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The Taste of You

Summary:

Cómo castigo, Eggsy ahora debe ir a clases de cocina.
De ningún modo pretendende dejarla sola con el imbécil de su padrastro para que la golpes y maltrate a su antojo. Alguna forma tendrá que inventar para escapar... O eso pensaba hasta que el Chef Hart apareció en la cocina.

Notes:

Leer notas después de leer! Gracias!

También tengo un fic Hartwin llamado "Lovely boy". Si les gusta la historia, no olviden dejar sus kudos y sus Reviews. Es una bonita manera de gratificar el esfuerzo por lo escrito.

Que lo disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

 


 

— Linda falda, Egssy.
— Cierra la puta boca, es un mandil.

Sus dos mejores amigos rompieron en carcajadas turnándose para fisgonear bajo el delantal o para darle unos amistosos empujones. El rubio muchacho lanzó a cada uno el suyo. El más distraído lo atrapó con el rostro, el otro lo miró con incredulidad.


— No voy a ponerme está mierda.— Ryan protestó retirándose la prenda de la cara.


— Ya lo creo, si no quieres la cuchara de plata de tu mamá metida en el trasero.


Ahora era turno de Eggsy para burlarse con Jamal haciéndole segunda.
Ambos, Jamal y Ryan eran hermanos adoptivos y sus padres habían ganado una fortuna gracias a un boleto de lotería, a penas hacia un mes. Eggsy, por otro lado, había hecho la suya gracias al nuevo matrimonio de mamá; un hombre con millones que la maltrataba y golpeaba.
Eggsy prefería estar en las calles donde había crecido desde la muerte de su padre (del que mamá no quería hablar), estar con la pandilla y meterse en problemas para disgustar al viejo. La estrategia no le salió del todo bien, porque la madre de sus amigos los atrapó, les dio el sermón de su vida mientras tomaba su té. Fue memorable como intentó amenazarlos con la cucharita para el azucar.
Como no la tomaban en serio, ella habló con Michelle, la madre de Eggsy. Y acordaron no delatarlos con los padres de cada uno si acudían a un campamento de verano como castigo.
Cumpliendo su condena, no sentían el mayor entusiasmo o siquiera culpabilidad por haber decorado la propiedad de un vecino con lo que Eggsy llamó categóricamente "arte urbano".
— Tu camisa podría estropearse con chantilly o alguna mierda.— observó Eggsy.
— Oye... Es pensar con estrategia, Bro. Alguna chica podría quitarmela con la lengua.
Los dos volvieron a reír.
— Lo único que va a embarrarse de tu crema son las salchichas.
— ¿Qué? ¿De qué hablas?
— Está es una clase masculina; Solo salchichas.
La cara de horror en Ryan los hizo desternillarse de risa y nada los detuvo hasta que escucharon una elegante, estricta pero pacífica voz.


Orden, Caballeros.


Sus amigos siguieron riendo, pero para Eggsy el sonido desapareció, el mundo a su alrededor se desvanecía como si un reflector gigante cerniera su luz por completo en el individuo que desfilaba dentro del aula convirtiéndolo en el centro de atención.

Era un hombre maduro, esbelto, con cabellos castaños como la avellana perfectamente peinados, la expresión en su rostro era severidad e intelectualidad. Era refinado, con gruesas gafas en el puente de la nariz. Llevaba puesta una filipina de cocina inmaculadamente blanca, pedicura perfecta.
Solamente su altura imponía y la forma de expresarse dejaba en claro que suponía tratar con personas de su mismo nivel.
Tuvo la imperiosa necesidad de cerrar el pico, de obedecer al instante solo para que el chef lo notase, que se diera cuenta que con su sepulcral silencio que su palabra era ley, que era distinto al resto de la clase. Deseaba con toda sus fuerzas, que ese hombre lo notara por encima de los demás.
— ¡Shht!— mandó a callar a Jamal y su hermano quienes, en primera instancia, pensaron que se trataba de una broma.— El tipo está hablando.

— Soy el Chef Hart. Desde hoy seré su mentor. Mi deber será instruirlos en cuanto a los conocimientos fundamentales de la cocina, modales, alimentos, estaciones, el arte de presentación, entre otros...

Eggsy ya no escuchaba las protestas de sus amigos o el discurso de bienvenida del Chef o los cuchicheos del resto de la clase. Solo enfocaba el rostro de un apuesto hombre delante suyo, la hermosa forma en que sus labios acariciaban las palabras, el movimiento de sus largas pestañas, el tono de bronce en los ojos o las atractivas líneas de expresión colocando en paréntesis a su finos labios.
Algo dentro de sí le decía que a partir de ese día todos sus planes de escaparse del campamento se habían ido volando por la ventana.