaba preparado para ver. Llevaba el cabello algo más corto en los costados y una camisa negra con las mangas dobladas hasta los antebrazos. El reloj que tenia en la muñeca era nuevo.

No debería haberse resultado raro. Las personas compraban cosas nuevas. Cambiaban de ropa. Conocían gente. Formaban rutinas en espacios donde uno nunca había estado. Aun así, Jake sintió una incomodidad absurda ante la prueba de que Dirk había continuado existiendo sin su presencia.

—Un poco hacia la izquierda—dijo Dirk.

Jake se movió.

—Tu otra izquierda.

—Estaba comprobando si todavía prestabas atención.

—Que considerado.

Jane soltó una risa desde la cama. Dirk no sonrió, pero Jake vio como se movía apenas una esquina de su boca antes de ocultarse detrás de la cámara.

Conocía esa expresión.

Había pasado años coleccionando pequeñas victorias como aquella. La risa que Dirk intentaba contener, la forma en que apoyaba la cabeza en su hombro cuando creía que Jake ya estaba dormido.

Nunca había tenido problemas con nada de eso mientras permanecían solos. En privado, querer a Dirk había sido fácil.

No hubiera sido necesario analizarlo, justificarlo ni volverlo una declaración acerca de si mismo. Podía besarlo en la cocina, dormir con una pierna entrelazada con las suyas y hablar de mudarse juntos a una ciudad distinta. Dentro del departamento, las cosas simplemente existían.

El problema real comenzaba al otro lado de la puerta. Cuando otra persona hacia preguntas. Cuando alguien los miraba.

Novio siempre la había parecido demasiado juvenil. Pareja sonaba excesivamente serio, casi administrativo. Amante era ridículo. Bisexual era una palabra que parecía llegar acompañada por una conversación entera que Jake no quería tener.

No negaba estrictamente lo que sentía. Solo detestaba la idea de que un sentimiento tuviera que volverse una definición pública. O eso pensaba.

—Jake—dijo Jane.

Él parpadeó.

—¿Sí?

—Dirk te está hablando.

—No es necesario delatarme con tanta rapidez, querida.

—Te pidió que giraras un poco hacia la luz.

—Correcto. La luz. Naturalmente.

Dirk presionó el obturador varias veces. El sonido de la cámara comenzó a repetirse dentro de la habitación. Jake lo recordaba. No aquel modelo en particular, pero si la manera en que Dirk desaparecía detrás del visor y parecía volverse más tranquilo al reducir el mundo a un rectángulo.

Durante los primeros años de universidad fotografiaba cualquier cosa que permaneciera quieta el tiempo suficiente. Estaciones de tren, edificios abandonados, desconocidos fumando fuera de bares.

Y a Jake. Al principio había asegurado que era por conveniencia. Que necesitaba practicar retratos. Que la luz era buena. Que era porque Jake estaba disponible.

Siempre existía una explicación que había innecesario hablar de las verdaderas razones. Quizás por eso se habían entendido tan bien.

—Bajala un poco—indicó Dirk—. Quiero que se vean sus manos.

Jake deslizó a la niña hasta acomodarla frente a su pecho. Ella estiró los brazos hacia la cámara.

—No puedes quedártela—le advirtió—. Todavía no tienes ingresos.

Dirk bajó el aparato apenas un segundo y la comisura de su boca volvió a moverse. Jake, tontamente, sintió el impulso instantáneo de continuar hasta conseguir una sonrisa completa.

—Podríamos establecer un plan de pagos—añadió—. Tal vez veinte años sin intereses.

La expresión desapareció y Dirk simplemente levantó la cámara.

—Mírala a ella—la instrucción llegó con más firmeza de la necesaria.

Y eso hizo. La niña tenia una cantidad alarmante de cabello para alguien que consideraba los cepillos un ataque personal. Dos dientes inferiores habían comenzado a asomarse y transformaban su sonrisa en algo encantador.

Agarró la nariz de Jake.

—Eso está adherido a mi rostro—le informó.

Pero de todas formas ella tiró con más fuerza. La cámara sonó.

Jake levantó a la niña hasta que quedaron frente a frente. Ella soltó una risa corta, satisfecha con el resultado de su ataque. Así, durante varios minutos, el resto de la habitación perdió importancia.

Recordó entonces que, durante las primeras semanas apenas dormía porque estaba convencido de que algo dejaría de funcionar en el sistema de su criatura si apartaba la vista. Había llamado al pediatra por un estornudo, discutido durante más de media hora con las instrucciones del portabebés y llorado una noche en el suelo del baño porque su hija no dejaba de llorar y él era incapaz de entender que necesitaba.

Jane lo había encontrado allí. No se burló. No le dijo que era un exagerado. Se sentó frente a él, con la bebé finalmente dormida contra el pecho y esperó hasta que pudiera respirar sin temblar.

Aquello que tenían era real. No una actuación ni una historia constituida para esconder otra. La amaba cuando se quedaba dormida con un libro abierto sobre el pecho, cuando organizaba la semana en una tabla que él fingía considerar excesiva y cuando apoyaba los pies fríos contra sus piernas cada noche.

También… la llamaba su esposa sin pensarlo. Mi esposa organizó la sesión. Mi esposa trabaja en… Mi esposa y yo acabamos de tener una hija.

Nadie se iba a quedar mirándolo después. Nadie parecía revisar de pronto todos los otros gestos en busca de alguna señal. La palabra no volvía su vida privada en una declaración, no daba de que preguntar y no obligaba a nadie a modificar la idea que ya tenía de él.

Era simple y cómodo. Jake apartó el pensamiento antes de que terminase de tomar más forma. Que amar a Jane fuera más sencillo de explicar no significaba que la amara por esa razón.

—Está babeando—dijo ella.

Jake volvió al presente y vio una mancha oscura se extendía sobre el hombro de su camisa.

—Es una crítica sobre mi vestuario.

—Te dije que usaras la otra.

—La otra no era radicalmente diferente.

Jane se acercó con un paño, limpio directamente la barbilla de la bebé y después la humedad de su camisa.

Dirk bajó la cámara. Jake alcanzó a ver un cambio en su expresión antes de que girara hacia la ventana. No tenia derecho a sentirse culpable por eso.

No había construido su matrimonio para herir a Dirk. No se había despertado una mañana y decidido darle a otra persona todas las cosas que le había negado. Las circunstancias habían sido distintas. Él había sido distinto.

Con Jane, las cosas simplemente habían ocurrido de una forma más natural. Una cita se convirtió en varias. Ella conoció a otros de sus amigos sin que fuera necesario organizar una charla previa. Cuando comenzaron a vivir juntos, nadie preguntó nada. Cuando se comprometieron, todos parecieron comprender exactamente que debían decir.

—Listo—dijo Jane.

—Rescatado una vez más gracias a tu intervención.

—No quiero que nuestras fotografías familiares documenten tu incapacidad para utilizar un paño.

—Sería un retrato honesto.

—Pedimos algo natural, no devastador.

Dirk levantó la cámara.

—Quédense así.

Jane se detuvo junto a Jake.

—¿Así?

—Si. No miren hacia acá.

La cámara capturó el instante.

Aquello era lo que se suponía debía ocurrir. Dirk tomaría las fotografías. Jane elegiría cuales imprimir. Su hija crecería y algún día vería esas imágenes sin saber que durante la sesión sus padres habían estado a pocos metros de una parte de la vida de Jake que él nunca había considerado necesario explicar.

Tampoco era una mentira. Una persona no estaba obligada a enumerar cada relación pasada al casarse. Jane sabia lo importante. Sabia que había vivido con Dirk. Bueno, ahora lo sabía. Sabía que habían sido amigos.

Habían sido amigos.

También habían sido otras cosas, por supuesto, pero los detalles íntimos no eran relevantes para el matrimonio. Decirlo en ese momento solo conseguiría herirla y humillar a Dirk frente a una desconocida.

Estaba siendo considerado.

—Perfecto—dijo Dirk.

Jake se apartó de Jane antes de lo necesario. Ella lo miró.

—¿Qué?

—Nada.

—Esa ha sido una respuesta muy rápida.

—Soy un hombre eficiente.

—Desde cuándo.

Dirk bajó la cámara.

—Quiero hacer algunas fotografías de Jane sola con la bebé.

—Claro—respondió Jake—. Aprovecharé la oportunidad para recuperar la circulación de mis brazos.

Jane recibió a la niña y se sentó sobre la manta extendida en el suelo. Dirk comenzó a indicarle como acomodarse.

Jake se retiró hacia la mecedora, quedo de pie a su lado. Guardó las manos en los bolsillos, las sacó y terminó cruzando los brazos.

Dirk se desplazaba alrededor de ambas con una seguridad que Jake no recordaba haber visto en él cuando eran más jóvenes. Entonces era competente, por supuesto, Dirk siempre encontraba la forma de aparentar que sabía exactamente que hacía, incluso cuando no.

Se notaba que eso era su vida. Preguntarle hubiese sido demostrar interés. Y mostrar interés lo hubiera obligado a explicar por qué necesitaba saber.

La cámara sonó.

—Tienes buen ojo—comentó Jake.

—Es útil en este trabajo—Dirk no dejó de fotografiar.

—Quise decir que claramente te va bien.

—Me va bien.

—Roxy mencionó una exposición.

Ahora si bajó la cámara. Jake sintió la mirada de Jane antes de verla.

—¿Una exposición? —preguntó ella.

—Documental—respondió Dirk.

—No sabia que hacías ese tipo de fotografías.

—Es lo que prefiero hacer.

—Siempre lo prefirió—dijo Jake.

La habitación quedó en silencio. Dirk lo miró.

Jane continuaba sentada sobre la manta, con la bebé en las piernas. Atenta.

—Supongo que lo sabes porque eran amigos—dijo.

—Si. Dirk fotografiaba cualquier cosa que no huyera lo suficientemente rápido—Jake sintió que la palabra se cerraba a su alrededor.

—Tú solías huir—dijo Dirk.

—Nunca lo bastante rápido—Jake sonrió por reflejo.

La respuesta quedó entre ellos con un peso que no pensaron que tendría. Dirk apartó la mirada primero y Jane bajó la vista hacia su hija.

—¿Cuánto tiempo vivieron juntos?

—Un tiempo—Jake sintió que el suelo se volvía ligeramente menos estable.

—Cuatro años—respondió Dirk.

—¿Cuatro? —Jane levantó la cabeza.

—Mas o menos—añadió Jake—. Dependiendo de cómo se cuente.

—¿Cómo más podría contarse?

—Hubo un verano en que estuve casi tres meses fuera.

—Dos meses y once días—corrigió Dirk.

Jake lo miró, pero él fingía concentrarse en limpiar el objetivo con un paño.

—Parece que ambos lo recuerdan bastante bien—Jane observó a uno y luego al otro.

—Dirk es… bueno para recordar fechas—dijo Jake rápidamente—. Es una habilidad inquietante. Probablemente podría decirte el día en que se compró esa cámara.

—El doce de marzo.

—Ahí lo tienes.

Jano no sonrió.

La bebé comenzó a golpear ambas manos contra sus piernas, y se acomodó para gatear sobre la manta. Jane se puso de pie y alisó su falda.

—Voy a buscarle la cinta. Tal vez podamos conseguir una fotografía antes de que vuelva a quitársela.

—Podemos vivir sin la cinta.

—La compré para esto.

—Entonces nuestra hija debe respetar tu inversión.

Jane salió de la habitación. Y entonces Jake tomó a la bebé para llevarla hasta el cambiador. Coloco una mano sobre su vientre antes de buscar el pañal con la otra. Había repetido el proceso tantas veces que era mecánico.

Para su desgracia, Dirk permaneció allí. Jake podía sentirlo detrás de él, guardando algo en el bolso de la cámara.

Jake terminó de cambiarla, cerró el pañal y le acomodó el vestido. Cuando levantó la vista, Dirk lo estaba observando.

—¿Qué? —preguntó Jake.

—Nada.

—Jane acaba de establecer que esa no es una respuesta valida.

—No recuerdo haber aceptado sus condiciones.

—Podrías preguntar—Jake levantó a su hija.

—¿Pregunta qué?

—Lo que quieras saber.

—No estamos haciendo esto—Dirk soltó una respiración breve por la nariz.

—No sé que crees que estoy intentando hacer.

—Ese siempre fue parte del problema—la frase salió sin voluntad, pero acertó de todas formas.

—Han pasado cinco años.

—Sé contar.

—Ya me quedó claro.

—Tu esposa va a volver—Dirk cerró el bolso con más fuerza de la necesaria.

—Lo sé.

—Entonces deja de hablar como si tuvieras algo que decirme.

Jake miró hacia la puerta. Podía escuchar a Jane abriendo cajones en la habitación que tenían juntos. Volvería en cualquier momento. Encontraría a su marido sosteniendo a su hija y a un fotógrafo preparando el siguiente encuadre.

Nada raro.

—No sabía que vendrías—dijo Jake.

—Yo tampoco sabía que vivías aquí—Dirk lo miró.

—Jane organizó todo.

—Eso quedó claro.

—No habría…

Se detuvo. No sabia como terminar. No habría aceptado, no habría estado en casa, no habría permitido que Dirk entrara. Cualquiera de esas opciones sonaba peor al acercarse a convertirse en palabras.

—No habría dejado que fuera sorpresa—terminó.

—Claro—dijo Dirk—. Las sorpresas son el problema.

—No quise decir eso.

—Sé perfectamente que quisiste decir. Te conozco.

—Entonces explícame, porque al parecer tú eres quien entiende todo.

—Nunca hay un momento apropiado para decir la verdad contigo—Dirk le sostuvo la mirada.

—No voy a tener esta conversación en la habitación de mi hija.

—Por supuesto que no. Nunca hay lugar donde quieras tenerla.

—No era asunto de ellos.

—No—dijo Dirk—. Era asunto nuestro. El problema es que solo uno de nosotros tenia permitido hablar de ello.

—Yo nunca te prohibí nada.

Dirk lo quedó mirando, Jake sabía que la frase era cierta.

Nuna le había dicho directamente que guardara silencio. Nunca estableció una regla. Solo se ponía tenso cuando Dirk se acercaba demasiado frente a otras personas. Solo desviaba las preguntas. Solo respondía primero.

La comprensión apareció y desapareció antes de que Jake pudiese sostenerla. Justo Jane regresó con una pequeña cinta amarilla entre los dedos.

—La encontré en el cajón de los calcetines, lo que parece ser una acusación contra alguno de nosotros.

—Probablemente la bebé la guardó ahí—dijo Jake. Su voz sonó normal. Otra habilidad útil.

—Aun no camina…

—Es muy avanzada.

Jane se acercó para colocarse la cinta y la niña permitió que trabajara durante unos segundos antes de intentar quitársela.

—Por favor—pidió Jane—. Tu madre necesita una sola victoria esta mañana.

—Escuchaste a la dama. Compórtate con dignidad—Jake tomó ambas manos pequeñas y las besó.

La bebé soltó una carcajada. La cámara sonó.

—Eso—dijo Jane—. Hazlo otra vez.

—¿Besarle las manos?

—Lo que sea que la hizo reír.

—Mi talento no funciona bajo demanda.

Jake habría querido que la sesión permaneciera así, reducida a instrucciones, movimientos y el esfuerzo compartido de conseguir que su hija mirase a la dirección correcta.

—Ahora quiero algunas en la sala—dijo Dirk—. La luz sigue siendo buena.

Recogieron las cosas necesarias y regresaron por el pasillo. La distribución le resultó extraña a Jake. Demasiado fácil de imaginar en otro tiempo, bajo circunstancias que nunca habían llegado a existir.

Dirk nunca había hablado seriamente de hijos. Jake tampoco. Habían sido jóvenes y tenían tiempo. Siempre iban a hablar de esas cosas después, cuando el trabajo fuera más estable, cuando vivieran en un lugar más grande, cuando Jake pudiera contarle a su familia que era Dirk sin sentir que alguien acababa de apuntarle una luz directamente al rostro.

En la sala, Dirk movió la mesa algunos centímetros y las pidió que se acomodasen cerca del sofá.

—Hablen entre ustedes—indicó Dirk.

—¿Sobre qué? —Jake levantó la vista.

—No importa.

—Es una instrucción amplia.

—Sobre la cena—sugirió Jane.

—Creí que pediríamos algo.

—Dijiste que podía cocinar.

—¿Cuál es la diferencia?

—La misma que existe entre una posibilidad y una tragedia inevitable—Jane rio.

El obturador sonó.

—Podría hacer pasta—continuo Jake.

—Hiciste el jueves.

—Podría preparar una diferente.

—Solo sabes hacer una.

—Eso es una acusación grave frente a un tercero.

—Dirk vivió contigo cuatro años. Imagino que conoce tus limitaciones culinarias.

La frase hizo que Jake dejara de sonreír durante un instante.

Jane le sonrió, pero ahora había algo ligeramente diferente en la forma en que los observaba.

No era una mujer desconfiada por naturaleza. Tampoco era celosa. Jane creía en las explicaciones claras y en la posibilidad de resolver casi cualquier problema si todos estaban dispuestos a hablar durante suficiente tiempo. Jake amaba eso.

Pero en aquel momento, la cualidad se sentía como una verdadera amenaza.

—Una más—dijo Dirk—. Jane, mira a la bebé. Jake, tú también.

Era una imagen sencilla. Una madre, un padre y una niña en una sala iluminada por el sol de la mañana. La vida que Jake había construido. La vida que amaba. Una vida que no necesitaba explicar a nadie.

Entonces la bebé dejó caer un juguete y Jane se inclinó para recogerlo.

Jake levantó la cabeza y miró el objetivo. Después, más allá, a Dirk.

No sabia que había en su propia expresión. Quizás era culpa. El obturador sonó y Dirk bajó la cámara de inmediato.

Jane volvió a sentarse con el juguete en la mano.

—¿Salió bien?

Dirk miró la pantalla y tardó en responder.

—Si—dijo finalmente—. Salió bien.

Jake no necesitaba ver esa fotografía para saber que había quedado registrado mirando a Dirk mientras su esposa y su hija permanecía dentro del mismo encuadre. Una imagen que no necesariamente significaba deseo, arrepentimiento ni amor. Podía ser cualquiera de esas cosas o ninguna. El problema es que existía y ahora estaba guardada en una tarjeta dentro de la cámara de Dirk, mezclada con las fotografías de la casa, de Jane, de su hija.

Notes:

omg, he dejado de lado todo acá, estaba en finales de semestre y casi muero.

Notes:

Gracias por leer<3333. Esta idea se me ocurrio despues de ver un comentario en un video de tiktok. La idea de tener que fotografiar una vida en la que alguna vez te dejaron afuera suena y es sumamente debastadora. Así que aquí ando, tomando decisiones emocionalmente cuestionables.