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Cuento de Piratas

Chapter 47: Intentando desenredarse sin enredarse

Notes:

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Chapter Text

MinHo despertó al día siguiente con los golpes en la puerta tan fuerte que lo dejaron pegado en el techo, junto a los grabados de los humanoides fusionados que aun le sacaban duda. El tercer golpe de la puerta le hizo notar que la cama estaba vacía.

—¿JiSung? —MinHo alzó la cabeza. No había rastros de él ni en la bañera ni en el ventanal, solo la sombra suya en el colchón de la cama. MinHo se levantó a tropezones para ir hacia la puerta—. Ya va. Ya va.

Al abrir, se dio cuenta que era el médico de Felix.

—Eh- ¿eh? —MinHo se restregó los ojos—. Buenos días.

—¡Buenos días! —el médico cantó—. Pensé que la Ira sabría dónde está el Ser de Luz.

—¿En su dormitorio?

—¡No! Es importante que la Ira le tenga un ojo encima. ¿Se imagina y si se nos escapa? ¡Se lleva la luz con él! —lamentó el médico. MinHo aún estaba medio somnoliento como para entenderlo—. Queríamos informar el equipo diagnóstico, para poder calzar la fantasía de la Ira con la profecía del Ser de Luz.

—Ah, okey. —Ni idea de lo que significaba—. ¿Y es…?

—¡Un carnívoro! —Con orgullo, el médico enseñó la muela que le había arrancado a Felix—. Mucho, y resistente al fuego. Mire, si hubiese sido un tonto, hasta diría que no es nada de lo que he visto. Pero ya lo vi, así que le puedo asegurar que es legítimo.

—¿Y muela de qué, entonces?

—Dragón.

La amabilidad de MinHo se congeló un segundo por la impresión. —¿Dragón?

—Mire —el médico apuntó el diente—, si se da cuenta, a contra luz, el diente presenta una membrana casi amarillezca que, en presión de calor, no se funde. No se espera a que lo haga porque los humanos tienen dentadura potente, pero no presentan esta capa.

—¿No será mugre?

—No, y ahí está lo interesante: no presenta una imperfección destacable, o al menos que lo limite de forma crónica. Es una estructura anómala que destaca de nuestros civiles, y si cree que usted puede ofrecernos una muestra…

MinHo aun no salía de la ensoñación- mierda, ni siquiera salía de lo que pasó la noche anterior como para emitir respuestas lógicas ante preguntas que iban destinadas a la comprensión. Dormir de pronto lo sintió como un pestañeo, con la mitad del rostro caliente, su cuerpo enraizado y el suplicio melancólico detenido en el deseo de alguien más. Un pecho casi vacío, de hueco profundo, rellenado por la piel del otro que solo le hizo notar que el día comenzaba y era distinto cuando llegó esa mañana.

¿Dónde mierda estaba JiSung?

—Dice… ¿dice que quiere un diente de la Ira? —preguntó MinHo—. ¿Dónde está el Ser de Luz?

—En alguna parte, también de acuerdo con la decisión de querer hacer una comparación —explicó el médico—, no es normal encontrar un diente de dragón.

—MinHo creía que los dragones estaban extintos.

—Oh, no, no —el médico sacudió su cabeza—, están más al sur. Allá, muuuy al sur.

MinHo frunció el ceño. —¿Y cómo sabe, si han estado aislados?

El médico le sonrió. —Porque es lo mismo que explicar la muerte, ¿no le parece?

No, pero MinHo prefirió hacerse el tonto. Volvió a buscar a JiSung en el interior del cuarto antes de marcharse, solo para quedar con la amargura en su garganta. Y era una disyuntiva un poco grande que no le daba muchas respuestas- al contrario, lo volvía difuso, un poco loco, sin límites de cuál era lo justo para mantener distancia y las exigencias de querer sentir y recibir algo.

Porque le fue inevitable pensar en Bang Chan, y en aquello que hasta JiSung se burló en su momento como un enamoramiento. Amor. Teoría del romance; de la sexualidad. MinHo tenía luces de lo que significaba, leyendo libros de relatos eróticos que encendían ciertas partes de su cuerpo y que se mezclaban con ideas que en los libros trataban como la atracción. Era inevitable no pensar en Bang Chan y cómo la incredulidad de su ignorancia le entregó un mundo más cargo de fantasías, casi idílico de soñar con tener sexo con él. Lástima que esas ideas estaban sepultadas en aquel lado de su cabeza donde estaba todo catalogado como su propio pasado. Un pasado pre Cero, pre exposición.

Antes de entender el alcance de la Cero y de cómo modificaba el mundo, trayendo consigo a los que merecían o no estar a su lado.

Porque Bang Chan era ternura, y que lo considerase su amigo le encendía ese mismo fuego que le encendía HyunJin. Una sonrisa y una mirada de destello que JiSung tanto se esforzó en explicar lo que era la sensación de pertenencia. La tripulación le hacía sentir como si perteneciera, si un espacio para él fue construido durante sus meses de estadía para volverse persona de verdad. Era tan distinto mirar siendo prisionero y a que cuando solo era… bueno, él.

Un chico que soñaba con tener corazón, que soñaba con vivir. Que veía el mar y que el miedo de explorarlo solo lo comía. ¿Por qué no podía hacerlo con compañía?

Razón por la que solo enrabiaba su histeria con JiSung. Él, MinHo, y la estúpida promesa de nunca más toparse si es que recibía algún corazón. ¿Cómo pudo MinHo aceptar eso? Entendía que era la oportunidad para que la libertad estuviese dentro de su poder. Sin embargo, ¿era lo que deseaba? Porque JiSung decía que el amar también era saber perder. Y MinHo no sabía si podía ubicarse en aquellos lares con apariencias independientes para fingir que no le importaba mucho el asunto.

Es decir, ¿cómo podía jugar a que no le interesaba si ya ahora tenía la cabeza difusa poque no despertó al lado de JiSung? ¿Y por qué debía de importarle tanto? Han JiSung era un capitán arrogante, alcohólico, estúpido, sin neuronas y probablemente con un trastorno severo a todo lo que conllevaba a su pene. ¿Por qué a MinHo le cuajaba peor la soledad con él de lo que fue en la fantasía de Bang Chan o de la señorita Bonnie?

Un trazo en el hueco que tenía por corazón, donde la realidad se traducía para entregar interpretaciones ajenas. ¿Cuánto conocerá entonces el sentimiento de MinHo que tanto se esforzaba por esconder?

Hombre canalla, imbécil, increíblemente orgulloso y, por supuesto, temerario. Algo le producía JiSung que a MinHo no le temía confrontar, tampoco tocar. Había algo en JiSung, quizá el pasado histórico que trascendía generaciones, que le daba a MinHo la sensación de que sus pieles eran las mismas. Podía verse a sí mismo desde lejos cómo sus ojos se agrandaban al pensar en lo moreno que era, en la textura áspera, en el aroma a humano, y en el corazón que le latía con tanta rapidez que necesitaba descifrar con mayor precisión qué significaba. HyunJin le había dado unas ideas por allá en Semillero, durante la conquista de Asuso; sin embargo, ahora necesitaba de comprenderlo a un detalle obstinado cuya respuesta también hilaba la misma existencia de MinHo.

No obstante, toda reflexión centrada en lo que JiSung producía debió de apartarse cuando algo razonó en su cabeza, y fue tan sencillo que bordeó un poco lo humillante que tanto demoró MinHo en darse cuenta.

—Hay que comparar dientes —dijo MinHo—, algo simple. MinHo pasa los suyos.

El médico sonrió. —¡Qué alegría por la dichosa colaboración!

—¿Y el Ser de Luz?

—Está con su segundo al mando revisando la documentación a firmar porque los Jefes de las Islas decidieron entregar sus peticiones por escrito. Después se puede sumar.

Y sí que lo hizo. Sabía que ChangBin se iba a enojar con él porque le arrancaron una muela y debería de ser reemplazado por otro diente de oro, pero MinHo tenía aun ese pulso que le hacía sostener su cabeza hacia el techo e intentar descifrar los grabados. Todos parecían decir algo, aunque no lograba encontrarle forma. Lo pensó por mucho rato mientras estaba con la boca abierta durante la extracción, y su cuello siguió contorneado y adolorido hasta que llegó a la Cámara del Parlamento.

—… Este dice que tienes que distribuir tus riquezas equitativamente. No queremos eso.

—¿No?

—No, porque nos quedaremos sin dinero. Si firmas el papel de acá, yo me haré cargo del dine-

¡PAF! SeungMin calló cuando MinHo le golpeó en la cabeza.

—¿Qué mierda haces? —MinHo le preguntó.

SeungMin sonrió, nervioso. —Ah- nada, nada. Felix despertó muy temprano y ya la jefa YooAh le estaba haciendo varias preguntas; me ofrecí a ayudarlo. Su consejero real parecía estar ocupado, pero está bien, príncipe —le palmeó el abdomen—, Felix está en buenas manos.

—Te creo. —Con un ademán, MinHo hizo a SeungMin moverse de ahí. SeungMin solamente rio. Felix, por su parte, miraba los papeles con horror—. No sabes lo que estás viendo, ¿verdad?

—Hay mucho de todo —confesó Felix—, si soy una entidad, ¿por qué tengo que saber de leyes?

—Porque eres una entidad tangible. Símbolo de rey. Te esperaron —SeungMin contestó, apoyándose en el respaldo de la silla de MinHo—. Puedes firmar este documento donde yo puedo tomar decisiones y-

—Felix —MinHo cortó a SeungMin. Ya tendrían tiempo para la corrupción—. ¿MinHo puede preguntar sobre tu origen?

—¿Origen? No tuve —Felix apuntó a SeungMin—, él se acuerda mejor.

—Lo encontramos en el mar —SeungMin recordó.

MinHo asintió. —Sí, pero- respecto a donde apareció. Dicen que fue cerca del Cordón Rojo, ¿no? O sea, cerca de los límites del Hemisferio.

—Ajá. Llegó por accidente. Un chico inconsciente en el mar. Discutimos un rato si tomarlo o no. Yo me opuse. ChangBin también…

—¿Se opusieron? —Felix preguntó, horrorizado.

—… Chan no tuvo corazón. A JeongIn nadie le prestaba atención. Y al final todos siguieron la orden de JiSung de sacarlo.

—Reflejo traumático —observó MinHo.

SeungMin frunció el ceño. —¿A qué te refieres con eso?

—Nada, nada. ¿Y no encontraron nada raro en Felix?

—¿Por qué hablan como si yo no estuviera acá? —increpó Felix—, soy el Ser de Luz, puedo contestar preguntas-

—¿Antes de que fueses encontrados?

—No como tal. ¡Ah! Recuerdo la primera vez que tuve control de fuego cuando llegué con la tripulación. Incendié una parte del barco. Luego, por accidente ChangBin me disparó con una bala y apareció la Fogata. Yo pensé que mi relación con el fuego era normal hasta que los chicos me dijeron que no, o al menos no en el Norte. Y si en el Sur se guarda la magia…

—Felix podría ser del Sur —razonó SeungMin

—¿De alguna parte mitológica? —preguntó MinHo.

—¿Qué quieres decir?

MinHo se aseguró de que la Cámara del Parlamento estuviese vacía, y aun así decidió susurrar: —Analizaron la muela de Felix, dice que tiene rasgos de dragón.

—¡¿Dragón?! —preguntaron los dos. Felix se había subido a la silla de la impresión.

—¿Cómo que dragón? ¿Dragón de verdad? ¿Dragón de los que rugen? ¿Dragón de los que cantan? —Felix cuestionó con rapidez—. Eso podría explicar muchas cosas, aunque tampoco encuentro sentido de que estuviese pasando y que me hubiesen dejado. ¿Nací de un huevo? ¿Hablamos de ellos de verdad? ¿O solo una anáfora de la figura mística?

—Se le dice metáfora, y ni siquiera está bien empleada —SeungMin regañó. Sin embargo, MinHo notó en esa mirada encontrar lo que exactamente estaba buscando cuando le dijo a MinHo—: si este lugar está perdido por los Dioses, ¿cómo mierda conocen a los dragones?

—MinHo piensa lo mismo. Aquí se conoce más de lo que dicen.

No obstante, entre los murmullos orgullosos y desorbitados de Felix, a SeungMin se le eliminó la sonrisa. Cuando MinHo le preguntó que pasaba, contestó: —Eso no es bueno.

—¿Cómo?

—Podía explicar las personalidades zumbadas o atraídas del Resto hacia los delirios religiosos, pero si las autoridades tienen consciencia de raciocinio incluido con leyendas del exterior, significa que hay una censura de información.

—MinHo cree exactamente lo mismo. Hay una biblioteca que no le dejan ir.

—Pero esto —apuntó a Felix—, no lo encuentro una casualidad o solo un delirio de Dios. Ellos saben que no eres el Ser de Luz —le dijo a Felix.

Felix bajó sus hombros, decepcionado. —Me están bombardeando con muchas malas noticias.

—Oye- si es verdad que eres parte dragón, eso es genial.

—Significa que mi familia está extinta.

—Sí, bueno- mira el lado positivo: nunca los conociste.

—¿Crees que puedas hacer un poco de presión con la educación a los niños? —MinHo le preguntó a Felix.

Felix aleteó. —¿De nuevo con eso?

—Sí, y es solo para hacer tiempo. El nivel de resistencia que pongan es el nivel de ocultamiento que tienen al Resto —elaboró—. Es proporcional.

—No entiendo.

SeungMin le golpeó en la cabeza. —Tú solo obedece. Créete el cuento con tu dragonisidad. Con MinHo nos encargamos del resto.

—No, quiero ser útil y entender por qué es tan importante que la gente deba leer un par de libros.

—Porque de seguro son charlatanes —insistió MinHo—, MinHo conoce cuando el Reino quiere a la gente estúpidos.

SeungMin le dio un último y más suave golpe a Felix antes de levantarse. —Iré con ChangBin y Chan.

—Nosotros vamos con la Jefa —MinHo jaló a Felix de la muñeca.

Felix, aun atontado, siguió los pasos de MinHo solo para preguntar: —¿Nadie dirá más por el tema del dragón?

Mientras, Chan y ChangBin estaban en el dormitorio. ChangBin tenía al pobre Tamar abierto de par en par, con un líquido fluorescente que salía de su cuerpo para empapar una pañoleta color violeta. ChangBin se esforzaba en concentrarse en la pequeña criatura, pero la respiración atrofiada a su lado le hartaba la paciencia.

—¿No puedes alejarte veinte pasos? —ChangBin le pidió a Chan—. ¿Qué te pone tan nervioso?

—Estamos matando un animal emblema de este lugar. No quiero acabar muerto.

—Hemos estado en peores situaciones, ¿y te estresa esto? —ChangBin regresó su vista al Tamar—. Es solo un bicho. Hay como un millón más allá abajo. Además, este al menos no dice mucho.

—¿No dice?

—No. De seguro la teoría de JiSung falla si es que el Tamar o la persona lleva separada mucho tiempo de la tierra. Quizá probar con algún huevo o el nido mismo que encontramos abajo podía funcionar

—Pues, vamos.

—Me da miedo.

—Cobarde. Traeré a JiSung, en ese caso.

Sí, bueno. Al menos alguien que no tenía demasiadas neuronas como para formar un pensamiento, razón por la que ChangBin dudaba desde que lo conocía por qué lo estaba siguiendo. Chan notó aquella mirada perdida en el Tamar abierto antes de siquiera llegar a la puerta.

—¿Qué te pasa? —Chan le preguntó.

ChangBin sacudió la cabeza. —Estoy pensando.

—¿En…?

—… No puedo contarlo.

«Ah», Chan soltó con simpleza, y se alejó de la puerta. —¿Es sobre la misión secreta que ninguno de ustedes tres quiere contar?

—Ajá.

—No parece que es una buena idea.

—Es que no lo es, y créeme que va a aumentar de intensidad y no podré hacer nada para detenerlo porque JiSung y MinHo ya tomaron su decisión.

—¿En serio no puedes contarme?

—Se los prometí. Además, créeme que es mejor que no sepan. Entorpecerán, sugestionarán todo y al final no resultará.

—¿Puedes decirme si termina con uno de los dos muertos?

—No, increíblemente. Solo es probable que todos muramos antes de cumplir la mitad del plan.

Chan asintió. —O sea, una misión imposible.

ChangBin suspiró. Se llevó la mano sucia hacia el cabello para removérselo. La pequeña criatura muerta tenía sus órganos congelados, tan chiquititos que ChangBin sintió una profunda lástima por aquella invasión. Chan, por su parte, dijo con un tono más alegre:

—La misión original ya sonaba bastante imposible, si me lo preguntas.

—¿Dices tú? Creo que lo más fácil que hicimos fue sacar a MinHo del castillo —aunque ChangBin razonó un poco—, para JiSung fue difícil, quiero decir.

—Hm…, él dice que ha sido lo más fácil.

—Claro. Mantener a MinHo con vida es lo difícil. —Otro pensamiento más. Esta vez, trasladado a Semillero. ChangBin fue hacia su estuche y empezó a hurgar ahí—. O controlar la Cero.

—¿Qué piensas?

—Que quizá- con un poco de… ¡Aquí!

En un frasco de vidrio se encontraba la daga el veneno del atractor que atacó a MinHo en Semillero, junto con el antídoto de los cuarzos blancos originales.

—Cuando salgamos de acá, debemos ir a un mercado negro. Necesito más veneno de atractor —explicó ChangBin, y sacó ambos líquidos con sumo cuidado usando una daga para mezclarlos sobre un pedazo de vidrio—. Porque, recordando cuando MinHo tuvo estos dos en el cuerpo e hizo una gran mierda en Semillero…

—Día por la noche, lluvia de sangre.

—Exacto. ¿Podrán estas pequeñas criaturitas…?

Tras mezclarlo en el pedazo de vidrio, ChangBin tomó una gota de la mezcla y lo vertió en los órganos.

La habitación se oscureció.

ChangBin y Chan se apartaron enseguida del escritorio del cuarto, mirando cómo la oscuridad era proyectada desde el pequeño Tamar. La oscuridad chocó con los grabados del techo y de las paredes, emitiendo un brillo fluorescente que, si ChangBin los veía con mayor detalle, lucían mucha más vívidas y explicativas.

—Puta mierda —Chan le sujetó del hombro—, esto- ¿esto dice…?

—Ajá. Aquí hay un fragmento de la Cero —confirmó ChangBin—, la tripulación del Pirata Han la rompió. Se pudo romper.

—¿O puede haber otra…?

—Nooo, no, no. —ChangBin apuntó hacia los gravados de las paredes—. Observa, es la misma. Parece hasta cíclico. Nada más mortal que el egocentrismo de personas que desafiaron las leyes de la realidad para hacerse poderosos. ¿Crees que lo mantendrían oculto?

Porque podía o no que los grabados estuviesen contando una historia.

⋅˚₊‧ ଳ ‧₊˚ ⋅

JeongIn no estaba contento con su misión y no quería adjudicar su irritación porque HyunJin se encontraba hablando con una de las madres. ¿Qué le importaba lo que ellas tenían por decir? Porque estaban tan destinadas a parir el criadero de niño que no tenía nada de atractivo. ¿Por qué demonios HyunJin se estaba interesando tan particularmente en esa mujer?

Bah, no podía importarle menos. Salió de la casucha de las madres para observar a los niños que se dedicaban a jugar. Había una atracción rara y potencialmente llamativa que observaba cuando la luz del candelabro intensificaba su luminosidad. Un poco de destello, que casi como polillas atraía a los niños a mantener sus ojos hacia arriba mientras recibían un calor que ni las madres podían darle. ¿Ellos tendrán la capacidad de concebir respecto a la maternidad y el significado de la familia? O el comunitarismo que tanto se profesaba en aquel lugar no era más que una forma amigable para traducir el individualismo. Creía que el sentimiento de soledad que recibían los bebés cuando eran abandonados los dejaba morir- o eso fue lo que le contó SeungMin cada que recordaba el día de su adopción.

Porque al menos para SeungMin era inconcebible, y por ende a JeongIn también. SeungMin decía que JeongIn no había sido más que una mucosidad en la tierra que apenas había abierto los ojos, casi como un animal neonatal que debió vivir a costas del cadáver de su madre. Los padres de SeungMin lo acogieron enseguida mientras comprobaban si es que la mujer que le dio a luz seguía con vida. No fue así, y sin mucho pensarlo se lo llevaron a la casucha donde crecería y trabajaría. JeongIn tampoco recuerda mucho sobre ese tiempo- en algún momento la explotación infantil hizo de lo suyo y se lo quisieron llevar a otro territorio, lejos de las cenizas del pueblo donde creció. SeungMin se hizo pasar por menor para no dejarlo solo, aun cuando ya era un adolescente.

Y el resto era historia.

Por ende -siguiendo el punto que JeongIn quería llegar-, ¿por qué HyunJin se dedicaba a hablar con esa mujer?

Se puso cascarrabias. Ah, que no le gustaba gozar el mal humor. Ya había dormido del saco aquella noche- entre goteras, humedad y la respiración que le pesaba cuando no estaba acostumbrado a dormir en un dormitorio tan grande le dio pesadillas. La mayoría eran de las mismas, de la exposición de su cuerpo en Guardia Alya y cómo aun, patéticamente, seguía sin superarlo. Odiaba esas pesadillas.

 Lo que le hizo mirar hacia otra Isla, a la de la Cosecha, donde vio a JiSung sentado en la cornisa con la vista perdida en el mar. ¿Tanto lo echará de menos? Era extraño ver a JiSung tan melancólico por algo. Recordó cuando salieron de nuevo de Guardia Alya, su aislamiento, su resistencia e irritación alejó a JeongIn incapaz de asumir el error de haberlo llevado. Sí, puede que JeongIn tenía un porcentaje muy pequeño de que también fue su culpa por haberlo presionado en ir, sin embargo, un error lo comete cualquiera, más cuando salieron vivos de ahí. ¿JiSung también estaría melancólico por algo más?

La gente viaja en bote, transportándose de un lado a otro con los grandes remos, en grupos de diez personas, hasta centros de trabajo como en las cosechas o las costuras de hongos. Un bote podía estar disponible, o JiSung podía nadar si es que tanto extrañaba el mar. JeongIn le chifló con un sonido tan avasallador que atravesó hasta JiSung; lo vio alzar la mirada del mar. «Ven acá», JeongIn hizo un ademán. JiSung lo pensó un poco. Vio los caminos más fáciles para llegar, solo que no tenía la paciencia para esperar un bote. JeongIn sonrió cuando JiSung se tiró al agua.

Al cabo de un rato, JiSung llegó a la cornisa de la Isla de la Familia.

—¿Vieron algo bueno? —preguntó JiSung entre jadeos.

—HyunJin, de seguro —dijo, amargo—. ¿Por qué? ¿Por qué no puede tranquilizarse en cada lado que vamos? Siempre tiene que andar entre las piernas de alguien más.

—¿Qué sé yo? A la gente le gusta el sexo.

—Qué asco.

—¿Qué?

—El sexo.

—Yaaa… —JiSung extendió tanto la vocal que JeongIn lo miró. Le llamó la atención que JiSung mirase hacia otro lado—. No sabes mucho.

JeongIn entrecerró los ojos. —¿A mí me dices que no sé mucho?

—Hablo del sexo.

—Sé de sexo. He leído.

—¿Alguna vez has cogido?

—¿Hay que coger para saber?

—Idílicamente, JeongIn. Son experiencias de la vida. —Sin embargo, JiSung se acarició la nuca—. Como sea, tampoco es la gran cosa.

—¿No? ¿Y por qué HyunJin lo busca? —JeongIn miró hacia la casa—. ¿Qué tiene de especial?

—Mucho, con la persona correcta.

—HyunJin no lo tiene con personas correctas- mierda, ni creo que con todos sean personas. Le pones un árbol al medio y de seguro te lo coge solo porque no sabe hacer otra cosa más. Detesto que sea tan tonto para la vida. ¿Por qué no puede ser más normal? —se giró para ver el agua—. A él le vendría bien vivir acá- todos son de todos, pareciera.

Desde JiSung, le sorprendió que JeongIn tuviese una reacción demasiado agónica a la conducta cotidiana de HyunJin. Le siguió con la mirada hacia la casa, pasando de las crías que contemplaban el candelabro. Con puertas abiertas podían ver cómo HyunJin interactuaba con aquella mujer de pechos caídos y envuelta en una gran manta de hongo. A JiSung aun le perturbaba la desnudez deliberada, aunque había algo íntimo en el contacto con el cuerpo que, tal como Semillero, solo debía mantener la mente abierta.

Aunque no tanto como para entender a JeongIn.

—¿Y a ti qué mierda te importa? —JiSung preguntó.

Los ojos de JeongIn se agrandarlo, y sus mejillas se acaloraron al negar. —Nada. No me importa.

—¿Por qué te quejas?

—¿Qué? ¿Es ilegal?

—Sí —JiSung se levantó y tendió su mano para levantar a JeongIn. Al hacerlo, le dio una suave patada en el trasero—. Ahora- ándate a jugar a otra parte.

—¡¿Qué?! ¡Querías que viera cómo eran las dinámicas y todo eso!

—¡Ya, y te pusiste tedioso! Anda a otra Isla, qué sé yo. O ayuda a SeungMin, que sigue en el castillo. Yo me hago cargo de HyunJin.

—¿En serio? ¿Y por qué? —se cruzó de brazos—, ¿qué haces acá, en todo caso? Es muy temprano como para que estés fuera de la cama.

JiSung soltó una sarcástica risa. —¿Qué te importa? Vamos, ándate. Ya te dije: yo controlo a HyunJin. Que tampoco me anima que se ande metiendo con todo lo que ve.

JeongIn no quiso, solo obedeció porque JiSung sacó la carta magistral de «órdenes del capitán» que le hizo recibir dos puñetazos en la espalda antes de que JeongIn se marchara de la Isla. JiSung se giró para ver el resto de la Isla de la Familia, un poco más pequeña que las que había visitado, y con un mayor grado de oscuridad que el gran candelabro no lograba proteger. Se preguntó qué podría esconderse en la oscuridad, ahora que la luz estaba siendo novedosa.

Porque la oscuridad mantenía secretos, esa era una verdad universal. No había forma en que la vida clandestina pudiese sobrevivir a la luz, y menos cuando la dichosa clandestinidad no se definía claramente por lo que se debía esconder. JiSung se sentía tan expuesto en el falso sol que creía que su rostro y su cuerpo estaba siendo más transparente de lo que deseaba.

Ah, cuánto le dolía el pecho. El entumecimiento en su espalda baja y el cuello tieso le hizo recordar a las veces que dormía en el suelo, solo que esta vez el colchón y cuerpo ajeno hizo un trabajo tan melancólico que ni los dolores podía adoptarlos como una persona normal. ¿Qué podía hacer con todo lo que estaba sintiendo? Porque no era felicidad lo que estaba reconociendo.

No, era otra cosa más profunda, menos responsable. Una parte de JiSung creía que estaba perdida por una hambruna, mientras que otra solo seguía viajando a esos lares de su memoria que le costaba tanto rememorar y aún lo tenía presente. Procesar cosas para soltar el perdón lo estaba cansado, enlenteciendo, y sobre todo complicando.

Por eso, al mirar a HyunJin al interior de esa casa, se preguntó si es que él también pasaba por algo parecido.

Entró con pies a rastras, empapado. Los niños le quedaron mirando hasta cruzar el umbral en el interior. Entre mujeres que amamantaban, tejían o bordaban. No tenían demasiada entretención, para el gusto de JiSung. Nada de música que fuese compuesta para acompañar, o alguna charla más interesante que el parto. Quizá HyunJin a aquella música sacaba algo bueno, algún ejercicio mental que les hiciera quedar como magnetismo. Casi le dolió cuando lo llamó.

—¿Haces lo que te pedí? —preguntó JiSung.

HyunJin le sonrió abierto. —¡Claro! Socializo.

—Con JeongIn, para que cuidaras su brusquedad.

—Y eso hago. Veo como él habla con- ¿Dónde se fue?

JiSung volcó sus ojos. —Eres un fracasado. Dime, ¿qué aprendiste?

—Que acá hacen bordados a la piel —contó, y apuntó a una de las mujeres en el suelo que bordaban en telas de hongos—. ¿Quieres uno?

Un tatuaje, ¿eh? JiSung nunca les había prestado demasiada atención. Vio en hombres y mujeres más grandes que él quienes lo lucían como grito de guerra, o solo porque la posibilidad de acompañar las cicatrices con una marca voluntaria daba la sensación de autonomía corporal. La mujer en el suelo le mostró las agujas, el hilo negro de hongo que pasaría por su piel, y accedió.

—Aquí son muy amables —HyunJin contó. Usó sus piernas para que JiSung apoyara su cabeza, mientras que todo el costado izquierdo de su cuerpo era bordado por algún mantra popular y local. Desde bajo las axilas hasta un poco más allá de donde iniciaba la pierna—. Es lindo que encuentren que todo esté en grupo. Que se resguarde. Sin eso, sería fácil ser atacados.

—No sé quién vendría —opinó JiSung—, es un lugar perdido por los Dioses- literalmente bajo el agua. O al menos que alguien del exterior llegue…

—En el Sur, todo se pude.

—Para hacer bien el amor hay que venir al sur-

—Ay, JiSung —HyunJin rio—, no te desconcentres. Hacer el amor no es todo en esta vida.

—Ya es la segunda persona que me habla de eso, ¿será que me están mandando una señal del más allá?

—¿Por qué te tomas personal esas palabras, en ese caso?

—¿Eh?

—Eso. ¿Por qué tomarlas en serio? Nunca te he visto rezar más a otra entidad que no sea ChangBin —notó HyunJin—, ¿qué te ha importado lo que los de arriba creen?

HyunJin lo decía con aquel tono simpaticón que tanto lo caracterizaba, e inclusive pasaba una mano por el cabello de JiSung. Sin embargo, JiSung no pudo evitar el sentimiento de culpa ante sus palabras.

—¿A… a alguien le importaría? —preguntó JiSung. El bordado a su lado le producía pequeñas gotas de sangre que la mujer limpiaba con sus dedos. No reconocía de si aquello era higiénico—. Quiero decir- respecto al sexo y esas cosas… —«Sutil».

—¿A quién tendría que importarle? —dijo HyunJin.

—No sé, no sé…

JiSung se quedó en silencio mientras se dejaba acariciar por HyunJin. La noche había estado tan custodiada que no notó la cantidad de sueño que traía su cuerpo cuando empezó a tener vívidas alucinaciones con emociones que debía de mantener enterradas.

—¿Piensas seguido en Sunny? —JiSung preguntó, finalmente.

La mano de HyunJin dejó de tocarle el pelo.

—No, no tanto —contestó HyunJin, con una voz monótona.

—Sé sincero.

—… Pienso lo suficiente.

—¿Qué es…?

—Oh, no, no. No mucho. Solo- ya sabes, a veces cuando como, o cuando lavo mis ojos. A veces- cuando modifico la distancia de lejos a cerca, aparece como una sombra a un lado que creo que es él cuando- o sea, obvio que no es. Solo… también cuando duermo. Cuando duermo profundo. Es como si despertara una mañana y tuviese el presentimiento que soñaré con él cuando duerma más rato. Y- y como que se cumple. Pero, fuera de eso- no, nada…

Nada de eso era fácil sin que JiSung sintiera que le estaban rebanando el cerebro. Tanto por la forma en la que HyunJin utilizaba las sutilezas de ojos grandes y voz suave para parecer más manso, como también encontrar entre los suspiros a aquel chico adolescente que fue separado de su hermano.

—Cuando pasas tu vida en el mar —le dijo JiSung a MinHo durante la mañana anterior—, te das cuenta de que el mundo es demasiado grande como para ubicar el amor en alguna parte.

—Queda minúsculo si solo lo porta un hombre.

Ahora, solo quedaban dos. Y JiSung no estaba muy seguro si iba a soportarlo.

—¿No te enoja que no lo hayamos podido encontrar? —se atrevió a preguntarle.

—¿Por… por qué? —HyunJin sonó un poco, solo un poco- un poco algo—. No, son cosas que pasan. Encontrar y desencontrar es- está bien. Yo no pensé que los vería a ustedes otra vez. Los milagros solo se cumplen una vez.

—Los deseos. Los milagros son más… espontáneos.

—Es que yo no deseé volverlos a ver. En ese instante, no me importaban en lo más mínimo. Yo…

—… Querías a tu hermano.

—Un poco, sí.

—Yo también lo quería.

HyunJin retomó el tono suave, pero no volvió a tocarle el pelo. —Lo sé.

JiSung aguantó la respiración para no caer en el dolor del bordado. Letras largas, negras, que escribían en imprenta el mantra banal que JiSung esperaba a que se le hiciera una idea milagrosa al caer con ella. Quizá, después de todo, JiSung no debió de ser tan aprehensivo con el recuerdo de alguien que no era solamente suyo.

Al terminar el bordado, JiSung se levantó de HyunJin. Toda su piel del costado estaba hinchada, junto a los mordiscos de los Tamares que bordeaban ternura. Los dos salieron de la casucha, pensando en que lo mejor sería dirigirse al Castillo a merendar algo.

—¿Tú piensas muy seguido? —HyunJin le preguntó.

—Algunos me aconsejan que lo haga.

—En Sunny, quiero decir. ¿Lo piensas muy seguido? Considerando que dejaste de técnicamente interactuar con gente desde que desapareció.

—No seas mentiroso.

—Ay, por favor. Cada que parábamos en un puerto y con los chicos nos dejábamos llevar. Tú solo te quedabas bebiendo en la taberna y regresándote al barco con JeongIn- claro, hasta que él cumplió catorce y ya no le gustaba perderse toda la diversión.

—No iba a dejar que JeongIn los viera haciendo barbaridades.

—Como si alguna vez te hubiese importado lo que cada quién ve.

JiSung sonrió, divertido. —Hay que generar resistencia.

—Y tú generaste una que- oufff —HyunJin alzó sus cejas—, endurecimiento total. Y no en el buen sentido.

—¿Volvimos a hablar de sexo?

—¡Claro! ¿Por qué no disfrutas algo de acá? —HyunJin le codeó—. Las madres me dijeron que chiquillas en la Isla de la Cosecha tienden a ser más fáciles. Podrías ir a pasearte.

—¿Tengo que recapitular por qué estamos acá? Alguien debe mantener los pies en la tierra.

—Un poco de amor no es tanto como para volar.

—Yo no quiero eso, yo quiero mi mar.

—Ah, eres tan necio —HyunJin se quejó—. Hasta MinHo se ha divertido en estos seis meses más que tú en los últimos siete años.

JiSung sintió que le llegó un piedrazo en la cabeza.

—¿Divertido? —preguntó, y su cuello tronó al verlo—. Divertido como… ¿divertido?

—En Crisantemo, con la chiquilla del afro que sacamos de Semillero con su padre —contó HyunJin—, le tocó el pecho y todo eso. Me contó JeongIn. Es secreto.

—¡¿Es secre…?!

¡¿Qué mierda era eso?! ¡¿Es que JiSung no podía tener un simple momento emocional sin que alguien se lo arruinara con la estupidez más grande jamás planteada?! Porque HyunJin lo comentaba con tanta normalidad que, no. No era normal. Era una increíble falta de respeto que JiSung no se hubiese enterado de que el jodido príncipe que él sacó del castillo ya estaba cogiendo.

Hasta que un pensamiento lo congeló.

«¿Por eso me esquivó el beso?».

Un burbujeo del estómago le hizo hervir los órganos a fuego lento, a tal grado que el sonrojo no solo lo sofocó, pero mató todo dolor del bordado ante algo que podía equipararse a la vergüenza y a las malas decisiones.

—Oh, ahí hay un bote —HyunJin apuntó con normalidad—, vamos, de seguro si pedimos- ¿JiSung? ¡¿JiSung?!

¡SPLASH! JiSung se vio en la obligación de lanzarse por la cornisa.

 

 

 

Notes:

 

De media calidad el capítulo pq regresé a los problemas de salud y los días que designé para la escritura del cap estaba -estos últimos tres días- he andado con mucha náuseas AUUUU, ¿se viene embarazo? -estoy con inyecciones y no la pongo ni por accidente-

¡Gracias por leer! Les amo<3<3

Notes:

¡Gracias por leer!