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Ondas en el agua
Capítulo 09. Engañado
=Durante S03E09 "Leverage"=
—¿Cuánto tiempo lleváis saliendo?
Casi no se había atrevido a preguntárselo, pero lo había hecho de todos modos. Quería intentar ahorrarle el mal rato a Isobel de tener que interrogar al hombre con el que tenía una relación.
—¿Disculpa?
Y la respuesta airada de Isobel era por lo que Jubal había vacilado en preguntar. Encajó el golpe de la falta de confianza, y no retrocedió. Le ofreció hablar él con Ethan.
—...¿quizás debería hablar con él por mi cuenta?
Desgraciadamente, no sirvió de nada.
—Agradezco lo que intentas hacer, pero estoy bien.
Isobel rechazó, amable pero tajante como siempre, su ayuda. Jubal suspiró, intentando ignorar que siempre le hería cuando se mostraba distante con él.
Durante la conversación, fue flagrantemente obvio que Ethan estaba mintiendo. A Jubal empezó a caerle mal aquel tipo y se convenció fácilmente de que no le convenía a Isobel. Empezó a ver justificado ser desagradable con él, e incluso acusarlo de ser infiel.
—¿Addie y usted tienen una relación sentimental?
Quería enconada y algo mezquinamente, dejar a Ethan en evidencia delante de Isobel, incluso aunque ella pudiera resultar un poco humillada.
Sin embargo, cuando Ethan empezó por fin a decir la verdad, Jubal se dio cuenta de que nada había sido lo que parecía. Ethan sólo estaba protegiendo a su jefe... Como su responsable de gabinete, era su trabajo.
Todavía molesto, Jubal le apretó las tuercas un poco más. Y resultó aún peor. Ethan contraatacó revelando que estaba viviendo con Isobel, como si instintivamente supiera que eso era algo que irritaría a Jubal.
—Me fui a casa. Al apartamento que comparto con su jefa. ¿No es así, Izzy?
Fue inquietante lo cerca que dio del blanco.
Tener esa confirmación de que vivían juntos fue efectivamente un golpe duro. Jubal disimuló con una respuesta seca y cáustica. No le gustó tampoco notar lo mucho que Isobel se había sentido incómoda, casi avergonzada, con aquel comentario y con haber tenido que corroborárselo a Jubal para respaldar la coartada de Ethan.
Porque, pensó Jubal, Isobel simplemente no quería compartir nada de su vida privada con él. Y extrañamente, eso fue lo que le dolió más.
·~·~·
Incluso horas después de que Addie Ricard hubiera sido rescatada de sus secuestradores y ya estuviera a salvo, Jubal vio que Isobel seguía trabajando en su despacho y se resistía a volver a casa.
Se acercó a hablar con ella con la excusa de informarla de algún detalle del caso. Que ya habían detenido y fichado al Senador Hoffman, mismamente.
Isobel, por una vez, fue más cercana, incluso se mostró un poco vulnerable y le agradeció a Jubal sinceramente cómo había sabido manejar la situación de su relación.
A cierto nivel, el tacto y el instinto protector que Jubal había demostrado, desestabilizó a Isobel casi tanto como el irritante comportamiento de Ethan.
A pesar de cómo ella lo había mantenido siempre a distancia, Jubal había confiado en Isobel por encima de sus iniciales reticencias, dándole margen para que llevara el asunto como ella prefiriera. Sólo cuando la cosa se había puesto muy peliaguda, cuando habían tenido de verdad motivos para desconfiar de la palabra de Ethan, había Jubal sugerido muy respetuosamente que le dejara encargarse a él. Incluso después, Jubal había seguido siendo extremadamente considerado con la información que le había seguido proporcionando y con las decisiones que le había permitido tomar.
Probablemente, Jubal no podía hacerse una idea de lo muchísimo que había ayudado a Isobel poder contar con él de aquella manera incondicional para mantener su equilibrio y su calma a lo largo de todo el caso.
Que haberse sentido así de arropada le agradara tanto era incongruentemente inquietante.
Sí, Isobel sabía que problemas para confiar en los que la rodeaban, pero la actitud secretista y esquiva de Ethan, el modo algo egoísta en que había ordenado sus prioridades y cómo había abusado al principio de su confianza, no habían contribuido a lo contrario, y contrastaban fuertemente con el comportamiento ejemplar de su ASAC.
Isobel no podía evitar en ese momento sentirse más separada que nunca del primero ni más cerca del segundo.
—...de verdad, agradezco la forma en la que lo llevaste.
—No faltaba más.
Tras darle las gracias a Jubal, al recibir su cálida sonrisa, se había sentido tan consciente de sí misma - de un modo que no se habría atrevido a analizar- que, por una vez, bajó la mirada con timidez.
Jubal pensó que estaba abatida y le pareció terriblemente inmerecido. La templanza y el aplomo que Isobel había demostrado aquel día, eran impresionantes. Cualquier otro, él mismo incluido, no habría sido más que un manojo de nervios incapaz de evitar perder los papeles, comprometer el caso, y con ello arriesgar la vida de la víctima. Era simplemente admirable. Y no le parecía justo que Isobel se sintiera culpable ahora.
Intentando darle apoyo, Jubal se encontró defendiendo al hombre que más debía detestar. Pero, en conciencia, no podía emprenderla con Ethan. No habría sido honesto. Porque, a fin de cuentas, el hombre de hecho había sido sincero.
Además, Jubal debía enfrentarse a la realidad: nunca había tenido la menor oportunidad. Se sentía tan estúpido por, siquiera alguna vez, haber entretenido la idea de que él... de que tal vez Isobel... ¿Cómo podía haberse engañado tanto a sí mismo? Mientras hablaba con ella, una absurda desesperanza le clavaba las garras a Jubal dentro del pecho y una tristeza que no debería haber tenido nunca derecho a sentir lo inundaba casi por completo.
No se dejó llevar por su amargura. La escuchó, intentó ayudar; incluso le aconsejó, por mucho que doliera, que aquella muestra de confianza -ésa que Jubal había ansiado tanto y que después de tanto tiempo Isobel le estaba dando por fin- se la diera a Ethan, en vez de a él.
—¿Sabes?, quizás deberías ir a casa y decirle a Ethan lo que acabas de decirme.
No, no debería sentirse así de mal. ¿En base a qué? Entre Isobel y él no había ocurrido nunca nada que lo justificara. Ella jamás le había dado pie, en realidad. Todo no había sido más que un espejismo.
Pero, entonces, ¿por qué se sentía tanto como... un desengaño?
Aquella noche, cuando a las tantas al fin salió del 26 Fed y se marchó a casa, Jubal fue incapaz de hacer nada para no sentirse más solo de lo que se había sentido en mucho, mucho tiempo.
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