Chapter Text
Por él, harían la guerra.
Esperaron. Esperaron tanto tiempo.
Sentían como si todo ese tiempo hubiesen tenido un velo en los ojos, viendo todo en blanco y negro, aguantando la respiración bajo el agua. Verlo fue como sentir que habían encontrado agua en el desierto, comer después de estar muriendo de hambre. Sentían que volvían a vivir.
Pero había algo distinto, algo no era igual. Dos años era mucho tiempo para cambiar a una persona, mas ellos sabían perfectamente en qué momento las sombras comenzaron a surgir en los ojos del Capitán. Ellos sabían bien cuando iniciaron las pesadillas; cuándo fue hecha esa cicatriz tan monstruosa, y por quién (ellos se encargarían de marcar de igual modo a ese bastardo, le devolverían cada lagrima que derramó su Capitán); sabían por qué Luffy era incluso más táctil que antes; sabían bien por quién eran las lágrimas que aparecían cuando creía que nadie estaba viendo.
Incluso muerto, Ace no podía dejar de ser un estorbo para la felicidad de su amado Sol.
— ¡La comida esta lista!
Sanji llamó a la tripulación como de costumbre, nuevamente estaban juntos, como siempre debió ser. Nuca debieron separarse, pero fue necesario para poder seguir avanzando al Nuevo Mundo. Aunque todos podían ver lo distintos que eran ahora. Y el que más había cambiado había sido su Capitán, buscando más contacto, necesitando mantenerlos en su rango de visión; gritando más, sonriendo más, corriendo y comiendo con tanto placer, como si ese fuese el último día de su vida. Los asustaba. Parecía que el Sol en el que gravitaban fuese a extinguirse en cualquier momento, no podían permitirlo, no podían volver a perderlo. Todo era por culpa de esa maldita Guerra.
Pero el peor cambio no era eso, el peor cambio que había sufrido su Luffy fue lo que casi les hizo perder la cabeza. Luffy se mostraba más despierto ante la vida. Su Luffy había madurado de una manera tan drástica, tan brutal que no podían dejar de observarlo.
Ace se llevó el corazón de Luffy, la guerra destrozó su alma, y sus esperanzas fueron enterradas. Incluso muerto, Ace seguía en las pesadillas de Luffy, consumiendo cada gota de vida. Las sombras que cubrían su visión en ocasiones persistían, queriendo empañar la luz que irradiaban sus ojos. Y Luffy no los llamaba.
Ya no necesitaba de Zoro para recordarle que su lugar era el del Capitán. Ahora él sabía cuáles eran sus responsabilidades, incluso si seguía actuando como un idiota, sabía bien cuál era su posición en la banda. No era como hace dos años, cuando era un niño destrozado porque Usopp había abandonado la banda y lo quería de regreso, cuando Robin les había dado la espalda con tal de que ellos sobrevivieran, cuando el peso del mundo era demasiado para sus diecisiete años. Ya no necesitaba de Zoro para que fuese su pilar pues el peso en sus hombros lo excedía, no, ya no; ahora cada vez que veía a Luffy parecía como si Atlas mismo estuviera a su espalda, cargando el peso de los mares y la tierra y lo pusiera a sus pies. Luffy ya no necesitaba a Zoro, porque ahora parecía como si él podía cargar las preocupaciones de su primer oficial hasta que Zoro pudiera levantarse y hacerlo por sí mismo.
Ya no necesitaba a Nami, pues parecía ubicarse mejor que nunca. Conocía las estrellas y constelaciones, parecía que sabía cuál era el camino que debía elegir. Parecía como si esos dos años hubiese descubierto que en realidad había una línea recta entre él y su destino. Ya no necesitaba Nami para decirle cuál era la ruta a seguir, parecía como si él le mostrara a ella cuál era el camino para poder conseguir sus sueños, como si ya no necesitara que ella lo guiara a través de los mares para llegar al lugar que lo coronaría como el Rey de los Piratas. Es como si Poseidón mismo le abriese las olas para que llegara a su meta, quitando obstáculos de su camino, y haciendo que las bestias que habitaban el mundo marino se postraran ante aquel que surcaría los mares como uno de ellos.
Ya no necesitaba a Sanji, no realmente. Pese a que no era bueno usando la cocina ni las especias, la verdad era que incluso si el rubio no estuviera, el Capitán no moriría de hambre, sabía cómo cazar y cómo preparar la carne para que fuese comestible. Él nunca había sido quisquilloso, por lo que el sabor no representaba ningún problema. Luffy no moriría por falta de alimento, no como hace dos años. Ya no necesitaba a Sanji para saciar su hambre, para que pudiera seguir su camino, para poder llenar aquel estómago que parecía no tener fondo alguno. Ya no necesitaba de aquellas manos que habían jurado permanecer intactas para servir los placeres y delicias destinadas a hacerlo más fuerte y llenarlo de energía. Ya no parecía necesitar sus manos, porque ahora parecía como si Dalí asegurara la comida del futuro Rey, esperando que sus tributos fueran suficientes para saciar el hambre del hombre que era igual al Sol.
Ya no necesitaba de Usopp, porque se había hecho tan fuerte, que incluso veía venir ataques incluso antes de que se efectuaran. No necesitaba de Usopp, porque ahora él podía ver todo lo que lo rodeaba, escuchar todo lo que se pensara, y tocar todo lo que mirara, incluso si se creía intangible. El francotirador seguía siendo el mejor en puntería, pero ya no era necesario para los ataques de larga distancia, ¿cómo? ¿Cómo superar la velocidad a la que se movía Luffy? ¿Cómo superar la visión que puede prever el futuro? Luffy ya no necesitaba del francotirador para cuidar sus espaldas, él ya era lo suficiente fuerte para ello. Y cuando veía a Luffy, parecía como si Vali cazara a aquellos que apuntaran al Favorito de los Dioses, evitando todo aquello que se acercara a su Capitán.
Ya no necesitaba a Chopper, no cuando era tan fuerte, que su curación era igual de monstruosa, no cuando era inmune al veneno, no cuando podía romper la cara de cualquiera que se interpusiera en su camino. Ya no necesitaba a Chopper, porque él ahora sabía vendar sus heridas, sabía qué plantas eran mejor para evitar los dolores, no cuando ya daba igual el olor de lo que le pusieran encima de los cortes, no cuando sabía cuál era el límite de movimientos que podía hacer cuando estaba lastimado. No, ya no necesitaba más del reno, no cuando Apolo mismo parecía amarlo, evitando todo mal al hombre que lo reencarnaba.
Ya no necesitaba a Robin, las pesadillas ya no parecían ser calmadas por su voz dando vida a la historia que ella elegiría para alejar las sombras que se cernían sobre su Amado Brillo de Luz. Al igual que la navegante, parecía como si el camino a su destino estuviera más claro que nunca. Como si ya no necesitara de sus consejos, como si supiera identificar cuándo las personas intentaban aprovecharse de él. Ya no necesitaba de su conocimiento, de su aura tranquilizadora. Parecía como si Thot hubiese dado su conocimiento para que su Luz fuera más diestro que nunca en la palabra, dotándolo de sabiduría y aconsejándolo en cada situación.
Ya no necesitaba de Franky para que reparara algo, ya que él ya no destruía nada. Ahora era diestro con ciertas herramientas, y sabía cómo hacer herramientas para que pudiera sobrevivir en altamar. Franky ya no era necesario para aquel por el que construiría la misma arma ancestral, Plutón. El carpintero no era indispensable para Luffy, porque Luffy poseía ahora una barca en donde podía cumplir sus sueños, una tan fuerte que podría cruzar el mismo inframundo, y parecía que era navegada y custodiada por Carón.
Ya no necesitaba a Brook, no cuando las luces de sus ojos se apagaban y recordaba las desgracias de la Guerra. No necesitaba a Brook porque sus pesadillas alcanzaban sus ojos y su ser incluso estando despierto, no había canción de cuna que pudiera ayudarle a dormir en sueños profundos, ni había tonadas que pudieran alejar sus demonios. Él no era Orfeo, pero quisiera serlo si con ello pudiera sacar a Luffy del infierno de su mente.
Odiaban la situación, su Capitán no podía no necesitarlos. ¡Él lo dijo! ¡Lo dijo!
“¡No sé usar espadas, tampoco sé cocinar, ni navegar, ni tampoco se decir mentiras, por eso sé que no podría vivir sin mis nakamas!”
Él lo haba dicho…Luffy no podía simplemente dejarles. No podía abandonarlos, ni suplantarlos. Él no lo haría, su Capitán no los dejaría de lado, no podía, no cuando les había dado su familia.
Nami estudiaría más, predeciría el clima incluso antes de que la misma corriente de aire comenzara a soplar. Ella abriría las olas para que su Capitán llegara a su meta, Nami sería Poseidón.
Zoro sería inquebrantable, sería el escudo y lanza de la tripulación. Zoro se convertiría en Atlas, cargando el peso de los mares y la tierra y lo pondría a los pies de su Rey.
Sanji salvaguardaría sus manos, para que fuesen puras y perfectas, para que la comida de su Rey no fuera menos que excelentes. Él asegurará la comida, y lo daría como tributos suficiente para saciar el hambre, Sanji sería Dalí.
Usopp vería más allá de lo que ahora mira, y acabaría con todo enemigo a distancia. Usopp superaría a Vali, cazará a aquellos que apuntaran al que eligió seguir, acabando con todo aquello que se acercara a su Capitán.
Chopper no descansaría hasta que tuviera la cura de toda enfermedad, hasta asegurarse que su Capitán tendrá los mejores cuidados. Chopper se convertiría en un monstruo, o en Apolo mismo, evitando todo mal al hombre que lo quiso como su Doctor.
Robin se empaparía de todo libro e información que encontrase, dispuesta a contar historias tan sorprendentes que, incluso en sueños, su Sol pudiera recordarlas, dispuesta a tener la respuesta a toda pregunta que surgiera de su Capitán. Robin sería Thot, le daría el conocimiento que necesitara y aconsejándolo en cada situación.
Franky no permitiría que nada le pasara al barco en el que navegaba el futuro Rey, modificando incluso su cuerpo para asegurarse de ello. Él hizo el barco que navegaría incluso en los infiernos, y lo cuidaría; se convertiría en el barquero de Hades, Carón.
Brook cantaría canciones tan impresionantes, que harían que su Señor se perdiera en la inconsciencia, sacándolo del infierno que había en su mente. Al igual que Orfeo, tocaría y haría que el alma de su Rey descansara, alejando todo demonio del pasado.
Maldito sea Ace, por destrozar al Capitán y hacerlos sentir tan poco indispensables e inútiles para su vasto Cielo.
— ¡La comida de Sanji es tan deliciosa! ¡La comida de Rayleigh no era nada buena! — una sonrisa tan deslumbrante surcó por todo el rostro del chico del sombrero de paja, que dolió solo verlo —, tampoco es bueno cocinando el pescado. ¡Extrañaba tanto la comida de Sanji! ¡Nadie puede cocinar como él! Hancock no me trajo comida tan deliciosa antes de comenzar mi entrenamiento, porque no era la comida de Sanji.
El cocinero del barco sintió como si sus pulmones se hubiesen limpiado de todo el humo de cigarro que ha estado consumiendo todos estos años. Fue como volver a respirar después de haber estado en el fondo de un lago. Como los rayos solares tocándolo después de un tormentoso invierno. Una sonrisa se deslizó por sus labios y trataba de ocultarla con su mano, ni si quiera prestó atención al nombre de la emperatriz pirata, todo lo que importaba era que fue SU comida la que Luffy esperaba comer. Sus manos, completamente perfectas se sintieron calientes, como si festejaran que fueron ellas las que le dieron tan exquisita comida al hombre por el que se esforzaban tanto.
— Ah, por cierto, ¡Chopper! — gritó Luffy, asustando al nombrado. Chopper volteó a verlo, con sus ojitos brillando de esperanza deseando escuchar también un “te extrañé” de parte de su Capitán —, conocí a un sujeto, al parecer es médico, ¡como tú! Pero, aunque me cayó bien, él no me hizo las medicinas que tú siempre me haces para que mis heridas no me duelan. ¡Además, su medicina olía horrible! ¡No es nada como tú! ¡Ah, aunque supongo que está bien, no hay nadie como Chopper, después de todo!
Luffy soltó una carcajada después de eso, disfrutando tanto de saber que ahora su preciado Doctor sería quien se ocupara de sus heridas y no el desgraciado de Torao (aunque era un buen tipo).
Chopper en un principio se molestó al escuchar que alguien más había curado a Su Capitán, pero al escuchar lo que siguió, quiso hacer un baile, diciéndole que no creyera que lo hacía sentir bien lo que le decía; mas su llanto fue más fuerte, lanzándose sobre Luffy. Su corazón se calentó, como cuando tomaba chocolate caliente con Doctorine después de salvar la vida de alguien, y se acurrucaba a su costado mientras ambos veían caer la nieve. Chopper se sintió como cuando vio el cerezo antes de partir de su isla natal. Chopper se sintió en casa.
— Oh, eso me recuerda. ¡Zoro! Mientras entrenaba, Rayleigh me dijo que esperaba que en donde sea que estuvieses, te esforzaras, porque si yo era como Roger, seguramente te daría problemas incluso dentro de tu cabeza. ¿Sabes a lo que se refiere? — Zoro definitivamente sabía a lo que se refería Rayleigh, aunque no le importaba, era Luffy, él valía el mundo entero, él era SU Mundo —, bueno, da igual. Le dije a Rayleigh que no se preocupara, que eras fuerte, y que seguro te harías mucho más. Después de todo, Zoro es Zoro! ¡Él será el mejor espadachín del mundo, mi nakama!
A Zoro, el mundo se le detuvo durante unos segundos. Todo lo que podía ver era esa hermosa sonrisa extendiéndose cada vez más, amenazando con partir su rostro. Sintió los colores más vibrantes que nunca, su mente despejarse, escuchó el ruido de las olas meciendo el Sunny. Sus espadas latieron, listas para ser desenvainadas en nombre del hombre que les dio un propósito en cada batalla, reconociendo el alma del hombre por el que eran alzadas. Sintió su fuerza crecer, su alma resonar, que podía enfrentar todo y salir triunfante. Para él, Luffy es como el lugar al cual siempre llegaría, sin perderse ni desviarse. No pudo evitar soltar una carcajada, en donde dejaba salir aquella desesperación por sentirse un inútil para su amado Capitán.
— Pero hablando en serio, ¡esa isla era realmente aburrida! — siguió hablando el del sombrero de paja, esta vez dirigiendo su mirada a Brook, quien sintió su alma casi salir de su cuerpo (ah, aunque realmente no tiene uno, yohohoho) por lo ansioso que se sentía de escuchar algo bueno de parte de Luffy —, ojalá hubiese tenido algo de música, no había nada que hacer. ¡Y Rayleigh no me acompañaba ninguna canción! ¡Por eso es tan importante un músico! ¿Cómo puedes navegar y disfrutar de tus aventuras sin un músico? ¡Es estúpido! ¡Además, nadie toca como Brook! Brook es genial, ¡sabe tocar un montón de instrumentos! ¡Y solo Brook sabe tocar las canciones que me gustan!...
El del afro se sintió tan necesitado, tan indispensable al ver que Luffy realmente lo consideraba una parte indispensable de su aventura. Que era él a quien Luffy debía recurrir debido a que otros músicos jamás sabrían la manera en la cual a su capitán le gustaban las canciones, ni el orden de estas o la tonada que disfrutaba. Sus dedos hormiguearon, necesitados por sacar un instrumento y comenzar a tocar, demostrarle a su Sol que no tenía que recurrir a nadie más que él para ello. Su alma vibró al mismo compás de las olas del mar, las cuencas oscuras que eran sus ojos casi se sentían como si estuvieran brillando, una risa llena de dicha salió de él mientras que lágrimas de alegría caían libremente. ¡Estaba tan feliz de estar vivo!
Una sonrisa se escapó de la boca de Luffy, mientras veía a su músico llorar junto a Chopper.
— Y tampoco estaba Usopp, así que no había nadie con quién pasarla bien. Rayleigh no cuenta historias como él, ni cuenta los cuentos como Robin — los dos mencionados sintieron un vuelco en sus corazones al ver que esta vez era su turno de ser apreciados por su capitán, de ser merecedores de ser vistos por aquellos cálidos ojos llenos de confianza y amor —. Rayleigh es muy aburrido realmente, no sabía cómo fabricar cosas divertidas como Usopp, ni jugaba conmigo cuando nos sentábamos a comer, o decía chistes. Tampoco me decía nada importante como Robin, Robin siempre lo sabe todo, ¡y siempre me lo explica todo muy bien! Él no sabía hacer eso, siempre me decía palabras demasiado complicadas, ¡no era nada como Robin!
Usopp se sintió orgulloso de saber que sus invenciones esporádicas eran del gusto de su Capitán. Un cálido sentimiento se expandió dentro de su pecho, como cuando su madre le abrazaba con amor y le contaba sobre las grandes aventuras de su padre; como cuando Kaya reía después de escuchar una de sus mentiras, o cuando jugaba con Tamanegi, Piiman y Ninjin. Le llenaba de una sensación ardiente que suprimía su cobardía y le decía que era capaz de hacer cualquier cosa que se propusiera. Usopp se sentía como un valiente guerrero del mar, por el simple hecho de que su Capitán le sonriera.
Robin se llenó de la emoción como cuando creaba alas con sus brazos y podía volar durante unos pocos segundos, como cuando leía los antiguos textos de Ohara y los terminaba, sintiendo la satisfacción de saber que ahora desconocía un poco menos. El futuro Rey llenaba su alma de la misma manera en la que la llenó cuando gritó por primera vez que quería vivir. Cada que lo veía, el corazón se llenaba de anhelo y amor, queriendo saber qué aventuras viviría en ese día, qué iba a descubrir hoy, a quién se enfrentarían ahora. Se sentirían con la sensación de disfrutar la vida. Ella quería vivir.
— ¡Él siempre me regañaba cada que rompía algo que traía Hancock! Y me decía que debía cuidar mejor las cosas. ¡Pero la culpa era de ellas! ¡Somos piratas, tenemos aventuras! ¡Por eso hay que haces cosas que sean duras! Ellas no saben cómo hacer las cosas como Franky, él es el único que hace cosas que no rompo, tener que cuidar mi fuerza para agarrar algo es estúpido. ¿Por qué hace las cosas tan frágiles? —Luffy hizo un puchero, completamente indignado por lo que comentaba. Franky se sintió ansioso, al fin había llegado su turno, lo lamentaba por Nami, pero disfrutaría de ser el siguiente —, ¡por eso Franky es nuestro carpintero! ¡Él siempre construye cosas increíbles y no tenemos que limitarnos! ¡Es el mejor!
Franky se soltó a llorar mientras murmuraba cosas como: “¡No estoy llorando, bastardos!”, “¡tú también eres un super Capitán!”. Se dejó arrullar por la risa del que era su Mar, sin dirección alguna, solo queriendo perderse en el alma de su joven futuro Rey. El sentirse indispensable por aquel por el que era capaz de vender su alma al diablo, de convertirse en el barquero del inframundo; fue glorioso, como cuando Tom lo felicitaba por cada obra construida, como el despertar que vino a él después del golpe de su maestro cuando negó sus creaciones, como cuando quemó los planos de Plutón dándole la sensación de libertad. Ruffy era eso, sentir que podías respirar bajo el agua, volar sobre las olas, reír mientras lloras de alivio. Él era el orgullo cuando terminaba un nuevo armamento, un nuevo barco, una nueva arma. Porque todas estaban destinadas a lo mismo: proteger y servir al Mundo, su Mundo.
Al fin llegó el turno de la ansiosa navegante, quien esperaba que también la mirara como había mirado a sus otros nakamas. Con amor, afecto, y devoción. Como solo Luffy sabía mirarlos.
— Menos mal no navegué con Rayleigh, ¡seguro no hubiese previsto una tormenta como lo haría Nami! Rayleigh es tan idiota, que seguro hubiéramos navegado directo a una ola gigantesca — la carcajada que salió de los labios de Luffy se sintió tan bien, tan correcta —, bueno, daría igual, mi navegante siempre encontraría la forma de llegar a mí. ¡Después de todo, ella siempre sabe a dónde debemos ir! Es tan sorprendente.
Siempre encontraría la forma de llegar a mí. Por supuesto que sí, Nami sería capaz de recorrer el Mar entero con tal de encontrar a aquel que le otorgó la libertad. De reencontrarse con aquel que le devolvió su sueño, que limpió la oscuridad que había en ella y pegó cada pieza que se había desgarrado del alma de Nami, llenando los pedazos faltantes con los suyos propios. Ella le pertenecía a Luffy, ella era su navegante, aquella que lo dirigiría a donde se encontraba su destino. Porque Luffy era felicidad de ver desgarrado cada uno de los mapas que hizo para Arlong, era el llanto de alivio al ver destrozado aquel cuarto maldito, era el amor de Bellemere, el olor a las mandarinas cuando ella las pelaba para su hermana y para ella, era el arrullo de las olas del mar mientras dormían en el barco. Luffy era el sabor a gloria y libertad.
Luffy no había cambiado, Luffy seguía ahí, más maduro, ciertamente, pero aun ahí. Seguía su brillo, seguía su amor incondicional, seguían siendo su familia, seguían teniendo su amor. Él siempre sabía qué decir para hacerlos sentir mejor. Sabía cuándo estaba mal y cuándo lo necesitaban, ellos lo amaban tanto (quitarían de su camino a todo aquel que se metiera en medio).
Ahora ellos repararían a su capitán, usando sus propios pedazos de ser necesarios para poder armar por completo a su Sol. Le darían todo lo que necesitara, estarían ahí para él. Esta vez no fallarían, que los condenaran si volvían a fallarle. Ellos mismos se arrancarían los dedos y los ojos y se los darían como regalo a su Sol para que él hiciese lo que desease con ellos. Porque ellos le pertenecían a Luffy. Y Luffy pertenecía a ellos.
Matarían a quien lo negase. Y si Luffy llegase a tener en el futuro otro hermano que llegase a fallarle, entonces… entonces encerrarían a Luffy en un lugar seguro hasta que ellos limpiaran los mares para que él pudiese ir directo a tomar lo que le correspondían.
Y respecto al hermano… bueno, no sería el primero al que asesinarían (la prioridad siempre sería Luffy, después de todo).
Nadie vio la sonrisa que se deslizaba entre los labios de su Capitán, feliz de saber que pudo borrar las sombras que a veces surcaban en los ojos de sus preciados nakamas. Después de todo, Luffy los conocía mejor que ellos mismos.
